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2010 in review

#top 50 Eps 2010, parte II: del 20 al 1

2010 in review  #top 50 Eps 2010, parte II: del 20 al 1Ayer nos quedábamos en el puesto 21 en este repaso a los formatos breves –el 12” para DJs, básicamente– en este 2010. Momento, pues, para retomar la cuenta atrás en el punto en el que lo dejamos y descender hasta la posición número 1. ¿Quién se llevará el laurel y la gloria? La respuesta está muy cerca.

20. LHF: “EP1: Enter The Silence” (Keysound Recordings) ¿A qué suenan LHF? Aquí suenan a madrugada y niebla, a dubstep cinemático y glacial en las dos piezas que aporta Amen Ra con la colaboración de Double Helix – “Steelz” y “Broken Glass” recuerdan a los mejores momentos del primer Photek–, y algo más suelto en los ritmos en “Blue Steel” (Low Density Matter) y “Deep Life” (Double Helix), que suena a algo grande: suena al remix que escribiría el Skream de 2005 del legendario “Inner City Life” de Goldie, suena a lo que hubiera pasado si jungle y dubstep hubieran coexistido al mismo tiempo. Claude T. Hill

19. John Talabot: “Mathilda’s Dream” (Permanent Vacation) Escuchando “La Ninya (Afrodub Version)” se percibe todo lo que importa de John Talabot. Técnicamente, nada de lo que hace es nuevo –la progresión narrativa, siempre en crescendopero sin explosión, y el cuidado por lijar todos los sonidos de asperezas hasta darle un lustre preciosista le acerca a sellos del tipo Border Community o a artistas como Four Tet–, pero a la vez tiene la percusión orgánica afrocaribeña, la pátina cósmica y trazas de melodías italodisco con las que Talabot avanza un paso más allá y se distingue como único. Javier Blánquez

18. Deadboy: “If You Want Me” (Numbers)El sello Numbers ha cuidado al comprador de vinilo hasta malacostumbrarlo: tienen ediciones que volverían loco a cualquier fetichista, y la mejor es el one-sided con el que Deadboy se presentaba en el sello de Glasgow. Por una cara, el nombre del artista y el título del tema tallados de manera casi artesanal. Por la otra, uno de los grandes himnos post-dubstep del año: un melodioso viaje al corazón de Londres y Detroit con voces garage pellizcadas, texturas de funk cósmico viajero y un mejor desarrollo future garage que se ha creado escuela. Deadboy será algún día un mito y nunca habrá que olvidar que todo comenzó con este himno llamado “If U Want Me”. Ronald Fritze

17. Illum Sphere: “Titan EP” (3024) Este maxi no tiene nada que ver con la fusión de dubstep y techno líquido de la escuela Chain Reaction, sino que substituye el dubstep por los beats de hip hop abstracto y la liquidez deep por una viscosidad de padsturbios, como sacados de algún disco oscuro de techno de Detroit. Así, en “Go Killum” el ritmo serpetea y cojea como persiguiendo cometas de órbita larga y “Technopolis” ofrece tres minutos de calma flotante sólo perturbada por golpes secos como los que daría una persona que llama a la puerta. Lo wonky se está infiltra cada vez más en la mecánica sonora post-Detroit y hay que felicitarse por ello. JB

16. Games: “That We Can Play” (Hippos In Tanks) “That We Can Play”está en pleno equilibrio entre el kitsch –o el pastiche, como prefieran– y la pura inspiración melódica, la excelencia del pop. Games cuentan con participaciones clave como Laurel Halo –y su voz apasionada y tétrica en “Strawberry Skies”, como una Kate Bush renacida en un contexto post-disco–, citan a productores como Thomas Dolby en “Planet Party” y copian uno de los muchos estilos de producción de Jan Hammer en “Midi Drift” –este título es la quintaesencia de Games: muestra la parte lúdica en paralelo a la obsesión enfermiza por la tecnología retro–. Believe the hype: Games superan en sólo once minutos todas las expectativas. Tom Madsen

15. Space Dimension Controller: “Temporary Thrillz” (R&S Recordings) Lo que hay aquí es un rescate de pedazos de una historia arrinconada –que no es lo mismo que olvidada– en la que el techno encuentra sus raíces en la música negra post-disco de manera simultánea a la influencia del synth-pop blanco europeo y el italodisco. En un año en el que el rescate del boogie ha sido trend topic , un artefacto como “Temporary Thrillz” parece encontrar el ingrediente justo para ser algo más que una maniobra vintage y arrodillada ante los maestros para ser una maniobra retro con un inesperado toque distintivo y actual. La coyuntura está con él, pero la música es lo suficientemente viajera y groovie –además de contar con los padrinos adecuados– como para aspirar a sobrevivir en el tiempo. JB

14. Joy Orbison: “The Shrew Would Have Cushioned The Blow” (Aus Music) Tras remover los cimientos del dubstep con una pátina de luz garage y 2-step, Joy Orbison vuelve a dar la campanada con su primera referencia para Aus, un maxi que incluye los cortes “The Shrew Would Have Cushioned The Blow” y “Waxes & Wanes” más una remezcla de Actress, el hombre detrás del sello Werk. Con piezas así, está claro cuál es el proceso: americanización del sonido post-dubstep, una mayor infiltración de la voz delicada del garage y del ritmo poroso del deep house, pero sin renunciar a la pasión y al alto nivel de experimentación en texturas del underground londinense vinculado al dubstep (o lo que quede de él). JB

13. FunkinEven: “She’s Acid / Must Move” (Eglo Recordings) Sólo hay que escuchar “Must Move”, que aspira a ser la refundación de la música para practicar breakdance en fiestas wonky, para percibir que aquí hay un cambio. Es electro sin robótica, casi entrando en el revival de sonidos de mediados de los ochenta como el boogie y el go-go, con la ocasional nota analógica prolongada como el silbido de un tren del futuro lejano, pero en absoluto un tema acaramelado y de juegos íntimos en el borde del sofá: como un Egyptian Lover sin robots articulados, esquelético, minimal y con un groove tirante capaz de romper caderas. De todos modos, el tema estrella del 12” es el “She’s Acid” de la cara A, con una 303 incisiva, aguda como una flecha, capaz de perforarte el cráneo desde dentro del oído. JB

12. Kavsrave: “Quotes” (Numbers) Éste es el resumen en su esencia de los tres temas del EP: gorgoritos de muchacha dulces como un pastel que acaban todos como un trino acabado en “iiiiu” recubiertos de melodías de oro o sonidos de campanilla y machacados con una guinda demoledora: la citada línea de bajo pesada, rugosa, fuerte como la embestida de un toro. “PClart” brota mágica con esa sencilla combinación que tiene por un lado elementos de grime de batalla y por otro joyas de 2step de la vieja escuela. Pero nunca suena sucio ni tampoco nunca demasiado afeminado lo que hace Kavsrave: está en ese equilibrio en el que tanto puede gustar a quienes esperan la caída del bajo como si fuera un misil que lloviera del cielo –el público de Skream o Digital Mystikz, por ejemplo– como a quienes prefieren el home listening al estilo Burial. JB

11. Shackleton: “Man On A String Part 1 & 2” (Woe To The Septic Heart!) Los diez minutos hipnóticos y terroríficos de “Man On A String Part 1 & 2” son los que proyectan a Shackleton y su nueva aventura a las cotas más altas de la electrónica en este 2010. Más que una producción, es un laberinto delineado con la paciencia de Dédalo y plagado de trampas. Es audio en el que uno se pierde, se reencuentra y acaba confundido, mareado y fascinado por la dificultad del viaje y el trazado. Es post-dubstep oscuro, con la riqueza rítmica de un drum’n’bass con las ruedas pinchadas, en el que manda el barroquismo y la tensión nerviosa. Una obra de arte que tiene un reverso competente en forma de “Bastard Spirit”, un exabrupto de techno violento, gélido, que sólo nos hace desear más y más. JB 10. Pariah: “Safehouses EP” (R&S Recordings) Pariah, nombre bajo el que se oculta el joven Arthur Cayzer, estaba originalmente en el primer grupo de continuadores del sonido acuñado por Burial. Luego llegó “Detroit Falls / Orpheus” (R&S, 2010), su primer lanzamiento oficial, y la cosa ya no parecía tan mimética. Se había producido una evolución hacia el techno de la Motor City, expansivo y sereno como en una fuga hacia las estrellas protagonizada por Kenny Larkin. Pariah, pues, se ha ido alejando de Burial y se ha aproximado a (por ejemplo) Actress, y para que nadie le recrimine nunca más las influencias –como si eso tuviera algo malo–, “Safehouses EP” es un esfuerzo titánico por ser de una vez él, Pariah, un talento con voz propia. JB

9. The Crystal Ark: “The City Never Sleeps” / “The Tangible Presence Of The Miraculous” (DFA) ¿Reinvención, reajuste, relocalización? Definir qué ha ocurrido exactamente con el sonido de Gavin Russom sería un ejercicio de precisión que ni el del montaje de un reloj atómico, pero está claro que The Crystal Ark –su tercer alias tras el dúo con Delia Gonzalez y la bacanal/jam de proto-acid improvisado de Black Meteoric Star– sitúa su técnica y sus resultados en una esfera con un potencial diferente. ¿Qué es The Crystal Ark, teniendo en cuenta el primer 12” (el espectacular “The City Never Sleeps”) y la continuación lógica “The Tangible Presence Of The Miraculous”? Posiblemente uno de los avisos más serios que nos llegan del rescate, ojalá que por fin inmediato, del house americano de principios de los 90, tan próximo a la sexualidad primaria de Chicago y su sonido esquelético como a la mayor riqueza del ritmo y la textura del primer garage neoyorquino, todo ello producido con opulencia de matices, con un barroquismo creciente. Richard Ellmann

8. Raime: “Raime Ep” (Blackest Ever Black) Hay discos que hablan incluso antes de que la aguja empiece a deslizarse por el surco. En el caso del debut de Raime, la misma carpeta ya anuncia un interior bajo cero en temperatura y escaso de luz. Podría ser un viejo disco del sello Sähkö, un vinilo antiguo de Pan Sonic, un dub helado, mecánico, sin alma ni pasión, y en cierto modo eso es “Raime EP”pero aplicado al dubstep: como si Shakleton hubiera cambiado la tierra prometida del oriente próximo por algún tipo de estepa siberiana. Esto es, al dubstep, lo que British Murder Boys hicieron para el techno años atrás: una reformulación clínica, deshumanizada, revisando la textura del sonido desde la base hasta la cúspide, para permitir una evolución tan renovadora como continuista. En definitiva: me he vuelto a enamorar del lado oscuro de la fuerza. JB

7. Machinedrum: “Many Faces” (LuckyMe) No se puede comparar lo primero de Machinedrum, cuando era el hombre de futuro de M3rck, con lo que hace ahora que le ha captado para su causa el sello de Glasgow Lucky Me, pero esta evolución actual significa un asombroso paso adelante en su proyecto sonoro. Todo lo que lleva él dentro de su cabeza es ahora, a sus 28 años, cuando ha acabado ocupando un lugar ordenado en el desbarajuste de sus neuronas: los dos bloques de influencias –la macarra y callejera a un lado; la pulida y burguesa en el otro– dialogan por fin sin ningún tipo de barrera física entre ellas. Este disco de Machinedrum, en conclusión, es un maravilloso resultado del diálogo transatlántico entre Estados Unidos y UK, allí donde el futuro del wonky beat se encuentra felizmente con el hijo pródigo de la IDM bailable. JB

6. Regis / Funktion / Silent Servant: “Sampler Single 1 & 2” (Sandwell District) Siempre que he pinchado un vinilo de Regis –o de cualquiera de los supervivientes de la vieja guardia oscura del techno de Birmingham– he sentido como si unas manos hábiles y malvadas me estuvieran practicando cirugía cardiovascular o una lobotomía. Es esa sensación de que algo ha entrado en tu cuerpo y está manipulando tu configuración a su antojo. Suenan como un bisturí extremadamente afilado pero de hoja sucia; suenan como un láser que desgarra las córneas. Y el álbum colaborativo de Regis, Function y Silent Servant presagia lo mejor: referencias al techno cíclico y astral de Jeff Mills, techno acuático y polar al estilo de los Monolake de principios de los 2000 y un mazazo de hard techno hipnótico para clubes pequeños, oscuros y claustrofóbicos. Para los que saben de techno. RE

5. Balam Acab: “See Birds Ep” (Tri Angle) Desde este momento, es recomendable sincronizar los relojes para empezar a predecir en qué momento las bases electrónicas lentas y encantadas de este género van a empezar a reptar fuera de la comodidad del underground profundísimo para llegar a oídos de la más acomodada masa afín a los sonidos de club. Por ahora, si eso se produce, no sabemos ni cuándo ni cómo, ni quién será el artista que finalmente se lleve el gato al agua, pero está claro que Balam Acab ya está ocupando plazas preferentes en ese boom gracias a tres elementos que le hacen especial: la capa de iluminación que resta aspereza lúgubre a sus piezas, las voces casi angelicales más propias de Burial que de los clichés góticos y unas bases lentas, comatosas. El mal mola, Balam Acab también, este maxi abre nuevos caminos, demos palmas y digamos “sí”. JB

4. Girl Unit: “Wut” (Night Slugs) Por si no tuviéramos suficientes himnos este año –y la alusión no va tanto por el “I Need Air” de Magnetic Man, sino más bien por piezas de post-garage pasional como “If U Want Me” (Deadboy) o “PClart” (Kavsrave)–, ahora llega “Wut”, que es demasiado para el cuerpo sin ni siquiera tener que ser veloz, eufórico o desaforado. A “Wut” le basta con tres elementos mínimos –una caja de ritmos 808 que parece sacada de una producción de Salem o de cualquier rapero de Atlanta, un chispazo de voz femenina y una melodía minimalista con el calor de los rayos del sol de la mañana, algo así como Joy Orbison produciendo el nuevo single de Lil Wayne (en versión instrumental)– para despertar un cóctel hormonal capaz de producir todo tipo de reacciones físicas, del llanto al salto, de la carrera sin rumbo a la genuflexión. JB

3. Demdike Stare: “Forest Of Evil” / “Liberation Through Hearing” / “Voices Of Dust” (Modern Love) “Symbiosis” resultó ser sólo un ejercicio de entrenamiento. Un paso previo en el que Whittaker y Canty medían sus fuerzas y engrasaban sus armas, necesario para dar cuerpo a la ambiciosa obra en la que han estado ocupados durante todo el 2010: una trilogía de vinilos que funciona como un viaje hacia el mundo de los muertos; la banda sonora que escucharían los pasajeros que acompañaran a Caronte en su tránsito hacia los reinos de Hades. Una trilogía que Modern Love planea recopilar en una caja con extras y añadidos a principios del próximo año y que ha superado las filiaciones hacia la hauntology para abrazar un ambient oscuro y tóxico, de tintes aislacionistas, en el que se mezclan elementos de la electroacústica y la música concreta, experimentos radiofónicos, viejos samples de películas, efectos de sonido sacados de algún vinilo polvoriento, crujidos y sintetizadores modulares exprimidos hasta el borde mismo de la insania, con detalles étnicos (sobre todo del medio oriente) y elementos de la música electrónica actual: bases de techno dub, ensoñaciones ambientales propias de la IDM, ritmos con aire dubstep y hasta alguna pincelada de house. Vidal Romero

2. T++: “Wireless” (Honest Jon’s) Torsten Pröfrock ha decidido que lo deja, que la aventura T++ ha concluido, que hay que pasar a otra cosa. “Wireless” es, por tanto, el testamento de una etapa dorada en el underground techno. Aunque quizá este doble vinilo sea, posiblemente, el anuncio oficioso de lo que está por venir, porque en los cuatro cortes que entrega ahora T++ el techno se diluye, se desencajan todos los mecanismos rítmicos, cobra protagonismo la profundidad del ambiente –algo así como el sonido de una cueva con un lago en su interior; cavernoso y líquido por igual– y se baten en retirada los bombos obvios. “Cropped”, “Anyi”, “Voice No Bodies” y “Dig”avanzan a ritmo de vals, pero con la pierna herida. Si a la evaporación de la arquitectura sumamos la entrada de nuevos elementos de sampleo –estos cuatro temas están hechos a partir de grabaciones de campo fechadas en los años 30 y 40 del cantante africano Ssekinomu–, el resultado final es un tribalismo etéreo, una evocación telúrica que nutre a la, posiblemente, más avanzada vanguardia bailable del momento. JB

1. James Blake: “Klavierweke” / “CMYK” (R&S Recordings) No hay que sacar las cosas de contexto y exagerar con afirmaciones del tipo ‘James Blake está reinventado la música’ –no reinventa, sólo suma ingredientes que hasta ahora funcionaban por separado–, pero es innegable que sus intentos de hacer cristalizar una paleta de texturas de la música académica en su electrónica off-club por fin se han topado con un resultado espectacular. La dependencia post-garage de “CMYK EP” ya es historia. Blake le ha dado la espalda al club –él fue quien, en un acto de coherencia, afirmó que prefería que la gente se emocionara durante la escucha de sus producciones a que las bailara; su dancefloor ideal es uno detenido, introspectivo, con el público al borde de las lágrimas, en las antípodas de la celebración entusiasmada– y, como segundo acto de coherencia, ha volcado en este “Klavierwerke EP” todas sus obsesiones home listening. Su progresión ha sido meteórica; su madurez se la ha ganado en menos de un año. Para un DJ, este plástico es una invitación al suicidio: sólo puede sonar cuando no hay nadie, o cuando todo el mundo se tiene que ir. Burial es, por supuesto, una referencia inevitable para este James Blake autista: un título como “I Only Know (What I Know Now)” se debe entender como una progresión del éxtasis paralizante de “Shell Of Light” con el adorno de un piano que parece la introducción a un nocturno de Chopin y unas voces que podrían ser las de antiguas divas del soul y la ópera –con el ruido estático recogido por la aguja del tocadiscos– con el pitch subiendo y bajando para crear ese efecto irresistible entre lo angelical y la psicofonía. Y todo esto en sólo 16 minutos. ¿Qué pasará cuando se decida a lanzar el álbum? JB

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