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2010 in review

#Beatz from Spain

2010 In Review Luis M. Rguez Beatz from SpainEn el registro mental de la mayoría, 2010 quedará para los anales como el año en el que el nuevo pop de aquí –pop entendido en un sentido amplio, como categoría que acoge por igual a Delorean, El Guincho o Aias– terminó de asomar la cabeza fuera. Claro que había precedentes, sobre todo a nivel de músicas de club, pero la sensación que prevalece es la de que nunca antes nuestra escena independiente había sido capaz de lograr una exposición tan clara en todo tipo de medios foráneos. Los casos de Delorean, El Guincho o John Talabot son la cara risueña de esa historia. Pero también al margen del tsunami mediático, a espaldas de la industria y de la prensa musical oficial, siguen floreciendo multitud de propuestas llamadas a repetir el éxito. El pop de aquí atraviesa un buen momento, no cabe duda. Pero casi más interesante es lo que viene cociéndose en los márgenes de nuestra escena electrónica. Hablamos de esa nueva generación de DJs y productores adictos al beat de paso off-kilter y al bombeo de frecuencias bajas. Gente que, a pesar de compartir un marco de referencias común (en el que caben el dub, el cosmic jazz y el funk negro, la psicodelia con más groove de los setenta, el electro-funk de los primeros ochenta, todo ese universo de beats fumados y desclasados tipo Mo' Wax, Madlib o J Dilla, el drum'n'bass, el breakcore o el garage), busca la manera de brindar su visión personal en materia de beats abstractos y gramática post-dubstep.

Negar que los principales medios de producción, de distribución y de difusión de la escena bass global siguen en manos anglosajonas sería negar la evidencia. Aún así, la red ha puesto las cosas tan al alcance de (casi) todos que las fronteras cada día importan menos. Los agentes de nuestra escena bass se mueven en terrenos subterráneos, habitan una suerte de dimensión paralela en eterno estado germinante sostenida en una serie de colectivos y pequeñas células editoriales surgidas por puro amor al arte. Habrá quien los ignore por razón de su tamaño, incluso quien los ningunee por esa misma razón. Frente a la indiferencia de la gran mayoría, los hechos cantan: no hay más que rastrear sus nombres en la gran hemeroteca de Google para ver que hay más cosas sucediendo de las que a simple vista podría parecer; y también que una parte de ese talento nacional viene cosechando por el mundo mayores elogios que en su propia casa. España empieza a estar en el mapa también en materia de beatz, y cada vez tenemos menos que envidiar a lo que importamos de fuera.

Hablar de “escena bass” en España es hablar de un puñado de iniciativas concretas que viven a caballo entre dos realidades distintas. Por un lado, está la dimensión local: sellos y colectivos que se alimentan del talento de su entorno más próximo, que buscan remover con sus propuestas ese mismo suelo que pisan. Por otro, esas pequeñas células de agitación se integran en un tablero de juego global gracias a toda una de red de relaciones transnacionales tejidas sobre la base del continuo intercambio de información en la red. Sin complejos de inferioridad, la música “made in Spain” viaja, cruza fronteras y dialoga con el mundo. Sellos como Arkestra, Galleta o Disboot tienen mucho de aventura romántica; son empresas que derrochan convicción amateurista y hacen gala de una ética underground estricta que, sin embargo, no les hace renunciar a las posibilidades de exposición global que les niega un entorno independiente español demasiado pequeño –quizás también despistado– para dar respuesta a las inquietudes de algunos.

El caso de Arkestra es significativo. Con apenas dos referencias en la calle, el sello vigués ha conseguido una visibilidad envidiable: entrevistas en Dazed & Confused, mixes para FACT o HepCat Radio, reseñas elogiosas en medios de referencia como XLR8R o Resident Advisor. Arkestra, con Mwëslee al frente, ha sabido mover sus hilos para estar este año en boca de todos. Y el eco es merecido. Claro que antes de llegar “Ceja De Carnival” y “Pretty Psycho”, antes de llegar a convertirse en sello, en el entorno de Arkestra ya había invertido mucho trabajo. Desde Vigo con amor, a base de podcasts temáticos (los Arkcast), de fiestas, sesiones y producciones propias, Mwëslee, Shree, Bluecat, Caino, Maik, MasQ y BFlecha llevan un lustro reclamando su espacio en el mapa internacional del beat, el bass y la música negra. Como sello, los estrenos de BFlecha y Noaipre se zambullen en las aguas del funk sintético y el continuum hardcore británico para devolvernos una música vital y colorista que salta desde el boogie al grime esquizoide, del dubstep de escuela púrpura al pop sintético de regusto ochentero, del UK garage al skweee.

Mwëslee, por su parte, sigue sumando argumentos -aunque él en casa ajena– a un corpus de trabajo aún sucinto que parte del hip hop abstracto para intentar vías de fuga en mil y una direcciones. Su “Eurocarne” para Nod Navigators devuelve el reflejo de un creador mudable y complejo que ha sabido huir de la dependencia del loop y el sampler para jugar a mezclar beats de cadencia post-dillista y boogie de evocación ochentas, post-dubstep trompiconado e interludios de teclas inspirados en la escuela minimalista norteamericana. Su música es un puzzle en constante expansión, fruto de una mente en constante deriva entre el futuro y el pasado que se niega a beber de una fuente única. Y eso, el total eclecticismo, la pasión por descubrir músicas y estudiar el pasado con un ímpetu casi enciclopedista, es un rasgo que comparten muchos otros agentes de esta misma historia. Puede que a la hora de pinchar o producir apuesten por el future-funk, los beats de caligrafía wonky o el dubstep, pero interrógales acerca de sus hábitos de escucha, pregúntales por sus favoritos de ayer y de hoy, y te llevarás más de una sorpresa.

Más virada hacia el hip hop atípico, la pequeña gran marca Galleta sigue creciendo a su ritmo –despacito, pero con buena letra–, despachando discos de 7” de factura artesana de esos que apetece coleccionar. Este año, Galleta nos ha dejado singles golosos de Diploide y Niño, representantes de una escena vallisoletana –al alza– que no se entiende sin las aportaciones de la Turtle Power Crew y, sobre todo, Urano Players. Vale que “Voyager Rock’s” de Urano Players data del año pasado, pero la onda espansiva de su hip hop de escalpelo digital y su imaginería cientifista de resonancias cósmicas se ha dejado sentir durante esta temporada. Puestos a hablar de hip hop abstracto o atípico, no puede faltar mención a, por ejemplo, el inesperado regreso de Bano, el hombre que cambiaba pesetas por flores; tampoco al party rap con sabor a golden era de los gallegos Arufe vs Judah; al hip hop virado hacia el downtempo más humoso, casi siempre borracho de soul, de funk y de deep jazz de The Isolitics; al hacer mestizo –siempre a medio camino entre el hip hop orgánico y lo electrónico– de los barceloneses Debilorithmicos, a punto de entregar nuevo EP como Debilos; o a unos Matador Rockers de arrebatado pulso electroso que, por usar sus propias palabras, vienen dispuestos a dar “un bofetón al hip hop del estado”. Su inminente álbum de debut para Del Palo promete dar que hablar. Tiempo al tiempo.

En paralelo a esa ciencia musical abstracta que ha acabado deviniendo en cojera wonky, el dubstep y sus muchas ramificaciones –en dirección al techno, al UK garage, al artcore, revistiéndose de alientos multiétnicos, de sabores de viaje rave, o arrimándose al color pop o la pulsión rítmica del house– ha sido una de las fuerzas sonoras más poderosas de la última década. Dentro de nuestras fronteras, hablar de dubstep es hablar fundamentalmente de Barcelona. Es de justos mencionar los esfuerzos en terrenos afines de colectivos como la Holy Dubs Kru madrileña (con 1st Degree y Nubdub a la cabeza), a los zaragozanos Bass Situation ( Chelis, Der y Funkforward, saltando del dubstep a la cumbia, el skweeed funk o cualquier otra cosa que vaya bien cargada de bajos), a los valencianos Bassick Promotions (dos años dedicados a promocionar las bajas frecuencias y los ritmos rotos) o francotiradores como Loop Stepwalker (favoreciendo el contagio bass en Baleares), pero el dubstep con denominación de origen de aquí no se entiende sin sellos con base en la Ciudad Condal como Iberian, Corsario Riddim, Abstractor, Disboot y todo el entorno de las veladas B.Low. Productores como Cauto, Octa Push, Mr. Gasparov, Relocate, 23Hz o Numaestro, agentes responsables de ese racimo de iniciativas interconectadas, se cuentan entre los genuinos pioneros del dubstep hecho aquí. No todos tienen raíces españolas, pero es aquí donde han decidido fijar su base de operaciones. Así que cuentan.

El entorno de Disboot nos ha dejado este año algunas de las más gratas sorpresas de la temporada en materia de bass music de formas mutantes. Con “Let It Go”, el argentino Nehuen ha vuelto a demostrar que se cuenta entre los nuevos productores más versátiles y solventes de este país. UK funky de bajos grimosos y deje tropical, funkstep elástico, beatmaking de filiación wonky, UK bass hormonado o hasta juke; a Nehuen le gusta probarlo todo, y a todo le da bien. C156 (proyecto colectivo que une a Cauto, The Gardner, Dr Res y Drome) nos entregaban en primavera un jugoso 12”, “Oink”, que incorpora a su paleta sonora elementos propios de todo lo que tiene que ver con el continuum rave. Pero, sobre todo, Disboot despachaba este año “Hello Lonely, Hold The Nation” y “We Make Hits, Not The Public”, dos sorprendentes EPs repletos de formas de bass music lentas que propulsan a Downliners Sekt hasta la primera línea de la escena internacional. A la espera de su tercera entrega, “We Make Hits, Not The Public” coloca Downliners Sekt en niveles de asombrosa excelencia. También en terrenos cercanos, es obligado recomendar el reciente debut para Dubkraft de Edoc, un joven productor afincado en Santander que podría pasar por un cruce esquizoide entre 10-20, T++ y el James Blake de “CMYK”. Lo suyo promete.

Hemos nombrado a algunos de los que se están dejando las horas y los cuartos en editar discos notables, ya sea en digital, ya sea en formato físico. Pero este recuento no estaría completo sin mencionar, al menos de corrido, a Robot Discos ( distro online regentada por Chelis y centrada en todo lo que tenga que ver con los beats de factura sintética) y a su pariente editorial Lo Fi Funk (aunque vengan prefiriendo apostar por nombres de fuera, o quizás precisamente por eso, su importancia dentro de la escena nacional es más que significativa); a colectivos de agitación como Desparrame, Plat du Jour, Madrid Massive, Urbarritmo o la Zkweee Crew; productores de trazo personal como Lost Twin, Hektagon, Glue Kids o Hybakusha; selectores de olfato fino como DJ2D2, K**O, David M, DJ Sith o Blastto; clubs como The Bus o Touché. También ellos -y algunos otros que se quedan fuera, simplemente porque la memoria a estas horas no llega a acordarse de todos- son culpables de la nueva efervescencia que vive este país en materia de beats y de bass music. Ahora, para que la transmisión sea completa, al otro lado del canal les faltas tú. No dejes que su trabajo acabe cayendo en saco roto.

Página siguiente Top 10 beatz nacionales 1. Dowliners Sekt: “Hello Lonely, Hold The Nation” / “We Make Hits, Not The Public” (Disboot) Sus escarceos previos en terrenos apegados al post-rock han quedado superados. Los nuevos Downliners Sekt piensan en futuro, enriquecen su lenguaje y se lanzan a (de)construir formas de bass music lentas, brumosas y crepitantes. Su música bordea los límites del dubstep de escuela burialista, el post-garage más tendente a la fractura rítmica, el modern urban dub a la manera de ~scape, el ambient de 12k o el techno acuoso y texturado de los primeros Porter Ricks, generando formas híbridas de alta intensidad emocional. Extraños y adictivos.

2. Lost Twin: “Lost Twin” (Throw Some Shapes) Carlos R. Pinto cambia Barcelona por Bristol y estrena nuevo alias al abrigo del sello Throw Some Shapes. El hispalense deja a un lado su pasado como Neo (proyecto a medio camino entre el hip hop sampleador de sabores añejos y el trip-hop de humores cálidos) para aventurarse en terrenos más difusos y de mayor evocación aural. Como Lost Twin firma ejercicios de beatmaking más abstractos y lumínicos, postales preciosistas en los que el crujido del glitch-hop astral se funde con retales de psicodelia expansiva entre destellos de ambient drone crepuscular.

3. Mwëslee: “Eurocarne” (Nod Navigators) Lejos de insistir en el recurso al loop y al sampler que vertebraba sus primeros trabajos, el vigués Mwëslee concentra su energía en desarrollar sus destrezas para la escritura sintética, prefiriendo el trazo caligráfico humano e imperfecto al amontonamiento de muestras. En su “Eurocarne” hay espacio para seis cortes polimorfos que, a golpe de beats y filigranas sintéticas, avanzan hiperdinámicos por las aguas del electro-hop neurótico, el boogie funk de sabor ochentero, el post-dubstep tenso y trompicado o el hip hop abstracto y soleado de escuela angelina. Excitante y entretenido.

4. Edoc: “Parasito” (Dubkraft) Desde Santander, el misterioso Edoc acaba de estrenarse de la mano del sello barcelonés Dubkraft con “Parasito”. Armazones deteriorados de techno acúatico, sombras de ambient aislacionista, patrones hip hop desestructurados, IDM metálica y dubstep animista colisionan entre crujidos abstractos, voces espectrales, clicks y pinceladas furtivas de dub. Como si Richard Devine, 10-20, James Blake y Burial jugaran a intercambiar beats y texturas en medio de un desierto de clima subglacial. Tres primeros cortes con visos de gran promesa.

5. Noaipre: “Pretty Pshyco” (Arkestra) En su segunda referencia como sello, el colectivo Arkestra nos presenta el trabajo de Rohe Rodriguez, alias Noaipre. El coruñés estira las líneas argumentales del underground electrónico británico en dos cortes ansiosos y ajetreados que se debaten entre el dubstep funk de timbres sintéticos a la manera de Guido –en “Pretty Pshycho”, un track que en el chasquido de sus cajas y en su uso de skits vocales “al helio” deja entrever el amor de Noaipre por el UK Garage clásico– y una suerte de grime esquizoide a base de beats off-kilter y bordados melódicos de 8bits que parecen mirar de reojo al skweeed funk escandinavo. Vital y colorista.

6. 5alad: “Low Res. Graphics” (Imaginary Nonexistent Records.)Joan Malé, alias Monoceros, se enfunda el disfraz de 5alad para exprimir la circuitería de todo un pequeño arsenal de máquinas obsoletas (Commodore 64, Casio cz-101, Roland CR5000, primitivos softwares de síntesis para ZX Spectrumn o MSX) en una serie de sorprendentes postales de electrónica ochobitera que trascienden la etiqueta chiptune. Como si Super Mario se decidiera a pasar patrones de techno pop ochentero, electro-funk de la vieja escuela e IDM a la manera de Rephlex a través del filtro lo-fi del pixel-art.

7. Niño: “3D” (Galleta) En la estela de su debut en digital para Pendrive, Niño despacha a través de Galleta una nueva tríada de bases espaciales que se mueven con soltura entre moldes de P-Funk sintético, brotes de skweee, y wonky beats desencajados sin perder nunca de vista un sentido del groove tangente. Quien quiera bonus, que puje por una copia de la edición limitada del single: además de “3D”, te llevarás a casa un segundo 7” con remezclas de Mwëslee (en clave de 2step resplandeciente) y Coco Bryce (presurizando el P-funk trompiconado de “Z” de acuerdo con el manual de estilo wonky). Ciencia del beat con denominación de origen de Pucela.

8. Nehuen: “Let It Go” (Disboot) Aunque argentino de nacimiento, Nehuen lleva un lustro afincado en la Barcelona. Su residencia y su asociación con agentes de la escena local como Disboot, B.Low o Corsario Riddim le acreditan como digno merecedor de un puesto en esta lista. En su primer EP para Disboot, Nehuen se afirma como uno de los mejores productores de house mudable y con ángulos hecho aquí a lo largo de tres cortes que oscilan entre el UK funky de deje tropical, el funkstep de colchón sintético celestial y el beatmaking de filiación wonky. Tres caras de un cuerpo de muchos perfiles.

9. BFlecha: “Ceja De Carnival / Kosmic Lovers” (Arkestra)Tras un buen puñado de años dedicada a esparcir por todo tipo de rincones con clase su buen hacer tras los platos, la primera dama de Arkestra debutaba por fin en plástico con dos cortes que se resisten a la fácil clasificación: suma dosis de beatmaking fulgente, dubstep de superficie y fondo amable, pop sintético de melodía colorista y castañuelas, boogie y G-Funk enfocado a través de la óptica modernizante del “purple wow sound”, y tendrás una medida del sonido fresco y gozoso de BFlecha, alias de la gallega Belén Vidal.

10. Migrant: “23Hz Presents Migrant” (Corsario Digital) Junto al durmiente sello Iberian, el equipo de Disboot y todo el entorno de las veladas B.Low, las huestes de Corsario Riddim tienen sus pies plantados en el corazón dubstep de Barcelona. Da igual de donde procedan sus miembros. La primera incursión de Corsario Riddim en el formato largo viene firmada por Migrant, otro esquivo productor que en “23Hz Presents Migrant” se mueve con sorprendente soltura por las profundidades del espectro low-end. Del halfstep mentalista al UK funky más esquemático; del funkstep elástico al dubtec reflectante o al dubstep oscuro y filojamaicano a la manera de los primeros DMZ. Seriedad y solvencia.

Página siguiente Conversación con Arkestra y Galleta Arkestra & Galleta: la pasión escéptica

Nuestros ojos sólo ven síntomas de optimismo y buena esperanza en la escena beatz española. Pero en busca de una mayor perspectiva, hemos querido conocer el punto de vista de dos de las partes implicadas en esta historia. Hemos conversado con Abel Figueras, capo de Galleta, y con Mwëslee. ¿Conclusiones de lo hablado? Hay talento productor, DJs de talla internacional, sellos con promesa. ¿Qué nos falta? Programadores que arriesguen, prensa inquieta y, sobre todo, público. Y si falta el público, no hay escena.

Ahora que se va aproximando el final del año, es costumbre hacer balance de lo acontecido. ¿Qué sabor de boca os está dejando este 2010?

Mwëslee: A mí, a medida en que se va acercando el final del año, más sensación de déjà vu me viene. Empezamos muy bien y terminamos con la fórmula muy gastada. Gastada hasta el punto de llegar a saber qué vas a escuchar antes de pulsar el play. Sucede más a menudo de lo que cabría desear.

Abel: En mi caso, lo de seguir la actualidad musical es algo que va por temporadas. A veces me empleo en mantenerme al tanto, y a veces no. Y lo mismo me pasa a nivel de estilos musicales. Va por fases.

Mwëslee: Me ocurre lo mismo. Tan pronto intento estar al día como paso de todo lo nuevo y me “pongo al día” con cosas hechas hace 10, 20 o 30 años.

No parecéis vosotros muy amigos de las listas. Aún así, ¿hay algo que os parezca digno de destacar?

Abel: Diría que este año me he mantenido bastante al margen de la actualidad musical. Tengo la sensación de que por razón de mi actividad con Galleta le he prestado mucha más atención a música hecha por conocidos y que está fuera del circuito comercial, por lo que no entra dentro de los baremos de las listas. Sin estar excesivamente al tanto de lo que se ha producido a nivel “global”, he de decir que soy optimista y que creo que hay mucha buena música circulando. Otra cosa es que esa música se vea reflejada y tenga hueco en los medios generales.

Mwëslee: Es cierto que hay mucha buena música circulando, demasiada. Yo lo que sí he notado es que éste ha sido el año en que ciertos estilos han trascendido en España a nivel “un poco” más general, aunque sigo sin ver que esa mayor aceptación tenga un reflejo a pie de calle, o en este caso a “pie de club”. Pero bueno, ya es algo que ciertas cosas salgan en prensa y se note, al menos de manera virtual, un creciente interés por cosas un poco más “novedosas”. Eso a nivel general. ¿Y si habláramos de nombres concretos?

Abel: A nivel de nombres, se puede decir que mi gran descubrimiento del año ha sido Peter Broderick. El último trabajo de El-P, sin rozar su mejor forma, me parece de notable. También me ha gustado el EP de Dimlite para Now Again, y los álbumes de Free The Robots, Land of Kush’s Egyptian Light Orchestra, Nils Frahm, DâM-FunK, The Isolitics, Umberto... Y puede que quede un poco mal decirlo aquí, pero “Eurocarne” de Mwëslee me parece tremendo.

Mwëslee: Yo de este año, singles aparte, me quedo con “Does It Look I'm Here?” de Emeralds, el “Pop Negro” de El Guincho, “Rifts” de Oneohtrix Point Never, “Love King” de The-Dream, los “Espanish Boogie” de K**O, “Prismic Tops” de Dimlite, American Men, Drake, Caribou, Delorean, Oval y alguno más que se me olvida seguro.

Es curioso ver cómo las principales listas del año siguen aún dominadas por el recuento de “mejores álbumes”, cuando a día de hoy, ya sea por falta de tiempo o por una simple cuestión de hábitos de consumo, cada vez menos gente tiene paciencia para escuchar discos completos. ¿Es vuestro caso?

Mwëslee: Yo hace mucho que no escucho discos completos. No se si será el punto de vista de DJ, pero de entrada apenas escucho más de 30 segundos de una canción. Con 30 segundos ya se suele saber si merece la pena seguir escuchando.

Abel: Creo que es un signo de estos tiempos. Esos cambios en los hábitos de escucha también son un reflejo de la manera en que fluye la información. A día de hoy es muy fácil dejarse llevar por las micropartículas informativas que afloran cada día en todo tipo de medios.

Mwëslee: A eso me refería yo con lo de la sensación de déjà vu. Hay mucha música que pasa por buena porque impresiona en el primer contacto, pero luego no aguanta la prueba del tiempo. Desde la óptica de productor, quizá pueda tener una visión diferente –más pendiente de la técnica– de la que puede tener el oyente medio. Y creo que últimamente hay mucho fuego artificial que impresiona en forma, pero carece de fondo. Gracias a la red, ahora los hypes se crean muy rápido.

Abel: Hay que tener en cuenta que, cada vez más, tanto artistas como sellos están muy activos a la hora de ofrecer material gratuito para estar en los medios y contentar a su público.

Mwëslee: Totalmente de acuerdo. Y creo que es un arma de doble filo. Por un lado es una práctica necesaria, pero a la vez supone entrar en un juego peligroso. A este respecto, creo que la política editorial de Abel es digna de mención.

¿Cómo definirías esa política?

Mwëslee: Me refiero a que me gusta su política heredada de la escena hardcore, el DIY, esferas en las que la gente se preocupa de pedir por correo el disco, al margen de todo el mecanismo de distribuidoras, tiendas, medios, etc. Así se favorece un trato mucho mas directo artista-sello-oyente, y creo que ese vínculo es muy importante. Y sobre todo, creo que a la larga será muy beneficioso contra esa avalancha de música gratis y mp3ses a mansalva que ya nos asola.

Abel: Para mí, esa manera de hacer es la más normal y lógica. Por ejemplo, el otro día me escribió un amigo de un amigo contándome que quería montar un sello y que si podía ayudarle. Mi contestación fue que si realmente quería montar un sello, que lo hiciese, sin más, que yo no podía ayudarle; no porque no quisiera, sino porque después de 5 años yo sigo funcionando como el primer día. Ese modus operandi que Mwëslee comenta, ¿es una elección voluntaria y consciente, o tiene también que ver con una escasez de recursos que hace difícil funcionar de otra manera?

Abel: Todo está relacionado. Frente a la escasez de medios, ellos empezaron a crearse sus circuitos y, sobre todo, no esperaron a que nadie les hiciese nada. O sea que sí, en mi caso es consciente y elegida. Quiero hacer algo, pues lo hago. Ya me preocuparé luego de darle salida y, con un poco de suerte, crear un circuito que haga que eso que produces acabe estando al alcance de otros, no sólo de uno mismo. Esa segunda parte es mucho más complicada.

Mwëslee: Para llegar a crear un circuito, deben existir todas las figuras que lo integran y lo sostienen. Por un lado tiene que haber músicos creando, sí, pero también editoras, promotores de conciertos, prensa inquieta y sobre todo PÚBLICO.

¿Diríais que es esa la gran carencia de este país?

Abel: El público es vital. Incluso te diría que es la pieza clave.

Mwëslee: Estoy de acuerdo en que el público es la pieza clave. Y no me refiero a llenar pabellones. Para nada. Quiero decir, si no hay albañiles ni gente para vivir, por muchos arquitectos que haya no se crea ciudad. Normalmente sobran músicos, pero son menos los que quieren hacer el “trabajo sucio”. Sobran DJs y pseudo productores y faltan agentes, programadores y público, espectadores. Es una simple cuestión de oferta y demanda. Y la demanda en este país es prácticamente inexistente. Sin salas y sin público no hay nada, y claro, a veces terminamos escuchándonos los unos a los otros (risas).

¿A qué achacáis esa escasez de público interesado en según qué propuestas?

Mwëslee: Esa es la pregunta del millón. La prensa se va haciendo eco de propuestas que antes ignoraba, hay un nivel bastante aceptable a nivel de producción, van apareciendo sellos aquí y allí...

Abel: Yo edito discos para que la gente disfrute de esa música, no para salir en revistas. Pero entiendo que es necesario salir en medios, para poder llegar a más gente.

Y en general los medios, ¿se enteran de lo que pasa, y se enteran a tiempo?

Mwëslee: Hay gente que se entera y gente que no. Aunque este año no nos podemos quejar.

Abel: Si no se enteran es porque no quieren, desde luego. Lo que pasa es que el mapa musical está cambiando, y muchas revistas todavía siguen con el chip de antes: esperar a recibir el disco promocional en la redacción; dar por hecho que eres tú quien tiene que estar detrás de la revista para que hablen de ti; dar importancia casi exclusivamente al formato largo. Yo creo que todavía se arrastran esos usos. Son las revistas digitales las que más están haciendo hoy por “normalizar” la información de todo lo que es edición (equiparar formatos, hacerse eco de forma más ágil de lo que se edita) y lo que no es edición (difundir esos temas que regalan los artistas, mixtapes, vídeos, etc.).

Mwëslee: Totalmente de acuerdo. Aunque creo que los medios se han igualado con el oyente a ese nivel. Tenemos que tener en cuenta que la música, a día de hoy, está al alcance de todo el mundo. La gente, si quiere, se entera muy rápido de todo. Así que las revistas o los medios de información musical deben de dar ese plus: conseguir exclusivas, mixtapes, etc., y hacerlo trabajando en colaboración con los sellos y artistas. Esa colaboración ha de ser cada vez más estrecha. Para dar contenido exclusivo y no ir siempre a remolque de los de fuera, los medios de aquí deberían empezar tirando de lo que tienen cerca. Los sellos necesitamos a la prensa y la prensa nos necesita; es una relación recíproca. En Inglaterra, los medios tienen una gran tradición en hacer grandes a sus artistas; ellos generan el interés en el publico, y eso les hace luego estar en una posición privilegiada. Sin esa relación no hay nada.

¿Tenéis la sensación de que la “escena” es muchas veces cosa de músicos para músicos y de DJs para DJs?

Mwëslee: Un poco sí. Al final somos los de siempre, aunque es cierto que poco a poco se va acercando más gente que simplemente disfruta con la música y, aunque pueda parecer que no, esa gente representa una gran parte de la ecuación que hace que esto funcione.

Abel: Yo estoy harto de ver a gente que cuando acaba su concierto recoge sus bártulos y se pira, o se pone a hablar como si no hubiese un mañana, sin importarle nada quién esté tocando después. Por desgracia, el arte es muy de egos, sí. Y eso es lo que me flipa de la escena hardcore: aunque también haya egos en juego, la gente disfruta tocando, se crean sus circuitos, se apoyan, se comparten recursos. Eso crea escena.

Mwëslee: Lo interesante a nivel estatal es que hemos hecho piña entre unos cuantos, dejando al margen las adscripciones estilísticas de unos y otros, aunque es cierto que todos tenemos rasgos comunes. Al hacer ruido en conjunto puede que se nos haya hecho un poco mas de caso.

Abel: Esa piña, además, hace que, independientemente de que salgas o no en los medios, puedas montar un concierto con garantías, porque al menos las 80 personas que necesitas para no palmar pasta sabes que van a estar ahí.

Esa piña que mencionáis, y que os une a Desparrame, Disboot o Lo Fi Funk, ¿cómo surge?

Mwëslee: Pues como fruto del respecto y la admiración mutua, supongo. El contacto surge a raíz de coincidir en algún concierto y, sobre todo, a través de internet. Pero a día de hoy todos hemos coincidido muchas veces en carne y hueso.

¿Os parece importante el hecho de veros las caras de cuando en cuando, el hacer de vuestra relación algo más que un intercambio virtual?

Abel: No sólo me parece importante; me parece básico. Más allá de mi pasión por la música, Galleta es una prolongación de mi vida. Y sé que las vivencias son lo único que me va a quedar. De ahí que le dé importancia a que esas relaciones no sólo sean virtuales.

Mwëslee: A mí también me parece importante. De hecho, con el tiempo, muchos de nosotros hemos acabado siendo amigos, más allá de la música. Es una consecuencia lógica. Si no encuentro gente con la que compartir cosas aquí, pero sí doy con esa gente en otro sitio, pues ya está. Los medios para relacionarse están ahí.

Abel: Al tratarse de proyectos que existen al margen de la industria tradicional, es mucho más sencillo acabar creando vínculos, pues normalmente el motor es la pasión y las ganas. Y esa pasión y esas ganas las encuentras en los que están haciendo lo mismo que tú. Al final, parece que sólo nos interesamos los cuatro que estamos “enfangados” con alguna aventura, seamos músicos, DJs, sellos o lo que sea.

Mwëslee: Falta la conciencia del público, esa forma de pensar en plan “si no voy a conciertos ni compro los discos, esto no se puede mantener”. La profesionalización suele ser enemiga de la pasión. Si las ventas lo permitieran, ¿os interesaría poder vivir de vuestros sellos?

Abel: El dinero es importante a la hora de plantearse hacer cosas, pero el dinero no es lo que me mueve.

Mwëslee: La frase es “no lo hago por dinero, pero no lo hago sin dinero”, si es que lo hay, claro (risas).

Abel: Ganarse la vida con esto sería profesionalizarse, y convertir algo en tu profesión no es lo mejor para disfrutarlo. Por eso digo que no sé si me compensaría. Galleta es un sello bipolar. No hay año que no diga que lo dejo. Y eso al nivel en el que me muevo, así que si tuviera que plantearme vivir de ello... La idea de sentir rechazo de y con la música no me resulta nada apetecible.

¿Cuáles diríais que son los mayores hándicaps que os habéis encontrado a la hora de sacar adelante vuestras respectivas aventuras editoriales?

Abel: La falta de un circuito. También el problema de la distribución de formatos como el que yo trabajo. Y como tercer hándicap, añadiría yo mismo (risas).

Mwëslee: En nuestro caso –y digo “nuestro” porque el sello lo llevamos BFlecha y yo–, la idea de empezar a editar surgió un poco por necesidad. Pero no nos podemos quejar. Que la gente nos tenga en consideración después de sólo dos referencias ya es un logro. Y más teniendo en cuenta que la gente ya casi no compra discos.

¿Vuestra elección de editar fundamentalmente en vinilo es cuestión de militancia o consideráis la posibilidad de editar en algún otro formato?

Abel: A mí no me importaría editar en otro formato. De hecho, te diría que dependiendo del proyecto puede interesar más usar un formato u otro.

Mwëslee: Estoy de acuerdo. Pero quiero puntualizar que para mí sólo hay tres formatos posibles: cinta, vinilo y CD. El resto no es editar, bajo mi punto de vista. Lo de los netlabels me parece una broma.

Abel: En una entrevista reciente, Oneohtrix Point Never decía que sin el CD-R él no sería nadie, porque es literalmente imposible planchar todo en vinilo. La cuestión es que aquí a un tío que se autoeditase en CD-R los medios apenas le harían caso. Y apetece recordar que si Oneohtrix Point Never ha llegado a donde ha llegado, no es sólo por su disco en Mego.

Mwëslee: Yo creo que es importante el hecho de que alguien –aunque seas tú mismo– decida invertir dinero en todo el proceso de creación de un disco. Si alguien hace tal cosa es porque realmente cree en esa música. Y creo que justamente ahora tiene que haber un “filtro”, que podría seguir siendo el de la edición, o el mundo se inundará de música intrascendente. Hablábamos antes de déjà vú. A Arkestra y a Galleta se os puede asociar con eso que se ha dado en llamar “wonky”. ¿Cómo veis esa historia desde dentro? ¿No os parece que lo que hace un par de años se empezó a identificar como “wonky” ha acabado convertido en un gran cliché?

Abel: Clichesísimo. Lo comentábamos Diego y yo cuando nos vimos en el Sónar. Lo que hacían Dimlite o Dabrye hace seis años ya era wonky. Y suena más arriesgado que toda la producción cliché que mencionas y que el grueso de lo que se edita a día de hoy.

Mwëslee: Yo es que esa palabra no la uso. Nunca la he usado. Cuando empece a hacer la música que hago no existía esa palabra, ni Hudson Mohawke, ni Rustie, ni FlyLo. Es lo que te decía antes: hay cosas que incluso antes de darle al play ya sé que van a tener arpegios a 8-bits, alguna vocecita de R&B “chopeada” y un beat más o menos sincopado y comprimido. Para mí, sin Dabrye no hay nada. J Dilla, Dabrye, Prefuse y Madlib son el principio de eso, y curiosamente casi nunca entran en la ecuación a la hora de hablar de esta historia. Lo del wonky ha sido la coartada perfecta para que mucha gente que no sabe hacer música se ponga a hacerla. Falta originalidad, y la gente, que eso es lo peor, parece que se conforma con eso.

En ese mismo sentido, ¿qué opinión os merece la nueva pujanza del dubstep a nivel mainstream y su reciente asalto a las listas?

Abel: Si uno sigue los medios sí que se ve cierta pujanza, pero a nivel de calle yo no veo ningún alboroto, al menos aquí. No sé cómo será en otros países, pero mi impresión es que aquí el dubstep es una cosa muy puntual. No hay programación habitual de dubstep en salas, y si la hay es en clubs pequeños o de aforo muy mediano.

Mwëslee: Vas a USA, UK, Holanda y el dusbtep es masivo. Es el nuevo bakalao. Para mí, la mayoría de estos artistas (Rusko, Skream y demás) son los nuevos Prodigys, Chemical Brothers, etc. Me resulta curioso que la gente se eche las manos a la cabeza y lo vea como música de cariz experimental cuando es música puramente orientada a la pista de baile, al menos lo que hoy entendemos por dubstep. Así que en cierto modo es lógico que haya alcanzado su estatus actual, al igual que en su día pasó con su padre el garage. En España es difícil que eso se dé, en parte porque aquí no hay buenos sound systems. Además, aquí las músicas negras no le importan a nadie, sólo a cuatro, como pasó con el drum’n’bass y demás. España es un país de pop.

¿Cómo veis la cosa a nivel de salas? ¿No echáis de menos más riesgo a nivel de programación?

Abel: A nivel de salas y a nivel de público. Y claro, unos por otros, la casa sin barrer.

Mwëslee: Las salas, a no ser que sepan que algo va a funcionar seguro, casi nunca se mojan.

Entonces, ¿la opción que queda es la de organizarse uno sus propias cosas?

Mwëslee: Sí y no.

Abel: Yo creo que el habitat natural de la música es la clase media. Es decir, salas pequeñas, público abierto, etc. Se habla mucho de las fiestas Low End Theory, por poner el ejemplo de un club conocido a nivel mundial. El Low End Theory no es un sitio multitudinario. Es un lugar de aforo pequeño y que, sobre todo, se nutre de la escena local. Por eso puede tener continuidad. Aquí, en cambio, la escena local brilla por su ausencia. Fuera, la gente cree más en los suyos.

Mwëslee: En Inglaterra, me lo decían los de Donky Pitch, no tiran de nadie de fuera. Primero viene a pinchar el del pueblo de al lado, y si mola, mola y se queda. Aquí nunca verás un cabeza de cartel español. Eso, suponiendo que en el festival de turno haya representación española, que a veces ni siquiera la hay.

Habéis mencionado el Low End Theory. ¿Echáis de menos un lugar similar aquí, un club que pueda ejercer de catalizador y campo de pruebas en materia de beats, bass music, nuevo funk, etc.?

Mwëslee: En España no existe un club así. Salvo excepciones como The Bus o Touché y fiestas puntuales, es difícil encontrar cosas así en los clubs de manera regular. Hará 5 años o así, yo tenía la sensación de que estaba pasando algo. Recuerdo cosas en el Mau Mau, con Prefuse 73 y la peña de Botánica del Jíbaro, que hoy serían impensables, cuando debería ser al revés. Entiendo que es difícil compaginar el negocio de la hostelería y todo lo que conlleva “la noche” con la difusión cultural, así que veo más este tipo de propuestas en contextos como festivales, museos, etc.

Abel: El problema, como decía antes, es de la clase media-baja. Cada vez tiene menos lugares donde programar sus cosas, y cada vez los contrastes son mayores, al igual que en la economía. De un tiempo a esta parte en Barcelona, que es lo que conozco, cualquier garito apestoso te cobra alquiler, y antes no era así. Este tipo de detalles son los que complican las cosas a la hora de lanzarse a organizar cosas.

Mwëslee: Yo abogo por otro tipo de espacio y de horarios para programar. Hay que aprovechar espacios no habituales en horarios no habituales. En estas épocas hay que ser ingenioso. Para mí el modelo neoyorquino es perfecto: domingo, tres de la tarde, toalla y a liberarse. ¿Qué podéis contarnos de vuestra penetración internacional? A día de hoy, ¿Arkestra y Galleta venden fuera? ¿Más o menos que aquí?

Mwëslee: El sello está pensado como una plataforma global. Y lo gracioso es que, por ejemplo, los temas de Bflecha en castellano han funcionado muy bien fuera.

Abel: Yo sí creo que, en mi caso, el hándicap está en optar por ediciones en las que el aspecto vocal está muy presente. Creo que el hip hop en castellano no interesa demasiado en países de habla no hispana. Pero la edición de Niño sí ha tenido más acogida fuera que aquí.

Mwëslee: No puedo concebir hacer música para España o para UK, o lo que sea. Yo hago música de muchos sitios porque escucho música de mucho sitios. Y le añado mi toque que es de aquí, y es el matiz que la va a hacer diferente. El legado de la música española es muy rico y está sin tocar. Y creo que si queremos crear algo sólido tenemos que tirar de eso, pero sin perder de vista lo que se mueve por ahí fuera.

¿Cómo valoran Arkestra y Galleta su temporada 2010, tanto a nivel editorial como a nivel de movimiento dinámico colaboraciones con otros, fiestas y conciertos que hayáis montado o a los que os hayan invitado alrededor de ambas empresas?

Abel: Pues mi balance es positivo. Aunque tampoco es oro todo lo que reluce. Creo que sigue faltando interés por parte del público, y gente que compre discos (y no me refiero sólo a los míos). A nivel de medios, me parece curioso que se me preste ahora más atención, cuando mis movimientos son tan espaciados en el tiempo, y apenas genero material.

Mwëslee: El otro día nos pusimos a recapitular en Arkestra y la verdad es que no nos podía pasar nada más este año. Vivirlo todo en carnes propias te hace perder la perspectiva a veces, pero arrancar el sello con los lanzamientos de Bflecha y Noaipre, y a la vez editar mi “Eurocarne”, el remix para Niño en Galleta (que es uno de mis temas favoritos)... En general ha sido un año muy bueno. Pero tampoco es fruto de un día. Esto viene de atrás, y supongo que a fuerza de ser pesados y cabezotas al final las cosas van saliendo.

Abel: Es cierto que no es fruto de un día. El que ahora tengamos un poco más de exposición en los medios creo que es fruto de estar ahí, trabajando como una hormiga. Porque son ya cinco años los que llevamos con esto.

Para acabar. ¿Planes de futuro próximo?

Abel: En mi caso, materializar los famosos proyectos pendientes de Galleta: el EP de remixes del “Ven Conmigo A Bailar” de Diploide, que supongo que sacaremos una pequeña tirada en CD o en CD-R; y el recopilatorio de Galleta, para el que estoy intentando conseguir un sponsor, porque me gustaría sacar una especie de fanzine+CD con ilustraciones. Por otra parte, tengo en proyecto empezar una serie de splits, con una cara dedicada a un productor nacional y otra a un productor foráneo. También vía Galleta se habilitará pronto la descarga gratuita el LP de Strand+Tres con el MC Omniscient. Tenía que haber salido hace tiempo con Pulpa, pero con el cese de actividades del sello el proyecto se quedó colgado.

Mwëslee: En Arkestra estamos preparando un nuevo EP de Bflecha, con tres o cuatro temas. Sin prisa, que queremos hacer algo sólido. Además está en camino el famoso split para Lo Fi Funk, nuevas cosas de Noaipre y un proyecto de un misterioso fulano de por aquí dedicado a hacer una música muy particular. Digamos que es algo así como R&B en zapatillas de andar por casa, y hasta ahí podemos leer. También queremos sacar cosas de Niño, y luego cosas con MC’s. A nivel personal, estoy acabando algunos remixes y algunas producciones propias para algunos sellos que no puedo decir. Tengo muchas ganas de hacer un disco de rap, con Coke, un MC de Vigo que para mí es de los mejores de España. Pero como todo en lo que me meto, va despacio. ¡Ah! Y sobre todo, queremos hacer una fiesta todos juntos ¡ya! Y si resulta que no hay público, ya nos lo pasaremos bien nosotros (risas).

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