Listas

2010 in review

#15 trend topics

2010 in review 15 trend topics Javier Blánquez

¿Cómo resumir un año tan rico, tan veloz y tan complejo como este 2010? Sólo hay una posibilidad: con paciencia, método y disciplina. En PlayGround comienza, justo en este momento, un viaje al corazón del año en curso, cuando está a punto de concluir y todo (o casi todo) el pescado está vendido. Un maratón de listas y resúmenes que arranca con los quince fenómenos que han definido el desarrollo de la temporada, los trend topics –siguiendo la terminología de Twitter– que más arriba han estado en la barra lateral de la actualidad musical que nos importa. Estas son nuestras claves principales para entender los doce últimos meses.

15. Susurros en la madrugada

Discos como el balsámico “Teen Dream” de Beach House, en el que se hace apología de la lentitud y lo onírico, son los que refuerzan la teoría de que, desde los años 80 –por consensuar un inicio al dream-pop a partir de Cocteau Twins y la posterior explosión shoegaze– se viene dando un continuum subterráneo de canciones envueltas en vapor y belleza angelical. Por supuesto, podemos ir más atrás en el tiempo, pero “Teen Dream”, como paradigma de una escena dream-pop que ha tenido más momentos destacables –del “Vs. Mankind” de High Places al segundo álbum de School Of Seven Bells o (por qué no) el debut de Baths– que suenan como susurros en la madrugada.

14. Sudáfrica

Eran los meses de junio y julio y las miradas del planeta estaban todas concentradas en Sudáfrica. Se jugaba la Copa del Mundo de fútbol por primera vez en suelo africano y la experiencia completa fue un éxito –para quien más, para la selección española, que se llevó el trofeo ganado en buena lid contra unos karatekas holandeses–, pero no ha sido sólo por el deporte de la pelota por lo que Sudáfrica ha estado ahí, en el centro de las miradas. Tampoco por el irritante “Waka Waka”, sino por la progresiva popularización de ritmos electrónicos locales –más allá del kwaito–, una tendencia que inició DJ Mujava y que este año ha ido más allá con la recopilación “Shangaan Electro” (Honest Jon’s). Y qué decir de Die Antwoord y el zef rap, la mejor broma de 2010.

13. Anonimato

Esconderse vuelve a estar de moda. No sólo en el techno, donde el anonimato hace tiempo que viene siendo tendencia – reactivada en las últimas temporadas–, sino también en escenas vecinas. En el dubstep y variantes sólo huía del foco el misterioso Burial, del que se había prometido nuevo disco y que todavía calla. Pero este año se han añadido nuevos proyectos enmascarados (o casi) como SBTRTK, Becoming Real, Deadboy o Jacques Greene, que engrosan una nómina en la que cabría incluir a otro productor con nombre de fiambre, el siempre exagerado Zomby. De algunos ya se conocen datos –todavía no ha llegado el momento de desvelar la auténtica identidad de Greene; hay que esperar–, y es que el cotilleo y la información vuelan rápido. Tampoco en el house nadie se libra: Oni Ayhun hace tiempo que se sabe que es Olaf Dreijer –mitad masculina de The Knife–, y quién más quién menos, vía New Musical Express o indiscreciones, ya ha captado que John Talabot es nada menos que Oriol Riverola, alias D.a.r.y.l.

John Talabot . Sunshine.mp3
Kanye West colabora con Bon Iver. The Roots hacen lo propio con Joanna Newsom. The Chiddy Bang samplean a Sufjan Stevens. A Jay-Z le gustan Grizzly Bear y lo va diciendo por ahí. Sage Francis alista a una caravana entera de luminarias del indie-rock para darle forma a un disco, “Li(f)e”, que resulta decepcionante, pero que tiene toda su razón de ser en esta fascinación de ciertos sectores del hip hop por la escena de los colleges y la cultura blanca burguesa. Tampoco es una sinergia nueva, pues sellos como Anticon ya ponían en juego influencias tan distanciadas como Pavement y Anti-Pop Consortium, pero este año se ha transportado de manera definitiva al mainstream de la música negra. Es una conexión que todavía tiene mucho que dar de sí. Las primeras asperezas, por lo menos, ya están limadas.

The Roots feat. Joanna Newsom –Right On

10. Mike Oldfield

Cada año resucita, vía influencia o culto secreto, una momia del prog-rock. Hace dos fue Jarre, y el pasado Alan Parsons. Oldfield, el de verdad, no ha vuelto todavía, que se sepa: él sigue en su casa de Ibiza, dedicándose a lo que más le gusta –a no hacer nada y a montar a caballo–, pero desde la distancia se nota su aliento. Ha sido uno de los artistas más citados sin premeditación –le escuchamos acompañado de Jon Anderson en el comienzo de “Dark Fantasy”, cuando Kanye West samplea un pellizco vocal de “In High Places”, y también aparece citado en solos de guitarra esparcidos por discos de Emeralds, Sufjan Stevens, Solar Bears y VHS Head–, pero es que incluso en el apartado de reediciones merecerían un lugar especial la buena restauración y lifting a los que se ha sometido a “Hergest Ridge” y “Ommadawn” en sus respectivas ediciones deluxe.

9. Boogie

Con todos los pozos de petróleo de la música disco ya agotados –la sintética europea y la conducida por cuerdas celestiales y soulful–, las miradas de la escena retro de la música de baile han decidido tomarse un descanso en el revival del boogie antes de atacar definitivamente el rescate del acid house y la primera música rave –en esa línea, Shit Robot se ha querido adelantar y dejar los deberes hechos con “From The Craddle To The Rave”–. De este modo, han vuelto los vocoders, las gafas de espejo, el guetto-funk, los sintetizadores vacilones y el groove cálido entre quienes antes estaban en el wonky, el techno de Detroit o el balearic: sólo hay que echarle un oído a los vinilos de Onra, Maxmillion Dunbar o Space Dimension Controller para comprobar que el influjo del boogie va más allá incluso de circuitos endogámicos de revival (léase DâM-FunK). Con el boogie, por cierto, viene el resurgir inminente del legado de Prince. El tapón de Minneapolis ya no tiene repercusión por muchos álbumes que publique, pero sus herederos cada vez son más fuertes. ¿Alguien puede negar que The-Dream haya entregado este año con “Love King” un disco para que las orejas chorreen?

8. Cultura VHS

Se ha dejado de fabricar el Walkman y el modelo SL-1200 de Technics va por el mismo camino. En plena era digital, las tecnologías analógicas que reinaron hace más de veinte años van camino de la extinción como el brontosaurio. Y, sin embargo, en la escena experimental se ha consolidado un circuito marginal que rinde pleitesía a la cinta magnética tanto en su versión cassette –de las ediciones en cromo del sello Type a los lanzamientos de Mordant Music, Arbor o Digitalis– como en la de vídeo doméstica, mucho más aparatosa. No sólo está de moda samplear sonidos de viejas cintas –como en todo el álbum de VHS Head editado por Skam, “Trademark Ribbons Of Gold”–, sino recrear la textura borrosa y descolorida en videoclips home made como los que llevan música de Oneohtrix Point Never o Com Truise.

VHS Head – Sunset Everett

7. Grupos de chicas

Bethany Cosentino, la tatuada alma de Best Coast que ama a su gato y busca novio, se ha convertido en una de las improbables heroínas del año. Ella no sólo vuelve a traer al frente la costa oeste americana tras muchos años de dominio de Nueva York en la arena indie –tendencia seguida por Wavves y demás bandas de punk playero y surfero–, sino que sus canciones de intención grunge son de las que han tensado un músculo, el del indie rock, que últimamente estaba laxo y psicodélico. Tras ella, otras mujeres han dejado el pabellón altísimo, algunas con guitarras escandalosas –la hipster neoyorquina Marnie Stern–, otras con suspiros y sutilezas propias del catálogo 4AD – Warpaint– y otras con velos de encaje y velas negras – Zola Jesus–. También hay una muchacha que toca el arpa. ¿Cómo se llamaba?

6. Pop ensimismado

No es dream-pop, es hipnagogia. No es lo mismo una cosa que la otra. La hipnagogia no necesariamente persigue los estadios celestiales del arte, sino que busca el mundo que yace bajo los párpados. Anda sonámbulo por la actualidad, ensimismado, con el traspiés de quien anda desplazado de su eje. Lo que el año pasado conocíamos como chill-wave, un regreso idealizado a mundos de infancia feliz y veraniega –ahora con Teen Daze, Toro Y Moi y Washed Out a la cabeza–, se ha convertido en una profunda regresión proustiana de gran complejidad técnica y conceptual. De los rompecabezas eighties de Gary War y James Ferraro a la fragilidad de Julian Lynch, del chamanismo disco de D’Eon o la mística prog de Gonjasufi, del R&B fantasmal de How To Dress Well, el pop más avanzado de la temporada ha venido siempre con una tóxica aura de irrealidad.

5. Batallón cósmico

En paralelo al momento de gracia de la hipnagogia pop, la escena cósmica que hace un tiempo arrancó en forma de revival disco se ha consolidado en su acepción más retro, setentas y prog. Con los héroes del sintetizador como nuevo posterboys –la adoración a Klaus Schulze es dogma de fe–, se ha extendido como una plaga de langosta la síntesis modular, la compra en eBay de viejos sintetizadores y el método de trabajo analógico, táctil y las constantes citas y homenajes al krautrock. El krautrock siempre es un trend topic –de la recopilación “Deutsche Elektronische Musik” de Soul Jazz al álbum de Prins Thomas–, pero lo es más la popularización de la vía más esotérica y new age de la música planeadora. Eso sí, con un aplomo experimental que se aleja en parte del yoga y el hippismo: “Returnal” ( Oneohtrix Point Never) es casi un disco generacional, y el trío Emeralds ha invadido el mercado con un álbum de mérito ( “Does It Look Like I’m Here?”, también en Editions Mego) y mil proyectos paralelos. Sin olvidarnos de Dylan Ettinger, René Hell, Brother Raven y tantos otros forajidos de la nueva era y alquimistas del Moog.

Oneohtrix Point Never – Where Does Time Go

4. JukeEn Chicago, el gueto ha vuelto a tomar las riendas de la actualidad. Mientras la escena house hace años que languidece y no se renueva, una generación de imberbes ha creado la burbuja que conocemos como juke y que no deja de ser la renovación de lo que antes habíamos conocido como booty-house o ghetto-tech: pastiche de electro, gangsta rap y house acelerado, sólo que ahora los rasgos son levemente distintos. El electro sigue ahí, pero alterado en sacudidas eléctricas por las producciones del rap sureño, mientras que el house se ha modificado en una versión atropellada del garage, con voces trituradas y variaciones de tempo constantes. El juke sirve para amenizar las fiestas footwork –competiciones de baile en las que gana quien entrelaza sus piernas a mayor velocidad sin trastabillarse–, y ha convertido en héroes involuntarios a productores como DJ Nate, DJ Rashad o DJ Roc. El año que viene quizá no exista, pero qué risas nos hemos pegado con ellos.

Dj Nate – Poetry

3. Productores muertos, años después DJ Screw murió en 2000. Era un productor desconocido. Hoy, se le considera uno de los artistas más influyente de la década que ya hemos abandonado: su técnica del screw & chop –que consiste en ralentizar la cadencia del hip hop hasta alcanzar un efecto de sonido arrastrado y comatoso– no sólo se ha popularizado a lo largo de los años entre el hip hop de sur de Estados Unidos, sino que este año ha llegado a la música blanca como un elemento más en el singular batido del witch house y en una ola de neo-screw (Lone Wolf, Expressing Yo-Yo Dieting) que está entre la música más alucinada y bizarra que actualmente existe. J.Dilla, por su parte, falleció en 2006 siendo un productor de culto al que desde varios frentes se le negó su singularidad como beatmaker. Desde entonces, no sólo se ha ido ampliando su obra inédita y post-mortem, sino que su influencia no puede ser más decisiva en el desarrollo de la escena post-wonky, ese hip hop abstracto que, de Los Ángeles a Glasgow y París –de Flying Lotus, TOKiMONSTA y Teebs a The Blessings o Fulgeance– ha resucitado la cadencia más extraterrestre del groove.

DJ Screw – It Don’t Stop

2. Post-Dubstep

El dubstep ha entrado en su año decisivo. El álbum de Magnetic Man ha escalado en los charts como Spiderman por la pared de un rascacielos y las estrellas del género han conquistado el mainstream a golpe de trallazo trancero y nostalgia rave. Pero el dubstep ha traído radioactividad, y las mutaciones que ha experimentado van mucho más allá: está la variante emocional –de James Blake, que va para estrella, a Mount Kimbie–, está la consolidación del UK Funky como vía de evolución hacia el house –magnífico álbum de Roska, gloriosos maxis y remezclas de DVA–, y está la solución porosa de Untold y Ramadanman. Pero el dubstep se deforma, se desintegra, se deslocaliza, y como ovni de 2010 nos queda un “North” (Darkstar) que parece la conexión deseada e ilógica entre Radiohead y Burial. ¿Se habrá dejado algo el género para 2011? Teniendo en cuenta la creatividad que corre por sus venas, seguro que sí.

1. Witch House

En tiempos de oscuridad, aflora el lado oscuro, el esoterismo, la magia. En esta crisis galopante que algunos identifican con el fin de la civilización occidental tal como la conocimos –y propiciada por un desequilibrio zoológico, pérdida total de valores y agotamiento de los recursos–, un estilo ha vuelto a traer lo invisible a la realidad. Es música de hechiceras y de misterios, de sortilegios y palabras en lenguas extrañas, de sombras y presencias espirituales. El witch house no deja de ser un giro extraño al universo dreamy del pop –hay quien incide en sus influencias shoegaze como un factor estético determinante–, pero si hay brumas, en ningún caso son agradables. El entorno que construyen bandas como Salem es asfixiante –y con elementos de hip hop sureño y música industrial–, y en el caso de artistas como Balam Acab los hilos conectan con el dubstep o la hipnagogia. No es hipnosis, sino posesión. En el witch house, inesperado revival neo-gótico, siempre hay niebla y noche, luna nueva y velas encendidas, restos humanos y tipografías con forma de triángulo o símbolos paganos. Este año, no ha habido excentricidad mayor.

Salem – Frost

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