Listas

2011 en canciones 1

Parte II: del 20 al 1

La cuenta atrás definitiva. ¿Cuáles son las canciones más rayadas de este año? Cada uno tiene su lista. La nuestra es ésta.

20. Adele: “Rolling In The Deep” (Jamie xx Shuffle)

La mejor remezcla que ha firmado Jamie xx este año, y han sido unas cuantas, consigue revertir y reinventar la pieza original de Adele de forma sutil e impecable. La clave, desnudar casi por completo la canción de sus arreglos soul-pop y acompañar la voz de la cantante con lo puesto: un beat sincopado y un efecto sonoro de inspiración jamaicana que oscurecen con elegancia la canción. David Broc

19. Frank Ocean: “Novocane”

“Novocane”, el hit más visible de “nostalgia, Ultra” redefine el concepto más trillado de canción de amor con una historia de devaneos y perdición narcótica que se aleja a conciencia del tópico soulero actual. También en la producción, una recreación sonámbula y melancólica del pop ochentero, acompañamiento ideal para una hipotética película de Michael Mann sobre encuentros y desencuentros y noches agitadas en una gran urbe. DB

18. Washed Out: “Amor Fati”

El verano del amor. Del ‘amor fati’, el hit más redondo y representativo de lo que nos esperaba en “Within And Without”, la irremediable e irresistible banda sonora de los meses cálidos y perezosos de 2011. Olas de noise-pop dulzón, un beat con empuje y la voz planeadora, siempre acogedora, de Ernest Greene incitándonos al carpe diem y a descubrir el mundo. DB

17. Britney Spears: “Big Fat Bass feat. will.I.am

Las producciones de will.I.am suelen ser groseras y con un puntillo de chapuza, pero aquí hay una ironía estilizada que hace de “Big Fat Bass” uno de los mejores guilty pleasures del último desmadre loco de Britney. En lo que parece ser una recreación de los componentes básicos de la música de baile al estilo del “Elements” de Danny Tenaglia – “I can be the trebble baby, you can be the bass”, dice la letra– se esconde, sin embargo, una alegoría del sexo (¿anal?) con el bajo en funciones de dilatación – “the bass is getting bigger”– y las frecuencias agudas, lógicamente, como lo más respingón de la cosa, hasta que todo concluye, claro es, con la irrupción volcánica, como géiser de Islandia, del kick-drum. O igual es sólo una canción pop para discotecas teen y esto son sólo imaginaciones de una mente rijosa, quién sabe. Javier Blánquez

16. Panda Bear: “Surfer’s Hymn (Actress Primitive Patterns Extended Mix)”

Hay dos versiones: la corta, que ocupaba un bonito 7” planchado en Kompakt, y la extendida, que se llevaba la cara entera de un 12” –con el otro lado serigrafiado con la palabra ‘techno’– que, es quizá, el momento más sublime en cuanto a abstracción electrónica en 2011. La hipnosis licuada de Panda Bear entra en colisión con los ritmos amorfos y las texturas desintegradas de Actress. Actress, por cierto, que se desentiende casi por completo de la voz aspirada y nasal de Panda Bear, descuadra sus percusiones tribales y juega con los drones sedosos como materia prima para volver a llevarnos a su fantasía neblinosa de Hazyville. JB

15. John Maus: “Believer”

Podría ser la canción que pudo haber compuesto Ian Curtis en 1982 si no se hubiera colgado de la cocina y Joy Division hubieran seguido en activo, interrogándose sobre sintetizadores que se esparcen como lluvias de polvo estelar. Pero no lo es: es la canción que corona el mejor álbum de John Maus y el que –como Ariel Pink el año pasado– le ha permitido cruzar del underground recóndito a una primera división indie a la que él aporta nostalgia de tiempos perdidos, equipo vintage, voces ahogadas en sintes acuáticos y un inigualable sentido de la ausencia, el dolor y la esperanza. Incluso para los descreídos, “Believer” es una razón para confiar en él. JB

14. AraabMUZIK: “Streetz Tonight”

Los milagros de la MPC: por ejemplo, samplear a Kaskade, representante del house norteamericano más hortera, y que acabe pareciendo una buena idea. El productor AraabMUZIK secuestra la melodía vocal de la canción original para integrarla en un beat hip hop de ascendencia sureña que acaba evolucionando y desplazándose hacia posiciones trance. Una locura. En los dos sentidos. DB

13. Big K.R.I.T.: “The Vent”

Casi seis minutos sin parar. Un beat inapreciable, simple acompañamiento. Un sintetizador envolvente. Y Big K.R.I.T. desfogándose en una arrebatadora y bellísima arenga existencialista que plantea conceptos como la crisis de fe, la responsabilidad de los rappers, la pérdida o la devaluación del hip hop en la actualidad. Ambient-rap maduro, introspectivo y brillante. DB

12. Zomby: “Natalia’s Song”

La sombra de Burial aparece y se despliega en su máxima dimensión en la canción más triste de 2011. “Natalia’s Song” es un monumento no solo por su extraña y compleja configuración –sample de la cantante pop rusa Irina Dubtsova, sintetizadores trance, beat entrecortado– sino también, sobre todo, por su inolvidable carga y profundidad emocional. Cuatro minutos de nudo en la garganta. DB

11. Drake: “Marvin’s Room / Buried Alive (Interlude)”

La antítesis del single R&B tal y como lo conocíamos. Ocho minutos de introspección y confrontación emocional de un Drake que, pese al éxito, la fama y el dinero, se siente solo y alienado. Mitad James Blake, mitad Burial, “Marvin’s Room / Buried Alive”, que cuenta con la poderosa ayuda de Kendrick Lamar, es el resumen perfecto de lo que significa y promueve el gloriosamente íntimo “Take Care”. DB

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10. Massive Attack vs. Burial: “Paradise Circus”

Massive Attack no sabían lo que hacían: dejar en manos de Burial una de tus creaciones es un suicidio, sabes que ya nada volverá a ser lo mismo para esa canción. Cara B de un 12” indispensable y mágico en el que el productor londinense recrea y rehace dos piezas del grupo de Bristol, “Paradise Circus” propone doce minutos de ambient pastoral –esta vez sin beats ni breaks, solo voces y melodías en estado de gracia– que sirven para justificar otro año más de silencio discográfico (en formato álbum) y dibujan mejor que nadie la desolación del paisaje urbano actual: luces de neón, calles abandonadas, ventanas iluminadas en grandes bloques de oficinas vacías, desequilibrados masturbándose en Chatroulette, gente dormida en autobuses nocturnos, paseantes sin rumbo, destellos de televisores encendidos… DB

9. Africa Hitech: “Out In The Streets”

Se habla de revival del jungle para 2012, pero Africa Hitech hace tiempo que vienen retorciendo los breaks como si fueran de goma y alterando su genoma para que vayan lentos al principio –con claras influencias dub y downtempo– y se acaben disparando como una metralleta hardcore de los tiempos más belicosos del sello Metalheaz. “Out In The Streets” se puede escuchar de dos maneras: en la versión original, que repiquetea en la cabeza con ese loop vocal insistente, o mejor incluso, en el “VIP Mix”, que se deja de tentativas frustradas y se lanza desbocado a un climax drum’n’bass que pudieran haber firmado los mitológicos Spring Heel Jack. JB

8. Gang Gang Dance: “Glass Jar”

Estos once minutos (y medio) de aventura sonora no son sólo la viga maestra de “Eye Contact”, sino una de las excursiones más fascinantes hacia lo desconocido que se han programado este año en el que, por fin, también se ha tomado la determinación de intentar llegar a Marte. Sólo que Gang Gang Dance lo han hecho antes: “Glass Jar” arranca con pereza, entre mantos sintéticos que parecen esconder un fondo revuelto, y poco a poco van asomando a la superficie las voces irreales, la percusión libre –entre post-rock y tribal– y más capas de texturas rasposas y aéreas que van envolviendo el conjunto en tejidos de fantasía. Por muchas palabras que se usen, al final es difícil explicar con precisión qué hay, de qué se compone y qué significa “Glass Jar”. Es material sonoro extraterrestre. JB

7. Metronomy: “The Bay”

Un arpegio travieso, un bajo fondón, un break afilado y una melodía certera que se va deshaciendo en giros inesperados (y aún más certeros) es lo que necesitan Metronomy para insertar en nuestra memoria la mejor canción de su extenso, y hasta ahora desafortunado, repertorio. Pop resplandeciente de ascendencia 80s, con fulgor de sintes madonnianos y la recreación de una Inglaterra de carreteras secundarias, como hubieran hecho Pulp de haber conservado su mejor inspiración y unos cuantos sintes de época. O dicho de otra forma, la canción que Hot Chip llevan buscando toda su vida. JB

6. Lykke Li: “I Follow Rivers”

Lykke Li, como Anakin Skywalker, es más interesante cuando se pasa al lado oscuro, exactamente lo que ha hecho en su segundo álbum simbolizado, como ninguna otra canción, por esta “I Follow Rivers” en la que suenan beats de madera y un estribillo en varias capas que iría muy bien para el próximo disco de The Knife, pero que esta sueca de mirada oceánica ha sabido llevarse a su terreno. En el fondo, su mecanismo es simple: una canción de amor incondicional que supera todas las barreras naturales y geográficas con la fuerza de los mares, pero con ese punto de amargura que siempre exige la prudencia y el recuerdo de las malas experiencias –las mismas que labran el camino de “Wounded Rhymes”–. Ríos que van a dar en la mar, que es el morir, decía Jorge Manrique. JB

5. Unknown / Joy O: “Sicko Cell”

“Sicko Cell” vino primero arropado por el anonimato, y sobre todo por una bassline rompecostillas y una línea vocal, bajada de pitch y siniestra, que comparaba la información –el data flow de los tiempos hipermodernos, y que tanto ha ayudado a encumbrar el dubstep gracias a las corrientes de internet– con la más popular de las drogas. Se olía el himno y en el underground marcó un momento de explosión íntima, en un círculo privilegiado y reducido, previo a su estallido como uno de los grandes vinilos de la temporada. Luego se descubrió que detrás estaba Peter O’Grady, alias Joy Orbison, y se comprendió todo. El hombre sigue sacándole buen rendimiento a su pacto con el diablo. JB

4. The Weeknd: “Glass Table Girls / House Of Balloons”

Más allá de la lúcida y habilidosa utilización que hace, vía sample, del “Happy House” de Siouxsie And The Banshees, “House Of Balloons” destaca con superioridad en la breve trayectoria de The Weeknd porque en ella se vislumbra la quintaesencia de su sonido y personalidad: un desafío narcotizante, oscuro y sexualmente tenso a las leyes no escritas del R&B. El sonido de noches en vela, colocones, humo, polvos de todo tipo y emociones convulsas. DB

3. Creep: “Days”

Llamó primero la atención porque colaboraba Romy Madley Croft, la única chica que permanece en pie en The xx, pero más allá del featuring, “Days” destapaba el amanecer de un tentador dúo a caballo entre el urban gothic que encabezan los londinenses y la electrónica sombría heredada de los restos del witch house. Cajas de ritmos crujientes, 808s sureñas, destellos láser y sintes que se extienden como el anochecer sobre una melodía sensual, ardiente de sangre o sexo, que viene a ser como la relación incestuosa –muy “True Blood”, pero sin ironías– entre Salem y The xx. Pero no sólo es “Days”: es también los remixes que acompañaban a la canción en el vinilo y, sobre todo, la sensación de big thing que flota alrededor de Creep para su esperado álbum de 2012 en Young Turks. JB

2. Lana Del Rey: “Video Games”

lana del rey Independientemente de los odios y adhesiones que ha ido recibiendo desde su irrupción en YouTube –es guapa pero frígida, que no transmite; su boca sólo sirve para hacer mamadas, es una diosa y la nueva dama del pop contemporáneo, oportunista operada y demás hipérboles–, hay que recordar que todo el buzz, el hype y el backlash generado alrededor de Lana del Rey parte de una canción a la que luego han seguido más, todas ellas memorables si consigues abstraerte de su ombligo, sus morros Esther Cañadas style y sus posados en revistas de moda (que llegarán). “Videogames” tiene la atmósfera lynchiana que muchos compositores quieren alcanzar pero que pocos alcanzan, se mueve en un territorio difuso entre el clasicismo de las baladas de los sesenta y una modernidad muy gangsta, y pase lo que pase en el futuro –que será su encumbramiento como diva o su batacazo histórico tras ser rechazada por la masa; todo eso se juega en su inminente álbum de debut–, “Videogames” permanecerá, ya sea como one hit wonder o como primer impulso de un ascenso imparable. JB

1. M83: “Midnight City”

Tan solo con la escucha de los primeros cinco segundos, ese riff de sintetizador capaz de llevarse por delante a un ejército, ya tenía pleno sentido apostar por “Midnight City” como la gran candidata para erigirse en mejor canción del 2011. Luego, ya con la sección rítmica en plena vorágine de reivindicación ochentera, con el perfume ensoñador de las voces y las letras de Anthony Gonzalez y con el irresistible crescendo melódico del estribillo ya no quedaba ninguna duda. Pero faltaba la guinda: el solo de saxo final, que además de plasmar en su máxima expresión el retorno de ese olvidado recurso kitsch, y ahora en territorio indie, servía de insuperable carta de presentación de uno de los argumentos clave en la constitución y definición de “Hurry Up, We’re Dreaming”: la apuesta por actualizar y personalizar, sin miedo ni vergüenza al qué dirán, influencias e ideas mal vistas de los 70 y los 80. DB

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