Listas

2011 en álbumes 3

Parte III: del 25 al 1

Y ya estamos aquí. El tramo final de los mejores discos de 2011 según PlayGround. Ha sido un año competido y la pugna por entrar en las primeras posiciones ha sido dura. Pero finalmente hemos obtenido un veredicto final. La cuenta atrás del 25 al 1 queda así.

25. Girls: “Father, Son, Holy Ghost” (Turnstile)

Menos lustroso que en sus otros lanzamientos, el sonido del grupo ha ganado en ardor. Siguen presentes esas genialidades en forma de detalles que ya caracterizaron a su debut, entre otras, sonar importantes con apenas unos acordes y el vacío de por medio ( “Jamie Marie”), unir milagrosamente los agresivos solos de guitarra de “Die” con la tierna “Saying I Love You” o permitirse despertar a “Forgiveness” de su bajona cuando ya lleva suplicando cinco minutos y medio. Pero lo mejor de las canciones es que, más o menos digestivas, todas purgan por igual. Son cuchillas cortavenas pero su filo se siente en la piel como el de una necesaria redención. El conjunto al completo suena como un rezo dirigido a alguien imposible de alcanzar, y el listado de letras, transcrito al completo en la portada, certifica dicho tono salmódico, además de servirnos para emparentar a los de San Francisco con los Spiritualized más gospel. Cristian Rodríguez

Publicación original Girls - Vomit by artsandcraftsmx 24. The Haxan Cloak: “The Haxan Cloak” (Aurora Borealis)

La de The Haxan Cloak es música cerebral y autista. Música que por momentos parece sólo imaginada; paisajes sonoros de apariencia mudable que a pesar de su intensidad parecen no existir en el plano físico, sino habitar sólo en la cabeza del que escucha. Y casi que podríamos decir de quien observa, porque las imágenes se suceden en todo momento. Los soundscapes electroacústicos de The Haxam Cloak proponen escenarios por la vía aural; escenarios inquietantes que Bobby Krlic rara vez se esfuerza en describir. Es como si le interesara más captar la vibración de un lugar, traducir al plano sonoro su relieve psicogeográfico, sus cambios de presión, sus corrientes telúricas, y menos representar cualquier tipo de acción que pudiera trascurrir en ese mismo lugar. En su música la vida humana apenas se respira. Se percibe sólo como un vestigio, o como un rastro lejano, huido, entretenido en algún otro lugar. Luis M. Rguez

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23. Britney Spears: “Femme Fatale” (Jive Records)

“Femme Fatale”, pese a un título tan topicazo, es una coherente montaña rusa de baile, un disco con una producción mimada al detalle que debería recetarse como lo que realmente es: un chute de entretenimiento en vena. Para hablar de Britney es de vital importancia detenerse un momento a escrutar su plantel de productores. Max Martin y Dr. Luke se reparten el pastel casi en su totalidad introduciendo, incluso, un deje dubstep en la ya conocida “Hold It Against Me” o en “Seal It With A Kiss”. Al final ni Danja, William Orbit Rusko o Diplo se pasean por aquí. Ni falta qué hace. “Femme Fatale” consigue por méritos propios ser una orgía de singles potenciales. No vamos a pararnos en el mensaje de las canciones, más que nada porque no sabríamos por dónde empezar, pero una mujer que dedica un tema a la gasolina prescindiendo del reggaeton –lo adivinaron, la susodicha se llama “Gasoline”–, y sale del todo indemne, se merece todos nuestros respetos. Sergio del Amo

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Britney Spears - Selfish by William Alberto Aguirre 22. Pinch & Shackleton: “Pinch & Shackleton” (Honest Jon’s)

Dentro de su dificultad, de su exigencia –quien padezca de déficit de atención las va a pasar putas–, de sus giros melódicos sibilinos y de sus cambios de ritmo inesperados, a veces casi imperceptibles y con más swing del que parece a primera escucha, lo que ofrecen por encima de todo Shackleton y Pinch es una atmósfera que invita a perderse en ella. En instantes como “Selfish Greedy Life” la abren a espacios amplios aunque de suspense, como si más allá de lo terrenal –esa oscilación entre el ritmo boscoso y las texturas desérticas– también buscaran ese return II space (parafraseando a Digital Mystikz) o la creación de un mundo privado, hermético, preñado de esoterismo y magia negra, como el que se intuye en “Burning Blood” o “Monks On The Rum”, dos caras más de un poliedro imposible de describir entero y con exactitud, porque este disco es un laberinto en el que es muy fácil entrar y muy difícil salir. Javier Blánquez

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Pinch & Shackleton - Torn And Submerged [Honest Jon's] by frankyboy 21. M83: “Hurry Up, We’re Dreaming” (Naïve)

El grueso del álbum se mueve entre los habituales interludios ambient de M83, de los que un servidor jamás podrá cansarse, algunas baladas cósmicas de inspiración AOR y vocación de himnos de estadio – “Wait”, “Soon, My Friend” y “Splendor” invitan a pensar en móviles encendidos y agitados al compás– y, por supuesto, los ramalazos épicos en forma de muros de sonido, quizás la vertiente más ortodoxa y reconocible de su propuesta en esta sinfonía alocada e interminable, errático pero también memorable ejemplo de autoconfianza creativa al servicio de uno mismo. Un disco en el que Anthony Gonzalez ha decidido dedicarle una peineta a todo el mundo –público, crítica e industria– para centrarse exclusivamente en sus propios deseos e intenciones, sin mirar atrás, sin oportunidad para el lamento y el arrepentimiento. Con un par. David Broc

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Intro (ft Zola Jesus) by M83 20. A$AP Rocky: “LIVELOVEASAP” (Self-Released)

“LIVELOVEA$AP”, anticipadísima mixtape de debut no oficial, aunque ya se ha anunciado su publicación real en formato físico para dentro de unos meses, no descubre nada que no intuyéramos antes de su aparición, pero ratifica las inmejorables sospechas que se concentraban alrededor de A$AP Rocky. En primer lugar, la asombrosa capacidad de nuestro protagonista para generar un estado de ánimo especial y muy particular con su discurso, a medio camino entre el cuelgue y la alucinación, fiel reflejo sonoro del estado alterado que promueve el purple drank, esa mezcla de sirope de codeína y bebida azucarada que forma parte indisociable del Sur de los Estados Unidos. Recuerda a esa embriaguez lenta, perezosa y tensa del sonido screwed & chopped, pero con un rediseño melódico y atmosférico en la producción que no tiene parangón en la escena crunk, definida por un sonido más ramplón y rupestre. DB

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ASAP ROCKY Wassup by Move In Silence 19. Nils Frahm: “Felt” (Erased Tapes)

El disco transcurre por senderos delicados y austeros, unas veces en la frontera del jazz triste, otras en la de la neoclásica, siempre con la determinación de generar música emocionante y bella sin alzar la voz, con miedo a hacer más ruido del estrictamente necesario. Frahm utiliza el silencio y las imperfecciones del directo –los movimientos de la mano, el golpeo en las teclas, incluso el compás de la respiración, también forman parte de su mapa sonoro– para orquestar una modesta y sutil proeza pianística que invoca por igual el espíritu de Mark Hollis, Satie, Ravel, Nyman o Richter. Si es cierto que asistimos a la consolidación de una nueva oleada de pianistas jóvenes con registros poco académicos, el nombre de Nils Frahm y este espectacular “Felt” merecen ocupar un lugar de honor en su particular genealogía. DB

Publicación original Nils Frahm - Snippet by erasedtapes 18. Roly Porter: “Aftertime” (Subtext)

“Aftertime” es un álbum asombroso, no sólo por quedarse con el fondo de lo que fue Vex’d –violencia contenida, negatividad, apocalipsis–, sino por extirpar cualquier rastro de dubstep y cambiar por completo de paisaje y modos de actuación. Irse a temas como “Tleilax” es descubrir un terreno árido, sembrado de minas, por el que se arrastran notas de electrónica apesadumbrada como un mal viento que barre el suelo de hojas y esparce el polvo por los edificios, de texturas que parecen de guitarra maligna o disparos de metralleta, y que por momento parecen querer prolongarse como drones contagiados de un mal virus que añaden, quizá, una violencia innecesaria a un disco cuyo efecto es todavía más destructivo, pues se instala en la psique como una lombriz o una bala –¡esa portada!– que perforara el cerebro, germinando en una tristeza infinita o en la muerte. Surgeon dice que es su disco del año. De Surgeon hay que fiarse. JB

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Roly Porter - Tleilax by Subtext Recordings 17. John Maus: “We Must Become The Pitiless Censors Of Our Lives” (Upset The Rhythm)

John, quiero darte las gracias. Por seguir recordándome a Joy Division y a Suicide, y por haber añadido a la ecuación nombres como los de OMD, Moroder o el Gary Numan más homo. Gracias también por recuperar sin ningún miedo antiguos presupuestos estéticos como los de “Too Much Money”, por revisitar junto a Molly Nilsson su “Hey Moon” de 2008, por las texturas y los textos, por las campanas a lo lejos, por intentar matar al policía que todos llevamos dentro ( “Cop Killer”), por ese título prestado de Alain Badiou tan acorde con los tiempos que vivimos, por la portada nocturna y marina... Por sublimar la decadencia de la belleza y, sobre todo, gracias por haber dado forma a esa cascada de sintetizadores llamada “Believer”: me empapo cada vez que la escucho, sudan mis manos, quiero llorar. Con ella has conseguido, efectivamente, que sea imposible no creer en ti. Felicidades. CR

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John Maus - Quantum Leap by RibbonMusic 16. Leyland Kirby: “Eager To Tear Apart The Stars” / The Caretaker: “An Empty Bliss Beyond This Dream” (History Always Favours The Winners)

Leyland KirbyLeyland Kirby

Después de todo este tiempo, poco ha cambiado en las estrategias de The Caretaker y Leyland Kirby. A un nivel formal, “An Empty Bliss Beyond This World” entronca directamente con su primer álbum –la recreación de un salón de baile con las lámparas de gas iluminando con luz débil, poblado de espectros que ejecutan pasos de vals sobre un parqué carcomido, como en el final de la película “Carnival Of Souls”–, y en particular con el penúltimo, “Persistent Repetition Of Phrases” (Install, 2008), abundante en samples de vinilo de piedra, fonógrafos de los años 20, jazz primitivo, bailes de salón y grabaciones de música clásica erosionadas por el desgaste del tiempo y de la aguja sobre el surco. Kirby se apoya en la tesis médica, comprobada en enfermos de Alzheimer, de que, en fases avanzadas de la enfermedad, y cuanto más deteriorada está la memoria del paciente, éste es todavía capaz de recordar con nitidez las canciones de su infancia. “An Empty Bliss”, por tanto, quiere ser como un recuerdo muy vívido en una memoria del todo desgastada. JB

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The Caretaker - Fleeting Dreams by Perfruor Leyland Kirby - This Is The Story Of Paradise Lost by coracle Pia

2011 en álbumes Parte I: del 75 al 51 2011 en álbumes " Parte I: del 75 al 51"

2011 en álbumes Parte II: del 50 al 26 2011 en álbumes " Parte II: del 50 al 26"

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15. AraabMUZIK: “Electronic Dream” (Duke)

Que nadie vea este álbum como un capricho, una boutade o una freakada anecdótica. Ni siquiera como una colección de remezclas o una ridiculización de las fuentes originales –aunque la comunidad pastillera se haya echado las manos a la cabeza ante tamaña profanación–. “Electronic Dream” es la resolución de una ecuación imposible en nuestra cara. El trance épico, el dance comercial, el hardcore poligonero y la cyberdelia seborreica no se crean ni se destruyen, se transforman… en hip hop oscuro, seboso y dañino. Sonidos inofensivos y ridiculizados hasta la saciedad son, en Araabmuzik, cócteles molotov con clavos envenenados. Y la enajenación nos depara obras maestras como “Free Spirit” –mi iPod la odia de tanto darle– o “Feelin So Hood”, brutal y satánica remodelación del “Feelin’ So High” de Starchaser. Me inclino. Óscar Broc

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Araab Muzik Streetz Tonight by araabMUZIK 14. Gang Gang Dance: “Eye Contact” (4AD)

Partiendo, como lo hacen, de improvisaciones, es impresionante que el resultado en “Eye Contact” tenga un aspecto tan pop, aunque solo sea en la superficie, ya que a pesar de los continuos ganchos melódicos, los temas de este disco escapan de la estructura tradicional de las canciones pop. Es evidente lo bien que se conocen los componentes actuales del grupo entre ellos, y esta es la causa directa de que cada uno de los temas, dentro de la flexibilidad de sus estructuras, parezca tener una irrefutable lógica interna. Así, lo más interesante del disco es comprobar cómo los temas fluyen y van creciendo en intensidad, cómo dialogan unos elementos con otros, y como estallan inevitablemente en deliciosos momentos de éxtasis. El ejemplo más obvio, claro, es el de “Glass Jar”, los once minutos con los que arranca el álbum desperezando al oyente y remitiendo a las excursiones cósmicas de los setenta. Iván Conte

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Gang Gang Dance - Glass Jar by rezvanm 13. Kuedo: “Severant” (Planet Mu)

Al principio, encontré en la música de “Severant” una cualidad nostálgica, aunque esto es algo que se desprende más de la variedad de sonidos que dibuja Kuedo más que de una intención real por su parte. La música está construida, principalmente, a partir de bases de juke / footwork y rap sureño –patrones de percusión intensos, acelerones de hi-hat y síncopes que están entre lo maniático y lo estimulante– combinadas con melodías que utilizan sonidos envolventes de sintetizador que citan de una manera casi obvia a artistas como Vangelis. No es ninguna sorpresa, pues fue Vangelis quien compuso la banda sonora de “Blade Runner”. Son esos sonidos de sinte que encontramos en “Scissors” y “Truth Flood” tras múltiples escuchas repetidas, con su cualidad sonora intrínseca siempre evocadora de nostalgia, los que te ayudan a ver más allá de esas emociones obvias para llevarte a un paisaje mucho más “real” y bello. Laurent Fintoni

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Truth Flood by Kuedo 12. Metronomy: “The English Riviera” (Because Music)

En “The English Rivera” abundan saxos, maracas, teclados que suenan como guitarras y viceversa, falsetes al borde de la horterada ( “Trouble”) y destellos de funk blanco. Todos los temas son fantásticos e imaginativos, tan eclécticos como meticulosamente ensamblados. “We Broke Free”, que suena tras escuchar el rumor de las gaviotas y de un oleaje cercano, no sólo presenta el paisaje invitándonos a entrar en el disco sino que parece decirnos entre líneas que estamos ante un nuevo amanecer para la banda. “The Look” es contagiosa como una gripe y “The Bay” un hitazo a la altura de los mejores Hot Chip. “Loving Arm” parece The Cure jugando al Tetris, la juguetona “Corinne” también se vale de ruiditos de videojuego para escribir su extraño ADN y “Some Written” recuerda a unos Penélope y Carlo de bajona en un hostalito costero. Al final, tras la galáctica “Love Underlined”, uno se queda con ganas de más, atrapado sin remedio bajo el influjo de un disco insaciable y muy bien cuadrado que les ha quedado redondo. CR

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Metronomy - The Bay by acrylica 11. Oneohtrix Point Never: “Replica” (Software Records)

Con “Replica” Daniel Lopatin se sacude cualquier posibilidad de estancamiento en su propuesta y ofrece una reinvención de su sonido. La emoción apuntada en los breves dos minutos de “Ouroboros” del anterior disco se convierte aquí en omnipresente. Así, el disco arranca con la calidez ambient cercana a la new age de “Andro” y demostrando una vez más su capacidad para crear pasajes sonoros capaces de evocar con fuerza paisajes geográficos, en este caso glaciales, desolados, en una suerte de revisión hipnagógica del romanticismo. Sobre estas placas de sonido helado planean los sintes y otros sonidos que hemos aprendido a asociar con Oneohtrix Point Never. Tras la calma inicial, el fondo sonoro empieza a agitarse con ruidos de diversa procedencia, hasta desembocar en una amalgama de ruido y percusión que enlaza a la perfección con el punto en el que lo había dejado al final de “Returnal”. IC

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Oneohtrix Point Never - Explain by Mexican Summer 10. Clams Casino: “Instrumentals” (Type)

En los últimos meses se ha multiplicado de manera casi asfixiante la publicación de discos de beats abstractos –casi todos venidos de la colmena californiana; casi todos con la intención de aprovechar el camino abierto por FlyLo–, y esa cantidad ha ido en detrimento de la capacidad para sorprenderse y encontrar matices nuevos en una estética que sigue siendo a priori interesante, pero cada vez más fotocopiada. En cambio, Clams Casino activa los centros del placer instantáneamente, sus bases –sencillas en el fondo, con un delicado lecho de sintetizadores, leves cuerdas sintéticas y más melodía que caja de ritmo– son de las que inmediatamente ponen a circular las endorfinas al transportar, de una forma nada forzada, apuntes de dream pop, soundtracks, shoegaze y pop bucólico a sus tejidos oníricos. JB

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06 - Clams Casino - What You Doin' [Lil B] 2 by blalalapuntnl 9. James Blake: “James Blake” (Atlas-A&M)

Si el primer álbum de James Blake funciona no es como un disco de dubstep. Más bien se presenta como un nuevo eslabón en esa tradición británica del soul blanco cruzado con la electrónica más inquieta del momento. Aunque la referencia más clara en este sentido es la del estadounidense Arthur Russell, debido al registro emocional sustentado en una voz inmediatamente reconocible, en la fisicidad del sonido y en los graves y silencios, también se pueden ver rastros de Robert Wyatt o Scritti Politti, ya que al igual que estos Blake ha salido de un contexto de exploración electrónica muy concreto –el sonido Canterbury y el post-punk, en los casos de Wyatt y Scritti Politti– para renovar las posibilidades del soul-pop desde una óptica más experimental. IC

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James Blake - Limit To Your Love by TheDropFather 8. Bon Iver: “Bon Iver, Bon Iver” (4AD)

Si su debut es un disco de eminentes raíces folk, entroncado en la tradición de Neil Young y demás iconos del género, “Bon Iver, Bon Iver” es un álbum de banda que ya no tiene tan claras sus coordenadas estilísticas porque presenta una absorbente amplitud de miras que se resiste a la clasificación. Con la ayuda de un grupo en el que encontramos a personalidades como el saxofonista Colin Stetson o el guitarrista Greg Leisz, Justin Vernon echa mano de influencias del pop y del soft-rock de los 80, amplifica su paleta de recursos expresivos (instrumentos de viento, coros, algún arreglo electrónico, algún solo de guitarra, omnipresencia de teclados, producción cargada, intensidad percusiva, paisajes ambient), se desmarca con una secuenciación portentosa y da un giro irresistible a sus canciones. Cuando la opción cómoda, asequible, segura, pasaba por acogerse a los esquemas ya asimilados de su ópera prima, el de Wisconsin ha optado por el camino contrario, un sendero repleto de trampas y peligros, mucho más arriesgado, en algunos momentos incluso polémico – “Beth/Rest” no dejará indiferente, órdago de mucho cuidado–, que nos lleva a dos grandes conclusiones: hay mucha vida más allá de “For Emma, Forever Ago” y Justin Vernon no es un cantautor al uso. DB

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Holocene by boniver 7. Tim Hecker: “Ravedeath, 1972” / “Dropped Pianos” (Kranky)

Tim HeckerTim Hecker

El sonido sale escupido de aquí como si fuera una bola de viento, nieve y fuego con infinitos matices, alturas y volúmenes, y golpea el oído –de hecho, todo el cuerpo– como si fuera un muñeco de trapo maltratado por un ejército de puños. No es un cañonazo, sino una ráfaga de ondas a presión propia de un arma del futuro. Esos sonidos son de todo tipo: están los característicos drones de ruido maligno propios de Tim Hecker –recordemos: antiguo aficionado al metal extremo–, están los paisajes gélidos de electrónica contemplativa y están los usos inadecuados de todo tipo de instrumentos convencionales. Guitarras, pianos, y sobre todo un órgano de iglesia: un juego de planos y contraplanos arrojados contra el cuerpo del oyente como si fuera una olla de sopa hirviendo, un alud de nieve o un haz de rayos láser. Otra obra mayor más en la producción de Tim Hecker, uno de los grandes talentos del ambient moderno. JB

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tim hecker 'hatred of music I' by kranky 6. The Roots: “Undun” (Def Jam)

Si esto no es la banda sonora del gueto nada puede serlo ya. Y todo ello armado desde un prisma expresivo y creativo poco acomodaticio, una portentosa exhibición de talento sublimado al servicio de una idea: presentar con sencillez y naturalidad canciones extremamente complejas y elaboradas. “Undun” no sólo es el disco de hip hop más bello de 2011, también es un maravilloso acto de rebeldía, una anomalía sin parangón en el género en los tiempos que corren. En un momento en que se premia la inmediatez, las prisas y la explosividad del aquí y ahora, The Roots demuestran a todo el mundo que esto es un viaje de largo recorrido y que a veces necesitas haber grabado diez álbumes para dar con tu referencia más redonda y completa, sin un solo minuto de relleno o fuera de lugar, y con un dominio impecable y ejemplar de la emoción. Podemos interpretarlo como queramos –¿es un disco sobre la muerte o sobre la vida? ¿es una parábola sobre la actualidad social o sobre el estado del hip hop?–, pero sea cual sea nuestra lectura la conclusión debe ser exactamente la misma: agradecimiento eterno. DB

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The Roots feat Phonte & Dice Raw – One Time by TheWellVersed 5. Balam Acab: “Wander / Wonder” (Tri Angle)

El debut en LP de Balam Acab guarda algunas similitudes con Burial, o mejor dicho, con el efecto interior que sembraba Burial cuando se le escuchaba por primera vez y te dejaba el estómago hecho un ovillo y el corazón sobrecogido. Los parecidos son más espirituales que estéticos, abren una puerta a una dimensión parecida del sonido bello, aunque uno lo conseguía desde el dubstep y la larga tradición de la música rave inglesa y Balam Acab lo hace desde el R&B y el pop –eso sí, con un uso de las voces parecido y sin descuidar nunca el deslizamiento ambiental de los temas–. El signo distintivo de Balam Acab, el tipo de música que le hace único, se aprecia sobre todo en “Motion”, una fantasía soul –con generosos juegos malabares de cuerdas– inundada en ambient acuático por la que flotan trenzados vocales que antes encontrábamos en TLC o Aaliyah. Momentos así indican que en su educación musical debe haber muchas horas de radio escuchando las emisoras de hip hop y tomando nota de esas gargantas de azúcar y las bases de inclinación más futurista. Pero eso es sólo una parte del admirable conjunto que es “Wander / Wonder”, pues cualquier estilo o límite queda diluido entre una asombrosa inundación de texturas. JB

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Balam Acab: "Motion" by alteredzones 4. PJ Harvey: “Let England Shake” (Island)

“Let England Shake” es un disco político, pero a la ‘Harvey manera’. En sus versos hay referencias a la Primera Guerra Mundial, a los nacionalismos, a los tiempos históricos de Entreguerras, al desastre de Galípoli de 1915 en Turquía, a Irak y Afganistán, a las pinturas negras de Goya y al simbolismo pictórico de la Guerra Civil de Salvador Dalí. El resultado: otro disco sobrecogedor, fantasmagórico, tétrico, absolutamente distinto y perfecto sobre el comportamiento cíclico de los humanos que les lleva a luchar y a estar en conflicto permanente. Desde el inicio del disco con la homónima “Let England Shake” PJ dibuja con imágenes ultraviolentas – “soldados que caen como cachos de carne”– cantadas con una voz tenebrosamente feliz un campo de batalla lleno de sangre y sumido en tinieblas eternas. PJ se convierte en una trovadora que entona las calamidades de la guerra, una juglar que iría trotando de ciudad en ciudad musicando historias atroces que son los doce cortes de su álbum. La música es etérea, la voz enérgica, los versos brutales: en ellos está toda la importancia, oscuridad trascendencia y grandeza de este disco. Marta Hurtado de Mendoza

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PJ Harvey - The Words That Maketh Murder by Vagrant Records 3. Rustie: “Glass Swords” (Warp)

La colección de ideas por minuto que ofrece “Glass Swords” es difícil de encontrar en cualquier otro disco que funcione en esas intersecciones entre (a escoger) el boogie, el hip hop, el post-dubstep, el sonido de videojuegos y/o la IDM. Hay álbumes muy buenos ahí fuera, pero el de Rustie los embute a todos en uno solo, en poco más de 40 minutos, con una voracidad implacable y sin parecer nunca apresurado. Eso es lo milagroso: las ideas se suceden con ansia bulímica, las engulle y las metaboliza sin haber podido reaccionar y tras un giro inesperado viene otro, pero nunca se tiene la sensación –como ocurría antes con sus propios beats– de estar siendo maltradado mentalmente, de estar sufriendo una violación a través del oído. Ahí está expuesto, al desnudo, todo su talento: sintes clintonianos –y clitoridianos– y melodías propias de Hall & Oates, beats selváticos, incursiones en el ghetto-tech con voces de ardilla y sintes rampantes, híbridos entre trance épico y boogie extra-brillante, crunk expresionista y así hasta llegar a “Crystal Echo”, donde todo, de una manera muy natural, y sin querer abusar más de la paciencia del oyente –que ha sido forzada hasta justo el límite que separa el placer del dolor–. JB

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Rustie - Ultra Thizz (taken from Glass Swords) by Rustie

The WeekndDrake

1. The Weekend: “House Of Balloons” (Self-Released) / Drake: “Take Care” (Young Money Entertainment)

“Thank Me Later” mostraba una dirección musical dispersa, demasiado obsesionada con la idea de consenso, y fragmentaba en exceso el recorrido entre aquellos momentos de exaltación eufórica y los episodios más introspectivos y sombríos. Ese eclecticismo mal aplicado acababa contaminando parte del camino de Drake y le restaba convicción a su propuesta, ensalzando con mucha fogosidad cuatro o cinco hits incontestables pero dejando de lado muchos minutos de relleno que el paso de los días ha acabado olvidando con facilidad. “Take Care” corrige ese problema con un concienzudo y elaborado trabajo de producción que busca más unidad estética y emocional y, también, muy importante, más cohesión con el contenido lírico de las canciones para sentar las bases de un sonido renovado, sutil, de irresistible melancolía noctámbula y urbana, que pueda capturar con la máxima fidelidad posible la intensificación emocional de sus nuevas rimas. La presencia de The Weeknd en “Crew Love” presagiaba el cambio. Y una parte de “Take Care” viene a confirmar que el autor de “House Of Balloons” es una influencia más que puntual, se diría que incluso fundamental, en la configuración general de este disco. DB

¿Existe el R&B indie? En cierto modo, los primeros maxis de Junior Boys lo eran –mezclaban una sensibilidad synth-pop romántica con beats al estilo Timbaland–, y esta mixtape de The Weeknd trae recuerdos y emociones similares a los de “High Come Down”. Primero, los responsables de las canciones también son canadienses y prefieren mantener un aura de misterio. Porque una razón importante del revuelo que han causado The Weeknd en la red está precisamente en eso, en la incógnita de su identidad. La mecha la encendió Drake vía Twitter, al escribir letras de canciones como “Wicked Games” y colgar audios en su web. Se sospechó que The Weeknd podía ser un proyecto paralelo de alguno de sus productores, pero no hay tal cosa: sólo admiración sincera por un songwriting estratosférico y una producción que se sitúa en un intervalo a medio camino entre el R&B hi-tech y el pop vaporoso con influencias de la música negra; es decir, exactamente en el punto de equilibrio entre The-Dream y How To Dress Well. ¿Por qué es fan Drake de The Weeknd? Porque ve en él a quien fue antes de dar el salto al mainstream: un cantante notable –Abel Tesfaye no rapea, sólo emite gorgoritos– y que no tiene miedo en expresar sus debilidades, deseos y miedos en letras que son como entradas de un diario personal. Este “House Of Balloons” es algo demasiado especial para ser ignorado o manchado. Ninguna canción sobresale por encima de las demás y todas van sobradas de calidad. Otra estrella ha nacido, internet ha sido su caldo de cultivo, pero de The Weeknd no se va a reír nadie. Más bien conseguirá, con tiempo, con suerte y sin apremios, que nos postremos ante él. JB

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Drake Feat. Rihanna - Take Care by solefalafasofa808 The Weeknd - High For This by The_Weeknd R&B indie Hacia una nueva sensibilidad en el pop urbano

Especial: R&B indie " Hacia una nueva sensibilidad en el pop urbano"

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