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Trend topics 2010

2: #hypnagogic pop

Trend topics 2010  2: #hypnagogic pop Cristian Rodríguez Por Cristian Rodriguez Vienen sonando desde hace un par de temporadas y expandiéndose en múltiples direcciones. Tanto en su vertiente electrónica como en la más pop, la que analizaremos en este dossier. Se trata de los sinónimos hipnagogia, chill-wave y glo-fi, vanas etiquetas quizá pero también coletillas perfectas para aplicar a mucha de la música que se escribe actualmente. El maremágnum en que flota el pop actual, deformado por la neo-psicodelia y abrumado por mil y un revivals contra los que se ve obligado a reaccionar, necesitaba un término que pusiera orden y concierto en el asunto. La etiqueta de marras puede usarse, en principio, para todo aquello que se adscriba a los descriptores “nostálgico”, “doméstico” y “refulgente”. ¿No sabes a qué apuntan esas brumas sintéticas de los últimos The Radio Dept.? Recurre a la hipnagogia. ¿Las canciones de Deerhunter te mecen como cuando estabas en la cuna? Será que tienen algo de chill-wave. ¿ “Confirmation”, de Wild Nothing , te suena a puro Ariel Pink? Pregúntale a Jack Tatum si practica el glo-fi. Sin quererlo, el pseudo-género se ha convertido en la carta comodín del momento, aunque también está claro que existe un sonido eminente y concretamente hipnagógico per se. ¿Cuál es? I. Inception Hagamos un poco de memoria y busquemos el momento en que nos injertaron en la mente la semilla de todo esto. Mucho ha llovido desde que Simon Reynolds hablara de hauntology sound para adjetivar las producciones de ciertos artistas londinenses que intentaban traducir “lo que la gente en las décadas anteriores imaginó que sería el futuro”. Menos tiempo aún, pero también bastante, ha pasado desde que David Keenan, concretando más que Reynolds, desarrollara en The Wire la idea que hablaba de “una música que parecía colgada del estado de la duermevela, suspendida entre el sueño y la vigilia”.Una música en la que se registraban alucinaciones que alteraban la percepción de la realidad. Los productores a los que se refería Keenan habrían nacido en los ochenta y estarían filtrando su infancia en su música a partir de los recuerdos de entonces. Esa es, a grandes rasgos, la carta fundacional del movimiento. Mas hoy la etiqueta se ha expandido de tal manera que ambos puntos de partida han quedado constreñidos por el uso genérico que se ha dado al término. De hecho, paradójicamente, las teorías de ambos periodistas británicos han acabado dando lugar a ejemplos mayoritariamente americanos, al menos en el ámbito más inclinado hacia el pop, no tanto en el electrónico. En otras palabras, la hipnagogia ha acabado rebosando el vaso de las rígidas determinaciones quizá porque, de alguna u otra forma, resulta inevitable que el oyente siempre acabe definiendo las etiquetas menos por lo que son y más por lo que él quiere que sean. Pues bien, ¿qué debemos entender si oímos mentar ésta en 2010? Existen descriptores más o menos cerrados, como aquel que habla de “synth-pop psicodélico de influencia ochentas que parece provenir de espacios siderales”. Además, varios parámetros se han convenido como claves a la hora de intentar definirla. Ante un jurado y acusado de hipnagogia, podríamos decir que cualquier músico que edite sonidos analógicos de trazo difuminado y efecto grogui sería susceptible de ser culpable. Otras características: la deformación del tempo narrativo, la profusión de sintes, el uso de efectos por doquier, nostalgia por la adolescencia y una sensación de extrañamiento ante todos esos factores. Básicamente, la hipnagogia es una cuestión de textura, de filtro, de vía de escape a la hipnosis provocada por otras músicas. Es más, remarcaremos que otra de sus razones de ser es la incorporación a su ethos de jirones de mil y un revivals más. De alguna forma, el palabro ha terminado convirtiéndose en la madre de todos los revivals. Y lo ha hecho desde la esquina de una habitación. Ahí está el gran impacto. Algunos de sus principales exponentes reniegan del término y en la mayoría de oyentes aún no ha calado, lo que lo hace todavía más difícil de definir. Se puede acudir en ayuda de la hipnagogia tanto si hablamos sobre los gestos balearic y los amaneramientos teen de las huestes de Sincerely Yours como si discutimos las influencias del constructivismo acid de The Ruby Suns y su “Fight Softly”. El término de marras es, al fin y al cabo, una excusa. Simplemente, ha llegado porque necesitábamos un asidero así para que las fronteras y la infinidad de categorizaciones musicales del momento no se nos fueran de las manos. Y ha llegado también como curiosidad extensa en premisas y extensa en diversidad de resultados. Pero, sobre todo, como posible gran respuesta entre un millón a una pregunta capital: ¿qué cambió en el seno y en los márgenes de la música post-pop desde que Panda Bear editó “Person Pitch” hasta que Animal Collective entregaron el crucial “Merriweather Post Pavilion”? II. Despertares Para localizar los primeros conatos reconocibles de la implosión glo-fi habría que retroceder hasta entonces, marzo de 2007, momento en que se edita el alabado “Person Pitch” y año también del desapercibido “Love Is Real” de John Maus. Ya en 2008, el concepto comienza a intoxicar a artistas de cierto nombre: conocemos a High Places, Bradford Cox edita su primer trabajo en solitario y nos familiarizamos con Nite Jewel, la verdadera de princesa de este cuento, gracias a su candoroso “Good Evening”. Por encima de muchos grupos underground que se van quedando por el camino, al año siguiente la influencia despunta del todo. Pistas aparte –el maravilloso “nº 2” de jj– y esencias –el importantísimo “Logos” de Atlas Sound–, la etiqueta se institucionaliza al coincidir en el tiempo la edición de los debuts de Washed Out, Toro Y Moi, Memory Tapes y Neon Indian. Al mismo tiempo, desde otro extremo, Matrix Metals editan 125 copias en cassette de su seminal “Flamingo Breeze”, mucho más chill-wave que todos ellos. Sin embargo, se empieza a jugar con el comodín más que nunca a partir del momento en que comienza a extenderse como un gas contaminando todo lo que se interponga en su camino. En ese sentido, es 2010 el año del influjo total, el año en que el sueño se hace realidad. Además de la decena de álbumes que proponemos a continuación, la etiqueta parece venir acoplado ya de serie en numerosos EPs como los de oOoOO, Teen Daze, Balam Acab, Dunian, Pure Ecstacy o Active Child. Por nuestro país tampoco faltan huellas hipnagógicas, con los extasiados Delorean escalando hacia las cumbres de la alta fidelidad y productores como AlbertOne, que empezó tirando de samples casposos de Mari Trini y Julio Iglesias para acabar recordándonos a los mejores Ultramarine. A día de hoy, numerosos bedroom producers de la camada gozan de un indiscutible status artístico. Los nuevos mesías de la música pop, Ariel Pink y Bradford Cox, acaban de entregar los mejores títulos de sus respectivas carreras. Y si ellos son el Padre y el Hijo, lo nuevo del Espíritu Santo Noah Lennox se espera como agua de mayo. A sus pies, una inmensa generación de peterpanes sigue trasteando con sus cacharros y con la mayor ilusión del mundo. El horizonte de posibilidades se abre cada vez más. Porque lo único que la cohorte hipnagógica parece necesitar para seguir adelante es que el sol salga cada mañana. III. Las reglas del juego La red social. La hipnagogia ha encontrado en la red y en las plataformas digitales a su principal campo de pruebas, a su mejor aliado. La mayoría de nuestros artistas no lucha porque se retiren de internet sus links de descarga porque saben que ésa es, posiblemente, la única manera de darse a conocer. Así, el movimiento se presenta como pionero en cuanto a que no se genera a raíz de una concentración geográfica, sino más bien a partir de las invisibles conexiones que generan el hipertexto y el multiverso. Su difusión se ha gestado a través de la comunidad 2.0, en espacios que hasta hace poco sólo consultaban indie-bloggers – Gorilla Vs Bear, XXJFG– y que han acabado convirtiéndose en referencias mediáticas más potentes que la prensa impresa. En ese sentido, la repercusión de Pitchfork como líder de opinión, a la manera casi de un deus ex machina, lo dice todo. Exploding Plastic Inevitable. Las alucinaciones que se experimentan durante la duermevela responden a varios estímulos sensoriales. Más allá de los auditivos –susurros procedentes de un estado alfa, reverbs, psicofonías y todo tipo de filtros para la voz–, están los visuales, explotados de manera fastuosa por la camada chill-wave ya sea en forma de collages y patchworks imposibles o todo tipo de anárquicos y llamativos diseños. Los secuaces, muchos de ellos artistas visuales, manejan la paleta cromática de los tonos fosforescentes de manera menos violenta y más abstracta que como lo hizo el nu-rave. De ahí la contracción glo-fi y el estilo visual de la mayor parte de blogs que han dado voz al movimiento. La hipnagogia es fosforescente, borrosa, chillona y cósmica como una galaxia refulgiendo en medio de la oscuridad del cosmos. Superpone capas sin orden ni concierto y se alimenta, principalmente, de las escuelas estéticas del kitsch y el retrofuturismo. Los salvapantallas del e-zine Altered Zones son todo un muestrario de sus posibilidades plásticas. Halcyon +on +on. Los cachorros del chill-wave ensalzan referentes sónicos y visuales que mamaron durante su infancia, como los heredados de la televisión y los videojuegos, y rescatan para la causa del coolness estilos deliberadamente camp como el pop-midi, el italodisco, el eurodance o toda la escuela new romantic. Son artistas que rebuscan en los archivos del ayer con unas ansias similares a las de la library music, lo cual podría conducirnos a considerar a nombres como Broadcast o Boards of Canada de ¿proto-hipnagógicos? El resultado de todo ello es la transformación de lo caduco, lo demodé y todo lo que huela a baja calidad en lo menos mostoso del momento. Un buen ejemplo es el auge del sonido rancio del AM. Por si fuera poco, triunfan los viejos formatos. Deerhunter no son los únicos que editan cassettes: Ducktails empezó así, Washed Out, Ariel Pink, Dirty Beaches y Wet Hair se pirran por editar CD-Rs y 7” de tiradas limitadísimas, y otros como Matrix Metals se autocondenan al ostracismo editándose en cinta exclusivamente. Sí, cualquier tiempo pasado fue mejor. Solo en casa. Ejemplos paradigmáticos como el de Houses –un debut compuesto en una cabaña en medio de la selva– o los varios proyectos de Dayve Hawk –Memory Tapes, Memory Cassette y Weird Tapes se gestan desde el aislamiento junto a su familia en un área semirrural–, demuestran que otra de las claves de este tipo de bedroom producers radica en su misantropía y en la salvaguardia de la intimidad por encima de todo. Frente a la sofisticación, y llevando encima el peso de una crisis económica que nos ha dejado a casi todos a verlas venir, el “menos es más” y el “do it yourself” han cuajado en una serie de minúsculas voces que se hacen oír armadas con el menor equipamiento técnico necesario. Dayve Hawk y Tom Krell ( How to Dress Well), por ejemplo, afirman que las limitaciones financieras han determinado y delimitado el sonido de sus debuts discográficos, aunque al mismo tiempo reconocen que ese sonido es en gran medida deliberado; y anticomercial a más no poder, claro. How To Dress Well – Lover’s Start El tiempo recobrado. Como dijo Tom Madsen en estas mismas páginas, la hipnagogia más que un revival “es una recreación desde el presente de una música que no se recuerda con exactitud quizá porque nunca se escuchó bien”.Estoy de acuerdo, pero sería un error no reconocer el gran poder aglutinador del movimiento si lo entendemos como eje vertebrador que ha puesto de acuerdo a un sinfín de revivals. Pareciera que la resaca de los años ochenta sólo pudiese dejarse atrás una vez que todos sus aliados han convenido que aquella era la década a superar. Sin embargo, y aunque primordialmente ochentera, el glo-fi ha absorbido absolutamente todo lo que ha visto moverse a su alrededor, ya sea ambient, synth-pop, lo-fi, shoegaze, new age, dream-pop, drone, balearic, post-pop, indietrónica, neo-psicodelia, tropicalismo, lounge, dub, chill out, kosmische music o trance. Y lo ha hecho codificándolo según un nuevo orden que ha dado lugar a proyectos tan distintos en premisas como cercanos en resultados. IV. Diez de 2010 A continuación una lista de títulos de este año que podrían contener trazas de hipnagogia. Es una lista subjetiva que, de algún modo, pretende inventariar las diferentes vertientes en que han acabado mutando los preceptos del estilo. Por supuesto que ha habido más discos reseñables, muchos más. Podrían haber entrado nombres que han gozado de mayor repercusión como los de Ariel Pink’s Haunted Graffiti –y su excelente álbum “Before Today”, con el que el gran gurú de todo esto se intenta desmarcar de la etiqueta– o Twin Shadow, y otros aún por despuntar del todo como los radicales Growing, o también Rangers, Memoryhouse, Walls y Lake Râ–²dio. Incluso podría haberse colado el inminente “Arcade Dynamics” de Ducktails previsto para la primera semana de 2011. En resumen, que aquí no están todo los que son, pero sí son todos los que están. Por cierto, una curiosidad que es también una evidencia: la lista ha salido 100% americana. Atlas Sound: “Bedroom Databank Vol. 1, 2, 3 & 4” ( deerhuntertheband.blogspot.com) Este año, Bradford Cox intelectualizó al máximo la nostalgia adolescente con el último trabajo de Deerhunter. Nadie podía imaginarse que aquellos maravillosos años todavía podían dar más de sí, pero él, no contento con entregar uno de los álbumes más prodigiosos de la temporada y como quien no quiere la cosa, se ha sacado de la manga cuatro volúmenes de grabaciones caseras –casi tres horas de música– repletos de rincones hipnagógicos, de temas que no sabía dónde meter, que no quería que cayeran en el olvido y que, por suerte, han acabado acurrucándose a nuestro lado. Gracias Bradford, otra vez. Blackbird Blackbird: “Summer Heart” (Blackbird Blackbird) Este “corazón de verano” se editó el pasado mes de julio y no podía llegar de otro lugar que no fuera la costa oeste californiana. Desde la región del globo que más sorpresas nos ha dado este año, su creador Mikey Sanders no ha parado en 2010. Ha entregado varios singles y EPs, este largo y remixes dispares, entre ellos de “Undertow” de Warpaint y del “Float On” de Modest Mouse. De momento, mientras acaba de conformar una banda con la que poder salir de gira, a su pasado hardcoreta le sienta la mar de bien el nuevo traje de electro-pop glo-fi que se ha diseñado. El mirlo ha echado a volar. Candy Claws: “Hidden Lands” (Pid) El punto de partida del que parece venir la música de Ryan Hover y Kay Bertholf es difícil de ubicar. Suerte de neo-psicodelia electrocutada, naturalista y bucólica, cuesta encontrarle antepasados. “Hidden Lands”, su misterioso debut como Candy Claws, reluce como un residuo radiactivo encontrado en medio de la maleza e intoxica todo a su alrededor con brumas de ambient salvaje. La hipnosis conseguida sortea sin que apenas se note hándicaps evidentes –imposible atrapar las ¿canciones?– y viene de perlas para cargar las pilas tras el bajón del remilgado “Vs Mankind” de los afines High Places. Candy Claws – Silent Time On Earth Electric Sunset: “Electric Sunset” (K Records) Al nuevo proyecto de Nicolas Zwart le ha caído una buena. La crítica ha vapuleado su coqueto debut discográfico, por el mero hecho de ser hipnagogia… y nada más. ¡Y eso que viene de la sagrada K Records! Algunos dirán que aquí hay sólo recurso, coyuntura y amaneramientos, pero es innegable que estamos ante uno de los trabajos que mejor se ajustan a las coordenadas del estilo, acercándolo al pop convencional sin arrogancia ni veleidades. Zwart, hasta el momento líder de los desaparecidos e interesantes Desolation Wilderness, sonríe inofensivo desde la portada. Imposible no resistirse a lanzarle piropos. Geneva Jacuzzi: “Lamaze” (ZombieShark) Geneva Garvin forma parte del colectivo angelino de artistas experimentales Human Ear Music en el que también encontramos a popes hipnagógicos como Nite Jewel o Ariel Pink. Tan mística como petarda, Geneva desdobla su personalidad artística en lo visual –a Ariel le ha diseñado alguna portada que otra– y lo musical, ámbito en el que filtra sus filias cold-wave a través de parámetros chill-wave. Su “Lamaze” suena extraterrestre y cachondo, cosido a base de retales inacabados y jirones de piel arrancados de las vacas sagradas menos respetables de los ochenta. ¿La Norma Loy del movimiento? Podría ser. Houses: “All Night” (Lefse) A pesar de su pomposo nombre, Dexter Tortoriello es el productor más austero de toda la lista. Se fue con su novia Megan a Hawái y desde una cabaña en plena selva dieron a luz a esta transparente miniatura de efectos epidérmicos sin más compañía que el cielo y la tierra. “All Night” no parece necesitar nada para cobrar todo su sentido. Resulta imposible no coger cariño a este plácido remanso, a esta rebelión contra la abundancia planteada como un inventario de bondades “menos es más”. Houses le han dado a la hipnagogia unas más que merecidas vacaciones IDM y las buenas vibraciones, claro, fluyen sin dificultad. How To Dress Well: “Love Remains” (Lefse) Lo peor de la duermevela son las pesadillas y este fascinante debut, uno de los más originales del año, advierte de intrigantes y tenebrosas posibilidades de expansión para el género. Tom Krell es la bestia parda, el hijo pródigo, la oveja negra de todo el chillwave. A fin de inocularnos su particular deconstrucción del R&B salpicada de drone, embadurna a su proyecto HTDW de vaselina y lo viste de cuero, consiguiendo de paso estrechar manos amigas con el witch-house. “Love Remains” es un alienígena tan esquivo como su autor en las entrevistas. Un cuerpo desnudo y exigente. Un subyugante misterio. Julian Lynch: “Mare” (Olde English Spelling Bee) Estudiante de Etnomusicología, Julian Lynch es el gran teórico de toda esta empresa. Keenan le tildó de hipnagógico y él, entre otras cosas, ha acertado de pleno al concluir que bajo ese adjetivo “se está agrupando a una serie de músicos en orden a sus métodos y no tanto según sus resultados”, y ha dado con el colmo de los bedroom producers al ofrecer conciertos a distancia desde su propia webcam. Normal que algunos hasta hayan tachado su música de post-hipnagogia. Este año entregó un reparador tercer álbum cuyos vapores silvestres y ralentizados le sitúan bastante cerca del telúrico “When” de Vincent Gallo. Palabras mayores. Small Black: “New Chain” (Jagjaguwar) El debut largo de los neoyorquinos Small Black –con miembros de Pyschobuildings en sus filas– es otra de las delicias de la temporada. Como en el debut de Electric Sunset, “New Chain” intenta poner orden y concierto dentro del escurridizo mundo de posibilidades hipnagógicas con la ayuda de Nicolas Vernhes (colaborador, ojo, de Animal Collective y Dirty Projectors). Su solución consiste en facturar un dream-pop ultramoderno y relamido, orgásmicamente evocador y celebrativo en directo. El teclista Ryan Heyner explica: “La mayoría de la mejor música te sorprende sigilosamente". Y que lo digas, Ryan. Sun Araw: “On Patrol” (Not Not Fun) “On Patrol”, además de tener una de las portadas del año, es probablemente el disco más alejado del resto de coordenadas expuestas en este listado. Y también, debido su afectada gravedad y a su dilatado y denso experimentalismo, el más complejo. Pero, oigan, así de amorfos eran los primeros discos de Animal Collective y miren dónde han llegado. Sun Araw, el proyecto del ex- Pocahaunted Cameron Stallones incorpora nuevos ingredientes a la receta hipnagógica –el progresivo de los setenta, el afrobeat, las influencias orientalistas y las grabaciones de campo, entre otros– para dar forma a un caleidoscopio musical tan perenne como singular. Sun Araw – Deep Cover

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