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Trend Topics 2010

#girl pop

Tred Topics 2010 Laura Fernández girl pop

Una revista japonesa quiso saber qué clase de comida inspiraría una canción de Best Coast, la girl band del año. Y se lo preguntaron a la mismísma Bethany Cosentino, su rubia cabeza pensante (la chica que recogió un gatito de la calle, le llamó Snacks y lo convirtió en el minino más famoso de la década que dejamos para el indie de consumo masivo al colocarlo en la portada de su esperado primer disco). ¿Y qué dijo Bethany? Bethany contestó: “La ensalada”. Bethany, la misma a la que no le importa que le llamen cabeza hueca (“A lo mejor lo soy, ¿y qué?”, ha dicho en alguna ocasión), que admira a Courtney Love (“No teme ser ella misma y eso es admirable, ¿no?”) y que lidera, por alcance y reconocimiento (a estas alturas no es un misterio que “Crazy For You” figurará en los puestos más altos de las listas de lo mejor de 2010), la explosión lo-fi de chicas que empezó a gestarse el año pasado (el año en que circularon las primeras maquetas, algunas versión cassette de Best Coast, pero también el año en que el sonido Vivian Girls se consolidó con un estupendo segundo álbum: “Everything Goes Wrong”), pero que se ha extendido como una contagiosa marea de aparente ingenuidad y canciones de tres acordes durante el presente (y casi agotado) 2010. Así Best Coast (en realidad, Cosentino y un tipo llamado Bobb Bruno) encabezan el llamado bubblegum noise, punta de lanza de lo que ha pasado este año en el apartado chicas con guitarras/chicas en escena.

Un apartado en el que se miden, en un cuadrilátero de miles de millas, Nueva York y Los Ángeles, rascacielos y autopistas, vapor de alcantarillas y crema solar. Porque si el año pasado el protagonismo fue para la primera (Cosentino aún vivía en Brooklyn, Vivian Girls hacían estallar a la pequeña discográfica Captured Tracks, cantera en la que se curtieron las también indispensables para entender lo que ha sido este año Dum Dum Girls y que fichó a las catalanas Aias), este año la soleada California se ha apuntado no uno, sino al menos cuatro tantos. Porque al debut de Best Coast hay que sumar el primer largo de Dee Dee y compañía (las citadas Dum Dum Girls), que aunque compartieron batería con las neoyorquinas Vivian Girls, pasan la mayor parte del tiempo en Los Ángeles. Y, por supuesto, añadirle la puesta de largo de Warpaint, las chicas de “Exquisite Corpse”, que han buscado la ayuda de todo un ex Red Hot Chili Peppers (John Frusciante) para dar forma a “The Fool”, after punk pasado por la incorpórea masa sonora (y algo siniestra) que cultivaron Siouxie & The Banshees. Bien, hasta aquí suman tres tantos (y todos ellos apuntan hacie el bubblegum noise pop) pero hay uno más: The Like. Tres niñas de papá californianas (una es hija de un productor, otra de un ex batería de Elvis Costello y la tercera de un directivo de Geffen) que firmaron un prescindible debut allá por 2005 (cuando ninguna de ellas superaba la mayoría de edad norteamericana) llamado “Are You Thinking What I’m Thinking?” (en Geffen, por supuesto), y que han vuelto este año, con Mark Ronson en la sala de mandos y un álbum, “Release Me”, que combina lo mejor de las desaparecidas (sí, desaparecidas, por mucho que hayan sumado nueva referencia a su catálogo este año) The Pipettes con el bubblegum pop (nada de noise, en su caso) de otra época (pensemos, sí, en Phil Spector y en todas sus chicas).

Lo que todas ellas tienen en común (además de haber crecido en la costa que convirtió a David Hasselhoff en vigilante de la playa) es que forjaron a su alrededor (y alrededor de las limitadísimas ediciones de sus sencillos) una leyenda que corrió como la pólvora por la red. Las canciones (en el que caso de Best Coast y Dum Dum Girls) llegaban con cuentagotas (formato single de siete pulgadas, pero también cassette de tres temas) y sus ediciones eran tan limitadas que pronto se convirtieron en bandas de culto. Y ser una banda de culto antes de editar tu primer largo es un arma de doble filo. Porque la expectación puede ser a la vez tu mejor amiga y la más cruel de tus enemigas. A Cosentino le ha funcionado, pero a Dee Dee y sus chicas no tanto. A juzgar por lo bien (puro girl garage) que sonaba “Yours Alone” (primer EP de Dum Dum Girls, editado por Captured Tracks), se esperaba más de “I Will Be”. Eso, y la existencia de una diva de la talla de Cosentino, han eclipsado (ligeramente) su debut, algo menos compacto que el “The Fool” de las más sinceras y raras Warpaint.Pero la explosión ha sido tan grande que los restos de la metralla han impactado incluso en el mismísmo corazón de Barcelona y han permitido que una banda de chicas que empezó siendo un regalo de cumpleaños se mude (discográficamente hablando) a Brooklyn para lanzar su primer álbum. Aias habían seguido en la distancia y de forma bastante instintiva, el modelo de autoedición de las norteamericanas, y gracias a un amigo de un amigo neoyorquino consiguieron que uno de sus temas sonara en las oficinas de Captured Tracks. El resto, con “A La Piscina”, su primer largo, a la cabeza, es historia. Tres chicas de Barcelona que cantan en catalán y son perfectamente etiquetables en la categoría bubblegum noise pop que refundaron las Vivan Girls y al que dio el empuje definitivo Best Coast, se escuchan ya en los baretos más in de la Gran Manzana. ¿Quién dijo que los genios de la lámpara no existen?

En cualquier caso, y como dijo Cosentino en su momento, todas (incluidas las Aias) soñaban con sonar a “la batería de los Beatles, las guitarras de los Ramones y las voces de Phil Spector”. Y, a su manera, todas lo han conseguido. Pero no hemos de olvidar las letras. Para Marnie Stern, una outsider del pop metal (amante de su guitarra y del tapping desenfrenado, mástil arriba, mástil abajo), lo que Cosentino y todas esas chicas de Los Ángeles hacen “no es nada del otro mundo”. Las letras (que, efectivamente, se pierden, una y otra vez, en plan Sandy Olsen, esperando la llamada de teléfono de un príncipe azul nada perfecto) le parecen a Marnie “demasiado simples, tontas”. Pero, ¿acaso no ha escuchado Marnie nunca a The Crystal cantar aquello de “He Hit Me And It Felt Like A Kiss”? No seas mala, Marnie, quizá las chicas sólo se estén ciñendo al viejo estilo, sirviendo un old fashioned de los que toma Don Draper en una copa de las que usaría Rick Deckard, el protagonista de “Blade Runner”, si hiciera algo más que perseguir replicantes y dar de comer a su perro mecánico.

Pero hablemos de Marnie. Porque ella también figura en la lista de chicas que han puesto el mundo patas arriba este año. Ha firmado su mejor álbum (el homónimo “Marnie Stern”) y ha llevado un poco más lejos su pop de guitarras que apuntan y disparan bolas de fuego en forma de arpegios capaces de hacer palidecer a cualquier hard rocker con vocación de solista (eléctrico). Su papel es de una llanera solitaria que aullara en el desierto, espuelas polvorientas y pistolas (en forma de guitarra) a punto. Comparte espíritu audaz (y siempre a contracorriente) con la ex niña prodigio (exprimida por el mainstream) Robyn, que este año ha roto su silencio (llevaba sin publicar un largo desde 2005, cuando fundó su propia discográfica Konichiwa Records) con la promesa cumplida de tres álbums (el más íntimo y pop, “Body Talk Pt 1”, el más bailable y deslenguado “Body Talk Pt 2”; finalmente, lo mejor de todo ello y un puñado de canciones más en el imponente “Body Talk”). Sí, las chicas son guerreras, aunque, como en el caso de la top model Karen Elson, lleguen apadrinadas por maridos con fama de tipos duros (nada menos que Jack White). Su álbum de debut, “The Ghost Who Walks”, contenía al menos tres canciones inolvidables, pero le faltaba la confianza que el tiempo (y las buenas relaciones con un sonido cada vez más propio) han hecho, sin ir más lejos, del último disco de Nina Nastasia, la cantautora grunge que produce Steve Albini, “Outlaster”, también editado en 2010, su mejor álbum.

Pero si es cuestión de hablar de llaneras solitarias, la primera de la lista es la amante del folk marciano Joanna Newsom, capaz de convertir todo lo que toca en una obra de arte con mayúsculas. Su último álbum, “Have One On Me”, todo un “Ulises” (de Joyce) envuelto en piano y arpa, un triple álbum (de más de dos horas) de retorcidos juegos de malabares de otro mundo que exploran (y expanden) los límites de la canción convencional (y convierten la escucha en un ir desmembrando muñecas rusas en forma de piezas de cámara de dulce sonrisa ingenua). A jugar con los límites de la canción (pop) también se dedican Mountain Man, tres chicas de Vermont que se conocieron en el instituto y se lanzaron, al poco, a construir su weird folk a tres voces (que se superponen, se buscan, se encuentran y a veces hasta se pierden), que este año ha sido empaquetado por primera vez en un álbum, el delicioso “Made The Harbor” (Bella Union). Mountain Man son de Vermont (Coste Este) y no les va mucho la playa. ¿Qué clase de comida inspiraría su música? Uhm, algo muy americano, pero no tanto como una hamburguesa, quizá un batido de fresa (debidamente servido en un diner de carretera). Sí, ha sido un gran y sabroso año.

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1. Best Coast: “Crazy For You” (Mexican Summer) Uno de los discos del año. Sucio pop lo-fi, de ascendencia surf y alma girl band. Algo así como el lado salvaje de Martha & The Vandellas, un tratado de esperas junto al teléfono (para muestra, el inmejorable arranque del disco, “Boyfriend”), deliciosas postales de amor de apenas minuto y medio (o la deliciosa locura transitoria de “Crazy For You”) y estallidos grunge ciertamente adorables (“Summer Mood”).

2. Dum Dum Girls: “I Will Be” (Sub Pop) En menos de media hora (apenas 28 minutos), Dee Dee y compañía esbozan en once vertiginosos cortes lo que las chicas de hoy entienden por garage (punk) pop. La producción de Richard Gotteher (The Raveonettes) lima las asperezas de su EP de debut (el formidable y más puro “Yours Alone”) y catapulta al olimpo de las girl bands salvajes a esta banda, que tomó su nombre de una canción de Talk Talk.

3. Aias: “A la piscina” (Captured Tracks) Lo que empezó como un juego se ha convertido en un contrato con Captured Tracks, el sello molón del estallido girlie en Brooklyn. Aias son tres amigas que quisieron grabar un par de canciones para regalárselas a sus chicos y han acabado firmando un álbum de bubblegum (pop) noise en catalán, “A La Piscina”, que se ha convertido en un pequeño fenómeno underground. Basta con una escucha al corte “Una Setmana Sencera” para descubrir que lo suyo es algo más que pop con distorsión y uouououo.

4. Marnie Stern: “Marnie Stern” (Kill Rock Stars) Lo que hace Marnie es único. Toca la guitarra como el más sabio (y audaz) de los solistas hair metal, pero no se limita a construir un solo (como todos ellos) sino que explota su particular tapping (a veces, en dos mástiles) en pequeñas obras maestras de pop melódico (y corrosivamente progresivo). Este es su tercer álbum, y, sin duda, el mejor. De ahí que le haya puesto su nombre.

5. Warpaint: “The Fool” (Rough Trade) No están en la primera fila de la explosión lo-fi de chicas que encabezó el pasado año el segundo álbum de Vivian Girls, pero deberían. Lo suyo es jugar a crear ambientes etéreos (y un poco siniestros también), pero también batear hits de la talla de “Billie Holiday” a ritmo de after punk de etiqueta.

6. Mountain Man: “Made the Harbor” (Bella Union)Lo suyo es el folk, weird folk a tres voces. Las chicas de Mountain Man se conocieron en el instituto, en un perdido pueblo de Vermont, y aprendieron a tocar todas la misma canción. Lo hicieron una y otra vez hasta que sus voces se cruzaron en esa americana delicadamente risueña que se ha convertido en marca de la casa y que puebla todos los rincones de “Made The Harbor”, su primer álbum.

7. Joanna Newsom: “Have one on me” (Drag City) El regreso de la diva del freak folk por excelencia ha superado (en cierto sentido) a su predecesor, el marciano e intensamente hermoso “Ys”. Si aquel fue el álbum agua y las melodías iban y venían como las olas en el mar (dice Newsom que sus discos tienen siempre algo que ver con alguno de los elementos), éste es el álbum tierra, un álbum tierra para piano y arpa que explora, una vez más, los límites del folk a base de una cálida e inocente ambición incontenible.

8. Nina Nastasia: “Outlaster” (Fat Cat) La cantautora que amaba los sonidos difíciles (y que odiaba los estribillos) firma su mejor álbum (a poca distancia de “Blackened Air” y “Run To Ruin”), una vez más producido por Steve Albini, y construido sobre el árido desierto de su corazón roto. Suena Nastasia dolorosamente triste, como siempre, acompañada de violín y guitarra. Una nueva oda a la inestabilidad emocional (o montaña rusa de sentimientos) de la superviviente (o outlaster).

9. The Like: “Release Me” No son The Pipettes pero lo parecen. Suenan a las Ronettes, a las Supremes, a todo lo que podría haber tocado Phil Spector en otra época. “Release Me” es su segundo largo, y está a años luz del primero (“Are You Thinking What I’m Thinking?”). Será que cuando firmaron el primero tenían poco más de quince años. O será que para la producción del segundo han fichado al mismísimo Mark Ronson (responsable del “Rehab”, de Winehouse). Una delicia.

10. Robyn: “Body Talk” (Konichiwa-Universal) Cinco años de silencio que se rompen con tres discos editados en un mismo año y de título compartido, que se complementan con la perfección con la que los protagonistas de las películas de Soderbergh planean ataques de banco. Electropop de raíz dancehall (en el primer caso) y algo más urban y bailable y más compacto también (en el segundo), así como épicas canciones acústicas que se convierten en el mejor bálsamo para las discotecas del fin de semana. Sí, Robyn ha vuelto a presentar candidatura para ser la mayor diva actual del pop de consumo.

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No es tan retorcida como la primera Polly Jean (no desafina violines y evita los aullidos desorientados), ni tan onírica como la primera Kristin Hersh (antes de meterse a madre y quedarse sola con su guitarra, la cabeza pensante de Throwing Muses hizo mucho por el noise de chicas), pero explota su lado oscuro (y psicótico) sin importarle el qué dirán. Marnie Stern es capaz de beberse tres cervezas en lo que dura una entrevista y de titular su segundo disco así: “This Is It And I Am It And You Are It And So Is That And He Is It And She Is It And It Is It And That Is That” (Kill Rock Stars, 2008). Marnie adora los Macs y si no fuera guitarrista le hubiera gustado ser inventora. ¿De qué? De cualquier cosa. Vive en la zona alta de Manhattan (el Upper East Side, para más señas), y cuando sale a pasear se topa con Times Square, el edificio Chrysler y los estudio de la HBO. Pero no sale mucho de casa. Odia socializar. Prefiere tocar la guitarra. Hubo una época en la que ensayaba hasta seis horas diarias. “No me considero tan buena guitarrista, lo que hago es pasable”, dice. Pero los hay que no opinan lo mismo. A sus poco más de treinta años, está considerada una de las mejores guitarristas de todos los tiempos. Y también una de lashaters de moda. Se le ocurrió decir en una entrevista que Best Coast no era para tanto y saltaron chispas ciberespaciales. “Lo único que dije es que no me gustaban sus letras, que me parecían demasiado simples, eso es todo”, se disculpó más tarde. No sirvió de mucho. Su fama de bicho raro la precedía. Es esa fama la que la mantiene alejada de los flashes del furor por el garage de chicas que ha encumbrado a Bethany Consentino y todas las demás. Esa fama y su música, por supuesto, a años luz de los tres acordes y el lo-fi de instituto. Si hubiera que definir el sonido Marnie bastaría con considerarla el eslabón perdido entre Hella y Ponytail, es decir, pop agresivo de raíz metal (y virtuosismo guitarrero).“El primer disco que escuché de forma obsesiva fue el “Born To Run” de Bruce Springsteen. Lo escuché una y otra vez hasta que me lo supe de memoria. Memoricé todos los detalles, y por primera vez fui capaz de aislar el sonido de cada uno de los instrumentos. Me pareció fascinante”, dice. Es probable que esté en el balcón de su apartamento, tal vez apurando una cerveza y contemplando la puesta de sol (algo que asegura hacer siempre que puede), mientras teclea en su adorado Mac. “No sé por qué elegí la guitarra, pero la elegí y luego busqué un sonido propio. Raro y propio. Si hubiera acabado tocando el piano seguramente también habría sido de la más extraña de las maneras”, asegura. Acaba de publicar su tercer álbum, al que ha llamado “Marnie Stern” porque “es más personal, me siento realmente orgullosa de todas las canciones, suenan justo como quería” y en parte, también, “porque quería algo sencillo después del quebradero de cabeza del anterior, no dejaban de preguntarme por qué le había puesto ese título tan largo y raro”, dice, y se está refiriendo a “This Is It And I Am It And You Are It And So Is That And He Is It And She Is It And It Is It And That Is That”. Estaba harta de hablar de él como lo está de que le pregunten sobre lo raro que es que una chica toque la guitarra como lo hace ella. De ahí que escribiera “Female Guitar Players Are the New Black”. “No entiendo qué le pasa a todo el mundo con el hecho de que soy una chica, y no entiendo qué diferencia hay entre ser un tío y una tía cuando se trata de tocar la guitarra. Lo importante es que suene bien, ¿no?”. Por supuesto, y la suya lo hace, no en vano, su álbum es probablemente el trallazo rock más certero del año junto al “Expo 86” de Wolf Parade.Lo que pasa con Marnie es que sabe de lo que habla. “Quizá lo único que pasa conmigo es que soy mayor que todas ellas y por eso lo que hacen no me parece para tanto”, dijo, justo después del ataque a las letras de Consentino. De vocación claramente autodidacta (y progresiva: si Marnie hubiera nacido en los 70 hoy ocuparía un lugar entre los clásicos que pervirtieron, para bien, del rock hippioso) y solitaria (siempre era ella y su guitarra, a la salida al instituto y mucho después, mientras trabajaba de cualquier cosa), Stern ya había cumplido los 30 cuando editó su primer álbum (antes se había hartado de mandar maquetas a todas partes): “In Advance Of The Broken Arm” (Kill Rock Stars, 2007). El disco, un agresivo tratado pop noise (siempre de raíz metal, no hay más que ver a Stern golpear con las yemas de sus dedos el par de mástiles de su guitarra para que se haga evidente su parentesco bizarro con Slash), fue considerado “el disco de rock más excitante del año” por el New York Times. Es decir, que mientras Consentino decidía si quería una mascota (el célebre Snacks que ocupa la portada de “Crazy For You”) o no, Stern ya era una outsider de la futura explosión de amantes de las girl bands que se avecinaba.

Marnie adora a Patti Smith. “Realmente se ha dejado la piel en todo lo que ha hecho, y la admiro muchísimo por eso”, dice. Y si se le pide que elija entre Best Coast y las Vivian Girls, responde, sin dudarlo: “Creo que lo que hace St. Vincent es mucho más interesante”. En su pequeño apartamento del Upper East Side, que actualmente comparte con su perro, suenan David Bowie, The Police, Sleater-Kinney. Nada nuevo. “Las bandas que realmente me han ayudado son las de mis mejores amigos. Hella, por ejemplo. Y Lighting Bolt. No escucho mucho más. No me gusta estar al día”. Lo dicho, un bicho raro.

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