Listas

The Year In Review

#top 75 discos internacionales 2010, parte II: del 50 al 26

The Year In ReviewLa lista de los mejores discos internacionales sigue su curso, su descenso inexorable. En esta segunda entrega repasamos el tramo que va del 50 al 26.

50. Gonjasufi: “A Sufi And A Killer” (Warp)

A Gunjasufi sólo se le puede empezar a describir por comparación. La primera que viene a la mente es Tom Waits: vagabundo, o recreación del mito del nómada urbano, del perro apaleado y solitario; su voz, además, es voz molida, castigada por la vida. “A Sufi And A Killer” cuenta gran parte de su valor en el efecto sorpresa. Todo lo demás que juega a su favor es la solidez con la que cobra forma un proyecto tan excéntrico y cómo de la apuesta por la rareza nace una vía de exploración inédita para la psicodelia –cambiando los megalitos de Stonehenge por los cactus del parque de Joshua Tree– y lo que solemos llamar “canción de autor”. JB

49. Toro Y Moi: “Causers Of This” (Carpark)

Chaz Bundick estaría en esa delgada línea que separa “ser guay” de “ser un freak”. Sin embargo, ha sabido meter en una coctelera un montón de influencias: indietrónica, pop sesentero, R&B, wonky, funk, psicodelia y un montón de destellos al subconsciente para gente que se ha criado cara a la tele a finales de los ochenta. Posiblemente sea en los destellos en el subconsciente, en esas descargas eléctricas al neurotransmisor que te conecta con el verano del 97, donde resida el éxito de la música de Toro Y Moi. Nada en este disco suena ciertamente nuevo, pero todo conduce a un lugar perdido en tu adolescencia en el que se está de coña y es verano y hace sol y todos somos jóvenes y guapos. MF

48. Deerhunter: “Halcyon Digest” (4AD)

Desde que conocimos a Deerhunter todo ha sucedido repentina e inexplicablemente, como por obra divina del espíritu santo. ¿Lo mejor de que ya no sean la excitante banda que descubrimos en “Cryptograms”? Pues que se han convertido en una banda mejor, dulce y lista. Desde su obra maestra “Microcastle” la calidad del grupo de Atlanta está más que contrastada. Les ha bastado poco para ello y el flamante “Halcyon Digest” no hace más que reafirmarse como un nuevo paso adelante en el vía crucis que ellos mismos se han marcado para llegar a ser el nuevo paradigma indie. Como Arcade Fire o Animal Collective, Deerhunter atesoran la fórmula mágica del mejor pop escrito jamás. CR

47. Digital Mystikz: “Return II Space” (DMZ)

Los seis temas de “Return II Space” –publicados exclusivamente en triple vinilo– son los seis mejores cortes que ha dado el dubstep desde que éste empezó a transformarse como el Gregor Samsa de Kafka en “La Metamorfosis”. Este objeto inunda el espacio al contacto con la aguja como la explosión de una supernova. Hay depuración, precisión, perspectiva y fidelidad a los recursos de siempre: la cadencia filojamaicana en “Unexpected”, el arpegio insistente y el detalle cósmico en la extraordinaria “Pop Pop Epic”, el trasfondo tóxico en “Mountain Dread March”. JB

46. Joanna Newsom: “Have One On Me” (Drag City)

Formalmente es un trabajo menos complejo que su predecesor, con letras menos oblicuas que intentan olvidarse de alegorías, fábulas y metáforas varias, para ensalzar la candidez inherente al imaginario de su compositora, y que incorporan como obsesiones el amor en todas sus declinaciones y la familia, entendida ésta como hogar que nunca se deja atrás. La madurez y la transparencia en la instrumentación también resultan bastante evidentes y enseguida queda claro que la liga de Joanna es otra liga. La calidad que lucen todas las composiciones es tan notable que el repertorio parece un desafío llamado a calcular cuánta sensibilidad folk puede soportar el oyente. CR

45. Flying Lotus: “Cosmogramma” (Warp)

“Cosmogramma” pertenece a lo que llamamos música programática: tiene argumento, es una pieza que intenta explicar una historia o una idea, en este caso la conexión tan abstracta pero real entre espacio exterior y los géneros mayores de la música negra popular, comenzando por el jazz y acabando en las modernas mutaciones del hip hop underground e instrumental que hace poco entraron en ebullición en Los Ángeles. En conclusión, quiere ser el equivalente en el hip hop abstracto de hoy a lo que fue aquel “Programmed” de Innerzone Orchestra al techno de Detroit. Voluntarioso, atrevido, respetuoso con los ancestros, de altas ambiciones, pero también imperfecto. JB

44. Terror Danjah: “Undeniable” (Hyperdub)

“Undeniable” es un disco en tres partes perfectamente entrelazadas. Muestra su enorme virtuosismo en la producción, tanto como creador de bases para rappers como productor de grime instrumental. Es la habilidad de Terror Danjah para hacer que todo suene suyo y coherente lo que le añade un plus al álbum, que se puede escuchar como colección de pedruscos destinados al club, a la radio pirata o el iPod, pero también de principio a fin como un viaje alucinante a las profundidades del underground. Conecta los orígenes con un futuro que parece abierto (y limitado, porque el grime es un género con unas leyes difíciles de violar, pero todavía con un horizonte excitante). JB

43. Swans: “My Father Will Guide Me Up A Rope To The Sky” (Young God)

¿Es “My Father Will Guide Me Up A Rope To The Sky”, primer disco de Swans en trece años, un retorno a las esencias? Sí y no. Sí, porque de nuevo asoma la tensión emocional de las primeras grabaciones, menos pulida de lo previsible a estas alturas y, sobre todo, porque la pomposidad de sus últimas entregas da paso a una épica crepuscular. Y no, porque Swans es una entidad inteligente y evolutiva, poco conformista con su propia creación, y sigue buscando el registro que mejor se adapta a sus inquietudes, picoteando en este caso en el country y el folk sin por ello sacrificar un ápice de su abrasiva personalidad. OR

42. Jónsi: “Go” (EMI)

Muchas de las canciones incluidas en “Go” fueron escritas para Sigur Rós, pero ninguna acabó encontrando su sitio en la dinámica del grupo. De inspiración acústica en sus primeros pasos, cobraron vida propia y explosividad melódica a medida que avanzó el proceso de gestación. Analizado en conjunto, se entiende por qué estas nueve composiciones no encontraron sitio en los dos últimos discos del combo islandés. En Sigur Rós el tono es ambivalente, muy supeditado al crescendo y el desarrollo progresivo; en “Go” no hay tanta dependencia de la evolución y las canciones van directas al grano, casi todas ellas de cuatro minutos de media, y en la gran mayoría con una sensación de euforia que le da un aire notoriamente distinto al resultado. DB

41. Teebs: “Ardour” (Brainfeeder)

Mágico, lluvioso, embriagador, “Ardour” vive en las sombras emocionales y apuesta por una electrónica de última generación hecha de nostalgia. El veinteañero Mtendere Mandowa extrae ectoplasma electrónico de su ordenador victoriano y conmueve sin sensiblerías baratas. Radiografía una California de cielo tóxico, playas vacías, ventoleras radioactivas, cultos secretos y gente viendo la tormenta desde la ventana, quinqué en mano. Amparado por el ala protectora de Flying Lotus, ha sabido encontrar en las enseñanzas de Dimlite una vía de escape al más puro estilo Alicia en el País de las Maquinillas. Y se ha forjado su propia burbuja. OB

40. Sleigh Bells: “Treats” (N.E.E.T.)

El peso de la composición y la producción recae en Derek Miller, hardcoreta no arrepentido pero sí desengañado con una comunidad lo suficientemente ortodoxa como para que te tachen de vendido a la mínima de cambio. De hecho, pocos adeptos de Poison The Well acabarán rindiéndose a las baterías con flow y los estribillos inteligibles y facilones de “ Infinity Guitars” o “ Run The Heart”. Sí que lo harán aquellos que vieron con buenos ojos como Travis Barker unía sus fuerzas a DJ AM –ahora sustituido por A-Trak– porque la fórmula es parecida: juntar las mejores sensaciones del hardcore punk con lo más vendible del mainstream. MF

39. Shackleton: “Fabric 55” (Fabric)

Es un viaje de ochenta minutos que se desliza en espirales de oscuridad. Es hípercomplejo, denso y, en muchos momentos, asfixiante. Atmósferas turbias y desorientadoras pero elegantes al máximo, tambores tribales que van subiendo en intensidad como en una invocación lovecraftiana, voces siniestras que se convierten en cánticos huecos y melódicos. Los sentidos se elevan y se afinan, se paladea la delicadeza que reside en lo retorcido. Es terrorífico, aterradoramente rítmico, pesadillesco y también luminoso. Es dubstep, es techno, es jungle exótico, drum ‘n’ bass jodidísimo, una mezcla bizarrísima de todos; pero, sobre todo, es tribal. Es probablemente la música electrónica más bella que se puede escuchar este año. MHDM

38. LCD Soundsystem: “This Is Happening” (DFA-EMI)

¿Cómo puede ser que estemos hablando de hits y concreción cuando la duración media de las canciones es de seis minutos? Ahí está la magia. Como es habitual en LCD Soundsystem, “This Is Happening” es una licuadora sonora, una planta de reciclaje musical que practica el patchwork melódico a base de retazos genéricos (funk, disco, electro, synth-pop, post-punk, new wave) y referencias ilustres. James Murphy es el equivalente musical a Quentin Tarantino: un artista que fagocita metros y metros de celuloide, kilos y kilos de vinilos para crear algo totalmente nuevo, un terremoto que se expande en mil direcciones diferentes desde un epicentro granítico. Da igual lo que duren sus canciones porque siempre pasa algo nuevo que sorprende, algo sublime que engancha. Raül De Tena

37. Moon Wiring Club: “A Spare Tabby At The Cat’s Wedding” (Gecophonic Audio Systems)

Moon Wiring Club busca en el pasado épocas más nobles y atractivas, y salpica los títulos con referencias monárquicas y épocas de gran esplendor imperial, alusiones a espacios de felicidad y plenitud y una regresión que en principio debería ser hacia la infancia, como en Boards Of Canada y tantos otros nuevos cachorros de la chill-wave. Pero hay que tener en cuenta que el reino de Hodgson no es el del pop, aunque su música se deje escuchar con fluidez, en un estado entre la alerta, la hipnosis y el desconcierto. No hay nada trivial ni premeditadamente relajante en sus cortes. Hay, en cambio, un abundante manantial de referencias y una voluntad de exprimir una técnica de producción al alcance de pocos músicos que funcionan en el campo del cut-up sampledélico. RE

36. Autechre: “Oversteps” (Warp)

“Oversteps” es a resurrección de la temporada. Lo que se le reclamaba a Autechre desde diversas plataformas de fanatismo era un regreso a la humanidad. Parecían hombres con cables y prótesis de aluminio en sus extremidades y miembros viriles; intentaban sonreír y les salía una mueca grotesca. Pero “Oversteps” es humano, es fluido, es emocionante dentro de su aparente frialdad, y es una hibridación interesante entre los Autechre que apostaban por lo ambiental de sus orígenes –época “Amber”– y los Autechre últimos de sonidos imposibles, ritmos intrincados entre los que uno se desorienta y se siente burlado porque ellos aprovechan para torearle con su asombroso dominio técnico del mouse y la programación informática. JB

35. Ariel Pink Haunted Graffiti: “Before Today” (4AD)

“Before Today” propone una inclasificable batidora de géneros y estilos, pero las condensa como nunca. Y es que hasta ahora nunca los astros del grupo se habían alineado en tales condiciones. A priori destartalado y esquizo, cuenta con otros incentivos. En particular, pone de manifiesto dos aspectos clave del expediente Rosenberg. Primero: deja claro quién es realmente el originator en la sombra del flamante chill-wave, es decir, quién lo lleva filtrando como nadie desde antes que explotara la susodicha fiebre hipnagógica. Y segundo: certifica para quién debería ser este año el galardón al lanzamiento más auténticamente indie de la temporada, ese que en 2009 pasado recayó en Girls. CR

34. Shed: “The Traveller” (Ostgut Ton)

René Pawlowitz ocupa un espacio único y singular en el techno moderno. Con sus producciones bajo el alias de Shed ha mostrado un profundísimo respeto por el pasado sin por ello tener que aferrarse a lo excesivamente nostálgico o derivativo. En “The Traveller” prosigue con lo que ya comenzó en su disco de 2008, “Shedding The Past”, aislando y deconstruyendo elementos de techno antiguo para volver a ensamblarlos en arreglos de una inmensa profundidad, tersos y con apariencia de futuro. Esta vez, el centro de atención de Shed se localiza en los ritmos rotos oscilantes y la euforia proto-rave del techno británico de principios de los 90, pero a pesar de esta mirada retrospectiva, los catorce temas del álbum acaban sonando, sin ningún género de dudas, a algo muy actual. Patrick Burns

33. Roc Marciano: “Marcberg” (Fat Beats)

Durante todo este tiempo muchos hemos tenido la sensación de que faltaba algo. Y ahora por fin lo sabemos. Faltaba “Marcberg”, el debut oficial en solitario de Roc Marciano, la grabación que tiene que espolear una nueva ola revivalista que recupere las claves del sonido Nueva York en su máxima expresión. En diez años no ha pasado por mis oídos un álbum de hip hop más Nueva York que éste. La rugosidad de los beats; la suciedad de los loops; el minimalismo melódico; la evocación lírica y emocional de una esquina cualquiera de Brooklyn o Queens; la musicalidad característica del buscavidas, de la rutina a pie de calle; el flow rasposo, sin florituras; las rimas certeras, brillantes y despojadas de artificio; y el hiperrealismo de la propuesta en su conjunto obran el milagro. DB

32. Best Coast: “Crazy For You” (Mexican Summer)

El álbum es un tratado de esperas junto al teléfono (para muestra, el inmejorable arranque del disco, “Boyfriend”, tema en el que Bethany Consentino se pregunta si el tipo en cuestión estará esperando junto al teléfono, como ella, y cuando concluye que seguramente no lo esté haciendo, exclama: “Ojalá ella fuera mi novio”), deliciosas postales de amor (en amarillo chillón y con Snacks, su gato, de fondo, como en la portada del disco) de apenas minuto y medio y arranques grunge ciertamente adorables (la ingenuidad lo-fi y el parentesco con la Joanie Sommers de “Johnny Get Angry” y la Angels de “My Boyfriend’s Back” convierten a la perezosa “Summer Mood”, o la muy Spector y muy She & Him “Our Deal”, en auténticas joyas). Laura Fernández

31. Teengirl Fantasy: “7 AM” (Merok)

“7 AM” juega a crear una ansiedad: anuncia desde el principio una orientación house, de canciones articuladas por el esqueleto de un bombo, pero en la práctica es un juego del escondite porque también anuncian desde el principio lo contrario. Teengirl Fantasy también pueden jugar la carta de los años ochenta, la nostalgia y el recuerdo emborronado de recuerdos que nunca se tuvieron en realidad y que han sido recreados con insistencia en la pantalla de Youtube. Hay una indecisión muy beneficiosa entre el trance y la hipnagogia, entre el baile desatado –que aquí está siempre domesticado con rigor– y la melancolía plasmada en imágenes de pensamiento borroso. JB

30. Hans Zimmer: “Inception (Music From The Motion Picture)” (Reprise)

Queda claro escuchando la banda sonora de “Origen” que la asociación con Christopher Nolan ha sido clave en esta evolución de Hans Zimmer. “The Dark Knight” ya marcó la pauta a seguir, con el empleo de orquestación claustrofóbica, melodías a ritmo de thriller, recursos del dark ambient y pautas poco transitadas en el cine comercial contemporáneo. Pero aquí se produce una mejora considerable con respecto a su anterior trabajo con el cineasta. También ayuda que “Inception” sea el ejercicio visual, emocional y narrativo más rompedor, moderno y fascinante que se ha proyectado en un cine recientemente. Material de inspiración de primer nivel para Zimmer, que ha seguido indagando en su faceta más turbulenta y angustiosa. DB

29. Pantha Du Prince: “Black Noise” (Rough Trade)

De la misma manera en que “This Bliss” era un disco sobre el momento eterno del éxtasis, “Black Noise” es un disco sobre el momento eterno que precede a la liberación de unas fuerzas más allá de la escala humana. Y ese momento, siempre, es de paz. Esto se traduce en un disco casi idéntico al anterior pero con un matiz más introspectivo, sombrío incluso, sin entrar en episodios truculentos. En la música va implícita una melancolía lógica. El tema central aquí es el inaugural “Lay In A Shimmer”: el temblor de las campanillas, el bombo tech-house y los sintetizadores que ejercen de pared de contención de toda la pieza nunca generan un cosquilleo, sino un escalofrío. JB

28. Julian Lynch: “Mare” (Olde English Spelling Bee)

Su voz la disfraza bajo murmullos casi incomprensibles para que las letras (su punto débil, dice) apenas se comprendan. Finalmente lo mece todo a ritmo de vals y de un ambient que aceptaría encantado adjetivos como “austral”. El resultado es una psicodelia acuosa a base de silvestres texturas. Un tímido embrujo que parece escaparse del tiempo y el espacio para quedar colgado entre la noche y el día, y, al momento, ser rescatado de repente por nuestra escucha. Canciones como “Stomper” suenan a masaje con final feliz, a etapa vencida. Hasta podría decirse que, en esa discutida “música refractada a través de la memoria de una memoria“, Lynch va un paso más allá. ¿He oído post-hipnagogia? CR

27. Caribou: “Swim” (City Slang)

Aquí no vale hablar de intelligent dance music ni de electro-pop trancero ni de minimal-psych-dance ni de post-synth cubista ni de acid rave de bajón. “Swim” huye de lo absoluto y lanza sus canciones contra los muros que separan los géneros como si de bulldozers ultrasónicos se tratara. De hecho, si hay una intencionalidad que atraviesa el álbum como un hilo de plata cosido a la epidermis de todas y cada una de las canciones es más un concepto que un género: en palabras del propio Snaith, su intención era componer “ música que fuera líquida y fluyera adelante y atrás. Música dance que sonara como si estuviera hecha de agua, más que de lo metálico típico en el resto de música dance”. Así que, ¿ha inaugurado Caribou la era de la Water Dance Music? WDM no suena nada mal, la verdad. RDT

26. Emeralds: “Does It Look Like I’m Here?” (Editions Mego)

Emeralds siguen refinando su fórmula, una que sigue bebiendo de las fuentes de lo kosmische original, pero que apuesta de forma decidida por un sonido más puro y articulado, sustituyendo caos estocástico por precisión, deriva por movimiento eficiente, drone por lujo armónico, revistiendo sus trips sintéticos de sabor arcaico de un atributo sónico moderadamente futurista que en cierta manera justifica su incorporación a las filas de Mego. Las suyas no dejan de ser tácticas convencionales, pero su producto suena sofisticado, complejo y gratificante. LMR

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar