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Sónar 2012, una guía de estilo

Analizamos lo que hay más allá de la música en un festival como Sónar: la manera de vestir, ser y expresarse del público que llena el recinto diurno del CCCB

Analizamos las claves del estilo que se lleva este año en Sónar, siempre un caldo de cultivo para tendencias que alcanzarán su apogeo popular unos meses más tarde. Lo más destacado: barra libre en outfits, menos flúor y revoluciones en el peinado.

En materia de festivales, el Sónar gana por goleada en lo que a libre albedrío estilístico se refiere. Basta con pasearse unos minutos por la ya mítica alfombra de césped artificial que cubre la plaza trasera del Macba y del CCCB entre los centenares de ingleses, suecos, norteamericanos, españoles y australianos que retozan desde primera hora de la mañana, parapetados tras sus correspondientes gafas de sol sangría en mano, para llegar a la conclusión de que, en el Sónar, la anarquía feliz y despreocupada se impone: no hay reglas (aunque sí algunos códigos) ni tendencias que acatar. El concepto barra libre estilística nunca tuvo mejor escenario. Los disfraces siempre son bienvenidos. Ojalá hubiera más. Aplausos para este dúo étnico-bizarro.

Y no sólo hablamos del público que acude al Sónar, que durante años (19, para ser exactos) ha hecho las delicias de los fotógrafos que acuden al festival para retratar las últimas tendencias de street style, sino también de los artistas. A falta de pocas horas para saber qué vestirá Lana del Rey en su primera actuación en España, la primera jornada del Sónar nos dejó ayer más de una instantánea para el recuerdo en el escenario. El polaco Eltron John derrochó ambigüedad en su actuación, con una melena a lo Antony y un escotazo hasta el ombligo (sólo llevaba una americana y nada más debajo) que jugaba al despiste chico-chica. Aunque para momentazo, el de Thundercat, que salió al escenario disfrazado de Dragon Ball con una camiseta vintage de la selección española debajo. Nostalgia cosplay y orgullo patrio por La Roja. Mm. Curiosa combinación.

Este año, la lista de medios especializados en moda acreditados incluye a una larga lista de publicaciones como Vogue o Elle. Como el periodista Gary Pini, de la neoyorquina Paper Magazine, quien nos cuenta que cada año viene al Sónar (sólo se ha perdido tres ediciones) para ve qué se cuece. “Estamos preparando un número especial de música de baile y vengo a ver la actuación de una de las bandas que sacaremos en el reportaje, Totally Enormous Extinct Dinosaurs”, uno de los artistas que más imaginación le echa a su imagen, un derroche de fantasía. “Una de las cosas que más me gusta del festival son las camisetas. Suelo apuntarme en una libreta los mensajes porque creo que reflejan lo que piensa la gente, las bandas o sellos que le gustan al público y las tendencias gráficas que se llevan”, explica. “Lo cierto es que la música de baile electrónica se ha hecho muy popular este año en Estados Unidos, nunca pensé que llegaríamos al nivel de Europa. Los ‘dance kids’ son más coloridos, menos oscuros y góticos que los fans del rock”.

Los veteranos del festival saben que el mejor truco contra la insolación es un buen sombrero. Si la mayoría del sector masculino opta por las gorras, el femenino amplía el espectro con una coqueta galería que incluye sombreros estilo tirolés, trilby y más de un fedora. Los de ala ancha ondulada con casquete abombado, de inspiración años 70, los más elegantes. Garantizan la protección solar y un aire de misterio…

Admitámoslo: el Sónar acaba convirtiéndose en lo más parecido a una sesión de aerobic cuando el cuerpo entra en trance y ya no puede dejar de bailar. Así que, ¿para qué complicarse la vida? Los leggins, rescatados hace varias temporadas del armario de EGB y rehabilitados a gran escala con el respaldo unánime del sector más fashionista, están de vuelta. En el Sónar muchas chicas los llevaban en negro y con una camiseta encima, reivindicando su derecho a la comodidad. Pocos outfits tan pijameros son aceptados como válidos para salir a la calle. Lo sexy y lo casero nunca estuvieron tan cerca.

Tendencias que hemos visto de momento en este Sónar: los tops enseña-ombligo, el cut off aplicado en shorts vintage y chalecos denim. Esperábamos algo más de flúor (las revistas insisten en que está de moda) y algún que otro guiño acid (si el smiley tiene un hogar, ése es el Sónar), pero nos hemos encontrado con una amplia apuesta por el llamado 'nuevo hippy' (no calcado del de los 60, sino reinterpretado desde un prisma más noventero, con un puntito canalla y menos ingenuo): tops de punto tricotado, flecos por aquí y por allá, mucho tye dye... y la camiseta como prenda estrella.

Más apuntes estilísticos: las sienes rapadas y el flequillo recortado, a lo Yo-Landi Visser. Algunos chicos en bermudas, camisa y tirantes, de pijo despistado que no sabe muy bien cómo, pero ha acabado de visita en territorio desconocido. El collar como el nuevo complemento best friend de las chicas. La colorista inspiración del floclore nativo-americano que tantos quebraderos de cabeza le dio a Urban Outfitters hace unos meses.

Los grafismos geométricos y una ecuación: cuanta menos tela, más chillón el estampado. Las sedosas faldas largas plisadas de princesita. La recurrente obsesión de los chicos por las camisetas con estampado animal.

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