Listas

Resumen 2012: obituarios

Homenaje a 20 talentos en música, cine y literatura que nos han dejado este año

En la siguiente lista queremos rendir un homenaje a varios de los artistas, escritores y gente de la cultura en general que nos han dejado en 2012: de Whitney Houston, Donna Summer y Adam Yauch al último ingeniero que ayudó en la invención del LP.

El paso del tiempo es implacable y cada año tenemos que lamentar el fallecimiento (y, por tanto, la pérdida) de muchas personas admirables. Son esos momentos tristes, poco agradables, que tenemos que aceptar con resignación y pena: si en 2011 se nos fueron Amy Winehouse, Gil Scott-Heron, Trish Keenan o Steve Jobs, 2012 no ha sido menos benevolente con una serie de músicos, cineastas, escritores y demás personas de la esfera pop que, por una razón u otra, ya no volverán a estar con nosotros. Es a ellos, con cariño y dolor, a quien va dedicado este repaso de 2012 en su cara menos agradable: los obituarios.

Adam Yauch (1964-2012)

MCA era un personaje cool. Voz rasposa que contrarrestaba el exceso de decibelios originado por los estrepitosos agudos de Mike D y AD-Rock. Rictus descansado y mirada de entrañable pasota. Canas revueltas, ojos entornados, Pumas retro. Era el Beastie en la sombra. Parecía sentirse a gusto dejando que sus dos compañeros, siempre más histriónicos y más abocados al gag físico, absorbieran las primeras ráfagas de flashes y focos. Era, además, un gran bajista (a él le debemos la línea de bajo de “Sabotage”) y un apasionado del cine, lo que le llevó a fundar la productora-distribuidora de cine independiente Oscilloscope Laboratories, a dirigir algunos de los vídeos más memorables del trío y firmar documentales como el excelente “Gunnin’ For That #1 Spot”. En 2009 su feliz historia sufría un revés cuando se anunciaba que estaba siendo tratado de un cáncer en la glándula parótida. Una enfermedad grave a la que pareció dar esquinazo hasta hace poco. Aunque tuvo tiempo de dejar sus últimas rimas en el reciente “Hot Sauce Committee Part 2”, el cáncer acabó con su vida a los 47 años.

Donna Summer (1948-2012)

Las bolas disco se han quedado más huérfanas que nunca. Desde que conoció en Alemania (donde residía a principios de los setenta) a Giorgio Moroder y Pete Bellotte, su vida cambió para siempre. Y ya no digamos su carrera musical. De ser una joven amante del rock y los musicales, Donna pasó a convertirse en la indiscutible reina de la música disco. A ella le debemos varios 12”s míticos, después de que Neil Bogart de Casablanca Records se empeñara en editar en Estados Unidos una versión de 17 minutos del orgásmico “Love To Love You Baby” para disfrute de sus sonadas fiestas. Pero más allá de su primigenio éxito y el inmortal “I Feel Love”, el TEMA por antonomasia de la fiebre computer disco, la Summer supo abrirse paso en el pop de masas más que dignamente antes de que fuera reivindicada por los gañanes de Full Monty. Allá donde esté, ella no ha parado de bailar.

Whitney Houston (1963-2012)

Siendo hija de la dama del góspel Cissy Houston y prima de otras dos joyas vivientes del género como Dionne Warwick y Dee Dee Warwick, estaba claro que Whitney Houston había nacido con la voluntad de ser una estrella rutilante para la historia reciente de la música espiritual negra. Desde que Clive Davis, el capo de Arista, viera el potencial de sus cuerdas vocales de mezzosoprano en 1983, Houston empezó a fraguar una leyenda que la llevaría a capitanear como nadie ese fino espectro que, en realidad, existe entre el góspel y el R&B. Tras romper junto a Michael Jackson los estereotipos racistas que imperaban en la MTV (y por consiguiente, en el pop) durante los ochenta, la diva encadenó siete números uno entre 1985 y 1987 antes de darse su gran baño de masas en 1992 con “El Guardaespaldas” y esa “I Will Always Love You” que nos sigue poniendo los pelos como escarpias como el primer día. Poco después llegarían las adicciones intravenosas con Bobby Brown y su consiguiente infierno en vida, pero aunque nos haya dejado, su voz es de las pocas que por méritos propios han pasado a la eternidad.

Etta James (1938- 2012)

Repasando la biografía de Etta James, parece que todo en su vida fue algo indómito. Desde su carácter, que solo ablandó para complacer compañías que no le beneficiaron, hasta su peso. Ni la intermitencia de su éxito ni sus problemas con la heroína frenaron a esta mujer pantera, una fiera al micrófono que murió a principios de 2012 a la edad de 73 años sin haber tirado la toalla ni un momento. Los años sesenta y la discográfica Chess la empujaron al estrellato saltando entre géneros con la gracia de un felino. Del jazz al rhythm & blues, de las baladas al soul. En los setenta vino la debacle y las adicciones. Sin embargo, encaró el final del siglo con ímpetu, gracias a otros artistas que reivindicaron justamente su figura y peso en el género. Vivió sus últimos días habiendo vencido el sobrepeso y reivindicando contra Beyoncé y Obama lo que era suyo. Índomita Etta, “At Last”, “ I’d Rather Go Blind” y otros tantos éxitos corren de tu cuenta. Cante quien los cante, siempre serán tuyos.

Terry Callier (1945-2012)

La mañana del 28 de octubre nos quedábamos sin Terry Callier a causa de un cáncer de garganta. Tenía 67 años y el cáncer le atacó, precisamente, en su punto fuerte. Su voz fue, durante finales de los sesenta y principios de los setenta, un milagro de calidez y dulzura que aunó soul, folk y jazz, alcanzando su esplendor en “What Color Is Love”. Antes de eso, Terry Callier hizo su debut para Chess Records, después de haber pasado su infancia y adolescencia en un barrio residencial de Chicago junto a Curtis Mayfield, haciendo sus pinitos en grupos de doo-wop. Tras pasar años apartado de la música, es la escena británica la que se preocupa en recuperarlo. Reaparece en el 98 con “TimePeace”; a este disco le seguirían colaboraciones con Beth Orton, Massive Attack, El Circo del Sol o el también fallecido beatmaker Nujabe. “Hidden Conversations” de 2009 fue su último álbum.

Ray Bradbury (1920-2012)

Bradbury ha sido uno de los grandes escritores de ciencia ficción del siglo XX, de una estatura comparable –e incluso superior– a la de clásicos como Arthur C. Clarke, Olaf Stapledon e Isaac Asimov, esa generación humanista, fantasiosa y completamente fascinada por el futuro y el progreso de la humanidad inmediatamente anterior a la más distópica de J. G. Ballard. Sin embargo, Ray Bradbury ofreció obras maestras en ambas direcciones: “Crónicas Marcianas” celebra el potencial explorador del hombre y relata el espacio exterior en términos altamente líricos; pero por otra parte, “Fahrenheit 451” es un clásico de la ciencia ficción catastrofista y rodeada de pesimismo (emparentada con los títulos más valiosos de Aldous Huxley y George Orwell), acerca de un futuro ominoso en el que los libros son perseguidos y los bomberos encienden fuegos para destruirlos en vez de apagarlos. Su influencia en la cultura popular –no sólo la literatura subsiguiente, sino también el cine y la música electrónica– es incalculable.

Hal David (1921-2012)

Durante los sesenta estuvo en la sombra de grandes artistas, pero de no haber sido de este letrista estadounidense nunca hubiésemos escuchado éxitos como “Raindrops Keep Fallin' on My Head” (ganadora del Oscar por su inclusión en el filme “Dos Hombres y Un Destino”) y “Walk On By” de Burt Bacharach, su principal cliente, o aquel “To All The Girls I’ve Loved Before” que interpretaron en un dueto imposible Willie Nelson y nuestro idolatrado Julio Iglesias. Más allá del pop y el country populista, también caló hondo en Broadway y el séptimo arte (con tres nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood) al escribir el tema principal de “What’s New Pussycat?”, “Alfie” y “The Look Of Love” de “Casino Royale”, película de la saga Bond.

Chavela Vargas (1919-2012)

Chavela Vargas vivió 93 añazos empujada por el arte, el amor prohibido, la lucha contra los prejuicios y el tequila. Cuando la salud se lo pidió dejó los cigarros, pero aún en sus últimos días esta mexicana de alma y costarricense de nacimiento sacaba la botella para beberse un vasito. Fue grande en un mundo de hombres, el de las rancheras. Pero su arte se extendió hasta otros montes, como pone de manifiesto su último trabajo dedicado a Lorca. Vargas se retiró en los setenta, pero ese ímpetu con el que impuso su voluntad artística la empujó a volver a los escenarios a principios de los noventa. Y nada la volvió a detener, nadie la sacó de los tablados nunca más. Decía en una entrevista para El País en su última visita a España: “Hay que sacar el artista que una lleva dentro y no meterlo en otro sitio, porque tampoco sirve. Ni modo, si eres artista eres artista”. Y ella lo seguirá siendo siempre, aunque se nos haya ido.

Tony Scott (1944-2012)

El hermano menor de Ridley Scott nos conmocionó a todos cuando el pasado agosto decidió tirarse de un puente y acabar así con su vida. Su legado cinematográfico quizá no está a la altura del creador de “Blade Runner”, pero cuenta en su currículo con un buen puñado de películas que marcaron tendencia en distintos planos. Por ejemplo, se estrenó con “El Ansía”, una cinta de culto de vampiros con Catherine Deneuve, Willem Dafoe, Susan Sarandon y David Bowie. Entre los 80 y principios de los 90 brindó con una serie de filmes de acción y thriller, algunos de ellos emblemáticos como “Top Gun” y “Días De Trueno”, “El Último Boy Scout” y, especialmente, “Amor A Quemarropa”. “Imparable”, con Denzel Washington, estrenada hace dos años, es el último testimonio del director británico.

Pete Namlook (1960-2012)

Pete Namlook estará siempre relacionado con la explosión del ambient y el trance en la década de los 90, y de hecho fue uno de los productores esenciales de la rama más cósmica de la música electrónica. Su discografía, extensísima e inabarcable, cuenta con más de 150 referencias en CD y colaboraciones con artistas de prestigio como Richie Hawtin (con quien editó los tres volúmenes de la serie “From Within”), Biosphere (bajo el alias The Fires Of Ork) o Uwe Schmidt. Su carrera principal, sin embargo, siempre estará relacionada con la fundación del sello Fax +49-69/450464 (el nombre de la discográfica era, como se puede interpretar, el número de fax para contactar con ella), en el que editó cientos de CDs, algunos de los cuales son ávidamente buscados por los coleccionistas. En la actualidad Peter Kuhlmann tenía 51 años y seguía en activo, colaborando con productores techno y house como Move D. Desde 1997 vivía en la plácida localidad rural de Traben-Trarbach, desde donde seguía produciendo música en el estudio situado en el altillo de su casa. Ahí se desplomó el 8 de noviembre víctima de un aneurisma.

Gore Vidal (1925-2012)

Hasta su muerte, Gore Vidal fue uno de los pocos grandes escritores que aún quedaban con vida y que batallaron en la Segunda Guerra Mundial. De su estilo literario se recuerda, especialmente, su mordaz crítica al estilo de vida norteamericano. Fue un literato de fuertes convicciones políticas, de hecho, desde muy joven perteneció a la rama más liberal del Partido Demócrata (llegó a presentar su candidatura, sin éxito, al Congreso) y cargó duramente contra la administración Bush Jr.. Su vasto legado incluye ensayos, guiones para cine y televisión, novelas y piezas para teatro. Por su punzante estilo, fue considerado para el Premio Nobel de Literatura, aunque nunca se alzó con él. Algunas de sus obras más importantes son “La Ciudad Y El Pilar de Sal”, donde narra su despertar a la homosexualidad, las novelas históricas “Juliano El Apóstata” y “Creación” y el díptico contracultural “Myra Breckinridge” / “Myron”, muy popular en los años 70.

Robin Gibb (1949-2012)

Su condición de icono de la música popular siempre estará ligada a su inconfundible falsete. A pesar de que Barry siempre fue el Bee Gee dominante, si no hubiese sido por su aterciopelada voz probablemente el grupo no hubiera alcanzado las cotas de popularidad que lograron a finales de los setenta. Aunque ya en los sesenta habían dado en la diana con canciones como “To Love Somebody” o “How Can You Mend a Broken Heart”, fue con su reconversión al sonido disco que se ganarían el apelativo de leyendas. Sus trajes blancos, sus armonías de agudos imposibles y sus cristalinos estribillos les convirtieron en el único grupo de la historia que conseguía encadenar seis números 1 consecutivos y a vender más de 200 millones de copias de sus álbumes ( “Saturday Night Fever” fue el disco más vendido de la historia hasta que llegó “Thriller”). Pero más allá de las cifras, por encima de todo se convirtieron en la imagen y el sonido de una era.

Bernardo Bonezzi (1964-2012)

Bernardo Bonezzi fue una de las figuras capitales de la movida madrileña, de hecho, llegó a ser considerado su Mozart, por su precocidad. Con seis años ya tocaba la guitarra, con ocho se maravillaba con Roxy Music o David Bowie y a los trece ya fundó su primer grupo, los Zombies, cuyo primer sencillo, “Groenlandia”, es historia pura de la música pop española. Después de dos discos, la banda se separó en 1982 y el artista produjo y compuso la música del disco de Almodóvar y McNamara y, más tarde, colaboró de nuevo con el manchego para la BSO de “Laberinto De Pasiones”. Así empezó a componer bandas sonoras para cine y televisión y llegó a ganar un Goya por su trabajo en “Nadie Hablará De Nosotras Cuando Hayamos Muerto”. Hace diez años dejó de trabajar en la industria del cine e inició una trilogía de discos instrumentales dedicados a las horas del día.

Bob Welch (1945-2012)

Bob Welch fue más conocido por formar parte de Fleetwood Mac como guitarrista y vocalista entre 1971 y 1974, justo antes de que su popularidad se disparase por las nubes. De esa época se recuerda como disco más exitoso “Bare Trees”. Su salida estuvo cargada de polémica y, de hecho, cuando entraron en el Rock And Roll Hall Of Hame, no le incluyeron en el grupo. Poco después decidió montar su propia banda de hard rock junto a Jimmy Robinson, Glenn Cornick, ex bajista de Jethro Tull y Thom Mooney. Como solista también se labró una buena carrera, que incluyó hitos como “Sentimental Lady”, que llegó al puesto 8 del Billboard. Pasó una temporada en Nashville, donde se convirtió en un reputado compositor para otros artistas. De ahí surgieron colaboraciones con Kenny Rogers y The Pointer Sisters, entre otros.

José Luis Uribarri (1936-2012)

Sin duda, ha sido nuestra voz en Eurovisión. Y no porque haya participado en ese conglomerado de dudosos talentos sobrado de caspa que cada año trae de calle a lo más frívolo de nuestro país, sino porque gracias a sus predicciones en directo hemos sido conscientes de los chanchullos burocráticos que esconde este concurso aparentemente democrático. Hasta en 19 ocasiones hemos escuchado su voz en el certamen entre 1969 y 2010, pero si echamos la vista atrás también debemos darle las gracias por haber sido uno de los pioneros de los programas televisivos musicales. Entre 1978 y 1983 dirigió el espacio musical de Televisión Española “Aplauso”, todo un icono de la época previo al despegue de “La Bola de Cristal”.

Don Cornelius (1936-2012)

Cuesta creer –más en este país en el que la música no tiene cabida en la televisión– que el programa con más años en antena sea “Soul Train”. Un programa musical y, además, un programa que llevó a los hogares estadounidenses la cultura afroamericana contemporánea. Y lo será hasta, por lo menos, 2016. El mérito es de Donal Cortez aka Don Cornelius que, presumiblemente afectado de demencia senil, se quitó la vida en el mes de febrero. Él creó y presentó este formato donde la música, el baile y la moda entretenían las noches del sábado a través de la pantalla. El peso histórico de este show quedaba plasmado magistralmente en 2009 con el documental “Soul Train: The Hippest Trip In America”, en el que quedó en evidencia el determinante papel de Don Cornelius no sólo en la historia de la música, sino también en la divulgación y respeto de la cultura afroamericana.

Austin Peralta (1990-2012)

Austin Peralta fue precoz en todo. Hijo del skater y director de cine Stacey Peralta, empezó a tocar el piano a los cinco años y para cuando llegó al instituto ya lideraba su propio trío de jazz. Su prodigioso talento le llevó a editar dos discos antes de cumplir los 16 años, ofrecer actuaciones antológicas en el Festival de Jazz de Tokio y a colaborar con nombres tan relevantes como Chick Corea, Erykah Badu, Thundercat, The Cinematic Orquestra, Teebs o Fields. En tiempos recientes Peralta se había afiliado a Brainfeeder, trabajando con artistas como Flying Lotus y Thundercat y convirtiéndose en uno de los principales activos de la fusión entre el jazz y la escena de los beats experimentales de su ciudad. El pasado año editó “Endless Planets”, un absorbente viaje cósmico con el que demostraba que más allá de su condición de fenómeno adolescente se trataba de un artista en busca de su propia voz. Una evolución creativa que, tal y como reza aún su perfil de Twitter, iba a traernos un nuevo disco este mismo año. Lamentablemente será recordado tanto por lo que fue como por lo que pudo haber sido.

Howard H. Scott (1920-2012)

El vinilo de larga duración, un formato que sustituyó a los primitivos discos de piedra y que superó la limitación de espacio del single de 7”, se creó en los laboratorios de Columbia en los años 40 del siglo XX por un grupo de ingenieros del que formaba parte Howard H. Scott, y del cual era el último superviviente. Con su fallecimiento, pues, el formato físico que revolucionó la grabación y distribución de música, y de esta manera contribuyendo decisivamente a su popularización mundial, ha quedado completamente huérfano. Más tarde se dedicó a la producción musical, participando en todo tipo de grabaciones que van de la música cristiana al jazz y diversas canciones populares que, sin embargo, no consiguieron igualar el mismo prestigio que se había ganado como ingeniero.

Carlos Guirao (1954-2012)

Su participación en la edad dorada de la música de sintetizador ha situado a Carlos Guirao en un lugar privilegiado en la historia, y además como uno de los pioneros del sonido cósmico en España. Fue parte de la primera formación de Neuronium desde 1997, junto al belga Michel Huygen (afincado desde entonces en Barcelona) y Albert Jiménez –substituido poco después por Santi Picó–, con los que grabó discos que seguían de una manera muy inspirada la línea de Tangerine Dream y Ash Ra Tempel, como “Vuelo Químico”, “Digital Dream” y “The Visitor”. En 1982 Guirao abandonó Neuronium y firmó su primer álbum en solitario (“Revelation”, todavía hoy un clásico de la música electrónica planeadora en España), antes de embarcarse en proyectos de menor fama e influencia como Programa y Cherish Band.

David S. Ware (1949-2012)

David S. Ware fue uno de los saxofonistas más destacados de la segunda ola que sacudió la escena jazz americana tras el terremoto inaugural del free que protagonizaran titanes como Anthony Braxton y Ornette Coleman. Ware nunca tuvo ese reconocimiento universal como uno de los más grandes del género –esa condición de pionero de la que no disfrutó por llegar casi diez años tarde–, pero sí el respeto unánime de sus contemporáneos y el sector más exigente del público, aquel que sabe apreciar los movimientos del jazz en el terreno avantgarde. De hecho, durante muchos años acompañó con su saxo las notas de piano de Cecil Taylor y del gran teclista del avantgarde-jazz de los últimos años, el neoyorquino Matthew Shipp, con quien formó la columna vertebral de su cuarteto, fundado en 1989. Diagnosticado con problemas renales en 1999, Ware recibió un trasplante de riñón en 2009 que no fue suficiente para soportar la infección severa que acabó con su vida el pasado mes de octubre.

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