Listas

Resumen 2012: las mejores reediciones

Discos flamantes que han reaparecido este año y que nos obligan a reexaminar la historia

En esta lista nos vamos a fijar en varios discos que han estado desaparecidos, huidos y descatalogados durante varios años y que han reaparecido en forma de lujosa y brillante reedición. O discos clásicos, conocidos y admirados, que disfrutan de una merecida segunda vida.

Este año hemos querido fijarnos más que otras veces en las reediciones. PlayGround no es una publicación que quiera distinguirse por su culto al pasado ni estamos obsesionados con lo viejo por sistema, pero no menos cierto es que muchos de los discos más interesantes que aparecen a lo largo de una temporada son rescates de títulos dormidos durante mucho tiempo en el olvido. Reediciones de clásicos conocidos o de misterios ignotos que nos obligan a reexaminar la historia. Aquí van 25, pero podrían haber sido muchos más. A modo de nota, que conste que hemos evitado títulos como “The Velvet Underground & Nico” o “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust and The Spiders Of Mars” no por falta de calidad de las obras –son clásicos contrastados–, sino por entender que han sido reediciones más oportunistas que necesarias. Nosotros nos quedamos con estos.

25. Suzanne Ciani: “Seven Waves” (Finders Keepers)

La revitalización de Suzanne Ciani en 2012 ha sido como milagrosa: del olvido casi generalizado hacia su figura, algo que se comprende por haber abandonado su trabajo en la electrónica pura a partir de “The Velocity Of Love” (1986), la italoamericana ha pasado a ser reinstaurada con honores como una figura básica en la pequeña historia del sintetizador. Andy Votel ha querido ahora volver a prensar el que fuera su primer disco “comercial”, una perla del romanticismo ambient titulada “Seven Waves” (1982). Enmarcada en el proceso revisionista de este año esta reedición sí es totalmente necesaria, ya que la etapa más interesante de la larga carrera de Ciani se prolonga exactamente hasta aquí (y, según los gustos particulares, hasta cuatro años después con “The Velocity of Love”, que se abría con una “The Eight Wave” que, no por casualidad, ya estaba en “Lixiviation”).

Crítica

24. Jean Piché: “Heliograms” (Digitalis)

Hace tiempo que entramos en una densa época de exhumación de títulos olvidados, ignotos u ocultos de los primeros años de la música electrónica. Los nuevos sellos dedicados al revival Kosmische –tanto activamente, como Spectrum Spools, como tangencialmente, como Finders Keepers, RVNG Intl. o Important– se han puesto manos a la obra para arrojar a la luz títulos firmados por Harald Grosskopf, David Borden, Suzanne Ciani ( por partida doble) o Franco Falsini, y la reedición de “Heliograms” por parte de Digitalis se tiene que entender en la misma corriente de demanda de música espacial, o proto-new age incluso, que vaya más allá de los nombres conocidos de siempre. Un disco condenado a repetir su historia, probablemente: recuperado hoy, volverá a dormir en la fosa del olvido dentro de un tiempo, cuando el momento actual de excitación y recuperación de viejos tesoros electrónicos primitivos se difumine y los canales de la memoria, la nostalgia y la arqueología discurran por otro lado.

Crítica

23. Interpol: “Turn On The Bright Lights: 10th Anniversay Edition” (Matador)

Corría 2002 cuando Interpol, aprovechándose de aquel revival post-punk que azotó el espectro indie con el cambio de siglo, editaron su debut “Turn On The Bright Lights” cosechando un gran respuesta tanto por parte de la crítica como del público. Aunque nos parezca que fue ayer, ya han pasado diez años de aquello. La banda no ha querido perderse la oportunidad de celebrar la efeméride reeditando el álbum con jugoso material inédito de regalo. Aparte de los temas originales en versión remasterizada, la nueva reedición especial cuenta con un segundo compacto cargado de demos, caras B de la época y temas nunca editados hasta la fecha; un DVD con los tres videoclips que se extrajeron del disco ( “PDA”, “NYC”, “Obstacle 1”) y dos conciertos de regalo, y un libro con fotos de la banda (de 28 páginas en la edición vinilo y 48 en el CD).

22. Pete Rock & CL Smooth: “The Main Ingredient (Deluxe Edition)” (Elektra)

El disco que acabó con Pete Rock & CL Smooth como dúo, como uno de los dúos más complementarios y elegantes de la historia del hip hop, revive 18 años después de su publicación con una completa edición deluxe que, además de incluir un segundo CD repleto de instrumentales, remezclas extraídas de los singles o a cappellas, presenta una esplendorosa remasterización del original, con mucha diferencia el principal reclamo del ítem en cuestión, pues este “The Main Ingredient” revitalizado, con un sonido más limpio y resplandeciente, transmite muchas ganas de redescubrirlo sample a sample, beat a beat, como si fuera la primera vez que damos buena cuenta de sus canciones. Huele a nuevo. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, se entiende por qué sembró esa sensación de desencanto y desmotivación que precipitaría la separación del dueto. La pareja nunca pudo digerir bien el fracaso comercial del disco en un momento en el que, precisamente, su sonido gozaba de buena salud mediática y popular, y en el que ambos, pero sobre todo Pete Rock, se habían volcado hasta la extenuación en la génesis y grabación del mismo, más de un año cocinando a fuego lento y sin prisas el material con el que pretendían dar un paso hacia delante en su progresión artística. La sensación es que ambos esperaban mucho más y que el recibimiento cálido, pero nunca desaforado ni exaltado que se le dispensó a la grabación, caló hondo en sus aspiraciones de futuro.

Crítica

21. David Cain: “The Seasons” (Trunk Records)

Es significativo que este disco se publicase por primera vez en 1969, a las puertas de una década, la de los 70, que vería el lento declive de lo que se conoció como el periodo de consenso de postguerra, durante el cual se asentaron y desarrollaron con firmeza las bases del estado del bienestar en el Reino Unido. Y es significativo porque la música y la poesía aquí contenidas sean representativas de las aspiraciones de un momento histórico que aún creía sin lugar a dudas en la función pública como un servicio al ciudadano, independiente de intereses comerciales. Esto es así porque “The Seasons” fue concebido inicialmente como material para su uso en las aulas británicas, como parte del programa BBC Drama Workshop, orientado explícitamente a promover la expresión corporal e intelectual de los alumnos. Su audacia musical y el carácter pagano de su poesía evidencian unas ambiciones utópicas en el plano educativo, que coincidieron además con un periodo de gran cambio en la concepción de la enseñanza.

Crítica

20. Pye Corner Audio: “Black Mill Tapes vol. 1 & 2” (Type Records)

Quienquiera que sea el hombre que se refugia tras el sonoro alias Pye Corner Audio es, sin duda, un consumado ingeniero de sonido que sabe de todos los trucos necesarios para conseguir esa textura noir y misteriosa que tenía la música electrónica primitiva de los años 60s y 70s. Quizá por eso se hace llamar, a ojos del público, como The Head Technitian, una especie de título nobiliario o sobrenombre de superhéroe de la mesa de mezclas que sólo se autoimpondría un vanidoso redomado o alguien que, de verdad, sabe perfectamente que ha alcanzado un alto dominio de su arte y se siente satisfecho con el estatus. En efecto, escuchando atentamente el contenido de estas “Black Mill Tapes” que ahora plancha Type por primera vez en vinilo –el primer disco en verde, el segundo en azul, 700 copias para todo el mundo y, al parecer, la primera reventa ya por las nubes, con precios que no bajan de los 60 euros–, emana un aire de misterio y dominio del lenguaje analógico antiguo que también se advierte en muchas de las grabaciones de otra alma afín, Jon Brooks, más en las que firma con su nombre en Cafe Kaput que las que edita como The Advisory Circle en Ghost Box, y que deben pasar necesariamente al corpus central de la actual onda retrofuturista con sello hauntológico.

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19. Dream 2 Science: “Dream 2 Science” (Rush Hour)

Además de ser uno de los grandes percusores del electro como mitad de Newcleus (ahí está el inmortal “Jam On It” para atestiguarlo), Ben ‘Cozmo D’ Cenac tuvo un affaire house a principios de los 90. El proyectó se llamó Dream 2 Science y, aunque solo firmó dos lanzamientos con el alias, su huella quedaría impregnada para siempre en la evolución del género. Y es que como ocurrió con el trabajo de The Burrell Brothers para Nu Groove (también re-editado recientemente por Rush Hour), las producciones de Cenac forman parte del Santo Grial de la gestación del sonido deep house. Pero así como esos lanzamientos alcanzaron altas cotas de popularidad, el único álbum (o EP, depende de cómo se mire) de Dream 2 Science había permanecido en una relativa oscuridad, conocido por los connaisseurs de la materia pero sin llegar a la categoría de clásico absoluto (su limitado prensaje y su alto precio en el mercado de segunda mano seguro que también influyeron). Escuchándolo ahora, veinte años después, queda claro que era una injusticia.

Crítica

18. David Lynch & Alan R. Splet: “Eraserhead Original Soundtrack” (Sacred Bones)

“Eraserhead” (1977), la primera película larga de David Lynch, es recordada, además de por su trama surrealista, sus impactantes imágenes en blanco y negro y el inolvidable porte de Jack Nance, por su diseño de sonido y su intrigante y áspera banda sonora, obra del propio David Lynch en colaboración con el ingeniero Alan Splet. El sello norteamericano Sacred Bones llevaba algún tiempo detrás de los derechos para reeditar la banda sonora, y por fin los consiguió. El álbum se acompaña de un libreto de 16 páginas, tres láminas en tamaño de 11” y un disco de 7” con “In Heaven (Lady In The Radiator Song)” (la canción "pop" del soundtrack, escrita por Lynch e interpretada por Peter Ivers) y “Pete’s Boogie”, una grabación de la época recientemente recuperada de las cintas originales en las que se grabó el audio del film.

17. To Rococo Rot: “Rocket Road. 1997-2001” (City Slang)

To Rococo Rot pertenecen a la escuela del sonido alemán que trasladaba las pautas del post-rock a la manera de Tortoise hacia postulados más propios de la IDM europea y el dub germánico: un árbol genealógico que comienza con Mouse On Mars, que prosigue un poco más tarde con bandas prestigiosas en su día como Kreidler y Tarwater, y que logra su momento de mayor abstracción en 1998, con el primer álbum de Pole, el azul. Su sonido y su trabajo es, por tanto, la síntesis de una época muy especial y fructífera en la vanguardia electrónica que, lamentablemente, parece haber caído en el olvido. Y quizá por eso aparece, de manera muy oportuna, “Rocket Road. 1997-2001”. No es un recopilatorio, sino una discreta cajita en la que reaparecen, reeditados y con interesantes bonus tracks y remixes, los tres mejores álbumes de To Rococo Rot: “Veiculo” (1997), “The Amateur View” (1999) y “Music Is A Hungry Ghost” (2001), disco este último que les llevó directamente a una de las portadas de la revista The Wire de aquel año gracias a su colaboración con el productor dub neoyorquino I-Sound.

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16. Franco Falsini: “Cold Nose (Naso Freddo)” (Spectrum Spools)

Spectrum Spools, el sello asociado a Editions Mego que dirige con empeño y visión cósmica John Elliott de Emeralds, relanzó el pasado 20 de marzo “Cold Nose (Naso Freddo)”, el único álbum en solitario del italiano Franco Falsini. Editado originalmente en 1975, el disco recogía la banda sonora que el líder de la banda de kraut-prog Sensation's Fix firmó para la película “Cold Nose Story” . El filme nunca llegó a estrenarse, pero su banda sonora ha permanecido como una obra de culto entre los amantes de los sonidos sintéticos planeadores y como una de las cumbres de la obra de Falsini. Dividido en tres largos pasajes, el álbum presenta un sonido eminentemente ambiental y con clara vocación espacial, fruto de la experimentación de Falsini con la superposición de guitarras y sintetizadores como el Mini Moog y el Eminent 310. Teniendo en cuenta los altos precios que alcanza la edición original en el mercado de segunda mano, es de agradecer que el disco vuelva a estar disponible más de 30 años después.

15. Michael Jackson: “Bad, 25th Anniversary Edition” (Epic-Sony)

Más allá de sus méritos como disco, “Bad” fue relevante porque suponía el último gran álbum en la trayectoria de Michael Jackson y, en cierto modo, el cierre más pragmático posible de una trilogía con “Off The Wall” y “Thriller” –que nunca fue tal a efectos conceptuales pero sí a efectos de trayectoria– que bastó para encumbrarle. Escuchado y analizado hoy, tantos años después, el aspecto más destacable del álbum es su propia conciencia de título bisagra, de continuación a la baja de algo incomparable e inigualable, casi más en todos los aspectos extramusicales que propiamente musicales. Asume este problema desde el inicio y lo hace con la mejor actitud posible, con la explotación actualizada y matizada de una idea irrebatible ya asentada que nadie en su sano juicio se hubiera atrevido a desafiar o replantear. No hay más ambición que replicar una fórmula, pero con todos los elementos magníficamente ensamblados y pensados para que se ratificara y se consolidara la mayor estrella del firmamento musical de la época. Lo consiguió con creces, y con una tirada de singles intachable.

Crítica

14. Sterac aka Steve Rachmad: “Secret Life of Machines (Remastered)”

Precursor, maestro, leyenda: Steve Rachmad estuvo ahí antes que nadie. Era 1995 y “Secret Life Of Machines” llegó para demostrar que en Europa también se podía facturar techno con el mismo peso y trascendencia que el que había empezado a surgir en la Motor City a finales de los 80. Han pasado 17 años y ese disco, que firmó bajo su alias más popular, Sterac, sigue ahí, en los más altos altares del techno del viejo continente. Y es que, digámoslo ya, estamos ante el que probablemente sea el mejor disco detroitiano que haya surgido nunca de tierras europeas. Para que una obra alcance tal estatus debe, por un lado, revelarse como pionera y, por el otro, abrazar (o, al menos, rozar) la perfección tanto en el plano estrictamente formal como en su dimensión emocional. Y el debut de Rachmad cumple escrupulosamente con los tres requerimientos.

Crítica

13. Hood: “Re-collected” (Domino)

Este año se han cumplido dos décadas desde la fundación de Hood en Leeds, y a la vez diez temporadas desde la publicación del seminal “Cold House” (Domino, 2001). Aquel álbum significó la definitiva sublimación del ideario de la banda, la culminación de un proceso de búsqueda y transformación que les llevó a crecer desde el slow rock deslavazado y sumergido de sus comienzos hacia una suerte de post-rock pastoral de tendencias abstractas y devorador de todo que les llevó a abrazar la electrónica. Para celebrar esos dos aniversarios, Domino decidió reunir seis de los mejores trabajos de la banda de los hermanos Adams en un box set de título “Recollected. La caja incluye sus cuatro álbumes de estudio para Domino ( “Rustic Houses, Forlorn Valleys” (1998), “The Cycle Of Days And Seasons” (1999), el citado “Cold House” (2001) y su último trabajo hasta la fecha, “Outside Closer” (2005)), un quinto CD recopilando todos sus EPs para el sello, y un último disco, “The Hood Tapes”, que reúne 24 rarezas inéditas de la banda. Todas las grabaciones han sido remasterizadas para la ocasión. El pack, presentado en un estuche de cartón rígido, se completa con un libreto de 32 páginas con notas y material gráfico de la banda.

12. Raekwon: “Only Built For Cuban Linx: The Purple Tape” (Get On Down)

“Only Built 4 Cuban Linx” (1995) fue el primer álbum “en solitario” de Raekwon, en el que contó con la colaboración de todos los miembros del Wu-Tang Clan. El sello Get On Down ha puesto en circulación una edición especial del álbum en formato box set. Dentro de una caja negra de cuatro pulgadas de lado, el álbum se presenta en formato casete de color púrpura, acompañada de diferentes piezas de artwork (pegatinas, una reproducción del póster promocional original) y un libreto de 32 páginas con notas a cargo de Brian Coleman y el propio Raekwon. La reedición en formato casete no es casual. “Only Built 4 Cuban Linx” también es conocido en el mundo del hip hop como “The Purple Tape” a raíz de su edición original, que en formato cinta fue fabricada por decisión de Raekwon en plástico de color púrpura, para diferenciarla del producto de otros, en un guiño a la manera que los traficantes de drogas tenían de presentar su material.

11. The Books: “A Dot in Time” (Temporary Residence Ltd.)

Con The Books disueltos desde principios de año, se anunció la publicación de una caja de coleccionista que reúne todos los álbumes del dúo neoyorquino así como algunos extras en formato musical y visual, que editó Temporary Residence a finales del pasado verano. Incluye los siguientes títulos: “Thought For Food”, “The Lemon Of Pink”, “Lost And Safe” (editados originalmente por el sello alemán Tomlab), “The Way Out”, el pack de rarezas “Music For a French Elevator And Other Oddities” y un acompañamiento visual en forma de DVD.

10. Porter Ricks: “Biokinetics” (Type Records)

El techno, generalmente, va asociado a la idea de escapismo, de abandono de la realidad en pos de una fantasía alternativa de huida y libertad. Esas escapadas con las que se fantasea al pinchar un viejo vinilo de Detroit tienen que ver, casi siempre, con el espacio exterior, con la infinitud del cosmos, allende de la atmósfera terrestre, en subirse a una nave y viajar hasta Júpiter y luego más allá. “Biokinetics”, en cambio, es un disco que trata sobre el mar (y el ultramar). Al ponerlo no se sugieren trasbordadores espaciales, sino veleros y fragatas, y si pidiera una lectura para amenizar, sería “La Narración de Arthur Gordon Pym” de Poe o “Moby Dick” antes que “Crónicas Marcianas”. El océano está directamente indicado en títulos como “Nautical Dub” o “Port Of Call”, e incluso el nombre Porter Ricks fue tomado de aquella película sobre delfines, “Flipper”, que en este contexto incluso puede sonar ridículo, pero la música que facturaron juntos Thomas Köner y Andy Mellwig ni lo fue ni lo es. “Biokinetics” se editó originalmente en 1996 en el extinto sello Chain Reaction, la filial de Basic Channel para proyectos de amigos y conocidos en las fronteras del techno líquido, y hasta hoy había permanecido olvidado en los estantes superiores de la historia. Una injusticia que Type Records ha corregido: por primera vez, además, en un espectacular y remasterizado vinilo transparente.

Crítica

9. Oneohtrix Point Never: “Rifts” (Software Records)

A finales del 2009 el sello No Fun Productions editó “Rifts”, una recopilación que recogía una selección de tracks extraídos de “Betrayed In The Octagon” (Deception, 2007), “Russian Mind” (No Fun Prod., 2009) y “Zones Without People” (Arbor, 2009), los tres primeros álbumes que firmó Daniel Lopatin bajo el alias Oneohtrix Point Never. Partiendo de ese lanzamiento, ahora Software ha lanzado una versión extendida que además de incluir los discos en su integridad profundiza aún más en los archivos de Lopatin. Así pues, además de diversos cortes inéditos, el lanzamiento incluye un buen número de rarezas hasta ahora solo disponibles en casettes editadas por sellos como NNA Tapes, Utmarken y Catholic Tapes. Todo ello repartido a lo largo de 5 LPs o, en su defecto, 3 CDs.

8. Massive Attack: “Blue Lines Remaster” (Virgin)

Mientras esperábamos noticias acerca de sus movimientos en el estudio, Massive Attack anunciaron la reedición de su álbum Blue Lines. Han pasado 21 años desde que la banda de Bristol editara uno de los discos más relevantes de la música electrónica de los noventa, aunque poco importa el tiempo cuando se trata de trabajos con esta solera, pues a día de hoy siguen sonando igual de frescos que entonces. Es lo que han debido pensar en EMI, que el 20 de noviembre relanzó “Blue Lines” en digital, CD y en edición Deluxe. Esta última consiste en una caja que incluye el álbum en CD, en doble vinilo, una reproducción del póster promocional original y un DVD con los temas en audio de alta resolución. Esta nueva edición cuenta con el mismo tracklist que la original, pero sus nueve temas han sido remasterizados para la ocasión.

7. Monoton: “Monotonprodukt 7” (Desire Records)

Contaba Konrad Becker, en una entrevista reciente, que uno de sus pasatiempos favoritos a finales de los setenta consistía en atar el brazo del tocadiscos con una cuerda, calculando intervalos concretos. De esa manera podía escuchar las partes favoritas de sus discos en modo loop, construyendo una banda sonora que le acompañaba durante horas, mientras se iba modificando su percepción hasta el punto de que “los códigos de la música perdían su significado y nuevos significados aparecían”. Semejante anécdota resulta perfecta para entender a un personaje que siempre se ha sentido fascinado por la tecnología y por sus aplicaciones dentro de los distintos campos del arte y de la información, y que de hecho es infinitamente más conocido por su labor como teórico y agitador en el entorno de los hipermedia que por los pocos discos que ha publicado durante su larga carrera. La primera encarnación de Monoton, su heterónimo musical, consiste únicamente en una caja de ritmos, una cámara de ecos y un sintetizador monofónico. Con tan espartano equipo dio forma en 1980 a un primer álbum, “Monotonprodukt 02”, que entre ritmos mecanicistas, melodías extravagantes, efectos especiales, voces despobladas de emoción y algún instrumento real, sentaría las bases para la llegada de su particular obra maestra, tan sólo dos años más tarde.

Crítica

6. Gareth Williams & Mary Currie: “Flaming Tunes” (Blackest Ever Black)

“Flaming Tunes” nunca ha existido ‘de verdad’. Es como un meteorito que, en lugar de aterrizar en algún campo alejado, pasa de largo y jamás lo volvemos a ver. Para entenderlo, primero hay que conocer su historia: se editó por primera vez en cassette en 1985, en una tirada privada y doméstica, para los amigos. Gareth Williams había sido bajista de la banda ‘extraña’ This Heat, y “Flaming Tunes” fue su único material fuera de la disciplina del grupo, antes de dedicarse a viajar, estudiar el hinduismo e instalarse en la India –nunca más volvió a la música y falleció en diciembre de 2001–. Mary Currie era su amiga de la infancia con la que se intercambiaba cartas y que, casualmente también, le acompañó en la composición de estas canciones para nunca más volver a firmar música a su nombre. Si no fue un accidente, lo pareció. Esta cassette, por tanto, tendría que haberse olvidado y perdido, pero la pertenencia de Gareth Williams a This Heat ayudó a que los fans más fieles la rastrearan y la adoraran. Lo que ahora llega, vía Blackest Ever Black, es la primera edición en vinilo, limitada a 1000 ejemplares y con insertos caligrafiados de aquellas primeras cartas en las que Gareth Williams convencía a Mary Currie para tocar juntos y hacer canciones, sin ninguna preocupación añadida.

Crítica

5. GZA: “Liquid Swords. The Chess Box” (Get On Down)

1995 fue un año glorioso para Wu-Tang Clan, a pesar de que ese éxito no se fraguara con material firmado como escuadrón. Tras haber demostrado su valía como formación y haber dotado al hip hop de una nueva dimensión visionaria y concienzuda gracias a “36 Chambers”, dos de sus espadas deciden poner su impronta personal en la historia del género. Primero fue Raekwon con “Only Built 4 Cuban Linx” –que este año también ha sido reeditado y aparece más arriba en esta lista-, al que le siguió “Liquid Swords” de GZA. Geenius, El Genio (porque con minúsculas no le hace justicia), demostraba que su alias artístico no era puro bragging a base de superdotación y filosofía oriental, rasgo que RZA también dejó patente en las producciones de este disco. No extraña que la edición deluxe de este año venga acompañada con un tablero de ajedrez, además de galleta doble e increíbles ilustraciones.

4. Blur: “Blur 21. The Box” (Virgin)

Con motivo del 21º aniversario del lanzamiento de su álbum de debut, “Leisure” (Food, 1991), Blur decidieron lanzar dos cajas muy especiales que se convirtieron rápidamente en objeto codiciado para fans y colecciones, sobre todo ahora que parece que la banda no va a sacar nuevo material. Por un lado anunciaron “Blur 21: The Box”, una caja antológica que incluye nuevas ediciones especiales extendidas de sus siete álbumes de estudio repartidas entre un total de 21 discos. También hay cuatro CDs dedicados a rarezas exclusivas que reúnen tres horas y media de material inédito hasta ahora; tres DVDs con más de dos horas de grabaciones que jamás han visto la luz, con dos conciertos esenciales y un disco exclusivo de rarezas de vídeo; y un sencillo en siete pulgadas de la muy rara y hasta ahora inédita grabación en directo de “Superman”, una canción de la era Seymour. El lanzamiento se completa con un libro de tapa dura que relatará los 21 años de carrera del grupo, con anotaciones extensivas a partir de nuevas entrevistas con sus integrantes, todo ello ilustrado con imaginería de la época, incluyendo, claro, algunas fotografías jamás vistas, así como postales y libretos expandidos para cada álbum. Por otro lado, los amantes del plástico no se quedaron de vacío, pues también salió “Blur 21: The Vinyl Box”, que incluye los siete álbumes de Blur recopilados en una caja dura.

3. My Bloody Valentine: “Isn't Anything” / “Loveless” / “EP’s 1988-1991” (Sony)

Con estas reediciones –las de “Isn’t Anything” y “Loveless” también dos discos, uno con el sonido original y otro con el álbum remasterizado, sin añadidos– queda completa y reactivada la época gloriosa de My Bloody Valentine, limpia y brillante para afrontar el nuevo siglo. De todos los títulos disponibles, el doble CD con los EPs es el que incluye el material más raro: empieza con “You Made Me Realise EP” (1988), la primera grabación para la controvertida Creation Records, sello al que más tarde estuvo a punto de arruinar –y deja por tanto atrás los álbumes y singles entre 1985 y 1988 en Fever Records y Lazy Records, cuando MBV eran en realidad otra cosa–, y prosigue con “Feed Me With Your Kiss EP” (1988), “Glider EP” (1990), “Tremolo EP” (1991) y las caras B del single “Only Shallow” (1991), más la pieza del flexidisc compartido con Pacific ( “Sugar”), una espectacular versión extendida de “Glider” que llega hasta los diez minutos y que había aparecido en el 12” que incluía el remix de Andrew Weatherall de “Soon”, y algunas piezas menores en singles promocionales o directamente inéditas ( “How Do You Do It”, “Good For You”, “Angel”).

Crítica

2. The Weekend: “Trilogy” (Universal)

“Trilogy” es lo primero que llega a nuestras manos por parte de The Weeknd tras su contrato con Universal, pero poco se puede juzgar en lo musical que no se haya valorado ya. Los cambios introducidos en esta versión oficializada de “House Of Balloons”, “Thursday” y “Echoes Of Silence” son escasos. Tres temas inéditos –uno por cada mixtape, cargándose la armonía masónica de los múltiplos de tres– en los que la esencia The Weeknd se ha respetado al cien por cien. Quizás estas tres canciones fueron concebidas al tiempo que el resto del material y quedaron descartadas por alguna razón. Dudo que fueran razones de calidad, me abruma la idea de que “Twenty Eight”, “Valerie” o “Till Dawn (Here Comes The Sun)” puedan ser descartes. De cualquier manera son tres nuevas dosis de curada producción y tres nuevas muestras de songwriting despampanante. Decía Oliver Sim de The xx sobre la manera de escribir de Sade que lo realmente increíble era el modo en el que localizaba emociones complejas y las servía en forma de conceptos simples, como un ejercicio didáctico de inteligencia emocional. No le hago ascos a ninguna de las tres, pero merece la pena escuchar con atención “Twenty Eight” y ver cómo pasa de poder ser un tema de Toni Braxton circa 1995 a poder ser un tema de Sade circa 2000.

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1. Laurie Spiegel: “The Expanding Universe” (Unseen Worlds)

Evidentemente, no es la repanocha comercial, pero desde hace unos años está de moda reeditar trabajos oscuros de algunos pioneros de la música electrónica de corte cósmico y textura primitiva, una corriente que se enmarca en la más perfilada y autosuficiente del revival analógico de nueva creación, a partir del crecimiento de artistas como Rene Hell, Emeralds, Oneohtrix Point Never o Bee Mask. Está tan de moda exhumar rarezas –casi todas ellas tan imponentes que casi obligan a reexaminar la historia– que la cosa ha ido en aumento, y así sellos como RVNG Intl., Public Information, Spectrum Spools o Trunk Records nos han recordado o alertado de la existencia de nombres como F.C. Judd, Robert Turnam, David Cain o Franco Falsini. No sólo eso: de esa ingente cantidad de material pretérito, una parte significativa viene firmada por mujeres, algunas con una carrera asentada y conocida –Suzanne Ciani–, otras fallecidas –Daphne Oram, Delia Derbyshire– y otras de trayectoria larga pero subterránea, casi llegando a extremos de rechazo absoluto de la existencia en la esfera pública. Ése es el caso de Laurie Spiegel.

Spiegel tuvo una participación importante en el desarrollo de la música electrónica de laboratorio en Estados Unidos a finales de los años setenta. Fue incluida por Laurie Anderson en la antología “Women In Electronic Music 1977”, trabajó en la empresa Bell Labs desde 1973 hasta 1979, y en 1980 editó un álbum que para coleccionistas de mucho recorrido se ha convertido casi en un Santo Grial, en una pieza tan difícil que pareciera que nunca hubiera existido. Sí existió, de hecho, en una tirada corta y largamente agotada con el título de “The Expanding Universe”: 45 minutos que cuentan en esa parte de la historia de la música electrónica que no aparece en los libros como una obra pionera el desarrollo de la computer music –los primeros sistemas de síntesis digital: ordenadores, es decir–.

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