Listas

Resumen 2012: las mejores recopilaciones

Seleccionamos el mejor material del año en materia de DJ Mixes, reuniones de hits y cajas compilatorias de escenas y momentos

En nuestro repaso a lo mejor de 2012 llegamos a las recopilaciones. Seleccionamos, por tanto, hasta 30 obras que nos llevan a trayectorias artísticas de un pasado glorioso, rescates de rarezas y los mejores DJ mixes del año.

En un momento en el que triunfa la canción más que cualquier otra cosa, en el que los fenómenos musicales se extienden por la red siguiendo patrones virales y en el que incluso parece que nos interesan más las canciones sueltas que los álbumes, el formato recopilatorio parece más débil que nunca. Pero eso es sólo un espejismo: necesitamos, para poner orden en nuestra estantería y también en nuestra cabeza, un poco de visión retrospectiva y aglutinadora, que es lo que dan los recopilatorios de sellos, escenas y momentos históricos, así como las sesiones de DJ. Material variado que también alegra nuestras horas de escucha. Hemos seleccionado 30 recopilaciones que son, a nuestro parecer, las más destacadas de este año que ya se acaba.

30. Photek: “DJ Kicks” (!k7)

Explica Photek que su idea a la hora de abordar su “DJ Kicks” era volver a capturar la gravedad de los mixes clásicos, aquellos que regalaban en cassette con los ejemplares de Mixmag firmados por Doc Scott o LTJ Bukem, o los primeros que circulaban en CD cuando el fenómeno rave se comenzaba a hacer fuerte. Su idea consistía en abrir los ojos –o la mente, o los oídos– como lo hacían aquellos mosaicos de ritmo musculado y bajos como tendones, siempre rebosantes de frescura, y de entrada este disco suena así: grave, solemne, cargando las tintas en una intro propia ( “Azymuth”), pero rápidamente enseñando una carta ganadora, “In 2 Minds” de Kromestar, que sería para el hombre del dubstep troglodita la respuesta al post-dubstep con aires de banda sonora de suspense de dBridge en su maxi “Love Hotel”. Inmediatamente, Photek se (te) sumerge en la mezcla y con una precisión clínica la va desenredando, tirando del hilo hasta resolver la madeja.

Crítica

29. Varios: “The Minimal Wave Tapes Volume Two” (Stones Throw)

Como en la primera entrega, la selección sigue siendo igual de global: desde Alemania hasta Canadá, pasando por Inglaterra, Francia o los States, cronológicamente, su alcance desborda la época dorada de los sintetizadores analógicos, del 78 al 84, pero sin perder nunca la onda de synth-pop ruidoso y minimalista, que es el leit motiv del recopilatorio. Por ejemplo, “Dirty”, de los ingleses Hard Corps, está influenciado por el new beat belga y “Presidente”, de los atenienses In Trance 95, se acerca a la EBM de Front 242, pero ambos son temas pop. Referencias actuales tan sólo hay una, la californiana Geneva Jacuzzi, amiga de Ariel Pink y John Maus y ochentista como ellos. En comparación, esta segunda entrega suena más pistera que la anterior, que era algo más punkie: ahí tenemos temazos como “Distortion”, de Philippe Laurent, con una línea de bajo memorable, burbujitas melódicas y un vocoder gaseoso que repite un lema genial: “Cherchez la distortion”. Si fuera un anuncio de colonia, ¿quién se resistiría a comprarla?

Crítica

28. Pinch: “MIA 2006-2010” (Tectonic)

“MIA 2006-2010” es una de las mejores recopilaciones del año en materia de música de baile, un pack muy bien seleccionado que traza la carrera de Pinch, un hombre que siempre ha hecho lo que ha creído oportuno, que no se ha escudado en excusas y que nunca se ha preocupado de las demandas o las restricciones de su escena. Para el fan del trabajo inicial de Pinch, este disco es un recordatorio de su versatilidad y ánimo experimental, el tipo de recopilación que te fuerza a reexaminar las opiniones que tenías sobre el artista y te recuerda que siempre hay que estar excavando en el pasado, sobre todo cuando la frenética evolución de la escena cada vez más nos aleja de aquellos tiempos.

Crítica

27. Elbee Bad: “Elbee Bad: The Prince Of Dance Music - The True Story Of House Music” (Rush Hour)

De nombre real Lamont Dozer y autodenominado “The Prince Of Dance Music”, Elbee Bad empezó a producir hace 25 años y pronto se convirtió en una figura capital de la por entonces emergente escena del house underground de Nueva York. A pesar de la influencia de composiciones como “Just Don't Stop The Dance”, incluida en su single de debut, su nombre nunca acabó de consolidarse más allá de los círculos especializados por lo que esta nueva cita con la historia que propone Rush Hour se antoja del todo necesaria para comprender su verdadera dimensión. La recopilación recoge 12 cortes aparecidos originalmente entre finales de los ochenta y principios de los noventa en sellos como Nu Groove, Bassment, City Limits, Easy Street, Red Heat o su propia plataforma LaRhon Records y firmados con alias como L.B. Bad o The Prince Of Dance Music.

26. G.O.O.D. Music: “Cruel Summer” (G.O.O.D. Music)

No todos los invitados a la fiesta están a la altura de las expectativas y las necesidades de la empresa –Big Sean, Cyhi Da Prince, 2 Chainz y Pusha T plantean serias dudas sobre la conveniencia de su militancia en el label de Kanye West–. El baile de nombres entorpece la cohesión y unidad del disco y, sobre todo, en algunas de las letras se acusa la ausencia de drama y conflicto, dos elementos siempre presentes y latentes en aquellos episodios en los que Kanye ha conseguido sus mayores cotas líricas. Es este un Kanye menos presionado y atormentado, y esto transmite una sensación de ligereza al contenido que le resta fuerza en muchos de sus minutos. Pero en contra de lo que muchos vaticinaron, “Cruel Summer” no es un desastre ni tan solo una suma alocada de estrellonas: las cuatro o cinco canciones de peso que sirven de arranque del mismo le salvan la cara al proyecto y, por encima de todo, dejan claro que todavía queda mucho ardor en la infatigable cabeza de Mr. West.

Crítica

25. Varios: “Air Texture vol. 2. Selection by Loscil and Rafael Anton Irisarri” (Air Texture)

El proyecto de Air Texture es, fundamentalmente, el de recetar la mejor música que se está creando actualmente en el campo del ambient etéreo –con puntualísimas escapadas hacia el techno, el aislacionismo ruidista o la música clásica– y empaquetarla en una serie de volúmenes generosos en los que no sólo haya música, sino también presencia imponente de selectors. Cada disco está recopilado por productores de prestigio, que de este modo ofrecen su selección personal a modo de mixtape hecha para un amigo o una novia, lo que debería ser el más férreo control de calidad. En “Volume 2” son Loscil y Rafael Anton Irisarri quienes separan el grano de la paja: el primero es uno de los maestros ambientales más fértiles desde hace diez años; el segundo es un sibarita autoexigente. Un disco que queda en las mejores manos.

Crítica

24. Varios: “Personal Space. Electronic Soul 1974-1984” (Chocolate Industries)

La arqueología musical nunca tiene un final. Siempre hay nuevos yacimientos, vírgenes e impolutos, que excavar con pico, pala y habilidad de digger. Siempre hay una nueva oportunidad para reescribir la historia. Esta recopilación no llega a través de los canales habituales –sellos como Numero Group, Soul Jazz o Finders Keepers–, pero alcanza una ambición muy parecida. “Personal Space. Electronic Soul 1974-1984” se centra en un momento de la historia de la música negra en Estados Unidos en la que la tecnología se empezó a volver barata y accesible, y por tanto dejó su huella en una porción significativa de la producción de aquel momento. Lo interesante de esta colección de piezas, que más recuerda a aquellas viejas colecciones de nuggets que a una exploración a fondo de un fenómeno olvidado, es que rastrea el legado de la electrónica en el soul. El soul en los 70s, en realidad, no estuvo muy marcado por la tecnología, y es por esto por lo que todo este material aparece como una rareza. Son básicamente intentos de hit que no tuvieron ningún éxito (comprensiblemente), y que la historia ha sepultado en su fosa del olvido.

Crítica

23. Varios: “Non Plus Ultra 1980-1987” (Domestica)

El sello barcelonés Domestica Records, fundado por los aplicados diggers y coleccionistas de Sabadell Carles Paneque y Jordi Serrano, edita una jugosa recopilación centrada en desenterrar el legado de las primeras emisiones de la escena proto-techno española en la década de los 80. Se llama “Non Plus Ultra 1980-1987 e incluye composiciones de formaciones subterráneas como U.H.P., TodoTodo, Línea Vienesa, M.A.D. y Autoplex además de los más conocidos Aviador Dro. La gran mayoría de cortes no fueron editados más allá de ediciones caseras en casete, por lo que la compilación es una oportunidad única para descubrir la manera en que la vanguardia musical de nuestro país asimiló estilos como la cold wave, el electro o la EBM.

22. Varios: “FAC Dance 02: Factory Records 12” Mixes & Rarities 1980-1987” (Strut)

La historia de Factory está más que bien documentada; su romántica manera de entender la industria musical, las alegrías y penurias del club Hacienda y las desventuras de su carismático impulsor, Tony Wilson, forman parte del imaginario de cualquier aficionado a la música independiente que se precie. Aún así, cuando uno piensa en el output musical del sello es fácil quedarse en la superficie. Al fin y al cabo, la sombra de Joy Division, New Order o incluso Happy Mondays es demasiado alargada para no oscurecer a cualquiera que se ponga a su vera. La edición el año pasado de “Fac. Dance: Factory Records 12" Mixes & Rarities 1980-1987” a cargo de Strut tenía, pues, un doble componente reivindicativo; por un lado reclamar la importancia de la música de baile en el ethos de Factory y por el otro poner el foco en bandas de popularidad limitada (al menos en comparación con gigantes como los citados anteriormente). La segunda parte llega ahora ofreciendo una perspectiva similar pero introduciendo algunos matices.

Crítica

20. Amon Tobin: “Amon Tobin Box Set” (Ninja Tune)

Empecemos por los datos en frío. Estamos ante una edición limitada en una caja que emula una especie de prensa atornillada de color grafito. Diseño industrial de primera magnitud. Espectacular. Una vez abierto el armatoste, uno se topa con un bufé libre de música amontobiniana en bucle infinito y plagado de caramelos para saciar al fan más exigente. Seis vinilos de 10”, siete CDs, dos DVDs y varios pósters. Material en abundancia en su mayoría inédito o nunca publicado en soporte físico, guardado pulcramente en uno de los cofres más atractivos y mejor diseñados que se han visto en bastante tiempo en los páramos del coleccionismo. En el apartado puramente sonoro, mucha tela que cortar y toda de calidad. Difícil abarcarlo todo. Aquí encontraréis material primigenio que nunca había visto la luz –ideal para conocer al primer molde imperfecto de Amon Tobin–, música para televisión y cine, bootlegs habidos y por haber, el directo de “ISAM” planchado en CD, remezclas, versiones y reinterpretaciones del tracklist de “ISAM” de otros productores.

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19. LHF: “Keepers Of The Light” (Keysound Recordings)

“Keepers Of The Light” es el álbum de debut de LHF para Keysound y no hay sorpresas: la música habla con fuerza por sí misma, más de lo que podría conseguir una cantidad ingente de promoción. Aquí, el colectivo recopila partes de su supuesta colección de más de 1.000 producciones (un segmento parcial de su historia, y que me recuerda mucho a todo lo que se decía de Skream en sus comienzos). El álbum se presenta en formato de doble CD con 26 cortes que alcanzan las dos horas largas de duración –casi tan cargado como la presión a la que nos someten en algunos momentos de su música–. Todas las pistas de sus anteriores EPs están aquí –menos “Triffle”, del segundo volumen–, y así se ofrece la oportunidad de ponerse al día con su trayectoria a quienes no compran vinilo.

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18. Echospace: “Altering Illusions” (Echospace)

“Altering Illusions” mantiene exactamente la evolución del techno glacial / oceánico / volcánico / fluvial post-Basic Channel que caracteriza al sonido de Echospace, con anchos desarrollos ambientales, bajos sumergidos, bombos en la distancia y un fuerte arropamiento con sábanas y mantas de sintetizadores levitantes. Sólo hay dos opciones: o se toma o se deja. Aunque si se ha llegado a este punto, tras decenas de maxis, CDs de tirada limitada, varios directos y dos obras mayores, quien siga en la estela de Echospace ya sabe a lo que se expone y por qué está aquí, y esa pregunta se vuelve irrelevante: la única opción es fundirse, como en una sauna, con el vapor de sus producciones. Un nuevo capítulo –el más largo, y uno de los más hondos– de la particular historia interminable de Echospace.

Crítica

17. Varios: “Only 4 You: The Sound Of Cajmere And Cajual Records 1992-2012” (Strut)

Todo lo que hay en esta antología de Cajual son clásicos básicos: “Dream States” con Derrick Carter, “Feelin’ Kinda High” con Terrence F.M., “Get Up Off Me” con Dajae y el pepinaco de Gemini “If You Got to Believe in Something”. Hipnótico: el desdoblamiento de bombos y cajas sincopadas, la acidez del charles, el speakeasy desacomplejado, el flow popperiano, esos teclado baratos que atufan a Chicago –el chasquido de los dedos– provocaron espinas bífidas en pista. Los dos últimos minutos de todos los anteriores temas son, en sí mismos, compendios de la historia del house. A destacar las lecturas de “Brighter Days” a cargo de ‘Little’ Louie Vega de Masters At Work y del himno gay underground “U Got Me Up” de la mano de Danny Tenaglia.

Crítica

16. Varios: “Shangaan Shake” (Honest Jon’s)

A partir del material original del sudafricano Nozinja y sus artistas más cercanos dentro del proyecto Shangaan Electro, Honest Jon’s comenzó a vincular a diversos agentes protagonistas de la vanguardia electrónica occidental en un proyecto ambicioso de remezclas que, por ahora, se ha extendido a lo largo de un total de ocho maxis en vinilo. A dos artistas por 12” –excepto el de Actress, que se lo agenció él solo con dos remezclas exclusivas–, en total son 15 nombres de primer nivel los que accedieron a recoger el guante y que ahora –episodio final de la cronología– se reúnen en un doble CD que multiplica el efecto y el peso del proyecto. En “Shangaan Shake”, por tanto, no hay nada nuevo si se han ido escuchando antes los EPs a medida que iban saliendo, pero que puede resultar un shock gratificante si se accede al material de primeras y sin previo aviso.

Crítica

15. Four Tet: “Pink” (Text Records)

A lo largo de los dos últimos años, Kieran Hebden ha permanecido atrincherado en Text, en lo que ha supuesto el periodo más fértil del sello desde su fundación. Desde la seguridad del hogar propio ha podido seguir profundizando en su propia visión de la música de baile con una tetralogía de maxis en los que se intuye la búsqueda de nuevas rutas, imaginamos que con el objetivo puesto en un nuevo trabajo largo. “Pink” recoge este recorrido a la vez que permite que los seguidores de Hebden que no consumen vinilo puedan ser partícipes del mismo llevándose a casa material que hasta la fecha solo había estado disponible en plástico negro.

Critica

14. Odd Future: “OF Tape Vol. 2” (Odd Future)

Lo primero que se constata en “OF Tape Vol.2” es que se ha perdido el factor shock de la primera incursión colectiva de Odd Future y de otros lanzamientos capitales del grupo como “Bastard” (Tyler, The Creator) o “EARL” (Earl Sweatshirt). Puede que nuestros oídos ya se hayan familiarizado con sus historias ultra-violentas y sus descargas de testosterona psicópata, o puede que sea un movimiento consciente. Y es que, como apuntan muchos de los cortes de este lanzamiento, parece que el grupo busca profundizar en su universo sin por ello tener que enfatizar los aspectos más perturbadores de su propuesta. Esto último sería, seguramente, meterse en un callejón sin salida, y la falta de perspectiva, ironía y auto-consciencia no es precisamente uno de los defectos del grupo. Aunque la lírica sulfúrica y los beats tenebrosos siguen siendo mayoritarios, resulta obvio que el componente musical de sus composiciones ha ganado consistencia y que el conjunto del lanzamiento rezuma una voluntad de evolución sin por ello traicionar su zeitgeist primigenio.

Crítica

13. Varios: “Trevor Jackson presents Metal Dance: Industrial, Post Punk, EBM, Classics & Rarities 80-88” (Strut)

Este disco, en realidad, no consiste en un recopilatorio de sonido industrial/EBM y de oxidada new wave con el acento didáctico y enciclopédico con el que nos tiene acostumbrados Strut (un sellazo de los de aprender mucho), por mucho que aparezcan temas eminentes de Nitzer Ebb ( “Control I’m Here”), Portion Control ( “Divided”) y Severed Heads ( “Dead Eyes Opened”) en la primera categoría, y de Pete Shelley ( “Witness The Change”), 400 Blows ( “Pressure”), Cabaret Voltaire ( “Seconds Too Late”) o Jah Wobble ( “Invaders Of The Heart”) en representación de la segunda. Más bien es un recorrido por entre los pliegues musicales de la adolescencia de un Trevor Jackson que, por entonces, dejaba mecer su imaginación a través de las ondas hertzianas y el acento inmaculado de John Peel.

Crítica

12. Maya Jane Coles: “DJ Kicks” (!k7)

Este “DJ Kicks” no es más que la consecuencia lógica del ascenso en popularidad de Maya Jane Coles, propiciado por un talento especial en el estudio de grabación –ella se considera productora antes que DJ– y un acoplamiento ejemplar a la fórmula. Suena, tanto cuando produce como cuando pincha, a la continuación natural de un largo linaje de DJs británicos perfectos tanto en la forma como en el fondo: Terry Francis, Craig Richards, Ralph Lawson, estajanovistas del house, ávidos coleccionistas y DJs de raza para los que una sesión era como una lección de historia envuelta con tersura en una exhibición de estilo. Este “DJ Kicks”, que fluye como un río en primavera, es casi una pieza monolítica de exactitud y pulcritud: sólo cuando llega la primera ruptura dubstep, con el “Meant To Be” de Nocturnal Sunshine, se interrumpe una mezcla sin rasgaduras donde el beat se mantiene en la franja de los 120 bpms y lleva como guarnición bajos húmedos, chispazos vocales sutiles, armonías de sinte cuidado y una alfombra de terciopelo bajo los pies.

Crítica

11. Varios: “Festival Electrónica En Abril 2003-2012” (Electrónica en Abril)

La edición de este año de Electrónica en Abril marcó el décimo aniversario del ciclo madrileño. Para celebrarlo, vio la luz un álbum recopilatorio en el que se recogen diez composiciones grabadas especialmente para la ocasión por artistas que han dejado su huella en la evolución del festival. Así, en el tracklist encontramos distintas aproximaciones a la noción de experimentación que van desde el conceptualismo de Eleh o nsi. a la introspección de Thomas Köner o Maja Ratkje, la deconstrucción de parámetros cercanos al rock de Radian o las postales rítmicas de Farben, Dopplereffeckt, Elektro Guzzi, Matmos o SND. Todos ellos repartidos en un doble vinilo transparente con artwork diseñado por Jorge López Conde.

9. John Maus: “A Collection Of Rarities And Previously Unreleased Material” (Domino)

No hace ni un año que John Maus entregó aquel impresionante “We Must Become The Pitiless Censors Of Ourselves” (Upset The Rhythm, 2011) y ya está de vuelta, en esta ocasión de la mano de Domino, con un disco de rarezas y material inédito. Oportunismo, pensarán muchos. Se puede arquear la ceja cuando se lee lo de “caras B y rarezas” en cualquier disco, pero en este caso las suspicacias no se corresponden con la realidad, puesto que este material inédito de John Maus no deja indiferente. El recopilatorio lo componen dieciséis canciones compuestas entre 1999 y 2010 que transitan por distintas etapas del artista y en las que podemos ver su evolución de los sonidos más experimentales a los más oscuros y cercanos al pop nuevaolero con el que ha triunfado (al margen de que sus conciertos sean una experiencia cercana al punk).

Crítica

8. Varios: “Voguing: Voguing And The House Ballroom Scene Of New York City, 1976-1996” (Soul Jazz)

Entre otras muchas cosas, este recopilatorio funciona como prueba de la importancia del contexto en la música popular, frente a las teorías neoliberales que negaban tal importancia en los 80, años en los que el voguing tuvo su momento de máximo apogeo. Es imposible entender la subcultura aquí representada, que es también el hilo conductor que da coherencia a esta colección de temas que van de la música disco de los 70s al house de principios de los 90s, sin prestar atención al colectivo que lo creó y sus características distintivas en cuanto a vestuario, gestos, bailes, relaciones y preferencias, los cuales acabaron influyeron directamente en el tipo de música con el que se les asocia.

Crítica

7. Varios: “American Noise” (L.I.E.S.)

Ron Morelli no se ha dejado nada. “American Noise” ocupa dos CDs, tal como dicen las liner notes, con “temas apenas editados y otros descatalogados” –es decir, esas piezas que tienen los cuatro fanáticos que compran sus maxis de edición limitadísima y un puñado de rescates del cajón de pendientes– y hasta un total de 23 títulos en los que asoman los artistas que han posicionado a L.I.E.S. como un referente del baile retro, o la respuesta desde la Gran Manzana al trabajo nostálgico/arqueológico de Rush Hour o Clone –no hay que extrañarse de que algunos trabajen en ambas costas del Atlántico: Legowelt, Xosar, Marcos Cabral, Professor Genius, Legowelt, Steve Moore, Maxmillion Dunbar, etc.–. Para quien haya ido acumulando algunos de los 12”s de L.I.E.S., nada baratos y aún así ya agotados (casi) todos, buscados con ahínco y frustración, el doble CD incluye material conocido: “Alamut”, de Professor Genius, que ya salió en el álbum “Hassan”, o “Frigia”, de Steve Moore, pero la mayor parte del tracklist son muestras del catálogo escurridizo de la serie en white label. Por tanto, es un regalo para quien se acerque a L.I.E.S. por primera vez o para quien, a falta de ingresos, tiempo o distancia, jamás pudo poner sus manos sobre uno de esos plásticos gloriosos.

Crítica

6. David Sylvain: “A Victim Of Stars, 1982-2012” (Virgin)

A pesar de la existencia de recopilatorios anteriores, “A Victim Of Stars, 1982-2012” los ha convertido en obsoletos en virtud de su exhaustividad, cubriendo todas las etapas de David Sylvian en distintos sellos y con distintos acompañantes, convirtiéndose de este modo en una perfecta puerta de entrada a su universo sonoro. De este modo, partiendo de “Ghosts”, aquí se incluyen sus colaboraciones con Ryuichi Sakamoto en los 80, incluidos momentos tan memorables como “Bamboo Houses”, “Bamboo Music” y, en particular, esa canción pop perfecta y atemporal que es “Forbidden Colours”. Quizás éste haya sido su momento más accesible en una carrera que, sin embargo, se caracteriza por su afán por sonar esquivamente pop, por romper las barreras del formato canción pero manteniéndose al mismo tiempo dentro de sus reconocibles estructuras.

Crítica

5. Kreng: “Works for Abattoir Fermé: 2007-2011” (Miasmah)

A la vez que producía sus discos en solitario, Pepijn Caudron, alias Kreng se ganaba la vida como actor y como compositor de música para la compañía de teatro de la que forma parte, Abattoir Fermé; un material que había permanecido inédito, y que ahora se recopila bajo el explícito título de “Works For Abattoir Fermé: 2007-2011”. Una caja con cinco vinilos que comprende cuatro bandas sonoras para otras tantas obras, y que supone uno de los mayores despliegues (si no el mayor) de dark ambient que han caído sobre la superficie de la tierra en esta temporada. Las dimensiones son cualquier cosa menos contenidas o comedidas. Antes bien, se trata de una obra monumental, que se expande más allá de las tres horas y media de duración, y cuya lujosa apariencia exterior está a la altura de su inmenso contenido: una caja negra con estampados en color plata, que alberga cuatro vinilos con las bandas sonoras y un diez pulgadas de propina.

Crítica

4. The Burrell Brothers: “The Nu Groove Years 1988-1992” (Rush Hour)

Con este “The Nu Groove Years 1988-1992” que edita Rush Hour estamos ante un pedazo de historia de la música de baile moderna, ni más ni menos. Una retrospectiva que, más allá de su obvio valor musical, se antoja del todo necesaria para ayudar a trazar un recorrido que sirva de marco a un torrente de producción cuyo poder unitario podría verse mermado por la dispersión derivada de haber llegado bajo infinidad de alias distintos. Recogiendo 15 cortes (o 21 si sumamos las dos partes en las que se divide la versión en vinilo) de entre las más de 25 referencias que firmaron (juntos o por separado) en la plataforma, el recopilatorio incluye todas las ramificaciones de su sonido. Un sonido que supo beber de las fuentes de Chicago y envolverlas con la sofistificación de la herencia disco neoyorquina a la vez que destilaba el sonido garage house que había nacido unos años antes en el Paradise Garage neoyorquino o el club Zanzibar de Nueva Jersey.

Crítica

3. Can: “The Lost Tapes” (Mute)

Cuando toca abordar un trabajo cualquiera de Can, y más aún una compilación de inéditos y diamantes en bruto como esta caja de tres discos, haberse iniciado en los misterios de la banda permite descubrir estos no tienen nada de misteriosos… Al menos no siempre. Una vez acostumbrados a los ejercicios de Suzuki, Holger Czukay, Michael Karoli y compañía, el aficionado descubre pronto que su forma de diluir las fronteras del pop, del rock y de los experimentalismos diversos partía tanto de su afán innovador, y de la tan cacareada formación clásica de algunos de sus componentes, como de ese carácter festivo, casi de andar por casa, que presidió sus mejores años. Justo las virtudes que “The Lost Tapes” puede evidenciar para aquellos que no las hayan pillado todavía.

Crítica

2. Drexciya: “Journey Of The Deep Sea Dweller I, II & III” (Clone)

Para hablar de “Journey Of The Deep Sea Dweller” no hay que andarse por las ramas: es un trabajo monumental consistente en remasterizar, reordenar y planchar de manera coherente un legado, el del dúo Drexciya de Detroit, que cuenta con títulos tan míticos como “Bubble Metropolis” (1993) –el primer 12” en UR de alusiones geográficas imaginarias al estilo de guerra en el océano, del que aquí se rescatan dos cortes, “Danger Bay” y “Positron Island”– o “The Journey Home”, su ingreso oficial en Warp en 1995 –mismo año en el que Stinson, por separado, editaba también en el sello de Sheffield ese homenaje velado a Kraftwerk bajo el alias Elecktroids–. Los CDs, o dobles vinilos, incluyen temas incluso aparecidos en una miscelánea de artistas de Detroit (“Davey Jones Locker”) e inéditos como “Unknown Journey I” y “Unknown Journey II”.

1. William Basinski: “The Disintregration Loops” (The Temporary Residence Limited)

Diez años después de su primera publicación, William Basinski vuelve a “The Disintegration Loops” recopilando todo su trabajo, que empezó como álbum y continuó como serie en las dos temporadas siguientes hasta consolidar una tetralogía considerada ya mítica y origen de la posterior hauntology: ese sonido lleno de fantasmas, de presencias inmateriales, de evocación nostálgica, de tristeza, de derrota y de refugio en un pasado que se percibe menos hostil que la realidad; música que construía un refugio. “The Disintegration Loops II” se editó en 2003, y los pocos meses llegaron las entregas III y IV; William Basinski se sacudió de encima la obsesión con el 11/S, las víctimas y su propia negatividad y continuó su carrera como uno de los genios menos publicitados pero más respetados del ambient contemporáneo, mientras por sus viejos CDs se pagaban cantidades indecentes en el mercado de segunda mano. Esta caja recopilatoria, que reúne los cuatro álbumes originales en compact y en vinilo, la película arty editada en 2004 con la música original acompañando imágenes temblorosas, dos directos en versión orquestal (Nueva York 2011 y Venecia 2008) y un libro de gran formato con textos del propio Basinski, Antony Hegarty, David Tibet, Ronen Givony y Michael Shulan, tampoco es barata, precisamente: se va por encima de los 200 dólares. Pero si se invierte en ella, se invierte en una maravilla inenarrable.

En total son casi seis horas de magnificencia minimalista, las menores notas, los ruidos más discretos –de erosión y desintegración del sonido, ya ha quedado dicho–, dando forma a una emoción grande, y que ha pasado a formar parte de la colección del 9/11 Memorial Museum, el centro que conmemora el recuerdo y el respeto por la víctimas del 11/S. Las versiones en directo, traducidas a notación para ensembre e interpretadas por The Worldless Music Orchestra la primera y por Alter Ego la presentada durante la 54ª Biennale de Venecia, trazan con más fuerza la conexión con la música de Gavin Bryars y en ese sentido son lecturas menos sorprendentes. Pero todo lo demás, los álbumes originales, siguen conservando hoy, y lo harán eternamente, la gravedad del primer momento, esa solemnidad apoyada en la nota más triste, esa misma nota que cuando se pulsa hace temblar y emocionarse hasta el borde de las lágrimas: algo así como el fulminante si bemol del “Adagio For Strings” de Samuel Barber prolongado durante horas, mientras parece desaparecer dentro de sí mismo. Te destroza.

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