Listas

Resumen 2013: las 25 mejores películas internacionales del año

Aquí va la selección final de la redacción de PlayGround a partir de los títulos estrenados oficialmente en la cartelera española a lo largo de todo el año

Aquí va nuestra lista de las 25 mejores peliculas internacionales (estrenadas comercialmente en España, en cines), y seleccionadas por la redacción de PlayGround. Una mezcla heterodoxa de títulos de género (aunque llegó tarde, “La Cabaña en el Bosque” es un must), grandes obras de autor y una muestra de los mejores blockbusters comerciales. El criterio principal es el que debe ser: la máxima calidad, independientemente del dinero invertido y los números de taquilla.

Nos encanta la lista de este año. Primero, por variada Segundo, porque en ella conviven el mejor cine comercial y las propuestas de autor más arriesgadas. En tercer lugar, porque suma varias películas que han hecho ruido y dividido a la redacción y a los colaboradores, lo que obliga a contener las emociones en busca de la lista más equilibrada posible. Y la cuarta razón es porque un año en el que se estrenan “Spring Breakers”, “The Master”, “The Act of Killing” o “Gravity” es, sin duda, un buen año y apetece dejar constancia. Al cierre de esta lista no hemos podido ver ni “La Vida Secreta de Walter Mitty” ni el primer bloque de “Nymphomaniac”, películas a las que tenemos muchas ganas y que se estrenarán antes de que acabe 2013. A riesgo de dejar fuera dos filmes fundamentales, he aquí nuestra colección de favoritas.

25. “Turistas (Sightseers)"

Director: Ben Wheatley

Sobre el papel, “Turistas (Sightseers)”, la primera de sus películas que no ha escrito Ben Wheatley (los guionistas son los actores que encarnan a la pareja protagonista), es la enésima versión de un relato con pareja enamorada y criminal a la fuga. Pero los parecidos con otras películas en la línea (de “Bonnie And Clyde” a “Asesinos Natos”) se diluyen en una propuesta en la que, como en sus otros filmes, Wheatley no sólo esquiva un patrón y un tono convencionales, sino que experimenta continuamente en ambas direcciones. “Turistas (Sightseers)” no es un híbrido genérico común. Va más allá del cambio ingenioso de género y de registro: brotan simultáneamente la sátira social, la comedia negra y del absurdo (con una apuesta estupenda por el gag visual), el melodrama romántico, la fantasía alucinatoria y el terror, este último tanto en su vertiente psicológica como en la más física. Desirée de Fez

24. “Iron Man 3”

Director: Shane Black

Shane Black recoge el testigo de Jon Favreau en la tercera entrega de la saga “Iron Man” y centra sus esfuerzos en varias direcciones, entre ellas una huida desesperada de la pereza en la escritura de la historia, una búsqueda de nuevas fórmulas para generar espectáculo y una apuesta mayor por el humor que en las entregas precedentes. El resultado es una película visualmente apabullante, con un millón de ideas formales sobre la mesa y donde la acción está rodada con un pulso extraordinario (no hay caos, no hay ruido). “Iron Man 3” prueba, además, la comedia sin miedo, en muchas de sus variaciones (todo lo que tiene que ver con el personaje del Mandarín es directamente antológico), dialoga con el contexto, con la época en la que nace y de la que nace, sin caer en tesis superfluas o falsas trascendencias y, muy importante, demuestra que en el cine de entretenimiento no está todo inventado, que los guiones perezosos son nada más que eso, guiones perezosos. Novedosa, ingeniosa e imprevisible, está llena de ideas, giros y sorpresas que sólo pueden hacerte muy feliz. DdF

23. “Juerga Hasta el Fin”

Directores: Evan Goldberg y Seth Rogen

Al servicio de directores como Judd Apatow, David Gordon Green o Greg Mottola, los protagonistas de “Juerga Hasta el Fin” –el sexteto formado por Seth Rogen, James Franco, Jonah Hill, Jay Baruchel, Craig Robinson y Danny McBride, a quienes habría que sumar a Michael Cera, aquí con un efímero papel hasta que muere atravesado por un poste de telégrafos– se han consolidado como una de las generaciones más brillantes del humor norteamericano. Aquí se interpretan a sí mismos en una situación delirante y escatológica: el Apocalipsis, el arrebatamiento de los justos y la purificación del mundo como una nueva Sodoma llevada por la hipocresía, el lujo y la envidia. Pero más allá del trasfondo catastrofista (con su moraleja final, según la cual, si eres bueno, irás al cielo y tocarán para ti Backstreet Boys), lo mejor de “Juerga Hasta el Fin” son las situaciones dantescas que estallan en carcajada: Cera haciendo de drogadicto ridículo, Hill clavando el perfil de buen tío que le da asco a todo el mundo y, como rey de la comedia, un McBride excesivo que lleva el humor hasta los límites del trazo grueso. Un divertimento entre amigos en el que nos beneficiamos todos: ellos con nuestro dinero (bien invertido) y nosotros con unas risas que nos abrirán las arterias hasta 2020, por lo menos. Javier Blánquez

22. “Después de Mayo”

Director: Olivier Assayas

Película confesamente experiencial en la que el cineasta francés Olivier Assayas recrea con conocimiento de causa, sabiduría y controlada nostalgia el post-mayo del 68. Rodada con la maestría habitual del director de “Demonlover” (2002) y “Las Horas del Verano” (2008) y repleta de diálogos brillantes, “Después de Mayo” sigue el día a día de varios chavales parisinos en los 70, comprometidos de distintas maneras con la situación política y social de su país, para erigirse en uno de los retratos más lúcidos, bellos y dolorosos que ha dado el cine reciente de los ideales juveniles, tanto de los que generan satisfacción como de los que provocan una decepción insondable. DdF

21. “Searching For Sugar Man”

Director: Malik Bendjelloul

Quizá haya sido la revelación más fuerte de la temporada cinéfila, especialmente porque cuando llegó a nuestros oídos no sabíamos nada de ella. Lo que hace de “Searching For Sugar Man” una película especial y no un simple documental sobre música son las canciones que lo acompañan, que parecen haber estado entre nosotros toda la vida. Eso y su protagonista, el cantante estadounidense Rodriguez, una figura misteriosa y atractiva, incomprendida en su país en su momento y que fascinó tanto a la Sudáfrica del Apartheid como fascina hoy día a Occidente. En una demostración de justicia poética que inmortaliza el documental que nos ocupa, el músico pudo emprender una gira por todo el mundo y conseguir, cuarenta años después, que su música fuese por fin reconocida en su país. Un cautivador ejercicio sobre el poder de la música. Álvaro García Montoliu

20. “Bienvenidos al Fin del Mundo”

Director: Edgar Wright

Los protagonistas de “Bienvenidos al Fin del Mundo” son cinco hombres más cerca de los 40 de lo que les gustaría, pero con una oportunidad para volver a ser los héroes de bar que una vez fueron. Dirigida por Edgar Wright, habla de la cuarentena y de las difíciles gestiones entre la vida adulta y nuestro espíritu adolescente, pero también consigue convertirse en una sátira feroz de la gentrificación y una emocionante llamada a la rebeldía etílica. Así, la ciencia-ficción es sólo una coartada para una comedia sobre la camaradería masculina, no exenta de algunos quiebros sentimentales inesperados. La Trilogía del Cornetto (que completan “Zombies Party” y “Arma Fatal”) se despide con un mensaje para todos: las cosas no funcionan exactamente como esperábamos cuando teníamos 15 años, pero siempre podemos contar con una cerveza y unos amigos para olvidarlo todo durante un glorioso momento. Noel Ceballos

19. “De Tal Padre, Tal Hijo”

Director: Hirokazu Koreeda

No se me ocurre mejor director contemporáneo de melodramas familiares que el japonés Hirokazu Koreeda. Lo suyo es directamente sobrenatural. Como ya ha mostrado en películas anteriores como las soberbias “Still Walking” (2008) y “Milagro” (2011), habla con una sensibilidad y una delicadeza fuera de lo común de los lazos afectivos –vinculados o no a la consanguinidad– dentro de la familia. En “De Tal Padre, Tal Hijo” (tremendo título en castellano, por cierto), película rodada con maestría, parte de una equivocación imperdonable para hablar con tanta perspicacia como emoción de la paternidad. DdF

18. “Sólo Dios Perdona”

Director: Nicolas Winding Refn

Hay mucho hater de esta película, y sus razones no les faltan: el gesto invariable de Ryan Gosling, que encaja con el papel de gangster ultra-cool pero no con su fama de tener menos variaciones faciales que Stephen Hawking, la mezcla entre movimiento y silencio que marca el tono de toda la película y que parece un saqueo del nuevo cine asiático, el bajón de sorpresa que se produce con respecto al título anterior de Winding Refn, “Drive”. Pero esos hipotéticos defectos también son virtudes de “Sólo Dios Perdona”, un thriller controvertido, una película de narcotraficantes que buscan y reciben venganza en un triángulo de sangre al más puro estilo del cine de ultraviolencia pero como rodado por Apichatpong Weerasethakul. El director danés se fue a rodar a Bangkok a partir de una idea seminal (unas manos extendidas, que a la vez son parte del comienzo y del final de la película, ambos sangrientos) y le ha salido una cinta esteticista en la que el grueso de la satisfacción viene de la iluminación (hipnótica), la impresión pictórica de cada fotograma (no son escenas, sino cuadros donde casi nadie se mueve) y los brotes de agresividad que, de manera imprevista, rompen el ritmo y lo vuelven frenético. Y mejor que Gosling o su antagonista, Vithaya Pansringarm, está Kristin Scott Thomas en el papel de MILF líder del negocio de importación de caballo del triángulo de oro, una auténtica víbora que provoca asco y fascinación simultáneamente. JB

17. “Antes del Anochecer”

Director: Richard Linklater

Tercera parte del tríptico sobre uno de los breves encuentros más emblemáticos de la historia del cine que inauguró Richard Linklater en 1995 con “Antes Del Amanecer” y siguó con “Antes Del Atardecer” (2004). El director de “Dazed & Confused” (1993) ha desarrollado en tres películas, la primera parcialmente autobiográfica, casi veinte años del romance entre los personajes que Kim Krizan (coautora del guión de “Antes Del Amanecer”) y él imaginaron en la primera entrega: la estudiante francesa Céline (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke), el joven estadounidense al que conoce en un tren y con el que vive un breve pero intenso romance (más intelectual que carnal) en Viena. La capacidad (también la necesidad) del autor de dar una continuidad creíble a un romance de naturaleza caduca y marcar una evolución en los personajes pese a los largos lapsos temporales que separan sus encuentros (en consecuencia, sus reencuentros con el espectador) es admirable. También la habilidad con la que los adapta a los tiempos reflejados en cada entrega y filtra en las rendijas de sus citas lo sucedido cuando no estábamos mirando. No parece haberse separado de ellos desde “Antes Del Amanecer”, ha crecido y evolucionado a la vez que ellos, y la esta tercera entrega, la más amarga y desencantada, respira las conclusiones, las inseguridades, los miedos y las ilusiones de casi veinte años de aprendizaje. DdF

16. “12 Años de Esclavitud”

Director: Steve McQueen

El director de “Hunger” (2008) y “Shame” (2011), cineasta cuyas películas generaban hasta la fecha reacciones intensas o encontradas (las amas o las odias, en ambos casos con todas tus fuerzas), cambia de chip en su tercer largo, uno de los filmes con más números para llevarse todos los premios de la temporada. El brote efectista, sensacionalista y tramposamente provocador de los otros filmes del cineasta desaparece en una película de ejecución impecable que explica con inesperada sobriedad una historia real. Se trata de las tremendas experiencias de Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor), un hombre negro libre del estado de Nueva York que en 1841 fue secuestrado y vendido como esclavo en Washington D.C. Entre los atractivos de la película, la presencia de algunos de los mejores actores en activo: Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch y Brad Pitt. DdF

15. “No”

Director: Pablo Larraín

Primera película que se estrena comercialmente en España del chileno Pablo Larraín, responsable de una aún breve pero extraordinaria filmografía que nadie debería perderse. El director de las interesantísimas “Tony Manero” (2008) y “Post Mortem” (2010), películas que conforman con “No” una trilogía sobre la dictadura chilena, reincide aquí en la fórmula de las otras dos piezas: esquivar la mera exposición y el contraste de datos y agarrarse al género (en este caso la comedia y el melodrama familiar) para recrear de un modo más vivo y con mayor efecto emocional un episodio clave en la historia de su país. Inspirada con libertad en un monólogo teatral inédito de Antonio Skármeta, “No” explica con lucidez y espléndido sentido del humor la elaboración de la campaña publicitaria del NO del plebiscito que, en 1988, acabó con la dictadura de Pinochet. DdF

14. “Star Trek: En la Oscuridad”

Director: J.J. Abrams

Superior a la anterior “Star Trek” (2009), primer acercamiento de Abrams al popular universo de la franquicia gestada en la televisión en los 60, la secuela que nos ocupa tiene absolutamente todo lo que se le puede pedir a un filme espectáculo de sus características y dimensiones, incluso una claridad en la construcción de la trama (por alguna extraña razón, casi todos los blockbusters de los últimos años entran en zona de penumbra, se convierten en un batiburrillo, en algún momento) que no tenía el primer “Star Trek”. Además de un diseño de producción prodigioso, heredero de distintas fuentes cinematográficas y televisivas, “Star Trek: En La Oscuridad” es un filme con personajes que trascienden al arquetipo y son, al menos, lo suficientemente sólidos para que las relaciones entre ellos generen material y/o dejen un mínimo de poso. En la piel de Khan, Benedict Cumberbatch brilla como villano y sube el nivel de carisma del reparto. DdF

13. “Amor”

Director: Michael Haneke

No hay película reciente con un título que le haga más justicia que “Amor”, de Michael Haneke. Las presuposiciones y las lecturas perezosas y superficiales del filme señalan una historia común sobre la vejez, la enfermedad y la soledad en la tercera edad. Evidentemente esos temas están, ya sintetizados en el argumento: la vida de Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva), dos profesores de música clásica jubilados que viven solos en un piso de París, da un vuelco cuando ella sale de una operación con medio cuerpo paralizado. Él se entregará, en cuerpo y alma, al cuidado de su esposa. Pero el tratamiento que Haneke da a la historia es de una profundidad fuera de lo común. El autor esboza con la más absoluta sobriedad, sin subrayados sentimentales y como pocas películas lo han hecho el amor romántico en toda su pureza, dimensión e intensidad. “Amor” es una película durísima que no apela a la emoción epidérmica, que no pretende conmover sistemáticamente o por la vía fácil. Genera emociones más profundas y complejas que salen a flote horas, incluso días después de su visionado. Cuesta recomendarla porque hace daño, porque, pese a la belleza del fondo, no es, como tampoco lo es ninguna otra película del director de “La Pianista” (2001), un trago fácil. Pero lo que cuenta no lo puede contar mejor. Por imposible que parezca, Haneke elimina de la ecuación todas las variables en las que prácticamente cualquier otro director habría caído para contar esta historia. DdF

12. “Tabú”

Director: Miguel Gomes

Pasado, presente y futuro abstracto, realidad y fantasía y pragmatismo y magia se alternan de forma hipnótica en esta sugerente película del portugués Miguel Gomes, una propuesta en la que la fascinación del autor por la imagen es tan evidente como su atracción por la palabra, por el valor terapéutico, escapista e histórico de los relatos de tradición oral. El recuerdo del pasado secreto de una anciana esquiva y temperamental es la puerta abierta a un exótico viaje físico y emocional. Formalmente bella y abierta a una agradable divagación. DdF

11. “La Noche Más Oscura (Zero Dark Thirty)”

Directora: Kathryn Bigelow

Un acontecimiento como el 11-S merecía una película como ésta. Un filme sobre la caza de Osama Bin Laden de casi tres horas y dirigida por Kathryn Bigelow podría dar un poco de pereza (más aún si se es detractor de la cineasta). Pero la directora tumba todos los prejuicios con una película de pulso firme, que avanza implacable hacia un final no por conocido menos impactante. Es, en otras palabras, de una de las grandes películas de nuestros tiempos. Quizá con un único pero: su mensaje, tan norteamericano, de que el fin justifica los medios. Como “24” pero con protagonista femenina y de 157 minutos de duración. AGM

10. “Blue Jasmine”

Director: Woody Allen

“Blue Jasmine” es una película extraña. Tiene un reparto coral (Bobby Cannavale, el Gyp Rosetti de “Boardwalk Empire”, o el ácido humorista Louis C.K. están entre los actores), pero todas las miradas recaen sobre Cate Blanchett, carne de Oscar. Su papel es brillante, tal vez el mejor que haya hecho nunca. La actriz convierte en un personaje icónico a la protagonista, una mujer rica y glamurosa que lo pierde todo y se tiene que ir a vivir con su hermana menor, digamos, más sencilla. Para contar su historia, Woody Allen maneja a la perfección tanto el drama como la comedia. Sin duda, lo mejor que ha hecho desde “Match Point” (2005). AGM

9. “La Gran Belleza”

Director: Paolo Sorrentino

Heredera evidente y confesa del cine de Federico Fellini, “La Gran Belleza” se presta al juego de perderse en un mar de referencias, aprovechando que su director, Paolo Sorrentino ( “Il Divo”, “Un Lugar Donde Quedarse”), exhibe con descaro y orgullo sus influencias, pero sobre todo a otra tentación: implicarse tanto, sentir con tanta fuerza la necesidad de traducir en palabras las emociones que provoca la película, que todo derive en un mapa de adjetivos para intentar describirla. Su naturaleza de película monumental y deslumbrante, de una suntuosidad –estética y emocional– abrumadora, invita a hablar de lo humano y lo divino (conceptos que aquí se cruzan hasta confundirse) desde una postura obscenamente personal e íntima. Una postura tan obscenamente personal e íntima como la que toma el cineasta para montar “La Gran Belleza”, uno de los títulos más interesantes de este año, y la que adopta su protagonista, el periodista sexagenario y hedonista Jep Gambardella (Toni Servillo), para desmontar, intentando hallar entre las piezas los restos de una inocencia que apenas recuerda (entre la vigilia y el sueño) haber tenido, Roma, la ciudad que le rodea y ama y odia por igual, y todas sus vivencias asociadas a ella. DdF

8. “La Cabaña en el Bosque”

Director: Drew Goddard

Antes de “Los Vengadores”, Joss Whedon se embarcó en esta película que finalmente decidió no dirigir –delegó en el co-escritor del guión, Drew Goddard– y que bien pudiera haberlo hecho para incrementar su leyenda de mejor referenciador de la cultura pop en este comienzo de siglo. El punto de partida es tópico –un grupo de adolescentes con la hormona bastante alterada se escapan un fin de semana a una casita en el bosque para drogarse, follar y nadar en el lago–, y el desarrollo no lo es menos: pronto saben de la maldición de la cabaña, empiezan a morir de diferentes maneras terribles. Pero esto no es un slasher convencional: aunque comienza como un subproducto inspirado en “Pesadilla en Elm Street” acaba como un delirio que tiene que ver con el universo Lovecraft si estuviera impregnado de un densísimo humor negro. Así, lo que empieza como la película de asesinatos rituales de adolescentes más trepidante, acaba como la mejor comedia morbosa: derribando el lenguaje de los géneros, fusionándolos en una mezcla insólita. No es lo que parece, y ahí es donde “La Cabaña en el Bosque” se merece una ovación histérica. JB

7. “La Vida de Adèle”

Director: Adbellatif Kechiche

Probablemente le haya hecho bien a nivel comercial, pero no por ello deja de ser una pena que el escándalo (sí, a estas alturas, escándalo) por sus escenas de sexo lésbico y la rumorología sobre el supuesto padecer de sus actrices durante el rodaje (¿desde cuándo eso es motivo para valorar una película?) desmerezcan “La Vida de Adèle”, uno de los filmes más increíbles que ha dado el cine reciente sobre la adolescencia y, sobre todo, sobre el descubrimiento, sobre las primeras tomas de contacto con los grandes aciertos y los grandes dramas (que a veces se confunden) de la vida. Adbellatif Kechiche ( “La Escurridiza, o Cómo Esquivar el Amor”, “Cuscús”) parte del romance entre la Adèle titular y Emma, la chica del pelo azul, para mostrar con una verdad que hiela la sangre el reconocimiento del amor, el sexo, el miedo, la pérdida y la propia fragilidad. Sobre las actrices, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, me sabe mal si sufrieron tanto como dicen haciendo la película, pero egoístamente me alegro porque lo que consiguen aquí no lo logran la mayoría de los intérpretes en toda una carrera. DdF

6. “Django Desencadenado”

Director: Quentin Tarantino

Puro Tarantino: texto glorioso, perfección formal y maestría referencial. En “Django Desencadenado” vuelve a haber monólogos y diálogos para el recuerdo, si bien es cierto que esta vez, salvo por el sublime speech que se marca Leonardo DiCaprio, grandioso en la piel de un pérfido terrateniente, no se trata tanto de los habituales circunloquios chiflados del autor para llegar a las tesis más brillantes como del placer del texto en sí mismo, del regodeo en la palabra para crear clima, marcar ritmo y engatusar. Y, coronándolo todo, el admirable e infalible sentido del espectáculo de Tarantino. Como todas, absolutamente todas, las películas del cineasta, “Django Desencadenado” es un festín visual y sonoro, una obra apabullante que pone contra las cuerdas el ingenio y lo sensacional. No hay tanta acción (entendida como maniobra física, pues a los personajes les va la marcha) como en otras películas del director de “Pulp Fiction” (1994), pero cuando estalla arrasa con todo. Decía Tarantino en una entrevista para Empire que “Django Desencadenado” era “el wéstern más violento desde ‘Grupo Salvaje’. Y es verdad. DdF

5. “The Master”

Director: Paul Thomas Anderson

Paul Thomas Anderson no sólo corrobora con “The Master” que es el mejor director estadounidense de su generación (ahora les gana a Michael Mann y a James Gray), sino que se confirma como uno de los mejores cineastas en activo y un autor que será obligatorio estudiar en el futuro para entender la historia del medio. Hablar o escribir sobre “The Master” es delicado al tratarse de una película cuyo principal don es que no pone las cartas sobre la mesa, que invita al espectador (sin caer en la abstracción y dándole una pauta) a descifrar por su cuenta la conducta de los personajes y las razones por las que interactúan, por las que se necesitan los unos a los otros. Lo recomendable es llegar a ella con la cabeza limpia, sin pistas ni apriorismos, sin una idea cerrada de lo que explica: los comentarios sobre lo supuestamente arisca, inaccesible e incómoda que es (que, además, no son ciertos) hacen tan flaco favor al espectador como a la película. Rodada con una elegancia sublime y una intensidad emocional insólita, con un bloque central abrumadoramente magistral, “The Master” habla de los Estados Unidos bicéfalos de la primera mitad del siglo XX, de las distintas maneras que tiene el ser humano de aliviar su dolor, del poder como un arma de doble filo, de cómo nos definimos a partir del otro y de la necesidad de creer en algo y la frustración al descubrir que no hay nada en lo que creer. DdF

4. “To The Wonder”

Director: Terrence Malick

Puede parecer que Terrence Malick se imita a sí mismo en “To The Wonder”, que lleva su propio lenguaje a unos extremos que rozarían la autoparodia: la lentitud, la fotografía preciosista, las voces en off con dicción suspirante, murmullos dubitativos, rayos de sol que se filtran entre las ramas, esos paisajes que cortan el aliento, las tías buenas, el ansia de amor no correspondido, el esperar tan alta vida que se muere por no morir, que diría Sor Juana Inés. En su filmografía completa, “To The Wonder” está lejos de “La Delgada Línea Roja” y de “Días del Cielo”, y como película hermana a la inconmensurable “El Árbol de la Vida” también palidece. Pero incluso un Malick que se repite es mejor que la mayoría de películas que puedan caer en nuestras manos a lo largo de una década. Aquí se repiten algunos de los temas de “El Árbol de la Vida” –religión o realidad material, la conquista de una salida ante la insatisfacción, la búsqueda desesperada del amor, la frustración por no encontrarlo, los fracasos cotidianos– con una factura técnica impresionante. El manejo de la cámara y las lentes por parte de Paul Atkins es virtuoso, las localizaciones quitan el hipo, el cast actoral embriaga y el uso de la música es sublime –el preludio de “Parsifal” (Wagner) es un motivo conductor de toda la película, que concluye con la Tercera Sinfonía de Górecki y tiene el “Fratres” de Pärt en su corazón–. Más allá de la historia de Affleck y Kurylenko, crónica del enamoramiento y la decepción, de las dudas y los anhelos, lo que queda impregnado en la retina es una sensación insoportable de belleza y percepción poética de la realidad más cruel. JB

3. “Gravity”

Director: Alfonso Cuarón

A su paso por el Festival de San Sebastián, donde presentó “Gravity” junto a Alfonso Cuarón, su padre y director de la película que nos ocupa, el guionista Jonás Cuarón explicaba lo siguiente: “Queríamos que el filme fuera una experiencia casi subjetiva y lograr dos cosas a la vez: que el espectador estuviera subido a una montaña rusa durante noventa minutos, inmerso en un viaje adrenalínico, y que a la vez se involucrara de una forma más emocional. Pensamos que si simplificábamos mucho la narrativa podíamos crear algo más catártico, una experiencia más real”. Y ésa es una de las claves del filme: ofrece al espectador la posibilidad de la experiencia, de sentir de forma epidérmica los azotes, las calamidades y los brotes de adrenalina de una aventura espacial objetivamente fantástica y subjetivamente real. La inmersión del espectador en la película no sólo es resultado de estrategias formales, como el fantástico uso del 3D. También se debe al texto, a una composición equilibrada de su aparato emocional. Como la mayoría de las películas de ciencia-ficción, invita a cavilaciones profundas y metafísicas, pero no es una propuesta de naturaleza reflexiva: expone y provoca con habilidad emociones básicas, directas y universales. DdF

2. “The Act of Killing”

Directores: Joshua Oppenheimer y Christine Cynn

Avalado por críticas excelentes, numerosos premios en festivales y la entusiasta aprobación de Werner Herzog ( “no he visto una película tan poderosa, surrealista y aterradora en al menos una década”, afirma el director alemán, que aparece acreditado como productor ejecutivo), el extraordinario documental “The Act of Killing” reconstruye una masacre de supuestos militantes comunistas en Malasia de la mano de uno de sus verdugos, Anwar Congo, que se encargó personalmente de muchos de los asesinatos, acompañado en un terrorífico retrato coral de sus colegas, cómplices y colaboradores en tan espantosa masacre. En una decisión que estimula la gran línea de reflexión del filme, el increíble alcance del lenguaje cinematográfico, los responsables de “The Act of Killing” (que también dedican parte de la película a contextualizar a sus protagonistas y mostrar su día a día) se sirven de los mecanismos de la ficción para reactivar la memoria de los protagonistas, provocar que encaren sus respectivos pasados de distinta manera y, en algunos casos, conseguir que los crímenes que un día cometieron les resulten tan aterradores como al resto de los mortales. DdF

1. “Spring Breakers”

Director: Harmony Korine

Relato del spring break de cuatro adolescentes con ganas de marcha, de unas vacaciones ultra-hedonistas que mutan en viaje criminal, la película de Harmony Korine tiene más ganchos epidérmicos –y jugadas maestras– que sus anteriores trabajos. Eso no la hace más simple, pues “Spring Breakers” es un filme extraordinariamente complejo, arriesgado y extraño, pero sí más atractiva. El responsable de “Gummo” (1997) se agarra a técnicas de seducción de choque e infalibles, entre ellas la sexualización de las ex chicas Disney Selena Gomez y Vanessa Hudgens (coprotagonistas de la película junto a Ashley Benson, popular en Estados Unidos por la serie “Pequeñas Mentirosas”, y Rachel Korine, esposa del director), aquí mutadas en peligrosos objetos de deseo, eternamente en bikini y seducidas por el crimen. ¿Qué hay de maniobra comercial en ese gesto, en convertir al icono pop infantil en sex symbol de extrarradio? Pues muchísimo: es evidente que Korine, director que hasta ahora se había movido en un cine minoritario, utiliza esa atractiva perversión como estrategia para llegar a más espectadores. Pero no es un gesto gratuito. La elección/corrupción de esas chicas tiene todo el sentido porque “Spring Breakers” es, entre otras cosas, una celebración deliciosamente obscena y peligrosa de la cultura popular de los últimos años, algo que se refleja absolutamente en todo, desde la música (Cliff Martinez y Skrillex firman una banda sonora en la que también suena, por ejemplo, “Everytime”de Britney Spears, convertida en la melodía de una gloriosa secuencia musical) hasta la estética del conjunto, heredera por igual del estilo de los vídeos de YouTube y las fantasías pop más sofisticadas. Fotografiada por Benoît Debie, responsable del look de películas como “Irreversible” (2002) y “Enter The Void”(2009), ambas de Gaspar Noé, “Spring Breakers” es visualmente una burrada (en el buen sentido). Hipnótica, fluorescente y extrañamente etérea, convierte la atmósfera en reflejo de la peligrosidad, el deseo y la lascivia de los personajes.

Más que esa celebración pop, “Spring Breakers” es también una afilada captura del deseo juvenil y un original relato criminal. Como deja bien claro su tono alucinatorio, no estamos ante un retrato de la adolescencia (ni siquiera de una parte de ella), pero sí ante una propuesta que destila desde el género puro –en concreto desde el thriller sexual con chavales– y regodeándose en los límites de las intensísimas pulsiones de la adolescencia. La euforia, la celebración de la inconsciencia, el deseo sexual sin modular, la atracción por lo desconocido y lo prohibido… Todas esas variables se acumulan en “Spring Breakers” y contribuyen a la intensidad de una historia criminal estructurada como una especie de película-canción, con estribillo incluido. Una locura. DdF

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar