Listas

Resumen 2012: los mejores libros (ficción)

Un recorrido por 25 novelas que nos han alegrado nuestras mejores horas de lectura en el año que se acaba

Empezamos a repasar los libros del año, concretamente 25 títulos de ficción (casi todo novelas y alguna excentricidad postmoderna) que han ocupado nuestras mejores horas de lectura. Aquí van.

La cosecha literaria de 2012 demuestra que puede que el mundo esté en crisis, pero está claro que la literatura no. Porque no sólo se han publicado buenos libros, sino que se han publicado la clase de libros que, tarde o temprano, consideraremos clásicos. Veamos, tenemos esa terrorífica oda al insomnio que firma Blake Butler y que titula simplemente “Nada” y la reinvención de la novela juego, la novela aventura, llevada a cabo por Miqui Otero en “La Cápsula Del Tiempo” (el libro con 37 finales); y la resurrección de Ana Frank (el comeback de Shalom Auslander), la primera novela de quien sin duda está llamado a convertirse en uno de los escritores norteamericanos de la década (Donald Ray Pollock) y la confesión de Kristin Hersh y la más brillante de las novelas del autor ucraniano del momento (Yuri Andrujovich) y un ceniciento paseo por el lado más salvaje de la Transición española, ¿o es que ya nadie se acuerda que el año empezó con “El Jardín Colgante”, de Javier Calvo? Sigue leyendo y descubrirás nuestros libros favoritos de 2012.

25. Shalom Auslander: “Esperanza: Una Tragedia” (Blackie Books)

¿De qué nos suena Shalom Auslander? Oh, sí, es el tipo de “Lamentaciones De Un Prepucio”. El tipo con un trauma del tamaño de un transatlántico por culpa de Yahvé, al que consideraba lo más parecido a Godzilla que podamos imaginarnos. Creció siéndole terriblemente devoto por miedo a quedar sepultado por su ira, o eso cuenta en su citado primer asalto. Ahora llega el segundo, “Esperanza: Una Tragedia”, la historia de un padre de familia que huye a un perdido pueblo de Estados Unidos, para alejarse definitivamente de lo que ha sido su vida (asfixiante), y para tratar de olvidar que forma parte de un pueblo maldito (y también, asfixiado). Pero la cosa se complica cuando un día cualquiera, el bueno de Shalom Kugel empieza a notar un olor bastante desagradable proveniente del desván. Kugel, cuyo terapeuta cree que tipos como Hitler han sido los mayores optimistas de la historia por haber imaginado una solución final, se atreve un día a internarse en tan aislado lugar de la casa y descubre a una mujer francamente desaseada que dice llevar viviendo allí más de 40 años. Y ser nada menos que la mismísima Ana Frank. Sí, Ana Frank está viva, es tremendamente vieja y huele mal.

24. Antonio J. Rodríguez: “Fresy Cool” (Mondadori)

El protagonista de la primera novela de Antonio J. Rodríguez es el propio Antonio J. Rodríguez. Un tipo que no teme a los espejos. Ni siquiera a los espejos que escribe él mismo y que sirven menos de lo que parece a la autobiografía y más a la visión irónica del mundo en el que le ha tocado vivir. Un mundo de escritores, periodistas y decididamente pocos lectores tan salvaje por momentos como curiosamente aniñado. Pero vayamos al grano. En “Fresy Cool”, Antonio J. Rodríguez es Pleonasmo Chief, el penúltimo hype del panorama literario español. Pleonasmo también es crítico cultural en un periódico de izquierdas y, más tarde, será profesor de literatura en la universidad. Odia el ambiente literario en el que se mueve; en realidad detesta a todo el mundo excepto a Lola Font, el amor de su vida. Lola es, como él, el penúltimo hype, sólo que en femenino, del momento. Juntos, planean comerse el mundo antes de que el mundo se los coma a ellos.

23. Jonathan Ames: “¡Despierte, Señor!” (Principal de los Libros)

Sí, Jonathan Ames es el creador de la siempre apetecible “Bored To Death”, la serie en la que, el a veces aborrecible Jason Schwartzman, es un escritor en horas bajas al que se le ocurre meterse a detective privado después de un empacho de novelas de Raymond Chandler. Y el protagonista de la primera novela que llega a España de Ames –ex boxeador, escritor y cómico neoyorkino (es un habitual del show de David Letterman)– es un tipo que cree que tiene un mayordomo llamado Jeeves tras sufrir un empacho de novelas de P.G. Wodehouse. Su nombre es Alan Blair, y como el Jonathan Ames de “Bored To Death” también es escritor, un escritor al que no se le ocurre nada sobre lo que escribir, un escritor que vive en casa de sus tíos hasta que sus tíos se cansan y lo echan. Entonces, Blair emprende un accidentado y divertido viaje hacia una colonia de artistas en Saratoga Springs. Allí se enamora de una nariz. La nariz de una chica guapísima que no es en absoluto trigo limpio. Pero Alan está acostumbrado a vérselas con todo tipo de gente. Hasta con un mayordomo que con toda probabilidad ni siquiera existe pero con el que finge ir a todas partes y que no deja de repetirle que despierte. Desternillante.

22. Momus: “El Libro de las Bromas” (Alpha Decay)

Sebastian Skeleton está en la cárcel. Ha cometido algún tipo de delito (un delito misterioso) y está en la cárcel y a veces escucha conversaciones que no debería escuchar y entonces ocurre que se mete en líos, que es lo mismo que decir que hace amigos. ¿Qué clase de amigos? Pederastas y asesinos. En concreto, uno de cada. Amigos a los que poder contarles que su padre acostumbraba a jugar al ajedrez con su pene y que su madre le dejó cuando descubrió que se estaba tirando a una oca. También les cuenta que después de dejar a su padre, su madre se lió con una mujer. Una mujer llamada Joan, como ella, que vestía exactamente como ella y que durante una época llegó a parecer ella. Es decir, que ni siquiera Sebastian era capaz de decir cuál de las dos era su madre. Lo que provocó que su padre se enamorara de la segunda Joan e iniciara una aventura con ella que acabó de la misma forma que la primera (con Joan descubriendo que su apuesto amante la estaba engañando con una oca). A todo esto, esa otra Joan llegó a hacerse rica, realmente rica, haciendo apuestas estúpidas (apuestas sobre atreverse a tocarle las pelotas a determinado banquero, que, demonios, acaban con la vida de abogados que se atreven a cortarse la cabeza a sí mismos), pero, ¿qué hay del pederasta y el asesino? El pederasta y el asesino discuten siempre. Y hablan de follarse, con ganas y despacito, a la hija de cualquiera. La primera novela de Momus (el bloguero, periodista y cantautor escocés Nick Currie) es escandalosamente perversa.

21. Geoff Dyer: “Yoga Para los Que Pasan del Yoga” (Mondadori)

A Geoff Dyer le gusta subirse a aviones. Le gusta viajar. También le gusta emborronar libretas cuando lo hace. Por eso siempre a la vuelta tiene material que publicar. Si en vez de un libro, lo de Dyer fuese una película, un documental, un Callejeando por el mundo, podría venderse de la siguiente manera: Del creador de la fascinante “Amor en Venecia, Muerte en Benarés”. Pero los libros de Geoff Dyer no necesitan ese tipo de marketing agresivo. Son demasiado honestos para necesitarlo. Así que, he aquí un puñado de páginas que contienen un puñado de viajes. A medio camino entre la crónica psicológica y la geográfica, Dyer narra su paso por Ámsterdam, Camboya, Roma, Indonesia, Nueva Orleans, Libia, Detroit y Ko Pha-Ngan. Apto para todos los públicos, especialmente los viajeros.

20. Irvine Welsh: “Col Recalentada” (Anagrama)

Nuevo libro del escritor hooligan al que ama hasta el incorruptible Chuck Palahniuk. Puro realismo sucio, sucísimo, escocés, un Carver que ha cambiado el motel por el fútbol en el pub y la perdición por la asfixia del fracaso ineludible y la inevitable fatalidad de cada una de las decisiones que tomamos. Aquí reunidos siete relatos (atentos al primero, “Una Avería En La Línea”, porque es uno de esos relatos que no se olvidan, en la línea del indescriptible “Tripas”, incluido en la novela “Fantasmas” de, sí, otra vez, Palahniuk) y una breve nouvelle ( “Miami Soy Yo”) que recupera al profesor Blackie y a algunos de los protagonistas de “Cola”, de la época en la que Welsh era aún agente inmobiliario y trataba de olvidar (tecleando por las noches) que había tenido un pasado, esto es, la época en la que escribió “Trainspotting”. Publicados todos (menos la citada nouvelle) en inencontrables revistas de los 90, resucitan en una inigualable colección (más en la línea de “Éxtasis” que de “Si Te Gustó La Escuela Te Encantará el Trabajo”) altamente disfrutable. Más aún, brutal.

19. Kristin Hersh: “Rat Girl” (Alpha Decay)

Sí, la autora de este libro es Kristin Hersh. Sí, la ex líder de Throwing Muses. Pero no es un libro sobre música. Es un libro sobre la vida. Sobre tener 19 años y descubrir que estás loca. O que eres bipolar, que viene a ser un poco lo mismo, coloquialmente hablando. Pero la cosa es aún peor porque no sólo es un libro sobre tener 19 años y descubrir que eres bipolar, sino que también es un libro sobre tener 19 años y descubrir que estás embarazada. Porque eso fue lo que le pasó a Kristin Hersh en 1985. Las dos cosas a la vez. Y, oh, claro, estaban Throwing Muses, despegando. Así que, ¿qué podía hacer ella? Mezclar antidepresivos con vitaminas para el embarazo. Y tratar de que su banda se convirtiera en algo grande. Oh, e ir pensando nombres para su futuro bebé. Hersh, que había fundado la banda convencida de que era posible “tocar” el dolor ajeno, reconstruye el diario que escribió durante ese 1985, a todas luces El Peor Año Que Una Chica De 19 Años Puede Imaginar cuando está intentando convertirse en una estrella del grunge-pop. Un diario que se lee como una novela, casi como una novela de Hubert Selby Jr, sobre las miserias de todo aquello que las estrellas nos ocultan.

18. James Frey: “El Último Testamento” (Mondadori)

“No era especial. Solo un chico blanco. Un chico blanco cualquiera. Pelo castaño, ojos marrones, estatura media, peso medio. Igual que otros diez, veinte o treinta millones de chicos blancos estadounidenses. Nada especial”. Así arranca el polémico (polémico porque es algo así como la versión novela del “Gay Messiah” de Rufus Wainwrigth) cuarto asalto (segundo que llega a España) de James Frey, el tío de “Una Mañana Radiante”, la desestructurada historia de diversos fracasados un Los Ángeles más parecido a las tierras baldías de “The Walking Dead” que a lo que nos promete Hollywood. Con aspecto de documental literario (monólogos de tipos y tipas que cuentan lo que saben del chico nada especial en cuestión) en technicolor (lo que dice el mesías está en rojo, el resto en negrita) y sobredosis de cristianos (obviamente, algunos de los personajes creen más de la cuenta y se dan de bruces con la freyniana realidad: el profeta no es lo que ellos esperaban, o el mundo, nuestro egocéntrico mundo, lo ha vuelto así), la novela supera con creces a su antecesora en ambición y se lee como se leería un caramelo si (pongamos que sí) pudiera leerse.

17. Santiago Lorenzo: “Los Huerfanitos” (Blackie Books)

La primera novela de Santiago Lorenzo se titula “Los Millones” y la sinopsis de la contracubierta es enorme. Juzgad vosotros mismos: “Marzo de 1986. A uno del GRAPO le tocan 200 millones de pesetas en la Lotería Primitiva, No puede cobrar el premio porque no tiene DNI”. Cuando una novela promete algo así sólo quiere decir: DEMONIOS, VEN AQUÍ, PASÉMOSLO EN GRANDE. Y la cosa ha ido a más. Blackie Books acaba de publicar la ya de culto “Los Huerfanitos”, versión cañí (con risas enlatadas, a lo Jardiel Poncela) del cine (familiar) de Wes Anderson, protagonizada por los Susmozas, tres hermanos que odian el teatro y se meten a hacer teatro. Pero lo hacen por una buena causa. El padre ha muerto y ha dejado en herencia a sus hijos un teatro colmado de deudas que los pequeños (y desafortunados) Argimiro, Bartolomé y Críspulo se ven obligados a salvar. ¿Lo conseguirán? ¿Serán capaces de poner en marcha en tan sólo cinco meses una obra desastrosa que han dado en llamar “La Vida” y que lo único que promete es un fracaso absoluto? ¡Deben hacerlo! Si no, les retirarán la subvención y el teatro se irá al otro barrio con el viejo Pignalle.

16. Stephen King: “22/11/63” (Plaza & Janés)

Jake Epping es un aburrido profesor de instituto que acostumbra a dejar los exámenes a medio corregir para escaparse al Diner de Al a devorar una Granburguesa. Como es el único en el pueblo que no cree que las Granburguesas de Al estén hechas de carne de gato (todo el mundo las llama Gatoburguesas), no es de extrañar que Al piense en él cuando llegue el momento de compartir su Gran Secreto. ¿Y cuál es su Gran Secreto? Oh, el diner de Al tiene una despensa. Pero no es una despensa cualquiera. Es una despensa Marty McFly. Esto es, una despensa máquina del tiempo que parece sacada del Día de la Marmota. Porque siempre te lleva al jueves 9 de septiembre de 1958. Y te trae de vuelta dos minutos después. Aunque tú puedes pasar tantos años como quieras en ese otro mundo del pasado. Por eso, Al envejece por momentos. Es decir, ayer por la tarde tenía 57 años y hoy pasa de los 60 y está a punto de morirse. Cuando el médico le dijo que no podía hacerse nada por el cáncer de pulmón que padecía ( “Creéme, Al, no es suficiente con que dejes de fumar”) decidió que cambiaría el mundo. Que viajaría a 1958 y permanecería allí hasta el 22 de noviembre de 1963 e impediría el asesinato de Kennedy. Pero tuvo que volver. Conoció a Lee Oswald, sí, pero tuvo que volver. Porque se estaba muriendo. Pero Jake es joven y no se está muriendo y nadie va a echarle de menos porque su mujer se ha liado con un compañero de Alcóholicos Anónimos, así que Al le propone que acabe lo que él empezó. Que viaje a 1958 y espere hasta 1963 y mate a Oswald. Y Jake acepta el reto.

15. Miqui Otero: “La Cápsula del Tiempo” (Blackie Books)

Imagina que TÚ eres el protagonista de una novela. Sí, TÚ. Colega, TÚ, sí. Como en aquellas viejas historias de Elige Tu Propia Aventura sólo que pasando de monstruos y de islas del tesoro y de ese tipo de cosas de críos y adentrándonos en La Noche Barcelonesa, así, con mayúsculas. TU cometido será el de llegar al lugar en el que has quedado con tus colegas para desenterrar una cápsula del tiempo, una de esas cajas que se llenan de cosas de otra época y que se entierran y se dejan reposar durante años (en este caso, 20) para acabar siendo desenterradas y devueltas a la vida cuando esas cosas ya se han pasado de moda y resultan más nostálgicas que un Gizmo en Navidad. Hablando de Navidad, todo ocurre, todo TE ocurre, la Noche de Reyes, la Noche de Reyes de este año, 2012, y en tu camino se cruzan tipos que dicen poseer exultantes máquinas del tiempo y que te proponen viajes al pasado como quien propone cruzar la calle y entrar en el primer bar que encontréis a tomar un carajillo, y otros chiflados por el estilo. Su autor es el (pop) autor de “Hilo Musical” que define este, su segundo asalto, como un Elige Tu Propia Aventura 2.0.

14. Manuel Vilas: “Los Inmortales” (Alfaguara)

Corman Martínez, el último comunista, pasa la Nochebuena de 2013 viendo “El día de la Bestia” y “Los Lunes al Sol” simultáneamente, en dos televisiones, creyendo que su visionado le dará una idea de las dos Españas, la España de la reflexión y la del esperpento, mientras charla sobre ello con Manuel Vilas, el escritor, que aún no tiene ni idea de que en exactamente 27 años, es decir, en 2040, le invitarán a una lectura en la Luna y tendrá que ponerse un traje ridículo. Recordará Vilas ese día que una vez cenó con el rey Juan Carlos I y que durante esa cena conoció a una aspirante a poeta que le cantó “The Man Comes Around” de Johnny Cash. Por su parte, Juan Pablo II, a quien su fiel compañera, la Madre Teresa de Calcuta (Mother T), llama Ponti, se vuelve adicto a la visita a la sección de electrodomésticos de El Corte Inglés y al tacto de los neumáticos nuevos y acaba teniendo un Coche Fantástico (idéntico al Kit que conducía Michael Knight), mientras Virgilio y Federico García Lorca, que han escapado del Purgatorio, veranean en Cambrils y toman helados de leche merengada. Un puñado de rocambolescas misiones de caballería andante del siglo XV en el siglo XXI. El enfrentamiento definitivo entre Tragedia y Comedia. La Galaxia Shakespeare frente a la Galaxia Cervantes. Una lisérgica aventura en la que el consumismo y su amo, el temible Capital, tientan a la Muerte. Eso sí, a la española. Y de paso, le piden al bueno de Corman que visite todos los McDonald's de la Tierra.

13. Tao Lin: “Robar en American Apparel” (Alpha Decay)

El protagonista de “Robar En American Apparel”, deliciosa y vibrante nouvelle que precede a la desesperanzada “Richard Yates”, convierte a un tipo que se parece mucho al Haley Joel Osment de aquella (y por extensión, al autor) en Sam, un tipo que trabaja en un lugar horrible (un restaurante de comida orgánica) que en realidad no está tan mal, aficionado a robar en todo tipo de sitios (en especial, sí, American Apparel, el lugar donde primero le pillan y le mandan a comisaría, le hacen pasar una noche en una celda, con tipos que están francamente mal de la cabeza, aunque a Sam le da lo mismo, Sam es un estoico, el tiempo pasa, todo son experiencias, y ninguna está del todo mal, pero tampoco nada es increíblemente emocionante) y que de vez en cuando sale con sus amigos y se acuerda de Sheila, su ex, con la que vivió una temporada fuera de Nueva York (sí, todo apunta a que Sheila es en realidad la Dakota Fanning de “Richard Yates”) y a la que le gustaba dibujar hámsteres. Pero todo le da igual. Porque nada es lo suficientemente importante. Una versión fría (quirúrgica) y extremadamente nihilista (de un nihilismo virtualmente imperfecto) de las primeras novelas del tierno Douglas Coupland, o la reencarnación (post-pixelada) de Samuel Beckett.

12. Jean Rolin: “El Rapto de Britney Spears” (Asteroide)

Cuando Britney Spears recibe amenazas de un supuesto grupúsculo islamista, los servicios secretos franceses (por qué no) envían a Los Ángeles a uno de sus hombres. El agente en cuestión no parece el más adecuado: no conduce, fuma, lo ignora todo de la Hollywood y sus estrellas, tiene cierta tendencia a la neurastenia y hasta se parece un poco al escritor Jean Rolin. Sin embargo, hará todo lo posible por ponerse al día rápidamente: se introducirá en el mundo de los paparazzi, frecuentará Sunset Boulevard y Rodeo Drive y se convertirá en un especialista en Britney Spears y en la red de transporte público de la ciudad. Porque, claro, no conduce. Y no conducir en Los Ángeles es algo así como ser un pequeño peluche abandonado. “El Rapto de Britney Spears” es más que una novela, es una radiografía de Los Ángeles, hecha por un escritor que, como el detective, tuvo que vérselas con la cruel red de transporte público de la ciudad.

11. Joost Vandecasteele: “Por Qué el Mundo Funciona Perfectamente Sin Mí” (Tropo Editores)

Joost Vandecasteele es un tipo muy famoso allá en Bélgica. Antes de publicar su primer relato ya lo era. ¿Y por qué? Porque es un cómico televisivo. Pero sólo tiene 31 años. Y sus relatos hablan de tipos de 31 años que se parecen peligrosamente a un cómico muy famoso de televisión. Tipos que viven en un mundo en el que las ciudades crecen hacia arriba, a partir de los cimientos de un centro comercial maravilloso (llamado CityBis). Esto es, sus protagonistas viven en los apartamentos que ocupan alguna de las más de 200 plantas que tiene dicho edificio, del que nunca nadie tiene por qué salir porque, ¿qué demonios va a encontrar ahí fuera que no pueda encontrar aquí dentro? El caso es que en un sitio tan maravilloso como ese puedes encontrar desde Fantas de chocolate (la terriblemente adictiva Fanta Brown) hasta leche con sabor a cola. En un mundo así, surge una nueva secta cada 15 minutos y el Gobierno está planteándose lanzar un proyecto de ley según el cual el país se convertiría en un estado confesional que cambiaría de religión cada semana, a la espera de que, harto de todo, Dios bajase un día y les gritase: “¿QUERÉIS DEJAR DE HACER ESO? YO OS DIRÉ LO QUE TENÉIS QUE HACER”. El caso es que los protagonistas de los relatos de Vandecasteele son muy parecidos a los personajes de los primeros libros de Douglas Coupland, treintañeros incapaces de mantener una relación sentimental (porque prefieren la amistad a cualquier tipo de situación que implique un desgaste emocional y la pérdida de su absurda independencia, y es absurda porque no es tal), perdidos en un mundo que se aleja a pasos de gigante del que conocieron en su infancia y en el que la sensación de irrealidad es constante.

10. Blake Butler: “Nada. Retrato de un Insomne” (Alpha Decay)

Cuando era niño, Blake Butler compraba cómics de Batman que nunca leía. Tenía un montón de granos y la sensación de que bastaba con comprar los cómics para leerlos o para poder figurar como lector de cómics en la lista inconsciente que creía que todo aquel que conocía podía estar haciendo en ese preciso instante. El caso es que mucho después, Blake Butler dejó de dormir bien. Y luego escribió un libro en el que contaba lo que eso supuso. Un libro en el que reflexiona con agónico detenimiento sobre los orígenes, procesos y efectos del insomnio en su propia persona, y que está a medio camino entre el ensayo, la novela y un ejercicio grafómano de ansiedad. Terrorífico, narcótico, abismal, profundo, brillante. Muy, muy brillante.

9. Alessandro Baricco: “Mr Gwyn” (Anagrama)

Mr Gwyn ha decidido dejar de escribir. Era escritor, un escritor famoso, y está harto. Harto de su oficio. Parecía imposible pero ha ocurrido. El último artículo que firma para The Guardian se titula 52 cosas que no volveré a hacer jamás. Y entre ellas se encuentra la de escribir una novela. Su agente y buen amigo Tom no acaba de creérselo. “¿Qué? ¿Me estás dejando, Jasper? ¿Me estás diciendo que mi mejor autor me deja, así, sin más?”, le espeta, al enterarse. Jasper Gwyn dice que lo que quiere ahora es ser copista. Pero copista de personas. Que va a alquilar un estudio y va a escribir retratos, por encargo, como los pintores. No sabe qué esperar de su nuevo proyecto, porque la idea, en un principio, es dejar que el personaje en cuestión pasee por el estudio, desnudo, cuatro horas cada día, durante 31 días. ¿Qué hara Jasper Gwyn mientras tanto? Ni siquiera él lo sabe. Pero su intención es la de devolver al retratado a casa, devolverle mediante un retrato. Un misterio, sí, como el que constituye el propio Mr. Gwyn. Una auténtica joya de final de temporada.

8. Miguel Noguera: “Ser Madre Hoy” (Blackie Books)

Leer a Miguel Noguera no es lo mismo que vivir a Miguel Noguera. Es decir, sin él en escena, sus ideas resultan aún más absurdas que con él en escena, pero, ¿qué tiene eso de malo? A mayor absurdo, mayor diversión. ¿O no? Bajo el título “Ser Madre Hoy”, Noguera apunta más de 250 ideas (algunas tan delirantemente ridículas como la de escribir en el fondo de un charco o el modelaje de flujos líquidos) protagonizadas por camareros eruditos, famosos-bola, abuelas aguerridas, Gerónimo Stilton, la madre de Villa, gusanos de marca, la firma de Messi y hasta un bebé llamado Barracuda. ¿Lo mejor? Que incluye un DVD para disfrutar, tras la lectura, del Ultrashow. Apto para todo aquel al que le guste pasárselo en grande (y sin manías).

7. Robert Coover: “Noir” (Galaxia Gutenberg)

Philip M. Noir es el primer detective creado por el GENIAL Robert Coover. Sí, el mismo Robert Coover de la caótica y, una vez más, GENIAL, “La Fiesta De Gerald”, el precedente de “Lunar Park” y de todas las fiestas bizarras de la historia de la literatura y más allá (eso incluye todas las fiestas e incluso todas las historias que avanzan en más de una dirección de David Lynch). En una novela de Robert Coover las historias avanzan en todas direcciones (y en todas a la vez). Porque, pongámonos en antecedentes. Este señor tiene 80 años. Este señor formó parte del verdadero (esto es, el original) postmodernismo norteamericano. Aquel del que formaron parte también Kurt Vonnegut Jr. y Richard Brautigan y Donald Barthelme y hasta Joseph Heller y Thomas Pynchon. Así es que sus historias son raras. Complicadas. Caóticas. Violentas. Gores. Pero veamos, en “Noir” baja la guardia. En “Noir” sólo hay un detective torpe y paranoico que tiende a mojarse y tiene que pedirle a su secretaria sus braguitas. Un detective que sale a la calle llevando poco más que esas braguitas y que cree que todo el mundo le persigue y que acaba en un callejón oscuro oyendo voces. Oh, Coover. Canibalismo literario en business class.

6. Donald Ray Pollock: “El Diablo a Todas Horas” (Libros del Silencio)

Del perverso y desesperanzadoramente brillante autor de esa bomba con aspecto de autocaravana abandonada a las puertas de un motel cochambroso que constituyó “Knockemstiff” llega una primera y más que prometedora durísima novela que mezcla la imaginería del gótico norteamericano con la crudeza de la novela negra más descarnada en una trama adictiva y contundente, que replica y expande la intensidad de sus mejores relatos. Toda una muestra de músculo narrativo que arranca cuando Willard Russell, veterano de la Primera Guerra Mundial, descubre que su mujer está en las últimas y decide que sólo Jesús puede salvarla. Así, el tipo monta un altar en pleno bosque, se entrega a arduas sesiones de oración que, poco a poco, se tornarán peligrosamente sangrientas. Sesiones en las que participará su hijo Arvin, verdadero protagonista de esta historia, que crece en busca de su propia versión de la justicia, rodeado de personajes tan particulares como siniestros, entre los que destaca la pareja de asesinos en serie que forman Carl y Sandy Henderson; el fugitivo Roy, predicador circense y febril, y su compañero Theodore, guitarrista paralítico; el religioso Preston Teagardin, cruel, sádico y lascivo, y el sheriff corrupto Lee Bodecker. Con semejante artefacto, la leyenda Donald Ray Pollock no hace más que crecer.

5. Dan Fante: “Fante. Un legado de alcohol, escritura y supervivencia” (Sajalín)

John Fante adoraba a Knut Hamsun. Lo sabemos porque su mejor novela, “Pregúntale Al Polvo”, es la versión Los Ángeles en los 30s de “Hambre” pero, desde que Sajalín se decidió a publicar a su hijo Dan, también lo sabemos porque decidió rescatar este valioso recuerdo e incluirlo en “Chump Change”, su primera novela: “Cogí de la librería un ejemplar de ‘Hambre’, de Knut Hamsun. Mi padre solía decir que ese había sido el libro que lo animó a convertirse en un escritor. Lo sujeté entre mis manos y pasé algunas páginas. Encontré un folio de papel de carta de buena calidad. Estaba doblado en cuatro y parecía haber sido usado como punto. La parte superior, que había quedado expuesta al aire, se había amarilleado. Desdoblé aquel punto improvisado e inmediatamente reconocí la letra de mi padre, pero la firma que se repetía una y otra vez era la de Knut Hamsun, Knut Hamsun, Knut Hamsun. Toda la superficie del papel estaba llena de rúbricas, desde el principio hasta el final. Aquella excentricidad me sacó de mi sopor: yo había hecho lo mismo cientos de veces, había llenado blocs enteros con firmas de e.e. Cummings. Parecía que, a pesar de todo, el viejo y yo teníamos algunas cosas en común”. Bien. Pues de cosas como esta está plagado “Fante, Un Legado De Escritura, Alcohol Y Supervivencia”, biografía del clan familiar que encabezó el airado mejor amigo de William Saroyan que odiaba a Hemingway ( “¡Qué demonios! ¡Nunca será tan bueno como yo!”) y soñaba, como Arturo Bandini, con el día en que el mundo lo señalaría como uno de sus Grandes Genios.

4. Lionel Shriver: “Todo Esto Para Qué” (Anagrama)

De la autora de “Tenemos Que Hablar De Kevin”, la espectacular puesta en escena de una maternidad más que terrible, de una guerra civil familiar con demasiadas bajas como para contarlas, y “El Mundo Después Del Cumpleaños”, la disección de una infidelidad en una de esas parejas perfectas, llega “Todo Esto Para Qué”, la historia de Shep Knacker, un tipo que no cumplió el sueño de su padre y no fue a la universidad, pero que, gracias a su talento para las chapuzas, montó una exitosa empresa de servicios, una superlampistería, y aunque no se hizo rico, ha vivido bastante bien hasta la fecha. Shep lleva años soñando con retirarse a un paraíso tercermundista, en el que sus dólares valdrán mucho más y le durarán para siempre, donde disfrutará de unas lentas vacaciones sin fin, parecidas a las que tenía de niño. Pero cuando llega el momento de partir, una vez ha vendido su empresa, su mujer se niega a marcharse. Y surge algo, algo terrible, que lo ata indefinidamente al lugar que pensaba perder de vista. Otro de esos demoledores y más que brillantes puñetazos de la reina de la novela psicológica (por momentos, psicopática) del momento.

3. Anna Starobinets: “Una Edad Difícil” (Nevsky)

¿Quién es Anna Starobinets? ¿Por qué escribe sobre niños raros que huelen mal? ¿Por qué prefiere una Moscú post-apocalíptica (humeante, autodestructiva) a una Moscú post-comunista? Muy sencillo. Porque Anna Starobinets es lo más parecido a un cruce entre Philip K. Dick y Stephen King, en versión rusa, que puedas imaginarte. De ahí que la primera colección de relatos que llega a España, “Una Edad Difícil”, sea no sólo recomendable, sino imprescindible. ¿Por qué? Para empezar porque, ¿qué sabemos de la literatura rusa desde Tolstoi, desde Dostoievsky? A la increíble curiosidad de qué se está cociendo en el país anteriormente conocido como la URSS debe sumársele el hecho de que Starobinets apenas tiene 30 años y forma parte de la primera generación (post Segunda Guerra Mundial) que ha leído a tipos como Jack Kerouac, Douglas Adams, Philip K. Dick, Stephen King, sí, y también Franz Kafka, porque el bloqueo hizo que durante años los escritores rusos no tuvieran acceso más que a la llamada literatura realista soviética. Así es que a nuestra curiosidad debe sumársele lo siniestro de los relatos de Starobinets, que además de todo lo dicho, es fan de Neil Gaiman. Must read.

2. Yuri Andrujovich: “Perverzión” (Acantilado)

A Yuri Andrujovich, una de las más destacadas voces de la narrativa posmoderna ucraniana, le bastaron 16 horas en Venecia para sentir una profunda atracción, en muchos sentidos repulsiva, hacia ella. Y de esa repulsión surgieron el puñado de documentos (ficticios) de los últimos días de la vida de Stanislav Perfetsky, poeta, provocador profesional y héroe de la revolución ucraniana, que, supuestamente, viajó de Múnich a Venecia en coche para asistir a un congreso sobre El absurdo postcarnavalesco del mundo. Con semejante punto de partida, Andrujovich, un experto en la geopoética de todo aquello que tiene que ver con la caída del comunismo (y el absurdo: fundó el delirante grupo poético ucraniano BuBaBu), monta un desternillante collage (notas personales, documentos oficiales, entrevistas a tipos que lo conocieron) sobre los últimos días del poeta, que, acosado por las deudas, no tuvo otro remedio que desaparecer. Y precisamente, desapareció en Venecia. Estuvo hasta que dejó de estar. Se volatilizó. Pero antes hizo un millón de cosas absurdas. Como asistir a conferencias que se titulan El despertar de las amas de casa y que las imparte nada menos que Deborah Icecream (¡665 apariciones en antena hasta hoy!) y a las que sigue una discusión (con los ponentes o sin ellos).

1. Javier Calvo: “El Jardín Colgante” (Seix Barral)

Concebida como la segunda entrega de la trilogía policial que Javier Calvo inició con la espectral “Corona De Flores”, “El Jardín Colgante”, nos presenta a Arístides Lao, un superdotado agente de la inteligencia antiterrorista española que aún vive con su madre y que acaba de ser derivado a una nueva Unidad de Apoyo Especial, formada por él, una secretaria que aprovechará la ausencia de protocolo para coger la baja indefinida, y Melitón Muria, un agente con principios que sueña con montar una gasolinera. Su objetivo es el de desarticular una nueva banda terrorista de extrema izquierda llamada TOD. Para conseguirlo, tendrá que ponerse en contacto con Teo, Teo Barbosa, el tipo que tiene una novia punk (o, mejor, ex) y que es en realidad un agente infiltrado que está a punto de atracar un banco, auspiciado por el Gobierno de la Nueva España, el país colgante, que necesita el Mal, aunque sea un Mal pequeño, aunque sea un Mal ridículo, para mantenerse en el poder. El año es 1977. El año del Meteorito. Y nada es lo que parece. Un vistazo a la Transición, esa época gris y aburrida en la que se fraguó La Gran Mentira del país que no es un país, que es otra cosa, que es una canción de The Cure ( “The Hanging Garden”), que es cualquier cosa menos un país, made by Calvo.

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