Listas

Resumen 2013: los 40 mejores discos editados en España

Ha llegado el momento de revisar a fondo la cosecha nacional en materia de álbumes: aquí puedes echarle un ojo a la selección final de los álbumes más destacados del año

¿Qué ha deparado la escena independiente española en el año que ya se acaba? Mucho y variado, grandes títulos que certifican, sobre todo, el crecimiento de la escena española. Aquí va nuestra selección final de 40 títulos imprescindibles.

En nuestro repaso a 2013 llegamos a otro momento cumbre, a la lista de los LPs nacionales que más apoyo han recibido –tanto en votos como en escuchas– por parte de los redactores y colaboradores de PlayGround. Ha sido un año plagado de buenos títulos, tantos que para ser justos con la gran mayoría de artistas que se han dejado la piel por hacer obras memorables, hemos mantenido la selección de 40 títulos que ya establecimos el año pasado, aunque esta vez combinando en la misma lista tanto álbumes como EPs, atendiendo a un control de calidad exigente. 40 principales de la escena independiente que empezamos a repasar justo ahora, en una vertiginosa cuenta atrás que nos lleva al primer puesto.

40. Univers: “La Pedregada” (Famèlic)

Univers son una de las pruebas más fehacientes de la efervescencia de la escena garagera de Barcelona. Miembros de bandas como Mujeres, Aliment o Piñata, Eduard Bujalance, Yago Alcover, Pau López y Aitor Bigas han formado una suerte de súper-grupo del pop ruidoso en catalán en el que logran amalgamar sus bagajes para dar con un sonido del todo distintivo. Es cierto que sus ritmos marciales, sus atmósferas planeadoras y sus guitarras de ecos surf remiten directamente a bandas como Girls Names o Crystal Stilts, pero si hay algo que distingue a su propuesta es el modo en que conviven la visceralidad y la ensoñación.

Crítica

39. Íñigo Ugarteburu: “For The Unknown” (Foehn)

Tal y como explicaba Íñigo Ugarteburu, “For The Unknown”, su segundo trabajo largo, es producto de un sueño hecho realidad. Tras años fantaseando con la idea de poder viajar a Chicago para sumergirse en la próspera escena jazz de la ciudad y grabar un disco, el deseo se hizo realidad. Grabado en casa del productor Todd A. Carter junto y rematado por Xabier Erkizia, el álbum expande el discurso intimista de “Back&Forth” y lo colorea con detallismo crepitante. Instrumentos clásicos como la guitarra, el contrabajo, el clarinete, el piano o el trombón se dan la mano con grabaciones de campo y apuntes electrónicos para crear paisajes de texturas susurrantes y belleza candorosa. Partiendo de semillas folk, las cuatro piezas que conforman el disco crecen con delicadeza hasta convertirse en un refugio que permite aislarse del ruido vacuo merced de una hipnosis tan tenue como inquebrantable. No rompe esquemas pero los trabaja con un mimo admirable.

Crítica

38. Lasers: “Exchange Levels” (Irregular)

El poder de la simplificación le ha sentado estupendamente al trío barcelonés. Esto no quiere decir que Lasers hayan renunciado al patrón sonoro con el que debutaron en “Juno” ahora hace dos años, ni mucho menos. Pero si bien en aquella primera entrega los loops interminables funcionaban como columna vertebral de su espacial (y especial) percepción sonora ahora, su modus operandi ha variado tras bajar a la Tierra y mezclarse con el resto de mortales, prescindiendo de cualquier tipo de artificio para disparar con precisión ocho temas que, más que nunca, darán muchas alegrías a las pistas de bailes ‘poperas’.

Crítica

37. Híbrida, Nen i Cavall: “Permafrost” (spa.RK)

Estamos ante una de las propuestas más insólitas y misteriosas que ha dado la música underground en Barcelona en mucho tiempo, tan insólita que es complicado colgarle una sola etiqueta. En sus piezas parece haber un punto de partida electrónico y un destino pop (¿o es al revés?), pero entre medias todo se complica. Hay voces que provienen de la tradición shoegaze, texturas propias del ambient ensoñador y del drone más pesado, aunque si te despista pueden aparecer ritmos subidos de tempo y fases de ruido. A primera escucha sorprende, pero a medida que te adentras en los secretos de “Permafrost” aflora un grupo de artistas ciertamente singular y muy ingenioso.

Crítica

36. Furguson: “The Leap Year” (La Castanya)

Han pasado algo menos de dos años desde la última grabación que pusieron a la venta, “Split EP”, un vinilo compartido con Aliment en el que plancharon tres canciones. Antes de eso editaron un primer mini-LP, “My Friends Are My Culture” (La Castanya, 2009), y esta es la escasa, pero sustanciosa, actividad que ha mantenido al joven cuarteto de Gurb (Barcelona) en el ojo del huracán como una de las bandas más frescas y vitales del país. Ahora, después de muchos conciertos y un crecimiento artístico notable que no renuncia a las canciones urgentes, breves y veloces, Furguson ya tiene listo una continuación de aquellas primeras grabaciones. Se trata de “The Leap Year”, un disco imaginado “en el año bisiesto de 2012” durante una semana de retiro en una casa en la Costa Brava. No participó Albert Romero, que era el responsable de las líneas de sintetizador que le daban una textura más new wave a las canciones de Furguson, y por eso ha quedado un disco más seco y minimalista, a medio camino entre el hardcore visceral y el post-punk minimalista.

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35. Watios: “Peace of Mind” (Norwest)

Aunque en España las rivalidades entre costas sean inexistentes, sí que existen costas, distancias geográficas y maneras de entender el rap diferentes. Y en la costa oeste nacional el colectivo Norweside es uno de los activos importantes, con el joven productor Judah cocinando en el estudio para diferentes comensales. Junto con Sago forman Watios y a principios de este año sorprendían con “Peace Of Mind”, un trabajo compacto pero de elegancia expansiva; con la frescura propia de la juventud de sus miembros y, a la vez, un señorío, madurez, nocturnidad y empaque que embriagan desde el primer al último tema. Esta peña es calle, pero viven a 500 metros del casino.

34. Refree: “Nova Creu Alta” (El Segell)

Raül Fernàndez, alma mater de Refree, tiene una sensibilidad increíble a la hora de componer y un espíritu valiente que se atreve a llevar a su terreno a gran variedad de estilos. Este es un sexto disco redondo que se acerca a la faceta más suave del rock psicodélico, con dejes de dream-pop optimista, pero que también contiene altas dosis de agresividad. Sin duda se nos ha metido en el bolsillo con “Kikirkí”, versión personal de la canción tradicional catalana “El Gall i la Gallina”, convertida en un verdadero himno del rock progresivo. ¡Qué genio, Refree!

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33. Doble Pletina: “De lo Concreto a lo General” (Jabalina)

El boca a oreja y sus coquetos directos han provocado que se hayan convertido en una de esas formaciones cuya puesta de largo con mayor entusiasmo se esperaba. Con Laura Antolín y Marc Ribera al frente (les acompañan Cati Bestard, Jaume Cladera y Francina Rinbes) la banda se ha aprendido al dedillo los mejores trucos del indie-pop patrio noventero, deteniéndose con esmero en aquel Donosti Sound que catapultó a La Buena Vida y Le Mans ( “¿Puede Callarse Todo El Mundo?” bien podría haberse colado en el repertorio de alguno de los grupos fetiches de Elefant). Pero por encima de su sonido, elegantemente rematado por Cristian Pallejà en el estudio, lo que prevalece al escuchar “De Lo Concreto A Lo General” es un halo de ternura y sinceridad que consigue empatizar desde el primer momento con cualquiera que lo escuche.

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32. Izah: “Izahblues” (Little Red Corvette)

Sus canciones tienen una personalidad que se echaba de menos en el R&B nacional, durante mucho tiempo carente de artistas con un discurso musical fuerte. Y en su primer EP, anticipo de un álbum que llegará en algún momento de 2014, Izah se mueve como pez en el agua en cuatro terrenos colindantes: el soul, el blues, el jazz y el R&B, de una forma parecida a la que grandes estrellas como Lauryn Hill son capaces de maniobrar en esos mismos géneros.

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31. Autumn Comets: “Moriréis en Camboya” (Subterfuge)

Con la incorporación a la nueva familia de Mario, Autumn Comets han hallado su camino, la maduración sonora de un proyecto que debe tenerse muy en cuenta en esa escena nacional que aboga por la sensibilidad de la rabia y la belleza de la pesadumbre. Ya sólo escuchando “This Is For Evening” uno se hace a la idea de por dónde van los tiros: melodías y tempos que cambian por sorpresa como si de un consentido exorcismo se tratara, una marcada dicotomía entre la delicadeza y la robustez sonora (nada más arrancar el estribillo), un sugerente gusto por impregnarlo todo de matices, instrumentos que se manifiestan por sorpresa cuando el guión invita a ello y una predisposición a la épica que rehúye de los brazos en alto.

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30. Junco y Diamante: “Las Comarcas de Catalunya (Volumen I)” (Canada)

El 11 de septiembre de este año no fue especialmente significativo para nosotros por la cadena humana que se hizo en Catalunya, sino por la edición de “Las Comarcas de Catalunya”, un disco de colaboración de Junco y Diamante, o lo que es lo mismo David ‘Beef’ y Joe Crepúsculo (Joël ‘Crepus’ es Junco, Dabeef es Diamante). Se trata, como bien se puede adivinar a partir del título del trabajo, de una especie de homenaje a la música tradicional catalana, pero hecha a partir de la experiencia musical de estos dos grandes del país, es decir, bajo un prisma indie y electrónico. Aunque aquí haya colaboraciones de Hidrogenesse, Fernando Alfaro, Sr. Chinarro y Ana de La Bien Querida, es, esencialmente, un disco de ellos dos.

29. L'Hereu Escampa: “Llamp de Déu” (Famèlic)

Un disco redondo con nueve canciones frescas de emocore y post-punk que revitalizan la lengua catalana. El título no lo podría describir mejor: este enérgico dúo parece tocado por la electrificada mano de Dios, o por la de Satanás, por la mala leche que destilan. Hits irreprochables que desmienten la falacia de “que el primero era mejor”. Sin duda una de las formaciones más potentes que ha nacido la península en estos últimos años. Y para los que sois fans de la formación, es propuesta obligada escuchar a Turnstile, la otra banda de Carles Generó.

28. Carles Viarnès & Pep Massana: “El Llibre Vermell de Montserrat” (Repetidor)

Es una de las obras maestras del arte medieval hispánico: un códice conservado en la abadía de Montserrat que incluye un cancionero profano, utilizado siglos atrás en celebraciones populares como danzas y festividades diversas. A lo largo de los años, “El Llibre Vermell de Montserrat” ha pervivido como un tesoro musical que han interpretado, en clave respetuosa e historicista, grandes maestros como Jordi Savall. Lo que han hecho Carles Viarnès (piano, órgano) y Pep Massana (violín, timbal) es otra cosa: una ‘perversión’ de las canciones utilizando recursos del minimalismo, el neo-impresionismo, el jazz y otras técnicas de composición contemporáneas de acento sensible, adaptando al lenguaje más amable de la música de cámara del siglo XXI una joya de los tiempos antiguos. El resultado no es académico, pero tampoco es frívolo: suena fresco, nuevo y respetuoso, una joya para escuchar cuando cae la noche.

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27. Pablo Bolívar: “Must” (Avantroots)

Ya hace más de siete años que Pablo Bolívar se dio a conocer en la escena techno española. Fue gracias a un cúmulo de EPs en el sello Regular que desembocaron en su primer álbum, “Anjanas” (2006), y que nos descubría a un músico enamorado de la estética más atmosférica de Detroit y con evidentes deudas para con la pulsión dub del techno berlinés. Pasó el tiempo y aquel santanderino afincado en Barcelona fue ganando estatura creativa hasta convertirse en un verdadero gigante de la escena europea más deep, trayectoria que quedó coronada con la apertura de su propio sello, Avantroots, que comenzó como netlabel hasta ganar galones de sello de ediciones físicas de pleno derecho. El nuevo disco de Pablo Bolívar se titula “Must” y, como indica su título, es de escucha obligatoria: es su lado más veraniego y horizontal, el de ritmos más cálidos.

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26. Esquelas: “Inciso” (ENSMBLE)

En los últimos tiempos viene germinando en el subsuelo nacional una micro-escena-no-escena a la que bien podríamos referirnos como Dark Hispania. No hablamos de nuevos adeptos al maquillaje y al teatrillo gótico, sino de una serie de bandas que, en la estela de proyectos de fuera como Raime, The Haxan Cloak, Sunn O))) o Khanate, vienen acercándose a los sonidos oscuros con un ánimo muy privado, con cierto poso esotérico. Proyectos que se mueven entre la contemplación de pulso frío y la desolación cercana al coma psíquico, conjugando electrónica autista, la sobrecarga asfixiante del doom drone más renegrido y la gravedad inquietante de esa escuela aislacionista gélida que tantas alegrías ha dado en las últimas dos décadas a los amantes del dark ambient. En esas coordenadas se mueven los coruñeses Esquelas en las cuatro escenas misteriosas que dan forma a su segunda referencia, el EP “Inciso”, disponible desde ayer en casete y digital vía ENSMBLE.

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25. GAF: “Sunriser” (Foehn)

En paralelo a una formación en tránsito continuo, en la que Kurajica Mladen ha sido su único miembro permanente, la trayectoria de GAF se define por una inquebrantable vocación de exploración estilística. Tras sus incursiones en el folk experimental, el jazz cósmico o el acid-rock, en “Sunriser” el punto de partida es el space-rock según san Sonic Boom. En GAF, sin embargo, nada es canónico. Su halo de singularidad, por alguna razón inherente a toda propuesta de procedencia insular, les permite encontrar puntos de fuga en el rock fronterizo ( “Balayo Sunrise”), acercarse a la hipnosis lisérgica del krautrock ( “House of Thousand Chandeliers”) o abrazar una suerte de shoegaze gótico ( “Oyalab”) sin perder de vista su particular estrella polar espacial. En la cara B (y decimos cara B porque es un disco especialmente pensado para el vinilo), todo el protagonismo es para “Yannakis”, una composición que sintetiza la esencia de la banda en 20 minutos de excursionismo cósmico. Un magma líquido en el que todos los ingredientes que han conformado la identidad del proyecto se mezclan y confunden dando lugar a una poción mágica de propiedades analgésicas. Puede que la receta demande una digestión pausada, pero nunca les había quedado tan jugosa.

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24. Chirie Vegas: “Shadows The Remixes” (Gamberros Pro)

“Shadows” es uno de los discos más infravalorados del hip hop español, pero en los círculos más exigentes se considera un clásico: el flow del Chirie Vegas apesta a humo denso y cemento, y funciona de perlas con el tipo de beats abstractos que han caracterizado escenas como el weed-rap o el avant-hip hop. Esta flexibilidad de su voz es la que sirve para que varios productores del underground electrónico le den un tratamiento convulso, robótico o hipercargado de bajos de los que descoyuntarían una cadera: BFlecha le da sintes de neón, Noaipre una base de hyphy sureño para lamer barras de lapdance, Zar1 un beat acuoso, Ju Et Colette una base noventera enamorada del “Good Life” de Inner City, Xposure un baño de hip-house y Cookin’ Soul una producción de R&B contemporáneo pensada para mojar bragas y calzones. Este EP es dios.

23. Alizzz: “Whoa! EP” (Arkestra)

Alizzz tenía que haber ingresado en la familia Arkestra mucho antes de este “Whoa! EP”, pero la cosa aún no estaba madura. El estilo del productor barcelonés, que toma su base del R&B electrónico contemporáneo, abrillantado con texturas como de luces parpadeantes y retorcido con ritmos quebrados, se ha ido perfeccionando en los últimos meses y estas cuatro piezas son su entrega más madura, cuidada y perfecta hasta la fecha –aunque lo mejor, ya se sabe, está por venir–. Del funk resplandeciente de “Whoa!”, que apela a los 80 de licores caros y éxtasis, pasando por la tumultuosa “In Chainz” y la mojabragas “Champagne”, todo en este EP es neón y oro.

22. Buffetlibre: “Songs for Elaine” (Subterfuge)

En acción, tras los platos, los barceloneses siempre han gozado de una ecléctica paleta sonora que ha rendido pleitesía a la verbena más crápula. Por ello sorprende que, de cara a este debut que se han tomado con muchísima calma (como buen salto creativo han tenido que familiarizarse durante estos últimos años con elementos de composición y producción ajenos a ellos), Marc Constantí y Miguel Sánchez se hayan refinado como nunca dejándose querer, sobre todo, por un pop electrónico de vocación internacional que rehúye de los bpms espitados y esos ‘subidones’ que siempre han regalado a granel por las principales cabinas de nuestro país. Y lo de vocación internacional no lo decimos porque sí: sólo hay que observar el plantel de artistas invitados que se pasean por “Songs For Elaine” (contactos grabados a fuego en sus agendas gracias a sus múltiples remixes hasta la fecha).

Crítica

21. Oso Leone: “Mokragora” (Foehn)

Esta es una sobresaliente intervención quirúrgica de estudio domada por la sutileza y los detalles donde los silencios (por ejemplo, en el inicio de “Alçaria”) juegan un papel fundamental para su disfrute contemplativo. Escuchando estas nueve canciones, inevitablemente, nos puede venir a la cabeza la coartada minimalista de The xx o esos puzles melódicos con los que siempre han jugueteado Grizzly Bear (la sombra de los de Brooklyn puede apreciarse en “Cactus”, con ese estupendo final que a propósito nunca acaba de estallar). No obstante, pese a esas leves comparaciones, Oso Leone han sabido desarrollar un valioso discurso propio que, incluso, se permite el lujo de explorar en la instrumental “Salvia” el tantra balearic y lounge invitándonos, por consiguiente, a bailar comedidamente.

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20. Za!: “Wanananai” (Gandula)

En el mundo de Spazzfrica Ehd y Papa duPau parece pesar casi más el instinto que el análisis. Una vez delimitada una idea, parece que lo importante para su desarrollo fuera la acción intuitiva, entregarse sin demasiada premeditación bien a algún tipo de trance, bien a un tira-y-afloja que se diría más fruto de los impulsos provocados por las pasiones en el cuerpo que de la seria reflexión. Es como si su dinámica interna les impidiera limitarse tanto al puro reposo como al movimiento inercial lineal e indiferente. Pero a la vez se evita el sobresalto como rutina. Za! son inquietos e impulsivos por naturaleza, es gente empeñada en que la moneda caiga siempre de canto, y eso, ya lo sabemos, puede jugar en contra de la experiencia moderada y fácilmente asimilable que busca el oyente asustadizo y vago. Lo cierto es que sigue habiendo algo contagiosamente primario en la música de Za! Ecos de una pulsión primitiva, de una vehemencia insensata –para bien–, que se deja sentir entre los pliegues de unas canciones que cada vez se muestran más refinadas y complejas –apostando siempre por lo que podríamos llamar, forzando el oxímoron, una complejidad sencilla, autolimitativa– a nivel de timbres, tempos y métricas, como si hubieran sido delineadas con una mayor conciencia de dirección y propósito.

Crítica

19. L'Eix: “Empra Mots” (Audiotalaia)

Oriol Rosell y Ferran Fages son dos de los forajidos más ilustres de la escena experimental de la península –y cuando decimos experimental, es la de verdad: la que se basa en la improvisación libre, el ruido y el silencio, la incómoda–. Pero al juntarse para formar L’Eix, algo ha cambiado: como ellos dirían, es su disco ‘moñas’, una colección de paisajes para guitarra improvisada y laptop (más acompañamiento visual en directo) que un cierto toque amable, de melodías esbozadas y sonidos cálidos. No es ni de lejos pop, pero tampoco es un ambient abrasivo; está en ese punto medio entre lo difícil y lo fácilmente escuchable que podemos encontrar en sellos de fuera como 12k. Se nos han amansado, pero por una buena causa: abrir una puerta fácil para luego acostumbrarse a la música más difícil.

18. Mark Luva: “Moan Lights” (Sweat Taste)

El R&B alternativo está muy bien, pero hay algo aún mejor: el R&B radical vasco. Así describen –en broma, pero en serio– Mark Luva y sus hombres blancos de la plataforma Sweat Taste el sonido de este EP que cierra el año de estreno del sello, y que está aportando material interesantísimo a la bullente escena de beatz made in la piel de toro. Además del bootleg “She Really Loves Me” a propósito de Whitney Houston y que casi alcanza la misma altura que aquel de Girls On Top (pero con bases más HudMo), Luva se desata con cuatro cortes más de capas de azúcar, voces de aire, sintes diamantinos y más brillos que en la chaqueta de Prince. “Aww Litez” eleva el nivel, “Silver Tears” lo mantiene y “Silk Knife” lo proyecta al futuro. La peña de fuera que empiece a temblar, que entre lo de Alizzz y esto el aranbí es nuestro.

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17. Fira Fem: “Fira Fem” (Aloud)

Se dice que el cuarteto que forma Fira Fem es especialista en técnicas de control mental oriental y que, gracias a eso, consiguieron su contrato con Aloud Music, además de entrar en las listas de mejores discos nacionales con su “Aedificatoria” en 2012. Damos fe de la maestría de estos universitarios en ese campo, y en el de la música también. Su nuevo álbum homónimo es una adictiva mezcla de synth-pop progresivo que colmará las pistas de baile de las mejores fiestas de este año que se avecina. Lo escuchas y te gustará con toda seguridad, seas un rockero de la vieja escuela o un adicto de Nitsa, porque detrás de sus bucólicas melodías electrónicas existe esa clase de diversión canalla que aflora de tu interior más festivo. Un nuevo largo con títulos tan sabrosos como “I Fucked Fira Fem Before They Were Famous” o “Los Novios Son Los Nuevos Zombies”.

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16. Aster: “Cielo EP” (Hivern)

Puede parecer por el tracklist que aquí hay poca historia –un solo tema firmado por Aster, que en el cómputo total de 2013 habría que sumar a los dos planchados en Struments bajo el epígrafe de “Nuevo Día”– y dos remixes, ambos con el sello de Bicep. Sería muy miope, sin embargo, arrojar un prejuicio sobre lo nuevo del dúo barcelonés sólo porque parece que lo que se oferta peca de racanería: “Cielo” es un ejercicio de house al estilo 1990 que hace honor a su nombre, con esas cascadas de teclados que van construyendo una madeja cada vez más compleja, cada vez más arrebatadora, sumando ataques de piano, una voz etérea, un bajo nebuloso y un beat que suena a old school: el típico material que habría pinchado Sasha en los días felices de Shelly’s, antes de que llegaran la oscuridad y la velocidad como jinetes del apocalipsis darkcore. Tomando este punto de partida tan sublime, lo que hacen Bicep es ‘americanizar’ el track, dándole un toque más deep en la remezcla primera, con un bajo burbujeante a lo Mr. Fingers y un bajo funk típico de los de Kevin Saunderson, y reforzando el beat al estilo underground de Nueva York en la segunda toma. House que viene del pasado, pero que sigue vivísimo en el presente.

Crítica

15. Boreals: “Antípodas” (Irregular)

A Boreals les gustan los paisajes prolongados que parecen querer concluir en un estallido épico de electricidad o en un silencio doloroso. Pero también llos beats electrónicos que le dan una forma más compacta a las piezas, ciertas construcciones paisajísticas del ambient y la IDM. Ha pasado el tiempo y aquel grupo barcelonés todavía en proceso de conocerse a sí mismo ya tiene su álbum de debut. Todavía son jovencísimos –rondan los 21 años–, pero su música suena en 2013 muy madura, con detalles interesantísimos y un empaque envidiable. “Antípodas” es un disco de estados de ánimos cambiantes, que pasa de la más calmada lentitud a diversos instantes de furor eléctrico.

Crítica

14. Delorean: “Apar” (Mushroom Pillow)

La banda explicaba que su objetivo era que el disco sonara “grande”, con una producción que remitiera a las producciones hi-fi del pop ochentero y en la que todos los elementos encontraran su propio espacio para respirar. Para ello dejan atrás los samples vocales pitcheados e invitan a Cameron Mesirow de Glasser y Erika Spring de Au Revoir Simone para firmar los coros, otorgan el timón melódico a las guitarras y se alejan de loops y cajas de ritmo para dejarse propulsar por ritmos de tacto humano. Los teclados acristalados y los pads beatíficos siguen presentes, pero aparecen mucho más encubiertos en la mezcla mientras que, por el contrario, las vocales de Ekhi tienen más presencia que nunca.

Crítica

13. Standstill: “Dentro de la Luz” (Buena Suerte)

Los barceloneses nunca nos lo han puesto fácil. Sus trabajos hay que digerirlos poco a poco dependiendo de cómo nos encontremos y escucharlos con mimo. “Dentro de la Luz” no iba a ser una excepción. Enric Montefusco ha afirmado que en estas doce canciones quería huir del lenguaje del rock sin perder un ápice de su energía. Y lo cierto es que en cierta medida lo ha conseguido recurriendo a un pequeño abanico de nuevos recursos que abrazan la grandilocuencia hasta sus últimas consecuencias. Esas baterías que han crecido como nunca al duplicarse (algo que ya percibimos en directo en “Tocar El Cielo”) o esas masas vocales que sobrevuelan buena parte del minutaje (el mejor ejemplo se encuentra en “Pequeño Pájaro”, cuyo crescendo se postula como uno de los motivos más emocionantes que llegaremos a escuchar a lo largo de este año) hacen de “Dentro de la Luz” uno de sus trabajos mejor resueltos formalmente.

Crítica

12. Don The Tiger: “Varadero” (Canada)

“Varadero”, como nos explicaba el propio Adrián de Alfonso, surge de una forma muy DIY, alejada de los estudios, y que casa a la perfección con ese espíritu experimental del que hace gala en su Bèstia Ferida (el grupo que tiene junto a Arnau Sala): grabado en su habitación, con viejas cassettes y discos duros en los que almacenaba sonidos desde su adolescencia. A partir de algo a priori tan intangible e incoherente, ha logrado construir un álbum sólido, arriesgado y lleno de matices en el que si bien se pueden rastrear los caminos que han permitido que Adrián de Alfonso se convierta en Don The Tiger, no lo eclipsan ni le roban protagonismo a esta nueva faceta del músico. Sorprende incluso algún guiño a sonidos latinos bien entendidos, como ese ritmo de habanera (con toques de rock frío) que gasta “Los Cuencos De La Mar Salada” y que sin embargo ha logrado encajar a la perfección con la atmósfera del resto del disco: turbia, densa, oscura, fría, etílica, violenta, sexual... aunque a veces bebe del blues o del rock más tradicional, al final se impone la experimentación, un aire no wave, un post-punk à la Birthday Party y un macarrismo ilustrado con el que, quien no se sienta identificado en algún momento, es que ha vivido poco.

Crítica

11. Fasenuova: “Salsa de Cuervo” (Discos Humeantes)

10. Anímic: “Hannibal” (BCore)

Hay veces en las que el título de un disco y su portada lo dicen todo. “Hannibal”, el nuevo álbum de Anímic, viene acompañado de una ilustración de lo que parece ser el esqueleto de un mamut sobre fondo negro. Y eso es lo que encontramos en este trabajo: canciones oscuras, que parecen ser el reverso de su predecesor, “Hannah”, y que avanzan lentas y parsimoniosas, como los mejores temas de Mogwai o Portishead. Aquí la voz la lleva, nunca mejor dicho, la voz cantante. Y en este aspecto también observamos una mejoría en la banda, que ha sabido sacar mejor partido de los dos idiomas que utilizan, el inglés y el catalán. El LP está repleto de cantos de guerra desgarradores y en él hay referencias a objetos y animales tan imponentes como huesos, calaveras y serpientes. Parece, sin duda, que estamos ante el gran trabajo de los barceloneses, una producción que marcará un antes y un después en su ya loada carrera.

Crítica

9. The Suicide of Western Culture: “Hope Only Brings Pain” (Irregular)

“Hope Only Brings Pain” mantiene intacto ese espíritu krautrock sobrado de robustez y virulencia que hizo del dúo nuestros mayores embajadores de la electrónica analógica sensitiva. Sin embargo, en esta nueva entrega también dejan espacio a la experimentación de otras fórmulas igual de compatibles que, en su conjunto, demuestran que los barceloneses pueden seguir disparando a bocajarro aunque rebajen (cuando la ocasión lo requiere) su explosivo discurso. Caótico al igual que meditado, triste a la par que jubiloso. Las adjetivaciones están de más cuando un disco se convierte en obsesión y con cada nueva escucha despierta inéditos fantasmas en nuestros adentros.

Crítica

8. John Talabot: “DJ Kicks” (k7)

“DJ Kicks” no es el disco que sitúa a John Talabot en la primera división de la electrónica mundial, porque ahí ya lleva más de un año, cómodamente, en una plaza ganada a conciencia, con argumentos inatacables. Pero sí consolida la posición con lo dicho: una exhibición de criterio musical a la que no se le puede toser. No hay ningún hit fácil, ninguna broma privada, ningún desliz; el mix es una roca compacta, con sus irregularidades pero sin defectos llamativos. Es, también, uno de los mejores volúmenes de la serie “DJ Kicks” que se recuerdan, no únicamente de entre los de la última etapa –en la que, entre Kode9, Photek y Scuba, han aparecido varias entregas de nivelazo–, sino de toda la historia de la serie, como cuando Carl Craig se hacía en 1996 una sesión de rarezas de Detroit vía Londres que nos ponía en órbita en cuatro bombos. El nivel está ahí arriba, y John Talabot puede estar orgulloso de haber rubricado y reafirmado su entrada en la historia.

Crítica

7. Pional: “Invisible Amenaza” (Young Turks)

Llevaba dos años sin editar nada, y se le echaba de menos. Lo que queda claro al escuchar el primer corte de “Invisible Amenaza” –y el que le da título al EP, repleto de armonías cósmicas propias del mejor italodisco–, es que el parón editorial motivado por la gira intensiva con John Talabot no le ha restado creatividad a Miguel Barros, más bien todo lo contrario: el madrileño parece haberle centrado en el lado más pop y romántico de su estilo. La base sigue siendo el house con melodías cantadas, pero cada vez con las redondeces chicagueras más rebajadas, con un envoltorio más deep. “A New Dawn” es casi soul, lleva un tempo bajísimo y permite que luzca su falsete en una canción casi perfecta –las deudas con Sade son enormes, y Pional las paga con creces y con buena moneda–, mientras que “The Shy” parece la síntesis en sólo seis minutos de todas sus intenciones: house cantable, bailable y preparado para derretir corazones. Young Turks han hecho un fichaje de la hostia.

Crítica

6. Downliners Sekt EP: “Balt Shakt” (Infiné)

Hace tiempo se empezaron a revolver las aguas del escurridizo dúo franco-catalán Downliners Sekt: cerraron un acuerdo con el sello Infiné para editar su próximo álbum de estreno en la marca francesa –que llegará en algún momento de 2014, cuando terminen de forjar cuidadosamente sus nuevos metales– y también iniciaron una metamorfosis en su sonido. Es cierto que siempre ha sido imposible acotar el estilo de Downliners Sekt en una sola palabra, ni siquiera en un conjunto de palabras (¿IDM? ¿post-rock? ¿hip hop? ¿beats abstractos?), pero “Balt Shakt”, composición dividida en dos partes, añade nuevos ingredientes a la receta con ese tipo de bombo acolchado y envuelto en brumas que caracteriza al mejor deep house de los últimos años, el que se ha podido encontrar en sellos como Werk o Real Soon. Hay algo del Actress más inspirado en la manera de hacer progresar los cortes, de envolver los bombos amortiguados con capas de niebla electrónica, en colar voces sugerentes y reverberaciones propias de Burial, y en darle un giro dub a lo Basic Channel en la cara B para reforzar aún más el impacto de la experiencia. De regalo de Navidad sólo pedimos que todo el álbum sea así de bueno.

Crítica

5. Triángulo de Amor Bizarro: “Victoria Mística” (Mushroom Pillow)

De nuevo estamos ante un álbum con ese carácter tan incisivo marca de la casa. Quizá algunas canciones no son tan inmediatas como en el pasado, pero todas ellas tienen margen de crecimiento. En conjunto, “Victoria Mística” es un disco redondo, que explota al máximo los atributos de los gallegos. Mucha energía, mala hostia, letras envenenadas, cáusticas, minimalistas, reivindicativas y a veces indescifrables con el punto de mira fijado en los males de la sociedad y la política y algunos versos de esos que quedan grabados a fuego en la mente como “guillotina”, “vamos a pudrirnos en el mismo ataúd”, “sonríe, hostia” o “no quiero esperar para follar”. No coge por sorpresa este tercer LP como a lo mejor sí lo hicieron los anteriores, pero engancha de una manera endiablada. Son poco más de 30 minutos con el mejor noise-pop en castellano que te puedes echar a los oídos ahora mismo.

Crítica

4. Balago: “Darder” (Foehn)

Ese es el tono, esa es la épica: sostener la más negra tristeza con arranques de brío y un mayor uso de la percusión que en discos anteriores. A partir de aquí, no corresponde especular sobre el futuro de balago: si la línea se mantiene, que se mantendrá, porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que David Crespo traicione sus principios, volverá a ser un disco hermético, autista y dolorido, enamorado de esa estética tremendista, entre el apocalipsis y la ciencia-ficción, que es lo que llevan haciendo con variaciones y con resultados extraordinarios desde el principio y hasta hoy. “Darder” consigue levantarte y tumbarte a la vez, y si alguien quiere permanecer ciego ante esta realidad un disco más, allá con su conciencia.

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3. BFlecha: “βeta” (Arkestra)

Aunque parezca mentira, hubo un tiempo, a mediados de los ochenta, en el que el pop comercial español molaba. Las multinacionales arriesgaban y permitían que grupos como Objetivo Birmania o los primeros Presuntos Implicados se fijaran en las corrientes de la música de baile underground y las hicieran llegar al gran público en producciones que aunaban calidad y accesibilidad a partes iguales. Este parece ser el planteamiento de BFlecha en “βeta”, un disco que se propone demostrar que los estribillos pegadizos y la producción avanzada no tienen por qué ser mundos contrapuestos. Puede parecer una comparación arriesgada, pero si de algo trata este disco es de romper fronteras y prejuicios para dejar constancia de que, con dedicación y talento, otro pop (español y electrónico) es posible. Lo mismo puede aplicarse al R&B más avanzado, cuya implementación en España y con voces femeninas es prácticamente nula. Ahí está “B33” para probar que el romanticismo futurista de la escuela The-Dream también puede enamorar cantado en nuestra lengua. Como el resto del disco, no sólo funciona sino que lo hace con una naturalidad que hace preguntarse por qué nadie lo había intentado antes. Claro que, como siempre, lo difícil es hacerlo parecer fácil.

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2. bRUNA: “Thence” (spa.RK)

“Thence” no es un trabajo de sampling meticuloso, aunque está claro que bRUNA esconde homenajes por todas partes a viejos clásicos del house de Chicago, el synth-pop europeo, el eurobeat, la música clásica y el pop etéreo que forman la base de su formación estética: la música que escuchaba de niño y en su primera adolescencia, la que sonaba en la radio y estaba en la colección de discos familiar, ahora reprocesada con los filtros del recuerdo necesarios para componer un collage absolutamente personal y que podría pasar perfectamente como el disco que hace 12 años que estamos esperando por parte de The Avalanches (y que ya nos da lo mismo si llega o no, para qué teniendo esto). “Thence” es una especie de “Since I Left You” que se materializa a través de la influencia de los viejos “Max Mix” de Toni Peret y Josep Maria Castells –o los “Bolero Mix” de Quique Tejada–, las postales mentales de un verano feliz, las primeras visitas al Sónar y las compras de títulos de Warp en CD Drome: una historia que podría haber sido la tuya, y precisamente por eso conecta tan bien en lo sentimental. También es una búsqueda arqueológica en sus propias raíces. Para bRUNA, “Thence” es un regreso proustiano a sus momentos de inocencia y despertar, cuando todo estaba bien y la vida era fácil, una particular busca del tiempo perdido a la que uno se suma con entusiasmo. No son 3500 páginas, pero son 38 minutos perfectos.

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1. Henry Saiz: “Reality is for those who are not strong enough to confront their dreams” (Natura Sonoris)

“Reality Is For Those Who Are Not Strong Enough To Confront Their Dreams” fue, en su origen, un disco pretendido por varios sellos importantes. Iba a ser su álbum de debut y era un selling point importante, pero finalmente aparece en Natura Sonoris porque guardárselo para sí mismo era la única garantía que tenía Henry Saiz para que nadie interfiriera en su idea creativa, que es personal, retorcida, ambiciosa y muy alejada de la idea que se tiene de él como animador de fiestas high-class en clubes rusos con mafiosos y modelos. Aunque le ha sonreído el éxito en una escena caracterizada por el alto standing, Henry Saiz es un creador con su punto torturado: le gusta la música compleja y envolvente, le pirran los desvaríos cósmicos y los sintes antiguos, devora libros de mil páginas, tiene un sentido del humor que hoy caracterizaríamos como post-humor, alimenta un montón de gatos; no es precisamente mainstream, aunque su escena sí lo sea. El punto de partida para el disco fue el proyecto We Are Henry Saiz, un llamamiento en la red que consistía en animar a sus fans a enviarle muestras sonoras de todo tipo que irían a incorporarse a la música durante el proceso de producción. Le llegaron fragmentos dispares: llamadas telefónicas, instantes robados a la naturaleza, voces, secuencias completas de música alienígena, y aunque de entrada pueda parecer que este material facilitaba el trabajo, es muy probable que tuviera el efecto contrario, porque cuando se abre el campo de acción y se multiplican las opciones cuesta mucho concretar, y esto en alguien de discurso tan excesivo como el madrileño puede ser un arma de doble filo. Finalmente, “Reality Is For Those...” se ha convertido en un doble CD (y triple vinilo, y una cassete C-90) con 17 temas de longitud extensa situados en las antípodas del minimalismo: ni escuchándolo cien veces sería posible llegar a percibir la totalidad de lo aquí contenido. Hay registros vocales variados, trabajados con un pitch muy agudo que en una primera escucha suena forzado ( “All The Evil Of This World”), pero que rápidamente se asimila a la tesitura alta del conjunto de sonidos; incluso las frecuencias graves tienen un resplandor particular. Además hay cambios de ritmo permanentes, segundas y terceras capas de textura, microsamples y detalles anecdóticos. Si este disco fuera sólido, sería como la arena de la orilla del mar.

Dicho esto, los detalles particulares son los que dan forma a un álbum que derrocha carácter. La primera apariencia es la que ya conocemos de la música de Henry Saiz: maximalista, melódica, trabajada con esmero, con ese punto acaramelado que se corta justo cuando parece que va a entrar irremisiblemente en territorio ñoño. Pero comparado con el material que plancha en maxi –y sobre todo si es para un sello inglés por encargo– este nuevo material suena más lento y amplio, como si se hubieran fusionado para la ocasión su reciente alias para aventuras espaciales (Hal Incandenza) con su yo más rutinario. “Reality Is For Those...” es un viaje mental de una densidad de contenido altísimo, pero mantiene esos dos aspectos ya comentados –el tempo, nunca disparado hacia arriba, y el gusto melódico / melancólico– como pilares de una expresión que bordea esa zonas liminales en las que fantasía y realidad, verdad y sueño, baile y levitación, se mezclan de manera imprecisa (haced el favor de escuchar “Hymn To Nowhere”, es el resumen).

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