Listas

Resumen 2012: los mejores directos (y DJs)

Cuenta atrás con los mejores conciertos de festivales y salas de los últimos doce meses

Los últimos doce meses nos han dejado sensaciones musicales muy diversas que van desde el síndrome de Stendhal con Beach House al pavor con Diamond Version + Atsuhiro Ito pasando por el desenfreno con At The Drive-In. Aquí los recordamos.

De principio a fin, 2012 ha sido un año dorado en cuanto a conciertos se refiere. Hemos tenido la oportunidad de ver la exclusiva reunión de At The Drive-In, emocionarnos con el folk majestuoso de Bon Iver, llorar de melancolía con Beach House, ser célebres del esperado retorno de Dead Can Dance con nuevo disco, bailar con la electrónica indie-friendly de SBTRKT o aterrorizarnos con el techno crudo e industrial de Diamond Version + Atsuhiro Ito. Todo esto lo hemos visto y lo hemos ordenado en una lista de 30 acontecimientos en directo (y en las cabinas de los clubes). Doce meses en sensaciones musicales diversas. ¿Estuviste allí?

30. Totally Enormous Extinct Dinosaurs (Barcelona y Benicàssim, Sónar + FIB)

Ataviado con su característico traje de indio comanche, Orlando Higginbottom convenció desde el primer momento a la enfervorecida masa que le esperaba con los brazos en alto. Tanto luciendo su escuálida figura entre ese armatoste de equipo que lleva como cogiendo el micro cuando la ocasión lo requería, el de Oxford demostró sus tablas y no dejó ningún resquicio para que respiráramos. Teniendo en cuenta que su debut es una auténtica bomba de relojería en la que se toman de la mano desde el 2step hasta el pop de corte más mamarracho, hubo de todo y para todos. En “Garden” cedió la parte vocal a la fémina que originalmente canta el tema, pero el momento más glorioso fue ese cuerpo de baile que a partir de ”Stronger” de vez en cuando se subía al escenario para demostrar que las bellezas rubenescas pueden marcarse booty shakes de infarto.

29. Kindness (Barcelona, San Miguel Primavera Sound)

Consciente de la dificultad de calcar un disco tan “de estudio” como “World, You Need A Change Of Mind” sobre el escenario, Adam Bainbridge ha optado por convertir sus directos en una descarga de funk donde prima la diversión sobre el detallismo. Y la jugada le sale redonda. Buena parte del éxito radica en que le acompaña una banda perfectamente engrasada (coronada por dos coristas femeninas), la otra se sustenta en su carisma despreocupado, que tanto le vale para salir al escenario haciendo fotos al público, marcarse espasmódicos bailes serpenteantes o bajar al foso a cantar.

28. Apparat (Madrid, Día de la Música)

Lo de Apparat sobre el escenario Spotify en el Día de la Música fue algo de otro planeta. Al principio había reticencia: “The Devil's Walk” es buen disco, pero la idea de ver a Sascha acompañado de una banda para presentarlo en directo al caer la noche no seducía demasiado. El comienzo del directo, sin embargo, aunque sosegado fue absolutamente hipnótico. A partir de ahí, todo fue in crescendo y Apparat se convirtió en el gran triunfador de la noche ante un concurrido público que, curiosamente, guardaba bastante silencio. “ A Bang In The Void , Black Water”, “ Ash / Black Veil” y hasta un arrollador “ Rusty Nails” se dejaron caer en un concierto que se pasó por el forro el toque de queda del Matadero (Sascha y los suyos siguieron tocando como si nada cuando amagaron con encender las luces y echar a todos del escenario).

27. SBTRKT (Barcelona, San Miguel Primavera Sound)

SBTRKT sabe hacer crecer sus canciones por la única vía que tienen los directos electrónicos de poder seducir a un público que vaya más allá de la muchachada clubber; el factor orgánico. Con Aaron Jerome reforzando los ritmos de la mayoría de los cortes a la batería y con un Sampha estelar tanto en tareas vocales como en los teclados, esa fue la primera gran batalla que ganaron. La segunda fue el conseguido equilibrio entre la faceta más pop de su propuesta y los momentos más abiertamente pisteros. Y es que aunque a priori uno podía pensar lo contrario, la contención es uno de los grandes aciertos del directo (lo fácil hubiera sido recurrir a un drop tras otro). En otras palabras; se podía bailar sin que resultara cargante y se podía corear sin dejar de mover los pies. Un gran triunfo.

26. Diamond Version + Atsuhiro Ito (Barcelona, Sónar)

Mientras los alemanes lanzaban ondas de un techno bien limado, de formas minimalistas, rudo, industrial y seco, el nipón se dedicaba a profanar tímpanos a través del Optron, un tubo fluorescente modificado para utilizarlo como fuente sonora. El experimento fue del todo menos extravagante, pues el tubo funcionó como un instrumento al uso, hasta tal punto que el nipón lo manejó como si fuese una guitarra. Así, la simbiosis entre las dos fuentes sonoras fue total. Ito ofreció buenas dosis de ruido brutal, directo a la yugular, que junto a los atronadores subgraves de la dupla teutona sacudieron a los presentes con una virulencia tan fuerte como la del Terremoto de San Francisco de 1906. Los visuales, portentosos a la vez que sobrios, echaron el resto.

25. Teengirl Fantasy (Barcelona, Razzmatazz)

Teengirl Fantasy son una de las propuestas más estimulantes de la música electrónica contemporánea, y una de las más valientes. Pudimos comprobarlo en el directo que ofrecieron una horas después de mantener una charla con ellos en la sala Razzmatazz. Armados con sintetizadores, cajas de ritmo, samplers y procesadores de efectos, tocan su música sin red, alcanzando cotas de intensidad difíciles de experimentar en los shows electrónicos actuales, la mayoría de ellos sujetos a la dictadura del pre-grabado.

24. John Talabot (Barcelona y Madrid, San Miguel Primavera Sound + Sónar + La Riviera)

A diferencia de otros productores de electrónica, acomodados con sus live sets, John Talabot (y su compañero de batallas, Pional) no se conforma con haber dado uno de los mejores directos de la primera mitad de año, como pudieron atestiguar quienes les vieron en Sónar o Primavera Sound, por ejemplo, y decidió incorporar unos cambios en Madrid, y para bien, que ya presentaron en la gira norteamericana junto a The xx. Repasaron los puntos álgidos de “fin” “So Will Be Now” cada vez tiene más números de convertirse en uno de los hitos nacionales de 2012– y también añadir algunas sorpresas agradables. Primero en la forma de “I’ll Be Watching You” (hay que ver lo bien que sentó entre el público de Madrid ese bombito español), un tema que, al parecer, se editará próximamente en Hivern, y ya para acabar una mezcla entre el remix al “Cheaters” de Teengirl Fantasy y su primer gran hit, “Sunshine”. Lo de esta gente no tiene nombre.

23. Django Django (Benicàssim, FIB)

Seamos honestos, la gente lo que quería a las doce de la noche era bailar y ver a cuatro veinteañeros en bermudas que se lo permitiese. Y para eso estaban Django Django. A medio Bob Dylan llegaban ecos de que el escenario de Little Dragon estaba petado, pero no llegamos a imaginar que habría tanta gente para ver a los escoceses, que coincidían con el final del concierto del cantautor de Minnesota. Pero se entendió, en parte, cuando preguntaron al público qué les había parecido y respondieron con abucheos. Repasaron casi todo su debut homónimo, a ratos recordaron a unos Animal Collective más orgánicos y accesibles y en ningún rato pisaron el freno. Si el éxito de una canción se tuviese que calibrar a partir de los saltos y los gritos de las personas, “Default” sería la mejor del año.

22. Los Planetas (Barcelona, San Miguel Primavera Club)

No fue el fin del mundo, ni el fin de Los Planetas, sino un concierto más, no el mejor que se les recuerda, tampoco el peor, simplemente un feliz reencuentro con una banda que, incluso en los malos momentos, tiene himnos para salvar la papeleta. No se privaron de nada y fueron cayendo en riguroso orden una inesperada “Toxicosmos”, “La Guerra de las Galaxias”, “Corrientes Circulares En El Tiempo”, “Santos Que Yo Te Pinte” y su último repertorio aflamencado ( “Alegrías del Incendio”), aunque estos Planetas reactivados no vinieron a reivindicar sus giros recientes, sino su apabullante fondo de armario noise-pop, como confirma un tramo final en el que cumplieron los sueños de sus fans treintañeros con “David y Claudia, “De Viaje”, “Un Buen Día” y “Segundo Premio”. En dos horas Los Planetas son capaces de tocar el cielo e irse por los cerros de Úbeda, pero anoche fue más lo primero que lo segundo. Y eso, en su escala particular, es un buen concierto. De los mejores.

21. Kuedo (Gijón, LEV)

La verdadera atracción del festival fue el show audiovisual de Kuedo. Con una pantalla impresionantemente grande actuando como punto central, la posición de Jamie Teasdale en una esquina del escenario con su ordenador y sus controladores implicaba que él pasaba a un segundo plano para dejar que en su lugar hablaran la música y las visuales. En 45 minutos, el productor, ahora con sede en Berlín, repasó casi todo su álbum de debut trabajando algunos temas de forma nueva –añadiendo capas, cambiando las melodías de sitio, intercambiando ritmos e incluyendo interludios que no habíamos escuchado antes, incluso con uno de un rapero–.

20. Chromatics (Barcelona, San Miguel Primavera Sound)

Caminando por la zona de público del escenario Pitchfork nos dimos de bruces con un tipo ataviado con la cazadora que luce Ryan Gosling en “Drive”. Para matarlo, vamos. Pero esa imagen definía bien la tremenda expectación que levantó la actuación de Chromatics, reflejo directo del todavía hoy imparable efecto ”Drive”: lleno hasta la bandera y entrega absoluta del respetable al son de sus nuevas canciones. Tres consideraciones del bolo: primero, difícil sonar mejor en ese escenario; segundo, en directo su propuesta gana punch y efusividad, como si sus canciones hubieran consumido clembuterol y EPO para incrementar su dinámica y viveza; y por último, qué derroche de personalidad, haciéndose más suyas que nunca “Running Up That Hill”, de Kate Bush, y ”Hey Hey My My”, de Neil Young, y defendiendo con convicción de grupo grande su disco-pop noctámbulo. Menudo triunfo.

19. Julia Holter (Madrid, Día de la Música)

Su propuesta es arriesgada: su último disco, “Ekstasis”, gana con cada escucha y además invita a ser interpretado durante la noche, y no a la hora de la siesta (había quien parecía estar a punto de dormirse durante el concierto). Nada de esto pareció achantar a la artista. Holter logró recrear la atmósfera de “Ekstasis” con un teclado, una batería y un chelo. Sonó como una Diamanda Galás contenida, a ratos se acercó a planteamientos jazzísticos y en otros a la vanguardia más rupturista. “This Is Ekstasis” y “Moni Mon Ami” sonaron espectaculares, e impresionó la capacidad de Holter para sostener notas altísimas casi sin esfuerzo. A ratos sumergió al público en un mundo etéreo y atemporal. Sin duda, una de las grandes actuaciones del festival.

18. Actress (Barcelona, MiRA)

Darren Cunningham empezó algo dubitativo debido a ciertos problemas técnicos pero pronto fuimos tomando consciencia de la que se nos venía encima. De todos los sets que le hemos visto, este fue el más intenso y descarnado con diferencia. El londinense convirtió la pequeña sala en una olla a presión de la que brotaba techno obsesivo y malsano, con texturas tan grumosas que parecían mancharte la camiseta y ráfagas abrasivas que desembocaron en un inesperado desparrame general. La temperatura subió y al único al que no pareció afectarle fue al propio Actress, quien sorprendentemente permaneció embutido en una chaqueta, bufanda y gorro de los Detroit Tigers.

17. Azealia Banks (Madrid, Día de la Música)

Acompañada tan sólo por dos bailarinas y un DJ y en apenas media hora (que es lo que duró su show, ni más ni menos), puso en pie al público del Matadero y no dejó indiferente a nadie. Azealia lo petó, así de claro: demostró que ella sola se basta y se sobra para comerse el escenario, que lo suyo es vozarrón y de los buenos (cuidado Beyoncé) y que se mueve como mandan los cánones. Lo da todo y encima derrocha (y contagia) buen humor. Además tiene hits incontestables como “1991” (que presentó como su canción favorita) o “212”. Sí, sólo duró media hora, pero fue tan arrollador que no hizo falta más: eclipsó al resto del cartel con sólo un chasquido. Azealia no apunta maneras: es la manera.

16. Alt-J (Islote de San Simón, Vigo, Sinsal San Simón)

Alt-J se postula como revelación del año; ver cómo se desenvuelven los de Cambridge en el escenario podía marcar la diferencia. En completa armonía con el entorno, tocaron los temas de “An Awesome Wave” convirtiéndolo en rock de cámara. Voces domadas por años de disciplina y usadas también como instrumento, originalidad suprema en los arreglos, el carisma del teclista, la precisión y la importancia que gana la batería cuando le prestas la atención merecida y una total comunión con el entorno natural hicieron del bolo de Alt-J uno de los momentos del día para quien firma. El fin de fiesta estaba cerca y no es una alusión al nubarrón que apareció con las últimas notas de Alt-J.

15. Triángulo de Amor Bizarro (Barcelona, San Miguel Primavera Club)

Los gallegos salieron, como cabía esperar, con el cuchillo entre los dientes. Ya lo anunció Isabel: “Vamos a dar un poco por culo como siempre”. Por eso se entiende un noise-rock con unas guitarras afiladísimas, bordeando el umbral del dolor en algunos tramos de su corta pero realmente intensa actuación. No se dejaron los hitos de sus dos álbumes (la más aplaudida y coreada fue, cómo no, “De La Monarquía A La Criptocracia”, introducida irónicamente con un agradecimiento a Ana Botella por hacer realidad el festival). Los sintetizadores ganaron presencia a partir de la más electrónica “El Himno De La Bala” y no se fueron hasta el final. Por el camino cayeron una “Super Castlevania IV” en la que la vocalista le dio a la batería, los dos temas nuevos que han grabado con Sonic Boom (especialmente atronadora fue “Sus Hijas Entonaban Tus Cánticos Inflamados”) y otra pieza nueva con un rollo muy krautrock que confirmó que para el tercer disco los sintes tendrán más presencia. Pero que nadie tema nada, la garra y el estruendo no se han perdido, al contrario, se acentuaron más que nunca.

14. Sigur Rós (Madrid, DCode)

A pesar del molesto guirigay circundante, los islandeses cuajaron un show arrebatador, en el que lejos de querer contentar al sector más farandulero del público, obviaron sus temas eufóricos (algunos de su penúltimo disco, del que sólo sonó “Festival”) y apostaron por la calma crepitante, la intensidad y esos salmos extraterrestres que les han hecho grandes. “Svefn-g-Englar”, “Sæglópur”, “Hoppípolla” Así, diez temas, hasta llegar a “Popplagid”. Jónsi demostró que el regreso del grupo con “Valtari” (del que apenas sonaron un par de cortes) no es pasajero. Tras su aventura electrónico/jipi en solitario, el cantante quiere volver a la esencia del sonido que comenzó a explorar junto a sus compañeros a mediados de los 90. El poderío instrumental de la banda (una decena de músicos, incluyendo un trío de vientos y otro de cuerda) y las impactantes imágenes de las pantallas del escenario (montajes en blanco y negro de los artistas tocando en directo y en primer plano) contribuyeron a aumentar la sensación de haber asistido a algo único.

13. At The Drive-In (Benicàssim, FIB)

Cedric transmitió toda la rabia de las canciones, muchas de ellas clásicos básicos del post-hardcore, con momentos de incontrolada insolencia (sobró que escupiera, golpeara las cámaras y tirase agua a los fotógrafos) y otros algo desconcertantes como cuando alternaba sus rugidos con sorbitos a una taza de café con un Cristo hortera estampado. Tampoco se cortó Jim Ward a los coros. Calcaron el setlist de Coachella, tanto en orden como en selección. Es decir, cayeron todos los pepinazos del esencial “Relationship Of Command”, pero también se acordaron del “In/Casino/Out” y de “Vaya”. Concierto a piñón fijo que acabó, como no podía ser de otra manera con “One Armed Scissor”, que desató salvajes pogos en las primeras filas. Una pena que se olvidasen de la intro de Iggy Pop de “Enfilade”. This station is now operational, ¿pero hasta cuándo?

12. Todd Edwards (Barcelona, Nitsa)

Y entonces llegó el momento: allí estaba Todd Edwards con una pequeña cruz de luces de led colgada al cuello (el logotipo de su flamante sello discográfico Nu Trend Music), agradeciendo la calurosa bienvenida del público con su sempiterna sonrisa. Como era de esperar, y para regocijo de sus fans, la práctica totalidad de los temas escogidos fueron producciones propias, alternando clásicos ( “Saved My Life”) con trabajos recientes ( “Echo Of The Past”, “Hold The Faith”, “Touch”) y varias de las remezclas que han hecho de él una auténtica leyenda viva de la música de baile, como por ejemplo su famosa reconstrucción del clásico “Numbers” de Kratwerk o su revisión del “Face To Face” de Daft Punk, especialmente celebrada por el público.

11. The Stone Roses (Barcelona y Benicàssim, Razzmatazz + FIB)

A juzgar por los vídeos de sus conciertos en el Heaton Park de Manchester y el anterior paso de Ian Brown como solista en el FIB 2010, había bastante temor de que el concierto de The Stone Roses fuese un poco fiasco debido al paupérrimo hilo vocal con el que a veces nos tortura king monkey. Aunque en realidad fue meteórico. De acuerdo con que el tipo no tenga la mejor voz de la historia, pero no se le pudo exigir más. Estuvo pletórico, tan macarra como siempre, con esa actitud de chunguillo de barrio, escupiendo al escenario y besándose el brazo. Esta vez, por lo menos, no iba en chándal, como es habitual el look de la banda dejó bastante que desear, exceptuando un elegante John Squire, y con especial hincapié al gorro/mocho de Reni. Sonó todo lo que tenía que sonar, pero con una segunda mitad celestial. Squire estuvo colosal a la guitarra en “Fool’s Gold”, en la que abrumó con su pericia y regaló ondas de reverb inesperadas. Fue una vuelta a los tiempos de The Haçienda en toda regla. Cayó “Waterfall” y esa suerte de versión al revés que es “Don’t Stop”. La última media hora fue el summum, con “Love Spreads”, “Made Of Stone”, “This Is The One”, “She Bangs The Drums” y “I Am The Resurrection”, así del tirón y sin concesiones.

10. The Cure (Barcelona y Bilbao, San Miguel Primavera Sound + BBK Live)

La re-incorporación de Roger O'Donell (y por ende el regreso de los teclados a sus directos) es, se mire como se mire, una gran noticia. Con él, las canciones ganan en profundidad y pueden permitirse sets quilométricos como el de anoche en el que no faltó prácticamente ningún hit, de ”Pictures Of You” a ”In Between Days” y de ”Just Like Heaven” a ”Friday I'm In Love” (que, como dijo Robert Smith, ”siempre suena mejor los viernes”) pasando por el colofón con ”Boy's Don't Cry”, pero en el que también hubo espacio para recuperar cortes menos conocidos para regocijo de los fans. Todo ello con un sonido impecable, en el que sobresalía la base rítmica que tejían Jason Cooper y un inconmensurable Simon Gallup. Sobre ella, un Robert Smith pletórico demostró que, a los 53 años, sigue conservando todo el carisma de niño raro con corazón romántico y una privilegiada capacidad vocal. Fue uno de los conciertos más multitudinarios que ha acogido el Primavera Sound y uno de los pocos al que el adjetivo de “histórico” no le viene grande. En resumen; impagable.

9. Beach House (Barcelona, San Miguel Primavera Sound)

“Wild” fue la puerta de entrada a un setlist que, en su mayoría gravitó entre el reciente “Bloom” y “Teen Dream”. La segunda fue “Norway” y el público ya estaba completamente rendido a sus pies; muchos ojos entrecerrados y bailes circulares que destilaban regocijo. A lo largo de todo el concierto, sonaron impolutos y cristalinos, con un sonido más grande que nunca y con una Victoria Legrand estelar que volvió a demostrar que posee una de las voces más evocadoras del pop contemporáneo. Cayeron “The Hours”, “New Year”, “10 Mile Stereo”, “Myth”... y la ensoñación no se rompió ni un solo segundo. Así hasta finalizar con una inconmensurable “Irene” que, por si había alguna duda, corroboró que el trono del dream-pop contemporáneo tiene inquilino para rato.

8. Radiohead (Bilbao, BBK Live)

De acuerdo que ver el show previsto con pantallas móviles y una pantalla gigante de Led probablemente habría sido legendario, pero no nos engañemos, después de ver el pedazo de concierto que ofrecieron, cualquiera se atreve a decir que apechugaron con lo que pudieron. En las casi dos horas que duró, Radiohead presentaron su último disco, “The King of Limbs”, con temas como “Bloom” y “Lotus Flower”, pero también hubo tiempo para complacer a los menos puestos, con himnos míticos como “Idioteque”, “Paranoid Android”, “Karma Police” y el colofón final de la enorme “Everything In Its Right Place” (con una intro de “After The Gold Rush”). No se pudo pedir más; bueno sí, que no cayera una tormenta y que solo chispeara, lo justo para hacer el momento más memorable si cabe, mientras se cantaban baladas sin complejos. Una postal.

7. The xx (Barcelona y Madrid, San Miguel Primavera Sound + La Riviera)

Abrieron el concierto con una sobrecogedora nueva composición y ya desde los primeros compases se vieron los frutos de los dos años de rodaje sobre los escenario. Las voces de Oliver y Romy han ganado en seguridad y profundidad (especialmente la de él, la de ella siempre ha sido arrebatadora), los duetos entre ambos suenan mejor empastados y el protagonismo de Jamie xx ha crecido a la par que el equipamiento que le rodea. Las canciones de su debut (de “Islands” a “Shelter”, de “Basic Space” a “Heart Skipped A Beat”) sonaron como los clásicos modernos que son mientras que las nuevas parecen abrazar un sonido algo más expansivo y deudor de los ritmos bailables. Incluso se atrevieron con una versión instrumental de “I'll Take Care Of You”. Es la confianza de saberse referentes del pop contemporáneo.

6. DJ Spinn & DJ Rashad (Barcelona, Sónar)

Bienvenidos a Chi: fue alucinante ver cómo la gente respondía a la música que escupía el sound system con extraños movimientos corporales. Había quien abrazaba la velocidad y la energía y se integraba en la música; otros ponían la mirada extraviada, incapaces de seguir con sus pies el ritmo. Todos se lo pasaban bien. Y a medida que transcurría su hora, Spinn & Rashad empezaron a excavar himnos reconocibles alternados con nuevas producciones, increíblemente duras en su patrón 4x4, con las cajas sincopadas y los samples de voz cargados de humareda. Y aún así, nadie se perdía ni un compás: había ecos de hardcore europeo y gabber entre el material más duro que pincharon. La pareja indujo al público a un trance: eran como chamanes modernos, aunque sería mejor llamarles por su nombre: los tecnócratas del gueto.

5. Dead Can Dance (Barcelona, L’Auditori)

Dead Can Dance es una banda que admite muchas bifurcaciones de estilo y hay un tipo de sonido ideal para cada fan: hay quien prefiere las fricciones de Gerrard con el canto gregoriano y quien admira su vena oscura; hay quien está más del lado de Brendan en su inquietud por fusionar tradiciones cristianas, judías e islámicas y quien entra en trance con las canciones abiertamente persas y sufíes. En directo ellos ponen todo eso en equilibrio haciendo que el espectáculo sea para todos, sin cargar las tintas en ningún ramaje concreto, sabedores de que Dead Can Dance son muchos lenguajes unidos y que su poder está en la suma, nunca en la división. Tras dos horas de éxtasis, llegó el momento de bajar a la tierra. Había sido una experiencia inolvidable.

4. Bon Iver (Barcelona, Poble Espanyol)

Cuando todo se reducía a Vernon, y poco más, tal como ocurrió en “Skinny Love”, “re:stacks” o “Wash” (aquí sí que los violines entraron directamente a matar), el concierto se crecía, la magia se palpaba sobre el escenario. El venazo Peter Gabriel demodé de “Beth/Rest” siempre es un bajonazo (tanto allí como cuando, por casualidad, suena en nuestro reproductor), aunque la velada remontó ya en los bises con “The Wolves (Act I and II”), recurriendo a la catarsis corista del público, y con esa “For Emma” como punto final de esta montaña rusa de sensaciones que Vernon y sus compinches provocaron. En ocasiones como esta es cuando hay que recuperar esa creencia del menos es más, o bien soñar con verles en un teatro en condiciones.

3. The Roots (Barcelona, Sónar)

El grupo de Filadelfia no cedió ni un solo minuto de su show para revisar “Undun”, ya no sólo uno de sus tres mejores álbumes sino la principal noticia por la que la banda había venido a Europa, impecable y rejuvenecida mental y musicalmente: agradezcamos al señor Fallon esta versión mejorada, más rodada y engrasada, de unos The Roots en estado de gracia que han crecido de la única manera posible, ni más ni menos que tocando y ensayando más. Para el final, la traca: “The Seed 2.0” y su particular versión del “Men At Work” de Kool G Rap. A modo de guiño, y cuando el grupo ya enfilaba rumbo a los camerinos, los bafles empezaron a escupir “The Other Side”, uno de los momentos cumbre de “Undun”. Actitud.

2. Portishead (Barcelona, Poble Espanyol)

Fue éste un concierto de grandes momentos, a la altura de la leyenda. Por ejemplo, las imágenes que se mostraron de una huelga general en España durante la atronadora “Machine Gun”; la inclusión de “Chase The Tear”, que se dejaron en el FIB y que aportó los minutos más sintéticos; el crescendo final ligeramente modificado respecto al original de “Mysterons”; un sonido que rozó la perfección; y, otros tantos instantes que ya se han mencionado más arriba. Pero si nos tuviésemos que quedar con uno sería con esa despojada versión que hicieron de “Wandering Star”, situada inteligentemente en la parte central del set, en la que tocó el trío en solitario. Emocionante y personal, sobrecogedores Utley y Barrow y vulnerable Gibbons, dibujaron conjuntamente atmósferas densas y nebulosas. Una noche para el recuerdo.

1. Swans (Barcelona, San Miguel Primavera Club)

Bien es cierto que lo ya de por sí grotesco y sórdido de la actuación de Michael Gira y compañía pasaba a irreal cuando uno emergía del embudo de ruido para ver como al público le sobraba media sala y a la banda medio escenario. Ellos seis parapetados por su murete de amplis hubieran lucido mucho mejor en la maltrecha sala Apolo. No obstante, la sensación de admiración y satisfacción se ha percibido durante todo el concierto. Y es que cuesta no admirar, por mucho que te moleste la avalancha de distorsión, a músicos que tienen que estirar las manos entre canción y canción (de diez minutos para arriba) evitando agarrotamientos. Nuestro umbral del dolor llegó a 15 minutos antes del final y llegábamos vírgenes a Swans. Pero que la primera vez duela nunca ha hecho que las siguientes no gusten.

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