Listas

Resumen 2012: los mejores artistas debutantes

30 nombres de futuro que han empezado a destacar con fuerza en el año que se acaba

Toda gran carrera tiene siempre un principio. Hay artistas que tardan en madurar y alcanzar la excelencia, pero otros apuntan grandes maneras ya desde sus primeros pasos. Esta lista reúne a 30 nombres que en 2012 han demostrado que el futuro es suyo. ¿Quién merece el primer puesto?

No somos futurólogos, no tenemos una bola de cristal como Octavio Acebes ni un pinganillo como Anne Germaine, no podemos comunicarnos con lo desconocido, pero en esta lista que viene a continuación vamos a poner sobre el tapete nuestras dotes adivinatorias, basadas, eso sí, en pruebas reales de altísima calidad artística: discos asombrosos, irrupciones majestuosas, ritmos de arranque frenéticos; en definitiva, una clasificación de 30 artistas de los que apenas teníamos conocimiento (o ningún conocimiento en absoluto) en 2011 y que nos han demostrado en 2012 que son el futuro. Ahora queda en sus manos llevar las riendas de su carrera y ser igual de asombrosos en 2013, 2014 y en adelante como lo han sido en los últimos 12 meses. Del 30 al 1, los mejores artistas debutantes del año.

30. 1991

De la nada –mejor dicho, de Suecia– ha llegado Axel Backman, un joven productor de 21 años, si entendemos que su alias es también su año de nacimiento, que ya cuenta con tres releases valiosos en lo que va de año: una cassette en el también pujante sello Opal Tapes titulada “High-Tech, High-Life”, un álbum de fulgores brillantes y melodías pálidas en la plataforma Astro:Dynamics llamado “1991” y, recién salido del horno, el segundo volumen del sello Boomkat Editions, que es precisamente una reedición en vinilo de la cinta antes mencionada. Y aquí lo que tenemos es un creador de viñetas de color sepia, nostálgicas y analógicas, que pone en el mismo tablero de juego influencias de The Cure y Boards Of Canada, sintes de intención planeadora y melodías tristes, encontrando una nueva manera de hacer música hipnagógica sin que suene a lo conocido con anterioridad. Las probabilidades de que siga los pasos victoriosos de Oneohtrix Point Never son altísimas.

29. Evian Christ

La historia de Joshua Leary es uno de esos extraños milagros de Internet. Involucrado en la creación vía la colección de sintes de su padrastro, Leary crea unos cuantos beats y los cuelga en Youtube. Al día siguiente están en Dummy y su inbox rebosa mensajes de sellos y managers –entre ellos, uno de Tri Angle–. Evian Christ era un proyecto vital secundario, un escape para dar color a la aburrida vida en su ciudad natal mientras estudia para ser maestro. Se decidió por Tri Angle después de saber que el sello había editado material de Clams Casino. Su “Kings And Them” (primero como freebie, luego en versión redux física) aporta al catálogo del sello –y al panorama electrónico actual– una nueva visión del cloud rap de oscura extrañeza y aires gangsta.

28. TOY

Si metiésemos en una misma habitación a The Horrors, Primal Scream y Neu!, sonaría algo parecido a lo que TOY han esculpido con su primer álbum. Temas fuertes como un roble donde hay tanto de drenajes psicodélicos como ritmos motorik, post-punk elegantemente enrabietado (algo lógico después de que tres de sus miembros tuviesen que echar el cerrojo a su antigua banda, Joe Lean & The Jing Jang Jong, porque con la crisis no podían pasar por un estudio de grabación) y una exquisita visión del indie británico que rehúye de las modas y lo que predican los tótems de la prensa de su país. Han llegado para quedarse.

27. Grischa Lichtenberger

No es exactamente un debutante, ya que en 2009 y 2011 planchó sendos vinilos en sellos tan poco sospechosos de mediocridad como Raster-Noton (“Treibgut”) y el madrileño Semántica (“Graviton -Cx”), pero su nombre nunca había circulado de boca en boca como lo ha hecho este año. En su contra está el espaciar mucho los lanzamientos –uno por año no es un buen ritmo si se quiere dejar huella–, pero en el caso de Grischa la pausa le ha traído más beneficios que la urgencia: su álbum de debut en Raster-Noton, el espléndido “and IV [Inertia]”, es de aquellos que sólo pueden alcanzar ese nivel si es con mucha calma, trabajando cada sonido electrónico como si fueran aristas de diamante. En su interior encontramos un híbrido convulso entre IDM de la escuela Autechre y el nuevo techno angular que hace gente como Byetone y Alva Noto: un volcán digital que ya ha dejado su huella.

26. THEESatisfaction

El año pasado ya hicieron acto de aparición como voces al fondo en el debut de Shabazz Palaces, el primer artista hip hop fichado por el sello Sub Pop, pero el interés de la discográfica de Seattle por la música urbana, el soul y el rap no se iba a detener ahí: este año entraban en su roster Stasia Irons y Catherine Harris-White, las dos ‘queens’ que forman THEESatisfaction, uno de los dúos más estimulantes y honestos de neo-soul. Voces compenetradas, producciones sedosas, un valiente planteamiento ético –son lesbianas y utilizan su música para honrar y defender los derechos del colectivo homosexual– y, sobre todo, un álbum de debut que les garantiza un buen futuro en años por venir: “Awe Naturale”.

25. Alt-J

Teniendo en cuenta que han sido los ganadores del prestigioso Mercury Prize este año, no podían faltar en esta lista. Puede que la voz de Tim Newsom resulte algo incómoda a la primera escucha, pero una vez superado el trance lo que queda es un rompecabezas de armonías a cappella que se balancean entre la cuidada producción orgánica y mantos de sintetizadores anímicos que nos invitan a un curioso viaje por el indie británico de nuevo cuño. Recurriendo incluso al folk, la banda (a la que empezamos a conocer bajo el símbolo ▲) construye un universo propio de lo más peculiar, lo cual ya es mucho decir.

24. Mac DeMarco

Su mini álbum de principios de año, “Rock And Roll Night Club”, nos hizo fruncir a más de uno el ceño. Pecó demasiado de lo-fi y no exhibía todo el potencial que finalmente sí ha asomado en “2”, el debut propiamente dicho de Mac DeMarco en Captured Tracks. Un poco a la manera de otro lobo solitario como él, el británico Spectrals, escribe sobre chicas, pero esta vez con unas dosis de costumbrismo que hacen sonar familiares y cercanas a sus canciones. En el disco se observan ecos de bandas de ayer (Orange Juice y, especialmente, Jonathan Richman) y de hoy (Cass McCombs, pero sin ese halo de fatalismo encima). Una grandísima inclusión al equipo de jangle pop moderno.

23. METZ

Que el álbum de debut del trío de Toronto Metz haya sido editado en Sub Pop no podría ser más conveniente, no en vano, al escuchar su feroz música te vienen a la cabeza un sinfín de nombres asociados al post-hardcore, al grunge o al post-punk como Big Black, The Jesus Lizard y, por supuesto, Nirvana. “Metz” podría formar un interesante tríptico con “Celebration Rock” de Japandroids y “Attack On Memory” de Cloud Nothings. Discos que son todo rabia, energía desbocada, que dejan intuir unos directos salvajes de cuchillo entre los dientes. Por lo pronto tendremos la oportunidad de ver cómo se desenvuelven sobre el escenario el próximo febrero. Buen momento para ver si asientan como una de las grandes promesas del género.

22. Kindness

Aunque a primera vista pueda parecer carne de revista de tendencias, el proyecto liderado por Adam Bainbridge se ganado la credibilidad paso a paso. Inauguró el año con el notable pero algo irregular “World, You Need A Change Of Mind”, un disco en que a ratos suena como un Arthur Russell moderno y en otros se le va la mano con el azúcar. Sorprendió con vídeos tan originales como el de “Gee Up” o el de “House”, pero donde de verdad se ganó a pulso su condición de revelación del año fue sobre el escenario. Apoyado en su magnético carisma y en una más que solvente banda, sus conciertos sí se convierten en la perfecta maquinaria funk que prometía el disco. Ahora sólo queda que sepa canalizar toda esa energía en el estudio.

21. Baauer

Se puede decir que este curso musical tiene un antes y un después: el Essencial Mix de Rustie para la BBC Radio 1. El escocés cargó su set de material inédito que, a su vez, fue ripeado, colgado y blogueado hasta la saciedad. Entre los highlights de esa sesión se encontraba “Harlem Shake”, apoteósico banger rapístico de este neoyorquino de 23 años que, con un solo tema, ha conseguido estar en boca y maleta de todo hijo de vecino. Primero fue Mad Decent a través de Jefree’s; luego firmaría por LuckyMe para editar Dum Dum”. Su material es escaso, apenas cinco temas en dos referencias y unos cuantos remixes. Pero su fama y caché ya cotiza a niveles estratosféricos. ¿Su secreto? Es criminalmente efectivo.

20. Halls

Aunque el jovencísimo Sam Howard, productor del sur de Londres que responde al alias de Halls, se dio a conocer el año pasado con el sencillo “Solace / Colossus”, no ha sido hasta hace unos pocos meses cuando por fin se le ha hecho el caso que se le merecía. Todo viene al hilo de la publicación de su álbum de debut para No Pain In Pop, “Ark”, un trabajo fascinante, bello, frágil, evocador, dramático e introspectivo. En sus sensibles canciones se advierten ecos de James Blake, Thom Yorke, Mount Kimbie y Arvo Pärt, entre muchos otros. La suya es, pues, una electrónica de tono majestuoso, aderezada con magníficos coros, ritmos delicados y atmósferas envolventes.

19. Locked Groove

Le descubrimos cuando Scuba incluyó su aplastante “Drowning” en su DJ-Kicks, y desde entonces Locked Groove se ha confirmado como uno de los grandes descubrimientos recientes de Hotflush. Empezó haciendo dubstep pero ha sido con sus producciones de techno y house con las que este joven belga que quiere permanecer anónimo sea convertido en uno nombres más a tener en cuenta del nuevo mapa underground. Su receta no esconde demasiados secretos pero, sin embargo, facturarla de un modo tan refinado no está al alcance de cualquiera. A partir de influencias clásicas en las que se mezclan la vieja guardia de Detroit con housemasters como Terrence Dixon o Theo Parrish, con sólo tres EPs ya ha alcanzado el que debería ser el principal anhelo de cualquier productor; un sonido perfectamente propio. Y lo mejor está por venir, seguro.

18. DIIV

DIIV es algo más que un proyecto paralelo. Aunque algunos pensaron en un principio que su fundador, Zachary Cole Smith, era guitarrista de Beach Fossils, lo cierto es que sólo lo era durante las giras. Ahora, completamente emancipado, ha creado una banda alrededor suyo que debe mucho a los neoyorquinos, es decir, esperad en su álbum de debut, “Oshin”, mucho indie rock en el que las guitarras y el reverb cargan con todo el protagonismo. Pocas pistas vocales y cierto ambiente opresivo (el mismo que se vivió durante su grabación en un pequeño estudio de pintor de Bushwick). Uno de los principales responsables de que Captured Tracks haya recuperado parte del crédito perdido.

17. Ryan Hemsworth

El valor de este joven beatmaker canadiense reside en su ambivalencia y su desmesurada productividad. Pero si hay algo que nos ha enamorado de Ryan Hemsworth es esa impronta emotiva que estampa en todos sus beats y remixes, solo superados en glucosa este año por Cashmere Cat. En la prensa lo han llamado chill-trap. Ni lo emocional de sus composiciones siempre invitan al chillax –Hemsworth aspira a producir tanto para el club como para el dormitorio– ni sus producciones tienen la urgencia nerviosa –y escasa calidad– de toda la montaña trap que ha surgido este año. Checa su “Last Words” para WEDIDIT o sus remixes recolectados en su “Foolcast 035: Ryan Hemsworth Collected”. Y recuerda su nombre.

16. Mykki Blanco

La primera vez que vimos a Mikey Quattlebaum paseaba por Nueva York travestido escupiendo una perorata entre el spoken-world y el rap a los viandantes que se cruzaban en su camino. Era 2011 y todavía no sabíamos que el protagonista de esa performance urbana iba a ser el estandarte de una nueva corriente llamada queer rap. A este neoyorquino le gusta más considerarse un artista multidisciplinar que un rapero. Solo así se explica que sus dos trabajos este año disten en lo estilístico. Mientras “Mykki Blanco & The Cosmic Angels” se inclina hacia el hardcore a là Death Grips, su reciente “Cosmic Angel: The Illuminati Prince/ss” muestra su apego por esa escena donde el rap y la música de baile han resultado un matrimonio bien avenido. Sea como sea, Mykki va más allá del concepto “artista” para acercarse a la idea de “individuo espectáculo”.

15. Melody's Echo Chamber

Aunque el día que falleció Trish Keenan de Broadcast fue uno de los más tristes para la historia de la música, lo cierto es que la vida sigue, y en este tiempo hemos tenido el privilegio de disfrutar de algunas voces parecidas a la suya. Una de ellas es Melody Prochet, alias Melody’s Echo Chamber, cuyo debut homónimo, producido en Perth junto a su pareja, Kevin Parker, mente maestra de Tame Impala, es una joya de orfebrería para todos aquellos amantes del dream-pop y la psicodelia. Algunos de sus embrujos, como “I Follow You”, “Bisou Magigue” y “Be Proud Of Your Kids”, tanto en inglés cono en francés (añadiendo, así, un plus de sensualidad) han llegado hasta lo más profundo de nuestros corazones.

14. Angel Haze

Ha sido el año de las chicas raperas y Angel Haze es, sin duda, una de las que brilla con más fuerza. Como muchas de las nuevas estrellas del firmamento hip hop, su ascenso está íntimamente ligado a internet, pero es poco probable que se quede simplemente en una sensación online. Alejada de la teatralidad de Azealia Banks, una imagen sin artificios y su descarnado flow dejan claro que lo suyo es la crudeza. En las dos poderosas mixtapes que ha editado este año, Reservation” y “Classick”, ha sorprendido a propios y extraños con una lírica explícita y descarada de tono altamente confesional. Valga como ejemplo la desgarradora “Cleanin' Out My Closet”, en la que relata los abusos que sufrió en su infancia sobre un beat de Eminem. Todo ello le ha valido un contrato con Universal, donde editará su álbum de debut en 2013. Con toda la probabilidad, será su año.

13. Joey Bada$$

En 2011 vimos como Nueva York resurgía como escena en términos hip hop. Sin embargo, prácticamente todo el peso de este renacimiento se lo llevaba A$AP Rocky y su A$AP Mob. No podía que ser que en la capital del mundo todo el hip hop que se estaba cociendo hablase de ropa de marca, kilos de weed y quilates de oro. Joey Bada$$, un muchacho de 17 años, llegó a mitad de 2012 para poner de manifiesto que hay otra manera de hacer rap en NY: la suya. Recuperando los beats melancólicos y jazzísticos de la golden era –una etapa que ni él mismo vivió– Bada$$ construyó su mixtape “1999”. La rutina vital de este muchacho, sin aspavientos ni pretensiones, así como su amor por los clásicos, centran sus letras. Rap cotidiano, accesible y brillantemente real. Su futuro promete.

12. Django Django

La sombra de The Beta Band les persigue. Aunque no debe extrañarnos lo más mínimo la referencia si atendemos a que el hermano mayor del batería de Django Django formaba parte de aquella banda de culto que ostentaba el eclecticismo como mayor arma. Psicodelia, troteos country, sintes marcianos venidos del más allá, juegos vocales que ríete tú de los Beach Boys… Lo mejor de este divertido cuarteto escocés es que no sabes por dónde te pueden salir. Juegan con el factor sorpresa y a despistar al oyente. Y eso, si uno decide libremente entrar al trapo, se traduce en canciones joviales cargadas de un aura misteriosa y más que atractiva. Su homónimo debut habla por sí solo.

11. Holly Herndon

La californiana Holly Herndon consigue un milagroso equilibrio entre intelectualidad en materia de composición electrónica y sonido sexy, y no es sólo por su imagen atractiva como de humanoide –mirada fija, ojos a punto de salirse de sus órbitas, ropa blanca como si fuera el uniforme del cuerpo diplomático en una base lunar–, sino por la calidez que desprenden unos sonidos premeditadamente artificiales, opacos y densos. Su álbum de 2012, “Movement”, planchado en el sello RVNG Intl., es la extensión de sus estudios de doctorado en la universidad de Stanford: samples del cuerpo humano transformados en un alucinante collage de música concreta que, a la manera de los mejores Matmos, se revuelve en su forma y se transforma en techno vigoroso. Herndon es una de las creadoras con más talento de la última generación de compositores de computer music, y entre sus futuros proyectos está colaborar con el filósofo iraní Reza Negarestani y artistas adictos a lo analógico como Hieroglyphic Being o Rene Hell.

10. Vessel

De entre los diversos diamantes que Tri Angle ha descubierto entre la bruma este año, Vessel es sin duda el más valioso. Surgido de la siempre fértil escena de Bristol, Seb Gainsborough se empezó a dar a conocer el pasado año con una tríada de EPs a medio camino entre el dubstep gaseoso, el house taciturno y el techno de paso sesgado. La gran revelación ha llegado, sin embargo, con “Order Of Noise”, su álbum de debut para el sello de Robin Carolan. Un disco guiado por un misticismo remoto, a ratos inundado en humedades tóxicas, a ratos encarnado en formas ásperas y angulares. Pero que, por encima de todo, siempre logra embelesar.

9. Lee Gamble

Aunque lleva años operando en el circuito de la computer music más académica este ha sido el año en que el mundo ha descubierto a Lee Gamble. La culpa la tienen las dos obras maestras para PAN, sin duda uno de los sellos que más focos ha acaparado en materia electrónica este año. “Diversions 1994-1996” y “Dutch Tvashar Plumes” son dos discos distintos pero que comparten el acercamiento a una suerte de hipnagogia electrónica en la que la idea del recuerdo y la recreación de memorias juega un papel esencial. Ya sea reformulando el jungle desde la abstracción ambiental o dando su perspectiva del techno, sin duda uno de los creadores electrónicos más deslumbrantes de la actualidad.

8. Purity Ring

Puede que su debut, “Shrines”, tuviera alguna tara cuando se posicionaba en la duermevela de “Amenamy” o “Grandloves”, pero eso no hizo deslucir a un conjunto de canciones que se valen de la vanguardia estilística (synth-pop negro como el tizón, menciones al chillwave, R&B espacial y los justos esputos de amargor witch house) y que alzan a Megan James como una de las voces infantiloides más fascinantes de la temporada. Su directo, reforzado por visuales y lámparas que, dada la magia de sus beats, parpadean como si de una aparición marciana se tratara, semana tras semana es más efectivo. Han aprobado con nota el siempre dificultoso reto de la puesta de largo y, desde ya, son un nuevo sinónimo de la modernidad sonora más allá de su Canadá natal.

7. Trust

Puede que nunca te hayan azotado con una fusta y que te incomode ver documentales sadomaso de gente que disfruta mientras una dominatrix les retuerce los pezones, pero lo de Trust es otra cosa (aunque no lo parezca). Los canadienses Robert Alfons (la voz de ultratumba del proyecto, a la par que fotógrafo hipster cuando no está al micrófono) y Maya Postepski, (la batería de Austra que decidió no dar la cara en los directos porque ya tiene la agenda apretada acompañando a la Stelmanis) han facturado el tratado de EBM y darkwave más aplastante de la temporada. Hits como churros (nos quedamos con la apertura, “Shoom”, y ese “Gloryhole” que habla por sí solo), una malsana aura de principio a fin y la sensación de estar pecando ante nuestro Señor tan sólo por escucharles. ¿Se puede pedir más?

6. Vatican Shadow

Las primeras maniobras de Dominik Fernow como Vatican Shadow son de 2011, cuando empezó a editar cassettes de circulación restringida como una vía de escape ‘techno’ que le permitiera escapar del ruidismo marcial de su proyecto más conocido y extenso, Prurient. Pero tras las reediciones en vinilo de algunas de esas cintas por sellos punteros del mal rollo como Type Records o Blackest Ever Black, y tras haber capturado el zeitgeist de un 4x4 apocalíptico, muy en sintonía al de la reconversión de ídolos neo-industriales como Pete Swanson, parece como si Fernow finalmente se hubiera decantado por Vatican Shadow como su principal vehículo expresivo. Un vehículo que le lleva al mismo centro del mal –su obsesión por la guerra de Irak es enfermiza: las portadas de casi todos sus discos son fotos de militares fallecidos– y que ha llegado incluso a sellos como Modern Love con una estética herrumbrosa, beats retorcidos, aullidos y capas de ambient oxidado ennegrecidas a partir de loops de cinta magnética. Se ha ganado el premio de estar en Sónar 2013.

5. Azealia Banks

Si bien el éxito de esta muchacha lenguaraz se comenzó a cocer a finales de 2011 con “212”, éste último año ha sido el año de Azealia. Ha pasado de grabar vídeos caseros con sus amigos Lunice y Jacques Greene a fichar por una multi –previo rechazo de muchos contratos–. De sus amistades canadienses le sacó unos beats magníficos a Machinedrum para conformar su debut oficial, el EP “1991”, poniendo de relieve que una suerte de nuevo hip-house está a punto de dominar las pistas de baile y que ella es la mejor caudilla que esta nueva ola pueda tener. Esperábamos su primer disco para este año. Sin embargo, su fuerte carácter –revelado sin cortapisas a través de su cuenta de Twitter en muchas ocasiones, casi demasiadas– y su determinación en tomar el timón de su carrera musical parecen haber retrasado su primer largo. A cambio nos brindó “Fantasea”, mixtape plagada de producciones electrónicas de primeros espadas del clubbing planetario (aunque algunos, como Munchi, no supieron de su inclusión en el tracklist hasta después del lanzamiento) sobre las que rima despiadadamente sin que se le corra el eyeliner. Descarada, polémica y con una imagen espectacular bien explotada en sus vídeos, Azealia está llamada a ser la reina de las bratz. Kanye y Gaga ya se han postrado a sus pies.

4. Daughn Gibson

Muchos son los artistas de la esfera country-folk que glorifican, como beatniks barbudos poseídos por el espíritu de Hank Williams, la vida rural y el desplazamiento en carretera. Pero Daughn Gibson es un caso único, apartado de todo ese mundo: él conducía un camión antes de empezar a producir canciones, vivió buena parte de su mocedad manejando un volante, tragando kilómetros por carreteras desiertas. Su música no es tan árida como el desierto americano, y de hecho evita cualquier tipo de cliché al estilo ‘on the road’. Eso es lo que hace fascinante al personaje, que une en su insólito lenguaje musical un tipo de canción pesimista al estilo de Lee Hazelwood o Johnny Cash con loops electrónicos de textura ajada similares a los de Nicolas Jaar o Burial. Un fascinante granjero digital que va por libre y que, tras la edición de “All Hell” en el minúsculo sello White Denim (propiedad de Matt Korvette, de Pissed Jeans), ha dado el salto definitivo a Sub Pop.

3. AlunaGeorge

Como ocurriera con The Weeknd la pasada temporada, AlunaGeorge han llegado a nuestras vidas para revalorizar el R&B más vanguardista y dulce que nuestros oídos puedan degustar. Desde la sombría Londres, y aunque ya en 2011 ya empezaran a escupir en las redes temas como “Analyser” o “We Are Chosen”, Aluna Francis y George Reid han dado en este año que estamos a punto de despedir el paso necesario para empezar 2013 con la palabra revelación tatuada en sus frentes. “You Know You Like It”, su primer EP para Tri Angle (con el que el sello ha expandido su campo de influencia hacia terreno urban), es un caramelo de bases certeras y voces que te abrazan: Aluna muestra en estado de gracia que le acerca a Aaliyah cada vez que abre la boca. Ahí está su virtud, en lo bien medido que está todo gracias a un envoltorio que ya está traspasando la esfera mainstream. Su puesta de largo en formato LP (del que aún se desconoce cuándo verá la luz) será uno de los musts de 2013 y de momento van más que bien encaminados.

2. Death Grips

Los más ávidos rastreadores del subsuelo rap ya les echaron el ojo el pasado año a raíz de las mixtapes “Exmilitary” y “Black Google”, pero este ha sido el año en el que han puesto patas arriba el panorama musical. Con un sonido que mezcla el hip hop distópico a lo Cannibal Ox, el hardcore de los 80 y la experimentación electrónica más abrupta, hacen que Odd Future parezcan una broma de Halloween. 2012 les ha valido para asentarse como preceptores de la brutalidad con dos latigazos de furia indomable como “The Money Store” y “No Love Deep Web”, en los que confirman que, además del impacto instantáneo que provoca, su propuesta está a años luz de la gran mayoría de proyectos del universo hip hop actual. Pero más allá de sus lanzamientos, también han sido noticia por su sonado desplante a Epic. Ellos querían publicar su segundo disco del año cuanto antes, pero desde el sello solo recibían evasivas (ya se sabe, los planes de negocio aconsejan dosificar la mercancía en el tiempo) así que decidieron compartirlo de manera gratuita en internet. Eso les valió ser despedidos, sí, pero no sin antes dar un pollazo en toda la cara a la industria.

1. Jessie Ware

A Jessie Ware la conocimos primero como escudera de otros productores como SBTRKT, Sampha y Joker, a los que prestaba su voz. Por ello, no se le podía advertir todo su potencial o el camino que iba a tomar su carrera a partir de ese punto. Luego editó en PMR Records su primer sencillo, “Strangest Feeling”, gracias a la ayuda de su gran amigo Julio Bashmore y las piezas del puzle comenzaron a encajar. De dubstep y post-garage nada de nada, a la británica lo que más le pone es el neo-soul y un pop entendido a la manera clásica. En su álbum de debut, el nostálgico “Devotion”, podemos encontrar temas como el titular, que evocan a la mejor Sade (ya publicamos en su momento un artículo sobre la grandísima influencia de la nigeriana en la música de hoy, y una de las que más la ha mamado es Ware) y que inciden en su vertiente más sedosa, reposada y sugerente. Pero no se olvida del todo de su pasado en cortes como “110%”, una brillante colaboración con el citado Bashmore, que la acerca discretamente a las pistas de baile. Sus aproximaciones al AOR y al white soul de los 80 le auguran un futuro brillante, ahora que tan de moda están estos sonidos, y con propuestas como la suya, siempre que se mantenga fiel a sus principios, no da ningún miedo que salte pronto al circuito mainstream. Se lo merece.

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