Listas

Resumen 2012: los mejores álbumes, parte 1

Comenzamos la cuenta atrás hacia el disco del año. Hoy, de la posición 75 a la 51

Comenzamos el repaso a los 75 álbumes más destacados de 2012. En la primera parte de la lista cubrimos los primeros 25 puestos, hasta llegar al título que ocupa la plaza número 51. En las dos próximas entregas, el resto de la cuenta atrás.

Hemos llegado al momento culminante del resumen anual de PlayGround (aunque no al final; aún nos quedan muchas listas por delante para acabar de desmenuzar todo lo que ha sido 2012 en diferentes frentes). Iniciamos ahora el repaso a los discos más relevantes del año a juicio de la redacción, una lista de 75 títulos –de la que os ofrecemos el primer tramo, que llega hasta la posición 51– formada a partir de favoritos de los últimos meses muy escuchados por las mañanas y valorados con notas altas, y también en base a las votaciones de redactores y colaboradores. Es una lista que se inicia con un puesto 75 testimonial para la edición deluxe del “Born To Die” de Lana del Rey y que nos deja a las puertas del segundo bloque, que publicaremos mañana. La solución final, el viernes.

75. Lana del Rey: “Born To Die: The Paradise Edition” (Interscope-Universal)

El fenómeno Lana del Rey ha traspasado fronteras, estratos sociales y se apoderado de un target que va mucho más allá del mariliendrismo de alto standing y sus habituales animales de compañía. En tan sólo un año ha conseguido, con una receta atormentada que escapa del zorrupismo y el escándalo mediático, comerse con patatas a toda aspirante a dominar la radiofórmula. Marcándose un “The Fame Monster” en toda regla, a lo Gaga, Lana quiere sumarse un tanto navideño exprimiendo aún más si cabe ese debut que tantos ríos de tinta ha hecho correr. Si bien aquellas primeras canciones mostraban un pulso entre el trip-hop caducado y el inofensivo populismo pop (para muestra, el grower “Radio”), así como reformulaba la épica lynchiana costumbrista de una post-teen ( “Video Games”), para esta “The Paradise Edition” la que en sus inicios fuera diva viral ha decidido bañarlo todo en bruma, sedas negras como el tizón y esputos de gran calado de ese american way of life que tanto le obsesiona.

Crítica

74. Motion Sickness Of Time Travel: “Motion Sickness Of Time Travel” (Spectrum Spools)

El sonido de Motion Sickness Of Time Travel está construido a partir de capas, drones, pequeños remolinos de sintes que apuntan a melodías y, como rasgo especialmente distintivo, la voz de la propia Evans filtrada y manipulada hasta convertirse en una capa más que se integra y entremezcla con las demás para conseguir una apariencia compacta que, en realidad, esconde una riqueza de matices que se hacen evidente al escuchar el disco de manera más inmersiva. Este uso de la voz es algo que comparte con Julia Holter, Grouper, Laurel Halo e incluso Grimes, quienes están experimentando con su uso como un instrumento más, sumergido en su contexto sonoro, persiguiendo su armónico ensamblaje con una música que persigue recrear paisajes reales o digitales.

Crítica

73. Dead Can Dance: “Anastasis” (4AD)

Además de las habituales escalas exóticas, en “Anastasis”, se reconoce a los Dead Can Dance de siempre, ricos en instrumentos antiguos como zanfonas y salterios junto con sintetizadores, fanfarrias de metal y percusión de mil gamas cromáticas, siempre en persecución de ese estado de trance o éxtasis que tan bien queda resumido en la apertura triunfal de “Children Of The Sun” –conducida por Brendan Perry con su voz grave y el vuelo de tambores, cuerdas y una marcha de trompetas– y el tema que sobresale por encima del resto, “Return Of The She-King”, un aroma medieval de trasfondo mitológico. En resumen: Dead Can Dance siguen ocultando varios niveles de lectura e interpretación, una cultura vastísima encaminada a tejer un mundo propio que también puede ser el profundo sueño producido por la adormidera de la portada.

Crítica

72. Monolake: “Ghost” (Imbalance)

Aquí reconocemos a un Monolake algo más familiar, más techno en las formas –y también en el fondo–, el mismo que se reinventó en aquel 12” prodigioso titulado “Alaska Melting” (2004). Pero el techno como idea es algo que en “Ghosts” tiene poco peso: la tendencia que ha forzado Robert Henke y que le lleva a romper las cadencias rítmicas, a flexibilizar su continuidad –quizá como resultado e influencia de haber tenido durante largo tiempo como colaborador y mano derecha a Torsten “T++” Pröfrock– le lleva sobre todo al dubstep, pero a una idea muy personal del dubstep, muy en sintonía con los arquitectos de los breaks complejos, los Pinch, Peverelist, Jack Sparrow, Random Trio y Shackleton, que no en vano se han dejado influenciar a fondo por el sonido primario de la escuela techno berlinesa de la que Robert Henke fue fundador y hombre fuerte. Momentos como “Foreign Objects”, “Hitting The Surface”, “The Existence Of Time” o “Afterglow” juntos valdrían para darle la forma ideal al mejor maxi que NO va a publicar el sello Tectonic este año.

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71. Fiona Apple: “The Idler Wheel Is Wiser Than The Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More Than Ropes Will Ever Do” (Epic-SonyBMG)

Como es habitual en Fiona Apple, sus loops de piano marcan el estado anímico de sus canciones, ya sea en la hermosa “Jonathan”, la juguetona “Periphery” o la jazzy y sensual “Left Alone”. Pero es su privilegiada voz la encargada de transmitir dramáticos cambios emocionales sin necesidad de florituras. El adelanto, la pasional “ Every Single Night”, es una buena demostración de su variedad de registros. Otro highlight interpretativo es “ Regret”, donde consigue pasar de un elegante falsete al desgarro emocional con una leve contracción de sus cuerdas vocales. Y en “ Anything We Want”, la melodía más hermosa y pop del disco, su interpretación es un prodigio de sutileza. “The Idler Wheel” es, en fin, un álbum cocinado a fuego lento por esta artista excéntrica, de talento inquebrantable y comprometida con su arte.

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70. Daphni: “Jiaolong” (Jiaolong)

A pesar de ser más una colección de tracks que un álbum propiamente dicho, el discurso de Daphni tiene tanto peso que el trabajo funciona perfectamente como una unidad coherente, sobre todo porque los nueve cortes que lo componen tienen una función más que definida; además de espejo de la fructífera mirada de Dan Snaith a la música de baile, “Jiaolong” es un alegato en defensa de la riqueza expresiva de la música hecha para los clubes. Un manifiesto que se rebela contra el empobrecido discurso de las corrientes mayoritarias de la EDM y reivindica la infinidad de recursos de una música demasiadas veces poco comprendida. Una celebración, en definitiva, de todos esos momentos reveladores a los que hacíamos referencia al principio y que aún hoy es posible experimentar en una pista de baile. Un gran triunfo.

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69. Blondes: “Blondes” (RVNG Intl.)

Tras debutar en 2010 con “Touched”, un EP que por extensión podría haber sido un álbum, el dúo Blondes presenta su primer trabajo, un disco que, en realidad, Zach Steinman y Sam Haar han venido entregando por fascículos a lo largo de 2011 en forma de singles de vinilo de edición limitada. Y es que en este “Blondes” los dos únicos cortes del todo inéditos son los dos últimos; “Gold” y “Amber”. Cabe entender, pues, que con la edición del disco en doble CD el objetivo de la banda es el de llegar a ese público que se mueve entre los terrenos del indie y la electrónica pero que está poco habituado al consumo de maxis. Bien que hacen. Además, no se olvidan del valor añadido y a los ocho cortes originales les acompaña otro disco con hasta diez remixes de luminarias como Andy Stott, John Roberts, Laurel Halo y Teengirl Fantasy, entre otros.

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68. Young Smoke: “Space Zone” (Planet Mu)

Procedente de la escena footwork de Chicago, merced a su vinculación con el colectivo Flight Muzik, esta luminaria adolescente ha decidido cambiar de rumbo, dejar el asfalto y codearse con los marcianitos. Lo cierto es que solo plataformas visionarias como el sello de Mike Paradinas se atreverían a contener y descifrar las partituras futuristas de este nuevo e insultantemente joven talento. El debut de Young Smoke es un álbum burbujeante que consigue mantener a raya las pulsiones bounce, alineando sus influencias más conocidas bajo un manto de ciencia-ficción ochentera que utiliza todo el espectro de sonidos, ruidos y efectos típicos de los videojuegos prehistóricos. Las formulaciones lisérgicas de Davis burlan el abrazo de la gravedad a base de dubstep gameboyero, footwork minimalista, R&B extraterrestre y synth madness.

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67. Flying Lotus: “Until The Quiet Comes” (Warp)

Comparado con “Cosmogramma”, éste parece un disco menor –la ambición de aquél era casi arrogante–, pero si nos atenemos al equilibrio entre propósito y resultados, “Until The Quiet Comes” se nos presenta como un álbum más equilibrado y más sincero. Es posible que Flying Lotus se haya quitado el peso de la responsabilidad de demostrar que está a la altura de su familia, de la historia y de los dedos que le han señalado como uno de los artistas electrónicos fundamentales de nuestro tiempo, algo que ya dejó dicho de sobras en “Cosmogramma”, con sus virtudes y sus flaquezas. Ahora, FlyLo aparece como alguien humano, como alguien que quiere crear para sí y no para los demás, que ha descubierto un camino único, propio e inexplorado y está dispuesto a llegar tan hasta el fondo como pueda. Lo más interesante, de cara al futuro, es que ese viaje sólo está en su tramo inicial.

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66. Japandroids: “Celebration Rock” (Polyvinyl)

El disco se titula conveniente “Celebration Rock” porque no es más ni menos que eso, una excelsa celebración del rock. No una oda, sino fiesta pura y dura. A diferencia de otro dúo guitarrista-batería con el que a veces han sido comparados (No Age), los canadienses optan aquí por la vía rápida, la de lubricar al oyente con unas canciones explosivas y eufóricas que más tarde servirán en directo para que el público de sus conciertos –ya bien cocido– se adentre en salvajes pogos con los codos en alto. El suyo es un rock ruidoso sin aparentes ambiciones artísticas, pues no hay aquí los pasajes experimentales del dúo de Los Ángeles. Lo que hay son ocho temas con una energía tan desatada como si Hulk fuese hasta las cejas de coca y una producción que limpia, sin pasarse, el sonido borroso de “Post-Nothing”.

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65. Teengirl Fantasy: “Tracer” (R&S Records)

Entre este segundo álbum y “7AM” hay una ligera diferencia. “Tracer” es más un disco de warm-up, no de salir sino de entrar: sin situarte en el centro de la pista de baile desarrolla con profunda emoción los preámbulos, el apagado de las luces, los primeros beats de aclimatación, las texturas envolventes. Teengirl Fantasy están en el extremo opuesto de la ola comercial de la EDM americana –en especial, de deadmau5 y Avicii–, aunque unidos por un hilo invisible: unos buscan el estado de euforia por amplificación y acumulación, siguiendo una de esas ‘estrategias fatales’ que indicó en su día el filósofo Jean Baudrillard; nuestros hombres, en cambio, persiguen esa misma conexión con el pop, la euforia y la experiencia feliz desde la melancolía y la comprensión de la historia de la que proceden.

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64. Squarepusher: “Ufabulum” (Warp)

¿Qué ocurre con “Ufabulum” como para tenerse por el fin de una larga travesía del desierto para Squarepusher? Es, para empezar, un álbum entero sin interminables solos de bajo, sin su tozuda apuesta por el jazz fusión, exento de derivaciones intelectuales, que parece haber desterrado al Tom Jenkinson coñazo que ha impedido que hubiera un solo título suyo redondo en tres lustros. Un disco entero, decíamos, en el que mana destilado el Squarepusher electrónico, sólo con máquinas, ordenador, mala hostia y birlibirloque jungle mezclado con teleles IDM y algún que otro arranque de 4x4 criminal. Podemos frotarnos los oídos con absoluta convicción: “Ufabulum” es, vive Dios que sí, y albricias a las alturas, lo que durante tanto tiempo habíamos pedido. Gracias.

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63. Damien Jurado: “Maraqopa” (Secretly Canadian)

Al escuchar “Marqopa” lo primero que sentimos es que Damien ha vuelto. Aunque basta una segunda escucha para descubrir que no es el viejo Damien de siempre sino un Damien que aprendió de todo lo que hizo bien en “Caught In The Trees” (los coros, la tintineante luz en la oscuridad, el bosque capaz de envolver canciones) y que está dispuesto a apostar por un doble o nada. En definitiva, los pasos de Damien son cortos (después de todo, es la clase de tipo al que le gusta detenerse a examinar sus cicatrices), pero se quedan grabados, como si la tierra que pisa no fuese tierra, sino cemento recién armado. Y siempre parece que saben dónde van. En este caso, al menos, es así.

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62. Django Django: “Django Django” (Because)

Este debut no da tregua ni baja el nivel. Melodías contagiosas, virtuosismo vocal y una acertada mezcla de psicodelia, electrónica y pop bien entendido se dan la mano a lo largo del disco. Django Django tienen un punto arty con reminiscencias a Talking Heads, cierta melancolía deudora de The Beach Boys (palpable en “Hand Of Man”), pop clásico ( “Firewater”), toques orientalistas ( “Skies Over Cairo”) y hasta dosis de nuevo tropicalismo ( “Zumm Zumm”): ingredientes convenientemente dosificados para que el resultado no suene a pastiche kitsch. Una de las cosas que más llama la atención es que se han alejado de ese rock clásico y poco innovador que se gastan en el Reino Unido y han cogido lo mejor de Albión (esa querencia por la electrónica hedonista) y de Estados Unidos (el rock innovador).

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61. Godspeed You Black Emperor: “Allelujah! Don't Bend! Ascend!” (Constellation)

“Allelujah! Don’t Bend! Ascend!” no es el resultado de siete años de espera, sino más bien una plasmación gráfica de que en este tiempo la banda no se ha dedicado a sestear, que no es lo mismo. Y se nota en el resultado. Es difícil quitarse la idea de que estamos ante un título menor en su discografía, y no solo porque el setenta por ciento de su minutaje surja de una actualización arregladita de canciones antiguas, sino también porque se tiene la impresión en todo momento de que esto es más un regreso que un nuevo álbum al uso. Un regreso cargado de buenas noticias, eso sí: una, esa monumental “We Drift Like Worried Fire” que nos devuelve la mejor cara del grupo; la otra, que pese a la oxidación de sonidos y tendencias inherente al paso del tiempo, Godspeed You! Black Emperor siguen encajando en nuestro presente.

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60. Sigur Rós: “Valtari” (XL Recordings)

“Valtari” no es la progresión natural de “Með Suð Í Eyrum Við Spilum Endalaust”, ni tan siquiera su continuación. Más bien parece una reacción en contra, una grabación anticlimática cuyo objetivo es devolver al grupo a un estado de reclusión y ascetismo expresivo y emocional que contrarreste la euforia pop de su predecesor y que, a su vez, devenga reflejo fiel y sincero de todo cuanto ha acontecido en Islandia estos dos últimos años. Incluso algunos podrán interpretarla como un guiño a los seguidores más antiguos del grupo, aquellos que les descubrieron en su estado sonoro natural, el de los ambiciosos paisajes ambientales, los desarrollos épicos y la calma tensa, o como un desplante a los fans de la última hornada, los que empezaron a interesarse por sus canciones a partir de hits redondos como “Hoppípolla”. En cualquier caso, “Valtari” se puede definir como el disco ambient de Sigur Rós, y aunque está lejos de ser un viaje consciente a la esencia pretérita de la banda su renuncia a los hábitos adquiridos en estos últimos cuatro años es palmaria y ejemplar.

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59. Miguel: “Kaleidoscope Dream” (RCA)

Ni tan indie como Frank Ocean, ni tan tremendista como The Weeknd, ni tan ortodoxo como R. Kelly. No tiene la inclinación hip hop de Jeremih ni la crudeza coloquial de The-Dream. Miguel encarna un nuevo prototipo de estrellita R&B que bebe de lo más clásico de los clásicos –de cuando el rhythm & blues era rock & roll, que para algo está el disco petado de guitarras– para hacerse a un lado y/o adelantarse de sus competidores directos. Es curioso que, alejándose estilísticamente de los modelos ya comercializados, consiga un resultado más vendible. Porque, si bien la primera escucha del disco causa sensaciones encontradas, es obvio desde el primer momento que el disco tiene potencial. Suena homogéneo y redondo, la voz de Miguel va del susurro rasgado al ilustre falsete sin perder la compostura y combina momentos sosegados con otros más rítmicos en equilibro.

Crítica

58. Emeralds: “Just To Feel Anything” (Editions Mego)

Dentro de los márgenes revivalistas de Emeralds, hay matices que se escapan de lo puramente alemán –las guitarras de la citada “Adrenochrome” son más Pink Floyd que Göttsching por momentos–, y “Through & Through” rememora el ambient kitsch de Tangerine Dream en su época Hollywood, la de mediados de los 80, en lo que sin duda parece ser un desvío hacia la new age dirigido por Steve Hauschildt. Pero a partir de la agitada “Everything Is Inverted” el rumbo del álbum se encauza por caminos más rítmicos. Y esto en Emeralds es una novedad; no que suceda esporádicamente, sino que sea un elemento vertebrador de todo el álbum. Aquí la secuenciación de pulsos rítmicos es bullente, como si una sopa de beats comenzara a causar pequeñas explosiones de vapor y caldo sintético, cada vez con más velocidad, y en momentos así “Just To Feel Anything” se coloca en el mismo plano que el otro gran disco planeador del año, “Themes For An Imaginary Film”, de Adam Miller y Jonny Jewel bajo el alias Symmetry. Es música que sugiere la hipnosis y el movimiento de la conducción por una larga autopista tranquila, de noche, recibiendo el chispazo del neón a cada metro.

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57. Vindicatrix: “Mengamuk” (Mordant Music)

“Mengamuk” sitúa a Vindicatrix en un territorio muy cercano al que habitaba su primer disco: la voz vuelve a ser el elemento central del discurso, una voz al borde de la asfixia, que no se pliega a formatos ni estructuras convencionales. Antes bien, prefiere avanzar a su aire, trazando un camino sinuoso que igual salta del grito al susurro, que se pierde en una letanía ancestral, se enroca en extravagantes ciclos melódicos o se deja enredar en un remolino de efectos. Y si las líneas vocales son ya un ejemplo de abrumadora libertad formal, los fondos sonoros (porque aquí no se puede hablar de una instrumentación en un sentido reconocible) van aún más lejos: un magma climático trabado a partir de intensas grabaciones de campo, en el que los ritmos y las melodías nacen de lugares inesperados.

Crítica

56. Cat Power: “Sun” (Matador)

Dice Cat Power de este disco que es “no mirar atrás, levantarse e ir con seguridad hacia el futuro, el poder y la realización personal”. Vale, así leído suena a copy para libro de autoayuda, pero sí es cierto que es una forma de describir lo que supone “Sun”, un álbum que lejos de sumergirse en el blues resacoso y el rock triste de “The Greatest” o “Jukebox” implica un giro de 180º hacia unas canciones mucho más optimistas. Donde antes cantaba a su vida en los bares, a los sueños rotos o a las relaciones imposibles, ahora canta a una vida nueva y a todo un mundo de posibilidades: “the world is just beginning, is up to you to be a superhero, to be like nobody”, tararea en “ Nothing But Time”. Puede que las letras de canciones como “ Good Woman” o “ Lived In Bars” tengan más profundidad y lirismo que las de este “Sun”, pero todo el disco nos habla de una Chan Marshall que donde antes se achantaba ahora se crece.

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55. Lee Gamble: “Dutch Tvashtar Plumes” (PAN)

Decía Lee Gamble en una entrevista reciente que su objetivo con “Dutch Tvashtar Plumes” era hacer un disco en el que el oyente tuviera más elementos a los que “agarrarse”. Un álbum que invitara a las escuchas repetidas y en el que las capas se fueran descubriendo paso a paso. En este sentido no hay duda de que ha conseguido su objetivo; desde el punto de vista de las estructuras es probablemente su disco más convencional hasta la fecha. Paradójicamente, sin embargo, también es el trabajo más libre de los que ha firmado. Aún se aprecian trazas de la computer music más académicas, especialmente en la inaugural “Skorokhodz”, pero en conjunto estos diez tracks son la feliz representación de un artista que rompe con sus propias reglas. Esto repercute también en el dinamismo y sensación de volatilidad que desprenden todos los cortes. Aunque el corpus mayoritario del disco se centre en una plantilla similar; la combinación de chispeantes melodías percusivas que avanzan en espiral, beats de techno sumergido y pasajes ambientales, los sonidos están en permanente estado de mutación, haciendo imposible prever hacia donde van a dar el siguiente paso.

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54. Ariel Pink's Haunted Graffiti: “Mature Themes” (4AD)

“Mature Themes” es mucho más sofisticado que discos sus predecesores, y si bien no renuncia por completo al lo-fi, sí que dosifica su uso. Esto no significa que estemos ante un disco sobreproducido, ni mucho menos, pero sí que resulta más homogéneo, con una línea más clara que la de “Before Today”: aquí predominan las influencias de los años sesenta, década cuya sombra planea hasta por los cortes más cercanos a ese pop aparentemente sencillo marca de la casa y que se puede disfrutar en “ Farewell American Primitive” o “ Live it Up”. Donde se ve con más claridad esa influencia es en la delirante “ Kinski Assassin” o en “ Symphony Of The Nymph” y que remiten inmediatamente a la psicodelia, a The Byrds e incluso a The Doors, y en “ Pink Slime” nada menos que al italodisco.

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53. Max Richter: “Recomposed: Vivaldi - The Four Seasons” (Deutsche Grammophon)

Como indica el título de la serie, Max Richter ha ‘recompuesto’ “Las Cuatro Estaciones” –interpretadas por la Konzerthaus Kammerochester de Berlín bajo la dirección de André de Ridder y con Daniel Hope como violín solista–. Y lo ha hecho en el sentido de que ha abierto la partitura, la ha destripado hasta donde ha podido y ha reescrito los cuatro conciertos de Vivaldi discriminando partes –restando instrumentos, sobre todo; el clavecín que hace de bajo continuo sigue ahí, marcando el tempo, pero disimulado entre leves arreglos electrónicos; por otro lado, las cuerdas suenan destensadas– y reformulando otras secciones en estructuras loopeadas. La gran pirotecnia melódica de la Primavera y el Otoño no siempre se despliegan en toda su amplitud, sino que Richter prefiere quedarse con unas cuantas notas cruciales –que recogen el aroma de la composición original, la hacen distinguible, pero desplazada de su centro de gravedad original–, organizarlas en un racimo económico de sensaciones e impresiones y darle un toque más siglo XX. “Las Cuatro Estaciones” de Richter, en conjunto, están más cerca de Jean Sibelius que de Vivaldi.

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52. Lone: “Galaxy Garden” (R&S Records)

Sus intenciones y resultados son cristalinos, y ahí está todo, a la vista, en el título de su nuevo álbum, “Galaxy Garden”: el deseo de explorar lugares remotos e inaccesibles y la esperanza de encontrar paraísos en otros planetas, arcadias siderales en las que, como en una nueva Edad de Oro, explota la naturaleza más maravillosa que se pueda imaginar, resuena música celestial y la nueva raza puede dedicarse a la holganza y al epicureísmo. Lone está completamente desapegado de la actualidad e incluso de la sociedad, y sus álbumes son la búsqueda paciente de una salida, y si esa salida no existe, al menos son un refugio en el que ocultarse hasta que pase la tormenta; una torre de marfil, o una burbuja, en la que nunca dejan de sonar campanillas y pianos trotones, sintes deslizantes y voces de duendecillo malicioso. En esa torre, cómo no, sólo se escuchan viejos discos de Orbital, Acen, Beaumont Hannant, The Black Dog, Aqua Regia y 808 State, que sigue siendo los que, en su día, mejor supieron perfilar una alternativa a su tiempo presente.

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51. Melody's Echo Chamber: “Melody's Echo Chamber” (Weird World)

Lo que más sorprende de los resultados de este disco es el espíritu libre con el que fue producido. Se han utilizado técnicas pedestres y casi infantiles, con un punto de proceso de exploración. Por ejemplo, la elocuente “Some Time Alone, Alone”, fue escrita por la propia Prochet mientras Kevin Parker estaba de gira con Tame Impala. La parisina se encontró sola en el estudio con unas anotaciones escritas por Parker sobre el funcionamiento del equipo y aunque dio con unos resultados que consideró técnicamente erróneos, lo cierto es que accidentalmente se convirtió en una de las mejores canciones del lote, con unos arpegios mágicos y unas guitarras deudoras de Deerhunter. Pero todo en “Melody’s Echo Chamber” es maravilloso gracias a una exuberante riqueza de texturas, melodías, sonidos y capas.

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