Listas

Resumen 2012: los mejores EPs (del 20 al 1)

Finalmente, el top 20 de las joyas del año en formato maxi

Llegamos a la decisión final, al top 20 de maxis que merecen estar en los primeros puestos de nuestra clasificación de 2012. Aquí ya sólo hay chicha: comenzamos con Luke Abbott y nos dirigimos, de manera vertiginosa, hasta la primera posición.

Después de una primera parte de 30 posiciones realmente disputada y densa, llegamos al tramo final en nuestra lista anual de los mejores EPs, ese formato que tanto nos gusta. Aquí nos adentramos en el top 20 del año para PlayGround, 20 títulos que dan la medida de la gran calidad musical que hemos disfrutado esta temporada. Comenzamos con Luke Abbott, inquilino de la muy meritoria posición de arranque, y nos dirigimos en barrena hasta el 1, donde nos espera...

20. Luke Abbott: “Modern Driveway” (Notown)

“Modern Driveway” comparte los mismos rasgos que hicieron de “Holkham Drones” uno de los mejores álbumes electrónicos de 2010: melodías puntillistas en las que cada nota, tocada con nerviosismo, como un cosquilleo armónico, forma una curva de sensaciones positivas, como un arco iris analógico henchido de color; por debajo, ritmos constantes, pero como si a su paso arrastraran arena o gravilla, y un uso de la textura rugosa y a la vez cálida. Es el mismo tipo de sonido que en su día consagró a Holden y Nathan Fake y que Luke Abbott ha sabido reactivar en sus maravillosos 12”s para Border Community, de los cuales éste es una continuación eficiente en la que también aparecen los rasgos distintivos de “Holkham Drones”: una obsesión con la música planeadora de los años 70 – “Ovals” flirtea con la new age de formas geométricas y melodías fractales– y su variante más rockista, como si fuera un remix de los primeros Kraftwerk, en “Meeting Hill”. Luego están los tres tracks orientados a la pista, “Modern Driveway” –una arquitectura compleja de múltiples melodías y un ritmo asimétrico, en la que todo encaja con total perfección, arrancando y acabando suave, concentrando toda la épica en el centro–, el beat apagado envuelto en arpegios nevados de “Hand Drawn Maps” y la más aguerrida “Carrage”.

Crítica

19. Girl Unit: “Club Rez EP” (Night Slugs)

El regreso de Girl Unit da suficiente alimento como para perdonar la racanería en las entregas y la ausencia: seis tracks nuevos y con una variación de sonido hacia un patrón electro como el que han estado puliendo en el sello Swamp81 artistas como Boddika o FaltyDL. “Ensemble (Club Mix)” tiene un rollo 80s de bajos elásticos, patrones adecuados para el breakdance y sintes vibrantes que tienen más que ver con la nostalgia old school que también está afectando a Jimmy Edgar y a los chavales del sello Numbers. “Cake Boss” también es electro, pero de factura bruta y aristas más romas, en la frontera con el hard techno, mientras que “Plaza” recupera unas vibraciones electroboogie totalmente retro. Los tres últimos temas no alcanzan ese grado de nostalgia, pero también indican que el Girl Unit de este año no tiene nada que ver con el de “Wut”: los bajos son densos y se marcan como el músculo de un body-builder, pero los patrones rítmicos son escurridizos, ni crunk ni dubstep, ni tampoco electro en el caso de “Club Rez” –que me suena como un techno post-Actress con más velocidad y tensión–, aunque en el caso de “Double Take” hay matices grime y R&B, lo mismo que en “Rezday”, que es como una versión aún más experimental de “Ride It”, uno de los cortes estrella de su legendario maxi de 2010.

Crítica

18. Trimbal: “Confidence Boost” (R&S Records)

Ahora, cuando se daba por medio retirado del juego a Trim, “Confidence Boost” –título apropiadísimo, dado el contexto– le relanza con la garantía de difusión que promete siempre R&S Records y, aún más, el doble remix que le sirve Harmonimix, que ya se sabe que es el proyecto paralelo, más espectral, de James Blake. El chico pelirrojo juega con la voz de Trim en “Confidence Boost” como si fuera una goma elástica, y hace que suene como una ardilla o un león, agudo y grave, entre sintes sobrecargados que saturan todo el espectro auditivo, como si fueran el despegue de un avión. En “Saying” añade beats y se posiciona estéticamente en el tipo de grime experimental que factura el colectivo LHF, pero sin renunciar a esa toxicidad avisada en la cara A. El maxi se vuelve alucinatorio.

Crítica

17. Bicep: “Vision Of Love” (Feel My Bicep)

2012 ha sido el gran año de Bicep. La coronación definitiva, sin embargo, llegó con este “Visions Of Love”. Con él estrenaron su propia plataforma Feel My Bicep (mismo nombre que el de su muy recomendable blog, por cierto) y confirmaron lo que ya apuntaron con “$tripper”: si hay alguien que está sabiendo representar con solvencia el revival del Jersey House noventero son ellos. Aunque la fórmula sea conocida, el secreto del dúo de Belfast está en el equilibrio entre la evocación del espíritu clásico en el plano emocional y una producción lo suficientemente afilada como para no sonar simplemente retro. El corte titular es el paradigma de esta idea; ritmo de ecos garageros, pianos del Korg M1 y samples vocales perfectamente ensamblados; tan simple y demoledor como siempre ha sido el mejor house. En la cara B, dos cortes donde el reflejo del Jersey House es aún más acentuado, con “Keep Keep” siguiendo la estela de la mencionada “$tripper” y haciendo el mejor uso posible de las en trompetas “ Getcha Boi”.

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16. Emeralds: “Does It Look Like I’m Here? (Daphni Remixes)” (Jiaolong)

Nunca antes se habían planchado remixes del trío cósmico de Ohio –salvando algún edit ocasional aquí y allá–, y esa excepción le confiere a este 12” un valor todavía mayor del que tenía sobre el papel. Daphni, que es lo mismo que decir Caribou –que es lo mismo que decir Dan Snaith cuando potencia su lado bailable– se ha aplicado a la tarea de reconstruir uno de los cortes de Emeralds en su último álbum en Mego de 2010, y le ha dado el bombo y el pulso rápido que al original, meditativo y planeador, le faltaba. Un recurso sencillo y previsible que, cuando se hace bien, ofrece muy buenos resultados: la primera versión, el “Daphni Mix 1”, consigue el mismo efecto que lograron DFA cuando remezclaron “Rise” de Delia Gonzalez & Gavin Russom: transformar una pieza repetitiva en un monstruo bailable con el sencillo recurso de engarzar un beat allí donde los arpegios y los drones dejaban caer su longitud de onda, devolviendo el pulso metronómico y disco al krautrock, en la mejor tradición de Giorgio Moroder.

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15. CFCF: “Exercises” (Paper Bag)

En “Exercises” CFCF toma como base de su creación el piano, y en una dimensión muy parecida a la de otro canadiense bipolar, Chris D’Eon, aquí se emplea a fondo para darle salida a una vena new age que tenía latente. Si aceptamos new age como el concepto paraguas para “Exercices”, entonces es la new age de George Winston o la de aquella Suzanne Ciani que se alejó de la electrónica para abrazar el impresionismo, pero hay más enfoques válidos para CFCF. Por ejemplo, la segunda variación, “Exercise 2 (School)”, que aunque parece que vaya a imitar la melodía de la cabecera de “Expediente X” acaba tornándose en un reflejo del Aphex Twin más naïf, el de las piezas breves de “Druq ks” pero, sobre todo, en el de “Selected Ambient Works II”, el de esas miniaturas en las que, entre tanta electrónica turbia, a veces aparecía un piano diamantino que iluminaba la pieza entera. Hay momentos rítmicos en “Exercises”, como la parte ocho ( “Change”), en los que asoman beats tentativos, lentos, como un electro sigiloso, y en “September” se ocupa de ponerle voz al tema David Sylvian, con lo que el conjunto del disco adquiere una dimensión nueva y nos lleva al synth-pop elegante, limpio y eterno de Japan.

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14. Disclosure: “The Face EP” (Greco-Roman)

Si los anteriores títulos de los jovencísimos Disclosure eran genuinamente londinenses, en la línea marcada por Joy Orbison, “The Face EP” podría ser perfectamente un póker de himnos grabados en Nueva York. Rezuma deep house por los poros, recupera –o en su caso vuelve a imaginar, pues por entonces aún no tenían ni pelos en la barba– el speed garage londinense, y huele a pasión y sexo (adolescente). Como si se hubieran dado un empacho de SBTRKT, estos cuatro cortes no reducen el nivel en ningún momento y contribuyen a marcar la temperatura del verano, sobre todo “Control” (con la aportación vocal de Ria Ritchie), una deliciosa golosina de house-pop que da saltitos de felicidad en los auriculares. Antes de ese final refrescante, “Boiling” se adentra en los misterios del deep house clásico –piensa en los mejores Deep Dish, en Presence / Charles Webster, en Chris Brann o incluso en Blaze –los clásicos de New Jersey habrían matado por una voz como la de Sinead Harnett–, o en los del 2step eufórico ( “Lividup”: siguiendo el libro de estilo de Todd Edwards con resultados satisfactorios) y el nuevo house inglés ( “What’s In Your Head”, digna de Joy O). En conclusión, estos chavales dan miedo.

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13. Blawan: “His He She & She” (Hinge Finger)

En sus menos de 12 meses de vida, Hinge Finger ha conseguido encadenar dos de los lanzamientos más esperados del año. Tras el largamente anhelado “Ellipsis” de Joy Orbison, la plataforma que lideran Will Bankhead y el propio Joy O entregó “His He She & She” de Blawan, un maxi que había venido desbocando glándulas salivares desde que el británico soltó dos de sus cortes en su última aparición en Boiler Room. Los tracks en cuestión son “Why They Hide Their Bodies Under My Garage” y “His Money”, dos monstruosidades en los que lleva su visión opresiva y maquinal del techno al siguiente nivel. En ambos casos la clave está en la manipulación de sendos samples vocales extraídos del “How Many Mics” de Fugees, que añaden un inquietante componente deshumanizado a las lúgubres construcciones de ritmos implacables y bajos asfixiantes. “And Both His Sons” sigue la misma línea, pero en este caso trazando puentes entre el espíritu jacking y el Berghain en hora punta. Y cuando creías que la cosa no podía retorcerse más, llega “His Daughters”, una deconstrucción de todo lo expuesto anteriormente en la que el británico prescinde de bombo pero multiplica el componente tétrico.

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12. Todd Terje: “It’s The Arps” (Smalltown Supersound)

Se hace difícil tildar de poco prolífico a Todd Terje teniendo en cuenta la ingente cantidad de edits que ha facturado a lo largo de su carrera pero su cuenta de maxis propios le delata. Tras sus dos entregas en Full Pupp a mediados de la década pasada su hoja de servicios era un yermo en el que hasta el pasado año no florecieron los brotes verdes. Y menudos brotes. “Ragysh” fue uno de los cortes que definió el universo bailable en 2011 y con “Inspector Norse” ha repetido la jugada. Su melodía simple, casi rozando lo bobalicón, ha iluminado más noches que cualquier otro track de 2012. Y es que el gran mérito de Terje es capturar ese sentimiento de inconmensurabilidad que uno siente cuando, de repente, todo encaja en la pista de baile; tus amigos reparten abrazos, esa chica que te miraba está a solo dos pasos y los brazos en alto espantan los fantasmas. La felicidad. Acompañar a tamaña muestra de agudeza clubber (y no solo eso; este track funcionaria hasta en el after-party de un Concilio Vaticano), no es tarea fácil pero “Myggsommer” y las dos partes de “Swing Star” mantienen el tipo con creces. Construidas, como todo el EP, íntegramente con el sintetizador semi-modular ARP 2600, la primera es una fantasía sci-fi que suena a un cruce entre las brisas baleáricas y la vertiente más espacial de Joe Meek mientras que “Swing Star” se encarna primero en el krautrock más luminoso y luego en el cosmic-disco de pulsión nocturna. En ambos casos, con festín de arpegios acristalados incluido.

11. Joy Orbison: “Ellipsis” (Hinge Finger)

De todos los cortes que Joy Orbison suele esconderse en la chistera (eso es, su maleta de discos) meses antes de que vean la luz, “Ellipsis” es probablemente el que más alboroto ha causado en los últimos meses. Y con razón. La primera es ese peculiar sample vocal extraído de una entrevista al dúo de drum’n’bass Source Direct. Además de funcionar a nivel meramente estético, esa voz que repite “we just used to like: do our own thing, we just used to like (an’ all that sort of thing)” tiene el poder de despertar el sentimiento de pertenencia entre la comunidad clubber. Luego está el perfecto contraste entre los delicados pads de genoma deep-house con una tumultuosa línea de bajo de tintes acid que muestra el suficiente músculo como para seducir también a los seguidores de las derivaciones bass. Y coronándolo, esos acordes de piano como caídos del cielo, que deberían acompañar para siempre la definición de la intraducible palabra “bliss”. Simple y eterno.

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10. Karenn: “Untitled (Sheworks 004)” (Sheworks)

Alguien acuñó el término “psychokiller techno” a raíz del “His He She & She” de Blawan, y si este sub-género imaginario existiera valdría también para enmarcar el nuevo EP de Karenn (ya sabes, la unión de Pariah y el propio Blawan). Aquí no hay clemencia que valga, solo opresión, contundencia e intimidación. Y esta vez por partida doble. Seis cortes repartidos en dos plásticos de prensaje pesado en los que el dúo alcanza la cumbre del sonido que habían venido esbozando hasta el momento. En el extenso minutaje cabe de todo, desde las melodías amenazantes y vocales sesgadas de “Sailing Solvents” al acid pulverizado de “ Nicotine Window Netting” pasando por apisonadoras techno como “A Room Full Of Fuck All” y “Widedyed”, la brutalidad de “Clean It Up” o el electro perturbado de “Lifesbleach”. Todo, claro está, propulsado por esa batidora rítmica a base de metales pesados que se ha convertido en una de sus más destacadas señas de identidad.

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9. Zodiac: “Zodiac” (Vase)

El nombre de Zodiac cobró dimensión pública a raíz de su beef con Abel Tesfaye (The Weeknd), al que recriminaba que nunca le hubiera concedido el crédito por haberle producido tres de sus temas más emblemáticos, “The Morning”, “Loft Music” y “What You Need”. Con su proyecto en solitario Jeremy Rose no podrá aspirar al éxito que ha cosechado The Weeknd a través de sus mixtapes pero estos cinco cortes le van a situar, con toda seguridad, en un estatus muy parecido al de Clams Casino: el del productor con una paleta sonora singular que consigue dar un paso al frente y desprenderse del artista carismático para el que trabajaban en la sombra. En “Zodiac” hay una pieza vocal – “Come”, en la que participa ese Prince en formación que lleva por nombre Jesse Boykins III–, y que suena extravagante entre las cuatro restantes, que abarcan desde el beat punzante de “138”, que amenaza una deriva house con bajos muy secos, muy gordos, y un gemido intenso que añade el tono lastimero, y la introducción preciosista de “Girlgirlgirl”, que puede ser el resumen perfecto de sus aspiraciones sonoras: beats abstractos entre el R&B futurista y el post-dubstep triste, ese punto de encuentro improbable entre The Neptunes y Burial.

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8. BMB: “Where Pail Limbs Lie” (Liberation Technologies)

Se suponía que se habían separado –además, recordemos, de una manera muy agria, con Regis dejando a Surgeon solo ante el público en un concierto, escenificando una ruptura traumática, como un viejo matrimonio hastiado de sí mismo–, pero cuando todo parecía perdido este 12” de BMB simboliza el regreso (¿formal, para siempre, o sólo ocasional? Preguntas que necesitan respuesta) de British Murder Boys. Siguen ocultando el nombre completo y refugiándose en las siglas (más opacidad, más mal rollo), pero lo que es inconfundible es el estilo marcial, gomoso y más duro que el hormigón armado de su sonido, un chorro de techno alquitranado, un rodillo de beat y atmósferas irrespirables de las que de vez en cuando asoma un chirrido, una voz agónica o una conga furtiva. Es la primera vez que Regis y Surgeon llevan el proyecto British Murder Boys a un sello alejado de su círculo hermético –Liberation Technologies es el nuevo subsello techno de Mute–, pero el resultado está al mismo nivel que cuando lo dejaron en 2005 con “Father Loves Us”.

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7. Azealia Banks: “1991” (Interscope)

“1991 EP” deja poco margen para la sorpresa. Incluir “212” ha sido una formalidad y un deber moral, puesto que el tema que más ha catapultado a Banks todavía no había sido planchado en edición física. Y el cruce de talentos perpetrado en “Liquorice” –el siempre excitante Lone a la producción, la lengua sin tapujos de Azealia en las bars– ya venía circulando por la red desde hace algún tiempo. Los otros dos cortes de este trabajo también son melodías conocidas para aquellos que sigan la carrera de Machinedrum. Azealia Banks se adueña de “DDD” en “1991” y de “Van Vogue”, ambas incluidas en el “SXLDN” que Travis Stewart lanzaba a través de LuckyMe en febrero. Los cuatro cortes ponen de manifiesto uno de los potenciales de la de Harlem como artista: Azealia Banks es la única vocalista rap femenina capaz de insertar su flow en los ritmos de baile como si estuvieran hechos el uno para el otro. No sólo eso, sino que deja en bragas a la mitad del negocio femenino urban que en los últimos años ha tenido por bien subirse al carro del dance europeo en aventuras firmadas por Guetta, Calvin Harris y un largo etcétera.

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6. Kuedo: “Work, Live & Sleep In Collapsing Space” (Planet Mu)

“Work, Live & Sleep In Collapsing Space” –titulo algo difícil de memorizar, pero que contiene toda la carga romántica y/o distópica de la ciencia-ficción de los 70, entre Sheckley y K. Dick–, se presenta como el perfecto anexo a “Severant”: una fantasía cósmica organizada alrededor de arpegios que embisten, un primer break de influencia footwork y sintetizadores a presión, que acumulan (simultáneamente) capas de pureza oxigenada y alta contaminación, hasta rodearte en un tejido cósmico de intención escapista. El 12” se completa con dos remixes. El de Laurel Halo suena como una extensión de su sonido en “Quarantine” a la que se le hubiera retirado la voz, pero en la que hay melodías de refuerzo, de influencia vagamente oriental (como una vieja pieza de Sakamoto de principios de los 80), que suenan a caña de bambú y rastro melancólico de viajeros perdidos en la galaxia que anhelan regresar al hogar. El segundo remix lo firma Claude Speed y es todavía más deslizante, más nitrogenado, casi extendido a los ocho minutos, de manera que todo el conjunto, las tres piezas seguidas, dan forma a un continuum ensoñador que suena como descender a capas cada vez más profundas de la conciencia dormida. Algo que, por ejemplo, serviría para ponerle soundtrack a un remake de “Drive” planteado en una galaxia muy lejana, dentro de dos milenios.

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5. Sensate Focus: “Sensate Focus 10” (Sensate Focus)

Cuando aparecen juntas las palabras ‘house’ y Mego hay que ir con cuidado: los cuatro cortes de este vinilo se identifican con el house por las armonías, no por el ritmo. “Sensate Focus 10” –producido por Mark Fell– suena como una versión más estilizada de lo que editan snd, cuando les da por reaparecer: chispazos melódicos casi líquidos en una sucesión amable y al borde del efecto mesmerizante, como una red de agudos que se extiende de manera poligonal como una red de araña alrededor de tu oído, sostenidos por una madeja de ritmos obtusos y transparentes en apariencia. Suena como un deep house primitivo con pianos que revolotean como mosquitos en la noche, pero sin virtuosismo, como si fuera John Cage remezclando a Larry Heard mientras por debajo se desata un magma de clicks & cuts que habría hecho las delicias de los viejos clientes de Mille Plateaux. Y más allá del contenido –que es soberbio–, lo excitante de Sensate Focus son sus enormes posibilidades: un catálogo potencial de música de club de primera hora que tanto sirve para noches revival de Chicago –como si Terre Thaemlitz o Monolake grabaran para 100% Silk– como para ser expuesta en calidad de escultura sonora en un museo de arte contemporáneo.

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4. AlunaGeorge: “You Know You Like It” (Tri Angle)

Más allá del concepto, lo realmente destacable en este debut del dúo AlunaGeorge son las canciones. Las tres son magníficas, como azúcar que se deshace suavemente en el interior del oído, perfectamente cantadas y producidas. Al fin y al cabo, de eso se trata el R&B, de candorosas líneas vocales y melodías memorables, de beats futuristas que, por encima de todo, producen una reacción erótica. Las canciones de Aluna Francis y George Reid tienen eso: son sexys, son pegadizas, son auténticamente memorables –en particular la primera, la que le da título al EP, “You Know You Like It”–. Y además tienen la frescura que les otorga venir del más recóndito indie, sin el apoyo de un gran estudio o discográfica, de la calle al iPod de miles de adolescentes. Quizá por eso sea –como el año pasado fue The Weeknd– una verdadera muestra de R&B honesto, sin campañas de marketing de por medio. Aluna canta con una voz que antes hemos reconocido en artistas sospechosas –Jamelia, por ejemplo– o mitológicas –Aaliyah es, lógicamente, su máxima influencia–, y George sabe producir los beats perfectos para esta alianza: crujientes, minimalistas, con melodías de videojuego destartalado como las que tendríamos en un instrumental de Hudson Mohawke, con los bajos bien resaltados. Generan adicción.

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3. Burial: “Kindred EP” (Hyperdub)

“Kindred EP” suena a Burial porque sus rasgos estéticos básicos vuelven a aflorar en toda su pureza –las voces espectrales, entre el frío y la pasión, los breaks cincelados con esmero, los sintes que parecen agua en movimiento–, pero se advierte un matiz, un cambio, la presencia de un Burial de tono distinto, adaptado sobre la marcha a unas dimensiones, físicas y mentales, en expansión. Es éste, al parecer, un Burial más profundo, más refugiado en sus propios sentimientos, o quizá un Burial más huidizo, que pretende escaparse hacia arriba, abandonar la atmósfera y la órbita geoestacionaria, diluirse como si su liquidez, tras calentarse, se vaporizara en un vaho imposible de retener. Es un Burial más extenso –más alargado, longitudinalmente hablando; dos de los cortes se van más allá de los 11 minutos– y es un Burial que atraviesa diversas fases de la materia, que se transforma con su propia energía, y pasa del beat sólido que da sentido estructural a una pieza a la coda evanescente, a veces sin apenas transición entre un estado y otro. Burial, que jugaba con las texturas como nadie, se atreve también ahora a desafiar la rectitud de las estructuras. Ya sea con los experimentos en los márgenes del UK Garage de “Kindred”, los intricados lamentos cósmicos de “Ashtray Wasp” o el 4x4 lloroso de “Loner”, huelga decirlo: lo ha vuelto a hacer.

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2. Lee Gamble: “Diversions 1994-1996” (PAN)

Con “Diversions 1994-1996”, Gamble participa de la escena reciente de recontextualización del pasado que muchas veces hemos identificado con palabras –ya en desuso, pero no por ello menos precisas– como hauntology o hipnagogia. Su foco de atención es el drum’n’bass, pero apenas en su dimensión rítmica y sí en su detallismo ambiental. En el jungle de los años a los que alude el título, generalmente antes del primer break y el primer latigazo del bajo solía haber una intro de pausa ambiental –repetida hacia la mitad del tema, a modo de oasis de descanso–. Lee Gamble ha seccionado algunos de esos cortes de la época del jungle y, como un cirujano, ha retirado toda la musculatura rítmica y se ha quedado con las intros y los intermedios, ha procesado ese material con filtros sepia –como si fuera música colgada en Instragram– y ha terminado con 25 minutos de viñetas tranquilas enlazadas unas con otras en un continuum que resulta más fantasmal que eufórico, y que tiene más que ver con Oval o The Caretaker que con sellos míticos como Moving Shadow, Reinforced o Metalheadz. Y es que este no es un disco de recreación jungle, sino algo mucho más sutil. Algo que, además, no tiene precedentes. Pero más allá de la originalidad de la idea lo que más conforta y sorprende es el magisterio de la ejecución.

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1. TNGHT: “TNGHT EP” (Warp)

Algunos de los discos más importantes de la historia de Warp han sido, en realidad, co-producciones con otros sellos: el primer álbum de Jamie Lidell lleva estampado en su esquina el logo de Spymania, y el de Boards Of Canada, recuérdese, también lucía la heráldica de Skam. Este 12”, que puede pasar como el mejor título de Warp en 2012 es, apropiadamente, un acuerdo al 50% con LuckyMe, plataforma escocesa que para Warp ha sido últimamente una cantera de nuevo talento que se han dedicado a esquilmar con criterio y aprecio, comenzando por Hudson Mohawke y acabando, por ahora, con Rustie. TNGHT es el proyecto de colaboración entre HudMo (la parte Warp del asunto) y el canadiense Lunice, que levanta el pabellón de LuckyMe, aunque, quién sabe, algún día podría cambiar de aires. Aunque si hablamos de cambio de aires, ahí está el sonido de “TNGHT EP”, una colección de bangers gomosos de ascendencia sureña que reactiva la importancia del hip hop ultradigital en el mapa presente de la música de club.

Parece ser que para coincidir en TNGHT, Hudson y Lunice han tenido que renunciar a algunas señales estéticas propias para encontrar un espacio común. Por ejemplo, no hay nada de ese boogie-disco retorcido que caracteriza el sonido del escocés, ni ese funk-pop elástico que sí encontrábamos en “Butter”; Lunice, en cambio, sacrifica los beats house y su tendencia a practicar una dance music con momentos de ortodoxia, a la europea. El lugar de encuentro, sin embargo, no les resta identidad a ninguno de los dos: aquí sacan cinco beats de un grosor memorable que llevan hasta extremos manieristas el hip hop de club de The Neptunes – “Bugg’n”, por ejemplo, es la típica base que Pharrell y Hugo le hubieran servido a Clipse, sólo que más anabolizada, con una dimensión más esférica y rellena del sonido, pero igualmente minimalista y de golpe seco– y que forman figuras sonoras que sugieren ideas de fiesta y demencia: momentos de ruptura en una noche de club, esa entrada de un bajo violento o un break intenso que hace reaccionar el cuerpo como si estuviera inyectado de esteroides –de ahí la clara alusión vespertina en el nombre del proyecto, TNGHT: celebración del aquí y ahora–.

“Top Floor” tiene esos mismos ingredientes: un bajo que resuena con eco nepalí –ni el Himalaya amplifica tanto–, una base rota propia del rap de Houston o Atlanta y samples vocales que podrían haber salido de un soundtrack de terror, como si representaran los segundos antes de caer en una lentitud insuperable por el efecto de la codeína. “Goooo” tiene sus raíces en el hardcore-techno, del modo en que un acorde dramático y oscuro sobrevuela sobre otro beat crunk demente y un bajo que simula el ruido de unos disparos, o de un cerrar violento de puertas, mientras la melodía se desarrolla en una espiral tremebunda. “Higher Ground” juega con el grime de una manera indisimulada –voz de fémina, pero que parece de gremlin, desarrollo de fanfarria, caja nerviosa y beat invasor, a lo Terror Danjah–, y para acabar “Easy Easy” resume todo en un momento más cercano al sonido B-more, que es como decir ese sonido Pharrell del principio llevado a un desmadre de proporciones épicas. Cinco temas como cinco pepinazos que multiplican su efecto desolador –neuronas fundidas, piernas fláccidas– cuando se escuchan a un volumen como dios manda. TNGHT no se puede quedar aquí: deben sacar más EPs, pensar un álbum, constituirse en pareja de hecho, o algo.

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