Listas

Resumen 2012: los mejores EPs (del 50 al 21)

Las joyas del año en formato maxi. Hoy, la primera parte.

Iniciamos el repaso a los mejores maxis del año. La criba ha sido dura, y finalmente nos han quedado 50 títulos que son verdaderos pata negra de la música más afilada del año. Hoy, primera parte del resumen, con el bloque que va del puesto 50 al 21.

Ha llegado el momento de entrar en una de las listas importantes del resumen anual de PlayGround. El formato EP aquí lo queremos con locura, nos pirran los discos de vinilo con pocos cortes y mucha miga, siempre les hemos dedicado críticas y hasta columnas exhaustivas, y una vez llega el momento de destripar 2012 los maxis no podían tener ningún papel secundario. Aquí va nuestra selección final de 50 –se nos han quedado muchísimos fuera, y con infinito dolor, la cosecha anual ha sido de lo más brillante–, que desgranamos en dos partes. Hoy, de las posiciones 50 al 21. El viernes, el top 20 final hasta llegar al flamante puesto número 1, que ya sabemos cuál es y, lógicamente, aún no lo vamos a decir. Que comience la cuenta atrás.

50. Dream Continuum: “Reworkz EP” (Planet Mu)

Los tres cortes de “Reworkz EP” comparten esa idea: reactivar el drum’n’bass hiper-acelerado y oscuro, en la línea de Remarc, y modernizarlo con fricciones rítmicas de corto recorrido, tan brutas como aserradas, propias del footwork. Son sólo tres cortes los incluidos en el EP, pero todo el conjunto huele a material esencial, comenzando por la cara B, “Set It”, plagada de referencias al ragga-jungle y la utopía multiétnica, acribillada por sintes épicos como los de LTJ Bukem, y dejando su sello principal en “B Free” y “Giv A Lil Luv”, dos piezas que demuestran cómo se puede entrar a cuchillo en sonidos clásicos, desde el ambient-jungle a lo Aquasky al hardcore luminoso, para que de regreso suenen absolutamente modernos.

Crítica

49. Untold: “Changes In A Dynamic Environment parts 1-3” (Hemlock)

Esta serie de tres vinilos suena como la madurez del nuevo lenguaje techno de Untold, completando un proceso muy parecido al que siguiera Scuba hace unas temporadas al pasar del dubstep líquido de “A Mutual Antipathy” a la geometría technoide de “Triangulation”. La transición de Untold no ha sido ni tan rápida ni tan ambiciosa –los maxis se componen de dos cortes cada uno–, pero el paso sí suena seguro, firme: sabe dónde pisa y suena a material que debe entrar inmediatamente en la maleta –mejor dicho, en el disco duro– de DJs que busquen rocas fiables.

Crítica

48. Heatsick: “Déviation” (PAN)

Con Heatsick se ha producido un cambio substancial en el sonido a partir de “Intersex” (2011), aquel vinilo en el sello PAN en el que empezaron a entrar beats renqueantes y pompas de dub en su habitual tejido analógico y amorfo. Esta descripción, para quien comprenda este tipo de música, tiene mucho que ver con lo que hacen los artistas de los sellos Not Not Fun y 100% Silk –en especial, Heatsick suena como una mezcla entre Peaking Lights e Ital–, y aunque no llega a ser ‘hipster house’ (por falta de un pasado en el indie-rock), es lo suficientemente inclasificable como para haberse ganado un espacio en esa parcela de la experimentación actual.

Crítica

47. oOoOO: “Our Love Is Hurting Us” (Tri Angle)

No todas las bandas tienen por qué ambicionar llegar a ser y sonar cada vez más importantes, y aun a pesar de que no sacase más EPs –al menos con este alias–, oOoOO ya debería tener un pequeño lugar reservado en la historia reciente de la música popular. Así que con “Our Love Is Hurting Us” lo que tenemos es una reafirmación de las ideas expuestas en su anterior maxi, cinco intrincados y detallistas temas que demuestran que sigue en tan buena forma como hace dos años. Puede que la táctica de apropiarse de ritmos y aspectos de producción más típicos del R&B comercial y trasplantarlos a un contexto más intimista se haya convertido en un lugar común, pero realmente hay muy poca gente que lo haga como él.

Crítica

46. Bullion: “Love Me Oh Please Love Me” (DEEK)

Lo que se podía catar con la puntita de la lengua en su último 12” para R&S – Say Arr Ee / What Does She Know– se convierte en una explosión de sabor en este EP, una obra rebozada con una fuerza y un poder visionario que a más de uno dejará fuera de juego a la primera escucha. Hay que darle dos y hasta tres oportunidades. A partir de ahí, cuando el cerebro se adapta a los patrones ultracontemporáneos que Bullion aplica a la música pop cantada, uno descubre uno de los territorios más fértiles y excitantes para que el género florezca y viva una nueva juventud.

Crítica

45. Four Tet: “Lion / Peace For Earth” (Text Records)

Para los que hayan venido siguiendo las transmisiones de Four Tet con regularidad, el factor sorpresa de su recopilación de maxis, “Pink”, queda reducido a los más de veinte minutos que suman las dos composiciones inéditas que incluye la colección, “Lion”y “Peace Of Earth”, editadas en vinilo por separado. La primera combina elementos recurrentes como las melodías de sabor africano, en este caso de kalimba, con otros menos habituales como ritmos procedentes de cajas de ritmo analógicas vintage, todo ello envuelto en atmósferas lúgubres e inquietantes. “Peace Of Earth”, por su parte, empieza ondeándose entre nubes de pads algodonosos y acaba deslizándose por uno de sus característicos arpegios de sonido chispeante y humedecido, todo ello mirándose en el espejo del ambient cósmico setentero.

Crítica

44. Julio Bashmore: “Au Seve” (Broadwalk Records)

“Au Seve” tiene la picada de mil escorpiones, un bajo gomoso que se aferra a la cadera y un beat que desintegra culos como si fueran fondue; “Troglodytes” es otro pepino hipnótico que, cuando tiene que meter el bombo, lo inyecta con todo el amor de una producción del mejor Larry Heard, y “Track 3” es el inesperado cierre –con trazas de boogie y downtempo, para ayudar en el momento calentón– que confirma que Bashmore sabe cuando echar toda la carne en el asador y cuando guardarse ases en la manga. El amo del corral, hoy.

Crítica

43. Mark Leckey: “Fiorucci Made Me Hardcore” (The Death Of Rave)

La cara A –un continuum de inputs auditivos, francamente inquietante–, y también la cara B, son sendos soundtracks de dos instalaciones de Mark Leckey del año 2000, la primera titulada “Fiorucci Made Me Hardcore” y “GreenScreenRefrigeratorAction” la segunda. Ahora aparecen reunidos en un vinilo pensado y fabricado por el entorno Bookmat / Modern Love para un nuevo subsello, The Death Of Rave, y aunque es cierto que la apariencia del vinilo es tramposa, el contenido no lo es: en vez de brutalismo electrónico encontramos una solvente espectrología en la línea del Leyland Kirby más opaco.

Crítica

42. KW Griff: “Club Constructions vol. 3” (Night Slugs)

KW Griff no es exactamente un artista con trayectoria en Night Slugs, aunque sí con trayectoria fuera –desde 1995 ha estado trabajando en los cimientos y expansión del sonido Baltimore, con sus percusiones ametralladas, salpicadas de bajos tamborileros y arrebatos histéricos de rap chillón– del que se aprovecha aquí su tema “Bring In The Katz” en dos versiones, una con Pork Chop al micro y otra en remezcla dub de L-Vis 1990 que acaban dando el mismo resultado: llagas en los oídos y agujetas en las piernas.

Crítica

41. Vatican Shadow: “Iraqi Praetorian Guard” (Blackest Ever Black)

Fruto de su obsesión con la imaginería militar –portadas que representan a soldados de la última guerra de Iraq y títulos como este “Iraqi Praetorian Guard”–, Vatican Shadow es como una marcha hacia el frente de ataque con todas las armas apuntando al enemigo y disparando a la vez. Y los dos cortes que ahora rescatan en Blackest Ever Black van incluso más lejos, a la primera cinta de Vatican Shadow, “Byzantine Private CIA” (Hospital Productions, 2010), de la que se recuperan dos cortes, “Cairo Sword Unsheated”, que es puro terror psicológico, la plasmación en un ambient putrefacto del miedo antes de la batalla, y “Gunmen With Silencer”, otra pesadilla chirriante que se arrastra como una serpiente y se enrosca en tus pies. Son dos momentos que enlazan muy bien con la política del terror que se aplica en Blackest Ever Black, donde cada vinilo es un atentado psicológico. Si te fascina el mal, necesitas este disco.

Crítica

40. S-Type: “Billboard” (LuckyMe)

S-Type es el último ejemplo de la magnífica salud de la que goza la ciudad escocesa en materia musical. Y, como cabía esperar, el estreno de este chaval de 25 años viene patrocinado por la marca del doble ojo, la misma que aupó en su momento a Hudson Mohawke y el mismo entorno en el que convivió Rustie. A estos dos nombres apelan las producciones de Bobby Perman –aunque lo suyo también bebe mucho de la sampledelia clásica yankee–, que toma la alternativa con “Billboard EP”, seis cortes de hip hop instrumental que gritan muy alto, hasta el otro extremo del Atlántico, directo a los mismísimos despachos del negocio rap americano, “soy vuestro próximo productor blanquito favorito”.

Crítica

39. Howse: “Lay Hollow” (Tri Angle)

Los cinco temas de este disco –que es EP o mini-LP según cómo se mire o se prefiera– dibujan un lenguaje firmemente asentado en los principios de la evocación poética y el nervio rítmico, y tienen el halo del viejo drum’n’bass atmosférico de la época de Spring Heel Jack y LTJ Bukem, sólo que ahora con patrones footwork, como el de “VBS”, que crea una sensación no imposible, pero sí muy difícil de obtener: la de relax y olvido a la vez que el beat está circulando a 170 bpms por debajo, a todo trapo. Esto lo obtiene Howse con texturas recargadas e ingrávidas que se levantan como un edificio de aire y que marcan el contraste entre una base turbulenta y una cúpula elevada a los cielos y con voces pellizcadas, algo así como una catedral post-juke.

Crítica

38. Cashmere Cat: “Mirror Maru” (Pelican Fly)

Mientras el nombre de Cashmere Cat se iba multiplicando por la blogosfera gracias a remixes como el que ha firmado para Lana del Rey, el sello Pelican Fly se relamía. Los responsables de esta marca belga han estado rápidos fichando a Höiberg para que lance la que será su primera referencia oficial, “Mirror Maru EP”. ¿A qué suenan estos cuatro cortes? El maxi tiene cosas del fulgor y el desenfreno de otro miembro del roster de Pelican Fly, Sinjin Hawke, las formas emotivas y maximalistas de Ryan Hemsworth, las cadencias sinuosas de las slow jams más ortodoxas y un toque naïf cosecha propia en forma de samples de gatos.

Crítica

37. snd / NHK: “Split” (PAN)

Tras los míticos álbumes en Mille Plateaux, el material fuerte de snd se había reducido en los últimos años a un experimento en Raster-Noton, “Atavism”, y un triple vinilo autoeditado, “4,5,6” (2008), que reactivó tímidamente su propio sello, detenido desde hacía una década y que, aparte de ese inciso, sólo volvió para reeditar en digital los tres primeros álbumes del proyecto. Así pues, el “15 / 16” que ocupa toda la cara A de este vinilo de lujo, una nueva joya de la colección Pan que añade un poco de contundencia rítmica al batido abstracto. Los 15 minutos del corte –casi 16, de ahí el título– parecen una condensación veloz de los rasgos estéticos de “stdio” (2000) y “Tenderlove” (2002): glitches limpísimos, beats rotos entre el techno y el funk, una especie de R&B minimalista, extraterrestre, con el swing anestesiado.

Crítica

36. Solange: “True EP” (Terrible Records)

Las canciones de “True” son, por lo general, tremendamente pegadizas y sin altibajos. También hay espacio en este EP para los números más reposados, como en la altamente sugerente “Don’t Let Me Down”, que desplaza a un segundo plano los sintetizadores para dar más protagonismo a un bajo, un piano y, por supuesto, sus magníficos gorgoritos. Este lanzamiento tiene los suficientes ingredientes para confirmar que la Solange indie mola tanto o más como la R&B y sirve como un fenomenal teaser de cara a lo que está por venir en 2013. Si las cosas salen como tienen que salir, tenemos discazo entre manos.

Crítica

35. Pariah: “Rift” (R&S Records)

“Rift” es un 12” depurado y de altísimo nivel que debería congraciarle con la actualidad: son tres cortes, y los tres de una personalidad férrea –quizá el que menos sea “Signal Loss”, con una manera de cortar las melodías de piano, que suenan arenosas, muy parecidas a las de James Blake, con el mismo registro vocal incluso–, y en los que tiene hasta el valor de plantar cara a Burial en su mismo terreno y firmar un “Among Those Metal Trees” que reproduce fielmente ese estado de desolación matinal, en ayunas y derrotado que acontece tras una noche memorable de rave y drogas que aniquilan cualquier actividad cerebral y muscular.

Crítica

34. Vessel: “Standard EP” (Left Blank)

“Standard” recuerda a ese deep house espectral y desequilibrado de Kassem Mosse o el último MadTeo, en el que los beats parecen deshacerse en una nube de humo después de una caída fuerte, cargando con un peso grande que les hace poderosas en el dancefloor. Pero todo está envuelto en una capa turbia que oculta incluso sus momentos más lúdicos –la línea de bajo funk, por la que mataría Prince, que articula todo el desarrollo del corte, por ejemplo–, dándole al tema entero esa apariencia difuminada, lejana, que también está en “Merge” y que suena tan interesante porque no se adapta a ningún cliché antes explotado en sellos como Workshop o en las muchas plataformas que buscan unificar techno y dub.

Crítica

33. Rrose: “Artificial Light (1969-1909)” (Sandwell District)

Rrose es un consumado engrasador de la dinámica rítmica del techno, construye ciclos de ritmo a velocidad constante –que ha ido rebajando de tempo a medida que iba entregando referencias en Sandwell District, “Primary Evidence” y “Merchant Of Salt” eran más duros, más Jeff Mills–, y en “Artificial Light (1969-1909)” se consuma en ese punto en el que no es ni rápido ni lento ni todo lo contrario, permanentemente tenso, creando una expectación enfermiza: tanto puede iniciarse un acelerón eufórico como un parón sobrecogedor, pero la habilidad de Rrose está en no caer en esas tentaciones y, durante 22 minutos –los diez que dura “A, With All Faces Bleached Out” y los 12 de la cara B– escupir techno con la misma sobriedad y paciencia con las que Aleister Crowley enunciaría conjuros, con una desesperante (e hipnótica) monotonía.

Crítica

32. Stay+: “Arem EP” (Ramp Recordings)

Stay+ tienen multitud de puntos en común con anteriores bandas británicas que han explorado los límites entre experimentación electrónica y ganchos pop, desde New Order a Disco Inferno, bañados, por supuesto, por la experiencia de la música rave en distintas fases del hardcore continuum. Así, al igual que sus antecesores, Stay+ combinan ruidos y ritmos bailables, texturas rugosas, acumulando y liberando tensión y emociones, concentrando en pedazos de apenas cinco minutos la montaña rusa emocional que puede ser una juerga nocturna, mezclando la sensación de recuerdo post-rave de Burial con un tono melancólico al tiempo que eufórico.

Crítica

31. Happa: “Beat Of The Drum / Bring It Back” (Church)

No es sólo su juventud (15 años), es la calidad de sus producciones lo que descoloca de este chaval que ya ha tenido el honor de ser radiado por la hada madrina Mary Anne Hobbs. Su estreno editorial coincide con la primera referencia de la gente de Church, que hasta la fecha ejercían tan solo como organizadores de fiestas en el extrarradio londinense. Los dos temas originales de “Beat Of The Drum / Brign It Back” demuestran la destreza de Samir Alikhanizadeh en mimetizarse con las formas de esta nueva estirpe techno oscurantista y esquizoide que tiene en Blawan u Objekt a sus mejores profetas. Lo de Happa suena menos asesino que Blawan, menos bombástico que Randomer, pero se le acerca.

Crítica

30. Jacques Greene: “Concealer EP” (Vase)

En la configuración genética del sonido de Jacques Greene siempre ha habido justas proporciones entre house de producción detallada, casi de una pulcritud enfermiza, y destellos de R&B; si no era la música perfecta para follar agitadamente, se le acercaba. Pero en “Concealer EP”, y aprovechando que el productor canadiense inaugura su propio sello y se aleja temporalmente del cobijo que le habían dado hasta ahora en LuckyMe, las cosas se ponen aún más pulcras y más sexys. “Flatline”, el corte que abre la cara A del vinilo, resulta absolutamente revelador de las intenciones de Greene en esta ocasión: no se trata únicamente de incorporar una línea melódica R&B, o unos samples de voces edulcoradas, sino de emprender la tarea de construir una canción completa capaz de activar los centros de placer.

Crítica

29. Traxman: “Heat” (Sewage Tapes)

La tentación de decir que Traxman hace ‘footwork inteligente’ es tan fuerte que la propia expresión da repelús, grima, cosa. Lo que sí es cierto es que el de Chicago está ofreciendo, a día de hoy, los beats más visionarios y elaborados de la cosecha juke, desmarcándose de manera muy clara de las técnicas más manidas de sus paisanos de la ciudad del viento. Ahora llegan cinco pepinos más pulidos por el mismísimo Trax God que juegan con patrones de canción de cuna soul ( “Da World Around Us”), calypso y rave ( “Mirrors - Footwerk”), espirales melódicas maníacas ( “Da Family”), hair rock ( “Iron Man”) y be-bop ( “Alotta Funny Stuff Going Down”). Si no clavas la rodilla ante él no eres digno de esta música.

Crítica

28. Blank Mass: “White Math / Polymorph” (Software)

De repente, hay una necesidad urgente por que regresen Fuck Buttons, después de que los mejores fragmentos de “Tarot Sport” fueran utilizados en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos. Benjamin John Power, de mientras, ha estado dándole rienda suelta a Blanck Mass, su proyecto en solitario al margen del dúo, primero sin beats –el álbum homónimo en Rock Action del año pasado– y ahora con su estreno en Software con este 12” de dos largas jams cósmicas con arreglos disco que evolucionan hacia una especie de trance líquido ( “White Math” funciona así, a chorro), bombos asimétricos, chispazos ácidos (en el meollo de “Polymorph”) y esa gloriosa frustración que ocurre cuando esperas el crescendo, el clímax, el despiporre, y nada de eso sucede porque sus 20 minutos de duración son como una meseta, alta y llana, para cerrar los ojos en una pista de baile y perderse dentro del marasmo épico.

Crítica

27. Black Rain: “Now I’m Just A Number: Sountracks 1994-1995” (Blackest Ever Black)

Black Rain, activos durante la década de los 90, compusieron las canciones incluidas en este EP para la película “Johnny Mnemonic”, aunque es ahora cuando se pueden escuchar en su contexto adecuado, al ser reeditadas por el sello Blackest Ever Black. “Johnny Mnemonic” tenía muchos puntos a su favor de entrada: guión de William Gibson, un reparto extraño pero a priori interesante con Takeshi Kitano y Henry Rollins entre otros, y sin embargo la película se recuerda ahora como un estrepitoso fracaso. Realizada en plena expansión optimista de la tecnología y los sueños de realidad virtual, contrastaba enormemente con la música creada por Black Rain, una especie de drone-techno post-industrial que, sin embargo, y como suele ser habitual en los lanzamientos de Blackest Ever Black, tiene una capacidad de fascinación entre la morbidez y la catarsis.

Crítica

26. Randomer: “We Laught, We Scream” (Hemlock)

Desde que ha aterrizado en Hemlock, Randomer parece haber encontrado las mejores condiciones para chorrearnos con su sonido, que esparce escupitajos de acid y esturrea beats de techno alborotado con una facilidad pasmosa. No es extraño que alrededor de la figura de este londinense se haya establecido un culto casi fanático que celebra cada uno de sus EPs y sus sesiones como si fueran el advenimiento de un Mesías. Lo que es cierto es que en toda esta escena que se articula alrededor de ideas bastardas sobre el techno y los extremos más afilados de lo bass Randomer destaca en la misma manera en que lo hace Blawan: por ser un cochino y no acomplejarse por ello.

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25. MadTeo: “Bugler Gold Pt. 1” (Hinge Finger)

Excelente 12” que corrobora diversas ideas que muchos ya teníamos asumidas. En primer lugar, que MadTeo es uno los nombres más a tener en cuenta entre la retahíla de productores que gustan de operar en los márgenes menos transitados del house contemporáneo. Por otro lado, que Joy Orbison, además de creador superdotado, tiene un olfato finísimo para ejercer de A&R. Y por último pero no menos importante, que Will Bankhead es uno de los diseñadores más certeros del underground británico: ahí está la poderosa portada del maxi para volver a demostrarlo.

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24. John Roberts: “Paper Frames” (Dial)

Quien diga que no ha echado de menos a John Roberts durante estos dos últimos años miente (siempre y cuando, por supuesto, se hubiera tenido la suerte de libar las mieles de su tremendo “Glass Eights”, un álbum que transformaba el techno en una superficie de cristal, frágil y clara, y que no estaba hecho para el primero que pasara por delante). El productor norteamericano afincado en Berlín es uno de esos raros especímenes que entienden la música como una materia de extrema maleabilidad, como si pudiera darle forma a los líquidos con el movimiento de sus dedos. “Paper Frames” parece la unión de dos estilos distanciados: la música de los primeros Tortoise –con abundancia de xilófonos, ritmos mecánicos y texturas a punto de desintegrarse silenciosamente– con el house lacrimógeno, casi evaporado, de Lawrence y Pantha Du Prince.

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23. Locked Groove: “Keep It Simple” (Hotflush)

Este maxi para Hotflush está exclusivamente centrado en el house. “Keep Running” es el corte más efusivo que haya firmado nunca Locked Groove, especialmente a partir del momento en que los acordes de raíz clásica se unen a la trotona línea de bajo de resonancias acid. “Aller Simple” mantiene las mismas coordenadas pero con una naturaleza un tanto más relajada y airosa, y añadiendo notas lisérgicas a través de un insistente arpegio. Finalmente, los ecos jazzy de “Even” nos remiten directamente al libro de estilo de maestros como Floating Points o Theo Parrish.

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22. Bee Mask: “Vaporwave / Scanops” (Room40)

Estas son dos piezas que giran como una estructura geométrica en el vacío, mostrando facetas luminosas y aristas cortantes y provocando un previsible pero inevitable estado de hipnosis –y que pudiera durar eternamente; Bee Mask tiene el acierto de cortarlo antes de que se haya producido la satisfacción plena, para motivar el volverla a pinchar una vez ha concluido su breve periplo espacial–. Música que comienza como el sonido de una sopa que bulle y explota en infinidad de burbujas espesas y tiene como acompañamiento una voz amable y límpida. Si la primera cara suena a música de formación, la segunda parece simbolizar la destrucción de esa materia primordial.

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21. Baauer: “Dum Dum” (LuckyMe)

En ciertos círculos especializadísimos y esnobs, el fichaje de Baauer por LuckyMe no ha sentado bien: es como cuando una hija le presenta a sus padres el nuevo novio, que resulta ser un traficante de drogas con cadenazo de oro y bulldog. El chaval de Brooklyn no tiene la delicadeza en los beats de un S-Type ni el fulgor de Hudson Mohawke, y hasta deja a Rustie como un buen chico en sólo seis minutos de gamberrismo que dan la medida exacta de lo que es el trap en 2012: un género híbrido, espurio e hipertrofiado en el que todo suena con ese tipo de hinchazón que sólo producen las picaduras de avispa. Beats de rap sureño con extra de levadura, voces guturales y el momento gabber holandés en “My Nose” –marca de la casa–, que además prolonga una tendencia habitual en la cultura rave de insertar frases relacionadas con el consumo de drogas, en este caso “Coke in my nose”, que puede entenderse como la versión grosera del “I’m the information, cocaine powder” de aquel “Sicko Cell” de 2011.

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