Listas

Resumen 2013: los 40 mejores EPs del año

En el repaso a fondo al año que se termina, aquí van las joyas en formato vinilo y de duración breve, o lo que cualquier DJ con criterio debería tener

Aquí va el repaso de los mejores maxis del año. La criba ha sido dura, y finalmente nos han quedado 40 títulos que son verdaderos pata negra de la música más afilada del año. Ojito al podio.

Ha llegado el momento de entrar en una de las listas importantes del resumen anual de PlayGround. El formato EP aquí lo queremos con locura, nos pirran los discos de vinilo con pocos cortes y mucha miga, siempre les hemos dedicado críticas y hasta columnas exhaustivas, y una vez llega el momento de destripar 2013 los maxis no podían tener ningún papel secundario. Aquí va nuestra selección final de 40 –se nos han quedado muchísimos fuera, y con infinito dolor: la cosecha anual ha sido de lo más brillante–, que desgranamos del tirón hasta llegar al flamante puesto número 1, que ya sabemos cuál es y, lógicamente, aún no lo vamos a decir. Que comience la cuenta atrás.

40. Black Sites: “Prototype EP” (PAN)

Aunque de entrada pueda parecer que “Prototype” (la cara A) tiene una influencia de Detroit por el uso de ciertos adornos al principio, en el desarrollo de sus nueve largos minutos el track se vuelve más neoyorquino: reseco, estructurado a partir de (casi) imperceptibles crescendos de ruido chatarrero, buscando la disonancia entre bombos que tienden a descuadrarse. No menos caótica es “N313P”, con un beat algo más quebrado –sería ideal para catálogo de Underground Resistance–, efectos láser, forma fugada y momentos que son pura azotaina techno. Si por un disco hay que pagar, está claro que es este.

Crítica

39. Evian Christ: “Duga-3” (Tri Angle)

He aquí un tema de 19 minutos largos estampados en una sola cara del vinilo y con un registro muy distinto al que exhibió Joshua Leary, o sea, Evian Christ, en su beat-tape de estreno para Tri Angle, en la que manifestaba una obsesión dual por las excursiones ambientales sonámbulas en la línea del último Burial y, a la vez, el universo cloud-rap de Clams Casino, con mucho sample de hip hop inserto por ahí. En el extenso “Duga-3” desaparecen casi todos los rastros de hip hop y sólo queda la marea de texturas suaves y profundas: no es un tema especialmente prolongado, sino una sucesión de estados de ánimo –el primero flotante, el segundo cautivador con muestras de voz fantasmales, sobrepasada la mitad un tipo de ambient muy noventas, estilo The Orb, con astronautas hablando por la radio, y al final un descenso hacia el vacío y el olvido– que resultan ideales para perderse en el sueño de otra persona.

Crítica

38. Interplanetary Prophets: “Zero Hour” (Planet Mu)

El concepto detrás de Interplanetary Prophets es una tonelada de chatarra encima de la mesa y cuatro manos habilidosas para destripar y ordeñar el hardware: cajas de ritmos, sintes del año de la tos, botones, ruedas, incluso sin sincronización MIDI, con mucha parte tocada de oído. Así es como sale al final la música, como si el altavoz fuera el cráter de un volcán en erupción de basslines de reminiscencia ácida, bombos descuadrados y paisajes sintéticos de mucho grano. Jamal Moss (Hieroglyphic Being) e Ital desarrollan un house áspero y ardiente y, al final, un ejercicio que parece cruzar drones de la escuela de Pauline Oliveros, electroacústica próxima a Stockhausen y esa idea del ambient que tienen algunos productores techno con demasiada fijación con lo sci-fi.

Crítica

37. DJ Rashad: “Rollin’ EP” (Hyperdub)

Una vez superada la fiebre del footwork –que, contra pronóstico, ha durado cerca de tres años de vacas gordas–, cualquier nuevo lanzamiento merece ser observado con lentes de aumento para que los genéricos no oculten aquellos releases que sí marcan la diferencia. Uno de esos títulos superiores es “Rollin EP”, compuesto por cuatro tracks que hablan bien de la capacidad que tiene DJ Rashad para escaparse del tópico, y que le aportan la vitola de autor footwork con más carisma. Él no entiende la complejidad del ritmo enrevesado como el objetivo final del género, sino como el origen para experimentar con influencias a priori inesperadas. Chicha todo el rato.

Crítica

36. Inga Copeland: “Don’t Look Back, That’s Not Where You’re Going” (World Music)

Si nadie dijera que la que firma este EP es Inga Copeland –conocida, claro es, por ser la mitad femenina del dúo Hype Williams–, podríamos pensar que es obra de otra eslava larguirucha, como Maria Minerva, o de alguna clon de Grimes: es ese tipo de pop con síncopas, aparentemente dreamy, colateral a la pista de baile, de melodías oblicuas, que tanto se lleva en los márgenes raros de la música actual. De entrada suena raro porque lo de Hype Williams siempre tenía que ver más con el emborronamiento que con la claridad, y más con las turbulencias que con un ritmo claro, pero en el estreno del sello propio de la pareja, World Music, tenemos a Inga cantando como si fuera Grimes y a dos productores ampliamente conocidos por los consumidores del material de Hyperdub y sellos afines como DVA y Martyn firmando producciones funkoides y garagescas en “So Far So Clean” y “A&E”, respectivamente. “Speak” es el único momento raro –el único que se acerca al material del primer EP de 2011, “ Inga Copeland”–, firmado por Dean Blunt, y eso nos hace mantener la esperanza de que la otra mitad de Hype Williams, de momento, no se tire al rollo James Blake. Intoxica, pero de otra manera.

Critica

35. Morphosis: “Dismantle / Music for Vampyr” (Honest Jon’s Records)

En sus comienzos, Morphosis hacía otro tipo de techno: como Ra.H arrojaba acordes épicos, pianos en stacatto, pads ambientales que diseñaban espacios amplísimos: parecía el alumno aventajado de Carl Craig. Con el tiempo, todo se fue volviendo más difícil, más rugoso, con timbres que dañaban al oído y ritmos desacompasados que le llevaban a ese territorio que en la edad dorada tan bien cultivaron proyectos como Panasonic. Los últimos años de su sello, Morphine, han sido duros y magníficos –un foco de resistencia para el techno avantgarde–, y él se ha ido empapando de esa lógica atrevida hasta culminar en este doble 12” que entrega para Honest Jon’s y que tiene dos partes: la primera son dos piezas de techno analógico, elástico y chirriante, y la segunda es una banda sonora alternativa para la película expresionista “ Vampyr” del danés Carl Theodor Dreyer que se prolonga durante más de 20 minutos de arpegios prominentes, tonos puros encallados en un pitido infernal, notas graves y evoluciones en espiral propias de la computer music, algo así como la versión años 20, en blanco y negro y terrorífica del último álbum de James Holden.

Critica

34. Untold: “Targa / Glare” (50Weapons)

De Untold no teníamos noticias desde que le echó el cierre a su sólida trilogía del año pasado, la editada en Hemlock bajo el título genérico de “Change In A Dynamic Environment”: era su demostración práctica de que para él los caminos del dubstep, por muy líquido que hubiera comenzado a tornarse tras su paso por la recopilación “Future Bass” (2010) de Soul Jazz, estaban completamente clausurados y que su nueva vía de expresión tenía que pasar necesariamente por el techno. Aquellos tres EPs tenían un toque oscuro y mecánico, una textura densa como la brea, y después del coágulo a la manera de Scuba, una vez más se licua su sonido en este debut para 50 Weapons en el que la música mana como un chorro fresco de 4x4 airoso. Las dos piezas son largas y serpenteantes, nueve y ocho minutos respectivamente de meandros, arpegios y melodías hechas de burbujas ( “Targa”) que se vuelven campanillas graves con bajos a gran presión en la algo más profunda “Glare”. A ratos hipnotiza, y cuando no, te atrapa como un par de grilletes: un triunfo.

Crítica

33. Lords of Midnite: “Drown In Ur Love EP” (Unknown To The Unknown)

En Unknown To The Unknown, sello con fama de amigo del chiste, dicen que Lords of Midnite son “una secta de alienígenas humanoides perdida durante generaciones y prácticamente borrada en su totalidad de los libros de historia”, lo cual hace pensar en una mitología a lo Drexciya. Pero no es electro ni techno lo que suena en “Drown In Ur Love EP”, sino una especie de house progresivo con abundancia de capas atmosféricas y densidad emocional sujetado por una rítmica poderosa, que a veces es housera y a veces un breakbeat hardcore (el tema titular es como un “Papua New Guinea” sin la parte épica).

Crítica

32. Bicep: “Stash EP” (Aus Music)

Nadie como Bicep ha sabido recoger tan bien la antorcha del Jersey House, la rama más purista e incorruptible del house profundo a la sombra del sonido deep neoyorquino en los 90, y mientras tanto van repartiendo maxis en Feel My Bicep y Aus Music sin dar pasos en falso. Este regreso al subsello house de Will Saul tiene tres movimientos rígidos – “Stash”, “Courtside Drama” y “Rise” son variaciones sobre motivos old school como la armonía jazzy o el beat rocoso, siempre para echar sudor que huela a Chanel– y uno lento y enigmático, “The Game”, con una línea ambient a lo “Twin Peaks” y una caja en plan Mr. Fingers.

Crítica

31. North Lake: “Moonwalker” (Phonica Records)

Este EP nos ha pillado a todos desprevenidos. Hasta la fecha, el momento más inspirado de North Lake había sido “Journey To The Center Of The Sun”, una pieza de house catatónico que sonaba a sublevación indígena y que John Talabot escogió para abrir su espléndido “DJ Kicks”. Los escarceos con el techno de este productor de Michigan, sin embargo habían sido más discretos. Y, de repente, “Marlborol Noir”. La magia y el misterio de la noche condensados en siete minutos de melodías que suenan a sirenas ebrias y líneas de bajo como bostezos de Poseidón. Una ensoñación narcótica que, encima, tiene el suficiente músculo rítmico como para pincharse en un club a altas horas de la madrugada. Lo mismo puede decirse del corte titular, otro portento de las construcciones elípticas que se insinúa sin llegar a estallar, como si fuera la danza del vientre hecha canción. Si hay un EP este año por el que vale recuperar la trilladísima expresión de “bailar con lágrimas en los ojos” es este.

30. MadTeo: “Strumpetocracy” (Nuearth Kitchen)

Lo que caracteriza a MadTeo es una inconformidad con las reglas del techno y el house que se puede resumir en ideas clave como gusto por la baja fidelidad, un sonido premeditadamente sucio, de bajo volumen y sensación de ajado y poco respeto por la regularidad de los ritmos, de modo que, más que música de club, es el hilo musical para una esforzada caminata por caminos de piedras. MadTeo cuenta ya con una trayectoria extensa que, en sus momentos más bailables, ha recalado por sellos como Hinge Finger: no es el caso de “Strumpetocracy”, compuesto de tres temas – “Laissez-Faire Couture”, “Mr. Grecko” y “We Doubt”, con el tipo de groove estropeado que gasta Kassem Mosse– y dos remixes nuevos en la misma línea deslavazada a cargo de Dresvn y DJ Sotofett: algo así como la versión lenta de ese house disconforme con el statu quo que, al otro lado del Atlántico, se plancha en L.I.E.S.

Crítica

29. Kode9: “Xingfu Lu / Kan” (Hyperdub)

Kode9 sigue fiel a su tipo de construcción rítmica agitada, con momentos de convulsión incontrolable antes de volver al orden de la cadencia quebrada 2step. Siguen cruzándose sus habituales texturas agudas –muy influenciadas por la música oriental– que atraviesan la arquitectura rítmica como si fueran filos de espadas, y que en “Kan” alcanzan cotas de histeria acercándose al ruido de un globo que se desinfla o el relincho de un percherón furioso. En un perfecto equilibrio entre riqueza rítmica y lujo en el revestimiento atmosférico, Kode9 firma un 12” que es breve –sólo siete minutos sumando sendos tracks– pero tan suculento que el más rico de los manjares bass.

Crítica

28. Locked Groove: “Heritage EP” (Hotflush)

“Heritage” pudo haber sido un simple 12”, pero ha acabado siendo un doble vinilo con un total de seis cortes. Pudo haber sido también un lanzamiento dosificado en dosis separadas por una distancia prudencial de varios meses, pero este material es tan bueno que a Scuba, en tanto que A&R de Hotflush, le quemaba en las manos. Aquí va, por tanto, un pack suculento en el que el belga Tim van de Meutter saca a relucir la vertiente house de su arte, enraizada en una estética deep muy de principios de los 90: la textura es aparentemente analógica, pero destellante, con esas cajas que chasquean con exactitud marcial, adornada por voces etéreas y bajos mullidos: la expresión magistral de un tipo que se ha aprendido muy bien la lección del mejor Larry Heard.

Crítica

27. Leisure Connection: “Jungle Dancing / Wave Riding” (No ‘Label’)

Aaron Coyes (Peaking Lights) y Nate Archer firman bajo el nombre de Leisure Connection, y los dos temas del nuevo 12” de No ‘Label’ –subsello de Rush Hour– mantienen aspectos característicos del dub (los bajos líquidos, mercuriales) y del disco cósmico, pero con una ambición todavía más viajera. “Jungle Dancing” recuerda al material más prolijo de LCD Soundsystem o Gavin Russom: es una odisea de steel drum, bajos borboteantes y silbatos de 11 minutos. “Wave Riding” se prolonga hasta los 13 manteniendo una cadencia hipnótica de beats de house comatoso que crea esa envidiable sensación de movimiento sin desplazarse, en realidad, del punto de partida.

Crítica

26. Container: “Treatment” (Morphine Records)

Ren Schofield es uno de los tíos más guarros del techno en 2013. No tiene nada que ver con la higiene corporal, sino con la higiene de su sonido, que aparece más descuidado que los rincones de un gallinero. Dos de sus álbumes, los firmados en el sello Spectrum Spools, son una vuelta de tuerca lo-fi al sonido holandés de mediados de los 90, al de plataformas como Bunker, pero con una actitud todavía más desganada y cafre, diríase que el heredero desastrado del tremendo Unit Moebius. Ahora que Container ha roto la barrera que le ataba al más feroz underground, se pudiera suponer que iba a domesticar su estilo, pero no: los cuatro cortes de “Treatment” siguen apestando a baja fidelidad y fuerza bruta, rodeados de una sombra de podredumbre y hollín.

Crítica

25. Anthony Naples: “El Portal” (The Trilogy Tapes)

Anthony Naples es un clásico de The Trilogy Tapes, el escurridizo bastión de la cultura de la cassette que iniciara en 2011 su división en vinilo. Más allá de eso pesa su inconformidad con las reglas del techno y el house, lo que se traduce en un gusto por la baja fidelidad, un sonido premeditadamente sucio, de bajo volumen y sensación de ajado y poco respeto por la regularidad de los ritmos. En “El Portal EP” sube más el bombo y acude al tipo de sonoridad cósmica y amable del primer techno de Detroit, pero a partir de “Pueblo” y “Busy Signal” ya se le nota que, más que lo tradicional, lo que le tira es la asimetría, la producción con desconchones y los timbres que suenan a chorreados con lejía.

Crítica

24. Jay Daniel: “Scorpio Rising EP” (Sound Signature)

Ahora que Kyle Hall está cerca de recibir el doctorado “honoris causa”, Detroit ya tiene un nuevo aspirante a joven padawan, en este caso auspiciado por Theo Parrish. Se llama Jay Daniel, tiene 22 añitos y un EP para demostrar que apunta a future classic. Su música aúna las mejores enseñanzas de los mejores maestros de su ciudad. De la ferocidad de Anthony “Shake” Shakir en “Brainz” a las melodías distantes de Omar-S en “No Love Lost” pasando por los ritmos de swing disfuncional de Kyle Hall en “I Have No Name”. La joya de la corona, sin embargo, quizá sea “Bubble Cougar”, en la que invoca es espíritu de Mr Fingers tanto literalmente (samplea el arpegio de “Stars”) como por esos pads sosegados que suenan como una promesa de beatitud entre las contrariedades de la metrópolis.

23. Huerco S.: “Untitled” (Boomkat Editions)

Originalmente apareció en febrero de 2012, en una cinta de casete. Huerco S. llevaba un tiempo breve produciendo desde su guarida en Texas, pero fueron estos cuatro tracks los que prendieron la mecha de su creciente prestigio en el underground, sobre todo desde que se editaron en versión digital. Y a principios de año, Boomkat decidió darle el tratamiento en vinilo necesario, para que esa textura guarra, de voces apagadas y beats que se deshacen, tuviera un sonido mejor y unos bajos más contundentes. Porque pese a la baja fidelidad, no deja de ser música que aspira a conquistar el club y hacer mover los cuerpos. La génesis del posterior “Colonial Patterns”, aún más experimental y arrítmico, está aquí, en esta joya recobrada del nuevo subsuelo post-house americano.

22. Barnt: “Ariola” (Cómeme)

Hay momentos, como “Tursten”, que suenan como si alguien estuviera deshinchando un globo poco a poco, dejando salir el aire de la goma como si fuera la distensión rectal que precede a un cuesco elefantiásico. Pero no es sólo ese ruido como de zumbido de mosca obesa lo que distingue a este EP de órdago, porque Barnt también guarda bajo la manga bombos maquinales que se destensan en breaks lisérgicos, efectos de vieja computadora y desarrollos de musculatura épica que recuerdan un momento muy poco reivindicado de la historia reciente del techno, pero todavía recuperable: aquellos EPs de Troy Pierce en su sello Under_line, los primeros tracks de Matthew Dear antes de ser famoso, ese techno transatlántico que Daniel Ansorge domina con habilidad de pasmo. Es un monstruo llamado a causar pánico en los clubes cuando truene en un sound system en condiciones –con una sensación de movimiento hacia la catástrofe como el mítico “Mouth To Mouth” de Audion–: lo de Barnt es una carnicería.

Crítica

21. Karen Gwyer: “Kiki The Wormhole” (Opal Tapes)

La prodigiosa Karen Gwyer ha condensado 35 minutos largos de ideas en solo tres temas –en dos movimientos conectados y una coda conclusiva–, uno de los títulos más redondos del techno en lo que llevamos de año “Free Food / One Men Striper” tiene un desarrollo es demoledor, con una suma exagerada de capas ambientales que añaden densidad a la música a la vez que esconden un ritmo electro casi drexciyano y un esbozo de bassline ácida, prólogo generoso de un ejercicio de post-Detroit a la manera cósmica, y al final se vuelve místico con “Hippie Fracca”, una coletilla ambiental a la altura de lo mejor de Global Communication.

Crítica

20. Happa: “Two And Two Make Five” (Boomkat Editions)

La nueva línea de EPs de Boomkat es puñetera: si no corres a pedir el vinilo tal como sale en la tienda, igual se agota, y si no tardan una eternidad en enviarlo; así, entre retrasos y obstáculos, y con las vacaciones de por medio, hay maxis de julio que se comentan a principios de septiembre. No pasa nada: “Two And Two Make Five” sigue teniendo un tremendo valor que, además, ilumina sobre las grandes posibilidades de Happa como un futuro bastión del techno inglés. Lo que supimos de él al publicar el año pasado su “Beat Of The Drum” en el sello Church era que tenía 15 años y todavía iba a la escuela. No sabemos qué notas saca, pero en una evaluación de techno en la línea bruta de la escuela inglesa de ayer y hoy –el continuum que lleva de James Ruskin hasta Blawan– el mozalbete no baja del sobresaliente. Estos cinco cortes son como explosiones de dinamita en el fondo de una mina: ruido violento en un espacio hueco, que a ratos se pone clásico ( “13.05.13” es la pervivencia del sonido Birmingham), como se pone chirriante ( “Stirring”, “Walice Berl”), como articulado con glitches a punto de oxidarse ( “Escape”) o ambiental a la manera del sello Touch ( “Put Your Suitcase Down”). Con 16 años ya hace esto: cuando tenga edad legal para lo que le dé la gana nos la va a liar bien verga, que dirían en México.

Crítica

19. Joey Anderson: “Above The Cherry Moon” (Avenue 66)

Aunque procede de Hoboken (como Yo La Tengo), Joey Anderson no es el típico productor de New Jersey y alrededores. Su base está en el house, pero con una sensación desorientada y viajera antes que musculosa, más envolvente que pensada para el club. Su manera de producir, al menos en “Above The Cherry Moon”, recuerda a los pioneros del ambient-house de principios de los 90: Pal Joey, The Orb, 808 State, todo ello regado con voces seductoras, mantos atmosféricos cálidos y un beat amortiguado que hacen que tu mente viaje mientras tu cuerpo se relaja. El EP se completa con un remix de Vakula, todavía más flotante, y un segundo track con beat nervioso, “Auset”, donde Joey Anderson demuestra que las influencias del techno y las jazz también las tiene muy bien engrasadas.

18. Rainer Veil: “Struck EP” (Modern Love)

Hacía tiempo que Modern Love no apostaba por un nombre desconocido y debutante, tras una larga temporada sirviendo de alojamiento para los músicos de la familia –Andy Stott y Demdike Stare, básicamente–. El fichaje de Rainer Veil, en cualquier caso, es la demostración de que el instinto sigue afinado y que el olfato sigue funcionando bien, porque lo que propone este dúo –Liam Morley y Dan Valentine, residentes en alguna zona imprecisa del norte de Inglaterra– entra directamente con vitola de clásico. El sonido de Rainer Vell está en ese espacio ingrávido, tenue y casi esponjoso del techno más interesante del momento, el de la escuela Actress / Lukid / Andy Stott, en su caso con una fractura rítmica menos acomodada al patrón del deep house y más a la de los breakbeats. Luego ya entra un tipo de lenguaje distinto –un dub acuoso y ensoñador en “Slow Beaming”, un ambient fantasmagórico en la línea de Holy Other o del último Burial cósmico en “Bala” y “Yield”– para retomar el break jungle al final de “Wade In”. Experiencia extra corporal.

Crítica

17. Objekt: “Objekt #3” (Objekt)

TJ Hertz irrumpió con la fuerza de los volcanes en 2011: planchó dos EPs en su propio sello –los míticos volúmenes 1 y 2 de la serie Objekt– y, con su equilibrio medido entre las rugosidades del dubstep y la musculatura del techno, se hizo un lugar de honor entre los debutantes del año. Y cuando menos se esperaba la serie Objekt se ha reactivado con el demoledor EP número #3. Sólo hay dos cortes, pero con una condensación de ideas más apretada que la faja de Terelu: “Fishbone” es una especie de electro a lo Dopplereffekt con molinillos y un bajo que, cuando cae, crea agujeros en el suelo, y “Agnes Demise” un ejercicio de techno interrumpido por pausas dramáticas concebido para generar una tensión insoportable en el dancefloor cuando se pinche a oscuras y un volumen de los que encogen el ojete. Pedazo de regreso.

Crítica

16. Laurel Halo: “Behind The Green Door” (Hyperdub)

¿Qué fue del otro proyecto de Laurel Halo, aquel llamado King Felix? Supuestamente tenía que ser su vehículo para planchar música de club con un esquema rítmico sólido y firme como el culo de Kim Kardashian, pero nunca más se supo después de aquel 12” para Liberation Technologies. Se comprende: era un nombre mal elegido y una división estilística innecesaria, máxime cuando “Quarantine” le confirmó como una de las artistas de electrónica experimental con unos principios estéticos más atractivos, ya fuera yendo hacia el pop o hacia el techno. Con buen juicio, pues, estos cuatro temas embutidos en “Behind The Green Door” –título que hace referencia, cómo no, a la mítica película porno de los años 70 centrada en la filia del voyeurismo– llevan su nombre, y también sus grooves más enamorados de Chicago y Detroit. O sea, que no es un 12”: es un trofeo.

Crítica

15. Koreless: “Yugen” (Young Turks)

Koreless no es prolífico. Debutó en 2011 con dos canciones, grabó dos más en 2012 en el precioso “Lost In Tokyo”, y su única aportación al bagaje musical de 2013 es este maxi que certifica su entrada en Young Turks. Pero vaya maxi: no sólo es generoso, con un total de cinco tracks, sino encantador como un amanecer de primavera en Japón, que es a lo que imaginamos a lo que alude con los ambientes y los títulos. No es un maxi de club, es imposible bailar esto, pero a lo largo de toda la temporada ha sido uno de los vinilos favoritos de muchos DJs para dibujar intros, marcar interludios y nutrir sesiones tranquilas gracias a los arpegios cósmicos de “Never”, el sonido IDM de campanillas de “Last Remnants”, la influencia de “Blade Runner” en “Nosun” y “Sun” –dos caras de la misma moneda– y todo eso resumido en el movimiento de apertura, “Ivana”. Un EP para enamorarse perdidamente.

14. Moiré: “Never Sleep” (Ninja Tune / Werk Discs)

Sobre Moiré no hay datos precisos, ni de nombre ni de sexo. Tampoco de localización, así que puede ser tanto un artista emergente de la escena soulful de Detroit –o el proyecto paralelo de alguien de las dimensiones de un Moodymann– como un cachorro inglés con urgencia por renovar los cimientos del techno poroso. Es esta imprecisión transoceánica, mezcla armoniosa de de pads ambientales, beats programados con equipo viejo y líneas de bajo tan macizas como diáfanas– lo que hace de los tres cortes de “Never Sleep” uno de los 12”s de música de baile experimental más serios del comienzo de año. “INTO” perpetúa la delicadeza del mejor deep house (a la manera británica, habría que precisar), “Drugs” es como el sonido sexy de Andrés con una bassline que azota como un látigo, y “Lose It”, con la voz de Heidi Vogel, una transposición de la estética de Omar-S al universo del R&B alternativo. Como guinda, el remix de Actress de este preciso corte, minimalista, envolvente y venenoso.

Crítica

13. Special Request: “Hardcore EP” (Houndstooth)

“Hardcore EP” es el EP firmado por Paul Woolford como Special Request, y que incluye dos temas nuevos que recuperan el hard techno antiguo, el de la escuela neoyorquina (mucho Joey Beltram), y las polirritmias jungle desde un punto de vista arty, el de un hipotético cruce entre Aphex Twin y Doc Scott. Dicho así, suena apetecible, y eso que los dos remixes que completan el vinilo son aún mejores: el de Anthony Naples ( “Mindwash”) es un caos lo-fi que hará mojar ropa interior al público aficionado al drum’n’bass experimental y el de Lee Gamble prolonga durante seis minutos la tensión y la trascendencia de un interludio ambiental en medio de una convulsa pieza hardcore. Dicho en plata: la polla.

Crítica

12. Trade: “Untitled (Sheworks 005)” (Works The Night Long)

Una de las mejores cosas que le han pasado al techno de los últimos meses es Blawan, y más concretamente que Blawan abandonara el refugio seguro de R&S Records y se pudiera a mear el territorio mundial con chorrazos de sonido violento, armonías caóticas y beats esquizofrénicos, jams de productor demente adicto a tocar las máquinas con la mano llena y a exprimir las cajas de ritmos como si fueran naranjas prestas para el desayuno. Pero aún mejor es que Blawan se haya venido aliando con espíritus afines para llevar aún más allá su psicosis techno: con Pariah ha montado el sello Works The Long Nights –cinco referencias ya que son de compra obligada–, así como el proyecto Karenn, y ahora ha llevado más lejos su viaje al lado oscuro aliándose nada menos que con Anthony Child (Surgeon) bajo el alias Trade. Cuatro cortes nada entrañables que traen recuerdos de tiempos pasados en los que el género necesitaba un cambio, una propulsión violenta y una capa de suciedad. El efecto en la cabeza y el cuerpo es como si te cayeran 2000 quilos de chatarra encima.

Crítica

11. patten: “Eolian Instate” (Warp)

Dos años de silencio, pero no absoluto: tras la edición de “GLAQJO XAACSO” (2011), uno de los discos electrónicos más innovadores de aquel momento, de una elasticidad misteriosa y de una psicodelia post-techno bañada en color, patten reactivó un sello dedicado a las cassettes y la electrónica retorcida en la que ha ido dando buenas oportunidades a artistas como Karen Gwyer, Sculpture y Orphan. Este EP podría haber aparecido en Kaleidoscope, pero un material tan bueno tenía que llamar la atención necesariamente de una vaca sagrada y finalmente se ha ido a Warp. El contenido es de una abstracción chorreante como sólo él podría haberla conseguido: casi shoegaze y ensoñadora en “Towards Infinite Shores”, rozando el trip-hop cargado de ruido en “oea/Catalogue”, ensayando el techno volador en “Sixth Sense”. El tipo sigue en forma y su futuro álbum ya huele a obra maestra.

Crítica

10. Sophie: “Bipp / Elle” (Numbers)

Imaginemos una canción antigua de Inner City –es decir, el binomio infalible de house y pop tomando el testigo de los viejos himnos disco– producida por un maestro de la rítmica wonky como Rustie: eso sería “Bipp” a grandes rasgos, un intento de hacer un hit R&B como los que últimamente le salen a AlunaGeorge como churros, pero fastidiado por una afición excesiva al sinte protuberante, con ese fulgor de neón que tanto gusta en Numbers. Luego imaginemos una producción grime del año 2003 –ese minimalismo brusco, con un bajo gomoso y retumbante, un break esquemático, silbidos y tendencia a endurecerse en un 4x4 technoide– y pásese el mismo barniz destellante en clave Kuedo: lo que nos queda es “Elle”. Dos revisiones de modalidades de bangers del pasado a partir de una óptica retrofuturista a la escocesa resueltas con maestría: o sea, que queremos más de esta mierda y rapidito.

Crítica

9. Actress: “Silver Cloud” (Werk Discs)

“R.I.P.” era un disco muy enfocado hacia la geometría techno: era de líneas, de ángulos, de perspectivas. Un disco de planos de visión, de formas lisas, muy bien organizado, muy racional, aunque casi siempre parecía escaparse de la lógica euclidiana con la que solemos ver los objetos (incluso los objetos sonoros). Los tres nuevos cortes que incluye “Silver Cloud”, en cambio, son como esas formas antes rígidas y precisas en pleno proceso de desintegración, como si alguien les hubiera arrojado un líquido corrosivo y empezáramos a apreciar el proceso de desgaste –se podría poner el ejemplo, también, de la vela que se va consumiendo poco a poco y va dejando ese reguero de virutas con formas como de nudos vegetales–. Es la vía viscosa del nuevo techno, la misma que Actress empezó a sugerir en “Hazyville” y que ahora, en la comodidad hogareña de Werk, se ha vuelto más verdegrís, empantanada y extraterrestre que nunca. Ya no es noticia, pero el hombre está en otro nivel y bastante solo por ahí arriba, necesitado de competencia.

Crítica

8. Fis: “Preparations EP” (Tri Angle)

Tras una breve ristra de maxis centrados en un drum’n’bass arrítmico, envuelto en sombras tibias, Oliver Peryman ha recalado en el sello que mejor se correspondía con sus aspiraciones estéticas y por fin le ha salido el material con el que empezar a abrir bocas a gran escala. “Preparations EP” es un combinado de construcciones rítmicas asimétricas y casi estáticas ( “Midlew Swoosh”) con ruidos de procedencia imprecisa –entre los field recordings y la tos de un ordenador antiguo– ( “DMT Usher”), pasando por el clásico ambient denso, como de bosque encantado, de “CE Visions” y “Magister Nunns”. Es como meter a Balam Acab o Holy Other en escenarios más tenebrosos: ese tipo de oscuridad beatífica que te hace flotar a la vez que te atraviesa el espinazo con un escalofrío.

Crítica

7. Demdike Stare: “Testpressing #1-4” (Modern Love)

Demdike Stare han retomado la actividad editorial con dos maxis con dos temas por ítem, un diseño uniforme y retro, y un contenido novedoso en lo que es la andadura del dúo: lejos del ambient empantanado, la música de brujería, los drones penetrantes y la oscuridad con viscosidad de brea, ahora el sonido es una intrincada sucesión de breaks, muy en la línea de aquella misteriosa mini-serie en Modern Love llamada Hate, inspirada en el viejo jungle. Los “Testpressing” de Demdike Stare están formados de breaks abruptos, como un recorta-y-pega de polirritmias y bajos caóticos. Y también alguna escapada hacia un techno de tintes industriales. Las dos primeras entregas abundaban en breakbeats y acelerones, en homenajes al drum’n’bass, y la tercera, cuando se creía que iba a seguir un patrón parecido, se planta en territorio house con un savoir faire apabullante. Para sibaritas de la old school con doctorado y tres masters en la materia.

Crítica

6. Rustie: “Triadzz / Slasherr” (Numbers)

Los dos temas ya han corrido como la pólvora por la nube, y se comprende: desde otoño de 2011, cuando planchara “Glass Swords”, no nos habíamos echado a la boca nada nuevo de Rustie –siempre y cuando el redux de “After Light” con AlunaGeorge en la parte vocal no entre en la cuenta–. De entrada, no parece que el bárbaro de Glasgow haya estudiado dar un paso adelante significativo: tenemos otra vez su sonidaco 3D con destellos de neón brotando de todas las aristas de su compleja geometría rítmica –IDM, bass, trap, hip hop; no hay una palabra lo suficientemente exacta para explicar lo que hace Oxidado–, y nos brinda, pues, dos cortes breves y altamente hiperconcentrados, de un barroco post-rave inigualable. “Triadz” es como un encuentro entre bases crunk y producción de funk 80s pasado de cocaína con sintes que emergen por sorpresa como ciclones de luz, a la vez que “Slasherr” sube el tempo hasta tocar cotas de R&B club-friendly pero destrozando cualquier intención comercial con una producción apta para quien padezca de sinestesia y/o síndrome de déficit de atención.

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5. Nguzunguzu: “Skycell” (Fade To Mind)

Lo que hacen Asma Maroof y Daniel Pineda no hay cómo definirlo: en su probeta mezclan, como si fuera un medicamento experimental, unas gotas de ambient cinematográfico, los bajos más duros del grime y los breaks más inestables de las diferentes subculturas rave que se están dando en el diálogo transatlántico entre los undergrounds de Londres y Los Ángeles. Lo que suenan es una depuración y estilización elegante, con un uso creativo de las texturas, del material de Wiley o Kingdom. No suenan exactamente al material inglés hasta la médula de sellos como Keysound, ni tampoco al mejunje bastardo y anabolizado del sello pariente de Fade to Mind, Night Slugs: están en ese lugar impreciso, alucinado, casi terrorífico, pero también muy sereno, que queda entre el club y el insomnio, la fiesta y el descanso, lo conocido y lo desconocido.

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4. Helena Hauff: “Actio Reactio” (Werk Discs)

En cuestión de meses, Helena Hauff ha subido como la espuma hasta rozar la categoría de gran dama del techno en el ecuador de 2013. En los tres cortes de este EP se aprecian los puntales estilísticos de esta DJ: el techno old school (la pieza titular son diez minutos de ejercicios de muñeca con la caja de ritmos, muy en la línea del primer Plastikman pero con una inyección de estimulantes) y la tradición EBM alemana, que suele pinchar en el club Golden Pudel de Hamburgo, una colisión de ondas pulsantes, semitonos en repetición y una atmósfera oscura que inyecta aire pútrido –no fresco– en el hasta ahora neblinoso sello Werk de Actress.

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3. Mark Pritchard: “Ghosts” + “Lock Off” + “Make A Livin’” (Warp)

De entre la vieja guardia de la electrónica británica, nadie está más en forma que Mark Pritchard –y esta observación no está fuera de lugar, pues no hace mucho volvían a la acción Ultramarine, otros clásicos del despertar del ambient-house en los 90–. Y está en forma porque el 50% de Global Communications, pese a llevar años residiendo en Australia, está más en contacto con la realidad de las nuevas mutaciones breakbeat que muchos artistas jóvenes domiciliados en Londres. En sus tres EPs para Warp, que este año han sido “Lock Off”, “Ghosts” y, por último, “Make A Livin’”, Pritchard sigue introduciendo en su batidora particular todo lo que sea rápido y convulso, de la actualización del drum’n’bass a 180 bpm a la europeización del footwork, a lo que añade gotas de ragga, un bajo de techno zumbón, stacattos de house y rave mezclados con más footwork a toda pastilla y secuencias atropellada al estilo Squarepusher para acabar dando con un resumen aproximado, y muy valioso, de cuáles son los cruces genéticos que se están dando actualmente en el underground británico a partir de influencias del pasado (el viejo hardcore) y de ultramar (el espasmódico latido del gueto de Chicago). Su mejor cosecha en mucho tiempo.

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2. Twigs: “EP 1” + “EP 2” (Young Turks)

Ha tenido que añadir un FKA (‘formerly know as’) a Twigs, su nombre artístico –inspirado, al parecer, en el sonido que emiten sus huesos al crujir–, pero el cambio de de alias, exigido por otro artista llamado Twigs que empezaba a verse ensombrecido por el crecimiento en estatura artística de nuestra protagonista, no ha supuesto ningún cambio de sonido. Si en el misterioso “EP 1” publicado en diciembre ya se iluminaban algunos rincones sensibles del género que conocemos como downtempo, “EP 2” avanza en la reformulación del trip-hop de toda la vida: beats casi espectrales, ecos y crujidos (de máquinas, no de huesos), melodías que se desvanecen en el aire, una intención de hacer celestial la canción soul. Las cuatro nuevas perlas de FKA Twigs, incluida la asombrosa “Water Me” producida por Arca, señalan un camino que va a confluir con los de Massive Attack y Leila: música con alma que resuena a tiempos futuros.

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1. Burial: “Rival Dealer EP” (Hyperdub)

“Rival Dealer EP” es una cosa distinta. Es la reinvención de Burial sin dejar de ser Burial, y lo que era un acontecimiento esperado se ha acabado convirtiendo en una obra extraordinaria, porque lo que más nos afectaba de su música –la sensibilidad, la emoción que pone los pelos de punta y amenaza con hacer derramar una lágrima del tamaño del Pacífico– se nutre ahora de nuevos ingredientes. Habrá quien disienta de la validez del nuevo Burial, pero no vamos a compartir aquí estas frustraciones: los toques AOR, trance y jungle que forman parte del desarrollo de estos nuevos tres temas no son ningún patinazo, sino una reinvención audaz que no resta ni un ápice a la esencia transformadora de su música ni a la felicidad que su escucha comporta. Sí que es cierto que por primera vez Burial chupa rueda –lo que él hace ahora ya estaba antes, por ejemplo, en AraabMuzik o Hype Williams, dos proyectos moderadamente afines–, pero lo hace para aprovecharse del rebufo y adelantar por la derecha con un hachazo. “Rival Dealer”, por ejemplo, se hace eco del revival jungle y zanja una cuenta pendiente de Burial con el género que escuchaba de pequeño: el momento en el que los sintes entran a presión y estalla el break es tan intenso como en aquel lejano “Demons” de LTJ Bukem, donde coincidían en un mismo plano terrenal el cielo y el infierno. Pero el genio de Burial es sobrenatural y, cuando podría ser un largo track para DJs de drum’n’bass, tras un remolino de ruido estático, él lo convierte en un banger de techno con la fuerza de un géiser antes de cerrar el tema con varios minutos de ambient angelical: en diez minutos se ha pasado de la euforia a la rabia, de la violencia a la mansedumbre, y sin que se haya perdido nunca el orden del guión.

Antes de eso, “Hiders” comienza con unas notas de piano de balada sentimental, como de canción de los 80 inundada de niebla húmeda hasta que entra una batería electrónica y gime una voz que parece salida de un disco de Cocteau Twins: si había algo de elemento dreamy en Burial, si le aceptábamos una conexión shoegaze, aquí emerge con toda su fuerza, consiguiendo que no nos tiemble la mano al escribir las siglas AOR. Un sinfonismo al estilo Burial que está anunciado en “Come Down To Us”, trece minutos precedidos por acordes de sitar, loops terrosos a lo William Basinski, la versión espectral de un hit de Annie Lennox que tienen una réplica en la segunda parte del tema con lo mejor de todo el EP: el momento trance-pop, como de hit de 4 Strings en plan balada, que conecta con las innovaciones en la material de AraabMuzik. Pero mientras el americano es festivo y saltarín, Burial consigue que te dé un infarto que ni a Stendhal. Curiosamente, el EP empieza con un sample vocal que dice “Excuse me, I’m lost”, pero es una falsa indicación: no está perdido, el cabrón sabe lo que hace, y sobre todo sabe que nos ha vuelto a colar otra obra maestra por la escuadro, como Messi otro golazo. ¿Hasta cuándo?

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