Listas

Italodisco: una introducción

Diez temas para empezar a bucear en el genuino ‘balletto meccanico’ de los 80s

La fiebre por el italodisco quizá no sea tan fuerte ahora como hace unos años, pero los ecos de aquella música sintética producida en Milán (y alrededores) durante los años 80s todavía resuenan más allá del tiempo. Aquí va una lista comentada de diez temas para introducirse en las mieles del italo.

“Cuando vamos al Continente, la gente se queda pasmada al enterarse de que nos gustan estas canciones. Nos preguntan cosas como ‘¿de verdad no os molan Simple Minds?”. Así resumía Neil Tennant (Pet Shop Boys) la percepción del italodisco durante sus años de apogeo. Esta música de baile genuinamente ochentera se producía a destajo en el país de la bota para recalar en mercados periféricos como Alemania (donde se ganó su apelativo), España y, en general, allá donde la importación de maxis estadounidenses costase un riñón. Pero, lejos de ser el pariente pobre de sonidos más sofisticados de la música de baile de entonces, su tejido electrónico formó parte de la memoria musical (y muscular) de sujetos como Kevin Saunderson, Juan Atkins o Jamie Principle (es decir, del techno de Detroit y del house de Chicago). Ahora que sellos como Italians Do It Better reivindican justamente el valor pionero del italodisco, te proporcionamos una introducción en forma de lista de temazos.

1. My Mine: “Hypnotic Tango” (1983)

Desde Bolonia la abundante, el trío de Stefano Micheli, Carlo Malatesta y Danilo Rosati generó aquí una de las cumbres del pop electrónico europeo. La línea de bajo de “Hypnotic Tango” ha sido sampleada por artistas como Bandulu o Carl Craig (bajo el alias 69), lo cual resulta lógico: es tan adictiva como maquiavélica. Entre esta entrega y su siguiente sencillo, “Zorro”, My Mine hubieran podido ser la respuesta continental a The Human League, pero su único LP ( “Can Delight”, 1986) no estuvo a la altura.

2. Tullio De Piscopo: “Stop Bajón” (1984)

Batería de jazz con cierto prestigio que había acompañado a Gerry Mulligan y Gato Barbieri, entre otros, el napolitano De Piscopo fue miembro también de New Trolls, ese grupo de jazz progresivo que se pasó al disco a finales de los 70s. Por fortuna, esta canción habita territorios muy distintos: como una suerte de “Rapper’s Delight” a la mediterránea, “Stop Bajón” no sólo cuenta con un ritmo imponente, sino que también luce un estribillo al cual el adjetivo ‘soleado’ le viene como un guante.

3. The Voyagers: “Distant Planet” (1984)

En su disco “The Legend” (1986), la vocalista Valerie Dore ( real name: Monica Stucchi) se marcó un álbum conceptual y discotequero sobre la Materia de Bretaña, con canciones como “King Arthur” o “Lancelot”. Por más que dichos temas sean idóneos como placebo si uno tiene prestado el DVD de “Lady Halcón”, Valerie se dio un garbeo por el espacio exterior antes de ponerse medieval en la etérea “Distant Planet”, que puede cumplir sus funciones tanto en una pista de baile como en la subsiguiente resaca. Lo cual es decir muchísimo.

4. Clio: “Faces” (1985)

Rindámonos a la evidencia: aunque su primera entrega, “Eyes” , goce de una madonnesca patina funk, así como (en la versión para 12”) de un solo de guitarra memorable, el segundo maxi firmado por Clio Bianco resulta casi insuperable. A los controles se halla el napolitano Roberto Ferrante, autor de una pieza de culto pre-house ( “Come On Closer”) bajo el alias de Pineapples, y que aquí echó el resto evocando una ensoñación glamourosa a la cual la correcta versión de Electric Youth no consigue acercarse. El equipo resurgiría a mediados de los 90s como Clio & Kay, metido de lleno en el eurodance.

5. Flash System: “For Oldfield (Five Miles Out)” (1983)

Revisar los temas de rock clásico customizados a manos de productores italianos sería un no parar. El proceso afectó a muchos iconos melenudos de los 70s, y a veces de más allá: sin ir más lejos, Mike Oldfield experimentó dicha metamorfosis por duplicado en 1983. “Tubular Affair” de Samoa Park (un mash-up de diversas secciones de “Tubular Bells” con el single “Foreign Affair”) resultaba ambiental y bailable a partes iguales, pero nosotros nos quedamos con este acto de piratería que convertía el original en un trallazo de funk electrónico.

6. Charlie: “Spacer Woman” (1983)

Consagrada por su inclusión en el recopilatorio “I Robots”, esta pieza diseñada por Maurizio Cavalieri (materia gris tras otros proyectos valiosos, como Nexus) es uno más de tantos momentos space disco en los que una criatura del espacio exterior invita al oyente a un casquete interestelar. La precisión motorik del ritmo y los arreglos, así como el tono desusadamente clínico de la voz femenina, hacen que la aventura, por una vez, merezca mucho la pena. You will be my ranger, let me be your stranger…

7. RAF: “Self Control” (1984)

Compositor de canciones tan fabulosas como “Non Succederà Più”, “Questo Amore Non Si Tocca” y “Gloria”, entre muchas otras, el florentino Giancarlo Bigazzi era ya un profesional fogueado en los 80s. Pero su capacidad para amoldarse a los tiempos queda patente aquí: si uno consigue abstraerse del recuerdo de Laura Brannigan (por no hablar del de Soraya Arnelas), la versión original de “Self Control” resulta un ejemplo de pura alquimia pop. Bigazzi falleció en enero de este año. En Italia, su muerte fue un acontecimiento. ¿Alguien se enteró aquí?

8. Ryan Paris: “Dolce Vita” (1984)

Sí, lo sabemos: “Dolce Vita” no es sólo otro himno profanado por la antedicha triunfita, sino también una de las canciones más tópicas asociadas a la etiqueta italo. Pero no sólo viene de perlas para mencionar a su productor Paolo Mazzolini (sujeto responsable, bajo el alias Gazebo, de la popular “I Like Chopin”), sino que constituye un rompepistas por derecho propio. Una vez más, es la versión maxi la que revela el hito oculto en la canción: un puente instrumental que opera como un viaje Florencia-Detroit, con escala en Düsseldorf. Quién lo iba a decir.

9. Casco: “Cybernetic Love” (1983)

Como tantos otros autores de joyas italodisco, Aldo de Scalzi venía de las huestes del rock progresivo (formó parte de los reivindicables Picchio dal Pozzo). Así mismo, cuando la fiebre por los sonidos mediterráneos fue destronada en las cabinas por el acid house y el eurobeat, se recicló en el género trance y las bandas sonoras. Pero, durante los 80s entregó preciosidades como esta variante genovesa de “Computer Love”, elaborada al alimón con su hermano Vittorio y con Salvatore Cusato, productor prolífico que falleció en 2011.

10. GMM feat. Alexander Robotnick: “Don’t Ask Me Why” (1985)

“No me preguntes por qué, no me grites, sé un hombre y hazme daño”. Así de contundentemente se expresa la vocalista de este tema, que suena como un cruce de Grace Jones con Yello y que nos viene de perlas para recordar a un nombre imprescindible del italodisco. Porque los GMM de marras (siglas de ‘Giovanotti Mondani Mecanici’) no son un grupo musical, sino un equipo de artistas conceptuales que aquí contó con las artes del productor Alexander Robotnick. Este caballero, que atiende en el siglo por Maurizio Dami, no sólo sigue en activo como artista y DJ, sino que tuvo el honor de prestar su nombre al villano de la saga de videojuegos Sonic.

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