Listas

2011 en EPs 2

Parte I: del 50 al 21

En PlayGround siempre hemos cuidado los formatos breves, porque en esta vida no todo es álbumes –o canciones– y más de una joya, y más de un artista importante o emergente, desarrolla un comienzo de carrera notable publicando vinilos. A diario les hemos estado dedicando críticas y una atención meticulosa, y llegados a este punto del año ha llegado el momento de repasar los EPs que más nos han llegado a las entrañas. Es una lista en dos partes: hoy cubrimos de la posición 50 a la 21; el próximo viernes, el top de honor con las posiciones 20 al 1.

50. Maria Minerva: “Noble Savage” (100% Silk)

Su innata curiosidad por el entramado musical le ha llevado a encontrar fuentes de samples en los lugares menos imaginados, retazos convenientemente manipulados con los que luego construye neblinosos beats de hechuras lo-fi sobre las que desparrama su lánguido tono vocal siempre sumergido en toneladas de eco y reverb. El resultado son canciones tan extrañas como sensuales, en las que influencias tan dispares como la experimentación industrial o el house más hedonista conviven sin esfuerzo y donde siempre acaba reinando su particular talento para las melodías ingrávidas. Franc Sayol

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49. Jamie xx: “Far Nearer” (Numbers)

Los dos cortes del vinilo no parecen impresionantes a primera escucha, pero exigen una habilidad especial. Uno es luminoso ( “Far Nearer”) y el otro es más crepuscular ( “Beat For”), son la noche y el día, pero estos contrastes son habituales en Jamie xx. La cara B es la que le acerca al discurso del dubstep líquido actual: vocales que fluctúan entre el registro grave y el agudo, al estilo Burial y una línea de bajo que va golpeando durante cinco minutos, como una rave a cámara lenta. “Far Nearer” contrasta porque parece pensado para el verano y toma influencias de las comunidades afrocaribeñas de Londres –también del funky house– con sonidos de steel-drum, como si Deadboy se fuera de vacaciones a una playa en Trinidad. Richard Ellmann

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48. Tropic Of Cancer: “The Sorrow Of Two Blooms” (Blackest Ever Black)

Al escuchar “A Color” viene al pensamiento la idea de unos Joy Division comandados por la versión hembra de Ian Curtis. La percusión tiene ese eco apagado de las producciones de Martin Hannett –y la misma cualidad retro y novedosa del material de aquel francés, Colder, que todo el mundo parece haber olvidado–. Pero el maxi no es un simple ejercicio de revival de la cold wave: es un vagabundeo entre tinieblas y amaneceres neblinosos en el que existe una influencia aún más fuerte del sonido gótico y de los inicios del sello 4AD –básicamente, Dead Can Dance. Quizá su intención vintage le reste profundidad, pero independientemente de eso “The Sorrow Of Two Blooms” es un trabajo majestuoso que te deja con un escalofrío en la espalda. Javier Blánquez

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47. Shackleton: “Deadman / Fireworks” (Honest Jon's)

Sam Shackleton nunca deja de deleitar, aunque sí deja ya de sorprender: “Deadman” es uno de los cortes inéditos que estaban en el corazón de su “Fabric 55”, ahora planchado en vinilo con la dignidad y la solemnidad de una placa de mármol –rítmica compleja y lenta, laberintos de breaks que tienen mucho y nada que ver, simultáneamente, con el dubstep– y acompañado por dos remezclas de Kevin Martin, una como King Midas Sound, la otra como The Bug, que parecen la misma y que son desoladoras, frías y propias de una ciudad mortecina. “Fireworks”, en cambio, es un vinilo más pesado y generoso, y además más lento; parece material de Mordant Music: ambient planeador, beats ahogados y unas cuerdas al final que suenan a central nuclear a punto de reventar. JB

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46. John Talabot: “Families EP” (Young Turks)

Lo primero y más obvio que se puede decir de “Families EP” es que afianza un estilo y consolida una línea de trabajo para John Talabot. Esto no es nuevo – “My Old School”, “Sunshine” y “Matilda’s Dream” ya eran como una cadena de lanzamientos unidos por una misma búsqueda del sonido house del paraíso–, pero cada vez es más cierto: el trabajo constante, la inspiración buscada y pequeños ajustes en el mecanismo –que se ha ido engrasando gracias a una impecable lista de remixes– han hecho que el productor barcelonés llegue a este punto: su primer maxi para el sello Young Turks –que debe ser como fichar por el Arsenal si uno le pega patadas a un balón de fútbol– y, también, su disco más equilibrado. JB

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45. Damu: “Ridin' EP” (Keysound)

Este “Ridin EP” nos muestra a un Damu con la vista fija en la fiesta en los cuatro cortes que le dan forma, un homenaje sin fisuras a las últimas corrientes de la música de baile en Inglaterra con detalles, en cuanto a sonido, que tienen su origen en el sonido del hip hop del sur de Estados Unidos. Esta mezcla de ritmos y sensaciones crean una dupla golosa. El corte que le da título es el mejor de todos, además de la representación perfecta del antes mencionado cruce de la estética dirty south con la construcción épica que acaba eclosionando en un gancho pegadizo, sintes coloristas y muestras vocales en círculos, algo así como una producción de Lil Jon en una versión mejorada. Laurent Fintoni

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44. FaltyDL: “Hip Love” (Ramp Recordings)

La toma original de “Hip Love” entra desde la primera escucha en la primera división de los tracks de FaltyDL, un productor que se ha ganado plaza en la reciente aristocracia del post-dubstep. Esa versión cruda es como meter a Burial en un club de 2step del año 1999 con alguna droga disociadora y mareante flotando en su organismo: las voces son perezosas y magnéticas, y los breaks son tan lentos –pero a la vez tan dinámicos– que parecen hechos de cristal a punto de romperse. Todo eso es lo que toma Jamie xx en su remix y le inyecta una bassline que golpea en el suelo como una manada de elefantes en estampida, a la vez que infla las voces con helio y substituye la polirritmia original por un beat 4x4 de house como el que gusta en el sello Numbers. RE

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43. Funkystepz: “Fuller / Hurricane” (Hyperdub)

En este joven colectivo del norte de Londres ha madurado la semilla de la nostalgia y en sus tracks se nota la influencia de artistas que merecen un rescate en la memoria colectiva. Si buena parte del funky actual ha girado alrededor del sonido voluptuoso y troceado de Todd Edwards, ”Fuller” trae de nuevo al frente a Joey Beltram –sonidos hardcore que apuñalan entre toques de timbal– y, especialmente, a Todd Terry en ”Hurricane Riddim”, todo un himno (con melodías de videojuego vintage) en los clubes más underground de UK. La expansión está cerca . Claude T. Hill

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42. Pional: “Last House On The Left EP” (Permanent Vacation)

Tres piezas, cada una con su carisma propio. “Alabama Dice” es una orgía de arpegios y microdetalles que ha acabado en este 12”, pero podría estar perfectamente también en uno de Border Community: es una pieza que gira y desprende brillos, como un diamante en manos de un joyero. “Into A Trap” tiene más disco y pop, como una construcción paciente de combinación entre italodisco en versión ralentizada y shoegaze de finales de los 80. Y “Where Eagles Dare” tiene un poso de house old school en los sonidos utilizados –caja de ritmo analógica, dicción garagera, platos que suenan como navajas, sonido de botellas–, y así se completa un EP variado en aromas y coherente en resultado que debe propulsar a Pional a donde se merece: a la elite europea de la cosa. JB

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41. FunkinEven: “Roland Jams” (Eglo)

FunkinEven no hace falta que demuestre nada a estas alturas: todos sus EPs y remixes para Eglo están urdidos a partir de conceptos como acid puro sin cortar y boogie, siempre aprovechándose de la tecnología retro y consiguiendo resultados, por decirlo fino, “de época”. Lo suyo podría pasar perfectamente como una falsificación si no fuera porque suena a homenaje, y entre una cosa y la otra, tachán, tenemos uno de los vinilos más jartos del momento. Ya desde el título – ”Rolands Jam”: blanco y en botella–, ya desde la portada, ya desde el primer minuto, en el que se nos aparece la resurrección de Armando como a Bernardette se le aparició la virgen: 808, 909 y 202 (no hay TB-303) al galope. Old school heaven, por la vena. JB

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40. Brain Machine: “Alpha Beta Gamma” (Titan's Halo)

No es la primera vez que Brain Machine se meten en el estudio, empiezan a tirar del hilo y les sale un tema largo. En el álbum que editaron con Thisisnotanexit en 2008 ya había dos, nada más empezar, que se iban casi al cuarto de hora, como la publicidad en Telecinco. Pero “Alpha Beta Gamma” es un viaje aún más denso y se prolonga durante 17 minutazos que podrían haber sido, por qué no, la cara A de uno de aquellos álbumes viajeros de Tangerine en 70: como ese tiempo da para mucho, “Alpha Beta Gamma” es un desarrollo en tres partes –a uno por letra del alfabeto griego– con intro, intermedio bullicioso y final capaz de dejarte planchado tras el trayecto espacial. JB

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39. Klaus: “Tusk EP” (R&S Records)

Su música es londinense hasta la médula, centrada en ese sonido arrastrado, espacioso y tirando a fantasmal que se encontraba en los primeros vinilos de Airhead, James Blake y, por supuesto, Burial. Mencionar esos nombres indica poner el listón muy alto, pero Klaus está al nivel esperado en “Tusk EP” y, cuatro cortes después, viene a hacerles compañía en la primera división del post-dubstep de intención misteriosa. Es tan “post” que casi no hay beats: flota en una nube tenue y estática, en una especie de ambient impreciso que de vez en cuando resulta acribillado por un bajo apagado, un golpe con sonido de televisión mal sintonizada y un eco como de madera a lo lejos ( “Cypher”). Este es el único momento que se puede bailar, y sería en completo estatismo, quizá sólo moviendo un poco los pulgares. Así de contemplativo es Klaus. JB

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38. Rasmus Folk / Walter Schnaffs: “Endless House: The Folk / Schnaffs EP” (Dramatic Records)

No suele haber beats de baile en la disciplina hauntológica son beats de baile, o no los solía haber hasta que Dramatic Records impulsó la colección “The Endless House Foundation”, un recopilatorio en CD que reunía a un grupo de nuevos productores que, a partir del proto-techno, una música disco evanescente e influencias krautrock, recreaban una utopía de los años 70: la construcción por parte del magnate checo Jiri Kantor de una discoteca colosal, Endless House, en el bosque Baialowieska, y que acabó siendo un fracaso estrepitoso, un sueño roto más como el del iluso Fitzcarraldo que representara en su película Werner Herzog. En aquella recopilación aparecían Rasmus Folk y Walter Schnaffs, que ahora obtienen cada uno tres cortes en un split EP que amplía el universo sonoro de The Endless House Foundation con poemas cósmicos , recreaciones de las bandas sonoras de giallos italianos y ambient decadente que recuerda a Leyland Kirby con secuencias muy Tangerine Dream hacia el final. JB

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37. Kassem Mosse: “Workshop 12”

Para su último maxi, el alemán Gunnar Wendel, alias Kassem Mosse, regresa a Workshop, la casa que en 2007 le dio la alternativa señalándole como valor emergente del deep house menos acomodaticio –ese house de sonido crudo, hechuras analógicas y vocación emocional que se distribuye en ediciones limitadas de maxis seriados poco amigos de los datos promocionales–. Pero si en 2007 Mosse era una promesa, hoy juega en la liga de los grandes. Y así lo muestra, cual hijo pródigo, entregando tres majestuosos cortes que agradecen la confianza depositada a la vez que muestran la evolución y madurez de un sonido que se muestra más permeable que nunca. FS

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36. Beaumont: “Blush Response” (Kinnego)

Imaginemos qué pasaría si operáramos un cruce genético entre los Tangerine Dream de la época “Le Parc” y el productor de The Weeknd, o entre el sexualmente activo Jimmy Edgar con la última joya hipnagógica con tendencia a la música negra –como Toro y Moi sin voz–, todo revuelto. Esa mutación, complicada sobre el papel, es a la que se acerca este joven escocés, de nombre Michael Rintoul, y al que ya se le puede aplaudir a manos llenas por haber firmado esta inesperada obra grande de la imparable reactualización de lo kosmische con una pizca de groove, un soundtrack para un film con muchas escenas de noche, carreteras y vías de tren, suspense y tensas esperas, y por supuesto momentos de romance. Robert Gras

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35. Zomby: “Nothing EP” (4AD)

“Dedication” era un disco fundamentalmente oscuro; “Nothing”, a pesar de su título nihilista, es más vital, luminoso y rápido. El comienzo es resplandeciente a la vez que bruto: un break de jungle como del 94, bocinas, cháchara raggamuffin, un sinte pasional que recuerda a las producciones de 4 Hero. “Digital Fractal” sin duda pertenece a las mismas sesiones que “Dedication”, por su lentitud enroscada, su bajo húmedo y su intento de melodía, igual que “Equinox”, que es un corte clásico de Zomby, con un arpegio monstruoso de no más de tres minutos. Se entiende su inclusión en este apéndice, basado en texturas agudas y repuntes rítmicos del jungle reminiscente de las turbulencias del sello Suburban Base o de Moving Shadow. JB

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34. Hype Williams: “Kelly Price W8 Gain Vol. II EP” (Hyperdub)

Tras verles en un eficiente directo, comprobar cómo en “One Nation” se iban volviendo sólidos los sonidos nitrogenados de “Untitled” y cómo su pesada y narcótica psicodelia iba apartando los visillos para dejarnos ver con un poco más de claridad lo que había ahí dentro, ahora llega el momento de rematar la importancia innegable del escurridizo dúo Hype Williams con este primer 12” para Hyperdub, el que les dará la visibilidad que necesitan para empezar a escapar del reducidísimo círculo en el que se encuentran y en el que ya no caben, se les ha quedado enano. ¿Por qué en Hyperdub? Porque en Hyperdub hay lugar para todo además del dubstep, y más si son pequeños lienzos de breaks y cadencias asiáticas como las de “Boss Man”, que suena como escuchar en un transistor a la Yellow Magic Orchestra con sonido monoaural, una impresión de synth-pop primitivo lo-fi de máxima evocación nostálgica. JB

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33. Ayshay: “Warn-U” (Tri Angle)

La estética de Ayshay es básicamente vocal: recoge su voz en capas y las superpone en construcciones breves que parecen las fuentes de agua de un balneario, las calientes por un lado –tomas agudas, celestiales, expandidas hacia el espacio infinito–, las frías por el otro, que corresponderían a los sonidos graves, como de canto vocal tibetano generado por los músculos del abdomen y el diafragma, en una mezcla que causa perplejidad. Quizá identificar la música de Ayshay no sea tan difícil: hay un aspecto casi religioso y primario que nos lleva a las músicas del mundo –se llama Fatima A Qadiri, nació en Senegal, creció en Kuwait, reside en Nueva York, su nombre se traduciría del árabe como “cualquier cosa”–, y en realidad estamos ante una nueva manera de expresar el sentimiento místico de unión con lo alto, lo sublime y lo eterno. JB

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32. Scuba: “Adrenalin EP” (Hotflush)

El corte titular es seguramente el track más abiertamente pistero (o, en su defecto, fiestero) firmado por Paul Rose hasta la fecha. Construido alrededor de un ritmo de 707, se trata de una composición que fusiona los esqueletos del Chicago house primigenio con la promesa de felicidad inherente en las producciones de open-air trance. De esta manera, al enjuto patrón rítmico pronto se le unen un repetitivo pero altamente sugerente recorte vocal, una dispersa pero vigorosa línea de bajo y un arpegio que nos indica el camino a seguir hasta dar con la explosión de júbilo. Esta llega en forma de un pad que a más de uno se le puede atragantar por sus reminiscencias progressive, pero que el productor sabe cortar en el momento adecuado para volver a dar paso a la sección rítmica sin caer en el empalago. Más adelante vuelve a aparecer, esta vez coronado por planeadoras melodías, para que la esperanza de júbilo se haga realidad sin espacio para nada que no implique brazos en alto, ojos cerrados y mandíbulas desencajadas. FS

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31. Downliners Sekt: “Meet The Decline” (Disboot)

Tras la borrachera de dopamina: la resaca. La intensidad contenida, la congestión de impresiones y energía provocada por el encuentro entre contrarios en las dos primeras partes de su trilogía (dos dechados de bass music abstracta e hipertensa que era un puro arder por dentro, canciones crepitantes y autistas a punto de la combustión espontánea) dejan paso en “Meet The Decline” a un humor más reservado y abatido. Desde su mismo título, los enigmáticos Downliners Sekt aluden a estados de nostalgia, decaimiento y fatiga como material anímico sobre el que se edifican cuatro nuevos paisajes sonoros que funcionan como continuación natural del más explosivo y rítmico “We make hits, not the public”. Luis M. Rguez

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30. Actress: “Harrier ATTK / Gershwin” (Nonplus+)

En estos dos cortes, Darren J. Cunningham quizá peca de vago: las estructuras no están bien dibujada y se apoyan demasiado en la repetición insistente, en el loop sin apenas variaciones –algo contra lo que no tenemos nada en contra, pero que no va incluido en el ADN creativa de Actress–, pero hay un matiz que obliga a curvar la ceja (en gesto de admiración) cuando la aguja besa el surco: Actress despeja su influencia Detroit y abraza sin ambages la inglesa. En “Harrier ATTK” se percibe la huella de los primeros The Sabres Of Paradise: el sonido nocturno, el efecto dub, la sensación narcótica. En ”Gershwin”, sin moverse de la influencia evidente de Andrew Weatherall (esta vez en relación con su proyecto Two Lone Swordsmen), el beat es electro y convulso, arquea el tema como un perro que se intenta rascar las pulgas. JB

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29. Juk Juk: “Winter Turn Spring” (Text Records)

La manera de producir de Juk Juk es extraordinaria, porque cuando pareces reconocerle puntos de partida –James Blake podría ser uno, Caribou y Four Tet también– él resuelve el juego de los parecidos con giros sorprendentes. Por ejemplo, “Frozen”, que empieza y acaba con un remolino ambiental muy sereno, sobre el que patinan un punteo de guitarra –que recuerda más a la psicodelia folk de los 70 que al white soul de los nuevos posterboys del dubstep– y una voz temblorosa y lenta que obliga a pensar que el vinilo va lento, que en vez de a 33 rpm debería pincharse a 45. Pero es un espejismo: al poco rato irrumpe una ruptura de beat y bajo, entre hip hop y 2step con un juego de voces que parecen trinos de pájaros, y la pereza inicial se transforma en una celebración optimista que roza la felicidad incontenible. JB

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28. Raime: “Hennail EP” (Blackest Ever Black)

Raime

“Total And Collapsed”, que ocupa la cara A, retumba con lentitud, tensa el ambiente con un sinte de nota prolongada y percusión tribal comatosa, una atmósfera podrida que según avanza el tema se va haciendo más espesa, más fétida, también a medida que la velocidad del beat y el recargamiento de texturas, poco a poco, se va incrementando. Un mecanismo muy parecido hay en “You Will Lift Your Frame Clear”, la cara AA: hay esa lentitud sagrada, de ritual pagano o ceremonia obscena, chthuluidea, tan bien conseguida que Raime se materializan ante los oídos como genuinos admiradores del lado oscuro. “Hennail” persigue crear una tensión insoportable sin garantizar un clímax satisfactorio, y da la idea de unos Raime que ahora dominan la música y su efecto en vez de dejarse dominar por todas las truculencias a su disposición. JB

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27. Old Apparatus: “Old Apparatus” (Deep Medi)

Ciertamente, uno no habría esperado un 12” como el de Old Apparatus en un sello como éste. Sí habría esperado un dubstep sucio, espacioso y cósmico como el de V.I.V.E.K., o un dubstep soleado, funky y rozando el drum’n’bass como el de Silkie o Quest. Pero esto descoloca porque, de entrada, ya no es dubstep: los dos largos cortes son como prolongaciones de audio envenenado que recuerdan a Techno Animal, por mucho que haya quien incluya la referencia inevitable a Burial. Pero no: diez minutos por cada lado –o veinte del tirón si te haces con el release digital– en los que este productor anónimo del que no se quiere decir nada experimenta con drones frágiles, breaks en pausa, atmósferas tétricas, disonancias y crujidos de vinilo. Si el post-dubstep es un género en sí mismo, Old Apparatus acaba de ingresar en su libro de estilo con un capítulo memorable. No es música, es sonido cifrado en un lenguaje sólo para iniciados. Ronald Fritze

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26. Hudson Mohawke: “Satin Panthers” (Warp)

Cuenta la leyenda que los dioses crearon a los gatos para que los hombres pudieran acariciar a los tigres y las panteras –los más suaves de los animales– sin miedo a que les devoraran. De igual manera, Hudson Mohawke ha creado este “Satin Panthers” para que podamos sentir la excitación sexual del funk y el grosor de sus sonidos sin tener que exponernos directamente a los modelos extra gordos y agresivos en los que se inspira, para que el disfrute de un bajo exagerado y unos sintes de neón que se abalanzan con las uñas extendidas sea sin daño alguno. Estas panteras de satén del escocés son como gatos, por tanto, modelos a escala en los que se conservan todas las características de un sonido bruto sumado a un disfrute sin riesgo para el cuerpo. Una bestia sonora condensada en 16 minutos afilados en los que se despliega una tormenta de breaks hinchados y sonidos con el pitch alto. RE

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25. VHS Head: “Midnight Section” (Skam)

Algunos han hablado de Daft Punk en relación a VHS Head, pero aunque habría que aclarar que en el caso de este último predomina la rítmica frente a la sucesión de ganchos melódicos de los franceses, algo hay de similitud en dos proyectos en los que concepto, referencia ochentera y disfrute no están reñidos. ¿Es este “Midnight Section”, entonces, un cruce entre bandas sonoras de pelis de terror, Boards of Canada, Daft Punk y la EBM? Pues sí y no, sobre todo no, porque es mucho más que la suma de todas esas partes, es la música ideal para una rave ilegal en plena naturaleza inglesa tras ver una doble sesión de pelis de serie B / Z. Iván Conte

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24. Regis: “In A Syrian Tongue” (Blackest Ever Black)

Hay algo que pone a Karl O’Connor en el epicentro del techno actual: su renuncia a la brutalidad evidente y la búsqueda constante de maneras sutiles de transmitir agresividad. Escuchado “Blood Witness” queda claro que Regis ha bajado la velocidad y concentrado toda la energía de su pegada en un punto débil antes que golpear con todo el puño, como si en vez de boxeo para clubes sin luz ahora practicara kung fu con una venda en los ojos. Esta pisada lenta e intensa se prolonga en la toma en directo que ocupa parte de la cara B –con la ayuda de Mick Harris, alias Scorn, en los controles– y en el colofón de “Blinding Horses”, otro campo de minas techno en el que bombo monotrack va repartiendo cera a muy pocas revoluciones pero sembrando el ambiente de ruido crepitante y distorsión de guitarras lejanas, volviendo así a sus orígenes en la música industrial y cerrando el círculo. Hay Dolor. Hay Bilis. JB

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23. Bok Bok: “Southside EP” (Night Slugs)

El rollo híbrido de Night Slugs funciona a pleno rendimiento aquí: cascadas de house amorfo, bajos retumbantes, influencias del grime, bocinas y lluvias ácidas en un diseño sonoro futurista e incluso apocalíptico. Hasta ahora, en los 12”s de L-Vis 1990, Velour, Mosca, Egyptrixx y otros artistas de Night Slugs sonaba lo que Bok Bok tenía en la cabeza como la estética perfecta para un Londres que odia el sol y nunca quiere ver amanecer. Ahora, él lo lleva a la práctica, de su cerebro iluminado por las endorfinas a las sucias manos que mecen el vinilo. No me gustaría estar en el cerebro de Bok Bok, parece una trituradora a la que las hélices le funcionan a velocidades erráticas. Pero, definitivamente, quiero más de su música. Su primer intento ha demostrado ser un EP ganador, lo más fresco ahora del underground de Londres. CTH

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22. Space Dimension Controller: “The Pathway To Tiraquon6” (R&S Records)

“The Pathway To Tiraquon6” cuenta una historia, como reflejan los títulos de sus 11 cortes. Es techno hecho cine, sugiere imágenes de naves colosales y monstruosos haces de rayos láser entre los suaves pulsos metronómicos de “2257 AD” y “Closing Titles”, que son Tangerine Dream de extrema pureza, y el electro drexciyano (y de todo el entorno de Underground Resistante) de “Pulsovian Invasion” y “Max Tiraquon”, por no hablar de las transiciones atmosféricas – “Floating Blind Through Blue Trails”, “Last Sunset On Planet Earth”, que remiten necesariamente a Mark Pritchard y Tom Middleton, tanto en su “A Collection Of Short Stories” como Reload, como en todo el legado que nos dejaron como Global Communication–. Visto el calibre del EP, del álbum inminente –título: “Welcome To Mikrosector-50”– sólo se puede esperar el equivalente techno a la revisión de “Star Trek” de J.J. Abrams. JB

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21. Anstam: “Baldwin / Carmichael” (Fifty Weapons)

Anstam

“Baldwin” y “Carmichael” son un asunto distinto a los primeros maxis de Anstam: hay más rabia, más artes ocultas. En la cara A se avista una leve influencia de la onda Raime –es decir, una inclinación hacia el breakbeat de cadencia apagada y el uso de bajos que hincan la dentadura– y las texturas chapadas en acero inoxidable. “Carmichael” sigue la línea pero con un deslizamiento sonoro menos atropellado, algo así como la versión gótica del techno expansivo de Mathew Jonson. Si hoy creciera el hype Anstam, se le recibiría como el enésimo contraataque del techno intelectualizado y anhedónico, cubierto en brea y humo de hogueras. Pero no hagan caso: con este comeback, sigue estando en la vanguardia del 4x4 con neuronas efervescentes. JB

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