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Las diez mejores actuaciones de Sónar 2013

Pasado el festival, es hora de hacer balance. Aquí compartimos nuestra selección de los momentos musicales más destacados del fin de semana en Barcelona

Actuaciones arrolladoras y secretos escondidos entre la letra pequeña del festival: esta es nuestra selección final de los diez conciertos que nunca olvidaremos de Sónar 2013.

Como siempre ocurre después de los grandes festivales, la redacción de PlayGround se ha encerrado en una sala aislada después de extraviar la llave –sin internet ni teléfono, sin contacto con el mundo exterior– para deliberar en cónclave sobre cuáles han sido las mejores actuaciones de Sónar 2013. El fin de semana ha sido largo y copioso en música y ha costado mucho decidir exactamente cuál es nuestro top 10, porque se van quedando fuera nombres que han causado una excelente impresión entre el público. Pero hay que cerrar un número –si no, acabaríamos seleccionando una cantidad disparatada– y no lo hay más perfecto que 10. Dos aclaraciones: el orden es en estricto orden alfabético y Skrillex sí ha recibido votos, pero se ha quedado fuera. Nos gustó más su nave espacial que su repertorio en sí.

AlunaGeorge (SonarVillage)

No era la primera vez que AlunaGeorge actuaban en España; pero, contando con la proporción de público extranjero, sí que se podía esperar ver el Village a rebosar para presenciar el concierto del dúo. Obviamente, para trasladar a sus temas al directo necesitan refuerzos en forma de batería y bajista. Pero, por cómo funcionan sobre las tablas, es imposible apartar la vista de los dos. Aluna por presencia: su voz no defrauda en vivo, todo lo contrario. Es uno de los puntos fuertes en escena. Y George porque hace virguerías con el teclado y consigue que no se escape ninguno de los detalles de sus canciones. Las que ya han sido single han tirado de la maquinaria y creado los puntos álgidos. Lo que la pareja hace sobre el escenario es muy fiel a lo que escuchamos en sus referencias, pero en el buen sentido de la palabra. Las canciones que escucharemos cuando llegue su debut han servido para no perder las ganas de bailar entre hit y hit. Aprovechando el tirón Disclosure, AlunaGeorge también se adueñan de “White Noise” y lo convierte al R&B con una versión que nada tiene que envidiar al original. La guinda del pastel: ese himno del buen rollo (y un guiño a sus influencias) que es “This Is How We Do It” de Montell Jordan. Mónica Franco

Chromatics (SonarVillage)

Clase a raudales. Puede que el solazo no acompañara, pero esa no fue excusa para disfrutar de uno de los mejores conciertos que hemos visto a esas horas en el festival. Tocar las mejores bazas de “Kill For Love” siempre es apostar al caballo ganador, pero que durante esa hora de reloj tengan las agallas de rescatar “Running Up That Hill (A Deal With God)” invocando a Kate Bush, o se atrevan a cerrar su show con esa “Into The Black” que tanto desentona en un festival electrónico de estas características, es digno de aplaudir hasta que sangren las palmas de las manos. Johnny Jewel cede el protagonismo, acertadamente, a su musa Ruth Radelet, pero desde aquí reivindicamos que en próximos lanzamientos Adam Miller se anime a cantar más después de bordar “These Streets Will Never Look The Same”. Han finiquitado su periplo europeo de la mejor manera posible. Sergio del Amo

Francesco Tristano: Piano 2.0 (SonarComplex)

El SónarComplex de siempre ha estado asociado a los sonidos más experimentales y un innovador como Francesco Tristano, habitual del festival, no podía faltar con su nuevo show, Piano 2.0, en el que mezcla épocas y estilos con una habilidad prodigiosa. El barroco, la música de club (hubo momentos de puro techno) y hasta el jazz se dieron la mano ayer por la tarde para deleite de nuestros oídos. El luxemburgués ofició de hombre orquesta, manejando él solo toda su maquinaria, de pie y sin butaca para controlar todo con más comodidad. Con una mano revoloteaba las teclas de su piano y con la otra lanzaba ondulaciones desde su sintetizador Yamaha. La pantalla, con una realización asombrosamente dinámica, nos permitió estar atentos a todos sus movimientos. Fue curioso cómo, al principio, cuando entraba el bombo, una parte del público se animaba y silbaba mientras que la otra ordenaba a callar, como estableciéndose una división entre los dos conceptos que tan abiertamente desarrolla sobre el escenario el virtuoso pianista. Pero conforme avanzó la actuación los dos bandos se hermanaron y reinó el baile. La comodidad y buena acústica del auditorio pusieron el resto para que ésta fuese una actuación memorable. Álvaro García Montoliu

Jurassic 5 (SonarPub)

Tras el descalabro de DOOM en la jornada anterior, el concierto de Jurassic 5 revalorizó el pabellón hip hop del festival. De hecho, probablemente, fue uno de los mejores directos de rap que se han visto en la ciudad en mucho tiempo. Su relevancia en el hip hop actual puede ser discutible, pero quedó claro que los californianos se han tomado su gira de reunificación muy en serio. El sonido fue impecable en todo momento, cristalino en las frecuencias agudas y más que poderoso en el espectro grave. Sus flows, además, sonaron perfectamente empastados y con una claridad poco habitual en los directos del estilo –no hubo pre-grabados ni falta que hizo–. Es evidente que su sonido old-school y su aire conscious se ha quedado un tanto desfasado, pero demostraron que, si se hace bien, el hip hop en directo también puede funcionar entre un público tan diversificado como el de los festivales. Franc Sayol

Kraftwerk (SonarClub)

El show de Krafterk es poderoso en todos los aspectos: el sonido es nítido y claro, depurado con un nivel de perfección obsesivo, la puesta en escena sobria y de líneas rectas, y los visuales, específicos para cada canción, tan elegantes y futuristas como los de Düsseldorf siempre han sido. La novedad de este show es el retoque en 3D, con lo que teníamos a miles de personas con unas gafas de cartón blanco muy ochentas para ver cómo la explosión de corcheas, efigies de robots y medios de transporte de las pantallas se realzaban hasta casi plantarse delante de nuestras narices. No era un 3D especialmente desarrollado, pero al menos cumplía su función. Los aspectos negativos del show de Kraftwerk son pocos e incluso forzados: les faltó algo de volumen en “The Model” y han prescindido de la parte en la que ellos desaparecen del escenario y les sustituyen los robots ( “The Robots” sonó la primera de todas), pero no faltó ni uno solo de los hits que han construido su leyenda, salvando “Antenna” (que tampoco es que la tocaran antes) y “Pocket Calculator” (esta sí). Después de actuar en 1998, concierto que casi nadie de los asistentes vio en su día, Kraftwerk tenían una nueva pendiente con Sónar y se saldó con creces: asistimos a un despliegue de canciones inmortales en unas condiciones idóneas (yo sólo habría pedido un escenario algo más pequeño) y nos fuimos con la sensación de haber asistido a un momento valioso en nuestras vidas. Mario G. Sinde

Lindstrøm & Todd Terje (SonarVillage)

Lindstrøm y Todd Terje aparecieron ante un abarrotado SonarVillage sabiéndose ganadores de antemano. Con la luna asomando por el recinto de la Fira y el público ya entregado a sus impulsos festivos, era el momento idóneo para su mezcla de disco cósmico y melodías efusivas. Lejos de apretar el botón del piloto automático, sin embargo, respondieron con una reivindicación de todo lo que puede dar de sí el tantas veces discutido concepto de directo de música de baile. Armados con un arsenal de sintetizadores, módulos de efectos y pads de percusión, tocaron absolutamente todo lo que les permitieron sus cuatro manos, con un Terje especialmente virtuoso con los arpegios y melodías. Empezaron con “Snooze 4 Love” (probablemente el track más inmortal que haya firmado nunca Terje) y sonaron recientes himnos veraniegos como “Strandbar”, “Inspector Norse” o “Lanzarote” (con guiño a Barcelona incluido), lo que provocó la mayor sucesión de brazos en alto en lo que llevamos de festival. Ni siquiera las malas pasadas del limitador de volumen (¿no se había cambiado de recinto precisamente para evitar esto?) comprometieron el derroche festivo, que llegó a su cúspide con la versión del “I Wanna Dance with Somebody (Who Loves Me)” de Whitney Houston con la que cerraron el set. ¿Efectista? Sin duda. Pero ejecutado con una elegancia y maestría ante la que solo cabe rendirse (y bailar). FS

Raime (SonarClub)

Al llegar al SónarClub, unos minutos antes de que empezase la actuación, se podía ver en todas las pantallas del recinto el nombre de Raime y ya sólo eso imponía. Su directo, corto pero intenso, fue tan acongojante como el de hace dos años en Sónar, como la banda sonora de una película de terror psicológico retorcida, pero mejorado en dos sentidos. El primero es que contó con temas de su álbum de debut, “Quarter Turns Over A Living Line”, su obra más redonda hasta la fecha, y el segundo por esos visuales filmados en un almacén abandonado de Lisboa con un bailarín contemporáneo. El acompañamiento visual fue, por tanto, tan alucinante como contaban aquellos quienes ya los habían presenciado. Hubo de todo, fondos acuáticos intrigantes, llamas amenazantes, torsos desnudos echándose arena, figuras de ángel poéticas… Y todo ello avanzando tan lentamente como sus comatosos beats. El sonido también tuvo mucho que ver con el triunfo de anoche del dúo inglés, pues los graves sacudían literalmente los cimientos del pabellón y hasta nuestros cuerpos. Una potencia que no tuvo nada que envidiar a la de otras bandas loadas en este sentido como My Bloody Valentine. AGM

Sherwood & Pinch (SonarHall)

Colocar el directo de Sherwood y Pinch en el SónarHall ha sido un acierto absoluto. La potencia de sonido y la escasez de iluminación es todo lo que necesita uno para sumergirse en el dubstep del dúo. Con una banderola de Tectonic –el sello de Pinch– salvaguardando la mesa, la pareja ha enaltecido el género, trasladándonos a muchos a mediados de los 2000, cuando las batidas de subgraves y los 140 bpms despertaron nuestra curiosidad y atención por todo lo que pasara en la escena de club underground de UK. Adrian Sherwood y Pinch, que han sacado un EP en Tectonic y, se rumorea que tendrán disco en breve, se lo han montado para que un directo que podría solventarse con dos laptops quede resultón a la vista del espectador enrevesado. Reminiscencias dub, reggae, a Augustus Pablo y su melódica, con tramos que lindaban con el techno y un final apoteósico pisando el jungle. La progresión, profunda, hipnotizante y viajera, ha sido perfecta. Un directo que debería reconciliar al mundo con la etiqueta dubstep. MF

TNGHT (SonarDôme)

Es complicado decir dónde empieza y dónde acaba toda esta moda del trap. Quién o qué fue el primero y quién será el último en apuntarse al carro. Con la EDM haciendo furor entre la chavalada, es posible que acabe como el dubstep, con un recorrido que comienza inmaculado con la escena de Croydon, DMZ y Mary Anne Hobbs de vocero oficial, y acaba en lo que ayer hizo Skrillex. Si ese es el destino del furor rave trap, posiblemente TNGHT serán recordados como parte del germen. Y respetados por ello. No solo por su fichaje en G.O.O.D. Music, sino porque lo que sale de la mente de Hudson Mohawke y Lunice juntos está por encima de las etiquetas y no necesita montar un circo sobre el escenario para venderlo como la fiesta del fin del mundo. Laptops, una sábana blanca con fogonazos de luz y los clásicos bailes de Lunice es todo lo que se puede ver en el directo de TNGHT. Lo que prima es sentir los graves y dejar que el ímpetu te arrastre. Su remix de “Mercy” ha encendido la mecha; “Goooo” ha sido tan épica que se han escuchado “lo lo los” cantando la melodía. En “Higher Ground” caía arenilla del techo pero a nadie parecía importarle que el Dôme se viniera abajo. MF

Vatican Shadow (SonarHall)

A Dominick Fernow se le conoce más por su trabajo al frente de Prurient y Cold Cave, pero en los últimos meses ha dotado de mucha actividad a su proyecto más reciente, Vatican Shadow, en el que plasma su obsesión por la guerra de Irak y otros males de Occidente en general. En su música, por supuesto, hay la mala folla de esos otros grupos, pues el suyo es un asalto al lado oscuro, a base de beats irredentos, una batería de ruidos sin contemplaciones capaz de sacudir las neuronas a los más curtidos en esto del mal rollo musical. Su techno industrial fue más allá de la agresión y no dejó indiferente a nadie. Por algo ya se ha ganado el respeto de otros secuaces del terrorismo musical como Regis y Sandwell District y ha publicado en Blackest Ever Black. La gente no paró de bailar a pesar de las potentes sacudidas de los bajos y Fernow la alentó saliendo de su guarida para saludar a su manera con gestos alocados. A falta de unos buenos visuales que completasen la propuesta, los estrobos hicieron de las suyas para que la experiencia sensorial fuese más completa. Como estar una hora en Abu Ghraib. AGM

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