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Primavera Sound 2013: la crónica del jueves

Recuento de los primeros momentos inolvidables de un largo fin de semana de música en Barcelona

No llovió, no sucedió nada extraño, sólo pasó lo que tenía que pasar: Primavera Sound registró un llenazo de público en su primera jornada del festival, dominada por bandas como Grizzly Bear, Phoenix y Deerhunter. Aquí te contamos todo lo que pasó ayer con todo lujo de detalles.

Tras el aperitivo del miércoles en el Fórum, y del que ya te dimos cuenta con sendas crónicas – una estrictamente musical, la otra de ambiente–, había llegado el momento de pasar a mayores. Primavera Sound aspira este año a resultar un festival memorable y a firmar su mejor edición de todos los tiempos, y para ello se ha puesto todo lo que había que poner encima de la mesa: un cartel compensado con clásicos y debutantes, a la vez nutrido de grandes bandas del momento en su mejor estado de forma, y un recinto que dispone más que nunca de todas las comodidades posibles en un espacio tan grande –incluso una noria heredada de la celebración, pocas semanas antes, de la Feria de Abril en el Fòrum de Barcelona; chúpate esa, Coachella–. Es cierto que recorrer el Fòrum de punta a punta se convierte en una carrera de fondo si no tienes shuttle en Mini, pero no hay nada que no se pueda conseguir con unas buenas piernas, energía y predisposición. Y así, más anchos que nunca, pudimos disfrutar de decenas de bandas. Estas son las que no se nos escaparon. Mañana más.

Wild Nothing (Escenario Heineken)

Los teclados resplandecientes de “Counting Days” pusieron las primeras notas de color a una actuación agradable pero algo plana musicalmente, un defecto que se achaca a los directos de Wild Nothing desde sus inicios. Con todo, números como “Shadow” encendieron ligeramente a un abarrotado público que estaba ante el primer gran concierto del festival. Jack Tatum puso de lo suyo atreviéndose con el catalán y recuperando joyas de EPs semiolvidadas que todo el mundo supo apreciar como “Golden Haze”. También pareció que templaba su voz en “Only Heather”, algo que aportó inesperados matices al tema. El recital avanzó y la calidad fue en aumento. “Paradise” es indiscutiblemente su gran hit con esos aires neworderianos. Y tampoco se quedó corta la muy optimista “Live In Dreams”, uno de los hitos de su debut, iluminada por unos coros que se antojaron vitales. Álvaro García Montoliu

L’Hereu Escampa (Escenario Pitchfork)

Tan sorprendente fue, nada más llegar a Primavera Sound, encontrar tan sólo diez o veinte personas ante el escenario en el que estaba a punto de arrancar el dúo catalán de post-hardcore rural L’Hereu Escampa, como la forma en que al cabo de veinte minutos cientos de personas llenaban el escenario Pitchfork. Su consolidación total en la escena vivió ayer uno de los momentos álgidos y no defraudaron en la puesta de largo de su recientemente estrenado nuevo disco “Llamp de Déu”. Especialmente rabiosa sonó “La Feram”, con esa garra inaudita de Guillem a la batería y ambos (junto con Carles) a los emotivos gritos. El que escribe echó un poco de menos los temas de su brutal EP de debut, que con las escuchas y los meses se ha ganado un hueco en tantos corazones (y no sólo catalanes). Del mencionado “S/t”, de 2011, tan sólo sonó –y claro, la rompió– “Consol, Condol”. Germán Aranda

Woods (Escenario Vice)

Woods, uno de esos nombres que, pese a llevar una década retroalimentando el folk-rock de pata negra americano, aún no ha sido reconocido por las masas, como si ocurre con M. Ward. Con los últimos rayos del sol cayendo sobre el Fòrum y la brisa marina salpicando a la espalda, la propuesta de los estadounidenses entró bien pese a su reiterada mecánica. Más allá de su gusto por alargar sus temas con numerosos alardes de falsa improvisación (algo normal si atendemos a que a duras penas sus temas en estudio llegan a los cuatro minutos de duración), no puede decirse que la banda de Jeremy Earl no sonara precisa. Aunque eso sí, poca emoción transmitieron. Que centraran gran parte del setlist en “Bend Beyound” (Woodsist, 2012) puede que influyera. Pero, indudablemente, una vez salieron del escenario nos quedó ese regusto en la boca de no haberles podido ver en un lugar más íntimo y de acústica más agradecida. Sergio del Amo

Savages (Escenario Pitchfork)

Savages tenían una difícil papeleta que superar. Llegaron al escenario Pitchfork con la vitola de ser una de las mejores bandas en directo del momento. Lo cierto es que no defraudaron a nadie. Su propuesta enérgica, aunque aún pegaba fuerte el sol, cuajó del todo. Salieron con toda la artillera y especialmente se lució una batería beligerante en cortes como “I Am Here”, con un crescendo de tomo y lomo y los feroces alaridos de Jehnny Beth. Fue aquí donde mejor demostraron que se crecen en el terreno del directo, desenvolviéndose con total soltura sus cuatro integrantes. Por eso fue de justicia que la vocalista aprovechase los fallos técnicos de la guitarra en “Strife” para presentar a todas estas jabatas. Superaron el percance y encima pudimos conocerlas una a una. Este problema hizo que tuviesen que acortar un poco el setlist, pero no se olvidaron de “Flying To Berlin”, ese temazo que incomprensiblemente no incluyeron en su disco de debut. Y para el final, cómo no, “Husbands”, que desató la locura entre los presentes y se confirmó como uno de los grandes hits de la temporada. AGM

Manel (Escenario Ray-Ban)

Cuando pasen unos años, a Manel le sentarán muy bien tres o cuatro temas de su último disco “Atletes, Baixin de l’Escenari”. El toque a lo The Strokes, mucho más eléctrico que sus discos anteriores, aporta una chispa que les favorece. Pero, por ahora, su fiel público sigue agradeciendo cada vez que sacan la acústica para tocar los temas más melosos y al mismo tiempo de Festa Major de sus dos primeros y brillantes discos. Así fue cuando se enfundaron la guitarra de palo con “Al Mar” y “Benvolgut”, del primer y el segundo disco respectivamente, cuando realmente levantaron a la gente. Con todo, la festiva “Teresa Rampell” o la oda al amor de John Lennon en “Ai, Yoko” funcionaron a la perfección y encendieron gargantas, aunque ya que se ponen eléctricos podrían dar un poco más de caña a los directos. “Al final, entendí que os queriáis / como muchos no hemos querido nunca”, cantan en dicha canción, y tal vez sirva para explicar el cariño de su público hacia ellos. Parte de los seguidores, cómo no, colaron en un par de intervalos gritos de “i-inde-independència”. GA

Tame Impala (Escenario Heineken)

El buen recibimiento que “Lonerism” (Modular, 2012) tuvo el pasado año se notó con creces. ¿Acaso Kevin Parker podría imaginarse hace apenas tres años, cuando encendió la mecha de Tame Impala, que conseguiría reclutar a tantísimo público reciclando el rock psicodélico y progresivo de los sesenta? Más allá de lo molesto que es ver un concierto dejándose querer visualmente por las pantallas laterales, pocos peros puede ponérsele a su directo. Trasladaron a la perfección el sonido de sus dos trabajos de estudio con pulso firme y una nitidez sobresaliente. Como unos Beatles más modestos y tímidos, temas como “Solitude Is Bliss” o “Apocalypse Dreams” nos sumergieron en una nube analógica cautivadora como ella sola. Pocas bandas pueden presumir de pasear un directo que suene tan fiel a lo que hemos escuchado decenas de veces en casa, y eso es digno de aplaudir. SdA

Dinosaur Jr. (Escenario Primavera)

No se me ocurre mejor nombre para esta banda que Dinosaur Jr. Lo que pasa es que cuando empezaron no sabían que iban a estar y sonar igual de frescos a sus cerca de 50 años (J Mascis, solista, cuenta con 48 y sigue luciendo su larga melena gris y su ropa deportiva de grunge). Se trata de uno de esos grupos a los que nadie recrimina seguir usando la misma fórmula, esas guitarras raspadísimas con impulcritud de fondo, ese grunge noventero de voz ronca y melodías dulces, una potencia descomunal. Lo demostraron con el increíble “Watch The Corners”, que da nombre a su último disco y brilló con su aire algo más melancólico de lo habitual. Pero también sonaron contundentes cuando tiraron de repertorio antiguo como su arranque “Lung” (de “You’re Living All Over Me”) y ‘noventearon’ también de nuevo el gran “Just Like Heaven” de The Cure. Esos guiños se agradecen mucho en festivales y aún más el salto al escenario del solista de Fucked Up para cantar “Sludgefeast”, también de “You’re Living All Over Me”. La contundencia y el espíritu júnior de estos dinosaurios no parecía el de unos tipos que llevan casi 30 años en esto, sino el de unos verdaderos chavales. Mientras algunas bandas vienen rescatando ahora el grunge sucio de los 90, Mascis sigue ahí desde que nació y sacando grandes discos. La única pega, que el sonido estaba un poco de bajo para quienes no disfrutaban de lugar privilegiado en las primeras filas. GA

Jessie Ware (Escenario Pitchfork)

Cierto halo de heredera de Sade se ha ganado Jessie Ware desde el éxito de su disco, primero en Europa y en diferido en Estados Unidos. Y actuar en Primavera Sound añadía otra pequeña condecoración. Sin embargo, el público que la recibía esta noche no estaba a la altura de ese estatus. Abundante, pero con muchos más curiosos que fans. Otro hándicap para poder dejarse llevar ha sido el bajísimo volumen del Pitchfork en ese momento. La Ware cumplió en energía –agradecida constantemente, habladora, rezumaba buen rollo– en voz, cumpliendo las expectativas que crea “Devotion”, y en repertorio. El orden de los temas es acertado, acabar con “Devotion” y “Running” debe considerarse protocolario. Y ella, con su túnica y su escueta banda, no decepciona apelando al formalismo. Mónica Franco

The Postal Service (Escenario Heineken)

Cuando a principios de la década pasada Ben Gibbard y Jimmy Tamborello empezaron a intercambiar DATs a través del servicio postal estadounidense, poco podían imaginar el mito que estaban engendrando. Su concierto en un abarrotado escenario Heineken, sin embargo, confirmó que la banda es plenamente consciente de la expectación que ha levantado su regreso a los escenarios. Encabezados por el siempre magnético Gibbard, Jenny Lewis se muestra más polifacética que nunca, alternado entre guitarra, bajo y percusiones, e incluso el eternamente apocado Tamborello deja atrás su timidez para atreverse a aportar coros. Esta voluntad de crecimiento los lleva a sonar más como una banda con todas las de la ley que a un simple dúo electrónico, una evolución especialmente palpable en canciones como “Brand New Colony” o su versión del “Our Secret” de Beat Happening. Un paso adelante que, lamentablemente, no alcanzó los grados de intensidad que muchos esperaban. Tampoco ayudó el sonido, excesivamente bajo durante todo el concierto. Aún así, canciones como “Clark Gable”, “We Will Become Silhouettes” o, claro está, “Such Great Heights” siguen erizando el vello como el primer día. Franc Sayol

Deerhunter (Escenario Ray-Ban)

Había quien podía temer cómo iban a encajar esas nuevas canciones de garage nocturno en el contexto de un directo que en el pasado había tirado hacia la vía ensoñadora. Deerhunter nos despistaron anoche empezando con “Cover Me (Slowly)” y “Agoraphobia”, pero pronto la rabia llegó con “Neon Junkyard”, con los de Atlanta operando a piñón fijo y sonando de lujo aún con sus habituales distorsiones. “Don’t Cry” se contagió de esa energía y tuvo unos acabados más fieros que nunca, con un Bradford Cox desatado en el plano vocal. También se lució Lockett Pundt cuando le tocó cantar en “The Missing”, demostrando una vez más que Deerhunter es mucho más que su líder. Aunque lo nuevo funcionó, está clara cuál es su gran obra maestra y cuando enlazaron tres cortes de “Halcyon Digest” el concierto alzó del todo el vuelo, especialmente en una “Desire Lines” alargada a base de infecciosos ritmos motorik que no hicieron parar quieto al público ni un segundo. A su lado canciones como “Blue Agent” quedaron empequeñecidas, lo que demuestra que “Monomania” es un disco menor, que no fallido. Con todo, “Monomania”, tocada con una visceralidad sin igual, ya huele a clásico. AGM

Killer Mike (Escenario Pitchfork)

Siendo egoísta, me gustaría que el festival mostrara más interés en el hip hop, como viene ocurriendo en las últimas ediciones. Que en un futuro, no muy lejano, viniera un R. Kelly, un Kanye, Jay-Z en calidad de leyenda, como cuando viene Blur. Pero también admito que los conciertos de hip hop del Primavera dejan sensaciones incómodas en ocasiones. Algo así ha pasado con Killer Mike. Al revés que en Jessie Ware, aquí había poca gente pero muy devota. ¿Sabéis cómo es el directo de Killer Mike? Él solo con un micro y un DJ. En efecto, extractos de canciones de minuto y pico, speech antisistema entre tema y tema, repertorio de aquí –sonaron cosas de “R.A.P. Music”– y de allá – “Never Scared” con T.I.– y sensación de improvisación constante. Tan entretenido como una serie de adolescentes americanos llena de topicazos. MF

Grizzly Bear (Escenario Primavera)

Con actuaciones tan mágicas como la que ofrecieron Grizzly Bear anoche es difícil escoger un momento, porque hubo mil para el recuerdo. Uno no sabe si quedarse con la intensidad emocional de “Speak In Rounds”, el paisajismo dibujado con farolillos iluminados que levitaron en “Adelma”, la psicodelia bañada de ensoñadores coros de “Sleeping Ute”, los ritmos sensuales de “Cheerleader”, las hechizantes estridencias de “Yet Again”, el letargo en el que sumergieron “A Simple Answer”, los tintineantes metales de “gun-shy”, las lujosas cuerdas de “Ready, Able”, el elegante clasicismo de “While We Wait For The Others”, los aromas surf de “Knife”, el piano celestial de “Two Weeks”, la eufórica épica de “Sun Is In Your Eyes” y, por supuesto, esos juegos vocales que nos regalaron Daniel Rossen y Edward Droste a lo largo de estos 70 minutos que nos hicieron gozar de alegría. Lástima que algunos (demasiados) maleducados no lo supiesen apreciar como se merece. AGM

Death Grips (Escenario ATP)

Hasta la media noche, muchos de los encuentros con los amigos y conocidos concluían con un “bueno, pues nos vemos luego en Death Grips”. Todo el mundo quería ver a Death Grips, gente de todos los pelajes y paladares del gusto por la música. Antes de comprobar lo abarrotado del escenario ATP, ya se intuía que el directo de los californianos era una de las cosas más esperadas de la jornada. En hora punta, pasada la medianoche, el plan de experimentar el caos que practica MC Ride –sin camiseta ad eternum– era muy atractivo. Hubo tiempo para los momentos rave de “The Money Store”. También para tramos más cadenciosos cuando Death Grips parece un híbrido mutante de The Glitch Mob y The Bug, de Chimo Bayo y de The Gaslamp Killer. Pero siempre a un nivel de intensidad contagiosa extremo. De principio a fin. MF

Phoenix (Escenario Heineken)

Hasta ayer no conseguía entender cómo Phoenix podía haberse colado en la letra grande de todos los festivales en los que actuaban, pero después de verles lo tuve claro: ellos son uno de esos divertimentos necesarios cuando hay que retomar fuerzas para proseguir vivo hasta altas horas de la madrugada. Bien es cierto que la inmensa mayoría del público, al no haber asimilado su recentísimo “Bankrupt!”, se mostraba algo frío ante las nuevas piezas de los franceses ( “Entertainment” fue la excepción al abrir el concierto). Sin embargo, no puede ponerse en tela de juicio lo bien que siguen funcionando en directo clásicos recientes como “Lizstomania”, “Lasso” o “1991” (por mucho que recuperaran aquel “Too Young” de su debut, los disparos más certeros de “Wolfgang Amadeus Phoenix” fueron los otros grandes protagonistas de la noche); canciones que aunque partan de un mismo patrón repetido por los de Versalles hasta la saciedad, siguen sonando igual de frescas que cuando las escuchamos hace cuatro años. Thomas Mars como frontman no es un paradigma de la expresividad que digamos, pero esa es una cosa que ni el éxito masivo cambiará. SdA

Four Tet (Escenario Pitchfork)

El primer acto con esencia clubber de la noche en el escenario Pitchfork corría a cuenta de Four Tet. Pero el público había podido desvirgar su ansia de baile y de DJ durante toda la tarde dejándose caer por la Boiler Room. Four Tet es perfecto como primer plato, su calidez y su gusto por las envolturas hacen que entres al trapo como se entra al mar cuando está tibio. Y sí que es cierto que la primera mitad del directo es bastante etérea, viajera y melódica. Pero la última mitad apelaba al ritmo por encima de todo. Kieran Hebden incluso juega a antojo con las transiciones entre corte y corte. Si tiene que bajar el pitch y dejar un bombo desnudo para provocarnos con los detalles de “Love Cry”, lo hace. Y la gente se le entrega con todo el gusto. MF

Fuck Buttons (Escenario ATP)

La gran bola de espejos que adornaba el escenario y el hecho de que, a esas horas, la química empezara a hacer estragos entre el público, hacía predecir que el directo Andrew Hung y Benjamin John Power se podía convertir en la primera micro-rave del festival. Y, en cierto modo, así fue. Las descargas de noise colorista del dúo, sin embargo, apelan más al regocijo cerebral que a la celebración corpórea y, por ello, más que una comunión expansiva, entre el público se palpaba mucho trance hipnótico particular. Además de recuperar grandes clásicos de su repertorio como “Surf Solar” o “Colours Move”, el set del dúo sirvió para presentar diversos cortes del inminente “Slow Focus”. Si hacemos caso a lo escuchado anoche, su nuevo disco se alejará un tanto de su característico hipnotismo extático para transitar por senderos más siniestros, viscosos y retorcidos. El final, eso sí, volvió a ser por la implacable “Flight Of The Feathered Serpent” y su bombo cavernícola. En conjunto, y a pesar del aire algo desangelado del público, una de las experiencias más intensas que se vivieron anoche. FS

Animal Collective (Escenario Primavera)

A pesar de que en pocos festivales deben sentirse tan en casa como en Primavera Sound, lo cierto es que los de Baltimore no acaban de tener suerte con el emplazamiento horario. Ya les pasó en 2011 y este año ha sido lo mismo; demasiado tarde para una propuesta que requiere predisposición a la densidad. Esta vez, además, se les vio un tanto más dispersos de lo habitual, lo que no ayudó a enganchar a un público que, en esos momentos, necesitaba algo más de vigor. La primera mitad del concierto estuvo casi íntegramente dedicada a cortes del algo descafeinado “Centipede Hz”, con “Applesauce” elevándose entre el resto. Con el binomio “What Would I Want? Sky” y “My Girls” se alcanzó el cenit emocional del concierto pero, aún así, Panda Bear y compañía estuvieron lejos de sus interpretaciones más intensas. Por fortuna, los que resistieron hasta el final, se vieron recompensados con una catártica “The Purple Bottle”, de lejos, el momento más inspirado de un concierto un tanto decepcionante. Y eso que tanto los inflables que adornaban el escenario como el componente visual eran de lo más resultones. FS

* Crónica del Viernes

* Crónica del Sábado

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