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Omar Souleyman la lía gorda en Red Bull Music Academy Weekender: crónica de la primera noche

El exótico crooner sirio, con su megáfono, su bigote y sus teclados, triunfa en la apertura del nuevo festival madrileño, que se extenderá durante todo el fin de semana

Comenzó anoche el mini-festival más cool del otoño, el RBMA Weekender, que se extenderá en Madrid hasta el domingo, y lo hizo con su noche de ‘crooners dislocados’, en la que Joe Crepúsculo tuvo que bailar con la más fea, James Pants ofreció un show de lo más freak y el gran triunfador resultó ser (no nos sorprende) el exótico trovador sirio Omar Souleyman y su techno para bodas.

Fotos: Gianfránco Tripodo / Red Bull Content Pool

El muy atractivo ciclo de electrónica y rock experimental Red Bull Music Academy Weekender arrancó ayer por la noche en Madrid con un triple concierto en la discoteca Kapital que reunía a tres artistas tan dispares como el sirio Omar Souleyman, el norteamericano James Pants y el barcelonés Joe Crepúsculo. El evento coincide con un delicado y necesario debate sobre la invasión de las marcas comerciales en los eventos culturales y su apropiación de unos valores pretendidamente subversivos o libres de intereses ajenos al ámbito creativo. La única conclusión a la que se puede llegar, por lo menos en este caso, es que bienvenida será siempre esta inyección económica cuando el buen gusto de los programadores está más que demostrado (y mientras las autoridades sigan considerando las manifestaciones artísticas como un bien prescindible y meramente ocioso).

Desde Siria con amor

Obligado a mudarse de residencia por la guerra que masacra su país, Omar Souleyman acudió a Madrid bajo la etiqueta de icono ‘hipster’, de la que goza desde hace unos años. Uno se pregunta en qué momento algún gurú decidió que este hombrecito bigotudo ataviado con kuffiya (el pañuelo tradicional árabe), jalabiya (vestido) y gafas de sol 24/7 (al parecer, sufre una dolencia fruto de un accidente que le obliga a proteger sus ojos con cristales oscuros) habría de ser el encargado de acercar los ritmos de su tierra a los modernos occidentales amantes de la electrónica.

¿Qué sucede, en realidad, en un concierto de Omar Souleyman? Pues sucede que hay un tío con cara de pocos amigos pinchando ritmos orientales y otro tipo con un altavoz (el propio Souleyman) soltando proclamas ininteligibles y aplaudiendo sin descanso. Sucede que la masa enloquece y, cuando se le acerca el micrófono, al tiempo que suda de placer en las primeras filas, se canta alguna parrafada, intentando reproducir el idioma del artista.

La imagen vista desde cierta distancia es absurda, pero hay que reconocer que su espectáculo, como ya demostró en la última edición del Primavera Sound (en un horario mucho más apropiado, a las tantas de la madrugada), es divertido y liberador. Así lo recibió el público, que por aquel entonces (hacia las once de la noche) ya abarrotaba la sala y bailaba sin prejuicios, recibiendo con la boca abierta una (en apariencia) espontánea lluvia de confeti.

Lo cierto es que Souleyman, que comenzó su carrera haciendo música para bodas en su país, tiene un sexto sentido para encontrar ritmos que mezclan el exotismo y la euforia, una habilidad que le ha servido para colaborar con la islandesa Björk y con el británico Four Tet, que produce su nuevo disco, “Wenu Wenu”, anunciado para el próximo 21 de octubre.

Virguerías a los platos y encanto de barrio

James Pants es el colega que todos ansían en su círculo de amigos: un tío insaciable, que lleva el ritmo en el cuerpo, capaz de convencer a un montón de gente de que un jueves a las diez es el momento elegido para el desfase, como si se estuviera en el cierre del Privilege de Ibiza. Su total falta de vergüenza escénica, su concepción teatral del espectáculo y su admirable esquizofrenia estilística convierten sus actuaciones en una experiencia imprevisible y siempre gozosa.

Lo suyo es una pinchada/directo en la que alterna ritmos de batería, melodías sintéticas y voces que recuerdan al John Maus más exagerado. Pero al contrario que éste, al que se acribilló en su performance en el Primavera Club de 2011 (donde se limitó a pinchar un CD), James Pants reproduce (o lo intenta) todo lo que suena, ya sea dance, electro, funk, hip hop, soul o R&B. Hasta cuando se agacha para echar un sorbo a una botella de agua regala a la audiencia un quiebro inesperado, un chocar de palmas ciertamente magnético.

Joe Crepúsculo se llevó la peor parte de la noche: responsable de abrir el festival, encabezando una noche etiquetada por la organización como la de los ‘Crooners Dislocados’, trató de proyectar al respetable su potingue de pop electrónico con retranca de barrio. Sólo hacia el final, cuando sonó su himno “Suena Brillante”, los asistentes le compensaron con saltos de felicidad y algún baile (sí) dislocado.

Un generoso número de conciertos, pinchadas y conferencias (casi todos de un altísimo nivel) se desarrollarán hasta el domingo 6 de octubre en Madrid. Una única pega: ¿por qué Derrick Carter y DJ Panic están programados la noche del sábado en Siroco, una sala estupenda, pero incapaz de acoger a toda la gente que, seguro, querrá asistir al espectáculo? El propio Teatro Kapital hubiera sido el recinto idóneo. Avisados quedan: se esperan colas y agobios.

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