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Max Richter en el concierto de clausura de Sónar 2013: calma después de la tormenta

El festival se reencontró con el CCCB en la noche del domingo para deconstruir la música de Vivaldi y la cultura rave

Se acabó Sónar, ahora ya por fin, con la noche de clausura en el CCCB, con un doble cartel de contrastes: una revisión impresionista de “Las Cuatro Estaciones” (Vivaldi) a cargo de Max Richter y una deconstrucción de la música rave con la firma de Lorenzo Senni.

Fotografías de Óscar García.

Con el paso de los años, Sónar ha perdido parte de su encanto íntimo. Pero en esta edición, y sobre todo gracias al maravilloso escenario SonarComplex, preparado para acoger propuestas de marcado carácter experimental (pienso en la de que Pascal Comelade con Richard Pinhas), con localidades de asiento, se ha recuperado ese componente de pausa, de ir a un concierto y estarse cómodamente del principio al final sin la urgencia de saltar, celebrar y bailar –aunque, todo sea dicho, Beardyman y Francesco Tristano revolucionaron bastante al público–. ¿Podría haberse realizado el concierto de clausura de Max Richter en SonarComplex? Técnicamente sí, pero a ese tipo de fragilidad le corresponde algo más de cuidado y quietud, algo que, pese a todo, en el Complex no se puede garantizar, porque al fin y al cabo hay una parte de la audiencia que entra y sale y forma cola de espera en el exterior. Es imposible garantizar ahí un silencio respetuoso.

La actuación de Max Richter junto al ensemble Bcn216 tenía un programa delimitado: la recomposición que hizo el año pasado el músico alemán de los cuatro conciertos del ciclo de las estaciones de Antonio Vivaldi y un bis en forma de “On The Nature of Daylight”, una de las piezas más líricas de su álbum de 2004 “The Blue Notebooks”. El ritual era el de un concierto de música clásica, aunque con un tipo de público muy distinto al que frecuenta los auditorios: más joven, menos condicionado por las típicas prácticas de etiqueta y educación –aquí se aplaudía al final de cada movimiento, no después de los tres (allegro-adagio-allegro) que componen cada una de las obras; al fin y al cabo, la música es más Richter que Vivaldi, así que whatever–, pero igualmente educado: no se habló, no se oyó ni un móvil. El Teatre del CCCB –espacio recuperado por Sónar al final de todo en el año de su mudanza– se volvió una burbuja de silencio para escuchar música maravillosa.

El álbum de Max Richter en el que se basó el repertorio de la noche es “The Four Seasons Recomposed”, en el que siguiendo técnicas de composición clásica toma la partitura original de “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi para rehacerlas a su manera conservando partes originales e incorporando algunas nuevas, pero siempre con respeto por la estructura de la pieza –cuatro conciertos, doce movimientos, en el orden tradicional– y alteraciones de armonía y timbre. Hubo dos pasajes electrónicos surgidos del portátil de Richter –que tenía como función dirigir al grupo de cámara desde su piano eléctrico, al viejo estilo barroco, pero sin clavicordio–, pero todo lo demás fue un diálogo tiernísimo entre el violín principal y el resto de músicos, que llevaron con delicadeza la interpretación de este Vivaldi con variaciones, menos vigoroso que en la partitura original –excepto algunos fragmentos del “Otoño” y el “Invierno”– y más parecido por momentos a la poesía neo-barroca de autores como Michael Nyman. Ojalá Sónar recuperara esta línea de conciertos en los que se funden sin problemas ni roces los lenguajes de la música contemporánea y la clásica: son momentos únicos y bellos que nos recuperan (física y mentalmente) del desgaste festivo del resto de festival.

Aunque si alguien optaba por rematar la noche con Lorenzo Senni –en un Macba inundado de láseres–, el bálsamo se volvía otra vez fiesta con la música rave deconstruida, como si fuera hardcore programado por un discípulo de Ferran Adrià aficionado a la música de baile, del italiano Lorenzo Senni, que tomando como base el material de su álbum en Mego completó un juego de contrastes muy Sónar: de la seriedad más provechosa a la frivolidad más interesante. Con Richter recuperamos fuerzas para el año que viene y con Senni ya nos mentalizamos para la tremenda fiesta que está por venir

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