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Bravo Fisher!: “Es más cómodo tocar con otros músicos que tener que hacerlo todo tú solo”

Reconvertido de hombre-orquesta indie a proyecto de pop electrónico imaginativo, Bravo Fisher! tiene por delante una apretada agenda de conciertos. La causa: su disco “El Valle Invisible, editado por Subterfuge.

Acaba de editar su segundo álbum, “El Valle Invisible”, en el que su sonido ha sufrido una evolución hacia áreas electrónicas que benefician mucho a sus canciones. También a sus directos: ahora Bravo Fisher! no es ese chico que lo hace todo solo, sino el alma de una banda con muchos recursos. Hablamos con él para saber más sobre cuestiones relacionadas con el directo y además estrenamos su último vídeo: "39".

Fotos de José Morraja

El vallisoletano Guillermo Galguera llegó a Madrid tras licenciarse en filología inglesa para ejercer como profesor. Una serie de experiencias desafortunadas le impulsaron a retomar su afición a la música. Así es como nació Bravo Fisher!, un proyecto personal con el que publicó el 7 de mayo “El Valle Invisible” (Subterfuge), su segundo disco. El álbum supone un cambio importante respecto a su debut, “We Were Overnighters” (2011): el salto del inglés al castellano en las letras se ve apoyado por un giro hacia la electrónica, que él justifica citando a referentes como Delorean, beGun y El Guincho, aunque en realidad su puntito pop festivo y despreocupado podría recordar también a La Casa Azul.

Esta transformación ha repercutido en su directo. Si antes se las apañaba él solo a modo de hombre orquesta (guitarra acústica, voces, ukelele), ahora actúa junto a otros dos músicos, un formato que, reconoce, “expresa mucho mejor el espíritu” de su música. Sobre este proceso hablamos con este treintañero, mientras nos va revelando algunos de sus sueños y trucos escénicos, además de sus bandas y festivales favoritos.

¿Recuerdas cuándo decidiste por primera vez subirte a un escenario?

Mi primer contacto con la música fue con 14 años, allá por el 97. Recuerdo que quería formar una banda de punk, al estilo de Nofx, Bad Religion y Millencolin. Un día cogí una guitarra, me miré en el espejo y pensé que aquello molaba. Después crecí y me fui acercando al indie. La guitarra es todavía hoy el instrumento con el que más cómodo me siento, pues la he tocado desde que era un chaval. Soy muy fan de las Fender Telecaster.

¿Y cómo fue para que empezaras a probar con la electrónica?

Hubo dos grupos en España que al verlos en directo me marcaron y que son mis referentes indiscutibles: Delorean y El Guincho. Pero también recuerdo el concierto de Crystal Castles en el SOS 4.8 de Murcia en 2010: fue una locura, no paré de darme empujones con todo el mundo. Me encantó y todavía no existía Bravo Fisher! Pero el grupo que más me influyó en mi decisión de empezar a hacer canciones fueron los suecos Lo-Fi-Fnk: esa mezcla de electrónica y pop me pareció muy guay. Ya he tocado junto a bandas grandes, como The Sound of Arrows, pero creo que ellos son con los que más ilusión me haría compartir un escenario.

¿Cómo es tu directo ahora mismo?

Lo idóneo, lo que más disfruto ahora, mi apuesta, es el formato banda. El año pasado empecé a tocar con Dan Chromatique (Daniel Prieto, teclista de Niño Burbuja), a los sintetizadores, iPad y cositas de loops, pero hace poco se ha incorporado además Javi García a la percusión, que combina lo analógico con la electrónica: lleva un pad electrónico, charles, toms, un bombo y una caja de ritmos. Salimos al escenario los tres en fila y de pie, un rollo bastante visual. Hace poco estuvimos en Los Conciertos de Radio 3 y creo que ese vídeo reproduce bien lo que hago ahora.

¿Qué instrumentos llevas tú en el escenario?

Me coloco en el centro y suelo llevar unos sintes y una pedalera de voz, con loops de voz y armonías, porque los otros dos chicos no cantan, además de una guitarra eléctrica. Al principio, con el primer disco, iba solo, con una guitarra acústica y un ukelele, combinando lo electrónico y los instrumentos acústicos, pero no me llegaba a funcionar.

"Si el público baila desde el principio, todo fluye, yo me crezco; voy de un lado a otro, me vuelvo un poco loco. Es como un subidón de adrenalina"

Recuerdo que El Guincho también cambió su directo, porque decía que el público no llegaba a asimilar lo que sucedía en el escenario. ¿Llegaste a sentir algo parecido?

Estoy más cómodo con otros músicos acompañándome, es verdad. Antes, la gente me decía: ‘Hostia, qué grande es este tío, que lo hace todo él solo’. Ese reconocimiento me gustaba. Ahora ya no soy ‘el chico que lo hace todo’, somos una banda, pero creo que el público lo agradece. El sonido tiene más empaque, es más fiel al disco. Me apetecía seguir incorporando elementos y hacerlo más real.

¿Y cómo te ves en el futuro? ¿Querrías seguir probando cosas nuevas en directo?

No lo tengo claro. He llegado en un momento a la música en el que las cosas no son nada fáciles. Sé que hay veces que no podré permitirme el lujo de pagar a una banda y tendré que tocar solo. Me considero camaleónico, me adapto bien. De hecho, algún tema nuevo que estoy componiendo lo estoy preparando por si tuviera que defenderlo yo solo en directo.

¿En qué piensas cuándo estás en el escenario?

En si el público está bailando o no. Si se mueve desde el principio, todo fluye, yo me crezco; voy de un lado a otro, me vuelvo un poco loco. Me supone todo un reto cuando hay mucha gente, no me pongo nervioso, todo lo contrario, es como un subidón de adrenalina.

¿Cuál es el concierto más importante que has dado?

He tocado en casi todas las salas de Madrid, en el Razzmatazz de Barcelona… Valoro mucho lo que he conseguido hasta ahora. El show más multitudinario que he dado, sin duda, fue en 2011 en el festival Arenal Sound, delante de miles de personas. En realidad, cuando estás arriba no ves nada, sólo a una masa de gente; pero mis colegas que estaban en las primeras filas haciendo fotos me dijeron después que estaban temblando de la emoción.

¿Cuáles son tus festivales favoritos?

Si tengo que ser sincero, como público me agobia estar rodeado de tanta gente, no descansar bien y todo eso, así que no he ido a muchos. Aun así, me lo he pasado muy bien con amigos en FIB, SOS 4.8 y Arenal. Como músico, me gustaría poder tocar algún día en Primavera Sound y Sónar. Además, cuando voy al Sonorama en Burgos, que es más tranquilito, me siento como en casa, pues aunque soy de Valladolid, al fin y al cabo está en Castilla Y León.

“El Valle Invisible” se podría entender como una historia que avanza a través de 10 relatos cortos. ¿Respetas este orden en el directo?

Podría decir que sí, pero no, porque en realidad termino con mi versión del “Video Games” de Lana del Rey y otro par de canciones más animadas. Además, intercalo los dos temas que he recuperado de mi debut, “Go Back to Spain” y “Minorka”, adaptadas al rollo que hago ahora. Aunque sí es cierto que sigo más o menos el orden del último álbum, porque tiene lógica a nivel sonoro: empieza con bastante energía, luego hay un momento en el medio más tranquilo y termina muy arriba. Divido el show en tres sets de unas tres o cuatro canciones, cada uno con su tempo, para evitar las paradas entre tema y tema. En total toco entre 60 y 80 minutos.

Creo que también actúas a veces junto a Eme DJ. ¿Qué incluye el repertorio?

En principio, esta colaboración se hizo para presentar su single “Giant”, pero terminamos haciendo más temas, como mi versión de “Video Games” y el remix de ella de “Errante” (Niños Mutantes). Y esto todavía no se lo he contado a nadie, pero me gustaría incorporar al directo una adaptación muy personal que tengo de “Segundo Premio” (Los Planetas), que he llevado a un terreno electrónico.

¿Qué otras versiones has tocado alguna vez en vivo?

Al principio, en mis primeros conciertos en Madrid, tocaba “Not In Love” (Crystal Castles & Robert Smith), “Where Is My Mind?” (Pixies) y una versión acústica y muy relajada de “Real Love” (Delorean).

Desde que sucedió la tragedia del Madrid Arena, muchos colectivos vinculados a la electrónica han denunciado una abusiva vigilancia por parte de las autoridades. ¿Cómo ves la situación actual de las salas de conciertos en España?

La música no es un lujo, es algo necesario, se necesitan más apoyos. Pero tal y como están las cosas, casi parece un milagro que sigamos existiendo. En Barcelona hay una escena muy sólida. En Madrid también se ve movimiento, pero creo que falta unidad entre los colectivos y más compromiso del público. ¿Dónde están los que alardean de modernos cuando se organizan propuestas minoritarias de calidad? Hay noches que vas al Nasti a ver algún concierto chulísimo y no hay más de 50 personas. Eso es un poco descorazonador.

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