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El drama de los insomnes: ¿por qué es tan difícil encontrar un sitio para comer de noche?

La utopía de la ciudad que nunca duerme

Ricard Robles, codirector del Sonar Festival, ponía la voz de alarma este verano en Twitter: ‘”La ciudad necesita espacios de encuentro para insomnes donde se pueda desayunar. #urgente (@ricardrobles)”. Cada día que pasa se alzan más voces en busca de un buen sitio para comer de madrugada cuando los restaurantes cierran sus cocinas. Con la aparición de nuevos trabajos 2.0 que obliga a muchos trabajadores a estar despiertos en horario intercontinental, la única solución viable hasta la fecha pasa por comer en multinacionales de la hamburguesa, comprar comida envasada en pequeños comercios o esperar a que los locales de siempre vuelvan a abrir sus puertas.

El Decreto Ley que regula todo este tinglado sigue vigente desde 1998. Desfasado, con la friolera de 16 años a sus espaldas sin modificaciones, la legislación dicta que las actividades de restauración, entre las que se incluyen el restaurante, el bar, el restaurante bar y el salón de banquetes, fijen los horarios generales de apertura y cierre a partir de las 6.00 horas y hasta las 2.30 respectivamente. Sólo una autorización correspondiente permite prolongar el horario en 30 minutos los fines de semana y festivos. 3 horas y media de cierre que mantiene las ciudades dormidas y marcan la diferencia con el resto del mundo.

No hace falta ser muy avispado para encontrar flecos en la letra pequeña. La limitación horaria sólo se refiere a establecimientos de más de 300 metros cuadrados de superficie, que pertenezcan a una franquicia o estén dentro de un centro comercial. Así pues, no existe ninguna ley que no permita a un local independiente tener libertad horaria para servir buena comida las 24 horas del día. La cuestión es, ¿por qué no se hace? Todo parece indicar que se trata de un problema de costumbres arraigadas, de falta de presupuesto para personal y, sobre todo, de ganas.

En 2009, la confrontación entre comerciantes y hosteleros se agudizó con la apertura de más de 130 restaurantes McAuto de McDonald's, por la cual se permitían la venta directa de comida rápida sin salir del coche durante las 24 horas: “Hemos visto que existe la necesidad de comer caliente por la noche, sobre todo los fines de semana, y de madrugada no hay donde comer”, decía Patricia Abril, directora de McDonald’s en España. En cambio, los comercios creen que el máximo de 72 horas semanales de apertura son más que suficientes para dar un buen servicio de calidad. El sector de pequeños comerciantes tampoco parece que quiera luchar por la libertad horaria, si abrir más horas significa contratar más personal sin tener el beneficio asegurado y las más que posibles quejas vecinales por el ruido.

Que nadie se engañe. El mayor temor del empresario, sea de día o de noche, es el pánico al comedor vacío. S ería imperdonable abrir de madrugada sin los clientes asegurados con el esfuerzo que supone. Pero si la demanda apremia, todo dependerá del modelo de ciudad o de municipio por el que se apueste desde las administraciones. Hoy, con el debate reabierto, la pregunta es obligada, ¿es deficitario abrir un restaurante independiente con libertad horaria?

Roger Pallarols, Director General del Gremio de Restauración de Barcelona lo tiene claro: “Las ciudades han evolucionado y las necesidades de las consumidores son cambiantes. La idea que la ciudad vive de día y duerme de noche merece un estudio y una actualización porque podría ser económicamente muy interesante abrir en zonas turísticas. Nunca podría ser un servicio generalizado. No saldrían los números. No podemos mirar los modelos de otras grandes urbes consolidadas. Tan sólo recientemente empezamos a poder tratarlas de tú a tú”.

Las ventajas y desventajas de cambiar el modelo de ciudad también tiene sus pros y sus contras. Pallarols lo explica: “El peligro es romper con el equilibrio de una ciudad que ya tiene un modelo compacto. Cualquier movimiento tiene que preservar este equilibrio que tanto nos ha costado conseguir. Por otro lado, si atrae nuevas fórmulas de negocio, no podemos cerrar los ojos si queremos seguir generando empleo y riqueza”.

Si las ciudades siguen durmiendo como hasta ahora, para algunos las calles serán un espacio desaprovechado sin oficio ni beneficio, mientras que para otros tendrán el merecido descanso del guerrero, con unas pocas horas de silencio, descanso y paz. A la espera de un nuevo estudio de las costumbres del nuevo ciudadano 2.0, las criaturas de la noche están despiertas y —cuidado— están hambrientas.

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