Entrevistas

"La guerra termina, el desastre nuclear permanece para siempre"

Hablamos con Svitlana Shmagailo, testigo del accidente nuclear de Chernóbil hace 30 años

Imágenes de Gerd Ludwig

El 26 de abril de 1986, Svitlana Shmagailo estaba plantando patatas con su madre y sus hermanas en una pequeña aldea a 35 kilómetros de Chernóbil. Era sábado y la vida de esta humilde familia ese día no se diferenciaba de cualquier otro día de la Primavera.

Sin embargo, aquella noche, comenzaron a pasar por el pueblo convoyes militares a toda velocidad. En aquel entonces Shmagailo apenas tenía 12 años y no entendía nada. “Pasaron vehículos militares durante toda la noche. En los vehículos asomaban soldados con máscaras anti-gas y nosotras estábamos en bañador. No entendíamos qué estaba sucediendo”, asegura.

Lo que estaba sucediendo llegaría a entenderlo con el paso de los años: aquel día, la central nuclear Vladimir Ilich Lenin de Chernóbil sufrió la explosión del núcleo de su reactor número 4, provocando el mayor accidente nuclear que se había conocido hasta entonces.

“En la primera semana nos dijeron que era un incendio”, recuerda Shmagailo. Pero para ser un incendio, la actividad que presenciaron los ojos de Shmagailo era del todo inusual.

Los convoyes militares seguían pasando por su pequeña aldea y los soldados establecieron allí un campamento. Con el paso de los días, las autoridades pidieron a la población local que preparara sus casas para acoger a personas evacuadas del radio de 30 kilómetros del accidente.

Finalmente, no acogieron a nadie: también tuvieron que evacuarlas a ellas.

Pero hasta que eso sucedió, Shmagalio y sus amigas seguían correteando con bicicleta por la zona, con la curiosidad de la infancia de enterarse de qué pasaba. Más tarde les dijeron que no podían salir de sus casas, que tenían que cerrar las ventanas y ducharse con frecuencia. También les dieron unas pastillas. Eran pastillas de yodo para evitar los efectos de la radiación.

"Para ser un supuesto 'incendio', la actividad que presenciaron los ojos de Shmagailo era del todo inusual: los convoyes militares seguían pasando por su pequeña aldea y los soldados establecieron allí un campamento"

La reacción fue tardía. El esfuerzo de las autoridades para ocultar la verdad a la población y evitar la alarma social provocaron lo peor: la hermana menor de Shmagalio, entonces de 4 años, registró en su cuerpo 240 unidades de radiación. Lo mismo pasó con otros muchos cientos de ciudadanos de la zona.

Toda la familia de Shmagalio y el resto de los habitantes de la aldea fueron evacuados a la cercana ciudad de Vorzel, que tenía un sanatorio. Ahí comenzaron a hacerse chequeos médicos periódicos y a tratarse con medicamentos.

"Los bomberos que acudieron el primer día a la zona del accidente murieron al cabo de un mes. En los meses posteriores, el resto de la población comenzó a tener problemas"

Sabían que habían sido víctimas de un accidente nuclear. Pero las autoridades no las informaron de la gravedad de a lo que habían estado expuestos. “Nunca nos dijeron qué era. Me enteré después, a raíz de la presión internacional por el accidente”, asegura.

Las celebraciones del 1 de mayo en la zona se celebraron con normalidad. Y el Día de la Victoria, el 9 de mayo, también, con grandes desfiles. “A pesar de los riesgos para las grandes aglomeraciones, las autoridades cumplieron con lo previsto”, dice.

Los mayores se quedaron en la aldea. Muchos de ellos trabajaron como “liquidadores”. Es decir, voluntarios que se prestaron para limpiar los efectos tóxicos del accidente. Los había de toda Ucrania y establecieron un campamento. Shmagalio recuerda que su vecino era uno de ellos. Al cabo de 4 años murió.

Los bomberos que acudieron el primer día a la zona del accidente tuvieron una suerte aún peor. En ese mismo verano, al cabo de un mes, comenzaron a morir por los efectos de la radiación. En los meses posteriores, el resto de la población comenzó a tener problemas.

"Al principio, los médicos no querían reconocer que muchas de esas enfermedades podían tener relación directa con el accidente nuclear"

“Muchos niños han tenido afecciones, las mujeres han tenido problemas de reproducción y los casos de cáncer se han multiplicado”, dice Shmagalio. “Al principio, los médicos no querían reconocer que muchas de esas enfermedades podían tener relación directa con el accidente nuclear. Con el paso de los años fueron más los médicos que señalaron que muchas enfermedades estaban relacionadas con la explosión de Chernóbil”, continúa.

Hasta la catástrofe de Fukushima, Shmagalio continuó con su actividad de maestra para niños en la aldea en la que nació. Después de un período con su familia en los Cárpatos, regresó por el trabajo de su marido. El desastre de Chernóbil siempre lo asoció a las deficiencias técnicas de una estructura mal mantenida, llevada al extremo por las autoridades negligentes del régimen soviético. Pero en 2011, cuando veía por televisión el accidente nuclear de Fukushima, algo cambió.

“Pensaba que Chernóbil había sido culpa de nuestro sistema, pero con Fukushima me di cuenta de que podía pasar en cualquier sitio”, asegura.

“Los efectos de un desastre nuclear son muy dolorosos, porque el daño es progresivo. Las enfermedades vienen con los años y nunca te libras de ellas. Las nucleares son peores que la guerra porque una guerra, al fin y al cabo termina. Pero el desastre nuclear permanece”, añade.

"En la zona se desactivan los contadores de radiación cuando la contaminación supera los límites. De alguna manera, se sigue viviendo de espaldas al problema"

En 2001, con su marido, se adentró por primera vez en la zona prohibida de 30 kilómetros. Es una zona deshabitada, donde reina el pillaje y la desolación. “No me gustaría que los extranjeros visitaran esa zona de mi país”, asegura. “Es desolador”.

En el pueblo de Shmaglio apenas viven 600 personas. La situación actual no es más esperanzadora. Los afectados por la catástrofe dejaron de recibir la raquítica ayuda estatal el año pasado. Shmaglio también afirma que en la zona se desactivan los contadores de radiación cuando la contaminación supera los límites. De alguna manera, se sigue viviendo de espaldas al problema.

Por esto, Shmaglio se ha convertido ahora en una incansable activista en contra de las nucleares. Actualmente se encuentra en España en el marco de una campaña de Greenpeace para concienciar sobre este problema energético. 30 años después de la catástrofe que cambió su vida y la de su comunidad para siempre.

"Pensaba que Chernóbil había sido culpa de nuestro sistema, pero con Fukushima me di cuenta de que podía pasar en cualquier sitio"

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar