Entrevistas

“Los beneficios médicos del cannabis son prácticamente ilimitados”

Hablamos con el activista Steve DeAngelo sobre mentiras históricas, racismo institucional y represión al hilo de la publicación de The Cannabis Manifesto

Dicen de él que es el tipo que más sabe de marihuana en el mundo. Y no por haber fumado más que nadie —que también—, sino por haber devorado hasta el último bit de información disponible sobre una planta prohibida que ha sido el centro de su mundo durante los últimos cuarenta años.

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Steve DeAngelo cuenta que, desde su primera experiencia con un porro cuando tenía 13 años, supo que el cannabis era una sustancia buena. Y una sustancia que, además, iba a jugar un rol fundamental en su vida. Una vida de instintos en la que la militancia contracultural —en los 70, siendo aún un adolescente, se unió a los Yippies— y el activismo social conviven de forma natural con el espíritu emprendedor y el buen ojo para los negocios.

En los años 90, DeAngelo lideró el boom del cáñamo industrial con su primera empresa, Ecolution, Inc. Una década después fundó Harborside Health Center, el mayor dispensario legal de cannabis medicinal del planeta. Poco después, Steep Hill Laboratories nació para convertirse en la primera empresa de EEUU especializada en el análisis de cannabis para uso médico, y luego llegó ArcView Group, la primera iniciativa inversora exclusivamente enfocada a apoyar el desarrollo de proyectos empresariales relacionados con el cannabis. El próximo mes de marzo, por cierto, el ArcView Group llegará a Barcelona para celebrar su primera conferencia europea.

La última aventura de DeAngelo es The Cannabis Manifesto, un libro necesario en el que DeAngelo expone todas las contradicciones y las motivaciones oscuras y arbitrarias que sustentan una prohibición que responde a cualquier cosa menos a criterios de salud pública.

Después de leer The Cannabis Manifesto, la sensación que queda es inequívocamente una: nos tienen engañados.

En el libro defiendes la idea de que en materia de cannabis no existe tal cosa como el “uso recreativo”. Yo diría que la mayoría de la gente que fuma hierba, lo hace precisamente por su aspecto recreativo, que fuman para estar “fumados”. 

Creo que mucha gente que usa cannabis, piensa, en la superficie de su mente, que lo está usado con fines recreativos, simplemente para colocarse. Pero de lo que me he dado cuenta, a fuerza de hablar con muchos cientos de consumidores, es que, cuando les preguntas qué significa esa palabra para ellos, qué significa 'colocarse', lo que describen normalmente tiene mucho más que ver con lo que yo llamo wellness, una idea de bienestar que tiene que ver con gozar de un equilibrio saludable entre los niveles mental, físico y emocional.

El título del libro hace referencia a eso: hacia un nuevo paradigma del bienestar. ¿En qué consistiría ese nuevo paradigma?

Si hablas con un consumidor habitual y de largo recorrido, lo más probable es que te diga que el cannabis le ayuda a combatir el insomnio, que le ayuda a regular su apetito, o con sus digestiones, que hace más interesante su vida sexual, o que le ayuda a combatir la depresión. Para mí esas cosas tienen que ver con esa idea del wellness, con la búsqueda de un estado de bienestar. Sin embargo, si vas a un médico y le describes síntomas similares (insomnio, falta de apetito, problemas estomacales, depresión...), el médico te va a hacer un diagnóstico en base a una clasificación de enfermedades y te recetará algún tipo de pastilla. Si vas a un médico y le explicas los aspectos de tu vida en los que el consumo habitual de cannabis actúa de una forma beneficiosa, es seguro que el médico querrá recetarte fármacos para lo mismo. ¿Qué es más sano?

Cuando les pregunto qué significa colocarse, lo que describen normalmente tiene mucho más ver con lo que yo llamo wellness, una idea de bienestar que tiene que ver con gozar de un equilibrio saludable entre el cuerpo y la mente

El nuevo paradigma se refiere entonces al uso medicinal del cannabis.

No sólo. Cuando pensamos sobre cosas como el insomnio, la indigestión o el dolor crónico, es bastante obvio que la persona que fuma lo hace en busca de algún tipo de bienestar. Pero creo que existe toda otra categoría de usos del cannabis que contribuyen al wellness. Cosas como expandir tu sensación de paciencia, despertar tu creatividad, potenciar el sabor de una comida, o las sensaciones que te despierta una pieza de música. O el tacto de la piel de tu amante, o permitirte un contacto más directo con la naturaleza, o abrirte a experiencias más espirituales. Para mí, ninguna de estas cosas tienen que ver con colocarse. Tienen que ver con algunas de las partes más valiosas de nuestra vida. Mucha gente que puede pensar que está fumando simplemente para colocarse, en realidad está usando el cannabis para estos fines de bienestar.

¿Y qué pasa cuando alguien se acerca al cannabis y no tiene experiencias placenteras? Hablo de gente que fuma y se marea, que sufre bajones de tensión, o cuadros de ansiedad.

Mi recomendación para cualquiera que consuma cannabis por primera vez se puede condensar en una frase: siempre puedes usar más, pero nunca puedes usar menos. Dale un par de caladas a ese porro. Espera 15 minutos y observa lo que te provoca. Pégale un bocado a esa bizcocho de marihuana, y date tu tiempo. No te comas todo el bizcocho de golpe. Si te acercas al cannabis de forma lenta y amable, debería ser posible evitar cualquier posible efecto desagradable. Con el cannabis hay que tener un poco de paciencia.

Para el insomnio, el apetito o la depresión, el médico te recetará fármacos. Pero si el cannabis sirve para lo mismo, ¿por qué consumirlos?

Eres el fundador de Harborside Health Center, el dispensario de cannabis medicinal más grande de EEUU. ¿Cómo se vive el hecho de desarrollar una actividad que a día de hoy sigue siendo ilegal en prácticamente todo el mundo?

Para que te hagas una idea, empecé a escribir The Cannabis Manifesto en 2010, pero tuve que interrumpir el proyecto cuando el Gobierno intentó cerrar Harborside. Entre 2011 y principios de 2015 me he visto en el juzgado prácticamente cada mes. Tuvimos mucho trabajo que hacer para prepararnos para todos aquellos casos legales. Nosotros operamos de forma legal de acuerdo a las leyes del Estado de California, que es donde estamos localizados, pero de acuerdo a las leyes del Gobierno Federal desarrollamos una actividad ilegal. Bajo la jurisdicción del Gobierno Federal en EEUU, el cannabis con fines médicos, cualquier tipo de uso de cannabis, sigue siendo ilegal. Es una situación complicada.

En el libro haces un esfuerzo especial a la hora explicar que la prohibición no responde a ningún criterio de salud pública. Citas multitud de estudios que así lo sugieren, algunos encargados —y luego silenciadospor las mismas administraciones que promueven esa prohibición.

Cuando el Consejo Farmacéutico de California prohibió la marihuana en 1913, menos de 1% de la población estadounidense era capaz de describir qué era la marihuana. No era un problema público. Y el hecho es que existen estudios fiables sobre el cannabis que se remontan a finales del siglo XIX. El parlamento inglés estudió la cuestión de una manera muy extensiva en las Indias, y llegó a la conclusión de que el cannabis no era ninguna amenaza para la salud pública.

La mala reputación de la sustancia se debe en buena medida a la propaganda anti-cannabis —totalmente sensacionalista y sin ninguna base científica— que hizo Harry Anslinger durante los años 30. Ya entonces, el Dr. William C. Woodward, consejero legal de la Asociación Médica Estadounidense, criticó la propaganda de Anslinger por considerar que carecía de base.  

No podemos hacer ilegal el ser joven o pobre o negro en Estados Unidos, pero sí podemos criminalizar su placer común (John Ehrlichman, asesor del presidente Nixon)

En los 60, Kennedy creó un consejo especial para estudiar temas relacionados con el abuso de drogas, y la conclusión de ese consejo fue que los peligros de la marihuana se habían exagerado. A finales de aquella década, el Consejo Asesor sobre Drogodependencia del Gobierno Británico llegó a la conclusión de que no existen evidencias para vincular el consumo de cannabis con el crimen violento, la adicción a la heroína —el mito falso de que el porro es la puerta de entrada al consumo de drogas duras— o la psicosis. El informe Le Dain canadiense se pronunció en el mismo sentido.

En 1970, la Comisión Nacional sobre Marihuana y Abuso de Drogas que debía asesorar al Gobierno estadounidense sobre la inclusión del cannabis en el llamado Schedule 1, concluyó que el cannabis no tenía ningún tipo de impacto negativo significativo sobre la población en general o los individuos que la usan. Y aún así acabó incluida en ese epígrafe junto a sustancias como la heroína.

En el libro comento cómo John Ehrlichman, asesor de Nixon, resumió la postura del Gobierno en una frase: "Mira, entendemos que no podemos hacer ilegal el ser joven o pobre o negro en Estados Unidos, pero sí podemos criminalizar su placer común".

También explicas cómo en el principio de esa prohibición siempre ha habido una motivación racista.

En EEUU, el número de arrestos relacionados con el cannabis es 4 veces mayor entre la gente negra que entre la población blanca. Y existen numerosos estudios que nos dicen que los niveles de consumo son similares entre la población afroamericana y la blanca. El hecho de que se den cuatro veces más arrestos entre la población afroamericana indica un clara disparidad racial en la aplicación de la ley relacionada con la prohibición del cannabis. Pero la cosa no queda ahí.

También es mucho mayor la probabilidad de que estas minorías acaben condenadas por cargos de posesión o consumo. Y una vez que son condenados, la sentencia media por cargos relacionados con cannabis entre las minorías raciales también es más alta que la sentencia media entre la gente blanca. Los prejuicios contra la gente afroamericana, los prejuicios contra la gente hispana, se dejan notar en cada rincón del sistema legal estadounidense. En Nueva York, 9 de cada 10 personas arrestadas por posesión de cannabis son negros o latinos.

En realidad es algo que no nos debería sorprender, porque si miras a la historia de la prohibición del cannabis en EEUU, lo que descubres es que siempre ha sido una estrategia racial.

En EEUU, el número de arrestos relacionados con el cannabis es 4 veces mayor entre la gente negra que entre la población blanca

En qué sentido.

Las primeras leyes contra el cannabis en EEUU fueron aprobadas coincidiendo con la revolución mexicana. La primera prohibición tuvo mucho que ver con el hecho de que los inmigrantes mexicanos estaban cruzando la frontera estadounidense, y era gente que hablaba un lenguaje distinto y tenía una piel más oscura. Fueron recibidos con racismo. Aquellas leyes no tenían nada que ver con las propiedades del cannabis. Tenían que ver con el hecho de que el cannabis estaba siendo utilizado por grupos sociales que no eran populares entre las clases acomodadas y los legisladores. La preocupación no era el cannabis, era la gente que lo estaba usando. Y si te fijas en la manera en que han sido administradas las leyes anticannabis desde entonces, ves que uno de los aspectos principales de la prohibición ha sido controlar a las minorías raciales.

El cannabis siempre ha sido una medicina, dices en el libro. Medicina para qué.

Los beneficios médicos del cannabis son prácticamente ilimitados. Aún estamos descubriendo muchos de sus usos potenciales. Pero lo que sabemos, si miramos a la historia, es que el cannabis puede ser una tratamiento efectivo para dolencias muy diversas: alzheimer, epilepsia, dolor crónico, insomnio, depresión, ansiedad... También es un agente antibacterial muy efectivo y se está revelando como un agente muy poderoso en la lucha contra el cáncer.

El cannabis puede ser una tratamiento efectivo para dolencias muy diversas: alzheimer, epilepsia, dolor crónico, insomnio, depresión, ansiedad…

¿Contra el cáncer?

El grupo de investigación del doctor Guzmán en la Universidad Complutense de Madrid ha llevado a cabo investigaciones muy relevantes en este sentido. Estudios que muestran que el cannabis actúa prácticamente disolviendo cierto tipo de tumores. 

¿Otros beneficios a parte de los citados?

Históricamente sabemos que existe un abanico muy amplio de problemas médicos que pueden ser tratados con cannabis. Lo que es nuevo, algo que se sabe desde hace menos de 20 años, es que existe lo que se llama el sistema endocanabinoide. Y se está demostrando que ese sistema es el sistema neurotransmisor más grande del cuerpo humano, y que produce sustancias que son conocidas como endocanabinoides, y que son muy similares a los canabinoides que encuentras en las plantas de cannabis. El sistema endocanabinoide está presente no sólo en el ser humano, sino en toda criatura viviente. El objeto de este sistema, tanto en hombres como en animales, es mantener la homeóstasis. Mantener un entorno interno estable.

La mayor parte de los estudios científicos que han estudiados estos asuntos, la esquizofrenia y otros problemas mentales en relación al cannabis, son simplemente mala ciencia, financiada por los prohibicionistas

¿Y si hablamos de posibles riesgos? Por ejemplo, en relación con las enfermedades mentales.

En primer lugar debemos entender que la mayor parte de los estudios científicos que han estudiado estos asuntos, la esquizofrenia y otros problemas mentales en relación al cannabis, son simplemente mala ciencia, financiada por los prohibicionistas. Cuando revisas esos estudios, ves que no son consistentes. Partiendo de esa base, sí que existe una correlación entre los problemas mentales y el uso de cannabis. Pero la razón de eso no es que el cannabis cause esos problemas. Al contrario: el cannabis alivia los problemas mentales.

El cannabis alivia los problemas mentales. A mucha gente le puede costar creer lo que acabas de afirmar.

Hay muchas dolencias que son consideradas problemas mentales, como la esquizofrenia, o la ansiedad, que responden muy bien al cannabis. Existen estudios que así lo muestran. La esencia de este asunto es: alguien que consume cannabis y tiene algún tipo desorden mental, ¿es por el cannabis que tiene ese desorden, o está tomando cannabis porque tiene este desorden y el cannabis es una forma de automedicación? Yo creo que se trata de lo segundo, y no de lo primero.

Hablando de la labor que hacéis en el Harborside Health Center, explicas el caso de un crío de cinco años que sufre síndrome de Dravet, una forma de epilepsia, y tiene decenas de crisis diarias. A pesar de tomar 21 pastillas al día, nada funciona. Desde el primer día que empieza tomar una tintura de cannabis, las crisis convulsivas se reducen en un 90%. ¿Cómo encajan los padres de estos críos el hecho de que la única sustancia que logra aliviar a sus hijos sea ilegal en prácticamente todo el país?

Lo que nosotros vemos es que los padres de niños severamente enfermos a los que logramos ayudar se convierten en los activistas más apasionados que puedas imaginar a favor del cannabis. Cuando un padre ve lo bien que el cannabis funciona con su hijo, sienten la obligación moral de compartir su experiencia con otros padres que puedan estar en la misma situación. Si hablas con ellos dicen cosas como, "Simplemente me quiero asegurar de que ninguna otra familia tenga que pasar por lo que nosotros hemos pasado". "Simplemente me quiero asegurar de que cualquier otra familia puede conseguir la medicina que necesitan, cuando la necesitan".

El uso medicinal del cannabis se remonta a tiempos inmemoriales. En la China ancestral, el Antiguo Egipto, Asiria o la Grecia Antigua se conocían las propiedades curativas del cannabis.

En prácticamente el 100% de los casos, los familiares terminan convertidos en defensores muy apasionados del uso médico del cannabis. Y a la vez se muestran  profundamente enfadados por el hecho de que el gobierno se haya puesto en medio, y continue siendo un obstáculo a la hora de que estas familias puedan conseguir las medicinas que sus hijos necesitan.

El enojo es tal, que estamos viendo el comienzo de un movimiento internacional de padres que están demandando la reforma del cannabis, para que los niños puedan conseguir las medicinas que necesitan para tener una calidad de vida decente, o incluso para sobrevivir.

En septiembre del año pasado, la Comisión Global de Políticas de Drogas se mostró favorable a la despenalización de la posesión de sustancias psicoactivas para consumo personal. En EEUU estáis en plena campaña presidencial y varios candidatos se han expresado a favor de la reforma legal del cannabis. La llegada de Justin Trudeau al gobierno canadiense ha sido celebrada como una victoria para los defensores de la legalización y e l parlamento de UK debatió hace poco sobre el asunto del cannabis a resultas de una petición popular. Hace un par de semanas, algunos medios se hicieron eco de un supuesto documento de Naciones Unidas recomendando la despenalización. A la luz de todos estos movimientos, ¿ves cercana la legalización del cannabis a nivel internacional?

Bueno, depende de lo que consideres cercano. Lo que está claro es que la reforma alrededor del cannabis se está acelerando, no sólo en EEUU, también en Inglaterra, en Irlanda, en varios países latinoamericanos, empezando por Uruguay.

En EEUU tenemos a gente republicana, como Randy Paul, y a demócratas, como Bernie Sanders, que apoyan de forma abierta la reforma del cannabis. Y luego tenemos a gente como Hillary Clinton, que no la apoyan de forma directa, pero sí se han posicionado diciendo que no se van a oponer a la dirección que los Estados individuales quieran adoptar en esa materia.

Creo que en algún momento entre 2019 y 2021, coincidiendo con el siguiente mandato político en EEUU, podríamos tener una oportunidad realista para cambiar las cosas a nivel internacional. Porque lo que la historia nos cuenta es que la prohibición del cannabis fue implementada alrededor del mundo bajo la presión de EEUU o para complacer a EEUU. A medida que se vaya desmantelando la prohibición aquí, va a ser más sencillo que otros países alrededor del mundo hagan lo mismo.

Lo que sí parece claro es que la reforma legal del cannabis es un proceso imparable. No hay vuelta atrás posible.

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