Entrevistas

Cuando una selección nacional puede ser la clave del cambio de un país

Hablamos con John Carlin sobre el poder del fútbol y el deporte en general en la política

Resumir la vida de John Carlin (Londres, 1956) daría para varias biografías. Este periodista por accidente, el único afortunado por la Guerra de las Malvinas –como él dice– ha vivido en Argentina, México, Centroamérica, Sudáfrica, Estados Unidos, España e Inglaterra.

Afortunado porque aquella guerra dio a un joven inglés licenciado en Oxford que no sabía muy bien qué hacer con su vida la oportunidad de escribir para el Times de Londres. Y de ahí, vivir una época dorada en el periodismo en la BBC, en The Independent y, desde 1998, en El País.

Ha cubierto guerras, revoluciones, entrevistado a líderes mundiales como Nelson Mandela o a grandes deportistas como David Beckham o Rafa Nadal.

En definitiva, John Carlin podría ser conocido por muchas cosas como el anuncio de un banco en el que sale entrevistando a Rafa Nadal, y en el que apenas se entiende nada. O por sus críticas al “mourinhismo” y al estilo del entrenador José Mourinho durante su etapa en el Real Madrid.

Pero su nombre comenzó a sonar de manera global cuando, en 2010, Clint Eastwood, Morgan Freeman y Matt Damon se aliaron para contar en Invictus la historia del partido de rugby que unió a blancos y a negros en la Sudáfrica de Nelson Mandela, a partir de la historia contada por Carlin en su libro El factor humano.

Aprovechando una breve estancia en su apartamento de Sitges al pie de los acantilados y con el mar Mediterráneo de fondo, nos recibe para hablar con honestidad de esta mezcla tan rara llamada deporte y política.

Habías trabajado como corresponsal, ¿cómo es que de pronto comenzaste a escribir de deporte?

Me interesa el deporte desde que tengo uso de la palabra. Me crié en Buenos Aires y es muy difícil ser un niño ahí y no ser un fanático del fútbol. Empezó todo cuando vine a Barcelona en el año 97 a hacer un reportaje sobre Bobby Robson cuando entrenaba al Barça.

Fue algo extraño para un corresponsal en Washington, pero lo hice y esto de repente hizo pensar a mis jefes que igual podría escribir de deportes también. Cuando llegué a El País, la cosa comenzó a funcionar de manera regular.

Yo debería estar de corresponsal en Nueva Delhi, esa es la que yo considero mi identidad periodística, pero soy un poco mercenario y hago de todo un poco, también escribo sobre comida, ¡por el amor de Dios, cuando ni siquiera sé cocinar una tortilla!

También escribo sobre comida, ¡por el amor de Dios, cuando ni siquiera sé cocinar una tortilla!

¿Cuál es tu mirada sobre el deporte?

Lo veo más como un aficionado que como un especialista. Sobre todo el fútbol. Intento ver el fútbol como un gran teatro, su lado humano y antropológico.

¿Por qué el fútbol condiciona e influencia nuestras vidas?

Cuando viajo por todo el planeta, ya esté en Malasia, Colombia, o incluso en EEUU, me encuentro a un desconocido en un bar, el fútbol sale y ya tengo un tema en común.

El fútbol es algo que obedece a ese imperativo tribal de la especie, que queremos pertenecer a tribus

Con esto quiero decirte que el fútbol ejerce una enorme fascinación. Me imagino que, en parte, es algo que obedece a ese imperativo tribal de la especie, que queremos pertenecer a tribus, y eso forma parte del fenómeno de las hinchadas.

Queremos formar parte de algo más grande que nosotros mismos… El fútbol, cuando eres un aficionado, es la representación de la guerra por otros medios.

¿Es el fútbol el sustituto de la religión en Occidente?

No solo en Occidente sino en todo el mundo. Un inglés y un terrorista del ISIS pueden ser fanáticos del Manchester United. Sin duda, en el fútbol se vierte esa necesidad de creer en algo. Es una especie de fe.

Un culé o un madridista tienen la misma relación con su club que una persona religiosa con su dios.

Si el fútbol condiciona nuestras creencias, emociones, comportamientos sociales... también configura la política.

Tú te vas a Israel y Palestina. Y puedes ver un recinto lleno de judíos ortodoxos en Tel-Aviv y otro en Gaza donde hay gente de Hamas. Ambos son fanáticos del Barça y cuando mete un gol Messi todos saltan al mismo tiempo… Esto no es ninguna ficción.

El deporte tiene un aspecto unificador. Es algo que hace que los seres humanos tengan una pasión en común, sin duda. Pero también todo lo contrario. En el deporte, sobre todo en el fútbol, se ven los temas eternos humanos representados: la envidia, la ambición, el odio, la perseverancia, el amor incluso… Y todo eso se refleja en la política, ya sea como factor de unidad, o de división.

Un culé o un madridista tienen la misma relación con su club que una persona religiosa con su dios

¿Puede el fútbol ganar unas elecciones?

El fútbol y el deporte en general tienen un potencial bastante más grande que el que han explotado hasta ahora los políticos.

El caso emblemático es el que yo conté en mi libro sobre Mandela y el rugby. Él movilizó esas intensas emociones que el deporte genera, especialmente cuando se trataba del deporte nacional y el equipo que representaba a la patria. Mandela lo utilizó como una herramienta de persuasión.

Aunque, como te he dicho, también puede ser al revés. Las emociones que genera un partido de este tipo son tan fuertes que también se pueden llegar a utilizar para fines más tóxicos, como hizo el "antimandela" del siglo XX, Hitler, que utilizó los Juegos Olímpicos del año 36 en Berlín para mover su visión de superioridad racial blanca…

El fútbol y el deporte en general tienen un potencial bastante más grande que el que hasta ahora los políticos han explotado

¿Por qué dices que el fútbol tiene un potencial político que no se ha explotado?

Me sorprendió que en el Mundial de 2010 el Gobierno español no utilizara eso como una oportunidad para unir un país tan dividido como España.

El hecho que ese Mundial lo ganara una selección española con siete jugadores del Barça sobre el campo era una oportunidad para transmitir el mensaje de que “unidos somos más fuertes”, desde el punto de vista de Madrid.

Si tu objetivo es la unidad, como se supone que es el objetivo del Gobierno en Madrid, ahí había una oportunidad de hacer algo. No digo que fuera a ser algo determinante o que fuera a cambiar el flujo de la historia, pero se podría haber creado otra atmósfera a la que hemos vivido desde entonces.

El hecho que el Mundial lo ganara una selección con siete jugadores del Barça era una oportunidad para transmitir el mensaje de que 'unidos somos más fuertes'

¿Tiene España un sistema deportivo modélico?

Lo que está claro es que si hay algo en España que se toma muy en serio es la gestión del deporte. Si se aplicara la misma disciplina y rigor que en el fútbol en la política o la educación, el país marcharía bastante mejor.

Para mí es notable que el fútbol base de niños es mucho más disciplinado, riguroso que en Inglaterra. Tengo un hijo de 15 años que jugaba en un club en Sitges y ahora juega en un club en Londres: la diferencia en cuanto a la calidad del sistema en general es enorme. Es como Primera División contra cuarta.

En la comida y en el deporte, España lo hace muy bien. En esto España es líder mundial.

Si se aplicara la misma disciplina y rigor que en el fútbol en la política o la educación el país marcharía bastante mejor

¿Podría haber otro caso como el de Invictus en la actualidad?

Seguramente, en países jóvenes o países que están viviendo una transición radical. En Sudán del Sur, por ejemplo. Puede que de pronto tengan una selección que una a un país de los más conflictivos del mundo.

O en Colombia ahora, que pasa por un difícil proceso de paz que intenta terminar con una guerra de 50 años. Sé, porque lo he hablado personalmente con el presidente Santos, que quiere utilizar el deporte al nivel de selección nacional para generar un clima y una atmósfera de unidad y reconciliación que ayude a promover el proceso.

Santos quiere utilizar la selección nacional en Colombia para generar un clima de unidad que ayude a promover el proceso de paz

¿Tiene el fútbol en sus manos la solución de problemas políticos y sociales como en su día lo fue el apartheid?

Solución es demasiado fuerte. No es ninguna solución. En el caso de Invictus tampoco lo fue. Fue parte de la solución, fue quizá la guinda del pastel. El deporte es una herramienta, es un factor que puede ser más o menos relevante dependiendo de las circunstancias y de cómo los políticos lo sepan utilizar.

Un político sabio sabrá canalizar las emociones intensas que genera el deporte

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar