Entrevistas

"Las FARC no queremos creer que el atentado es una estrategia de la ultraderecha"

Hablamos con Carlos Antonio Lozada, uno de los miembros del secretariado de las FARC

Imágenes de FARC

La entrevista telefónica tiene lugar a las 6 de la mañana de Bogotá. Y Carlos Antonio Lozada, uno de los nueve dirigentes del secretariado de las FARC, está más despierto que el entrevistador de PlayGround a las 13 horas de Barcelona. Se ha levantado a las tres de la madrugada. Son días trepidantes: el próximo 27 de junio debe culminar defintivamente la entrega de armas a la ONU que él mismo coordina.

Como si todavía necesitara estar alerta ante posibles ataques, como en sus días de selva y guerrilla o de doble agente de las FARC en Bogotá, reconoce que sus madrugones vienen de aquella época: "además de razones de seguridad, fue la necesidad de adelantar trabajo en esas horas tranquilas la que terminó por acostumbrarme a levantarme a estas horas".  

En el año 96, cuando era un infiltrado de la guerrilla urbana en Bogotá, los seis compañeros que hacían su mismo trabajo fueron torturados y asesinados por la policía a las afueras de la capital, en lo que se conoció como matanza de Mondoñedo. Sus cuerpos aparecieron en un vertedero y él fue el único superviviente

En la madrugada del 21 de marzo de 2012, se despertó con ruido de bombas que acabarían con la vida de 39 compañeros de la guerrilla en la frondosa selva de Arauca, en la frontera con Venezuela. De nuevo, escapó.

Pero no, esa no es su realidad hoy en día. Ya no hay bombas, ni fusiles, ni helicópteros al acecho al otro lado de su ventana en Bogotá. Porque ahora Lozada vive inmerso en reuniones con miembros del gobierno y otros actores del proceso de paz, como ya hiciera durante años en la comisión técnica que negoció en La Habana. Coordina la comunicación del grupo guerrillero en su conversión a partido político y la dejación de armas.

El principal bando enemigo de hoy en día tampoco está armado. Son lo que él llama la "ultraderecha", encarnada sobre todo en el expresidente Álvaro Uribe, principal agitador de la campaña por el "No" en el referéndum por el proceso de paz. Su partido, según Lozada, puede ser una amenaza para el proceso si en 2018 se impone en las elecciones.

—Se han denunciado retrasos graves en la implementación por parte del gobierno de los acuerdos de paz.

—El Estado está siendo incapaz de cumplir lo pactado. El poder legislativo y el judicial se están poniendo obstáculos para el desarrollo normativo y existe una oposición muy fuerte de la ultraderecha que afectan al proceso. Luego hay una desidia y una corrupción contrainsurgente que ralentiza todo. No nos ven como colombianos que han firmado un acuerdo de paz, sino como el enemigo al que hay que acabar de destruir. Pero hemos asumido la decisión de honrar los compromisos acordados.

No habrá un candidato presidencial propiamente de las FARC, sino que aspiramos a lograr una gran convergencia de movimientos políticos y sociales que garanticen un gobierno de transición

—¿Les da miedo que si los uribistas llegan al poder en 2018 el proceso de paz salte por los aires?

—Indudablemente, este sector de la ultraderecha está jugando un papel nefasto para la reconciliación después de un conflicto tan prolongado. Ya han expresado su decisión de hacer trizas el acuerdo si llegan al gobierno. A eso respondemos que, los que estamos por la paz, tenemos que seguir luchando para salir de la violencia. 

—¿En qué ejemplos concretos podemos ver los retrasos y deficiencias de las zonas veredales?

—Para empezar, se les entregó las construcciones a empresas que no tienen la capacidad ni de lo más elemental, que es construir una habitación de 4x6 metros. La calidad de los materiales no es adecuada y seis meses después de los acuerdos no hay una zona completamente terminada. En algunas no hay agua potable, ni servicios sanitarios, ni comedores. 

—¿Estas deficiencias no hacen temer que pueda haber más deserciones entre excombatientes?

Así es. Estamos haciendo un esfuerzo de pedagogía de paz visitando las zonas y dialogando con excombatientes. Nos consideramos una herramienta para la nueva organización de la sociedad a partir de los cambios por los que hemos luchado. Tenemos que trabajar en la moral de muchos combatientes que se sienten desanimados porque el Estado no está cumpliendo sus compromisos. Pero, además, tenemos a cuatro excombatientes y a ocho familiares asesinados por bandas paramilitares en lugares donde antes se daba la confrontación. Es muy preocupante y solo la cohesión puede generar en esas zonas una vida estable y digna.

La ultraderecha está jugando un papel nefasto para la reconciliación después de un conflicto tan prolongado. Ya han expresado su decisión de hacer trizas el acuerdo si llegan al gobierno

—¿Ya han pensado quiénes serán los candidatos del partido político de las FARC?

—Es un debate que trasciende a las estructuras de las FARC y se ha llevado a otros escenarios académicos, como las universidades, etc. En el congreso del partido, en agosto, se definirá la estructuración orgánica y el programa de cara a las elecciones de 2018. Por ahora no hemos abordado esta discusión. Tenemos que plantear también de qué manera vamos a participar en la elección del próximo presidente, porque no habrá un candidato presidencial propiamente de las FARC, sino que aspiramos a lograr una gran convergencia de movimientos políticos y sociales que garanticen un gobierno de transición, un espectro amplio desde la izquierda hasta el centro que sirva de muro de contención contra la embestida de la ultraderecha.

—Exmiembros del gobierno y de las FARC han comentado que el proyecto político de las FARC no será tan revolucionario como su esencia comunista. 

—La sociedad colombiana demanda unos cambios y transformaciones que ni siquiera son revolucionarios. Es tan paranoica nuestra situación que los guerrilleros terminamos luchando para que se cumpla la Constitución. Tenemos tareas largamente aplazadas de la construcción de una nación democrática de corte liberal, que no significa que dejemos nuestra aspiración revolucionaria de encontrar un modelo de sociedad distinto, que ponga en el centro al ser humano y no a los intereses del capital. 

—Usted sobrevivió a un bombardeo en 2012, cuando ya había acercamientos con el gobierno. ¿Cómo fue aquello?

—Es muy difícil expresar en palabras una situación de lluvia de bombas en la selva. Eran las dos de la madrugada, estábamos durmiendo y, de repente, empezaron a caer bombas con un resultado de 39 muertos y otros tantos heridos.

Es tan paranoica nuestra situación que los guerrilleros terminamos luchando para que se cumpla la Constitución y no por cambios revolucionarios

—Usted estuvo una parte de su carrera en la selva pero también fue agente doble de las FARC en la ciudad. ¿Cómo era su trabajo allí?

—De mis 39 años de militancia, 19 los pasé haciendo trabajo clandestino en la ciudad. Nos tocaba tener una vida paralela y aparecer como ciudadanos comunes, participar de la guerrilla urbana sin que se supiera. En el año 96, el comando de dirección de la red urbana estaba integrado por seis camaradas y yo. Por una traición, nos localizaron y detuvieron a los otros seis, que fueron torturados hasta la muerte. Imagínese, sus cadáveres incinerados en un vertedero de basura. Solo sobreviví yo a lo que se conoció como la masacrede Mondoñedo, eso marcó nuestro trabajo y tuvimos que reestructurar el trabajo urbano.

–O sea, que tiene un talento excepcional para sobrevivir a masacres.

—Yo más que talento diría disciplina rigurosa. En la ciudad, aprendimos que cada paso que diéramos había que calcularlo muy bien e ir borrando la huella de los pasos que dábamos. Eso es válido para la selva. Pero también, claro, hay un factor de suerte, sin duda podría haber perdido la vida.

—Su vida cambia radicalmente cuando se convierte en uno de los negociadores por la paz en La Habana.

—El logro más importante de esas conversaciones fue construir un nivel de confianza para suscribir un acuerdo después de 50 años de conflicto. Hubo conversaciones muy difíciles, se llega a las conversaciones con la confrontación aún reciente. Cuando hablábamos del cese al fuego o de la seguridad de los combatientes, al principio se crispaban los ánimos de los portavoces del gobierno. Hubo varios temas que tuvimos que dejar de lado y retomarlos dos o tres meses después, porque nos enfrascábamos en discusiones por una o dos palabras, por una coma, y después vimos que no era tal la importancia de aquello. Partimos con una desconfianza muy negativa que conseguimos revertir.

Claro que hubo errores y se hicieron cosas que no responden a nuestra esencia. Pero nosotros heredamos una guerra que no queríamos. Los mismos fundadores de las FARC explican que se vieron abocados a algo tan inhumano como la confrontación armada

¿Este es el fin del conflicto que deseaban?

Por supuesto que hubiéramos querido triunfar en el conflicto, pero no fue posible la victoria militar para ninguna de las dos partes. Siempre pedimos una solución política y eso lo estamos consiguiendo. Tirando de pragmatismo, unos y otros llegamos a la conclusión de que este conflicto no tenía posibilidad de solución militar.

—¿No se arrepiente de haber utilizado la violencia para alcanzar un ideal político? Las FARC cometieron muchas atrocidades....

—Claro que hubo errores y se hicieron cosas que no responden a nuestra esencia. Pero nosotros heredamos una guerra que no queríamos. Los mismos fundadores de las FARC explican que se vieron abocados a algo tan inhumano como la confrontación armada. Pero corresponde con una situación histórica.

—Ese discurso puede servir para quienes están en el campo y casi se ven obligados a tomar las armas. Pero usted, como otros miembros del secretariado con más formación, salió de la ciudad para ello, nadie le obligó.

—Sí, así es, ingresamos en las FARC con alguna militancia política anterior. Pero en aquella situación la lucha armada era la alternativa para la transformación porque se cerraban los espacios de participación política a la izquierda. De hecho, muchos compañeros de militancia cayeron años después buscando la lucha por la transformación en espacios legales. O sea, que paradójicamente, a muchos la guerrilla nos salvó la vida. 

—Las FARC han sido calificadas como grupo terrorista por 33 estados, entre ellos Colombia, Estados Unidos y los de la Unión Europea. ¿Usted se sentía terrorista? ¿Qué opinión le merece que le llamaran así?

—Siempre entendimos que esta calificación obedece a criterios políticos, pero el eje nunca fue el terrorismo indiscriminado contra la población. Éramos un ejército insurgente que logró sostenerse en condiciones muy difíciles. Obviamente, cometimos errores y fallas que lamentamos y por los que vamos a pedir perdón en las Comisiones de la Verdad.

No queremos pensar que el atentado se trata de una estrategia de la ultraderecha para generar un ambiente enrarecido

—El reciente atentado en Bogotá, así como el secuestro de dos detenidos por parte del ELN, parece que enturbia el proceso de paz aunque no estén relacionados con las FARC. 

—Es bastante alarmante la situación del centro comercial porque estamos en plena implementación de los acuerdos, sucede poco horas antes de la dejación de armas. Ese ambiente inmediatamente lo aprovecha la ultraderecha para poner en tela de juicio el proceso de paz. No queremos pensar que el atentado se trata de una estrategia de la ultraderecha para generar un ambiente enrarecido. En cuanto al ELN, deseamos que siga avanzando el proceso de paz y también que se termine de desbaratar el paramilitarismo que hay en muchas regiones y que está ganando espacio.

—¿Vuestra experiencia servirá en los diálogos de paz con el ELN?

—Somos muy respetuosos con ese proceso y creemos que el ELN tiene experiencia suficiente para gestionar su parte en las negociaciones. Por ahora hemos tenido algunas reuniones con la dirección del ELN para intercambiar visiones, a eso se ha limitado nuestra participación.

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