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Un paraíso fiscal para todos, ¿la rebelión decisiva?

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Nace Disobedience.eu, una asesoría diseñada para desobedecer a la Troika

Alba Muñoz

26 Enero 2016 06:00

Imagen de Paolo Woods y Gabriele Galimberti

Un abuelete de mi calle solía decir: “Si vas a robar, roba mucho. Porque si te quedas con poco serás una ladrona, en cambio si robas mucho serás una millonaria. ¡Sólo hace falta ser rico para que a uno le inviten a todo!”.

“¡Qué razón tiene!”, pensaba yo. Pero el abuelete nunca robó, al menos a gran escala, y a mí, francamente, sólo me faltaría eso. El mundo es un lugar injusto, señor, qué se le va a hacer.

El que más tiene es quien que menos paga y eso, al menos en materia de impuestos, no tiene discusión: todas las empresas del Ibex 35 –las que cotizan en bolsa y más liquidez poseen en España–  tienen presencia en paraísos fiscales y pagan cantidades ínfimas a Hacienda en comparación con sus ganancias. Ciudadanos, pequeños y medianos empresarios no corren la misma suerte con el fisco.

Es injusto, pero legal. Ellos se tuestan bajo el sol de una playa privada y a los demás sólo nos dejan chapotear en un río miserable. De nuevo, ¿no hay nada que hacer?

Más allá de la denuncia, existe un planteamiento novedoso, una opción aún virgen: arrastrar nuestras toallas y sillas de camping hasta la playa privada para decir “Hola, buenos días, good morning, guten morgen, nosotros también somos del club”.

Hace apenas una semana, el pasado 14 de enero, se puso en marcha Disobedience.eu, la primera consultoría de desobediencia fiscal pensada para la gente común.

Todo empezó cuando la artista Núria Güell contactó con Enric Duran, el activista conocido como el ‘Robin Hood de los bancos’ por estafar –o expropiar, según se mire– cerca de medio millón de euros a varias entidades financieras en 2008, con la intención de encontrar una forma de desobedecer a la Troika. De allí surgió una pequeña asesoría fiscal, la Troika Fiscal Desobedience Consultancy.

Una veintena de activistas europeos, y Duran desde la clandestinidad, pusieron en marcha el que puede llegar a ser el mayor hackeo al sistema financiero en Europa, al menos por parte de la ciudadanía.

 “Se trata de empezar a desobedecer a la Troika con estrategias financieras, de jugar con la legalidad como hacen las macro corporaciones neoliberales”, cuenta Güell.

La idea es imitar a Apple, Google, el Banco Santander, pero no para beneficio propio, sino “para dejar a pagar una deuda ilegítima y financiar el bien común”.

“La Troika se dedica a requisar los bienes colectivos y a privatizarlos, tiene una naturaleza colonial: todos los países que están sometidos a ella como España, Irlanda o Grecia, pierden su soberanía. Debemos crear un sistema financiero paralelo”.

Fiji, Caimán, Liechtenstein, tu casa

Si estuviéramos ante un problema de matemáticas, el enunciado sería el siguiente: pongamos que a Juan el balance del último trimestre le sale a deber 2.000 euros de IVA. Juan mandará un mail a Disobedience.eu con la cantidad que se desea desobedecer (2.000 euros) y ellos le facilitarán una factura que balance ese importe.

Juan pagará un 8% por el servicio: gastos de gestión (1%) y una aportación a un fondo común (7%). “El resto (92%), aunque conste que lo ha abonado, no se le cobrará. Que yo sepa, perdonar una deuda no es delito”, dice Güell.

Así, Juan posee una factura en la que consta que ha hecho un pago en impuestos en España, aunque en realidad no sea así.

“En la UE hay libre comercio, pero en la práctica no hay una política fiscal común, y la justicia no está integrada. A los países les resulta muy difícil obtener información del resto. Las grandes empresas se benefician de ello, así que los ciudadanos de a pie también podemos hacerlo. Para la administración del país donde está la consultoría sería muy difícil saber que no se ha cobrado esa factura”.

Juan ha evadido unos impuestos imitando el mecanismo de las grandes multinacionales, pero con otro fin.

“El 92% del dinero es suyo. La idea es que pueda destinarlo a financiar proyectos por el bien común, cada vez más abandonados por los estados o privatizados”. Por ejemplo, una red de apoyo a los refugiados o escuelas libres.

Disobedience.eu se ha inspirado en la Cooperativa Integran Catalana y el Colectivo Derecho de Rebelión, y estará vinculada a la cooperativa internacional Fair Coop. Por ello Güell asegura que habrá un rápido crecimiento de clientes, proyectos y colectivos afines: “El destino del dinero depende cada uno. No se vigilará ni comprobará a qué se dedica”.

¿No es esta una forma buenista de evasión fiscal? ¿Cómo evitar que los evasores “deshonestos” utilicen esta herramienta?

Los activistas filtran a sus clientes: “Si un empresario capitalista quiere utilizar este servicio para evadir impuestos, se le negará. En cambio, ya se ha aceptado como clientes a un grupo de abogados con vocación social”.

Gandhi contra Starbucks

La iniciativa de desobeciencia fiscal ha despertado interés, pero también un miedo comprensible a posibles problemas legales. Güell afirma que los activistas involucrados lo tienen todo bien atado: “Los únicos que corren un verdadero riesgo son quienes pusieron su nombre para constituir la empresa, pero son insolventes, y eso les protege”.

 A lo largo de la historia son numerosos los ejemplos de desobediencia económica. “Desde el motín del té en Colonia, Estados Unidos, en 1773 hasta la marcha de la sal de Mahatma Gandhi en 1930". Aunque también hay ejemplos mucho más recientes:

En 2015 los vecinos de Crickhowell, un pueblo de Gales, se hartaron de pagar muchos más impuestos que Starbucks y decidieron declararse como municipio libre de tasas y crear una empresa en las Islas Caimán: “Iniciaron una acción colectiva de desobeciencia fiscal, y desde entonces el Estado no ha podido hacer nada”.

Entre los activistas de Disobedience.eu es más fuerte la certeza de estar atacando la médula del sistema que el miedo a posibles repercusiones. Es más, para Güell es más política la desobediencia económica que votar en unas elecciones democráticas:

“Si no tenemos autonomía respecto a la Troika y los mercados, no hay forma de avanzar por muchas iniciativas que pongamos en marcha. El límite son ellos, porque están por encima de la democracia. El dictador sólo es dictador si tiene súbditos, desobedecer es la única vía que nos queda. Es más, la desobeciencia es intrínseca a la democracia”.

El verdadero escollo de la iniciativa es superar los entornos activistas y las minorías más politizadas y extenderse entre toda la población. 

"Explotación laboral, no llegar a fin de mes, píldoras de todos los colores para las depresiones, suicidios diarios por desalojos, embargo o falta de sentido y concertinas que matan en unas ficticias líneas divisorias. ¿Por qué dedicar tu vida a alimentar esa maquinaria que sólo beneficia a la misma minoría?", se pregunta Güell.

"Solo hace falta abrir los ojos para darse cuenta que Europa es una callejón sin salida entre los tecnócratas de la Troika y los nacionalistas antiinmigración. La Unión Europea no es más que un plan financiero para depredar la riqueza social y empobrecer a los trabajadores, un conjunto de delitos financieros legalizados que actúa como trasvase de los ingresos de los ciudadanos a los bancos y grandes corporaciones". Y como tal, la respuesta debe ser colectiva y en el ámbito financiero.

"Como nos advirtió Aristóteles, la política no es gestionar la cosa pública, sino que son nuestras acciones del día a día las que hacen política".





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