Entrevistas

Militar y líder de un movimiento anti-Trump: hablamos con Pam Campos

"Si Trump se enfada por un tuit y vamos a la guerra, irán mis amigos"

Fotos de Guillem Sartorio.

Pamela Campos llega a la estación de metro de Union Station, frente al Capitolio, arrastrando una gran maleta negra. "Está todo lleno de gorras rojas", dice en referencia a los seguidores de Donald Trump, que han llegado desde ciudades lejanas para asistir a la ceremonia de inauguración en Washington.

El centro del poder político de Estados Unidos está lleno de familias blancas que pasean tranquilamente como si no hubieran estado allí antes: señalan columnas, posan frente a inmensas banderas desplegadas para la ocasión; son turistas en su propio país, pero están invitados a los festejos. Pamela, en cambio, no. Al menos así lo siente ella: "Donde ellos viven no hay ni un solo afroameriano, ni un solo latino. Es muy fuerte estar aquí".

Pamela, Pam, es veterana del ejército de los Estados Unidos, de las fuerzas aéreas. Nació en Boston hace 29 años y representa un sector militar muy crítico con Donald Trump. Desde que empezó la campaña electoral, el nuevo presidente ha despertado dilemas y disidencias dentro del estamento militar. En la Women's March, que se celebra mañana, habrá militares marchando contra el nuevo presidente, en buena medida gracias a Pam.

¿Cómo llegó tu madre desde Honduras?

Mi mamá jugaba al baloncesto profesional en Honduras y Guatemala. Se quedó embarazada y tuvo que tomar la decisión de seguir con su carrera o darme una vida mejor. Y eligió lo segundo, y vino en 1987. Estaba embarazada de ocho meses. Yo nací aquí.

¿Vino sola?

Solita. Sé que fue muy difícil para ella. No habla mucho de esa etapa de su vida, pero siempre me recuerda que fue un sacrificio muy grande. Consiguió ser ciudadana americana cuando yo tenía 12 años.

¿Cómo fue tu infancia en Boston?

Cuando era chiquita tenía amigos de muy distintos orígenes: musulmanes, afroamericanos, otros latinos… Era un barrio muy diverso. Pero a los 10 años entré en un programa educativo y eso hizo que me mudara a un barrio de clase alta y blanco. Fue muy difícil para mí.

¿Por qué motivo?

No había otros hispanohablantes. Yo venía de una familia trabajadora, no rica. Los demás tenían padres que eran abogados, políticos, tenían acceso y dinero. Mi madre era una humilde enfermera. Yo sabía que no tenía las mismas oportunidades, por eso mi madre pensó en el ejército.

¿Conocía algún militar?

No conocíamos a nadie en el ejército americano. Ni siquiera entendíamos cuáles eran los beneficios de enrolarse, pero un día alguien de la escuela le dijo a mi mamá que yo no iba a llegar a la universidad, que no iba a triunfar, que no lo intentara. Esa fue su motivación. Recuerdo que me dijo: "No quiero que te desperdicies". Por eso me alisté.

¿No tenías miedo?

Con solo 19 años, tenía miedo, pero de la gente, de que no me fueran a aceptar como mujer y latina. Cuando fui al campo de entremaniemto me dije: ¡esto no es tan difícil! Solo tenia el sentimiento de que no me iban a aceptar.

¿Y qué encontraste?

Algunos no me aceptaron, pero no fueron todos. Pronto demostré lo que podía hacer. Logré mucho en muy poco tiempo, pero al mismo tiempo me sentía muy sola.

¿Dónde hiciste carrera?

Estuve en Nueva Jersey, Alemania, Kurdistán, Irak, Afganistán. Me cambió la vida.

¿En qué consistía tu trabajo?

Se llama analista de inteligencia. Yo trabajaba con pilotos. Les contaba qué podía suceder en sus misiones, hacía investigación…

¿Qué es lo que más te gusta del ejército y lo que menos?

Lo que más me gusta es la oportunidad de conocer a gente de todo el mundo, y la responsabilidad de ser ciudadana de esta patria. Poder representarla con responsabilidad y cariño, sentir ese orgullo al ponerme el uniforme. Lo que menos… El reto más grande para mí fue ser mujer.

¿Por qué?

Yo tenía ideas y quería hacer las cosas diferentes, pero el ejército no es el lugar para eso. Quieren que todo siga siempre igual. Fue difícil saber que mis ideas no podían ser escuchadas.

Háblame del machismo en el ejército.

Hay mucho hombre, el machismo está ahí. Cuando era más joven se me hizo muy cuesta arriba, yo sabía que determinado comportamiento no era correcto, pero estaba sola. Si una dice, "¡espera, eso no está bien!", después sigues estando sola en un cuarto lleno de hombres. He visto mucho abuso, y no solo a mujeres.

¿En qué momento empezaste a ser crítica con el ejército?

Había una regla, don’t ask, don’t tell, sobre las preferencias sexuales de los soldados. Era un tema tabú, nadie podría hablar sobre sexualidad porque eso generaba problemas. También me sobrepasó el hecho de que denunciar un abuso sexual sea tan difícil.

Una de cada tres mujeres soldado han sufrido abusos, según datos de Pentágono , pero la mayoría de las víctimas son hombres. Sin embargo, el 70% de los casos nunca se denuncian. ¿A qué se debe?

Quizá es alguien con el que trabajas, con quien tienes que llevar a cabo una misión: denunciarlo es un problema. Por eso empecé a estudiar ciencias políticas. Quería entender quién crea reglamentos como don’t ask, don’t tell, quién decide. A partir de ahí entré en contacto con el feminismo y la teoría de género.

¿Cómo crees que se aborda el tema de las violaciones en el ejército?

El nuevo presidente de los Estados Unidos no se toma en serio los abusos sexuales. Los progresos que se han hecho están en peligro.

Había una regla, don’t ask, don’t tell, sobre las preferencias sexuales de los soldados. Era un tema tabú, nadie podría hablar sobre sexualidad porque eso generaba problemas

Militares progresistas. ¿Quiénes sois?

Durante la pasada campaña presidencial se habló mucho de los veteranos, de pronto nos prestaban atención. Por primera vez sentimos una llamada a la acción.

¿Por qué?

Muchas de las declaraciones de Trump son de odio, horribles. Contra las mujeres, los latinos, los musulmanes, los homosexuales. Por eso creamos Vet vs Hate, veteranos progresistas. Somos militares de todas las razas, identidades y religiones. Vamos a participar en la Women’s March porque queremos ser escuchados, especialmente las mujeres. Cuando hablan del ejército, nunca hablan de nosotras. Olvidan que estamos ahí. Imagínate lo que puede llegar a ser esta nueva etapa para muchas de nosotras.

¿A qué te refieres?

Imagina a una mujer homosexual, latina, que va a tener que ir al trabajo todos los días y ver la fotografía de Trump en lo alto. Él, que dijo cosas horribles de ella. En todos los edificios militares hay una foto de nuestro Commander and Chief. Cuando pienso en ese momento, me duele.

Lanzaste una campaña de crowdfunding para financiar el desplazamiento de veteranas y veteranos a la manifestación. Conseguiste más de 10.000 dólares.  

El movimiento de Vet vs Hate empezó el año pasado, se han hecho otras acciones contra Trump, pero esta manifestación es nuestra mayor misión.

Trump habló de veteranos en una convención. Los medios criticaron que se riera del síndrome de estrés post traumático. En realidad no se burló, como muchos medios se encargaron de difundir.

Yo estaba allí. Todos, no importa a qué partido votamos, sentimos un cuchillo en el corazón. Este hombre no nos conoce, no sabe qué es lo que pasamos, pero aparenta que nos conoce.

¿Crees que la mayoría del ejército apoya a Trump?

Military Times se hizo una encuesta entre soldados femeninas en activo: el 55% de ellas dijo que tienen miedo de él y de cómo puede afectar a la misión y a sus vidas. Yo también me siento así.

Creo que va a haber un choque. Hay soldados que apoyan al presidente y otros que no. Creo que los movimientos sociales, también los que formamos los veteranos, ayudaremos en ello

¿Crees que Trump es peligroso para la seguridad de tu país y en política exterior?

Es peligroso. Trump no es un político. Si este hombre se enfada por un Tweet y nos lleva a la guerra, los que van a ir serán mis amigos, mi gente. Yo sé lo que se siente. La pulsera que llevo es de un amigo que cayó el año pasado.

Por otro lado, estamos en guerra desde hace más de 10 años, en Afganistán, ¿cuándo van a acabar? Eso nos preocupa mucho. El nuevo gobierno es una amenaza.

¿Qué crees que piensan los altos mandos del ejército?

Solo sé somos nosotros, los alistados, los que estamos más activos en la política. Más que nunca en los Estados Unidos y en el mundo, la opinión pública tiene una fuerza que no tenía antes. Yo creo que los altos mandos tienen que hacer su trabajo, pero vamos a ser nosotros los que de verdad vamos a empujar.

Hay un dilema ahí. Los soldados politizados y progresistas defendéis unos valores y libertades, la Constitución. Al mismo tiempo estaréis bajo el mando de un presidente que, en vuestra opinión, ataca esos valores y derechos.

Creo que va a haber un choque. Hay soldados que apoyan al presidente y otros que no. Creo que los movimientos sociales, también los que formamos los veteranos, ayudaremos en ello.

¿Crees que puede haber deserciones?

Es posible. Por eso la marcha de mujeres es tan importante. Trump tiene que escuchar las voces de los que vamos a tener que ir a pelear a estas guerras. Si quiere que vayamos, va a tener que escucharnos. Y somos diversos. Hay mujeres, y gente de otros países.

Votaste a Hillary. Cuando fue secretaria de Estado, ella apoyó el golpe militar contra el presidente de Honduras, Manuel Zelaya. Es el ex presidente país de tu madre, tus orígenes. Y causa de buena parte de la la violencia que arrasa el país.

Tengo mis opiniones personales. Creo Hillary es un ejemplo tremendo para muchas mujeres, pero yo apuesto por la paz, y he criticado algunas de sus decisiones.

¿Por qué crees que tantas mujeres blancas votaron a Trump?

Conozco a muchas blancas que votaron por Trump. Me han dicho que lo hicieron porque pusieron a sus familias primero, se rindieron a su mensaje sobre la economía, a la idea de que es un hombre de negocios. Estas mujeres viven en ciudades muy pobres. Mi proyecto personal es tratar de entender mejor a la gente que ha votado por él, yo no creo que seamos tan diferentes, vivimos en el mismo país.

Se habla de un American way of life perdido, de un tiempo pasado que fue mejor, de un tejido industrial que desapareció.

Con Obama hubo mucho progreso, muchas cosas buenas pasaron. Pero hay una parte de la población que se sintió enojada con ese progreso. Sintieron que los dejaron atrás. El odio que ha generado la campaña los agarró. Y no podemos normalizar este odio.

¿Te gustaría que hubiera una candidata latina o negra?

Sí. Estamos en una etapa en la que mucha gente que nunca había sido partícipe de la política está activa. Creo que cualquier candidato necesita entender las necesidades de todos los sectores. Esto nos enseña que las mujeres no pueden ignorarse, que son líderes y que van a cambiar este país. Esa es mi esperanza.

Están tratando de averiguar los nombres de las personas que trabajamos en asuntos de género y feministas. Están buscando a gente que no está en su línea, que les dará problemas. Es una amenaza a nuestras libertades

¿Crees que el feminismo blanco peca de elitismo?

Por supuesto. El privilegio impide hacer preguntas, de aprender del otro. Pero hay muchas mujeres blancas tan dolidas con los resultados electorales que se están levantando y escuchando a las demás. Esto está pasando en la marcha, y espero que suceda después.

La comunidad latina, los migrantes latinos, ¿tienen miedo?

Hay miedo, pero es un miedo a otro nivel. Nosotros ya hemos vivido el miedo por muchos años. El monstruo ya nos enseñó sus dientes, siempre los tenemos en la cara, ¿qué más puede pasar?

Trump ha pedido una identificación del personal público que trabaja en asuntos de género y los derechos de las mujeres. ¿Lo percibes como una amenaza?

Sí. Nos pone nerviosos. Están tratando de averiguar los nombres de las personas que trabajamos en asuntos de género y feministas. Están buscando a gente que no está en su línea, que les dará problemas. Es una amenaza a nuestras libertades.

Dices que la victoria de Trump te ha cambiado la vida. ¿En qué sentido?

Va a ser un reto mirarnos los unos a los otros y vernos otra vez, sentirnos menos lejos. La victoria de Trump ha sido un susto, me ha impactado. Pero nunca pensé que estaría haciendo esto, que haríamos están gran manifestación, que reuniría a 400 familias de veteranos. Aunque es un cambio horrible y vergonzoso, me siento responsable de actuar para que nadie piense que este odio es normal.

 

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