Entrevistas

“Los monopolios digitales se están beneficiando de la difusión de la cultura”

Entrevistamos a Podemos Cultura

El pasado jueves 22 de enero se presentó el documento “La Cultura Que Podemos”, la primera aportación al debate cultural y programático del círculo de Podemos Cultura. Conversamos con dos participantes del círculo. Jazmín Beirak y Eduardo Maura, que participa también el consejo ciudadano estatal de Podemos.

1.- Presentáis un documento trabajado durante muchos meses, lo primero que nos gustaría saber es cómo ha sido el proceso de elaboración y de qué bases habéis partido.

Eduardo Maura: Se decidió crear un documento marco que nos sirviera para identificar una serie de líneas generales en torno a las cuales articular posteriormente una serie de propuestas más concretas.

Jazmín Beirak: Ha sido un intenso trabajo discutido y aprobado por el círculo de Cultura, compuesto por más de 300 personas. Han participado en su redacción personas del mundo de la edición, de la gestión cultural, del teatro, el cine y la música, expertas en patrimonio o guionistas. Y de las cosas que más nos enorgullece es que en todos casos ha habido un esfuerzo para salir del ámbito exclusivo de cada sector particular.

2.- El documento plantea un asunto central que lo atraviesa que es la idea de una doble independencia, tanto del mercado como del estado. ¿Por qué habéis elegido este enfoque?

JB: Queremos romper con una dicotomía que ha marcado tradicionalmente la relación entre política y cultura: la privatización de la cultura y su abandono a las reglas del mercado versus una política institucionalizada que en sus actuaciones predetermina lo que la cultura debe ser, además de ponerla al servicio de intereses cortoplacistas. En el primer caso los problemas vendrían por un abandono de la cultura a las lógicas y dinámicas de mercado, es decir, a la supervivencia en condiciones a veces tremendas. En el segundo, vendrían por una excesiva intervención y dependencia institucional que provoca un control y gobierno de las prácticas culturales, amén de la consolidación de redes clientelares en torno a los recursos públicos. Se necesitan recursos y se necesita independencia. O mejor dicho, se necesitan recursos que estimulen la independencia.

EM: Sí, por eso hablamos de independencia tanto del mercado y sus oligopolios como del Estado. Frente a un modelo de institucionalización cultural fuertemente dependiente de las administraciones públicas, se propone un modelo que fomente el pluralismo y la creación independiente. Planteamos que la cultura es un derecho y un bien común y que, por tanto, las instituciones tienen la obligación de garantizar el acceso a la cultura y a la producción cultural. La intervención pública debe servir para la construcción de un espacio cultural sostenible e independiente.

JB: Pero esto no significa que deba desaparecer financiación pública de la cultura. En absoluto. Decimos que las instituciones tienen una obligación irrenunciable, más aún cuando muchas de sus manifestaciones son deficitarias en términos económicos. La inversión pública tiene que servir para contribuir a que los proyectos sean sostenibles a medio y largo plazo. Basta ya de inversiones cortoplacistas en cultura como resultado de amiguísimos o, simplemente, porque hay que hacer un acuerdo con determinado país. Deben hacerse con criterio. Deben pensarse a largo plazo.

3.- ¿Cómo se traducen en políticas concretas estos dos principios? ¿Que tipo de regulaciones concretas estáis pensando?

JB: Fundamentalmente es garantizar el acceso a la cultura y a la producción cultural. ¿Qué significa esto? Que lo que ha existido sea accesible, que lo que existe cuente con las condiciones necesarias para continuar haciéndolo y que lo que aún no existe pueda ser impulsado. Una política que empuje, conecte y visibilice, sin condicionar, las prácticas  existentes garantizando que cuentan con los marcos legales y las  condiciones materiales necesarias para su desarrollo.

EM: Puestos a proponer, consideramos que debe existir un plan integral para que los profesionales de la cultura puedan vivir dignamente. Debemos desarrollar un marco reglamentario adecuado a los diferentes sectores culturales y desplegar un aparato legislativo unificado que aporte consistencia, coherencia y continuidad. Esto pasa, entre otras medidas, por adaptar el régimen fiscal y laboral a las particularidades del sector y estudiar regímenes laborales específicos adecuados a las particularidades del trabajo cultural. Además, hay que reducir el IVA cultural para facilitar el acceso a la cultura, ayudar a que bajen los precios y a que aumenten los ingresos de los profesionales incrementando la demanda y su margen. También hay que debatir y replantear la Ley de Propiedad Intelectual, ofrecer licencias flexibles, dar libertad a los autores y que ellos sean los que realmente controlen sus derechos de autor. No imponer cánones indiscriminados, universales y, como ocurrió con el canon digital, contrario a la normativa europea, tal como señaló el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en octubre de 2010. Es importante que el dinero de la cultura alimente a la cultura, y que los ingresos que se obtienen por derechos de autor no atribuibles reviertan en el conjunto de los creadores, y no sólo en unos pocos. Por último, incentivar el micro-mecenazgo y otras fórmulas de mecenazgo mejores que las actuales.

Algunas personas que trabajamos en Podemos, y muchas más que simpatizan con Podemos, hemos tenido que ver con la cultura indie

4.- Otra de las ideas que lo atraviesan es la de instituciones de retaguardia, de sostén y de proliferación, ¿qué hay detrás de esas idea?

JB: La idea de proliferación es una idea que subyace en las propuestas que planteamos. Una política cultural ha de hacerse cargo de que la cultura es algo inabarcable tanto en sus manifestaciones como en sus efectos. Por ello, su intervención tendría que ver con facilitar su proliferación. Proliferación en escalas, en tiempos, en contenidos, en modos de producción y distribución, en públicos o en formatos. Pensar en un marco proclive a esta proliferación de experiencias y prácticas culturales es lo que lleva a tratar de ubicar un modelo de política cultural diferente.

EM: Las instituciones de retaguardia tienen que ver con el modelo de política de empuje que proponemos. En este sentido, unas instituciones coherentes con este planteamiento han de ser herramientas flexibles de escucha, capaces de incorporar las demandas y propuestas de la ciudadanía. A esto llamamos instituciones de retaguardia, que bien podrían ser políticas de retaguardia, es decir, que las instituciones públicas sean capaces de leer, de identificar, reconocer y apoyar las prácticas y manifestaciones culturales que existen.

JB: En realidad todo esto tiene que ver con algo que excede al ámbito específico de la cultura, o al menos al de la cultura como sector profesional. Somos una sociedad madura democráticamente, aunque algunas instituciones aún no se hayan adaptado a ello.

5.- Podemos ha planteado desde el principio la necesidad de construir una nueva cultura política en términos de hegemonía, ¿qué significa para Podemos Cultura ésta idea de hegemonía y cómo se trabaja en términos concretos?

JB: Cuando pensamos en la relación entre la cultura y la política, o cuando hablamos de politizar la cultura, no se trata de la cultura como expresión de unos principios ideológicos o programáticos, sino de la cultura como campo abierto de reconfiguración de lo existente. La  cultura como algo que puede contribuir a la problematización de lo que somos y hacemos y, por su parte, lo político como aquello que  posibilita la transformación del entramado cultural en el que vivimos.  

EM: Trabajamos la cuestión de la hegemonía tratando de generar nuevos espacios e identificaciones abiertas, promoviendo encuentros que desde puntos de vista meramente económicos o de interés sectorial serían imposibles, así como de nuevos marcos capaces de contrarrestar las inercias de los últimos treinta años. Todo ello en el marco de una intervención en el campo de las batallas culturales de nuestro presente destinada a la construcción de nuevas identidades políticas.

6.- La aparición de Podemos Cultura está atravesada por un debate sobre la cultura que tendría, también, dos principios. Uno es el de Cultura de la Transición y otro es el de Cultura Hipster. Parece que vuestro documento rompe con ambas, ¿qué lectura hacéis de estas narrativas culturales?

EM: Podemos nace de una nueva problematización y cuestionamiento de las insuficiencias históricas de la izquierda tradicional a la hora de usar nuevos lenguajes y marcos comunicativos (una limitación fundamental desde la Transición) y de jugar en el difícil y fragmentado terreno de la nueva lógica mediática e industrial-cultural. También emerge en una coyuntura de "crisis orgánica" del Régimen del 78, con la consecuente deslegitimación de sus valores, sus instituciones y sus explicaciones de las cosas que nos pasan. Quienes nos hemos dedicado a labores culturales en Podemos hemos estado de acuerdo desde el principio en que debíamos conectar a Podemos con la crítica de la “Cultura de la Transición” y su llamada edulcorada al “consenso”. No es nuestra intención hacerlo en nombre del conflicto, aunque no lo rehuimos, sino de la necesidad de una narrativa diferente en la que lo posible no coincida exactamente con lo que ya hay.

JB: Por el lado hipster, lo cierto es que ha habido un debate al respecto, aunque no queremos entenderlo en términos de “cultura hipster individualista hiper-consumista” vs “prácticas comunitarias de socialización y conflicto”. No nos convence ese marco ni tampoco los polos imaginarios que lo configuran. Parece claro que no puede prescindirse de la dimensión individual e individualizadora de la cultura, pero tampoco de su evidente dimensión colectiva.

EM: En ese sentido que menciona Jazmín, el trabajo hegemónico de Podemos no puede reducirse a proyectar una identidad definida o un sujeto compacto, individual o colectivo, sino que tiene que ver con un conjunto amplio de operaciones en una sociedad intensamente fragmentada. 

7.- Sin embargo, Podemos aspira a un proyecto político de mayorías sociales que incluyen a personas atravesadas tanto por esa cultura de la transición como por esa noción de cultura hipster, ¿qué relación o que puentes se pueden establecer para construir esa mayoría? 

EM: Trabajamos siempre con lo que ya hay y es fundamental salir de la zona de confort en la que a veces nos refugiamos en momento de repliegue político: las contraculturas, los espacios periféricos, los márgenes, etc. 

JB: De acuerdo con lo que dice Eduardo, independientemente de que también se trate de procesos muy relevantes y políticamente necesarios que deben cuidarse y estudiarse. Pero por otro lado, también hay que pensar que las mayorías sociales no solo se construyen en el campo simbólico de la cultura. La Cultura de la Transición ha caducado porque el pacto social —y material— que la sostenía se ha roto. En este sentido las mayorías sociales se piensan también desde las condiciones materiales. En este momento estamos en un momento muy favorable para construir puentes y relaciones entre ámbitos que quizás antes estaban más desagregados.

EM: Está claro. La mayor parte de la ciudadanía tenemos una educación sentimental vinculada con la Cultura de la Transición ampliamente entendida. Debemos abordar ese debate-combate sin caer en la jerga de la autenticidad ("verdaderas culturas desde abajo" vs "los 40, la CT y Gran Hermano"), fundamentalmente porque esta "autenticidad" también es una construcción simbólica, una por cierto no demasiado "ciudadana" o capaz de articular mayorías sociales. Por eso hemos insistido en que  no se trata de empezar todo de nuevo, sino de comprender qué aspectos de la Transición siguen valiéndonos  para identificar y resolver nuestros problemas. Igualmente, algunas personas que trabajamos en Podemos, y muchas más que simpatizan con Podemos, hemos tenido que ver con la cultura indie. Fue el campo cultural en el que crecimos y tuvimos un parte importante de nuestras experiencias individuales y colectivas. ¿Es posible trabajar con estos elementos culturales? Desde luego que sí. 

8.- Pasemos al escenario digital y sus retos. En el documento se habla tanto de regulación de las entidades de gestión de derechos de autor como de garantizar el acceso a la cultura, ¿cómo os planteáis ese reto?  

JB: Decíamos antes que las instituciones deben garantizar tanto el acceso a la cultura como a la producción cultural. Ponemos el énfasis en la accesibilidad y en la sostenibilidad. Nuestra línea de trabajo es que los profesionales de la cultura, como cualquiera de otro ámbito, reciban una remuneración digna, y que la ciudadanía tenga acceso a la cultura. Deshacer el aparente antagonismo que hay entre "creadores" y "consumidores". A partir de aquí, queda ponerse a hablar en serio, suavizar el debate y buscar soluciones que garanticen tanto el reconocimiento económico del trabajo de los profesionales como el acceso a la cultura por parte de la ciudadanía

EM: Las entidades de gestión son necesarias, pero la cuestión es que funcionen bien y en base a principios diferentes. Es fundamental (1) reivindicar la transparencia del repertorio para evitar especulaciones y desviaciones de dinero; (2) recaudar sólo cuando la obra dé lugar a un incremento económico; (3) fomentar una distribución equitativa de los ingresos. Es decir, que las remuneraciones deben ser canalizadas para que lleguen al  autor de una forma racional y equilibrada.

Es increíble que en España la política de grandes eventos y producciones culturales haya dedicado, de cada cien euros de inversión, noventa y nueve a construir el edificio y solamente uno a pensar las políticas culturales

9.- Nos encontramos en un contexto de nuevos monopolios digitales que están construyendo ya hoy una determinada economía política de la cultura y el conocimiento, ¿cómo analizáis este fenómeno?  

EM: Los monopolios digitales están quedando impunes ante el conflicto del acceso a la cultura. Incluso Google aparece en los medios como una víctima de la nueva Ley de Propiedad Intelectual. Estos monopolios se están  beneficiando en la actualidad de la difusión de la cultura. Sin embargo, no reportan la cantidad correspondiente a los autores, y lo que es peor, nadie se la reclama, como también sucede con las operadoras de  telefonía e internet. Por otro lado, es muy difícil escapar de la política monopolística que se ha ejercido en el sector.

JB: Señalar y denunciar este hecho sería un punto muy importante. Sería importante continuar investigando y fomentando vías alternativas para evitar que estos monopolios no tengan tanto control, para abrir así nuevos espacios de desarrollo en la red ajenos al control de los gigantes digitales.

10.- El próximo día 31 Podemos ha lanzado su “Marcha por el cambio” ¿cómo debemos entender la idea de la marcha desde un punto de vista cultural? ¿Qué significa culturalmente? 

EM: De la marcha del 31-E destacaría al menos dos aspectos: el primero es que se trata de una marcha marcadamente ciudadana en la que la gente está produciendo sus propias imágenes, vídeos, soportes, mensajes, cortejos y adornos, lo cual la aleja de las manifestaciones tradicionales de los partidos políticos. En segundo lugar, el mensaje es sencillo: “una mayoría social quiere el cambio, pero el cambio político no lo va a traer Podemos, sino la gente”. Esto significa que no salimos a pedirle nada al gobierno. No acudimos como grupo de interés social, político o profesional afectado por una u otra medida, aunque todos pertenezcamos a sectores golpeados por las políticas del gobierno. Por esto no van a venir solamente votantes o simpatizantes de Podemos, sino mucha más gente, y por este motivo esperamos que el sábado 31 de enero sea una ocasión tanto para reflejar las ganas de cambio que ya existen, como para construir ciudadanía y pueblo a partir de esta demanda común. Una de las implicaciones culturales del 31-E es precisamente que resignifica y revitaliza, cuando no inaugura, esta clase de cultura política ciudadana dentro del campo institucional en nuestro país.

11.- Hagamos política ficción. Podemos es gobierno, ¿cómo os imagináis un festival de cine, de música o la feria del libro?

EM: En primer lugar, es increíble que en España la política de grandes eventos y producciones culturales haya dedicado, de cada cien euros de inversión, noventa y nueve a construir el edificio y solamente uno a pensar las políticas culturales, los contenidos, la manera de construir tejido cultural y profesional, etc. Por eso tenemos ciudades de las artes vacías y edificios y empresas culturales en quiebra. Por eso teníamos centenares de festivales de música que no han podido mantenerse. Desde una posición de gobierno, se me ocurre un festival en el que el espacio sirva para recoger lo que ya está pasando en la zona donde se celebra y a empujar para que sucedan esas y otras muchas cosas cuando el festival pase. No pienso solamente en manifestaciones culturales locales, que también, sino en la producción de cultura en general.

JB: Tampoco me imagino uno, y por eso mismo entiendo que su manifestación concreta debe ser infinitamente variada. Siguiendo a Eduardo, desde una posición de gobierno lo ideal sería no prescribir cómo de ser un festival o feria, sino ser capaces de reconocer los circuitos que existen y poner recursos a su disposición de manera que puedan existir en mejores condiciones, que puedan escalar y que aquello que generen pueda ser accesible —como retorno social— a los sectores que no necesariamente pertenezcan a dicho circuito.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar