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El hombre sin miedo que surfeó la ola más grande del mundo

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Hablamos con Sebastian Steudtner, el surfero alemán que ha conseguido dominar Nazaré

Rafa Martí

06 Noviembre 2015 06:00

El pasado 27 de octubre Sebastian Steudtner, de 23 años, se levantó temprano en su apartamento de Nazaré, en Portugal. Después de unos intensos ejercicios matinales, comió un buen desayuno con su equipo, otros surferos. Mientras desayunaba, tenía el portátil abierto con las previsiones de Wind Gurú y un par de páginas web más.

Aquel día, las condiciones meteorológicas precedidas de una fuerte borrasca iban a provocar olas de más de 30 metros de altura frente al faro portugués. Y ese era el día de Sebastian Steudtner, el hombre que ha batido el récord de Garrett McNamara a surfear la ola más grande del planeta.



Alrededor del mediodía, como había hecho los días anteriores, se fue al mar con su equipo. Le acercaron en moto de agua hasta el punto donde se forma la ola. Una vez ahí, esperó en tensa calma:

"Para mí fue un momento muy especial. Había estado dos veces ya en Nazaré entrenando y familiarizándome con la ola. Entonces llegó el momento. En ese instante no piensas en nada más que surfear. Tienes a un equipo en el que confías y has estado entrenando duro para esto. El miedo no existe".



Sebastian Steudtner surfeando, por Fred Pompermayer

Sus sentimientos en ese instante, según cuenta, eran una mezcla de sentir la belleza y estar excitado. Y, como repite varias veces durante la entrevista, mientras las inmensas masas de agua pasaban por debajo de su tabla, el miedo se había ido:

"Es como estar en una pelea. Antes de la pelea tienes mucha ansiedad, pero cuando estás en medio de la pelea solo piensas en qué golpe dar. No piensas que la ola te va a matar. Solo piensas cual de las próximas tres olas vas a coger. Miras su forma, por dónde entrarás... No tienes tiempo para pensar en nada más".

"Puedo entender el miedo como respeto a algo peligroso, y hay que tenerlo, pero no como pánico", añade.


Puedo entender el miedo como respeto a algo peligroso, nunca como pánico



Sebastian ya había visto su ola. Entonces, le dio una señal a su compañero que estaba en la moto de agua y este aceleró rápidamente por la cresta. Agarrado a un cabo, cuando la moto le había proporcionado algo de velocidad, Sebastian se puso de pie y se soltó.

Ya estaba solo.

En ese momento sintió toda la energía de una ola que forma una superfície de agua casi tan dura como el hormigón. La velocidad del tubo hacía que el agua fuese nítida y consistente.

En poco más de 30 segundos, haciendo una fuerza inhumana con sus cuádriceps para domar el mar debajo de su tabla y mantener el equilibrio y la trayectoria, había surfeado la ola más grande del mundo. Con ello había ganado el premio a la mejor ola gigante del año del circuito Billabong XXL.



La ola más grande del mundo, en Nazaré, Portugal

La pasión de Sebastian por el surf podría haber sido la de un esquimal por el desierto. Sebastian nació en Nuremberg, en el centro de Alemania. Allí solo había un lago y montañas. El lago, al menos, le permitió aprender a hacer windsurf. Se le daba bien y viajó a Hawaii para entrenar.

Sin embargo, allí conoció su verdadera pasión y decidió quitarle la vela a la tabla. Desde el principio de su estancia en Hawaii conoció a un surfero local que se dedicaba a surfear olas gigantes: "Fue una especie de padre para mí. Comencé a salir con sus amigos y una vez estaba en el grupo me llevaron a surfear olas grandes. Era algo que realmente comencé a disfrutar: a mí me gusta mucho la velocidad y sentir mucho la energía de una ola grande".


Su obesión por surfear la ola de Nazaré era simplemente saciar el ansia probar con la ola más grande del mundo.



Desde entonces se especializó en esta modalidad del surf, que requiere una técnica específica y muy diferente a la del surf tradicional: "Tienes skaters que hacen half-pipe y otros que hacen street-ride. Lo mismo pasa con el surf".

Su obesión por surfear la ola de Nazaré era simplemente saciar el ansia probar con la ola más grande del mundo. "A mí me gusta surfear y me gustan las olas. Y, como es natural, me gustaba ir a la ola más grande del mundo", dice.

Él reconoce que hace esto solo por sentirse libre y estar en el océano. Nada más. Su única filosofía es no tener a un jefe que le diga qué tiene que hacer y pasarse la vida en la naturaleza.

Y dentro de estar en el mar, persigue lo más extremo. Sin pensárselo demasiado. "Cuando tienes tiempo para pensar es cuando te atrapa el miedo. Estando en el agua jamás lo he sentido. Pero en los meses de preparación, sí."


Antes de la pelea tienes mucha ansiedad, pero cuando estás en medio de la pelea solo piensas en qué golpe dar



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