Entrevistas

Los mensajeros que alborotaron la ciudad

Hablamos con Juanma Pozo a propósito del gran salto de Dosnoventa, la firma barcelonesa especializada en fixies. Lacoste te trae este contenido

Puede que en los últimos tiempos hayas visto que tu ciudad se llenaba de bicicletas de piñón fijo. La moda empezó tiempo atrás con los mensajeros de Nueva York, pero luego tomó fuerza y el fenómeno se desmadró. En España Dosnoventa ha pasado a ser una de las grandes embajadoras de esta nueva cultura.

Fotografías de Mahala Marcet.

Juanma Pozo es rider y socio fundador, junto a Juan Guadalajara y Dani Melo, de Dosnoventa, la marca de bicicletas de piñón fijo (ahora conocidas como fixies) con el diseño urbano que muchos habían soñado. Fabrican en Italia, venden en todo el mundo y tienen un equipo que corre en circuitos internacionales.

Qué lío. Antes erais Cream Bikes & Things, una tienda de bicicletas y accesorios molona…

En dos años pasamos a ser un escaparate mundial para los amantes de la cultura de la bici y vendíamos las mejores marcas del sector. Empezamos a tener clientes de Japón, Estados Unidos…

¿Cómo os conocieron?

Sobre todo gracias a los eventos y a los vídeos que hacíamos. Creamos el grupo Fixed Soldiers a finales de 2010. Fuimos los primeros en hacer salidas nocturnas por la ciudad. Simplemente cerrábamos la tienda, y con los colegas y los últimos clientes nos íbamos a dar una vuelta.

A piñón.

Con piñón fijo, claro. Teníamos un lema: “No vayas lento porque no te vamos a esperar”. El problema fue que cada vez venía más gente y tuvimos que dejarlo porque rozaba la ilegalidad. Ya es peligroso ir cinco o seis, imagínate cien…

Porque claro, los semáforos como que no…

No eran simples paseos… Digamos que era algo más macarra. Me han puesto muchas multas, y con razón. La gente se piensa que somos súper modernos, pero somos unos vaquillas de la bici. También nos preguntan por qué nos jugamos la vida, pero es que así nos sentimos vivos, y si encima sabes que los que van contigo están sintiendo lo mismo que tú… se genera una hermandad.

Lo dejasteis y surgió Dosnoventa.

Nos faltaba una identidad propia y dimos con una oportunidad de oro: contactamos con un constructor italiano. Por la tradición del ciclismo allí se encuentran los mejores artesanos, la jet set de las bicicletas. Queríamos fabricar unos cuadros para nuestra crew: teníamos la geometría de nuestros sueños y queríamos hacernos ese regalo.

"Al principio era cosa de los mensajeros pero fue desmadrándose. La gente empezó a hacer vídeos y se generó toda una cultura al unísono, desde distintos puntos del planeta"

Uau. ¿Cómo eran esos cuadros?

Por entonces teníamos dos referencias: las bicicletas de carretera transformadas para el piñón fijo, y una modalidad de la que somos muy amantes y que tiene mucho tirón en Japón, el keirin. La gente se tira años entrenando para correr con estas bicicletas en un velódromo. Hay grandes estrellas, como Toyoki Takeda, y es como el sumo, con apuestas generosas. Las bicicletas son preciosas y nos transmitían eso que buscábamos, pero no eran lo suficiente cómodas para ir por ciudad.

Y ahí, ¡zas!, la inspiración.

Cuando vimos los cuadros terminados nos dimos cuenta de que habíamos dado en el clavo. Las bicicletas de keirin son muy radicales, fabricadas para ir dando círculos. Las ruedas están muy juntas y por ciudad la delantera toca el pie todo el rato. Queríamos una bicicleta de piñón fijo pero cómoda para rodar. Así que levantamos el eje de pedaleo del suelo (normalmente están a 27-28 centímetros) y lo pusimos a 29. Eso proporciona maniobrabilidad. Como con la fixieestás obligado a pedalear continuamente, si te pliegas mucho el pedal toca el suelo y te la metes. Con esta altura, por más que gires a toda velocidad, no tocas suelo, y tampoco te roza la rueda delantera. De ahí Dosnoventa.

Parecía sencillo.

Rodamos con ellas y en poco tiempo se convirtieron en un producto deseado en todo el mundo y que hablaba por sí solo. Hoy también hacemos bicicletas de carretera y ciclocross, todas en tres materiales: acero, aluminio y carbono. Nos inspiramos en nuestros ídolos, Macaframa, Cinelli… y participamos en circuitos internacionales.

¿Rollo F1?

Sí, es como las escuderías. Cada equipo lleva sus bicicletas y sus pilotos. Nuestros riders son Chris Rabadi (Washington), Jeremy Borden (Nueva York) y Jean Baptiste Le Van (Paris). Nuestro estreno fue con el Red Hook Criten Nueva York, luego se celebró en Barcelona y Milán.

"Obviamente, quienes menos se sorprenden con las fixed son nuestros abuelos; ellos ya tenían de estas"

Es que cuesta entenderlo. Las primeras bicicletas eran de piñón fijo, después se utilizaron en carreras, pero las popularizaron los mensajeros de Nueva York.

Sí, allí se empezaron a organizar carreras informales (o ilegales, según se mire), las Alley Cats. Al principio era cosa de los mensajeros pero fue desmadrándose. La gente empezó a hacer vídeos y se generó toda una cultura al unísono, desde distintos puntos del planeta. Obviamente, quienes menos se sorprenden con las fixed son nuestros abuelos; ellos ya tenían de estas. Son los jóvenes los que flipamos con su estética pura, sin frenos, con su diseño.

¿Ventajas?

Son más simples, apenas requieren mantenimiento. Más rápidas para ir por ciudad: como no puedes dejar de pedalear, vas más rápido. Y mecánicamente son más eficientes, ya que toda tu energía va a parar a la bicicleta. Eso es sexy. Igual en bajada no puedo ponerme a 100 por hora, pero al menos sé que esos 60 los está generando mi cuerpo. Vaya, el único mantenimiento es el de tu propio cuerpo, y eso mola.

A la vez que aparecen chismes motorizados que te susurran que no muevas el culo (tipo bicicletas eléctricas) surge toda una cultura de bicicletas más listas pero que te exigen más, bicicletas que no te dejan parar.

Es como el esquí, el snowboard, el patín o el surfing: deportes que te unen a un terreno a través de un objeto. Con una tabla de surf puedes chapotear o subirte a la ola más alta. El piñón fijo te hace ir mucho más unido a la bicicleta. Te hace sentir mucho más de cerca todo lo que pasa. Notas cualquier cosa: una alfombra, una piedrecita, un bordillo minúsculo. Y es peligrosa hasta donde tú quieras.

Deja un mensaje a la humanidad.

La gente no va a sumarse al mundo de la bicicleta para dejar de contaminar. Pedalear es bonito y cada día diferente, sonríes, te sonríen, te cruzas con la gente, estás atento. Seamos realistas y busquemos la magia de la bici.

Atrévete a dar el salto. # LiveBeautifully

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