Entrevistas

"Los lobbies no necesitan salir de la legalidad para conseguir lo que quieran"

Belén Balanyà lleva vigilando a los lobbies europeos desde 2005 y pinta un escenario en el que parece que lo que menos importa son las decisiones democráticas, sino las de los grupos de presión de los grandes sectores industriales y financieros

Mientras se discutía y se especulaba sobre el nombramiento del nuevo presidente del Parlamento Europeo, el conservador Antonio Tajani, entre 20.000 y 30.000 lobbistas afincados en Bruselas seguían con su trabajo silencioso para adaptar las normativas europeas a los intereses de los grupos a quienes representan. Ante este gran desafío de Europa, hablamos con Belén Balanyà para conocer más a fondo sobre una lacra que, de momento, sigue incrustada en las instituciones europeas.

Balanyà cofundó en 1997 el Corporate Europe Observatory, una organización financiada por fundaciones y donantes privados que tiene la lupa puesta sobre los agentes que intentan que sus intereses influencien en las leyes que afectan a más de 500 millones de europeos.

***

En 2011, periodistas de investigación del Sunday Times se hicieron pasar por lobbystas y sobornaron con éxito a tres eurodiputados. ¿Cómo funcionan los lobbies en Bruselas? ¿Ofrecen mansiones y barcos?

Esa es la primera imagen que te puede venir a la cabeza, pero es el punto más extremo, corrupto e ilegal. En realidad, a los lobbies no les hace falta salir de la legalidad para conseguir todo lo que quieran.

¿Cómo?

Existen diferentes niveles. La primera fase consiste en influenciar a la Comisión Europea. De ahí es de donde salen todas las iniciativas legislativas. La Comisión carece de expertos suficientes para todos los temas y cuenta con más de 1.000 grupos de expertos que le asesoran en diferentes sectores. Los lobbies intentan influir ya en esta etapa, pues es donde se decide cómo se va a regular un tema.

En CEO hemos realizado estudios sobre bastantes de esos grupos y en la gran mayoría de los casos están dominados por los intereses de la industria.

La segunda fase son las rondas de contactos con los propios comisarios, con sus gabinetes, Altos Cargos, funcionarios, Directores Generales de de cada área. Es la fase en la que la Comisión elabora la propuesta que va a presentar al Parlamento y Consejo Europeos.

Los eurodiputados tienen que votar miles de leyes sobre las cuales, en su mayoría, no tienen ni idea. Sus equipos de asesores independientes son limitados y el sector privado, con muchísimo dinero para esto, es quien les facilita expertos e informes para influenciar sus decisiones

Y el tercer nivel sería el Parlamento, lo que vimos en el Sunday Times...

Sí, pero la mayoría de acciones se mantienen también dentro de la legalidad. Los lobbies logran a menudo que eurodiputados presenten sus enmiendas para modificar los textos finales. También aquí es importante el hecho de que los eurodiputados tienen que votar miles de leyes sobre las cuales, en su mayoría, no tienen ni idea. Sus equipos de asesores independientes son limitados y el sector privado, con muchísimo dinero para esto, es quien les facilita expertos e informes para influenciar sus decisiones.

Otra de las tácticas —y es de las que mejor funciona— es presionar con posibles pérdidas de empleos o cierres de fábricas. Ante estas amenazas los políticos suelen picar el anzuelo. La industria siempre tiene la sartén por el mango. Presentan informes de competitividad, estudios hechos por ellos mismos o por consultores o think tanks (lo cual les da una imagen de neutralidad) que en muchos casos se ha demostrado que eran muy exagerados o sencillamente falsos, pero dan resultado. Amenzas con traslados a otros países, por ejemplo por la competencia imposible con China, etc.

¿Hay algo que no esté libre de lobbies en la Unión Europea?

En realidad, no. Y esto no es todo. El Parlamento suele modificar las propuestas de la Comisión, y de ahí pasa al Consejo, formado por los estados miembros de la Unión Europea, que en muchos casos actuán como 'lobistas' que defienden los intereses de sus empresas. El Consejo puede no estar de acuerdo con el Parlamento, y se pasa entonces a la fase de triálogo, entre la Comisión, el Parlamento y el Consejo donde se intenta llegar a un compromiso. La tónica general —también hay excepciones— es tumbar todas las propuestas progresistas e impulsar las que favorecen a los intereses industriales o financieros.

Pero también hay lobbies que defienden el medioambiente o los derechos de las minorías sexuales...

Sí, pero su poder es muy pequeño. Cuando hablamos de lobbies en Europa, hablamos de un 70% de lobbies que representan a intereses empresariales privados, un 20% que representan a intereses políticos regionales, como podría ser, por ejemplo, la Generalitat de Catalunya, y apenas un 10% que representa a grupos de la sociedad civil, como es el caso de las ONG y sindicatos. Además de ser mucho más numerosos, tienen mayor poder económico, lo que se traduce en más poder político.

Los lobbies representantes de las industrias tienen más influencia tiene en los procesos legislativos y regulatorios en la UE que todos los grupos de la sociedad civil juntos. Estamos hablando de una democracia no representativa: la sociedad civil tiene a sus representantes, pero los representantes del mundo financiero o de la industria, por todo el dinero que tienen, están en todas partes: ellos pueden pagar a firmas privadas de lobbying o a think tanks para que elaboren estudios o informes que apoyen a sus intereses, para estar en Bruselas, mientras que la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil no pueden estar ahí.

La sociedad civil tiene a sus representantes, pero los representantes del mundo financiero o de la industria, por todo el dinero que tienen, están en todas partes: ellos pueden pagar a firmas privadas de lobbying o a think tanks para que elaboren estudios o informes que apoyen a sus intereses

¿Cuánto mueve el negocio del lobbying en Europa?

La última cifra que tenemos se sitúa alrededor de los 3.000 millones de euros anuales, en total, como actividad económica. Esto incluye las partidas que cada empresa o sector industrial dedica a su trabajo de lobbying y también a todas las firmas de relaciones públicas, asuntos europeos, consultorías y demás que se dedican al lobbying 'mercenario', trabajan para clientes a cambio de una cantidad. Son compañías con altos contactos y expertos en todas las áreas políticas de la UE que trabajan para facorecer los intereses de sus clientes. Un día pueden trabajar en contra de una legislación y al día siguiente a favor de otra que tumbe la anterior, en función del cliente y de quién pague más.

¿No hay nada que regule todo esto?

Sí, pero las regulaciones son muy flojas. Existe un registro de transparencia en el que cada empresa o agrupación puede voluntariamente poner cuántos lobbistas tienen trabajando para ellos y cuánto dinero gastan en la actividad de ejercer presión. Pero es voluntario. Además, no tienen que desglosar nada de sus gastos ni decir en qué se lo han gastado. Y las cantidades no son fiables.

Y, ¿aparte del registro de transparencia?

Existe un código de conducta para los eurodiputados y funcionarios. Desde diciembre de 2014 también existe la obligación de que la Comisión publique todas las reuniones que ha mantenido con lobbies. Pero esa obligación solo afecta a comisarios, a gabinetes de comisarios y a directores generales. Las reuniones son muchos más numerosas de las que hay publicadas. Además, las actas de las reuniones y las notas no existen o apenas dan información, por lo que es muy difícil acceder al contenido de las mismas.

El grupo que más reuniones ha tenido con comisarios y direcciones generales es Business Europe, que es la asociación que representa a las patronales europeas. En total, 140 desde diciembre de 2014.

¿Para qué sirven entonces las regulaciones?

Han sido un paso adelante desde hace unos años, cuando ni siquiera se discutía el tema de los lobbies. Hay algo más de transparencia. El análisis de los datos que publican contribuye al trabajo de investigación que realizamos. Por ejemplo, en un reciente estudio que hicimos, desde diciembre de 2014, los comisarios del Clima —cartera que ahora dirige Arias Cañete— tuvieron cerca del 80% de las reuniones con representantes del sector privado, sobre todo de las grandes energéticas, a pesar de la obligación que tienen de tener contactos 'equilibrados' con los lobbies.

También se puede ver que el grupo que más reuniones ha tenido con comisarios y direcciones generales es Business Europe, que es la asociación que representa a las patronales europeas. En total, 140 desde diciembre de 2014.

¿Por qué se permite todo esto?

En Europa existe una cultura de aceptación del lobby que hace que ese fondo de regulaciones tan flojas no se cuestione a menos que la presión (ciudadana) para hacerlo sea los suficientemente fuerte. Además, la ideología predominante en las instituciones europeas es una ideología económica neoliberal que coincide con la agenda de los sectores industriales y financieros. Y operan en lo que llamamos la burbuja de Bruselas, donde lobistas, políticos, funcionarios y determiandos periodistas se conocen; acuden a las mismas fiestas, llevan a sus niños a los mismos colegios, etc.

¿Qué sectores son los más activos en el lobbying?

Son tantos...El agronegocio (con muchos ejemplos muy activos, por ejemplo azúcar, pesticidas, transgénicos) También los automóviles, especialmente en el tema de los límites a las emisiones y recientemente del escándalo de los diesel (Wolkswagen)... Ahora mismo hay un montón de dossieres abiertos sobre legislación en el campo energético, y las energéticas están a tope. Por ejemplo, las grandes productoras de combustibles fósiles han conseguido que se hayan quitado los subsidios a las renovables, y que se hayan mantenido a los combustibles fósiles (carbón).

Los lobbies no solo influencian en la redacción de las leyes, sino que también pueden echar para atrás las que ya existen y que les perjudican de una u otra manera.

¿Se puede hacer eso?

Sí, los lobbies no solo influencian en la redacción de las leyes, sino que también pueden echar para atrás las que ya existen y que les perjudican de una u otra manera. Desde hace años, pero sobre todo bajo la última Comisión presidida por Juncker desde 2014, se ha impulsado un proceso conocido como Better Regulation, que consiste sobre todo en desregular. Antes de sacar adelante cualquier legislación, se evalúa el impacto que la nueva legislación tendrá sobre la competitividad del sector privado en el campo que se regula. Y esto se tiene en cuenta antes que el impacto medioambiental o que el impacto sobre la salud pública. No afecta solo a nueva legislación sino que a través del Refit, se reevalúan normas ya existentes (en el orden elegido por las grandes empresas) para ajustarlas a los intereses de la competitividad, que son en último término los intereses empresariales. Criban todo lo que no les interesa.

¿Cuántas leyes hemos dejado de tener en Europa por la presión de los lobbies?

Es imposible dar una cifra. Sí sabemos que han sido muchas las que han eliminado o modificado.

Pero, a veces también ganan los lobbies de la sociedad civil... Recientemente se publicó un informe europeo que alertaba de los peligros del aceite de palma en productos alimentarios. La publicación no ha gustado a muchas empresas...

Sí, pero esto pasa pocas veces. En el caso de los alimentos ha habido muchas más decisiones favorables a los intereses empresariales a pesar de los riesgos para los consumidores. La EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria), que tiene que ser un organismo independiente y del que dependen decisiones cruciales, decidió por ejemplo que no hay pruebas científicas de que los alimentos o bebidas con mucho azúcar contribuyan a la obesidad. Basaron esa decisión (contraria a la de la OMS, a la de científicos, a la de grupos de salud pública, etc) en 5 estudios. 4 de ellos estaban financiados por la industria que se beneficiaba de la decisión.

En CEO hemos publicado como cerca del 60% de sus expertos tienen vínculos con la industria. El presidente del comité de la EFSA que regulaba los trangénicos, por ejemplo, pertenecía a la industria biotecnológica. Y así, muchas cosas. Es verdad que, por ejemplo, el año pasado la Comisión, presionada por la industria, quiso mantener la posibilidad de que el 30% de la energía de los alimentos para bebés procedieran de los azúcares, pero el Parlamento no pasó por el aro. Ahí sí podemos hablar de una victoria de la sociedad civil.

¿Cómo podría cambiar esto?

Es realmente difícil. Falta voluntad política pero sobre todo presión popular. Bruselas vive aislada de la presión de la calle porque la gente se queja de sus gobiernos nacionales. Lo que nos falta transmitir es que aquí, en Bruselas, se deciden muchas de las leyes que nos afectan a todos los europeos.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar