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Verdades médicas del alcohol que su industria querría mantener en secreto

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Esta no es una entrevista que quiera disuadirte de beber alcohol, pero hay algunos datos que te interesan

Rafa Martí

29 Marzo 2016 06:00

*Fotografías de Maciej Dakowicz. Serie: Cardiff After Dark

Esta vez no fui borracho a la entrevista. Ni siquiera de resaca. Tenía que hablar con Antoni Gual i Soler, uno de los mayores expertos del mundo el alcoholemia. Y también —supuse—, un hombre con superpoderes para detectar un aliento de cerveza a 20 metros aunque hayan pasado más de 12 horas.

Antes de quedar con él en su claustrofóbico despacho del Hospital Clínic de Barcelona (en el que la única ventana es una foto de una travesía a vela por el estrecho de Bonifacio en Cerdeña), me informé de por qué valdría la pena hablar sobre lo que hago todos los viernes y sábados por la noche desde que tengo conocimiento: BEBER.

Y me quedé apabullado: Gual es licenciado en Medicina y Cirugía, Especialista en Psiquiatría, profesor universitario, Premio Reina Sofia a la investigación en Drogodependencias, expresidente de la Sociedad Científica Española para el estudio del alcohol, el alcoholismo y otras toxicomanías, consultor de la OMS y de la Organización Panamericana de Salud, vicepresidente de la International Network on Brief Interventions for Alcohol problems... Su currículum completo, aquí.

En una fiesta con drogas, un amigo me dijo que no quería cocaína pero terminó tomándose 10 cubatas. ¿No hay una especie de doble moral con el alcohol? No es que de pronto me haya vuelto puritano, pero...

Una especie no: hay una doble moral clarísima. Nuestra sociedad no aborda el tema de las drogas de una manera racional. La humanidad ha convivido siempre con las drogas, por lo que los puritanismos que dicen que las tenemos que suprimir son irreales. Pero sí debemos regularlas.

Pero, ¿también el alcohol? Es decir, ¿por qué el alcohol es tan malo, aparte de por la resaca?




En la Unión Europea, las drogas generan un millón de muertos al año. Y las principales drogas que generan mortalidad son el tabaco, y el alcohol.

No…

Sí. La cantidad de gente que toma drogas ilegales es muy reducida comparada con la cantidad de gente que toma las legales. Y de las ilegales, la gran mayoría es cannabis, que tiene una toxicidad muy inferior a la del alcohol.

Aparte de las muertes, también hay que tener en cuenta los años de vida que las drogas restan a una esperanza de vida media, y los años de vida que un individuo vive con una discapacidad. Y, de nuevo, el alcohol y el tabaco encabezan la lista.


«En la UE, las drogas generan un millón de muertos al año. Y las principales drogas que generan mortalidad son el tabaco y el alcohol»


El alcohol, ¿más peligroso que la heroína o la coca?

Hay dos maneras de ver la peligrosidad de las drogas. La primera es teniendo en cuenta el daño para quien las consume, pero también el daño a terceros. Si tienes un accidente por haber bebido, no solo mueres tú, sino que puedes provocar un accidente múltiple. Pongamos, 20 muertos. Cuando se mira así, el alcohol es la droga más peligrosa de todas.


File:HarmCausedByDrugsTable.svg

Fuente: “Scoring drugs”, The Economist.  

¿Y la segunda forma para saber por qué el alcohol es la droga más peligrosa?

La segunda tiene que ver con el margen de exposición. Todas las sustancias tienen un nivel de tolerancia en el cuerpo. Si una sustancia es tóxica en una dosis de un gramo y tomas un miligramo, tienes un margen de 1.000 hasta que llegas a la dosis tóxica. Así pasa con todas las sustancias.

En el caso del alcohol, la exposición es muy cercana al efecto tóxico, porque la exposición está vinculada a la accesibilidad. Y así, estás mucho más expuesto al alcohol que a la heroína. Porque una es legal, y la otra no.



Fuente: The Washington Post Feb. 23, 2015

En esta figura se ve que el alcohol, la heroína y la cocaína tienen un alto grado de exposición en función de su toxicidad y accesibilidad. El alcohol no es más tóxico que la heroína o la coca, pero, por su accesibilidad, la sociedad está permitiendo una exposición infinitamente más alta que la que debería.

Sin embargo, con el cannabis, sucede lo contrario. La accesibilidad es totalmente contraria al grado de toxicidad. El cannabis no debería ser mucho más diferente que el tabaco pero, obviamente, la legislación del cannabis comparada con la del alcohol, es demencial. Con esto no digo que se tenga que legalizar el cannabis. No se puede tratar como se trata ahora.

Pero prohibiendo el alcohol crearíamos otro mercado negro, como pasó con Al Capone

Efectivamente, y esto es rigurosamente cierto. Ese episodio histórico y los problemas derivados del narcotráfico demuestran que el prohibicionismo no funciona.


«En Nueva Zelanda y en Australia se está trabajando en el diseño de las botellas de alcohol sin marcas, con etiquetas grandes que advierten de los riesgos. Pero son países en los que la industria no tiene el poder que tiene en Europa»


En el caso del tabaco, sin embargo, la persecución ha sido eficiente. Desde la ley antitabaco hay una reducción brutal del consumo e incluso, como concepción social, fumar ya está mal visto.

Efectivamente, esto demuestra que la regulación es posible.

¿Y por qué no se hace lo mismo con el alcohol?



Porque la industria del alcohol es muy poderosa.

La del tabaco también lo era…

Y lo sigue siendo. La industria del tabaco ha redirigido su oferta a los países en vías de desarrollo, y sus ventas apenas han caído, a pesar de la regulación en Europa y EEUU. Pero a pesar de esto, la regulación fue posible, y con el alcohol podría hacerse.

Entre la prohibición total y la promoción comercial hay muchos puntos intermedios. Un extremo genera mercado negro y actividades criminales. El otro, problemas de salud pública muy graves:

Cuando se habla de legalizar las drogas, por ejemplo, la gente se equivoca. Tenemos que hablar de regulación. No todo es blanco o negro.

Y al igual que el resto de drogas, habría que regular el alcohol...

Por supuesto. Las drogas deben regularse —todas—, porque no son productos de consumo ordinario. Son productos que engañan al individuo, ya que actúan sobre los circuitos cerebrales de recompensa.

¿Cómo?

Todas las especies tendemos por instinto a la perpetuación. Y el cuerpo genera recompensas cuando nos alimentamos y nos reproducimos. El comer y el sexo nos producen placer.

El individuo da a las drogas un valor muy superior al que tienen, porque experimenta una gratificación que debería experimentar con otras conductas. Delante de esta situación, lo lógico y racional es que una sociedad civilizada diga que hay que proteger al individuo del engaño.


«Entre la prohibición total y la promoción comercial hay puntos intermedios. Un extremo genera mercado negro; el otro, problemas de salud pública muy graves»


Sin embargo, nos encontramos con todo lo contrario: en el caso del alcohol, lo que se hace es promocionarlo. En una situación de libre mercado, lo que se produce es que los intereses económicos priman sobre los intereses de salud.

En España han intentado sacarse leyes antialcohol en cada legislatura, y ninguna ha prosperado...



Lo intentó Mariano Rajoy cuando era ministro del Interior y el PSOE se opuso. Luego lo intentó Elena Salgado y el PP se opuso. Y luego lo intentó Ana Mato... Lo han intentado todos y la ley siempre ha quedado aparcada.

Es por el lobby del alcohol, los productores de vino, de cerveza...

Sí, pero no solo. A parte del lobby productor, a quien no le interesa la regulación es al lobby publicitario. Controlan los medios, y también a los partidos. A ellos les hacen las campañas...

Quieres decir que no hay una manera de que llegue un mensaje a la sociedad para que se conciencie sobre el alcohol...

Exacto. Y una de las cosas básicas para esto sería prohibir la publicidad sobre alcohol.


«Con el alcohol, en una situación de libre mercado, los intereses económicos priman sobre los intereses de la salud»


Pero ya se ha limitado bastante, ¿no?

No lo suficiente. La publicidad promociona que se comience a beber cuanto antes mejor. Porque cuanto más joven empieces, más probable es que te enganches y de que seas un gran consumidor.

El tabaco es un caso muy claro: si comienzas a fumar a los 25 años puedes fumarte dos o tres cigarrillos al día sin problema. Si comienzas a los 12, tienes todos los números de terminar con dos cajetillas diarias, sí o sí.

Con el alcohol siguen una estrategia similar. A los jóvenes les gusta el deporte y la música. ¿Y qué pasa? Que la Champions está patrocinada por una marca de cerveza, y el Real Madrid y el Barça, también. Y todos los festivales de música de verano, sin excepción, también.



El cerebro es mucho más plástico cuando es joven y todas las empresas intentan fidelizar a clientes entonces. No digo que esto no se tenga que hacer en bienes de consumo ordinarios. Pero con drogas que engañan al cerebro tienes que proteger a la población. No hay que prohibirlo, pero no es ético es que se fomente el consumo en la población joven.

Nosotros somos un medio con audiencia joven y entre nuestros sponsors...

Este es el gran drama que tenemos con el alcohol. Nuestra sociedad tiene una droga muy peligrosa, tiene muchos motivos de los lobbys económicos para no ver la cara fea de la droga y nos acaba llevando en poner el alcohol en un altar: el alcohol es la sangre de Cristo en la cultura occidental ¡Es la hostia!

Sí... La heroína también era la hostia porque la gente desconocía los efectos de pincharse. Luego se supieron. Y del alcohol tenemos muchas pruebas científicas de que no es bueno. ¿Por qué seguimos siendo autocomplacientes?

Porque cuando tienes la evidencia de que eso hace daño, lo que se hace es estigmatizar a la persona que está consumiendo demasiado. En lugar de entender que es víctima del alcohol, decimos que no sabe beber.


«Estigmatizamos a la persona y no a la sustancia, ‘¡es que no sabe beber!’, decimos»


En el caso de los hooligans del PSV burlándose de indigentes en Madrid se hicieron muchos análisis que apuntaban a la xenofobia. Pero, ¿alguien habló de que iban borrachos? Estas mismas personas, sin beber, no harían lo mismo. Y con la violencia de género ocurre algo parecido: más del 40% está ligada a problemas de alcohol, los accidentes de tráfico lo mismo... Es una constante y no somos nada conscientes del daño a terceros que provoca.

Y luego, los estímulos externos que nos incitan a beber son mucho mayores que los que nos advierten de los riesgos. La industria gasta del orden de 1 millón de euros al día en España para promocionar el alcohol. Los mensajes para advertir de los riesgos de estos productos no deben gastar ni un millón de euros al año. Es absolutamente desproporcionado.

Ahora estoy hundido. ¿Tú bebes?




Claro. Lo importante es tener información veraz de los riesgos. Si tú te vas por la noche habiendo cenado y te tomas un cocktail que te gusta no hay ningún problema. Si te tomas cuatro, saldrás con una alcoholemia de 1,2 y si coges la moto, ya sabes qué puede pasar. Y aquí es donde nuestra sociedad nos ayuda poco a tomarnos solo uno.

Es decir, bebe responsablemente.

Sí, pero regulándolo. La industria dice que bebas con moderación, porque es tu responsabilidad. Pero no. Ellos ponen el producto en el mercado, fomentan que se consuma en grandes cantidades y, por tanto, también tienen una responsabilidad.

Nos venden continuamente que solo con el alcohol te lo pasarás bien, y cuando hay problemas acusan al bebedor. Pero ellos mismos promueven el exceso. La venta de alcohol depende muchísimo del bebedor excesivo. Aunque digan que tienes que beber con moderación y que es tu responsabilidad, la realidad es que alrededor del 30% y el 40% de la producción de alcohol es consumida por gente que bebe en exceso.

Es como si en la autopista te dijeran que el límite de velocidad es 120, y que te autorregules. Te hacen responsable a ti de regular si vas o no vas a 120, poniéndote un Ferrari.

¿Se podrá vencer algún día al lobby del alcohol?

Yo soy optimista.


«La industria gasta alrededor de un millón de euros al día en España para promocionar el alcohol»


¿Algún ejemplo?

En países no productores de alcohol se están haciendo avances. En Nueva Zelanda y en Australia se está trabajando en el diseño de las botellas de alcohol sin marcas, con etiquetas grandes que advierten de los riesgos. Pero son países en los que la industria no tiene el poder que tiene en Europa.

Quizá en esos países los hábitos de consumo son diferentes… Si es difícil poner una regulación en España no me quiero imaginar cómo será poner una regulación en el Reino Unido o en Alemania, donde hay más cultura de beber…

O donde hay menos cultura, porque es más salvaje...

En cualquier supermercado, tienes una información escrupulosa de los componentes de los productos. Con el alcohol no pasa. La situación del alcohol en nuestra cultura es de un privilegio poco comprensible, desde una perspectiva de salud pública.

Si compras una botella de vino, no sabes la cantidad de alcohol que comprarás. En otros países hay la obligación de poner en la botella el número de copas que hay. Una botella de vino tiene unas 8 unidades de bebida. Y cada copa son unos 10 gramos de alcohol. Y el individuo tendría que tener esta información sobre los riesgos que comporta esa bebida.

Pero, normalmente, ni aparece el riesgo para la embarazada. Y no solo pasa esto, sino que la industria de la cerveza promociona pseudoestudios que dicen que a las embarazadas les puede resultar beneficioso tomar cerveza. Es demencial.



Cuando hablamos de adicción, ¿hablamos de adicción a hábitos sociales o de una adicción física?

Hoy en día la diferencia no tiene sentido. Los circuitos cerebrales de recompensa son una cosa puramente química que dan lugar a valoraciones que influyen en nuestra conducta.

Hay dos tipos de situaciones diferentes: cuando el organismo necesita la dosis de droga para no tener una abstinencia o cuando nuestros circuitos cerebrales de recompensa han aprendido a sobrevalorar la substancia y hacen que tomemos la decisión de consumir sin valorar los posibles beneficios o perjuicios que tiene.

Siempre nos autoengañamos: decimos que tomaremos dos y terminamos tomando tres o más…

Es que cuando ya has tomado dos, tu capacidad de decisión es mucho más baja que cuando no has tomado ninguna. Y cuando esos mecanismos se estropean, se desarrollan conductas problemáticas. Es decir, nunca te tomarás un chupito fuerte sin haber bebido nada antes. Lo tomas cuando ya estás borracho.


«‘¿Bebe responsablemente?’ Es como si en la autopista te dijeran que el límite de velocidad es 120, y que te autorregules. Te hacen responsable a ti de regular si vas o no vas a 120, poniéndote un Ferrari»


¿Qué hacemos entonces?

Según la evidencia científica recogida y respaldada por instituciones respetables como la OCDE y la OMS, habría que hacer tres cosas: subir el precio, controlar la accesibilidad y prohibir la publicidad. Con esto habríamos ganado bastante.

Subir el precio es una responsabilidad ética, porque si un producto daña la salud, ese gasto en salud hay que cubrirlo. Por otro lado, el precio alto disuade al consumidor del exceso.

Sobre la accesibilidad, no tiene mucho sentido que en una gasolinera se pueda comprar una caja de 6 cervezas, cuando está demostrado que los accidentes ligados al alcohol se producen en los primeros 5 y 6 kilómetros de conducción después de haber bebido. Este y otros ejemplos podrían regularse.



En tercer lugar, prohibir la publicidad, por todo lo que hemos hablado. Si la gente quiere beber, que beba, pero no toleres una estrategia comercial que busca enganchar a la gente.

Si se hiciera esto, que es la línea que se ha seguido con el tabaco, conseguiríamos reducir la parte negativa del alcohol y mantener la parte positiva, la de la gente que se va a comer y se toma dos copas de vino.

¿Y los sitios de consumo? Hay bares en los que los barmans no te sirven más si vas mal, y otros en los que te sirven copas aunque vomites en la barra.

Hay experiencias muy claras en este sentido: en Suecia, por ley, los barmans tienen que hacer un entrenamiento de cómo gestionar al cliente que comienza a beber, para dejar de servirle.


«Si la gente quiere beber, que beba, pero no toleres una estrategia comercial que busca enganchar a la gente»



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