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Lo que el ladrillo se llevó: bestiarios inmobiliarios de España

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Hablamos con tres iniciativas dedicadas a estudiar la terrible resaca de la gran fiesta inmobiliaria española.

José Durán

05 Agosto 2014 09:48

Nación Rotonda documenta fotográficamente los efectos de la depredación sobre el territorio, Carabancheleando invita a pasear por ese popular barrio madrileño y LaCol interviene en el tejido barcelonés mediante la rehabilitación al servicio de la ciudadanía.

Fotografía de Sergio Escalante

El armazón esquelético y terrorífico de lo que iba a ser un gran hotel en la playa de El Algarrobico, en Carboneras (Almería), y cuyo destino vivió un nuevo episodio la semana pasada cuando el Tribunal de Justicia de Andalucía dio validez legal a la obra, es una de las imágenes que describe al detalle lo sucedido en la España inmobiliaria de los últimos veinte años.

Ocasión de negocio, confluencia de intereses entre administraciones locales y empresas constructoras, pocos escrúpulos, cero interés por el entorno y facilidades para la financiación inflaron aquella burbuja cuyo reventón ha arrasado el espejismo que una vez fuese pilar de la economía española. Hoy colectivos como Nación Rotonda, Carabancheleando y LaCol investigan las consecuencias de aquel estallido: con ellos hablamos para mirar el espacio desde una perspectiva crítica.

Un país dentro de una rotonda

“Antes todo esto era campo” es el sugerente y descriptivo señuelo que el colectivo Nación Rotonda nos pone delante de los ojos. Nunca mejor dicho: a fin de cuentas, lo suyo es mostrar mediante fotografías satelitales cómo hemos cambiado, el antes y el ahora.

—Dada su enorme extensión, estos desarrollos son "invisibles" cuando los vemos desde el coche o andando. No somos capaces de comprender su magnitud. Sin embargo, el punto de vista satelital sí explica muy bien el problema —resume Miguel Álvarez, uno de los impulsores del proyecto.

Entre los cambios más llamativos que recoge su álbum en construcción, Miguel destaca tres:

1. Paracuellos del Jarama, “por el crecimiento que ha tenido”.

Paracuellos del Jarama

2. Villajoyosa, “porque lo preexistente era un camping que generaba trabajo y turismo, y se elimina para construir la nada”

Villajoyosa, Alicante

3. Naharros del Río, “además de porque lo preexistente era un bosque, ilustra que este fenómeno no se ha dado solo en la costa y las ciudades grandes, sino por toda la geografía”.

Naharros del Río, Salamanca

Miguel también explica que algunos desarrollos urbanísticos sí cumplen la función para la que se planearon, “pero en muchos otros casos no sirven para nada, ni hoy ni dentro de treinta años. Son lo que llamamos neorruinas —que recorremos virtualmente en el tumblr—: sitios abocados al deterioro, que poco a poco se van cubriendo de maleza”.

Haciendo camino al andar

"El paseo permite abandonar el campo del conocimiento abstracto y poner materia, sensaciones e imágenes a las ideas y las palabras que tenemos sobre la ciudad"

—Cuando paseamos por el barrio es difícil no encontrarse con las señales que el estallido de la burbuja inmobiliaria ha dejado en el paisaje: solares de casas, parques o equipamientos que ya no serán, casas a medio habitar o incluso edificios enteros vacíos a la espera de tiempos mejores —afirman desde Carabancheleando, un proyecto de investigación sobre las periferias urbanas centrado en el barrio madrileño.

Allí, este colectivo de activistas y vecinos organiza paseos para “pensar el barrio en compañía”: el suyo es un análisis más militante que académico y con un gran énfasis en lo común.

A su juicio, “el paseo permite abandonar el campo del conocimiento abstracto y poner materia, sensaciones e imágenes a las ideas y las palabras que tenemos sobre la ciudad. Por otro lado, es algo que se hace en compañía, de forma colectiva. Mientras paseamos y charlamos se van sumando y saliendo gentes; de esta forma se producen cruces y conexiones que creemos fundamentales por el arrope colectivo que generan. Pasear, entonces, para pensar y conectar”, aseguran.

Cada paseo se centra en un temática (hasta ahora: fronteras, crisis, estigma y movimientos), “que funciona como unas gafas/lentes con las que mirar de nuevo el territorio”. Estos recorridos a pie por el barrio se preparan colectivamente y en alguno de ellos han llegado a participar más de treinta personas, aunque el núcleo de Carabancheleando son ocho.

Las conclusiones de los paseos pretenden ser “herramienta de trabajo y un instrumento político, útiles para todas aquellas gentes que quieran trabajar en los procesos de transformación locales, por muy pequeñitos que sean”.

Al caminar por las calles de Carabanchel, los restos del naufragio conviven con algunas señales de esperanza.

—El drama de vidas rotas que dejan tras de sí los desahucios es tremendamente ambivalente: por un lado, genera tensiones y quiebras en la convivencia entre vecinos (entre quienes okupan viviendas vacías ante la ausencia de otras alternativas y quienes ven a estos nuevos moradores como intrusos ilegítimos en sus bloques), y por otro ha alumbrado los espacios de posibilidad política más potentes en los últimos tiempos, como la obra social de la PAH y la Asamblea Popular de Carabanchel —analizan desde el colectivo.

¿Se puede vivir en Barcelona?

En Barcelona, y en especial desde el barrio de Sants, la cooperativa de arquitectura LaCol opera desde 2009 “interactuando con los movimientos sociales, generando teoría y maneras de hacer desde la práctica, desde el ensayo-error”, como comenta Carles Baiges, miembro del proyecto.

Una de sus actividades es la participación en las obras de rehabilitación de la Lleialtat Santsenca, una antigua cooperativa recuperada por una plataforma vecinal, con un proyecto diseñado participativamente y gestión ciudadana del edificio.

LaCol también está implicada en Can Batlló —un gran recinto organizado comunitariamente—, forma parte de la comisión de diseño del espacio y lleva unos tres años rehabilitando una de las naves. “Allí trabajamos con tres premisas: la utilización de medios propios (autogestión), el bajo coste (reciclaje de materiales) y que se pueda hacer con gente no especializada”, afirma Carles.

Con estas credenciales, llegamos a la gran pregunta: ¿está pensada Barcelona para vivir en ella?

—La vida humana se adapta a todo, pero Barcelona no está diseñada para quienes viven aquí. Todo está pensado para que sea rentable y una gente particular gane dinero. Hay unas pocas empresas y familias que deciden sobre las prioridades, son grupos de presión como Barcelona Global que marcan las inversiones del ayuntamiento y sus pautas para su propio beneficio —explica el arquitecto—. Fue un desastre sin sentido, sostenibilidad ni intención de satisfacer necesidades de la ciudadanía.

Reclamaciones, en la otra ventanilla

"Los ayuntamientos son los principales culpables. Fueron los principales beneficiarios económicos y los responsables de autorizar estos desarrollos."

Uno de los personajes de Mauricio o las elecciones primarias, publicado por Eduardo Mendoza en 2006, definía así la cuestión:

“El destrozo empezó en los años sesenta, con el boom turístico, como en el resto de España. Luego pensamos que con la democracia se pondría freno a la especulación y la ilegalidad, pero las cosas no sólo continuaron como antes sino que empeoraron a ojos vista. Los ayuntamientos están a sueldo de los constructores y a los promotores les importa un bledo la ecología y el paisaje, porque saben que todo se vende”.

¿Es un análisis exagerado?, ¿quiénes fueron los responsables del desastre?, ¿y quién debería rendir cuentas por ello?

—Los ayuntamientos son los principales culpables. Fueron los principales beneficiarios económicos y los responsables de autorizar estos desarrollos. Si los cargos electos no reciben un castigo electoral por lo que hicieron, somos los ciudadanos los que legitimamos este desastre —opina Miguel.

Baiges apunta a la liberalización del suelo, por parte del gobierno central, y a la visión cortoplacista de los consistorios, como factores decisivos. “Un Plan Urbanístico es una cadena, depende de mucha gente, no sólo del alcalde”.

Por su parte, en Carabancheleando admiten ambivalencia sobre el papel jugado por los gestores políticos. Ellos reconocen que “Carabanchel ha sido un barrio históricamente marcado por la escasez de recursos públicos deseados y sobrecargado de otros no deseados (cárceles, cementerios), un barrio maltratado por la administración en relación a otros barros céntricos o con habitantes de otras clases sociales”.

Pero por otro lado, también creen que una mayor intervención de las administraciones para paliar esa escasez no garantizaría nada, “si supone la exclusión de sus vecinos en la gestión: no se trata únicamente de una cuestión cuantitativa, sino que la calidad de los recursos va a guardar una estrecha relación con la capacidad de acceso a su gestión por parte del vecindario”.

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