Entrevistas

5 historias sin final imaginadas por Paula Bonet

Hablamos con la responsable de aquel emblemático cartel de La Cabina que fue masivamente arrancado y coleccionado por los ciudadanos. Su libro ‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End’ acaba de aterrizar en librerías.

Paula Bonet es uno de los nombres más cotizados en la nueva ilustración española. Su creación está plagada de guiños culturales que van de Perec a Truffaut. Y a pesar de las ofertas que le rodean, ella se mantiene firme: lo primero es su obra.

“¿Qué es lo que Paula Bonet acaba de hacer?” es lo que dice Paula Bonet que dijeron en la editorial cuando recibieron el libro que le habían encargado. “Pues resulta que las historias que se contaban eran sobre cosas que acababan para que empezaran otras cosas, como haikus, o como introducciones a historias que nunca se acaban de contar”, dice la ilustradora, “yo vengo de la tradición de la pintura al óleo y siempre me han gustado esos cuadros misteriosos que no te lo explican todo. Como cuando aparece un personaje mirando muy sorprendido algo que no aparece en el cuadro, que está fuera de sus límites y no sabemos lo que es”. Lo curioso es, además, que estas historias sobre cosas que acaban tampoco acaban de acabar, así que con tanto final y tanta historia interrumpida, han hecho bien en titular Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End (Lunwerg).

Dice Bonet que ella no es escritora (aunque después de estudiar Bellas Artes se sacó la plaza de profesora de Literatura y ejerció durante cuatro años), y que estas 40 creaciones no son relatos ilustrados al uso sino una extraña mezcla entre texto e ilustración: “Tengo mucho respeto por lo literario. Atreverme a publicar estas historias viene respaldado por la confianza que tengo en mis ilustraciones”.

Le ha salido un libro hermoso y algo otoñal (o incluso invernal) aunque se publique próximo a la primavera. Son historias melancólicas, pequeñas e íntimas de corte autobiográfico (“aunque pasadas por el filtro de la literatura o el paso del tiempo”), acompañadas de ilustraciones en las que salen retratadas sus personas más cercanas (y algunos artistas célebres como el músico Mark Oliver Everett, artífice de Eels, o el actor Adrien Brody). El libro también está plagado de citas que trazan un mapa de los intereses culturales de la autora: Georges Perec, Death Cab for Cutie, Miranda July, François Truffaut, Nacho Vegas, J.M. Coetzee, The Smiths, Cormac McCarthy, Win Wenders, The Kinks y hasta Rosa Montero.

El pasado día 6 en la presentación de su exposición de los originales del libro en la recoleta galería Mad is Mad de Madrid (descubridora de otro de los ilustradores estrella de la editorial Lunwerg, Aitor Saraiba) se formaron colas inauditas, con presencia de celebridades como el músico Leiva o flamante y polémico ganador del último Premio Primavera de Novela, el televisivo Maxim Huerta, además de una riada de ciudadanía moderna y femenina. Y es que parece que Bonet está cogiendo bastante fama, no en vano el pasado otoño sus carteles para el festival de mediometrajes La Cabina, en Valencia, inspirados en Alicia en el País de las Maravillas, fueron compulsivamente arrancados y coleccionados por los peatones.

—Hay quien dice que te puedes convertir en la nueva Jordi Labanda —le digo—. No por el estilo, claro, si no por el tipo de público y la repercusión mediática.

—En efecto, es un tipo de ilustración muy distinta. Pero además, yo he dicho que no a muchos proyectos de hacer libretas y cosas por el estilo. No haría libretas, ni tazas, ni estuches, ni packagins de productos con los que no me identifico: lo que quiero es hacer libros. Eso lo respeto muchísimo. Pero lo mío es algo muy personal, una forma de expresión que llevo mucho tiempo trabajando y no quiero que se asocie a una marca que lo aproveche durante cuatro meses y lo queme.

A continuación comenta algunas de las ilustraciones que aparecen en el libro y el relato que las acompaña.

Llovizna

Iba en el coche por Islandia escuchando a Tom Waits. Había mucha niebla y me salió esta frase y la anoté: ‘Una capa de niebla que suaviza los bordes puntiagudos y convierte una nube en una montaña nevada, te emborrona’… Es algo muy íntimo y fue tan bello que tenía que congelarlo de alguna manera. Por lo demás, yo no busco la belleza por la belleza, sino que quiero que la ilustración cuente alguna cosa”.

Cruzar un río

“Es una metáfora. Me lo inspiró algo que también me pasó en Islandia, donde estuve un mes en verano. Estoy muy contenta de haber viajado allí porque es un lugar impresionante: no hay publicidad en las carreteras, no hay vallas publicitarias, hay muy pocos habitantes. Llegas y piensas: ¿qué hemos hecho, por qué lo hemos destrozado todo tanto? En la carretera principal, que da la vuelta a la isla, es raro cruzarse con otro coche, aunque no con las ovejas. En fin, que tuvimos que cruzar un río con el todoterreno alquilado y nos dijeron que no podíamos cruzarlo rápido y en línea recta, sino que teníamos que avanzar poco a poco, cambiando de dirección, acompañando a las olas… Pensé que así eran las relaciones: tienes que ir poco a poco adaptándote a lo que va sucediendo, a lo que el otro necesita o a lo que pide el contexto, siendo consciente de lo que estás construyendo. Con calma, logras cruzar el río”.

Amnesia

“Siempre me ha llamado la atención cuando alguien le escribe una canción a otro alguien diciéndole ‘ya no me acuerdo de ti’. ¡Pero vaya paradoja! ‘Ya te olvidado, ya no me haces daño, pero aquí estoy componiéndote una canción…’ En la ilustración las raíces están muy dentro del personaje y luego surge la cara de la mujer. Este es mi amigo Santos Berrocal, y ella es su chica. Santos es un producto brutal, siempre rodeado de músicos y de música, y me hizo gracia utilizarle para ilustrar esto”.

Neopreno

“Es un canto a la amistad. La historia habla de una amistad que empieza con 15 años, una de esas que al final acaba configurándote un poco como persona. Sobre lo importante que alguien puede ser para otra persona. El principio del relato lo resume muy bien: es como empezar a ser consciente de tu cuerpo, de que estas creciendo y estas descubriendo gente con la que tiene más afinidad y que tiene unos intereses culturales que te deslumbran y de los que vas aprendiendo”.

Botánica

“Trata de un señor que tenía un tampón en forma de pétalo de tal forma que podía dibujar flores alrededor de los lunares de las chicas, es una forma muy ingeniosa de acercarse a la mujeres. Bueno, aquí hay mucha ironía… Me acordé de este relato porque durante una temporada me gustaba retratar a chicas con muchas pecas y al final las unía, como formando constelaciones”.

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