Entrevistas

Las hermanas de Lita Cabellut: “Ni es hija de una prostituta, ni creció en la calle”

Lita Cabellut, la pintora española más cotizada, afirmaba haber pasado su infancia pidiendo limosna en la calle. Sus hermanas ofrecen ahora una biografía muy distinta a la que conocíamos hasta ahora

Lita Cabellut es la artista española más cotizada. Desde Holanda, donde tiene su residencia, el 13 de septiembre nos explicaba la historia de su vida.  

Una biografía que cuenta una historia de penurias, resilencia y superación. A saber: Lita nació hija de una prostituta gitana que la abandonó cuando solo tenía 3 meses. Vivió en la calle hasta que, con 10 años, fue a un orfanato. Tiempo después, su situación mejoró cuando una familia catalana la adoptó y le dio la educación artística que la convertiría en la pintora que es hoy.

Semanas después de su publicación, algunos de sus familiares nos alertaron que parte de su relato no se ajustaba a la verdad: "Lo que cuenta Manolita —como la llama su familia— es falso. Nuestra madre no era prostituta, ni gitana, ni ella creció en la calle", dice su hermana Rosita dos meses después de aquella entrevista.

Lo que sigue es la "otra" historia de la vida de la pintora, siempre según sus hermanas. Ellas también son las que han aportado las fotografías que ilustran este texto.

Lita —la segunda empezando por la derecha— y sus hermanos en la boda de Ana María.

I. No creció en la calle

Sariñena, provincia de Huesca, vio nacer a Lita en 1961. Allí vivió con su familia hasta los 6 años, momento en el que su madre, Francisca, dejó a su padre y se mudaron a Barcelona. Se instalaron en casa de su abuela Rosa, y Francisca empezó una relación con un hombre casado.

A pesar de que durante el franquismo el adulterio estaba condenado, su amante acabaría siendo el padre de sus 2 hijos pequeños y la persona con la que compartiría 40 años de su vida.

Ante las dificultades económicas de Francisca,  su pareja le ofreció la posibilidad de llevar una cafetería de alterne que, además, tenía un piso en la planta de arriba.

De este modo Francisca pudo criar a sus 6 hijos y, tiempo después, cuando murió su abuela Rosa, ofrecerles un hogar. Sin embargo, a pesar de trabajar en un bar en el que había chicas de compañía, sus hijas recalcan que ella no era prostituta ni madama. "En aquel establecimiento las chicas solo pasaban el rato con los clientes y, si se prostituían en la calle, ya era cosa suya", recuerda Ana María.

Pero cuando sus hijos crecieron, Francisca vio que aquel no era el mejor entorno que podía ofrecerles. Vendió esa cafetería, montó un bar restaurante y volvieron al antiguo piso de Rosa.  

"Aunque, obviamente, no es nada malo, mi madre tampoco era gitana. Es mentira. Y nunca nos faltó nada. Mi madre llevaba un bar y mi abuela una pensión. Íbamos vestidas, nunca fuimos descalzas y jamás pasamos hambre", dice Rosita.

El año pasado Lita fue a visitar a su madre a la residencia.

II. Su paso por el orfanato

Sin embargo, para vivir en condiciones óptimas la ayuda de sus hijos era imprescindible para Francisca. Cuando la hermana mayor, Ana María, se casó con 19 años, a Rosita, de casi 16, le tocó trabajar en el restaurante. Entonces, el cuidado de los hermanos más pequeños, de 2 y 6 años, pasó a ser responsabilidad de Lita, que tenía 11.

Aunque, obviamente, no es nada malo, mi madre tampoco era gitana. Es mentira. Y nunca nos faltó nada. Mi madre llevaba un bar y mi abuela una pensión. Íbamos vestidas, nunca fuimos descalzas y jamás pasamos hambre

Y así lo hizo. Aunque no estuvo sola. Contaba con la ayuda de Rufina, una señora que se encargaba de cuidarles y de limpiar la casa hasta las 7 de la tarde. Horas después, cuando ya habrían terminado de trabajar, Francisca y Rosita regresaban a casa y volvían a estar todos juntos.

Hasta que, un día, ocurrió lo que nadie esperaba. Lita cogió a sus 2 hermanos, los descalzó, los semidesnudó y los llevó a la iglesia, donde alegó que vivían en condiciones deplorables. Entonces explicó que su madre estaba con un hombre casado y que les había abandonado. Aquel testimonio fue suficiente para que llamaran a un agente de menores y después les enviaran a un orfanato en Sabadell , separándoles de su madre.

De izquierda a derecha: Lita junto a su hermana Rosita en una comido del colegio de Sariñena.

Era 1972, Franco aún no había muerto y aquella denuncia tuvo repercusión. El adulterio se consideraba un delito y, por ello, la vida sentimental de Francisca le costó la pérdida de sus hijos. Como no tenía ninguna opción de recuperarlos, después de aproximadamente año y medio Ana María los adoptó.

Ni Rosita ni Ana María entienden a que se debió ese gesto. Una cree que fue porque se sentía sola y desprotegida. La otra que simplemente no quería tener la responsabilidad de cuidar a sus hermanos. Sea por la razón que sea, sostienen que esa es la causa por la cual, como también explica Lita, estuvo en un orfanato.

Lita fue a la iglesia y dijo las palabras que lo cambiarían todo: su madre estaba con un hombre casado y les había abandonado

III. Los motivos de su adopción

Una nueva etapa empezó cuando se fueron a vivir con Ana María. Pero con el tiempo, ella se vio demasiado joven para tanta responsabilidad y no supo gestionar el recuerdo de lo ocurrido en la iglesia, ya que temía que se repitiera algo similar. "Yo tenía miedo de mi hermana. Le dije a mi madre que no podía cuidarla porque sentía que un día me iba a traer la ruina".

(De izquierda a derecha) Rosita, una de las hermanas pequeñas y Lita.

Se dirigió a un centro de menores para darla en adopción pero, para su sorpresa, Lita ya estaba planeando marcharse de casa. Tenía 14 años y se había puesto de acuerdo con una mujer mayor y adinerada que, aparentemente ya conocía, para que la adoptara. De hecho, según sus hermanas, aquella señora sería la familia catalana que, como ella explica, le ofreció una educación artística.

Ante estas declaraciones, invitamos a Lita Cabellut a volver a explicar su versión. Sin embargo, ha preferido mantenerse al margen.

Ni la biografía que ofrece Lita, ni la versión de sus hermanas reflejan que haya tenido una vida fácil. Pero, como comenta Ana María, "yo sé que ha tenido que pasar por muchas cosas. Pero no tenía por qué decir ninguna mentira".

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