Entrevistas

El indígena que pide ayuda en Europa para la comunidad más atacada de Brasil

Los guaraní-kaiowá son unos 45.000 indígenas que viven y mueren asediados por el agronegocio en Brasil. Son la comunidad que sufre más suicidios y homicidios del país.

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*Fotografías de Guillem Sartorio

El cacique Ládio Veron se presenta en un patio del Raval de Barcelona con mirada triste, vaqueros, abrigo oscuro y camisa de cuadros. De vez en cuando echa un ojo al Whatsapp. Pero en la foto quiere aparecer con el penacho de plumas tradicional y el collar artesanal que hablan por su comunidad indígena de los guaraní-kaiowá.

“Yo no quiero vivir en la ciudad, para mí eso no es vida. Aunque he estudiado, uso el móvil y conozco las leyes para poder defenderme, en la aldea soy feliz, con mi comunidad, trabajando en colectivo y viviendo el día a día. Nos gustaría vivir como indígenas de verdad, de la tierra, pero está toda devastada”, dice el líder local de 50 años de edad.

Se encuentra agotado en mitad de un viaje por Europa en el que recorrerá 13 países hablando con decenas de personas para encontrar aliados que defiendan su causa y la de los 45.000 miembros de los guaraní-kaiowá. Repetirá que se trata de una de las mayores comunidades indígenas de Brasil y también la más amenazada, atacada y asesinada. La mayoría viven en el estado de Mato Grosso do Sul, el mayor productor de carne y soja del país. Los latifundistas que ocupan sus tierras les dejan sin hogar para poder producir y, en demasiadas ocasiones, les amenazan y les matan si no se marchan.

La vida se les puede complicar aún más si avanza en el Congreso una enmienda a la normativa sobre pueblos indígenas que la propia Fiscalía General del Estado (Ministerio Público Federal) brasileña ya ha tachado de ilegal, informó El País Brasil. Esta quiere dar competencias al gobierno a la hora de delimitar las tierras protegidas para comunidades indígenas, una función que ahora mismo compete a la FUNAI, Fundación Nacional del Indio, que elabora estudios antropológicos.

La enmienda podría además dar poder al Ejecutivo Temer para revisar e invalidar las 18 tierras indígenas homologadas por el gobierno de Rousseff, un número que ya resultaba bastante bajo en comparación a las realizadas por sus dos predecesores Lula y Fernando Henrique Cardoso.

Opositores, activistas y líderes indígenas alertan de que esto podría hacer que la presión del agronegocio, con fuertes lobbies en el Congreso, tenga más poder. El partido de izquierdas del PSOL ha llegado a asegurar que esta medida podría suponer el fin del 80% de las tierras indígenas.  

Homicidios, suicidios, desnutrición

Al padre de Ládio, Marcos Verón, lo mataron los terratenientes de la región de Dorados, donde vivía y reside hoy su hijo pocos años después de viajar a Europa para presentar un libro.

A mí me amenazan todo el tiempo, hasta por Whatsapp, no sé cómo consiguen mi teléfono. Pero no me importa, no tengo miedo a la muerte. Si me matan sé que muchos otros líderes se van a levantar en mi defensa. Mi pueblo resistirá, aunque ellos tengan las armas”, expresa Ládio, llamado también Ava Marapendi en la lengua de su pueblo.

Me amenazan por el Whatsapp, no sé cómo consiguieron mi teléfono. Pero no tengo miedo a la muerte. Otros líderes se levantarán.

La región de Mato Grosso do Sul, donde la mayoría de comunidades nativas son guaraní-kaiowá, detenta las peores cifras en cuanto a asesinatos y suicidios de este colectivo. De los 137 indígenas que fueron asesinados en 2015 en Brasil, 36 vivían en esa región. 45 de los 87 suicidios cometidos tuvieron lugar en ese estado, según datos del Consejo Indígena Misionario de Brasil. En los últimos 30 años, más de 625 indígenas se han quitado la vida, la mayoría de ellos jóvenes, según cifras de la ONG Survival Internacional.

“La interferencia cultural tiene parte de responsabilidad de lo que sucede. A veces un joven indígena descubre bienes de consumo, zapatillas, ropa, y sus padres no tienen dinero para conseguirlo. Es una de las frustraciones que lleva al suicidio”, explica Ládio.

Hacinados muchas veces de manera precaria bajo lonas en zonas de pocas hectáreas que Ládio llama “áreas de confinamiento” (una especie de pequeños campamentos yermos que el gobierno autoriza como residencia de los indígenas) los guaraní pierden su esencia malviviendo de las ayudas del Estado y sin poder plantar o cazar.

Hacinados en "áreas de confinamiento" bajo lonas, los kaiowá malviven en tierras yermas y espacios pequeños

La falta de víveres genera desnutrición en los niños y la contaminación de ríos o la llegada de enfermedades ayuda a que la tasa de mortalidad infantil sea también mucho mayor entre los guaraní-kaiowá que entre el resto de brasileños.

Con cultura, sin ley

A pesar de que la subsistencia es en sí un gran desafío para los guaraní-kaiowá en medio del violento asedio del agronegocio, los indígenas no han perdido su lengua, sus tradiciones y sus rezos. A falta de selva, eso es lo único que les permite mantener su identidad.

No queremos vivir como la sociedad blanca nos impone. En la comunidad cultivamos lo que podemos aunque las tierras estén desnudas. Las reforestaremos aunque el gobierno no nos ayude. Con nuestra forma de plantar, nuestro canto y nuestra fiesta, nos seguimos sintiendo indígenas en las tierras donde vivieron nuestros antepasados”, explica Ládio.

La cultura indígena es muchas veces menospreciada por los sectores más conservadores de la sociedad brasileña, en especial por los más fundamentalistas evangélicos neopentecostales, que llegan a asegurar que son un pueblo sin Dios.

Si no tuviéramos Dios, no estaríamos aquí luchando por nuestro pueblo. Tenemos nuestro Tupá, nuestro Ñanderú... Y a mí me recomendó Tupá venir hacia Europa para pedir ayuda, de una forma que solo yo sé, un secreto del que mejor no hablo más”, asegura. Después, Ládio se cansará en dos clics de hacerse retratos y murmurará algo sobre el alma con tono incómodo.  

Fuera de los tópicos indígenas y de sus tradiciones primitivas, cada vez son más los que utilizan el móvil y las redes sociales para comunicarse y, también, para defenderse de agresiones, grabar ataques o difundir protestas. Ládio, que ha estudiado Sociología y ha llegado a ser candidato a diputado, es un ejemplo claro de alguien que ama las raíces pero que abraza las nuevas tecnologías para entender e intentar frenar sus amenazas.

El respeto a las tierras de indígenas en muchos casos no sólo es una cuestión de ética sino de pura ley. “Ni siquiera hay que cambiar la Constitución, solo cumplirla”, asevera.

El artículo 231 de la Constitución brasileña de 1988 dice así: “Se les reconoce a los indios su organización social, costumbres, lenguas, creencias y tradiciones, y los derechos originarios sobre las tierras que tradicionalmente ocupan, y compete a la Unión (gobierno), proteger y hacer respetar todos sus bienes”.

La Constitución, que reconoce a los indios "los derechos originarios osbre las tierras que tradicionalmente ocupan", está lejos de cumplirse

En la práctica, los indígenas son constantemente expulsados de sus tierras por el agronegocio, por plantas hidráulicas ypor otras intervenciones. Y en los últimos trece años, 891 indígenas fueron asesinados en el país.

Pero aún les queda fuerza para resistir y gritar, al menos a los guaraní-kaiowá de la mano de Ládio: “No vamos a perder porque vamos a luchar hasta que quede un solo guaraní. Va a ser difícil que nos echen de nuestras tierras”.

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