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Una tarde con la guerrilla urbana más odiada por el gobierno de Turquía

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"No esperamos a la revolución, hacemos la revolución en todas partes"

Hibai Arbide Aza

09 Abril 2015 06:00

*En la imagen, mujer agredida tras los enfrentamientos entre policía y manifestantes tras el funeral de Berkin Elvan en marzo de 2014. Vía The Atlantic

Atenas, 3 de abril de 2015. María, nombre ficticio de una profesora de idiomas, le pide a Murat, un turco con diversidad funcional que también prefiere ocultar su verdadero nombre, que vaya a buscar un poco de marihuana, pues él conoce bien los bajos fondos de la ciudad. Mientras Murat se aleja en su silla de ruedas eléctrica, María cuenta una anécdota.

Una vez, una señorona de las que pocas veces pasean por los barrios populares del centro, se dirigió a Murat:

—Menuda vida la tuya, postrado en una silla. ¿A qué te dedicas?

Él contestó con una media sonrisa:

—Soy terrorista.

La señora escapó espantada.

Murat vuelve con malas noticias para María: no tenían marihuana, sólo hachís.

—No he pillado nada porque no sé si el tipo me intentaba timar. Si fuera dinamita, sería mucho más fácil para mí; de chocolate no tengo ni idea.


—Menuda vida la tuya, postrado en una silla. ¿A qué te dedicas? —Soy terrorista



Murat va en silla de ruedas debido a las secuelas permanentes que le dejaron 140 días de huelga de hambre, durante los que además sufrió torturas, cuando estaba preso en Turquía. Según el gobierno turco, el departamento de estado norteamericano y la UE, es verdad que es un terrorista. No obstante, lo cierto es que es —o fue— militante del DHKP-C, una organización marxista-leninista que, según sus palabras, “lucha con todos los medios a su alcance” contra el régimen autoritario instaurado en Turquía.

El Partido Revolucionario de la Liberación del Pueblo-Frente (DHKPC) es el principal grupo turco de extrema izquierda. Saltó a la palestra internacional el pasado 31 de marzo de 2015, cuando tomó como rehén al fiscal Selim Kiraz en su despacho del palacio de justicia de Estambul.

Selim Kiraz era el instructor encargado de investigar la muerte de Berkin Elvan, un niño de 14 años que murió mientras se dirigía a comprar el pan al ser alcanzado en la cabeza por un bote de gas lacrimógeno lanzado por la policía. Los sucesos tuvieron lugar durante las protestas de la plaza Taksim y el parque Gezi que agitaron el país en 2013. El fiscal no quiso investigar los hechos y archivó el caso sin imputar a los policías implicados.



Berkin Elvan tenía 14 años cuando murió alcanzado por un bote de gas lacrimógeno

Los secuestradores pusieron tres condiciones a cambio de la liberación del fiscal:

1. una confesión en directo de los agentes de policía sospechosos de matar a Elvan,

2. el enjuiciamiento de los responsables por parte de un “tribunal popular” y

3. la absolución de todos los acusados de participar en las manifestaciones que hubo en repulsa de la muerte del adolescente.

Si no cumplían con estas condiciones, ejecutarían al rehén.

El gobierno de Recep Tayyip Erdo?an, fiel a su estilo, no aceptó ninguna de las condiciones y ordenó a la policía el asalto de los juzgados. Tanto los militantes ?afak Yayla y Bahtiyar Dogruyol como el fiscal murieron.

Debido a una huelga de hambre tan prolongada, Murat padece el síndrome de Wernicke-Korsakoff, una enfermedad neurológica producida por la deficiencia de vitamina B1 que le provoca descoordinación para caminar, trastornos en la movilidad ocular y una disminución de sus capacidades cognitivas.

También a Aslan —no es su nombre real— le diagnosticaron dicho síndrome tras aquella huelga de hambre, que para él duró 160 días. Es mucho más de lo que un cuerpo sano puede aguantar según los médicos. Tiene 32 años pero camina como si fuera un anciano. También sufre temblores permanentes como si tuviera párkinson.



El 31 de marzo de 2015, el DHKPC saltó a la palestra internacional cuando tomó como rehén al fiscal Selim Kiraz en su despacho del palacio de justicia de Estambul. Selim Kiraz era el instructor encargado de investigar la muerte de Berkin Elvan.


—Nosotros no nos llevamos la peor parte —dice Aslan, con el hilito de voz que le queda—, mi hermano mayor murió en la cárcel.

No fue el único; en aquella huelga de hambre murieron 122 presos. La mayoría de inanición, pero no todos: el 19 de diciembre de 2000 el gobierno decidió poner fin a la huelga, por lo que puso en marcha una operación llamada “Vuelta a la Vida”. El ejército asaltó las prisiones en las que Murat, Aslan y 800 presos más realizaban la protesta contra la inauguración de nuevas cárceles de máxima seguridad. El balance de la operación fue de 31 presos y dos militares muertos. La Unión Europea, con quien Turquía negociaba su adhesión por entonces, nunca condenó tales hechos.


El fascismo no se puede reformar, con el fascismo no se negocia



Un viaje en el tiempo

Aslan pregunta quién quiere té y señala unas deliciosas pastas para acompañarlo. “Son turcas, aprovecha”. La estancia está presidida por varias banderas rojas y por el enorme cartel que cubre toda una pared con las caras de los militantes fallecidos desde la fundación del DHKP-C en 1978.

—En realidad, ahí no están todos nuestros mártires. No caben; son más o menos 600 muertos en manifestaciones, acciones de guerrilla urbana o la cárcel.

Hay varias estanterías repletas de libros con temática antiimperialista, entre las que destacan las obras de Dursun Karata?, el ideólogo, fundador y líder del partido hasta su muerte en 2008. Hubo 20.000 asistentes a su funeral.

En el salón hay 15 personas, casi la mitad mujeres. Todos y todas son refugiados políticos de Turquía que tienen, o han tenido, algún tipo de vinculación con el DHKP-C.

A los ojos de un europeo del oeste, parece la escenografía de una película ambientada en los años 70. Como si de un momento a otro fueran a salir de alguna de las habitaciones que rodean el salón Ilich Ramírez 'Carlos', Magdalena Kopp, Gudrun Enssli o Ulrike Meinhof. Pero es 3 de abril de 2015, tal y como demuestra el noticiario de una cadena turca que sintonizan vía satélite.

Ello se arremolinan frente a la tele y suben el volumen para ver en cómo la policía carga contra unos abogados en el palacio de justicia de Estambul en el que sucedió el secuestro. Misma escena en la universidad de Ankara: cientos de policías antidisturbios entrando en tromba.

—Así es Turquía cada día. La policía hace lo que quiere.

Acabado el telediario, cada cual vuelve a sus quehaceres. Varias de ellas leen noticias en los ordenadores, otros hablan en corrillos, uno prepara té.

Preguntados acerca del secuestro del fiscal, remiten al comunicado oficial del Comité Central del DHKP-C. Sólo está en turco o griego y alguien lo está traduciendo al alemán. Finalmente, acceden a ser entrevistados con la condición de no desvelar sus nombres. Pregunto si puedo decir que he estado con ellos en ese piso. Contestan que sí, pero aclaran que no es una sede oficial del partido. Es la sede de una asociación de solidaridad con las causas turca y kurda.


Es un estado policial. La policía mata con total impunidad



Un hombre al que llamaremos Dursun y una mujer a la que daremos el nombre de Sebgi contestan a las preguntas. Dursun es moreno, bajo y no sonríe ni un momento durante la conversación. Sebgi aparenta cuarenta y cinco años, ahora es canosa aunque fue rubia y tiene unos ojos azules grandes. Ambos hablan un griego perfecto y nada de inglés.

¿Cuál es la situación tras el secuestro del fiscal?

Dursun: No sabemos cuántas detenciones ha habido esta semana. Hay contabilizadas 85 pero probablemente son más, porque la policía puede detener en secreto a cualquier acusado de terrorismo. Estoy seguro de que ahora están siendo torturados, como lo fuimos todos los que pasamos por sus manos.

Al día siguiente del secuestro del fiscal, la policía mató de tres disparos a la militante del DHKP-C Elif Sultan Kalsen cuando intentaba disparar contra el ministerio del interior.

Dursun: La situación en Turquía es muy diferente a la de España o Grecia. Es un estado policial. La policía mata con total impunidad. Matan a un niño y ni siquiera se investiga. Nuestro gobierno ha bombardeado aldeas kurdas y no pasa nada. Este tipo de acciones son necesarias para hacer crecer la solidaridad.

El gobierno dice que es una democracia y en junio va a haber elecciones generales.

Sebgi: Turquía es fascista. Están deteniendo a decenas de personas simplemente por decir que los del fiscal debería haber acabado de otra forma, que no estaba bien matarlos. En Turquía no hay libertad de expresión, centenares de personas están condenadas por delitos de opinión. Los medios tenían prohibido publicar la foto del secuestro porque se ve el símbolo del DHKP-C.

Para que te hagas una idea: hace dos semanas, las televisiones emitieron unas imágenes en las que se veía al primer ministro griego Alexis Tsipras pasando por delante de una terraza en la que había gente tomando algo. ¿Sabes por qué esa imagen se ha hecho viral en Turquía? Porque si allí el presidente pasa por delante y alguien no se levanta en señal de respeto, está acabado.

¿Cómo valoráis las movilizaciones de Taksim y el parque Gezi de hace dos años?

Sebgi: Fueron muy importantes porque se movilizó muchísima gente. No se acabó el miedo, pero algo cambió. Pero es importante que la movilización vaya acompañada del reforzamiento de las organizaciones revolucionarias.

Dentro de poco es el 1º de mayo, una fecha muy importante para vosotros. ¿Cómo lo veis este año?

Dursun: El gobierno ha prohibido el acceso a la plaza Taksim y los nuestros van a intentar entrar en la plaza Taksim. Va a haber guerra. Este año va a ser muy duro.


Matan a nuestros niños en la calle. Si no hay justicia, hay violencia



¿Qué esperáis de las elecciones del próximo junio?

Dursun: Nada.

Sebgi: En todo caso, la situación va a empeorar. Las elecciones en Turquía no mejoran nada. Antes ya vivíamos un estado policial, ahora acaban de aprobar una ley que permite a la policía disparar legalmente a manifestantes desarmados.

Vosotros no os presentáis, pero ¿hay algún partido de los que concurren con quien tengáis relación?

Dursun: No, ninguno.

El PKK kurdo, tras décadas de lucha armada, ha declarado una tregua y dice que las elecciones en junio van a ser históricas.

Sebgi: Es porque están negociando con Erdo?an

¿Y vosotros no os lo planteáis?

Dursun: Nosotros no hablamos con fascistas y Erdo?an es un fascista. El fascismo no se puede reformar, con el fascismo no se negocia.

Sebgi: Los kurdos hace 15 años que dicen lo mismo. Y su líder Öcalan sigue en la cárcel, junto a miles de sus seguidores. 15 años de estrategia fallida.

Pero, entonces, ¿nada vale excepto la revolución? ¿Qué hacer mientras llega?

Sebgi: La revolución no llega, la revolución se organiza. En el trabajo, en los barrios, en las cárceles. No esperamos a la revolución, hacemos la revolución en todas partes.

Al margen del comunicado oficial ¿Qué opináis de la muerte del fiscal?

[Dursun se encoje de hombros y contesta sereno] Matan a nuestros niños en la calle. Si no hay justicia, hay violencia.


No esperamos a la revolución, hacemos la revolución en todas partes



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