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"Las grandes fortunas adoran las revoluciones que se limitan a un cambio de gustos"

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Hablamos con el que ha sido definido como el mejor ensayista de la izquierda estadounidense, Thomas Frank.

Víctor Lenore

10 Enero 2014 09:01

¿Por qué los empresarios no dejan de quejarse cada vez que les ponen un micrófono delante? ¿Por qué el Tea Party es un movimiento más potente que Ocuppy Wall Street? ¿Cómo consiguió la derecha de Estados Unidos que las víctimas de la crisis salieran a la calle para pedir más recortes, bajadas de impuestos a los ricos y el bloqueo de una sanidad pública gratuita? El ensayo "Pobres Magnates" explica estas disfunciones políticas.

Muchas veces se ha definido a Thomas Frank (1965) como el mejor ensayista de la izquierda estadounidense. Su principal baza es la habilidad para explicar tesis incómodas usando un lenguaje aceptable por los grandes medios de comunicación. Consiguió incluso ganarse el respeto de cabeceras conservadoras como el Wall Street Journal, donde fue columnista hasta 2010 (luego abandonó el diario por Harper's Magazine). El ensayo más aclamado de Frank se titula "¿Qué Pasa con Kansas? Cómo los Ultraconservadores Ganaron el Corazón de Estados Unidos" (Acuarela libros, 2008) Se trata de una crónica sobre cómo el Partido Republicano consiguió arrebatar el discurso populista a la izquierda de base. Podemos decir que su nuevo libro, "Pobres Magnates" (Sexto Piso, 2013), es el remate de aquel texto, donde actualiza la tesis estudiando la explosión del Tea Party y la traición de Obama a sus promesas de la campaña 2008. Frank también es autor de "La Conquista de lo Cool" (Alpha Decay, 2011), un texto que destripa la pulsión reaccionaria, consumista y narcisista de un amplio sector de la contracultura.

La conclusión principal de "Pobres Magnates", si no he entendido mal, es que la derecha estadounidense maneja mejor el populismo que la izquierda. ¿Por qué ocurre esto?

La derecha lleva tanto tiempo usando el lenguaje populista que ya les sale de manera natural. Desde los años setenta, los republicanos se identifican como el partido de "la gente" y la resistencia frente a "las élites". La otra cara del problema es que los Demócratas son muy reacios a usar un lenguaje populista. El camino para hacerlo sería identificar a "las élites" con los bancos y las grandes corporaciones, pero si se atrevieran se acabarían las donaciones para sus campañas electorales. Un giro a la izquierda del Partido Demócrata parece inaceptable en el actual clima político del país.

"Estados Unidos tiene una apetito voraz por el "idealismo amargado" que nos ofrece la derecha. El país lo retoma, de forma autodestructiva, por mucho daño que le haya hecho la última vez"

Una figura clave en tu libro es Barack Obama, que no sale muy bien parado. ¿Crees que hubiera sido preferible un presidente republicano honesto antes que un demócrata que incumple sus promesas?

No. Obama ha hecho bien algunas cosas. Terminó con la estúpida guerra de Irak, lanzó una campaña de estímulo económico y alguna otra iniciativa digna. Dicho esto, estaría encantado de poder votar por un liberal de la escuela Franklin Delano Roosevelt. Con esto me refiero a alguien contrario a la guerra, partidario del gasto público, que se atreva a trocear y controlar a los grandes bancos, rescatar a los hipotecados y elevar el salario mínimo. También necesitamos crear unas condiciones en las que los sindicatos puedan hacer su trabajo, como hizo Roosevelt tras la Gran Depresión.

¿Dirías que el Tea Party ha sido un movimiento más vivo y efectivo que Occupy Wall Street?

Sin duda. Ya no hacen tantas manifestaciones en parques públicos, pero el Tea Party forzó en 2010 uno de los mayores vuelcos políticos en la historia del Congreso. Su momento de gloria fue el cierre del gobierno en octubre de 2013. Por suerte, les salió el tiro por la culata. Respecto a Occupy, nunca ha tenido ninguna influencia en el Congreso.

¿Qué momento vive ahora el Tea Party?

No veo buenas perspectivas para ellos. Tras el fracaso del cierre del gobierno, han declarado la guerra a los republicanos, acusándoles de blandos. Es brutal porque están atacando a políticos que hace veinte años eran considerados de extrema derecha. Esto desacredita al Tea Party, pero me resisto a decir que están muertos, porque llevo décadas escuchando repetir a la gente que "la derecha está acabada" y la realidad demuestra una y otra vez que no es cierto. Estados Unidos tiene una apetito voraz por el "idealismo amargado" que nos ofrece la derecha. El país lo retoma, de forma autodestructiva, por mucho daño que le haya hecho la última vez.

¿Occupy Wall Street está muerto o simplemente ha perdido fuelle?

Tuvo un momento grande, explosivo, acompañado de un buen eslogan, que capturó el espíritu de la época ("Somos el 99%"). El problema es que no dejaron muchos textos o estructuras útiles para avanzar. Hay personas que movieron aquello de las que seguiremos oyendo hablar, además de un pequeño grupo que sigue activo. Hace poco lanzaron una tarjeta de débito. Creo que van a surgir nuevas organizaciones. Empiezan a despuntar unos pocos políticos de izquierdas que no temen ser tildados de populistas, pero creo que están en una onda distinta de Occupy Wall Street.

Hace unos meses, el magnate derechista Rupert Murdoch (defensor de Reagan, Thatcher y Cameron) compró el imperio Vice. ¿Se está reforzando la contracultura de derechas?

La contracultura de derechas existe hace mucho tiempo. Las grandes fortunas adoran las revoluciones que se limitan a los gustos. Como explica mi primer libro, "La Conquista de lo Cool", la contracultura siempre tuvo una fuerte rama libertaria (de derechas) desde los años sesenta.

"La élite financiera dice lo de siempre: sí al gasto público, pero solo para rescatar a bancos y entidades financieras"

Hace unos meses entrevisté al filósofo Slavoj Zizek. Le pregunté por una frase tuya: "la derecha funciona como un proyecto colectivo, mientras que la izquierda pierde energía en pequeñas luchas internas". Zizek contestó que, desde la crisis de 2008, las élites no tienen muy claro qué hacer. ¿Estás de acuerdo?

En realidad, existen varias élites. Los académicos liberales tipo Paul Krugman apuestan por medidas keynesianas (gastos público, mayores controles…). La élite financiera dice lo de siempre: sí al gasto público, pero solo para rescatar a bancos y entidades financieras. La pequeña y mediana empresa apoya las medidas de austeridad porque piensan que ellos son los únicos que trabajan duro y por tanto los que se van a salvar del hundimiento. Desprecian a los demás por haber vivido "por encima de sus posibilidades". Así seguimos.

¿Cuál es el último ensayo que te ha hecho cambiar tu manera de ver algo importante?

Ben Lerner, de Harper`s Magazine, escribió hace poco un artículo buenísimo titulado "Damage control". Se trata de una pequeña historia de la gente que destroza obras de arte. Su análisis de este tipo de vandalismo da mucha información sobre los valores del mundo actual. Me ha hecho pensar en el vacío del mercado del arte y la industria de los museos. Y eso es algo político, por supuesto.

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