Entrevistas

“No somos una generación fracasada”, @MedelElena

Hablamos con Elena Medel, que acaba de publicar el canto generacional ‘Chatterton’. Lacoste te trae este contenido

Después de casi ocho años de silencio, la joven escritora Elena Medel vuelve a la escena con un libro tan personal como universal. Un reto literario con el que el lector más joven se sentirá identificado. Un grito de supervivencia, de fuerza y de futuro que recuerda tanto a la poesía de Anne Carson, como al sentimiento generacional de Lena Dunham.

Fotografías de Mahala Marcet.

Describir a Elena Medel (Córdoba, 1985) resulta tan complicado como sorprendente. Uno atiende a su currículum, a sus premios y a su literatura, y descubre con admiración que en el mundo hay personas todoterreno verdaderamente inspiradoras.

Elena es poeta. Con sólo 16 años se dio a conocer en el mundo literario. También es narradora. Ella ha publicado cuentos, relatos y ultima una novela. Elena es editora. Junto a Alejandra Vanessa dirige la editorial de creación joven La Bella Varsovia. Elena es antóloga, periodista, gestora cultural, tuitera 24 horas y fanática del pop: un día puedes verla saltar de alegría porque va a asistir a un concierto de Madonna, y al siguiente leer su más sentido e inteligentísimo artículo sobre Alice Munro nada más haber ganado ésta el Nobel.

Su poesía tiene algo de ese carácter doble y libre. De esa cosa alta, que enamora a poetas de siempre como Luis Antonio de Villena o Pablo García Baena, pero también de esa voz terrenal y cercana que atrae a miles de lectores y que consigue convertirse en la representación de nuestro tiempo, y en la poesía que mejor retrata a nuestra generación.

Por todas estas cosas hablamos con Medel. Para que nos contara sus secretos, sus proyectos, sus pasiones y sus más grandes retos:

Tu primer poemario (Mi primer bikini, 2001) ya supuso un gran salto: ser una adolescente de apenas 16 años que deslumbra al mundo con su poesía. El segundo (Tara, 2007) representó otro: una manera de superar una gran pérdida familiar a través de la literatura. Igualmente, tu último libro (Chatterton, 2014) también ofrece un nuevo giro, porque además rompe con fuerza varios años de silencio. ¿Cuál de todos te ha costado más escribir? ¿Y cuál ha sido el más difícil de mostrar a los demás?

La escritura más compleja en lo emocional fue la de Tara, claro, porque está vinculado a una hecho concreto y difícil, pero la escritura más difícil en cuanto a motivos estrictamente literarios ha sido, sin dudarlo, Chatterton. Me equivoqué en el proceso inicial de escritura, porque intenté establecer una línea continua con respecto a Tara: el mismo lenguaje, los mismos retos... y estos poemas pedían otras palabras más claras, un tono más narrativo aún, que yo eludía.

Después la editorial con la que yo publicaba habitualmente (DVD Ediciones) cerró, y me quedé sin la seguridad de finalizar un libro y verlo en librerías a los pocos meses, como me había ocurrido con Tara: una suma de pequeños bloqueos (no encontrar las palabras adecuadas, no saber qué ocurriría con el poemario, no tener todo el tiempo que quería para escribir) que dificultó la escritura. Además, por supuesto, el miedo constante al cambio con respecto a mi libro anterior, tan diferente en la forma: ¿cómo lo recibirían los demás? Ha sido el más difícil de escribir, desde luego, y el que me ha costado más dar por terminado y mostrar.

Mi primer bikini significó el descubrimiento, la libertad, el goce de la escritura: en aquella época escribía y escribía y escribía, sin más, por puro disfrute. En Tara hay más conciencia, más silencio; también más reflexión en cuanto a qué decir y cómo, y un mayor respeto —en todos los sentidos— hacia la escritura. Chatterton, lo dicho: un particular taller de escritura, para conocer mis ritmos de creación, mis intereses, mis obsesiones... y también para probar una tensión que me interesaba mucho como lectora, entre literatura y realidad, que aún no latía en mis poemas.

"Somos una generación desencantada, en todo caso, porque soñábamos un futuro muy distinto cuando es presente: la nuestra es una generación instalada en la precariedad."

En Chatterton hablas del fracaso, de la ruptura, de la soledad y de tu generación. Ese sentimiento que desprende tu nuevo poemario también puede verse en series como Girls. ¿Qué te une a la célebre Lena Dunham? ¿Somos una generación fracasada?

No creo que seamos una generación fracasada: he hablado sobre el fracaso a propósito de Chatterton, está en el libro mencionado de forma explícita, pero quizá sería más fiel y más cierto sustituirlo por "desencanto". Somos una generación desencantada, en todo caso, porque soñábamos un futuro muy distinto cuando es presente: la nuestra es una generación instalada en la precariedad. Sin trabajo, sin derechos, extendiendo esa tensión a las relaciones personales...

En cuanto a Lena Dunham, me gustó Tiny Furniture y me gusta mucho Girls y admiro su escritura y su forma de pensar y de ser y de estar en el mundo, y como feminista creo que ha hecho mucho por las mujeres (con su reivindicación de otros cuerpos y del empoderamiento de las mujeres y de las maestras en silencio), pero veo en ella un humor que no hay en mis poemas, por ejemplo, y desde luego unas circunstancias en sus personajes muy distintas a las de los míos.

¿Volverán a pasar siete años hasta que podamos leer un nuevo libro de Elena Medel? ¿Qué proyectos tienes en mente, además de los de La Bella Varsovia?

No lo sé... El otro día bromeaba con una espera de doce años, porque entre la publicación de Mi primer bikini y Tara mediaron cuatro años, y ocho desde Tara a Chatterton, así que es la progresión lógica. Escribo algunos poemas, casi por no perder la forma, que sé que me ayudan a tantear lo que querré decir en el próximo libro, y estoy con narrativa, como siempre, sin tener prisa, probándome y midiéndome y aprendiendo. Con cuentos, sí, y con una novela, y por supuesto con todos los poemarios que editamos en La Bella Varsovia y con otros muchos grandes saltos que daremos este año en la empresa, con nuevos proyectos vinculados a la cultura y a la creación.

Y puesto que ya hemos hablado de tus retos, ¿cómo animarías a un joven creador a dar su gran paso?

Que no lo dude. Un salto puede implicar una caída, pero también un ascenso. Si no lo intenta ahora, se arrepentirá toda la vida: pensará qué y cómo viviría de haberse atrevido. Algunos saltos me han funcionado y con otros me he tropezado: siempre te levantas. Los tópicos aciertan a veces, y es cierto que hasta de los fracasos se aprende...

Atrévete a dar el salto. # Livebeautifully

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