Entrevistas

Cómo ser gay en el mundo del metal extremo

Nuevas referencias para el mundo gay

*Fotografías de Aitor Saraiba

El artista Aitor Saraiba (Talavera de la Reina, 1983) tiene múltiples facetas, pero entre ellas se encuentran estas dos: es gay y jevi (o viceversa). Después de ganar fama con sus dibujos, sus tres novelas gráficas autobiográficas (en las que se basa una obra de teatro que prepara al alimón con la compañía Furia Teatro y el director Víctor Tamarit) o sus cerámicas, uno de sus últimos trabajos son las fotografías del libro The black mark y la exposición homónima que se puede ver en la madrileña Twin Gallery del 6 de junio al 11 de julio dentro del festival Off de PhotoEspaña. Ahí trata de retratar las inopinadas relaciones entre la homosexualidad y el mundo del metal extremo: “Llevo más de tres años trabajando en ello”, dice, “son retratos y paisajes en diferentes países, festivales de música y conciertos que reflejan nuestra forma de vida, la música que escuchamos, el modo en el que viajamos, el modo en el que nos enamoramos".

La última vez que visité a Saraiba, a principios de 2014, me citó en la minúscula y abarrotada habitación del piso compartido en el que vivía y trabajaba cerca de la estación de Atocha. Las cosas parecen irle bien: ahora nos recibe en un estudio propio, en la malasañera calle del Pez, dentro de un edificio viejo y destartalado, de techos altos y aire bohemio, en el que encontramos una miríada de despachos de jóvenes creadores y emprendedores (y algún que otro abogado).

Saraiba lleva una camiseta del grupo Mayhem, uno de aquellos que fueron conocidos por el gran público por estar implicados en quema de iglesias, suicidios y asesinatos durante los 90, el temible black metal noruego, la ponzoña satánica que surgía de las entrañas de una impecable sociedad del bienestar. Su estudio está plagado de cómics, libros, dibujos y cerámicas, el aire lo llena la música de Burzum otro de aquellos proyectos black metaleros escandinavos que tanto dieron que hablar. Aunque son las cinco de la tarde, Saraiba se dispone a almorzar comida china: “Llevo todo el día fuera, he llegado ahora y los chinos son los únicos que me sirven”, explica mientras se mete un trozo de cerdo agridulce en la boca. Aunque nos da un poco de pena interrumpir su comida, no tenemos más remedio que preguntarle.

¿Cómo te iniciaste en el metal extremo?

Cuando eres jevi, siempre quieres más. Yo siempre escuché, y escucho aún, Metallica, Judas Priest, y cosas así. El metal va evolucionando: en los 90 desaparece el heavy metal rápido como un género interesante, como fue el trash metal de los ochenta, Metallica o Slayer. A principios de los 90 surge todo el death y black metal, y de ahí se empieza a mezclar con el hardcore y surgen un millón de subgéneros. Cuando te gusta este tipo de música, como digo, siempre vas a más. Empiezas con Metallica, de repente conoces Slayer, luego algún grupo de death metal como Entombed, luego llegas al black metal... Una cosa lleva a la otra. Empiezas a ir a festivales como Hellfest, a ver a los grupos pequeños de black o death aunque esté tocando al mismo tiempo Iron Maiden. Así empieza todo.

Sobre el mundo del black metal, en concreto, ya hay varios trabajos fotográficos, como los de Peter Beste.

Sí, muchos, porque estéticamente es muy atractivo. No para de haber cosas nuevas. De entre todos los géneros, el black metal es mi favorito y con el que más me identifico.

¿No ocurre que con la edad aguantas menos el ruidismo de la música extrema? A mí, al menos, me ocurre. Una canción o dos, bien, luego me sobrepasa.  

Yo al revés, cada vez quieres más ruido y te empiezas a acostumbrar. Lo cierto es que la gente se divide: tengo amigos con los que escuchaba Minor Threat a los 16 años y ahora escuchan pop; otros, en cambio, van más hacia lo extremo. Bueno, es como en el arte, no veo diferencias entre la música y las artes plásticas donde yo también he ido buscando más todo el tiempo. 

Tú dices homosexual en este país y lo que viene a la cabeza es Boris Izaguirre, Jesús Vázquez o Jorge Javier. Deberían hacerse visibles en televisión otros perfiles homosexuales. Yo no soy menos maricón que ellos

A veces, y no solo lo digo yo, todo el asunto de la estética y los vídeos de black metal puede resultar ridículos. ¿No crees?

 

A ver, el black metal es, por supuesto, el estilo más parodiado. Pero eso es porque es el más temido. Y nos reímos de lo que tememos. Si ves fotos de un grupo de black metal o vas a un concierto de black metal, vas a ver que es real. Por eso se parodia. También hay muchos grupos que son como un circo. Pero si ese punto de vista lo llevas a la música indie sería igual o incluso peor: parodiable al máximo. El niñato con los pitillos, las Converse sucias, las camiseta de rayas y las gafas de pasta... Es igual de parodiable. Lo otro puede rozar a veces el carnaval y el disfraz de Halloween, que no me parece mal, pero si se ridiculiza es porque se teme. En cierta forma esta música gira en torno a temas muy fuertes como la muerte, el sexo, el malditismo o la religión. 

Vi una entrevista de Vice a Gaahl, el cantante de Gorgoroth (que por cierto aparece retratado en tu trabajo) y se comportaba como un villano de película. ¿No es esto algo impostado?

Es un personaje. Si todos lo hacemos, cómo no lo va a hacer él. Cuando le hice las fotos para el libro me resulto un tipo encantador. Pero tiene ese personaje o identidad escénica, con la que juega.

¿Hay más grandes nombres del metal extremo retratados en estas fotografías?  

No quería estrellas, sino algunos perfiles. Sale Gaahl porque es gay, también Douglas Pearce, cantante del grupo de neo folk Death in June, que también es gay. También tenía unas fotos muy chulas de Los Crudos, otros homosexuales, pero al ser una banda de hardcore no las incluí. En el punk y el hardcore la homosexualidad es más cotidiana, es más fácil encontrar estos perfiles y movimientos como el queercore. Más que fotos de celebridades buscaba gente que tuviera conexión con la homosexualidad dentro del metal. Todos los que salen en el libro son gays, exceptuando las grandes masas, claro, que no lo podemos saber. Muchos son amigos con Redwan, Dani, Iñaki, David, que aparecen en otros libros míos, o los organizadores de las fiestas de osos gays jevis Rock Bear, que se celebran en Chueca.

¿Cómo es el tema de la homosexualidad en el metal extremo?  

Es más oculto. No quiero decir que sean menos tolerantes porque los jevis son todos unos marginados: no es lo mismo ir por la calle con una camiseta de Vetusta Morla que con una camiseta de Slayer. Así que los que escuchan este tipo de música pueden aceptar a cualquiera. La verdad, yo me he sentido más discriminado por ser jevi dentro del colectivo gay, que por ser gay dentro del colectivo jevi. Voy a los conciertos, a los festivales, y lo último que importa es que seas marica. Pero sí que han criticado otros gays por llevar una camiseta de Mayhem.

Tú te mueves mucho por el mundo del artisteo y moderneo madrileño. ¿Cómo aceptan esto del metal extremo? ¿Les suena a chino? ¿A tumba?  

Sí, les parece que es una marca de ropa. Como los que piensan que Ramones o The Clash son marcas de camisetas. Por eso yo intento con mi trabajo posicionar mucho este tipo de cosas y que no se banalicen. Quería que se viera en este libro la gente con la que convivo y que es algo real. Yo salgo en medios como El País o Vogue y mucha gente que lo lee ni siquiera entiende los códigos que estoy usando para mi trabajo. Lo bueno es que la gente de esos movimientos, del metal, lo coge rápido y lo aprecia. Y eso me encanta. Por ejemplo está muy bien que en las firmas de libros o en la presentación de una exposición de repente vengan dos o tres que escuchan la misma música que tú y entienden los símbolos que utilizas.

¿Esto ocurre?

Yo me he sentido más discriminado por ser jevi dentro del colectivo gay, que por ser gay dentro del colectivo jevi

Sí, y es algo que pasa cada vez más. Al principio no venía gente así. Pero es que mi público es muy diverso. El último libro de poesía que he hecho me lo publicó Elvira Lindo. Imagínate, viene gente de la literatura de 50 o 60 años y adolescentes con una camiseta de Inmortal. Es todo muy mezclado y muy bizarro.

¿Hay corrientes homófobas en el jevi?

Pues sí, como en todos los sitios. Pero nunca he tenido problemas, al menos los mismos que en cualquier otro lugar de esta sociedad falocentrista y heterosexual en la que vivimos. Hay gilipollas en todas partes y si lo eres lo grupos que escuches no tienen la culpa. Es como cuando se suicidaban los adolescentes y le echaban la culpa a Ozzy Osborne.

Conozco con homosexuales que por edad vivieron el franquismo y luego cuando empezó el auge del Orgullo y el desfase de las carrozas, Boriz Izaguirre en la tele, y demás, no se sentían identificados, sobre todo estando en provincias. “Yo no soy así”, dicen.  

Faltan referencias. Tú dices homosexual en este país y lo que viene a la cabeza es Boris Izaguirre, Jesús Vázquez o Jorge Javier. Yo no tengo nada en contra de ellos, claro, pero deberían hacerse visibles en televisión otro perfiles homosexuales. Yo no soy menos maricón que ellos. La sociedad es así: sí eres gay te vamos a aceptar, pero vamos a aceptar a este tipo de gay. Los chicos supersimpáticos, superguapos, superlimpios que a todas las madres les encantan porque, al final, son como angelitos asexuados.

Desde ese punto de vista la homosexualidad parece más una tribu urbana que una opción sexual.  

Y lo fuerte es que en la comunidad gay hay un 80% de gente que no se identifica con estos estereotipos. Mi libro es para reivindicar precisamente que hay otros. Por lo demás, e stá muy bien que se celebre un día del Orgullo Gay, como se celebran días de otras cosas, pero yo no tengo que ir ni en tanga ni con purpurina ni cantando Cher por la calle. Y se reduce a eso, y es triste. También hay que decir que la sociedad ha fomentado eso, porque interesan ese tipo de homosexuales: con alto poder adquisitivo, clase media alta, soltero y consumista. El Orgullo ya es como las fiestas patronales de Madrid y deja un dineral. Desde luego no montarán una carpa de grupos de metal extremo, ni para gays ni para no gays. No interesa. España es cutre. También es interesante que la homosexualidad entre hombres está más aceptada que entre mujeres. Hasta ese punto vivimos en un mundo falocentrista. No se ven muchas lesbianas famosas en televisión, por ejemplo. El gay es el tipo divertido necesario en todas las fiestas. ¡Que llegué ya, que empiece la diversión! 

¿Cómo está la escena del metal extremo en Madrid?  

Un grupo que me flipa se llama Maniac, algunos de sus miembros vienen de Like Peter at home. Otros son Tottenwolf. El público del metal es el más fiel, aunque seamos pocos. Siempre hay gente joven y locales, y si no los hay se inventan. Hay muchos conciertos en locales de ensayo. Un concierto de metal es muy  diferente a cualquier otro concierto. En un concierto indie muchas veces la gente va a hacer el check-in y ni siquiera escucha: van a por una cerveza, charlan, se meten una raya, se hacen una selfie. Los conciertos se convierten en eventos sociales, más del público que del artista. En cambio, para el público del metal es una cosa sagrada. Hay mucha cultura de conciertos. Cuando empieza el concierto, empieza el concierto, es algo que echo de menos en otros estilos de música. Hay un público de mierda sin cultura musical. Pero para el jevi hay mucho público : España, de corazón, es jevi.

 

Si mi obra sobrevive, supongo que será porque no caigo en la moñez y la estupidez en la que están cayendo muchos otros ilustradores y artistas jóvenes

Estuviste en Noruega tratando de empaparte del black metal noruego ¿Siguen quemando iglesias?  

Seguro que siguen haciendo cosas, pero ya no les hacen la misma publicidad. ¿Tú crees que en algún momento desaparecerán los adolescentes que quieran ver el mundo arder?

¿Qué otra música te gusta?

Los Smiths, Bauhaus,  The Cure, Joy Division, todo lo de ese movimiento me entusiasma.  Me gustan las cosas siniestras y con algo de malditismo, en cualquier disciplina artística.

Pero tu estética como artista no es muy metalera o siniestra.  

Claro, luego la gente se decepciona cuando me conoce porque piensa que voy a ser como los dibujos que hago. Hace poco me dijeron: “qué pena que seas así con las cosas tan bonitas que dibujas... Eres demasiado macarra”. Pero es que hay muchas lecturas en mi obra. Mi ciervo de cerámica la gente lo ve como algo muy bonito, pero tiene una cruz invertida en la gente. Me fascina cómo la gente lo acepta: en mis ratas de porcelana dice "el futuro es nuestro". Si hiciéramos una lectura en profundidad, veríamos una inclinación mayor hacia el mal que hacia el bien. Y luego a la gente también le gusta el desamor, y en mi obra hay mucha miel pero también mucho vinagre. Y se quedan con la miel. Pero si mi obra sobrevive supongo que será porque no caigo en la moñez y la estupidez en la que están cayendo muchos ilustradores y artistas jóvenes.

Se ven cosas muy naif.  

No, el arte naif puede ser interesante. Gente que no es consciente que hace arte, eso es el naif. Pero lo que falta es compromiso político, social y hasta ético. Y el público no exige nada.

Está muy bien que se celebre un día del Orgullo Gay, como se celebran días de otras cosas, pero yo no tengo que ir ni en tanga con purpurina ni cantando Cher por la calle.

¿Qué te parece Manuel Carmena y todo el asunto de los dibujines en las redes sociales?

Estoy a favor. Pero no le hice un dibujín para las redes sociales, aprendí en el pasado a no asociarme a personalidades. Mi política esta clara, con los mensajes que he lanzado cuando ha habido movilizaciones; pero sí tengo un poco de pudor de asociar mi nombre a una persona que personalmente no conozco. Otra cosa es que yo la haya votado. Pero no sabemos qué pasará en el futro. Aunque la movilización por Manuela en las redes y las pegadas de carteles me pareció algo precioso. Pero yo ya hago política con mi trabajo.

¿Qué política?  

Lucho por un mundo igualitario y mucho más justo siempre. Mi lucha por la visibilidad gay o la libertad de expresión es diaria, toda mi obra está atravesada de eso. Mi forma de producir obra, por ejemplo: mis cerámicas se hacen en Talavera de la Reina, no en China. Siempre intento que la gente con la que colaboro gane lo mismo que yo. Intento estar muy comprometido con eso y con educar a un público poco exigente. Es trabajo de los generadores de cultura exigir esto. 

¿Qué fuiste antes, jevi o gay?

Antes jevi, claro. Dentro de uno viene que eres marica, pero también que eres jevi. Jevi no se es un verano, jevi se es para siempre.

La sociedad ha fomentado un tipo de homosexuales: con alto poder adquisitivo, clase media alta, soltero y consumista

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