Entrevistas

“La función de Guanyem es fortalecer el contrapoder”, @AdaColau

Hablamos con la portavoz de Guanyem Barcelona sobre municipalismo, emergencia de la nueva política, experimentos electorales y relación entre movimientos e instituciones.

Mientras la política de partidos tradicional se resquebraja, las alternativas ciudadanas no dejan de aparecer, y Guanyem es la última constatación de este fenómeno. ¿Su reto? Acabar con el viejo mundo…

Ada Colau fue una de las primeras personas que conocí cuando llegué a Barcelona, hace poco más de diez años. Para entonces ella era ya una de las caras reconocibles de los movimientos sociales de esta ciudad, debido a su paso por el (mal) llamado movimiento anti-globalización, las movilizaciones contra la guerra, el Taller contra la Violència Immobiliària i Urbanística y tantas otras campañas, colectivos y movimientos: son tiempos que ahora parecen lejanos, anteriores al 15M y a la impresionante Plataforma de Afectados por las Hipotecas que la convirtió en la portavoz de la oposición más firme al régimen del 78.

Tuve la suerte de compartir con ella durante un par de años una modesta experiencia en Ciutat Vella, el Espai Social Magdalenes. Un centro social en el que, entre muchos errores y algunos aciertos, escuché por primera vez hablar de municipalismo. Gracias a las CUP, los proyectos políticos de base municipal ya no son un ejemplo exótico ni una experiencia marginal: ahora propuestas similares florecen por todas partes.

El pasado 26 de junio, en una abarrotada escuela pública de El Raval, Colau participó en la presentación de Guanyem Barcelona, la propuesta electoral de la que todo el mundo habla. Durante el acto, el abogado Jaume Asens recordó que Barcelona es la ciudad europea en la que más revoluciones sociales han ocurrido. Apeló al imaginario de 1931, cuando unas elecciones municipales devinieron un proceso destituyente que derrocó el régimen. También incidió en que, para Guanyem, el derecho a decidir no solo consiste en la consulta sobre la independencia prevista para el 9 de noviembre sino en el derecho a ser consultados sobre todos los temas que nos afectan.

La iniciativa que acabáis de presentar se llama Guanyem Barcelona ¿Qué significa ganar?

El grupo inicial que impulsa Guanyem Barcelona parte de un diagnóstico: vivimos en una democracia formal pero es una democracia secuestrada y ese secuestro se está viviendo hoy en las instituciones. La democracia real sabemos que no se hace en las instituciones sino en las calles, de abajo hacia arriba. Los derechos se conquistan y para ello hace falta una sociedad permanentemente movilizada. Lo que ocurre es que esa movilización que ya se está dando a muchos niveles —no sólo en la calle sino a través de comunidades y redes que están proveyendo derechos y practicando la democracia— se encuentran con un bloqueo institucional donde los recursos públicos no están al servicio de esas demandas sino que están al servicio de los intereses de una minoría. Frente a ese bloqueo institucional, gente que nunca nos hemos interesado por entrar en las instituciones vemos la necesidad de plantearnos también el debate institucional. No como sustitución de la democracia que se hace desde abajo, pero sí para desbloquear esa situación.

En ese sentido, ganar Barcelona significa llegar al ayuntamiento de Barcelona para abrir esa institución que hoy es hermética y opaca, airearla y que la ciudadanía se apropie de ella para transformarla. Las instituciones como son hoy no sirven a las demandas ciudadanas. Eso se ve en la corrupción generalizada y también en la manera en la que gestionan los recursos. No se consulta a la ciudadanía sobre los temas importantes que le afectan y es un clamor la voluntad de participar en primera persona, sin delegar. La idea de Guanyem Barcelona es llegar a la institución para transformarla y dar el protagonismo a la ciudadanía. Que los representantes no la sustituyan.

"Hay gente que está muriendo, cada día nos recortan derechos y libertades. Si no intervenimos en esas instituciones vamos a ir a una versión contemporánea del medievo"

Tú en la presentación dijiste “no se trata de ganar las elecciones sino de ganar la ciudad” pero el objetivo es ganar las elecciones. Guanyem no quiere ser una candidatura testimonial sino que tiene vocación de mayoría.

Queremos ganar realmente. La idea de llegar a las instituciones para transformarlas no es algo que hayamos inventado nosotros, forma parte de un proceso más amplio en el que mucha otra gente ya está haciendo cosas. Hay procesos en marcha como las CUP, el Procés Constituent, Podemos... Esto nos hace pensar que nuestra intuición responde a un sentir general de los tiempos donde estamos. Pero una característica específica de Guanyem Barcelona es que se plantea eso en el ámbito municipal porque nos parece que es lo más coherente y que, aparte de ser en Barcelona, lo hacemos para ganar. Hay muchas iniciativas que están haciendo incursiones en las instituciones para que haya otras voces pero en este caso lo que creemos es que hay que ganar. Una presencia testimonial puede ser útil para visibilizar conflictos ocultos, pero ya no es suficiente. No sólo porque hay un contexto de oportunidad y que la ciudadanía lo pide sino porque hay una necesidad real. Hay gente que está muriendo, cada día nos recortan derechos y libertades. Si no intervenimos en esas instituciones vamos a ir a una versión contemporánea del medievo.

Entonces, si después del proceso que se deba dar y si colectivamente se decidiera que tú seas la cara más visible de Guanyem... ¿Te ves como alcaldesa de Barcelona?

No (risas). Si me lo preguntas así, te digo que no. Nunca me he visto en un cargo institucional, nunca he tenido ambición en ese sentido aunque he tenido oportunidades para ello. Pero se me ha interpelado por ser una cara visible y una figura de consenso por mi trayectoria en movimientos sociales. Yo siempre he sido consciente de que eso era un capital político que había que cuidar, que requería de una gestión colectiva. En este sentido, Guanyem Barcelona no es idea mía, es iniciativa de otra gente cercana. Si se me interpela y se me dice que mi figura de consenso y mi visibilidad puede ayudar a ese proceso de confluencia amplio, estoy dispuesta a poner la cara, siempre que haya una gestión colectiva tanto del proceso como de las figuras que lo hagan visible.

Mi pregunta tenía un doble objetivo. Por un lado la cuestión respecto a la figura que has respondido pero también en el sentido de si Guanyem Barcelona se siente con la capacidad de gobernar.

Como he dicho, Guanyem cree que se da la posibilidad de ganar las elecciones en un sentido numérico para ganar después en un sentido más amplio. No tenemos ninguna duda de que quienes participamos en Guanyem junto a la gente a la que se está invitando a participar somos parte de una sociedad que, de hecho, ya está yendo muy por delante de las instituciones a la hora de dar respuestas a las necesidades básicas. En el tema de vivienda, por ejemplo, es clarísimo: quien está parando los desahucios es la PAH y el movimiento vecinal de Nou Barris; son los que están consiguiendo alquileres sociales, los que están forzando a los bancos a negociar, etc. Lo mismo se puede decir en temas energéticos, en relación a la crianza por medio de las redes que se están creando en varios barrios, en relación a espacios autogestionados como Can Batlló, La Harmonia o el Ateneu Popular de 9Barris que funcionan mil veces mejor que un centro cívico externalizado. El punto de partida no es “nosotros lo haremos mejor si algún día llegamos”, sino la constatación de que ya se está haciendo lo que las instituciones deberían y no hacen.

¿Cómo se gesta la propuesta Guanyem?

No hay un día de inicio... Forma parte de un debate que se lleva produciendo desde hace tiempo en las plazas, en los colectivos, en las conversaciones de bar o en el trabajo... hay mucha gente desencantada con la idea de democracia como un voto cada cuatro años que, de repente, nos tenemos que plantear esto por pura necesidad.

¿Con qué agentes sociales se ha hablado hasta ahora?

Guanyem está conformado por un primer grupo de unas 150 personas que ha ido creciendo por contactos personales y un criterio de afinidad. En tanto que no se quiere ser un grupo cerrado que decida los espacios en los que otros pudieran participar, lo que somos ahora es un grupo impulsor que plantea un dispositivo de mínimos que sólo llegaba hasta el día de la presentación y ahora se ha abierto a la participación. Hasta ahora sólo hay un manifiesto, una web con compromisos y objetivos que deberán ser validados y asumidos por mucha más gente para que tenga sentido.

Antes de esto se ha hablado con mucha gente de entornos activistas y con algunas personas que pertenecen a organizaciones políticas. Con todas aquellas hipótesis de la confluencia que nos gustaría propiciar. Se les ha informado de que existía este proceso pero nada más. No se ha negociado nada ni se ha hecho ningún pacto con nadie.

"Nos hemos marcado el objetivo de lograr 30.000 firmas hasta septiembre de las que, al menos la mitad, sean de residentes en Barcelona."

¿Cuáles son los pasos que os habéis marcado?

Ahora estamos en una fase de validación. Hemos lanzado la propuesta y pedimos que la gente nos confirme si eso que hasta la presentación sólo habían firmado 200 personas responde realmente a un sentir mayoritario. Nos hemos marcado el objetivo de lograr 30.000 firmas hasta septiembre de las que, al menos la mitad, sean de residentes en Barcelona.

Las firmas son un requisito pero tampoco nos parece suficiente como validación de un proceso democrático, así que, en paralelo, pretendemos hacer charlas en los barrios para recibir el feedback tanto de la propuesta inicial como de las propuestas organizativas que corresponden a la siguiente fase. Aún no hay nada decidido respecto a eso.

A partir de otoño, si se da esa validación, habrá que decidir cómo se organiza Guanyem. Un partido clásico hablaría de confluencia, pero sería “venid todos a mí”. Para nosotros confluencia es decir “creemos que compartimos un diagnóstico y unas necesidades, vamos a hablar para concretar los siguientes pasos”. Somos conscientes de que no es fácil, pero es que la democracia real es muy compleja.

Hagamos un ejercicio de imaginación. Imaginemos que ese proceso de confluencia se da y que se logran unos resultados electorales espectaculares. De hecho, eso no me parece difícil de imaginar, lo que me resulta más complicado es el después...

Desde luego.

Pensemos en el después. ¿Cómo te imaginas la relación entre un equipo de gobierno formado por Guanyem, en el formato que sea, con los movimientos o las reivindicaciones que vienen desde abajo?

Te voy a hablar de intuiciones porque, si la democracia es real, está por suceder, no puede estar ya todo pensado. Lo que no queremos es representar a los movimientos, ni subsumirlos, ni cooptarlos. La fortaleza y riqueza de los mismos reside en su independencia. Lo que sí debe existir es una relación de reconocimiento; son esenciales para que haya una democracia real y como tal deben ser tratados. Ahora las instituciones los ven como molestias que gestionar. Debería cambiar esa actitud y tomarlos como interlocutores con los que construir democracia.

Otra cosa más concreta. Guanyem plantea que la confluencia no se va a realizar de forma abstracta en base a declaraciones sino que debe perfilarse mediante objetivos y prácticas concretas. Una de las cosas que exigimos es que haya coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. En términos de participación, en una democracia real debe haber máxima descentralización. No puede ser que el ayuntamiento escuche, reconozca y dé la palabra a unos u otros sino que el punto de partida son los barrios en los que ya hay una gran tradición de organización.

Incluso administrativamente, Barcelona es una ciudad muy descentralizada

Exacto. Y, por ejemplo, ahora está legalmente prevista la posibilidad de que los regidores de distrito sean elegidos directamente, pero esta demanda histórica del movimiento vecinal no se aplica. Otra cuestión fundamental de autogobierno descentralizado es que haya referendos e ILPs vinculantes, lo que permitiría que no sólo la administración decida sobre temas fundamentales. Por suerte, somos parte de una corriente que va mucho más allá de Barcelona y ya hay muchos experimentos de los que aprender.

Hablemos de las alianzas.

Para mí, lo más importante de Guanyem es que plantea una confluencia que no es hipotética sino que de facto ya se está dando. Parte de lo que ya estamos haciendo; hay una mayoría social de gente muy diferente, alguna organizada y otra no, que ya estamos confluyendo para parar desahucios, para defender la sanidad pública, para que haya mayor autogobierno, para llevar a la práctica el derecho a decidir... Partimos de esas prácticas que son nuestros objetivos comunes para pensar la confluencia y veamos hasta dónde llegamos, pero en ningún caso busquemos la unidad, que sería la crónica de un fracaso anunciado.

Concretemos un poco más. En la presentación de Guanyem, tú dijiste: “Quien ha gobernado contra estos principios debe sentirse excluido”. ¿Debe autoexcluirse Iniciativa per Catalunya – Verds, que ha participado en equipos de gobierno de esta ciudad durante tantas legislaturas?

Depende. Cuando yo dije eso, a quien seguro estaba excluyendo era a los partidos del régimen, a los partidos que han ocupado los gobiernos municipal, autonómico y estatal (PP, PSOE y CiU), que son los que han definido las reglas del juego. Partidos plagados de corrupción que nos han llevado a la situación en la que estamos. Es verdad que hay partidos, no sólo ICV-EUiA sino también ERC, que han estado en algunos momentos en el gobierno.

"¿Debemos dar por hecho que Ada Colau u otras caras visibles sean los portavoces de Guanyem? Rotundamente no, pero si colectivamente se decide utilizar esa visibilidad en beneficio del proyecto, se hará"

En el caso de ICV y Barcelona, 32 años dando apoyo al gobierno municipal del PSC.

También ERC ha participado y, de hecho, creo que sería muy interesante para el debate ciudadano que aclare si prefiere confluir con Guanyem o con CiU. Porque, en teoría, ERC defiende la sanidad pública, la educación pública y está en contra de los desahucios.

En el caso de Iniciativa, no es un partido plagado de corrupción ni ha sido el partido principal de gobierno. Eso no quiere decir que no sea responsable. Tanto yo como los colectivos en los que he participado le hemos criticado por sus responsabilidades, por su dejadez y por su seguidismo. Por ejemplo, estuvimos de acuerdo con que votara en contra de la Ordenanza del Civismo pero la mayoría de la ciudadanía esperábamos que ante algo tan grave rompiera el acuerdo de gobierno y no lo hizo.

No sólo no dejaron el gobierno sino que la legislatura siguiente volvieron a darle apoyo al PSC.

Yo esa crítica la mantengo. Esto también forma parte de la confluencia que plantea Guanyem, que es una confluencia no acrítica. No se trata de eliminar críticas o diferencias sino de comprobar con quién se puede confluir y hasta dónde.

Ahora bien, si partimos de un estado de necesidad y unos objetivos de mínimos, en teoría al menos, Iniciativa está de acuerdo con lo que planteamos. Además, está haciendo un poco de autocrítica y dice tener claro que solos no van a ningún lado y ven la necesidad de confluir y cambiar la forma de hacer las cosas. Hablamos de limitación de sueldos, de limitación de mandatos, de confluencias que no son sumas de siglas, de revocación de cargos... Iniciativa que haga lo que tenga que hacer. Cuando hablemos de cosas concretas veremos si prioriza la necesaria renovación real de las estructuras de participación o sus intereses propios.

Otra crítica que se le podría hacer a Guanyem, viendo la rueda de prensa en la que participasteis el catedrático Joan Subirats, el abogado Jaume Asens y tú misma, es que se trata de una propuesta de política de notables más que de un movimiento de base. En la presentación habló muy poca gente anónima, además.

Siempre hay una tensión entre la voluntad de que todos seamos protagonistas y la visibilidad de determinadas caras, y es bueno que la haya. Para mí la clave es que esa visibilidad esté gestionada y fiscalizada colectivamente. ¿Debemos dar por hecho que Ada Colau u otras caras visibles deben ser las portavoces de Guanyem? Rotundamente no, pero si colectivamente se decide utilizar esa visibilidad en beneficio del proyecto, se hará.

En la presentación del proyecto hubo muchas referencias a la desobediencia civil. Sabemos que la desobediencia no sólo es una respuesta legítima ante leyes injustas sino que ha constituido una herramienta imprescindible para conquistar derechos. ¿Cómo os planteáis esta cuestión desde dentro de las instituciones? Concretamente, si porque se ha decidido colectivamente te tocara desempeñar un cargo de responsabilidad ¿qué estás dispuesta a hacer?

La pregunta no es si me planteo la posibilidad de desobedecer sino que, para ser coherentes con nuestro propio discurso, no concibo no seguir utilizando las herramientas que hemos usado y usamos. No imaginamos la entrada en las instituciones como una especie de madurez en la que abandonamos lo que veníamos haciendo. Nos exigiremos la coherencia que pedimos al resto.

A menudo, nos hemos topado con que el reparto de competencias es usado como excusa para no tomar medidas necesarias y lo decimos bien clarito: cualquier administración es competente para defender los derechos humanos y lo haremos tengamos o no formalmente atribuidas determinadas competencias.

La administración va más allá de los partidos. Pensemos en las actuaciones de la Guardia Urbana , el lobbie turístico en Ciutat Vella, la mafia instalada en el área de urbanismo o en el Port de Barcelona... ¿es realmente controlable este monstruo desde un punto de vista democrático? ¿Cómo desmantelas el poder de los que de verdad gobiernan esta ciudad?

La función de Guanyem es fortalecer el contrapoder, no sustituirlo ni representarlo. Para conseguir, por ejemplo, el control democrático y la municipalización del agua, vamos a requerir de una movilización sostenida que implicará a la institución pero no podrá ser hecha sólo desde la institución. Si nos planteamos nuevos modelos de seguridad, no bastará con disolver la unidad de antidisturbios de la Guardi Urbana por su mala praxis reiterada, sino que implicará nuevas formas de gestión del espacio público y otras prácticas que nos generen seguridad real en los barrios en vez de seguridad entendida en términos represivos... En el resto de temas, igual.

¿Cómo te imaginas el método para dirimir el inevitable debate, si llegáis a gobernar, entre el posibilismo y los cambios radicales que estáis proyectando?

No me lo imagino como una decisión tomada por unos representantes electos sino fruto de un debate público con una participación ciudadana amplia. Como mínimo, deberán participar los sujetos implicados en las decisiones que en cada momento se tengan que tomar. Por otro lado, es evidente que es muy difícil lo que nos planteamos y por el camino va a haber imperfecciones, errores... Claro que vamos a tener contradicciones, claro que nos vamos a equivocar. No nos creemos puros o infalibles, no somos tan estúpidos. Pero, sabiendo eso, lo que no puede ser es que los miedos y las imperfecciones nos paralicen. Cuanto más colectiva sea la gestión, menor margen de error habrá. Esa es mi única certeza.

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