Entrevistas

“Quemaron 300 libros y la gente empezó a hablar con los espíritus”

El 9 de octubre de 1861, Barcelona se convirtió en la capital mundial del espiritismo

Fotografía de Guillem Sartorio.

Un golpe significa sí.

Dos golpes significa no.

En 1848, las hermanas Fox empezaron a oír ruidos en su casa de Nueva York. Después de inspeccionar sin éxito la pared de la que procedían aquellos extraños sonidos, hicieron algo que las haría pasar a la historia: responder. Golpearon la pared con sus nudillos e iniciaron un diálogo con una entidad invisible, totalmente desconocida.

"El espiritismo nació en Estados Unidos con las hermanas Fox. Ellas inventaron ese primer mecanismo de contacto con el más allá que dio lugar a esta gran ideología y forma de vida en el siglo XIX. Lo que pasó en Cataluña poco después no se puede extrapolar a ningún otro país europeo".

El escritor y poeta barcelonés Xavier Theros es especialista en hurgar en la historia y los secretos de su ciudad, Barcelona. Mientras sorbe un cortado descafeinado en el Café de la Ópera, frente al Liceo, cuenta que todo empezó con el fuego. Con una hoguera.

Las hermanas Fox.

El 9 de octubre de 1861 Maurice Lachâtre, un editor francés perseguido en su país y exiliado en Barcelona por publicar obras prohibidas, esperaba con muchas ganas un paquete procedente de Marsella.

Lachâtre regentaba una pequeña bisutería en la Plaza Real de la capital catalana, donde hoy se ubica el Hotel DO. Oficialmente, el francés vendía joyas baratas. La trastienda de su comercio era, sin embargo, una biblioteca de volúmenes prohibidos a la que acudían algunos de los universitarios e intelectuales más inquietos de la ciudad.

Lachâtre se había convertido en un proveedor de conocimientos no autorizados, y en el envío que esperaba esa tarde de octubre se encontraba, entre otros muchos volúmenes, la biblia del espiritismo:"En la caja estaban los Cinco Libros de la Codificación, de Allan Kardec, que fue quien convirtió la creencia popular de las hermanas Fox en una ideología codificada y en un modo de vida", explica Theros.

En la caja también había dos objetos bastante curiosos: " Una partitura inédita de Mozart que había sido dictada a través de la ouija y las memorias de Juana de Arco, también dictadas por ella misma desde el más allá".

Cuando los libros llegaron a la aduana, el arzobispo los confiscó y decidió abrir un proceso inquisitorial: "Sacaron 300 libros de las cajas y, en medio de los gritos de la gente, empezaron a quemarlos en una hoguera en el Parque de la Ciutadella. Ese Auto de Fe fue el último que se hizo en España".

El fuego consiguió lo contrario de lo que petendía, y avivó el interés de los ciudadanos que se acercaron hasta él. Barcelona se convirtió aquella noche en la capital mundial de los espíritus.

Sesión de espiritismo a mediados del siglo XIX.

Primera aparición: el notario, el capitán y los nazis

Entre quienes presenciaron la hoguera estaban los personajes clave en esta historia: el notario José María Fernández Colavida y el capitán de barco Ramón Lagier. Los dos hombres sintieron el impulso de recoger las cenizas de los libros espiritistas. 

Las guardaron con devoción, y poco después se convirtieron en los principales instigadores de este culto en Barcelona. 

"Igual que en toda Europa, el espiritismo en esta ciudad fue introducido por la aristocracia y la burguesía ilustrada. La diferencia es que en España estaba prohibido. Los profesionales liberales, como médicos y maestros de escuela, crearon los primeros grupos, asociaciones y revistas" .

El notario Colavida se convirtió en traductor al castellano de Kardec y fundó La Revista Espiritista. Su mujer, Ana Campos, fue la primera medium catalana conocida.

Lagier, el capitán, se dedicó a transportar clandestinamente desde Marsella todos los libros que Lachâtre necesitó para alimentar su trastienda y nutrir a la ciudad de todo el conocimiento necesario para hablar con los espectros.

Parte de las cenizas recogidas por Colavida y Lagier se hicieron llegar al mismo Kardec, a París, y se expusieron en el museo del espiritismo hasta que fueron destruidas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

En esos primeros momentos, el más allá se convirtió en una fiesta vip. Los miembros de la alta sociedad practicaban el espiritismo como una forma de ocio. Se reunían y hacían la ouija, practicaban hipnosis y artes adivinatorias.

Paradójicamente, aquellas prácticas sobrenaturales no chocaban con las nuevas corrientes de pensamiento racionalistas que estaban surgiendo en la segunda mitad del siglo XIX. "El pensamiento espiritista dice que todos tenemos un espíritu inmaterial e inmortal. Cuando nacemos se encarna y cuando morimos se desencarna, pero sigue viviendo", explica Theros.

Comunicarse con los muertos no significaba, necesariamente, creer en la magia y en misterios antiguos. Más bien lo contrario. 

"El espíritu no necesita ningún Dios ni credo para poder vivir, solamente un efecto físico del universo, así que era aceptable para quienes defendían el racionalismo, desde la masonería, republicanos y socialistas hasta el Rotary Club".

Aquella gente se oponía a las iglesias y a las religiones convencionales, de modo que dieron rienda suelta a una espiritualidad sin intermediarios, que podían sentir en sus casas y en sus cuerpos.

Lo que ocurrió en Cataluña, en Barcelona, es que los espíritus salieron pronto de las casas de los ricos y empezaron a llegar a las fábricas y a los barrios populares.

Segunda aparición: Amalia y los analfabetos

Amalia Domingo.

¿Un anarquista haciendo la ouija? Cuesta mucho, mucho de imaginar.

Sin embargo no fueron unos pocos, sino muchísimos, los obreros de ideología anarquista (también socialistas y republicanos) los que se unieron al espiritismo antes de la Guerra Civil.

En Cataluña llegó a convertirse en la religión masiva de los desposeídos, de toda la gente de campo que llegó a la ciudad para trabajar en las fábricas.

"En el pueblo estaban todo el día controlados por el cura, sabía todas sus idas y venidas: si iban a misa, si bautizaban a sus hijos. Cuando llegaron a la ciudad, vieron que el cura no salía en todo el día de la iglesia, que podían hacer sus vidas al margen de él".

Theros niega que el espiritismo tuviera éxito por un vacío de poder espiritual y porque los sacerdotes no se acercaran a las zonas industriales.

"Una vez descubierta la libertad de movimiento era muy difícil volver a la iglesia. Era más fácil hacerse de una asociación espiritista, donde estás con tus vecinos y donde nadie te dice lo que tienes que hacer".

Una de las claves para su expansión entre las clases populares fue salgo tan sencillo como poderoso: enseñaban a leer.

"Para practicar el espiritismo había que leer a Kardec. De modo que lo primero que te ofrecía la asociación era aprender a leer, algo muy importante para los obreros analfabetos de la época, para quienes hacerse espíritas fue la forma de acceder a la cultura".

Otra de las claves tuvo nombre de mujer: Amalia Domingo Soler.

Amalia fue muy pobre toda su vida. Nació en Sevilla, y tras convencerse de sus poderes como medium, se marchó a Madrid. Los espiritistas de la capital española, en su mayoría hombres y de clase alta, no le gustaron. Así que aceptó irse a Barcelona: una familia le ofreció cama y comida a cambio de que enseñara su doctrina.

Amalia nunca cobró por hablar con los difuntos de la gente. Acabó fundando un grupo espiritista muy famoso en el barrio de Gràcia, una de las dos zonas de la ciudad con más presencia de estos servicios. La otra era Sants.

"Mucha gente la recuerda por sus poderes y por sus poesías, pero Amalia también fue una de las fundadoras de la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona junto a Teresa Claramunt, el primer grupo feminista de la historia de España", recuerda Theros. 

La conexión entre la ideología libertaria y lo sobrenatural va adquiriendo sentido, pero aún queda un cabo importante por atar.

Aparición 3: tus difuntos son tu Dios

"Yo soy de Sants. En este barrio estaban todos los curanderos, gente que cobraba por sanar". No todos los mediums de Barcelona eran tan honestos como Amalia Domingo.

Durante el primer Congreso Espiritista Internacional, que se celebró en Barcelona en 1888, la mayoría de las ponencias versaron sobre los falsos mediums y estafadores que se montaban su parroquia para vivir, como los que salen en televisión a altas horas de la madrugada: "No había jerarquía, así que cualquiera decía que tenía el poder y nadie podía decirle que no".

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¿Qué buscaban los obreros en un medium? ¿Por qué los trabajadores, al salir de la fábrica, invocaban a los espíritus?

"En primer lugar, juntarse con gente era el único entretenimiento en un mundo previo a la televisión. Las asociaciones espiritistas hacían excursiones, fiestas, veían teatro. Se parecían un poco a lo que es hoy una casa okupa: un lugar para reunirse y tener vida cultural".

Pero en Cataluña, durante la segunda mitad del siglo XIX, los mediums sustituyeron a los curas en los barrios populares. Y no fue solamente para entretenerse o aprender a leer.

"La gente no iba a un medium a solucionar problemas, normalmente quería comunicarse con algún miembro de la familia ya fallecido. En general, pedían consejo".

Es decir, la espiritualidad de la gente consistía en comunicarse con seres iguales a ellos, con sus familiares y amigos, "solo que desencarnados". Ningún Dios, ni sacerdote, ni siquiera el medium, era una instancia superior. No se daban enseñanzas morales.

"Esta práctica te hacía más autónomo, te daba un corpus de creencias que no necesitabas corroborar con nadie. Eras tú y el mundo de los espíritus". La espiritualidad era el barrio, la familia, la tribu. Aunque la mayor parte de ella estuviera formada por fantasmas.

La última aparición: "El Ideal"

En las trincheras de la Guerra Civil, los anarquistas no jugaban a las cartas porque aborrecían el juego. Así que entre combate y combate, hacían la ouija.

Hasta los años 30, el espiritismo fue una pata más de "El Ideal", una serie de conocimientos y prácticas alternativas del imaginario izquierdista, que hoy no nos resultan tan lejanas, como el vegetarianismo, el esperanto, la macrobiótica o el naturismo.

Con la victoria de Franco y la instauración de la dictadura, el espiritismo fue aniquilado. Y los nuevos anarquistas de la democracia, ya en los años 70 y 80, no estaban por la labor. Eso de mover un vaso con la mente les pareció trasnochado. Simplemente, no se lo creían: "Éramos ateos, y si no había más allá tampoco había espíritus".

Xavier Theros empezó a militar en la CNT con 14 años, y vivió esa fractura: "Dentro de los sindicatos había dos clases de gente, los abuelos que venían de la guerra y los jóvenes como nosotros. Eran muy pesados, siempre me decían que me hiciera vegetariano y que no fumara porros. ¿En qué mundo vivían? Para mí, esas creencias espirituales no tenían ningún significado".

Sin embargo, Theros atestigua que todas las mujeres de la rama materna de su familia afirman haber visto fantasmas. "Mi madre dice que las películas de terror son mentira, porque nunca se te aparecen desconocidos. Siempre es alguien que quiere ayudarte".

Hoy seguimos teniendo necesidades espirituales y la mayoría seguimos buscándolas fuera de las iglesisas.

"Está el yoga, la cultura oriental, el ecologismo. La gente no cree en Dios pero cree en Gaia. Es algo que va con la humanidad desde la prehistoria: divinizamos cosas distintas, buscamos fuerzas protectoras. Siguen siendo cuentos que nos explicamos a nosotros mismos".

Los vestigios de aquella Barcelona plagada de espectros son insalvables. Y si hay un lugar donde encontrarlos es el cementerio de Montjuïc: "En el recinto protestante hay un apartado espiritista . Se dice que los cristales de la tumba de Amalia Domingo se empañan de vez en cuando, como si alguien respirara en su interior".

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